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Marca del destino - Capítulo 190

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190: Secreto 190: Secreto Sin embargo, justo en ese momento la puerta se abrió desde dentro, y allí estaba Suyin con una sonrisa pegada en la cara, moviendo las cejas cómicamente.

Gracias a que Yuyu miraba continuamente hacia atrás, Suyin vio a Honey.

Además, su baja estatura los delató.

Honey tragó saliva.

El viejo mayordomo se quedó paralizado, debatiéndose entre si debía huir o quedarse.

Los pequeños amos de la casa lo habían metido a la fuerza en este lío.

—Pequeña hada, ¿quieres algo?

Honey… «Sí, a mis hermanas traidoras que están sentadas en el sofá, lamiendo el cupcake».

Honey alternaba la mirada entre sus hermanas y Suyin.

—A-avión.

—Me gusta.

Gracias por el regalo.

…

—Mis hermanas.

—Van a dormir conmigo esta noche.

Gracias por enviarlas —dijo Suyin radiante.

Miró por encima del hombro, donde las dos niñas asintieron con la cabeza como pollitos—.

Ya le pedí permiso a tu tía.

Honey…

—P-pero yo…
—Oh, ¿quieres dormir con nosotras?

—Suyin resistió el impulso de besarlo; se veía tan adorable con el pijama azul.

—¿QUÉ?

Por supuesto que no.

—Honey se cruzó de brazos.

—Entonces, ¿por qué sigues aquí?

Vuelve a tu casa.

—Y-yo…
—Mocosa, ¿qué haces en la puerta?

Entra.

—La voz de Si Han interrumpió su conversación.

—Sí.

—Honey dio un paso para entrar, pero Suyin lo detuvo y lo empujó hacia fuera.

Se señaló a sí misma con el dedo.

—Yo soy su mocosa.

Me llama a mí —giró el cuello—.

Dos minutos, mamá… Tengo que irme, pequeña hada.

Mañana trabajo.

Buenas noches.

Yuyu y Lan lo despidieron con la mano.

—Buenas noches, hermano.

Te queremos.

Y así sin más, Suyin cerró la puerta de un portazo.

Honey…

Honey lanzó una mirada incrédula a la puerta cerrada, luego miró al viejo mayordomo detrás de él y después al techo de madera.

—¿Se ha llevado mi avión y también a mis hermanas?

¿Es una broma?

Mayordomo: —¿Yo?

—Tú no —continuó hablando Honey—.

Se ha olvidado de todo.

Qué rápido han cambiado sus preferencias.

¿No soy nada para ella?

Y mis inútiles hermanas, la próxima vez no volverán a venir aquí.

También me ha robado el avión.

¡Bien!

Quédatelo.

Pero… pero… —puso morritos, enfadado con cierto ser todopoderoso de allá arriba—.

Tú… tú… iros todos al infierno.

Tú también.

Mayordomo: —¿Yo?

—Tsk… tú no.

Mayordomo…

Dios abrió la boca para decir algo, pero la volvió a cerrar.

Esos dos humanos le estaban dando dolor de cabeza.

¿Cómo decirle a este pequeño tsundere lo que estaba pasando dentro de la casa de Suyin?

Dentro de la casa de Suyin,
—Buen trabajo, mocosa.

—Si Han extendió la mano para darle una palmada en el hombro a Suyin, pero esta la esquivó y le enseñó los colmillos—.

Contrólate.

Eres la persona más tonta cuando se trata de estos cachorros humanos.

Confía en mí, la psicología inversa siempre funciona.

Si te atreves a ir detrás de ese pequeño humano, te patearé el trasero, y este trimestre estoy ocupada por la próxima semana de la moda.

—Cruel.

¿Y si tu psicología inversa no funciona?

Mi pequeña hada está enfadada.

Ni siquiera me has dejado besarlo, abrazarlo, amarlo… Te odio, señora Si.

—Cállate y vete a dormir.

Ya tienes dos encantadoras compañeras esta noche.

—Cuando Suyin abrió la boca para protestar, Si Han le advirtió—: Di una palabra más y las abrazaré hasta dorm… —Antes de que pudiera completar la frase, Suyin salió disparada hacia su dormitorio.

A buen hambre, no hay pan duro.

******
En contraste con el cálido ambiente en casa de Suyin, Xiu Mei, Feng Jianyu y Wang Shi se toparon con una verdad impactante…
—Lleva veinte minutos, pero sigue ahí parado.

—Aquello irritaba a Xiu Mei sobremanera.

Había planeado hablar con su marido sobre tener otro bebé, pero antes de eso su ordenador dio la señal de actividad por parte de Hui Chouming.

Había estado vigilando a Hui Chouming y a su familia, sospechando que habían tenido algo que ver en la muerte del bebé de Suyin.

Sin embargo, no fue Hui Chouming, sino su padre, Hui Guozhi, quien había conducido hasta este lugar abandonado en mitad de la noche.

Seguro que no estaba allí para contemplar las estrellas.

Feng Jianyu y Xiu Mei lo siguieron, con la esperanza de conseguir una pista.

—Mira, un coche viene en esta dirección.

—Feng Jianyu le pasó los prismáticos a Xiu Mei, pero ella los rechazó y en su lugar bajó la ventanilla y soltó una libélula mecánica.

Pronto apareció un vídeo en directo de Hui Guozhi en su portátil.

—Con la ayuda de esto, podemos oírlo y verlo todo.

—Mei —la llamó Jianyu—, hay otro coche siguiendo a ese.

—Xiu Mei siguió la mirada de Jianyu.

El otro coche seguía en secreto al que se dirigía hacia el de Hui Guozhi.

—Es Wang Shi.

—Jianyu bajó los prismáticos y marcó el número de Wang Shi.

Si Hui Guozhi era a quien ellos seguían, ¿a quién seguía Wang Shi?

—¿Dónde estás?

—Estoy en las afueras de la ciudad, siguiendo a Song Xianxi.

—Wang Shi no mintió.

Había ordenado a sus hombres que vigilaran a Zhao Feiyan y a su familia, temiendo que hicieran algo para dañar a Suyin.

Sin embargo, una hora antes sus hombres le informaron de que Song Xianxi había salido de casa de forma sospechosa.

—Nosotros también estamos aquí.

Mira a las dos en punto.

—Ya voy.

—Pronto, Wang Shi aparcó su coche en un lugar discreto y se dirigió al de Jianyu.

Al llegar, no le sorprendió ver a Xiu Mei totalmente preparada con su ordenador y sus artilugios.

Arqueó las cejas al ver a Hui Guozhi en la pantalla, dándose cuenta de lo que había traído a Xiu Mei y a Jianyu hasta allí—.

Mei, sea lo que sea que hablen, grábalo.

Ella asintió.

—Ya lo estoy haciendo.

******
Hui Guozhi se rio entre dientes al ver la expresión sombría en el rostro de Song Xianxi.

—¿Hay alguna posibilidad de que Song Kun salga de la cárcel?

—Lo dice el que está luchando por mantener su negocio a flote, suplicando a los inversores que no se retiren —Song Xianxi se apoyó en el coche—.

También he oído que alguien le rompió la mandíbula a Qi Wren, lo que ha obligado a tu hija a asistir a reuniones y a negociar con clientes.

Y lo está pasando mal, teniendo en cuenta que alguien ha filtrado trapos sucios de Empresas Qi y de tu compañía.

—¿Insinúas que yo he revelado el secreto, trayéndonos todo esto encima?

—La voz de Guozhi destilaba desprecio.

—Era un secreto entre nosotros.

Si no he sido yo, ¿quién queda?

Dime, ¿cómo se enteró Suyin de la muerte de su tío Zhao Hede?

¿Qué has hecho?

—Creía que todo estaba pasando por culpa de esto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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