Marca del destino - Capítulo 24
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24: Mujer como tú- 24: Mujer como tú- —Tú… ¡Le estoy gritando al pato que baila sobre mi cama!
¿Qué haces aquí?
¿Qué me hiciste anoche?
—dijo mientras se cubría su inexistente pecho.
Suyin: ….
Tras uno o dos segundos, su mirada se volvió tan inexpresiva como la de una muñeca de Halloween al mirar al niño.
—Primero, estaba durmiendo y me has molestado.
Segundo, deja de comportarte como si se hubieran aprovechado de ti.
Tercero, aunque eres una monada, no tienes nada de interesante.
Honey: —Grrrrrrrrrrr… Todo será interesante cuando crezca.
Suyin se dejó caer en la cama y aguantó la risa.
—¿Estás seguro de que será interesante?
—Tú… —A Honey se le hincharon las mejillas de rabia.
Era una cuestión de dignidad—.
Sí, será tan interesante como el de papá.
Si no me crees, anota sus medidas y nos vemos en veinte años.
No, mejor en quince.
Suyin: —… —«¡¿Las “medidas” de Wang Shi?!
Si tan solo…».
Un sonrojo le tiñó las mejillas.
Estaba segura de que ambos se referían a cosas diferentes con la palabra «medidas».
—Qué gente tan ruidosa —dijo Wang Shi, frotándose los ojos para espantar el sueño mientras entraba en el salón.
Había dormido el resto de la noche en el sofá para no incomodarla cuando se despertara, pero el par lo había despertado con sus gritos constantes.
La mirada de Suyin se posó primero en el cabello alborotado de Wang Shi.
«Guau…», gritó su cerebro al instante.
Llevaba un pijama de seda negro con los tres primeros botones desabrochados, lo que dejaba entrever su musculoso pecho.
Sus ojos aún estaban algo somnolientos y el efecto general era letal.
Adoraba esa apariencia por encima de cualquier otra cosa y se sintió atraída al instante por la masculinidad que irradiaba.
Respiró hondo, una bocanada de aire muy necesaria, odiando el aspecto que debía de tener en ese momento.
—¿De qué están hablando?
Honey se acercó pavoneándose.
—Papá, esta pata dijo que no tengo nada de interesante—
—¿Por qué está mojado?
—Antes de que Honey pudiera decir una palabra sobre su discusión sobre las «medidas», ella lo interrumpió y señaló la mancha de humedad en su hombro, clavando lentamente su mirada en él.
Honey: —No me mires así, yo no babeo, ¿vale?
—¿Acaso he dicho algo?
—Tú… Tú… —Honey maldijo a Suyin por lo bajo.
Levantó su carita hacia Wang Shi en señal de queja—.
¿Para empezar, qué hacía ella en mi cama?
¿Por qué me abrazó?
—Uno de nuestros empleados filtró su paradero a los medios, lo que la obligó a quedarse aquí.
—Honey abrió la boca para decir algo, pero Wang Shi le revolvió el pelo—.
Y se abrazaron mutuamente.
—….
«¿Estás seguro de que soy tu hijo?»
Bufó, fue dando pisotones hasta el armario para coger ropa.
—Tardaré en ducharme.
Usa tú el otro baño.
—¡ZAS!
La puerta se cerró de un portazo.
Wang Shi: —Tiene algo en contra del sexo opuesto.
Se pone muy irascible, no le hagas caso.
—¡Qué va!
Está bien, no me lo he tomado a pecho —dijo mientras lo veía caminar para cerrar el armario que Honey había dejado abierto, y luego corrió la cortina para dejar entrar la luz del sol.
—Anoche tarde recibí un mensaje de seguridad.
Los reporteros ya se han ido.
Al oírlo, se levantó.
—Ah, es verdad, debería irme ya.
Gracias por tu ayuda.
Él se giró para mirarla.
—No me refería a eso.
Solo te lo decía para informarte de la situación de fuera.
Suyin parpadeó, sorprendida por su repentina explicación.
—¡AHHHHHH…!
Wang Shi: —Lo ha visto.
Suyin: —Lo ha visto.
Lo dijeron ambos al unísono al oír el grito de Honey desde el baño.
Al segundo siguiente, salió dando pisotones con una toalla demasiado grande envuelta alrededor del cuerpo, echando humo de la rabia.
Señaló su nariz, manchada de pintalabios.
—Te has aprovechado de mí.
—Claro que lo hice.
No puedo resistirme a los niños monos.
Y tú eres una auténtica preciosidad —dijo guiñándole un ojo.
—Pues ten tus propios hijos.
Wang Shi frunció el ceño ante el hiriente comentario de Honey; también notó el sutil cambio en la expresión de Suyin.
Pero antes de que él pudiera decir nada, Suyin se le adelantó.
Se acercó y se agachó a su lado para quitarle hierro al asunto.
—Cariño, anoche te dolía el culito, así que te di un beso para que se te pasara el dolor.
¿Y sabes qué?
Funcionó, y dormiste plácidamente.
—Le frotó la naricita—.
Este pintalabios te queda mejor a ti que a mí.
—Miró a Wang Shi con una sonrisa—.
¿A que sí?
—No me toques —le espetó, dándole un fuerte manotazo en la mano.
Luego gritó con un tono desagradable—: ¡Basta ya de tus tonterías!
¡Tu sonrisa empalagosa me da asco!
No te sobreestimes solo porque te estoy tratando con cierta indulgencia.
Sé cuáles son tus intenciones, no creas que puedes usarme como trampolín para llegar a mi papá.
Las mujeres como tú…
—¡HONEY!
—alzó la voz Wang Shi.
—Papá, sé que no debería hablar así.
Está mal —dijo mirando a Wang Shi—.
Pero, ¿no te parece raro que haya acabado en nuestra casa dos veces en una semana?
Y siempre se hace la simpática conmigo, aunque yo la desprecie abiertamente.
¿Quién hace eso?
Es, sin duda, una de esas mujeres interesadas.
—HE DICHO—
Suyin negó con la cabeza hacia Wang Shi para impedir que regañara a Honey.
No quería ser el motivo de su pelea.
—Cariño, no te preocupes, no tengo tales intenciones.
Si mis actos te han hecho sentir así, te pido disculpas y prometo no volver a molestarte.
—Forzó una sonrisa—.
Recuerdo que tengo una reunión temprano por la mañana, así que me marcho ya.
Cuídate.
Cuando intentó tocarle la cabeza a Honey, este la esquivó y volvió al baño dando un pisotón.
Suyin cogió su bolso y se dispuso a marcharse, mostrando una sonrisa artificial que ya le estaba agarrotando las mejillas.
—Adiós, Dr.
Wang.
—Señorita Zhao —la sujetó Wang Shi por el codo, tirando de ella para detenerla—.
Le pido disculpas en—
—No es necesario —lo interrumpió—.
¡Los niños son muy sensibles!
Sobre todo si solo tienen a uno de sus padres, se vuelven sobreprotectores y no toleran ninguna intrusión.
Viven con el miedo constante de perder al único progenitor que les queda.
¡Honey no es diferente!
Si mis actos lo han hecho sentir así, está claro que me he equivocado en algo.
—Le tocó el brazo—.
Quédate tranquilo, no me lo tomaré a pecho.
Cuídate.
Wang Shi quiso decir algo, pero las palabras no le salieron y solo pudo verla marchar.
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