Marca del destino - Capítulo 246
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246: Conferencia de prensa-2 246: Conferencia de prensa-2 En algún lugar, en una lujosa mansión rodeada de exuberante vegetación, un niño pequeño estaba sentado en la comodidad de su dormitorio.
Desde la mañana no había salido de su habitación e incluso había pedido que le llevaran el desayuno a su cuarto con la excusa de estar haciendo los deberes.
Sin embargo, tenía los ojos pegados a la pantalla del portátil, viendo en directo lo que sucedía en el Hospital Ace.
Vivir en la casa del Presidente tiene sus ventajas: consigues cualquier recurso con solo un chasquido de dedos.
Y los beneficios se multiplican si eres el preciado tesoro de la pareja presidencial.
Aunque fue un poco complicado, Honey se las arregló para que el equipo de informática le preparara la retransmisión en directo.
En el momento en que escuchó las palabras de Tang Sui, su mirada se clavó inconscientemente en el rostro de Suyin.
Había algo en sus ojos, furiosos y a la vez impasibles, que hizo que Honey se llevara la mano al pecho, justo donde late el corazón.
De haber estado allí, sin duda le habría dado un cálido abrazo.
—Tía Suyin…
…
—¡¿ESTÁS CONTENTA AHORA?!
Dame ya el antídoto del veneno que tú y tu novio me habéis metido a la fuerza.
—Y libera a mi marido de tu cautiverio —rompió su silencio Hui Chouming—.
No sé qué le has hecho.
Como era el fin para Tang Sui y Hui Chouming, el dúo de madre e hija no dejó pasar la oportunidad de empañar la imagen de Suyin ante la gente.
—Ya lo veis todos, ella tampoco es ninguna santa.
No podéis decir que toda la culpa fue mía —dijo Tang Sui.
La puerta de la sala de conferencias se abrió una vez más, atrayendo la atención de todos hacia un desaliñado Ling Gilbert que entraba con la ayuda de su asistente.
Ropa arrugada y sucia, zapatos sin lustrar, la espalda encorvada y un rostro cansado; tenía el aspecto de alguien para quien la vida había sido un desafío últimamente.
Tenía los párpados tan pesados y caídos que parecía que no hubiera dormido en días.
Suyin frunció el ceño cuando el asistente ayudó a Gilbert a subir al escenario y lo sentó.
—Tranquila, Suyin.
Escuchemos lo que tiene que decir —oyó la voz de Wang Shi a través del Bluetooth que llevaba en el oído.
A Suyin la dejó de piedra que Gilbert le dirigiera una mirada siniestra.
¿Qué estaba tramando?
—T-tú dices que yo lo hice todo, pero ¿por qué no les cuentas a todos lo que me hiciste a mí?
—empezó a decir Gilbert con voz temblorosa, su cuerpo se sacudía; o más bien, era un actor profesional—.
H-hice todo lo que dijiste.
Seguí cada orden que me diste.
Trabajé para ti como un perro, y aun así…, aun así la mataste.
Sus palabras confundieron a todos.
¿Que la había matado?
¿A quién?
Gilbert miró a los reporteros.
—Les contaré la verdad que se esconde tras sus acusaciones.
¡La pura verdad!
Sí, trabajé con esta mujer y le di vía libre a ese hombre para que entrara en la UCIN, pero me vi obligado a obedecer sus órdenes.
Ella tenía francotiradores apostados cerca de mi hija y me amenazó para que la ayudara en ese crimen.
Pero Dios es testigo de que nunca quise que ese niño inocente muriera.
En cuanto el hombre se fue, corrí a la habitación para salvarlo.
Por desgracia, el niño estuvo demasiado tiempo privado de oxígeno y fracasé.
Fracasé como médico.
—¡MENTIRA!
Nunca te amenacé, lo hiciste todo por dinero.
—Lo dice la misma que hipnotizó a Zhao Zeng por su dinero.
Si esto es mentira, entonces dime, ¿dónde está Xeumo?
¿Dónde la tienes escondida?
¿Qué le has hecho?
—Mi mamá lleva casi una semana en el hospital.
¿Cómo iba a secuestrar a tu hija?
Y no te olvides de que te dimos nuestras acciones de Ace cuando chantajeaste a mamá.
El asistente dio un paso al frente.
—Esas acciones se recibieron hace meses contra el pago íntegro más una prima del diez por ciento.
El señor estaba preocupado por el futuro del hospital tras la muerte del Dr.
Gong Li y pidió prestada una enorme cantidad de dinero para comprar la participación que ustedes poseían.
Se pagó en efectivo —dijo, y presentó las pruebas, dejando de nuevo boquiabiertas a Tang Sui y a Chouming.
La prueba era irrefutable.
Firmada por el dúo de madre e hija.
Tang Sui y Chouming se miraron.
El dinero que figuraba en los papeles no eran más que números; en realidad, no habían recibido nada.
Para engañar a las autoridades, lo habían presentado como un rentable acuerdo comercial que llevaba meses negociándose y que se cerró poco después de la muerte de Gong Li.
Los documentos eran sin duda auténticos, y Gilbert los estaba usando a su favor.
Si lo negaban ahora, ¿quién iba a creerlas?
—¡Díganme dónde está mi hija!
—clamó Gilbert—.
Mi Xeumo…
¡Devuélvanme a mi hija…!
—Shishi —susurró Suyin.
—Lo sé —respondió Wang Shi—.
Ese viejo zorro está intentando matar dos pájaros de un tiro.
Ten cuidado, si no me equivoco, ahora irá a por ti.
—Lo estoy esperando.
—Se cubrió la boca y susurró—: Pero tienes que encontrar a Xeumo rápido.
Debe de estar en manos de Gilbert, o quizá ya le ha hecho algo.
En cualquier caso, es importante para nosotros.
—¿Dónde podría estar?
¿Tienes alguna sospecha?
—En realidad, no.
Si yo fuera Gilbert, escondería a Xeumo en algún lugar donde la culpa recayera directamente sobre mí.
Mi casa, mis propiedades…
Pero, aparte de mi casa en Ciudad Espiral, no poseo ningún otro lugar.
¡Espera!
Las propiedades que adquirí de Zhao Feiyan y Song Xianxi.
Quizá…
—oyó cómo Wang Shi ordenaba a sus hombres que registraran todas las propiedades, incluidas las de sus padres.
—Ya las están registrando.
Un reportero se puso de pie.
—¿Puede decirnos desde cuándo está desaparecida su hija?
¿Por qué cree que las señoras Tang y Hui están detrás de esto?
—La vi por última vez cuando regresó a casa tras asistir a la fiesta de un amigo, hace siete días.
Más tarde, ese mismo día, salió de casa hacia el hospital, pero nunca llegó.
Tenía programada una cirugía de emergencia, y es imposible que fuera negligente con sus pacientes.
Al enterarme, la llamé muchas veces, pero su teléfono estaba apagado.
Entonces…, recibí una carta escrita con sangre en el parabrisas de mi coche: la habían secuestrado.
La persona que la escribió me amenazó con no llamar a la policía si quería volver a verla con vida.
Durante los últimos seis días, he estado esperando una llamada pidiendo un rescate que nunca llegó.
Pero…
En mitad de su narración, Gilbert se derrumbó de repente.
Una vez más, el leal asistente interpretó su papel a la perfección y dio un paso al frente.
Suyin juró para sus adentros que también se encargaría de castigar a ese molesto asistente.
Puf, ahora odiaba a los asistentes después de enterarse de lo que el asistente de Zeng le había hecho a este.
«¡¿Debería desconfiar del Asistente Long?!».
¡Nah!
—Anoche, el señor recibió una fotografía que destrozó todas sus esperanzas —dijo el asistente.
Mostró la fotografía de Xeumo en un proyector.
Todos se quedaron atónitos; la mujer tenía magulladuras por todo el cuerpo y sangraba profusamente.
Aunque tenía la cara hinchada, por sus rasgos faciales Suyin adivinó fácilmente que era Xeumo.
Era imposible saber si estaba viva o muerta, pero, de estarlo, necesitaba atención médica inmediata.
Era difícil creer que Gilbert le hiciera eso a su propia hija.
A Suyin le daba vueltas la cabeza, incapaz de comprender cómo un padre podía ser tan cruel con su hija.
¡La misma hija por la que él había destruido la carrera de Suyin!
Bzzzzzzz.
Su teléfono vibró y, a continuación, se oyó la voz de Wang Shi.
—Suyin, mira el mensaje.
Ahí tendrás la respuesta —dijo Wang Shi.
Ella echó un vistazo rápido; eran antiguos historiales médicos de un hospital poco conocido de la provincia de Guanzo.
Gilbert había obligado a su mujer a abortar en múltiples ocasiones tras determinar el sexo del feto.
Otro informe era de un hospital de Estados Unidos donde Gilbert llevaba años recibiendo tratamiento para la impotencia, pero todo en vano.
Suyin lo entendió todo.
Nunca había querido a su hija, sino que la había utilizado como un medio para un fin.
Y, a día de hoy, seguía haciendo lo mismo.
«¡Qué monstruo tan horrible!».
Bzzzzzzz.
Suyin miró el teléfono.
La llamaba el Asistente Long.
Puso a Wang Shi en la llamada y contestó.
—Señora, creo que era una llamada falsa.
Es un lugar desierto cerca de un bosque, sin señales de actividad humana.
—Esa mañana, Suyin había recibido una llamada de una mujer angustiada, suplicando que la salvaran de su familia política antes de que le hicieran algo.
Al parecer, se trataba de un caso relacionado con la dote.
—¿Han revisado bien?
—preguntó Suyin.
—Sí, señora.
Estamos seguros.
La ubicación es esta, sin duda —respondió el Asistente Long.
Dos de los becarios estaban con él.
—Señor, he encontrado el teléfono —oyó Suyin la voz de uno de los becarios—.
Es el mismo con el que llamó la mujer.
—Oh, mierda.
—Mierda.
Algo hizo clic en la mente de Suyin y Wang Shi al mismo tiempo.
—Asistente Long, revise el coche a fondo.
—El Asistente Long se sintió confundido al oír aquella voz masculina, pero obedeció la orden.
Apenas se habían movido cuando se oyó el ulular de las sirenas de emergencia, una clara señal de que habían encontrado lo que buscaban.
Ella levantó la vista y su mirada se encontró con la de Gilbert.
—Asistente Long, no se asuste, pero hay un cuerpo en el maletero.
Coopere con la policía, alguien irá a ayudarlo en breve.
No permitiré que les pase nada ni a usted ni a los becarios —dijo Suyin.
Aunque nervioso, el Asistente Long murmuró una respuesta afirmativa—.
Ahora, con calma, revise a la mujer del maletero.
Coloque dos dedos a cada lado de su cuello y dígame si siente algo.
Sigo en la línea.
Entre el sonido de una respiración agitada, oyó responder al Asistente Long: —N-nada.
…
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