Marca del destino - Capítulo 283
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Capítulo 283: El dueño de la voz
Ahora la única moneda de cambio que tenía era la mujer calva. Según Suyin, Alpha podía sacarle algún provecho, así que quizá tuviera otra oportunidad. Pero antes de eso, tenía que deshacerse de las molestias que lo seguían.
—Desnúdenla. Esta perra debe de tener un rastreador escondido en el cuerpo.
Un hombre la agarró por el cuello y le abrió el abrigo de un tirón, forzando para arrancárselo del cuerpo. A pesar del peligro que se acercaba, la excitación era evidente. Otros tres se le unieron para ayudar.
Pero antes de que pudieran quitárselo del todo, dos de ellos cayeron inconscientes, lo que confundió a los dos restantes. Antes de que pudieran pensar en algo, Suyin se abalanzó a la velocidad del rayo y les clavó una jeringuilla en el pecho.
*******
—Están yendo hacia el bosque, no dejen que escapen —ordenó Revon. Sacó su rifle por la ventanilla y apuntó al vehículo de la retaguardia del convoy de Reis. Eran cinco.
Sin embargo, era un vehículo blindado. Una o dos balas no le harían ningún daño a los neumáticos. Luo apuntó el lanzacohetes y disparó a aquel en el que estaba seguro de que Suyin no se encontraba.
El vehículo perdió el equilibrio y se estrelló contra un árbol. —Equipo A, atrápelos. Necesitamos a tantos como podamos para interrogarlos —dijo Luo.
—Esto es una locura —dijo Revon.
—Todo esto será en vano si no los atrapamos vivos —dijo Luo.
—Pero Zeke…
—Para eso estamos aquí. Su monitor de vida todavía muestra que está vivo. Así que asegúrate de no matar a Reis. Es a él a quien más necesitamos.
Revon gruñó, pero estaba de acuerdo con las palabras de Luo.
Pronto se dieron cuenta de que otro convoy de vehículos blindados se unía a ellos. Y este parecía más organizado, con innumerables vehículos.
—¿Quiénes son…? —Luo se detuvo. El sonido de los helicópteros que sobrevolaban sus cabezas ahogó cualquier otro ruido. Todos y cada uno de ellos seguían al todoterreno en el que iba Suyin.
*******
—Mei —preguntó Wang Shi por el walkie-talkie. Conducía uno de los vehículos blindados, persiguiendo aquel en el que iba Suyin. Sentado a su lado, Jianyu dirigía al equipo en tierra mientras que Xion dirigía al del aire.
Xiu Mei estaba en uno de los helicópteros, con Honey sentado a su lado, mirando por la ventanilla. El amor se manifiesta en preocupación, y él nunca había estado tan preocupado en toda su vida. Se llevó una mano al corazón y trató de calmarlo con suavidad. «Estará bien. Estará bien».
—Estás muy cerca de ella. Está en el vehículo de delante. Deprisa, sus signos vitales en el rastreador están fluctuando —dijo Xiu Mei. Gracias al capitán Voodoo, se enteraron de que Suyin le había comprado un rastreador. Para Xiu Mei, hackear el rastreador de Suyin fue pan comido.
Wang Shi pisó el acelerador a fondo. Aquello lo llenó de alegría y a la vez de preocupación. Por fin, la habían encontrado.
—¿Por qué se tambalea tanto? —preguntó Jianyu, frunciendo el ceño hacia el vehículo de delante.
—Mei dijo que los signos vitales de Suyin están fluctuando. Si no me equivoco, está luchando ahí dentro —dijo Wang Shi—. No podemos correr ningún riesgo. Agárrate fuerte, voy a embestirlos. —Un segundo después, se estrelló contra el todoterreno de Suyin.
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—Perra. —Mientras equilibraba el coche con una mano, Reis la golpeó con la culata del rifle. Suyin les había hecho algo a sus hombres, que ahora yacían inertes. No se sabía si vivos o muertos. Ella tenía una larga jeringuilla en la mano.
Suyin respiraba por la boca. Su cuerpo ya se estaba rindiendo; solo ella sabía cómo se mantenía consciente. Inyectándose adrenalina.
Pero eso también tenía un límite.
La sangre goteaba de su nariz y se la limpió con la manga. Sus ojos buscaban la última inyección de benzodiazepina. La encontró clavada en el asiento de cuero, a solo unos centímetros de Reis. Había fallado el tiro.
Se recompuso y se quitó el abrigo. Aunque había armas en el coche, quería a Reis vivo. Y amenazarlo era en vano cuando él ya sabía que ella no lo mataría.
Justo entonces, un coche chocó contra el suyo, dándole la oportunidad perfecta.
Con todas las fuerzas que le quedaban, se abalanzó de nuevo. Reis intentaba controlar el coche, creyendo que había dejado inconsciente a Suyin. Al segundo siguiente, todo se volvió oscuro ante sus ojos.
Suyin le apretó el abrigo contra la cara, presionando con la palma de la mano al máximo sobre la nariz, apuntando al punto débil. Reis forcejeó, la arañó. Ella agarró las mangas del otro lado con su mano derecha y tiró de la otra manga con la boca, hasta que la tuvo al alcance de la mano derecha. Y entonces tiró con todas sus fuerzas.
La situación era tan espeluznante como si una almohada te estuviera asfixiando.
El coche perdió el control y se desvió hacia el pantano.
Suyin no estaba preparada para eso. Justo entonces, algo se estrelló contra su vehículo. El impacto fue tan fuerte que le hizo castañetear los dientes. Los neumáticos chirriaron. O era un callejón sin salida o su equipo la estaba ayudando. Deseó que fuera lo segundo.
El coche se estrelló contra un árbol y se detuvo en seco.
Sintió el corazón pesado, como si quisiera un descanso, pero se obligó a reaccionar. Reis se había liberado y había abierto la puerta para salir. Suyin no se movió. Podía oír las voces de gente que se acercaba, coches que frenaban con un chirrido, y justo entonces alguien atrapó a Reis.
—¡Suyin! —La puerta de su lado se abrió desde fuera y oyó una voz familiar. Sus párpados caídos luchaban por mantenerse abiertos para ver al dueño de esa voz. Una voz que se sentía tan cálida que, a pesar de que su cerebro le decía que se alejara, su corazón y su cuerpo se oponían—. Gracias a Dios que te he encontrado, mi amor. —¡El contacto! Era todo lo que siempre había deseado y, sin embargo, algo la detenía.
—Reis… —Antes de que pudiera terminar, la inconsciencia se apoderó de ella.
—¡PATITO!
—¡SUYIN!
Lo único que oyó fueron dos voces que gritaban su nombre y algo suave que la abrazaba.
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Nota de la autora:
¡Por fin están juntos! Hora de celebrarlo. Y tengo muchas ganas de escribir sus escenas juntos. ¡Yupi!
La separación ha terminado, pero no la parte triste 🙁
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