Marca del destino - Capítulo 53
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53: Crisis de la mediana edad 53: Crisis de la mediana edad —Aceptaste su regalo, pero has estado ignorando sus llamadas desde ayer.
Y ahora… tu teléfono no ha parado de sonar desde la mañana.
Contéstale de una vez —oyó Suyin la voz de James desde la sala de estar mientras regaba las plantas del balcón.
Ella inclinó la cabeza hacia atrás.
—¿Sabes lo que tiene que decir?
No pienso contestar.
Aunque se moría por oír su voz una vez más, temía ceder a sus exigencias, considerando lo insistente que había sido el otro día.
Además, su oferta de colaboración le había provocado la tentación de pensárselo dos veces…
excluyendo la condición adjunta.
—Deberías considerarlo.
Quizá ustedes dos… —dijo él, dejando la frase en el aire mientras caminaba hacia el balcón.
Ella lo fulminó con la mirada.
—¿De qué lado estás?
—Del tuyo, por supuesto.
Pero… sigo pensando que deberías hablar con él… Así que, allá voy.
Le quitó la regadera de la mano, mostrando su atractiva pero traviesa sonrisa, como si estuviera tramando un plan.
Los ojos de Suyin se abrieron como platos cuando vio su teléfono «nuevo» en la otra mano de él, dándose cuenta de lo que pretendía, pero ya era un segundo tarde.
—¡NO!
—gritó ella mientras él se alejaba corriendo después de colocarle el teléfono en la oreja.
Por reflejo, su mano fue a sujetar el «precioso» teléfono antes de que se cayera.
—BASTARDO, TE VOY A DAR UNAS NALGADAS.
YA VERÁS.
—WANG SHI HA OÍDO ESO —fue su respuesta, que llegó desde la otra esquina del apartamento.
—….
Con manos temblorosas, comprobó el teléfono…
Wang Shi llevaba en la llamada los últimos 58 segundos…
Y al segundo siguiente, la llamada se cortó…
Suyin: ….
******
Ciudad Espiral.
El ático de Wang Shi.
«BASTARDO, TE VOY A DAR UNAS NALGADAS.
YA VERÁS».
La voz sonó tan fuerte que Wang Shi tapó el teléfono con la palma de la mano y lo bajó al instante.
Sus ojos se salieron de las órbitas de forma cómica, mirando a diestra y siniestra como para asegurarse de que nadie lo había oído.
No podía dar crédito a sus oídos de que una mujer le hubiera insultado con esas palabras.
Miró el teléfono para comprobar si el número que había marcado era el correcto.
¡Sí, lo era!
Un escalofrío lo recorrió y, pensando que no era el momento adecuado para hablar, cortó la llamada un segundo después.
—¿Qué ha pasado, papá?
—sonó la dulce voz de Honey a su espalda mientras se acercaba descalzo, haciendo equilibrio con una bandeja con dos tazas.
¡Café para Wang Shi y leche para él!—.
¿A qué viene esa reacción?
—Nada —dijo Wang Shi, y cogió la bandeja para dejarla en la mesa antes de agarrar a Honey por la cintura y sentarlo en su regazo.
Le besó las suaves mejillas—.
Buenos días.
—Papá, ¿cuántas veces tengo que recordártelo?
¡Ambos somos hombres!
Los besos de hombre a hombre no están permitidos —dijo apartando la cara de Wang Shi, y se limpió la mejilla antes de saltar de su regazo para tomar asiento enfrente.
Wang Shi fulminó a su hijo con la mirada, pero la pequeña versión de sí mismo se limitó a poner su característica cara estoica, levantó la taza de leche al estilo de los mayores y tomó un sorbo.
Tarareó para sus adentros, satisfecho con el sabor a chocolate.
—….
Podía ver a Honey observándolo por el rabillo del ojo, buscando conversación.
—¿Qué pasa, papá, pareces enfadado?
¿Necesitas ayuda?
Solo tienes que pedirla.
—….
—No olvides quién de los dos es el padre, ¿vale?
Y sí, estoy enfadado, pero no puedes ayudarme con esto —le frunció el ceño con disgusto por un segundo y luego, de repente, se animó como si algo se le hubiera ocurrido.
Un segundo después, su expresión cambió mientras exhalaba de golpe y se frotaba la frente, fingiendo estar estresado, ¡como si la crisis de la mediana edad le hubiera golpeado con fuerza!
—Tsk… No sé por qué Suyi…, la señorita Zhao, no está dispuesta a colaborar conmigo.
Es por una causa tan buena y, sin embargo, acaba de atacarme.
¡PUM!
Con un fuerte ruido, Honey dejó la taza de leche sobre la mesa y se levantó, echando humo como un toro.
—¿ESA PATA TE HA ATACADO?
Grrrr… Le voy a enseñar…
—Hijo, compórtate —dijo Wang Shi tirando de la parte de atrás de su cuello para hacerlo volver al sofá—.
No te metas con ella.
Es la Secretaria General.
—¿Y qué?
Soy Wang Qiang, seis años, segundo grado, delegado de primaria y un gran artista marcial.
—….
—¿Un gran artista marcial?
Con solo dos meses de aprendizaje, ¿ya eres «genial»?
¿Quieres un combate?
El pecho que Honey había hinchado al tomar una profunda bocanada de aire, se desinfló de golpe.
—Ejem…, en la práctica de ayer me lastimé un dedo.
La p-próxima vez —dijo, y apartó la cara de Wang Shi para ocultar su vergüenza.
¿Cómo se atrevería a combatir contra su padre de 1,90 m de altura?
—De verdad necesito su ayuda.
No sé qué ha pasado para que no quiera hablar conmigo —continuó Wang Shi su actuación digna de un Oscar y golpeó el teléfono contra la palma de su mano—.
¿Qué hace que ni siquiera conteste mis llamadas?
¡Maldita sea!
Honey se giró lentamente y vio a Wang Shi angustiado.
—Papá, ¿por qué necesitas su ayuda?
Eres el dueño de tantos hospitales y tienes a mucha gente trabajando para ti —le tocó la cara, con la mirada inquisitiva.
—Tengo una propuesta de proyecto CSR que quiero empezar en colaboración con su ministerio.
Obtenemos tanto de la sociedad que es nuestra responsabilidad moral contribuir con una parte para apoyar buenas causas.
—¿Qué obtendrás a cambio?
¡Después de todo, somos hombres de negocios!
¿Y por qué solo ella?
—A cambio, la empresa se convierte en la más fiable y querida por la gente, lo que eleva el valor de nuestra marca —explicó en un lenguaje sencillo—.
Mira, sé que no te cae bien, pero es la mejor en su trabajo.
¡La número uno!
Por eso quiero que codirija el proyecto.
Honey frunció el ceño.
—¿Si es algo bueno, por qué dice que no?
Wang Shi apretó los labios.
—¡Ni idea!
En realidad, creo que su problema es conmigo.
¿No recuerdas que incluso intentó ignorarnos en la calle el otro día?
Y luego habló con todos ustedes en el coche, pero a mí me trató como si fuera aire.
Es como si me estuviera evitando por una RAZÓN.
Honey se puso rígido y jugueteó con las manos, como si hubiera encontrado la respuesta.
—¿Es por mi culpa?
—No, hijo, no has hecho nada malo.
¿O sí?
—la voz de Wang Shi se mantuvo firme, pero estaba completamente satisfecho y emocionado con el resultado.
Honey no solo se disculparía con Suyin, sino que la convencería para que se uniera a él en el proyecto.
¡Matar dos pájaros de un tiro!
—¿Eso es una burla?
—levantó la vista, frunciendo los labios en un adorable puchero—.
Tu tono no ha sido el adecuado.
—No, hijo, he compartido mi problema porque tú me lo has pedido.
Déjalo estar —dejándole un beso en su pelo suave como la seda, Wang Shi se levantó—.
Prepárate.
Es fin de semana, tenemos que ir a casa de Jianyu —ocultando su sonrisa malvada, se fue a su habitación, dejando el teléfono en el sofá.
Si conocía bien a su hijo, sin duda llamaría a Suyin y le pediría que se reuniera con él.
Y… ¡decirle que no a Honey es imposible!
Hubo un terrible y prolongado silencio en la sala de estar.
Todo lo que Honey pudo hacer fue mirar con culpabilidad la figura de su padre mientras se marchaba.
Ciertamente, sus palabras fueron duras aquel día, pero se inquieta al ver a una mujer acercarse a él o a su padre.
Su madre ya le había hecho tanto daño que no puede soportar que se repita.
Como si su sistema estuviera programado para ello, cuando vio a Suyin acercarse a él y a Wang Shi, sus defensas se alzaron y acabó gritando.
Era la mejor manera de mantenerla alejada… pero lo que no sabía era que Wang Shi necesitaría su ayuda algún día.
Suspiró…
«Anímate, Honey… Tienes que ayudar a papá… Todo esto está pasando por tu culpa…».
Su mirada se posó en el teléfono de Wang Shi…
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