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Marca del destino - Capítulo 55

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  3. Capítulo 55 - 55 100 besos
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55: 100 besos 55: 100 besos Cuando llegaron al restaurante, Wang Shi sostuvo a Honey en brazos, ocultando su rostro en sus hombros para evitar que algún reportero merodeador le sacara una foto.

Honey conocía el procedimiento y no se opuso.

Al comprender el trasfondo de Wang Shi, a ella no le pareció mal.

Honey era solo un niño como para exponerlo a este circo mediático.

Y sabiendo que la identidad de su madre se mantenía oculta al público, se hacía necesario mantenerlo alejado de ellos.

Para un observador cualquiera, parecían una familia perfecta de tres.

Especialmente ella y Honey, debido a su ropa a juego.

A Suyin no la inmutó la grandiosidad del lugar.

En los últimos años, debido a su trabajo, había cenado en algunos de los restaurantes más lujosos.

El gerente del restaurante saludó a Wang Shi y luego los acompañó al comedor del último piso.

Un atisbo de sorpresa cruzó por sus ojos al ver a Suyin, pero lo ocultó al instante.

Aunque el restaurante tenía la política de no delatar a sus clientes, el hombre que estaba ante él era el hermano mayor de Feng Junjie, el dueño del restaurante.

Lo que menos se imaginaba era que el propio dueño los seguía de cerca….

—El asunto ha llegado a tal extremo y, aun así, mi hermano mayor lo mantiene en secreto.

¿Se ha olvidado de sus hermanos?

Los hermanos siempre son lo primero.

—Desde la pared de cristal, Feng Junjie se asomó al comedor y los vio a los tres sentados cerca de la ventana—.

Será mejor que saque una foto.

—Sí, hazlo y luego compártela conmigo.

No puedo creer que el Dr.

Wang esté saliendo con Zhao Suyin.

—Sí… Zhao Suyin….

No solo su nombre suena peligroso, sino que, de hecho, lo es.

—No la llames peligrosa.

Es realmente genial.

Ya la admiro.

—¿Por qué mis hermanos…?

¡Ayyy!

—la cabeza de Feng Junjie giró bruscamente a la izquierda al darse cuenta de que había estado hablando con alguien todo este tiempo—.

¡Ah!

Hong, ¿qué haces aquí?

—Exactamente lo mismo que tú.

—Fei Hong le arrebató el teléfono móvil y tiró de él hacia atrás—.

Tú seguiste al Dr.

Wang y yo seguí a Suyin…
—¿Por qué?

—Porque no respondía mis llamadas.

Tengo que recordarle lo de la entrevista.

Pero aquí… No puedo creer que me haya topado con esta mega noticia.

Así que esta era la razón por la que me pediste que sacara el tema de Suyin en mi programa de radio.

—Sí… Sospecho que va detrás de mi hermano.

Antes me emocioné cuando la vi en su casa, pero ella… Ella es… ¡Auch!

—saltó sujetándose el pie—.

¿Por qué has hecho eso?

—Porque te lo mereces.

No olvides que tu hermano también tiene un hijo.

—Frunció el ceño tras golpearlo con sus zapatos de pinchos—.

Sé que la estás juzgando por su divorcio, su exmarido y todo lo que no está a la altura de tus estándares.

¡Rico en dinero, pobre de corazón!

¡Hmpf!

—Oye… No es que la desprecie, pero… —le costó encontrar la palabra adecuada para que sonara civilizado, pero no se le ocurría—.

¿Y si… la historia se repite?

—¿Qué hacen ustedes dos aquí?

—sonó una voz fría.

—No es asunto tuyo —replicó Feng Junjie.

—Oye… El Dr.

Wang ya no está.

Deja que vuelva —dijo Fei Hong.

—Ya ha vuelto.

Fei Hong: «…».

Feng Junjie: «…».

Lentamente, se giraron en la dirección de la voz y se quedaron clavados en el sitio.

Asustados.

—Dr.

Wang, y-yo solo pasaba por aquí y los vi a usted y a Suyin.

Tengo un mensaje muy urgente para ella, por favor, déselo.

—En un santiamén, sacó un papel y garabateó algo.

Asustada por el giro de los acontecimientos, salió corriendo, dejándole el teléfono y el papel a Wang Shi.

Feng Junjie lanzó unas cuantas maldiciones contra su figura huidiza.

Con el ceño muy fruncido, Wang Shi revisó las fotos que Junjie había sacado con su teléfono.

—¿Tú aquí?

—Y-yo… Fui a buscarte a ti y a Honey para ver por qué no venían hoy a casa del hermano mayor, pero te vi salir de la Ciudad Espiral y te seguí.

—Se encogió cuando Wang Shi le puso la mano en el hombro—.

… No, no… no te seguí… sino que quería hablar contigo.

Tengo un fuerte dolor de estómago.

—A eso yo lo llamo estreñimiento —dijo Wang Shi mientras volvía a meter el teléfono en el bolsillo de Junjie tras borrar todas las fotos y le apretaba el hombro—.

¿Dónde debería «tratarte»?

—Auch… Hermano, soy el dueño del lugar, por favor, péga… Quiero decir, trátame en casa… —suplicó Feng Junjie con la mirada.

—Mmm… Vete a casa y mantén la boca cerrada.

De lo contrario…
—No, no… ya me voy, me voy… Adiós…
*****
Mientras tanto, en la mesa, Suyin y Honey habían terminado de pedir y ahora disfrutaban de sus bebidas.

Bueno… solo Suyin bebía mientras Honey removía la suya sin parar, perdido en su mundo de fantasía.

—Tu papá no está aquí.

Di lo que piensas —dijo Suyin.

—¿No rechazarás a mi papá?

—soltó como si las palabras hubieran estado en la punta de su lengua, listas para saltar a la primera oportunidad.

—Cof… cof… cof… —Honey cruzó al instante y le dio unas palmaditas en la espalda, acercando el vaso de su bebida a sus labios.

Un minuto después, ella se calmó y levantó la vista—.

¿Qué quieres decir?

—su voz aún temblaba.

—…
—Hablo del proyecto que papá te propuso para trabajar contigo.

—Su manita todavía le daba palmaditas en la espalda, con los ojos confundidos por la exagerada reacción de ella—.

Lo evitaste porque te pedí que lo hicieras, ¿verdad?

Ahora que el problema entre nosotros está resuelto, ¿puedes hacer el proyecto GPR con él?

Estoy seguro de que a ti también te beneficiará.

—Te refieres a la RSE —dijo Suyin.

—Sí, eso también.

Ella le dedicó una sonrisa pícara.

—¡¡¡Así que por eso te disculpaste!!!!

Ah… ya veo…
—Una disculpa es una disculpa.

La intención detrás de ella no importa.

—Se recostó, tomando finalmente un sorbo de su bebida de piña.

Sus hermosos ojos tenían un brillo astuto—.

Ahora no tienes ninguna razón para rechazar la propuesta de mi papá.

Si lo hicieras, serías mezquina por quedarte resentida por las palabras de un niño de seis años.

—Oye… No puedes ser un hombre y tener seis años a la vez.

Elige uno.

—Pues un hombre de seis años —replicó, dándole un mordisco a la piña confitada.

Si tan solo él supiera lo adorable que se veía haciendo eso.

Suyin le arrebató el trozo de piña confitada a medio comer y lo levantó en el aire.

—¿Qué recibiré a cambio?

Al final, la elección sigue siendo mía.

—¡Lo sabía!

Definitivamente ibas a pedir algo a cambio.

¡Está bien!

Puedes quedarte con este trozo de piña.

Te lo doy.

Suyin: «…».

—¿¡Disculpa!?

Quédatelo tú.

—Le metió el trozo de piña en la boca a Honey—.

Estoy interesada en otra cosa.

—Su mirada se volvió lasciva mientras se mordía el labio inferior, sorprendiendo al pobre niño que se encogió en un rincón.

—Tus intenciones no parecen buenas.

—Por supuesto que no… —se abalanzó sobre el costado de Honey, apretujándolo y sorprendiéndolo aún más—.

Dame cien besos.

Un beso al día.

Honey: «…».

—¿De quién?

¿Míos o de papá?

Suyin: «…».

—¿Puedo pedir ambos?

Honey: «…».

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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