Marcada por el Alfa Eterno - Capítulo 1
- Inicio
- Todas las novelas
- Marcada por el Alfa Eterno
- Capítulo 1 - 1 CAPÍTULO 1 – SUEÑOS Y CELOS
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
1: CAPÍTULO 1 – SUEÑOS Y CELOS 1: CAPÍTULO 1 – SUEÑOS Y CELOS Esa noche el reloj parecía burlarse de mí.
Las manecillas avanzaban, pero el sueño no llegaba.
Estaba tumbada boca arriba en mi cama, con la vista fija en el techo de mi pequeño apartamento, como si en cualquier grieta fuera a encontrar la respuesta a por qué tenía el corazón acelerado.
Mañana viajaba al pueblo donde vivía mi hermana Angelina.
Debería estar tranquila, emocionada, feliz.
Iba a su boda, a verla cumplir el sueño que llevaba años persiguiendo.
Y no solo iba como invitada: iba a cantar en la ceremonia.
Una canción que había escrito solo para ella.
Eso debería bastar para explicar los nervios.Pero no bastaba.
Había algo más, un peso raro en el pecho.
Una sensación de… espera.
Como si el futuro estuviera justo detrás de una puerta, conteniendo la respiración.
—Ridícula —murmuré, exhalando fuerte.
Me levanté de la cama y caminé hasta el espejo del armario.
Mi reflejo me devolvió la mirada: ojos oscuros brillando más de lo normal, el pelo un poco revuelto, la piel ligeramente enrojecida por la falta de sueño.
—Todo va a salir bien —me dije en voz baja—.
Solo es una boda.
Cantar y sonreír.
Nada más.
Lo decía, pero no me lo creía del todo.
Había trabajado duro para hacerme un hueco como cantante y bailarina en locales pequeños, bares y eventos.
Nunca imaginé que terminaría cantando en la boda de mi propia hermana, delante de toda su gente, como si fuera la banda sonora de su final feliz.
Eso me emocionaba.
Y al mismo tiempo, me hacía sentir… pequeña.
Reemplazable.
Como si la vida de todos avanzara menos la mía.
El móvil sonó sobre la mesilla y casi di un salto.Angelina.
—¿No deberías estar durmiendo tú también?
—dije al contestar.
—¿Dormir?
¡Estás loca!
—su voz sonaba luminosa, nerviosa y feliz al mismo tiempo—.
Mañana me caso, Kira.
Mañana.
Sonreí sin querer.
—Lo sé.
Y voy a estar ahí.
No he dormido nada, pero ya tengo todo preparado.
—Te voy a estar esperando en el aeropuerto, ¿sí?
No te retrases.
—No me voy a retrasar —prometí—.
No pienso perderme cómo te pones cursi delante de todo el mundo.
—Idiota —se rió—.
Te quiero.
—Yo también.
Colgamos, y la habitación se quedó otra vez en silencio.
Me dejé caer sentada en el borde de la cama, apretando el móvil entre las manos.Angelina sonaba feliz.
Plena.
Completa.
Yo debería sentir solo eso por ella: alegría.
Orgullo.
Amor de hermana.
Y en cambio, algo oscuro se retorcía bajo todo eso.
Un pequeño, incómodo pinchazo de celos.
No por su novio, no por su boda.
Era otra cosa.
Tal vez la sensación de que ella había encontrado su sitio en el mundo… y yo seguía buscándolo.
Suspiré hondo.
—No hoy, Kira.
Hoy no te toca ser egoísta.
Me levanté para revisar por enésima vez la maleta: vestido para la boda, zapatos, maquillaje, el cuaderno con la letra de la canción, el pendrive con la pista de audio, cargadores, ropa cómoda… todo estaba allí.
Todo bajo control.
Menos yo.
Me acerqué a la ventana y corrí un poco la cortina.
La ciudad dormía, con las luces de los edificios encendidas aquí y allá como luciérnagas cansadas.
El cielo estaba despejado.
Ni una nube.
Aun así, el aire se sentía pesado.
No sabía de dónde venía esa sensación, pero la conocía.
La había sentido de niña, en momentos muy concretos, justo antes de que algo importante pasara.
Como si mi cuerpo supiera antes que mi cabeza que el mundo estaba a punto de cambiar.
—Mañana es solo un viaje —me dije—.
Una boda, una canción, una hermana feliz.
Eso es todo.
Pero no era todo.
Lo sabía.
Algo dentro de mí se lo tomaba demasiado en serio.
Me observé otra vez en el espejo.Mis ojos seguían brillando.Como si estuvieran esperando ver algo más que mi reflejo.
—¿Qué demonios te pasa?
—susurré.
No tenía respuesta.
Apagué la luz del cuarto y me forcé a volver a la cama.
Cerré los ojos, conté respiraciones, intenté imaginar el escenario, la música, la sonrisa de Angelina entrando con su vestido.
Intenté aferrarme a eso: a la parte bonita, clara, lógica.
Y aún así, debajo de todo eso, había una sombra de expectativa que no sabía nombrar.
Algo —o alguien— me estaba esperando.No sabía dónde.No sabía quién.Solo sentía la certeza tonta y absurda de que esa boda no iba a ser “una boda más”.
Mientras yo luchaba por dormirme, lejos de la ciudad, al otro lado de un mar de árboles y montañas, alguien abrió los ojos.
No en una cama.No en una casa.
En medio de un bosque oscuro, bajo un cielo cubierto de nubes, un hombre alzó la cabeza como si acabara de escuchar mi suspiro.
Su cuerpo, enorme y tenso, olía a tierra mojada y a tormenta.Sus ojos, dorados, brillaron con un destello peligroso.
—Por fin… —murmuró una voz ronca en la oscuridad.
No sabía mi nombre.Pero me había sentido.
Y mientras yo, en mi pequeño apartamento, finalmente caía en un sueño inquieto, él respiró hondo, como quien se prepara para una guerra que ha esperado demasiado tiempo.
Porque sin saberlo, esa noche yo no solo estaba haciendo la maleta para ir a la boda de mi hermana.
Estaba haciendo la maleta para encontrar al Alfa que llevaba siglos buscándome.
Aunque yo aún no lo supiera.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com