Marcada por el Alfa Eterno - Capítulo 20
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- Capítulo 20 - 20 CAPÍTULO 20 – LA SANGRE DE LA LUNA
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20: CAPÍTULO 20 – LA SANGRE DE LA LUNA 20: CAPÍTULO 20 – LA SANGRE DE LA LUNA El altar no era piedra.
Era cicatriz.
Un fragmento de algo que se había roto hacía siglos… y que el mundo entero había intentado olvidar.
Pero mi sangre lo recordaba.
Y cuando la dejé caer sobre la superficie negra, no reaccionó con luz.
Reaccionó con oscuridad.
Como si estuviera devolviendo un llamado pendiente.
Entonces lo vi.
No como visión perdida.No como fragmento.Como recuerdo completo.
La primera llave.
La original.
La que eligió abrir la puerta.
La que entregó su alma voluntariamente.
La que murió extendiendo la mano hacia la sombra como si tocara al amor de su vida.
Y lo peor… No era una desconocida.
Era mi rostro.
Mi sangre.
Mi antepasada.
Mi otra vida.
La sombra no me había elegido al azar.
Me había estado reclamando desde el día en que ella abrió la puerta por primera vez.
Yo no era su llave.
Era su continuación.
Su deuda pendiente.
Y ese momento… Me cambió todo.
Porque ya no podía decir “no soy como ella”.
Lo era.
O podía serlo.
Cuando salí del altar, el aire ya sabía lo que había hecho.
Y no fui la única en notarlo.
Angelina estaba afuera.
No lloraba.No temblaba.Solo me miraba con un silencio que dolía más que cualquier grito.
—Estás cambiando —dijo—.
No eres tú.
Sentí el impulso de decir “sí soy”, pero me detuve antes de mentir.
Porque no lo era.
Y todavía no sabía si eso era bueno o fatal.
—Estoy intentando salvarte —respondí.
—¿De qué sirve que me salves si te pierdo a ti?
—preguntó.
No supe responder.Porque esa era la verdad que más dolía.
Y la sombra lo sabía.Y usaba esa verdad como arma.
Un ruido cortó la tensión.
No pasos.No ramas.Un latido que no venía de mí.
Kael.
Apareció entre los árboles.
No iba herido.Ni débil.Ni temblando como antes.
Iba transformado.
El vínculo roto lo había arrastrado al límite, y la magia del ritual había hecho lo que el tiempo nunca pudo hacer: Despertó algo antiguo en él.
Algo sin control humano.
Cuando me vio, sus ojos no se iluminaron.
Se oscurecieron.
—Te fuiste —dijo con voz baja.
No era reproche.
Era vacío.
Un vacío peligroso.
—Te estaba destruyendo —respondí.
—No me diste opción.
—Siempre hay opción —susurré.
Él dio un paso.
No hacia mí.
Hacia mi hermana.
Angelina retrocedió de inmediato.
Y por primera vez… Me di cuenta de que no era ella quien estaba en peligro.
Era él.
El vínculo incompleto estaba rompiendo su control.
Y con la marca abierta… podía sentir a cualquiera como amenaza.
Incluyéndola.
Incluyéndome.
—Kael —dije, despacio—.
Mírame.
Su mirada se clavó en mis ojos.
Por un segundo.
Solo un segundo.
El Alfa regresó.
El hombre regresó.
Y su voz regresó con ellos.
—No vuelvas a sellarme afuera.
No le prometí nada.
Porque no podía.
Porque no sabía si iba a hacerlo otra vez.
Antes de que pudiéramos decir más, algo se movió entre los árboles.
No sombra.No lobo.
Humano.
Fusiles.
Antorchas.
Símbolos tallados en metal.
Un grupo de hombres, liderados por uno que no había visto antes.
Pero él sí me conocía.
—Llave —dijo con una reverencia que no tenía nada de respeto—.
Por fin te encuentro fuera de protección.
Kael gruñó como si hubiera reconocido su olor.
—Cazadores —escupió.
El nombre me atravesó como hielo.
Los hombres no servían a la sombra.Ni al pueblo.Ni a los lobos.
Servían a sí mismos.
Creían que la llave era un objeto.Un arma.Una fuente de poder que podía pertenecerles.
Y ahora que el ritual fue roto, estaban seguros de que podían tomarme.
—No queremos matarte —dijo el líder, con una calma que me dio más miedo que cualquier amenaza—.
Queremos lo que llevas adentro.
Lo que te hace especial.
Su mirada bajó hacia la marca.
—Y si eso significa que tenemos que desarmarte para obtenerlo… lo haremos.
Kael se lanzó hacia ellos sin esperar.
Y supe que iba a morir.
No por falta de fuerza.
Por exceso.
El vínculo roto lo hacía inestable, impulsivo, fácil de manipular.
Y los cazadores lo sabían.
Uno apuntó directo a su corazón.
Actué sin pensar.
La marca estalló.
No con luz.
Con fuerza.
Con sombra.
Una onda expansiva salió de mí como un rugido silencioso, lanzando a los cazadores contra los árboles como si fueran muñecos.
Todos quedaron inconscientes.Excepto el líder.
Que me miró con terror puro.
—No eres llave —susurró—.
Eres herencia.
Y huyó.
No por cobardía.
Por estrategia.
Porque volvería con más.
Porque ya sabía mi peligro.
Porque ahora me reconocía como algo más que amenaza.
Como objetivo.
Kael se desplomó de rodillas.No herido.No vencido.Solo agotado.
Pero me miraba con algo distinto en los ojos.
No amor.No furia.
Temor.
—Estás cambiando —dijo, repitiendo las palabras de mi hermana—.
Y no sé si podré seguirte donde vas.
No supe qué responder.
Porque tal vez ya no había un lugar donde pudiera seguirme sin romperse.
Pero cuando miré el altar… Y vi a la primera llave en mi memoria… Supe que ya no podía huir.
Ni esconderme.Ni dividirme.Ni esperar que otro eligiera.
Iba a entrar en la guerra por voluntad propia.
Y si el mundo tenía miedo de lo que podía ser… A partir de ahora, tendría razones reales para temerme.
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