Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Marcada por el Alfa Eterno - Capítulo 3

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Marcada por el Alfa Eterno
  4. Capítulo 3 - 3 CAPÍTULO 3 – EL ALFA
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

3: CAPÍTULO 3 – EL ALFA 3: CAPÍTULO 3 – EL ALFA No pude dormir.

Cada ruido del bosque me mantenía alerta.

Cada crujido, cada rama rota, cada silencio demasiado profundo.

Sentía algo allá afuera.

No sabía qué era, pero sabía que estaba vivo.

Y me estaba buscando.

A las tres de la madrugada me rendí.

Me levanté, me puse una sudadera y salí al patio en silencio.

La noche estaba inmóvil.

Tan quieta que parecía contener el aliento.

El viento olía a tierra húmeda… y a algo más.

Algo parecido a electricidad quemándose.

Algo que me erizó la piel antes siquiera de escucharlo.

Un paso.Otro.Otro más.

Y entonces lo vi.

Un hombre cruzó el borde del bosque como si la oscuridad lo hubiera traído en brazos.

Alto.

Inmenso.

Desnudo de pies a cabeza, excepto por un pantalón negro rasgado.

El torso lleno de cicatrices.

El cabello oscuro, enmarañado.

La respiración fuerte.

Pero fueron sus ojos lo que me rompieron.

Dorados.

Luminosos.

Inhumanos.

Los mismos que había visto entre los árboles.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

No miedo.

No repulsión.

Algo primario.

Algo que dolía.

Que quemaba.

Como si mi corazón hubiera sido obligado a recordar algo que nunca vivió.

Él se detuvo frente a mí.

No me habló.No sonrió.Solo me miró como si me hubiera encontrado después de una eternidad.

—Por fin —murmuró con una voz grave, casi rota.

Sentí cada sílaba en la columna vertebral.

Su acento era extraño, antiguo, como si las palabras le costaran.

Di un paso atrás sin querer.

Él avanzó uno.

—No tengas miedo —dijo, pero su voz no sonaba como una promesa.

Sonaba como una orden.

—¿Quién eres?

—fue lo único que pude decir.

Su pecho subió y bajó lentamente, como si estuviera conteniendo algo salvaje.

—Me llamo Kael —respondió—.

Y tú… Sus ojos recorrieron mi cuerpo como si ya lo conociera.

—Tú eres mía.

Se me cortó la respiración.

El mundo pareció hacerse más pequeño.

—No —alcancé a decir—.

No sé quién eres.

No puedes— Se movió tan rápido que ni lo vi venir.

De pronto estaba frente a mí, tan cerca que sentí su calor, su olor —una mezcla de bosque, lluvia y algo salvaje que no tenía nombre.

—Sí puedo —susurró, casi sin tocarme—.

Te he buscado más tiempo del que puedes imaginar.

La estupidez hubiera sido creerle.

Pero lo realmente aterrador fue que mi cuerpo sí lo creía.

Un latido.Otro.Y algo dentro de mí respondió.

Sin permiso.

Como si hubiera estado esperando su voz toda mi vida.

Me aparté de golpe, respirando como si hubiera corrido.

—Aléjate —dije con una firmeza que no sentía.

No se movió.

Pero su mirada cambió: ya no era solo fuego.

Era hambre.

—No quiero asustarte —dijo con esa voz baja que parecía rozarme los huesos—.

No vine a hacerte daño.

Y sin embargo, cada paso que daba hacia mí me hacía sentir que nada volvería a ser normal.

—Vete —susurré.

Por un momento, pensé que lo haría.

Pero en lugar de irse, se acercó aún más y apoyó su frente contra la mía.

No me tocó con las manos.

Solo eso.

Su piel contra mi piel.

Y el mundo dejó de existir.

El aire se volvió líquido.

Mis sentidos explotaron.

Mi corazón gritaba sin hacer sonido.

Sentí una energía recorrerme como un rayo, como un sello… como una marca.

Él cerró los ojos como si hubiera estado a punto de desmoronarse.

—Te encontré —susurró con voz quebrada—.

Luna.

Luna.Me llamó luna.

Yo me quedé petrificada.

No podía moverme.

No podía pensar.

No podía escapar.

Porque lo peor no fue lo que él dijo.

Lo peor fue que una parte de mí… lo creyó.

Y en ese instante, antes de que pudiera reaccionar, un aullido retumbó en el bosque.

No uno.

Muchos.

Kael abrió los ojos.

Ya no eran dorados.

Eran fuego.

—Ya vienen —dijo con la voz de un hombre que está a punto de matar.

Luego me miró como si decirme la verdad fuera lo más importante del mundo.

—Protégete.

No todos los que te buscan… me obedecen.

Y desapareció en la oscuridad.

No corrió.

No se escondió.

Se desvaneció.

Como si el bosque lo hubiera reclamado.

Y yo, temblando sola en ese patio, supe que mi vida no estaba cambiando.

Ya había cambiado.

Y que lo que me marcó esa noche… no fue la presencia del Alfa.

Fue la certeza de que, desde ese momento, yo tampoco pertenecía del todo a mi mundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo