Marcada por el Alfa Eterno - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - 39 CAPÍTULO 39 – CUANDO LA SOMBRA SE PUSO DE RODILLAS
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39: CAPÍTULO 39 – CUANDO LA SOMBRA SE PUSO DE RODILLAS 39: CAPÍTULO 39 – CUANDO LA SOMBRA SE PUSO DE RODILLAS Nunca hubiera imaginado verlo así.
No como amenaza.
No como guardián.
Sino como resto.
Como ruina.
Como sobreviviente.
La sombra se arrodilló.
No porque yo ganara.
Porque él estaba perdiendo.
Su forma estaba colapsando, como si ya no tuviera suficiente propósito para sostenerse.
Era como ver caer a una deidad que nunca pidió ser dios.
Y con una voz rota —demasiado humana para lo que siempre fue— dijo: —Escúchame… por favor.
La palabra “por favor” no existía en su lenguaje original.
Tuvo que aprenderla.
Tuvo que recurrir a la humanidad.
Eso me bastó para saber que lo que venía era real.
Kael regresó al pueblo pocas horas después.
Había cambiado.
No como criatura.
Como verdad.
Traía en sus manos fragmentos de piedra con las inscripciones del lugar donde encontró a la primera llave.
Y cuando habló, no lo hizo como Alfa.
Ni como vínculo.
Ni como sacrificio.
Lo hizo como testigo.
—La primera llave no falló —dijo, mirándome a los ojos—.
Logró lo que tú estás intentando: retrasar la completitud.
Pero fue traicionada.
Sellada.
Y usada como advertencia para las siguientes generaciones.
La sombra bajó la cabeza.
No para negarlo.
Para confirmarlo.
La primera llave había descubierto la misma tercera opción que yo… pero llegó demasiado tarde.
Y yo estaba a punto de correr la misma suerte.
Angelina ya no parecía humana.
No porque fuera monstruosa.
Porque era demasiado consciente.
Como si su mente cargara vidas enteras.
Como si toda la línea sanguínea hablara desde dentro de ella.
Y fue ella quien reveló la pieza final: —El origen nos dividió a propósito —dijo—.
No como castigo.
Como estrategia.Nos hizo incompatibles entre nosotros para que no pudiéramos reconstruirlo accidentalmente.
Y sin embargo… aquí estábamos.
La sombra.
Kira.
Kael.
Angelina.
Cuatro fragmentos.
Cuatro errores.
Cuatro piezas que no deberían coexistir.
Y ahora mismo, lo estaban logrando.
Ese era el verdadero peligro.
No el origen.
Nosotros.
Porque si los fragmentos empezaban a sincronizarse… la completitud sería inevitable.
Con o sin permiso.
Con o sin destino.
El pueblo cruzó el límite final.
Ya no había debate.
Solo dos bandos.
Los que querían que me convirtiera en el origen.Y los que querían matarme antes de que eso sucediera.
Ni uno estaba equivocado.
Ni uno estaba completamente en lo cierto.
Todos tenían miedo.
Miedo de lo que yo era.
Miedo de lo que podía ser.
Miedo de lo que ya estaba empezando a ser.
La sombra levantó la mirada.
Y finalmente hizo la revelación que había guardado desde el principio: —Yo no fui creado para proteger al mundo de él.Fui creado para proteger a él de sí mismo.
Y entonces todo encajó.
El origen no era maligno.
Era total.
Demasiado completo.
Demasiado absoluto.
Al punto de borrar todo lo que no fuera parte de él.
La sombra era el instinto de supervivencia del universo.
El freno.
La fractura.
La autoprotección del mundo.
Y yo había destruido ese freno sin querer.
La sombra entonces hizo lo que nunca pensé que vería: Se inclinó ante mí.
No como servidumbre.
Como súplica.
—Hazlo diferente —dijo—.
No seas llave.
No seas dios.
No seas destino.Sé algo nuevo.
Y esa frase… fue la primera vez que alguien me pidió que no eligiera entre dos extremos.
Fue la primera vez que alguien no quiso usarme, sellarme, liberarme ni temerme.
Solo quiso que decidiera por mí.
Y esa posibilidad… fue más aterradora que todo lo demás.
No tengo que detener al origen.No tengo que completarlo.Puedo reescribirlo.
Pero para eso, debo aceptar la parte de mí que ya no es humana… y aún así decidir seguir siéndolo.
Y eso será la batalla real.
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