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Marcada por el Alfa Eterno - Capítulo 7

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  4. Capítulo 7 - 7 CAPÍTULO 7 – LAS DOS MITADES
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7: CAPÍTULO 7 – LAS DOS MITADES 7: CAPÍTULO 7 – LAS DOS MITADES No recuerdo cómo llegué de vuelta a la casa.

Solo recuerdo el bosque alejándose, Kael gritándome que me mantuviera despierta… y la marca latiendo cada vez más fuerte como si tuviera vida propia.

Me desperté en mi cama con la luz apagada, la ropa pegada al cuerpo por el sudor, y la certeza de que ya no podía fingir normalidad.

No después de escuchar esa voz.

No después de sentir algo dentro de mí intentar responderle.

Mi hermana dormía en la habitación de al lado.

Gabriel estaba en la planta baja.

El mundo parecía intacto, pero yo ya no encajaba en él.

Me levanté.

Me vi en el espejo.

La marca no era un símbolo oculto.

Era un mensaje.

Y estaba creciendo.

No salí de la habitación hasta que cayó la noche.

Tenía miedo de que alguien notara algo que ni yo podía explicar.

Aun así, el pueblo se sentía distinto.

La gente ya no parecía curiosa.

Parecía expectante.

Esperaban.

¿Esperaban qué?¿A mí?¿A él?¿A algo peor?

No lo sabía, pero mi piel lo sabía.

El aire lo sabía.

Algo en mí lo sabía.

A medianoche salí sin pensar.

Como si mis pies supieran el camino antes que mi mente.

Kael estaba allí.

Siempre estaba allí.

De pie en el bosque, mirando el cielo, como si el universo le hablara directamente.

—Dime todo —exigí—.

No más mitades.

No más frases rotas.

¿Qué soy?

No me respondió al instante.

Se acercó como si tuviera miedo de tocarme.

—Hay dos fuerzas conectadas a tu sangre —dijo al fin—.

Una te reclama como luna.

La otra… te reclama como puerta.

—¿Puerta?

Su mirada se volvió grave.

—Lo que escuchaste no es un espíritu.

Es lo que existía antes de nosotros.

Antes de los lobos.

Antes de la vida que entiendes.

Tragué saliva.

—¿Qué es?

—Una sombra que ha estado atrapada durante siglos —respondió—.

Y tú eres su llave.

Sentí náuseas.

Sentí frío.

Sentí que el suelo no era suficiente para sostenerme.

—¿Y tú qué quieres?

—pregunté, casi suplicando una verdad.

Kael dio un paso más, y por primera vez no hubo prepotencia, ni control, ni rabia.

Solo dolor.

—Yo no quiero poseerte —dijo—.

No quiero consumir tu alma ni usar tu sangre.

Solo quiero… encontrarte.

Tenerte viva.

Tenerte contigo.

No como marca.

Como luna.

Su voz se quebró.

Él, el Alfa poderoso, temido, eterno… parecía quebrarse también.

—No puedo perderte otra vez.

Esa frase me partió.

—¿Otra vez?

—susurré—.

¿Qué significa “otra vez”?

Su silencio fue una respuesta más cruel que cualquier palabra.

—¿Ya nos conocíamos?

—insistí.

Kael cerró los ojos.

Y allí entendí algo que no había querido aceptar: Él no me buscaba desde que nací.

Me había estado buscando desde mucho antes.

No lo recordaba.

Pero mi alma sí.

Y eso explicaba el temblor en mis huesos cada vez que me miraba.Eso explicaba por qué su voz sonaba como si la hubiera escuchado antes de soñar.Eso explicaba por qué todo en mí reaccionaba a él sin permiso.

Pero también explicaba otra cosa: Si él me encontró primero y la sombra me marcó después… Entonces había una guerra entre ellos.

Una guerra que yo no había elegido.

Y sin embargo, mi cuerpo, mi alma, mi sangre… estaba justo en medio.

Volví al pueblo en silencio.

No dormí.

No respiré con normalidad.

No pude.

Cerré la puerta de mi habitación… Y fue entonces cuando la sentí.

Un susurro.

No desde el bosque.

No desde fuera.

Desde adentro.

Kira… No era voz.

Era intención.

Era presencia.

Como si alguien me tocara desde dentro del pecho.

Me agarré la marca con fuerza, tratando de detener el latido.

—No eres real —dije con la voz quebrada.

Pero la marca seguía latiendo.

Y por primera vez, entendí que no estaba siendo perseguida.

Estaba siendo dividida.

Dos mitades.Dos destinos.Dos dueños.

Y en algún lugar, en lo más profundo de mí… Yo también estaba empezando a responder.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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