Marea Alta - Capítulo 1
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1: El Retorno de la Prometida 1: El Retorno de la Prometida Islas del Este – Puerto de Virelia, mediodía.
El sol abrasaba los mármoles blancos del muelle real, mientras la brisa marina ondeaba con gracia la bandera del Reino Valemont.
Escoltas, nobles y comerciantes observaban desde la distancia.
La princesa estaba por zarpar.
Guardia Real: —Los preparativos están listos, mi lady.
El Aurora Real zarpará en cuanto usted lo ordene.
Lili Saito, vestida con un elegante vestido azul marino que dejaba ver su rango, miraba por última vez la costa.
Su porte era impecable.
Alta, de rostro delicado pero serio, irradiaba nobleza, aunque sus ojos cargaban una melancolía disimulada.
Lili (pensamiento): Deber cumplido.
Formalidades atendidas.
Ahora regreso a una jaula más grande, con barrotes dorados y promesas vacías.
Una mujer se acercó apresuradamente.
Era lady Cassandra, embajadora de esa región y amiga cercana de la familia Saito.
Cassandra: —Tu estadía trajo paz y diplomacia.
Te extrañaremos, Lili.
¿De verdad quieres volver tan pronto?
Lili (sin dudar): —No quiero, Cassandra.
Pero mi voluntad no tiene valor frente a los pactos de sangre.
Cassandra (suspira): —¿Y el príncipe?
¿Te espera con flores o con una nueva conquista en su cama?
Lili (seca): —Él espera…
lo que representa mi apellido, no a mí.
Cassandra la abraza por última vez.
Cassandra: —Entonces haz que esperen a una leona.
No a una víctima.
Lili sonríe apenas.
Sube al barco sin mirar atrás.
A bordo del Aurora Real, todo era lujo: alfombras importadas, columnas de madera de roble tallada, cortinas de seda.
Los soldados se movían con disciplina.
El barco comenzó a alejarse del puerto, cruzando las aguas de regreso al corazón del reino.
Lili (a su doncella, Naomi): —Una semana de viaje… y luego, la farsa del compromiso.
Naomi: —Al menos tendrá vestidos nuevos para el baile de coronación, mi lady.
Lili (mirando al mar): —Preferiría una espada antes que una corona.
El sol descendía lentamente, tiñendo las velas del Aurora de tonos dorados.
El mar estaba en calma.
Demasiado calma.
Palacio Real de Valemont – Ala del Príncipe Heredero.
Medianoche.
Las cortinas de terciopelo carmesí estaban abiertas, dejando entrar la luz de la luna.
El interior de la alcoba olía a vino caro, perfume femenino y desorden.
Un laúd roto descansaba junto a una silla volcada.
Ropa regia yacía tirada por el suelo, junto a dos copas volcadas.
En la cama deshecha, el Príncipe Renjiro Valemont, semidesnudo, se desperezaba con una sonrisa ladina.
A su lado, una mujer —no la primera del mes— le acariciaba el pecho.
Mujer (ronroneando): —¿Y si me quedo unos días más, alteza?
Renjiro (sin mirarla): —¿Y si no lo haces?
Ella se ríe con coquetería, sin notar que él ya había perdido el interés.
Se levanta con un bostezo, dirigiéndose al balcón.
Desde allí, la ciudad capital se extendía en silenciosa admiración al heredero del trono.
Renjiro (susurrando): —Todo esto será mío… Toma una copa con el vino que queda y bebe de un trago.
Entra Sir Edmund, su consejero personal, sin pedir permiso.
Edmund (frunciendo el ceño): —Alteza.
El Saito Aurora Real ha partido desde Virelia.
Su prometida estará aquí en menos de una semana.
Renjiro (despreocupado): —¿Y?
Edmund: —Debería prepararse.
El consejo desea una imagen impecable.
Su matrimonio con lady Lili no es un capricho, sino un símbolo de unidad entre las casas Valemont y Saito.
Renjiro (riendo): —Lili Saito.
La joya de porcelana.
La reina perfecta.
Fría como el mármol y tensa como una cuerda de arco.
—¿Acaso esperan que me emocione por recibir a una estatua?
Edmund (tenso): —Lo que esperan, alteza, es que no cause otro escándalo.
La última vez hubo rumores de una cortesana embarazada… Renjiro (interrumpiendo): —Rumores.
Bah.
Que el pueblo hable.
Mientras me vea impecable con ella del brazo, todos callarán.
Edmund (bajo): —A veces olvido que no heredó ni una pizca del temple de su padre.
Renjiro gira con una sonrisa oscura.
Renjiro: —Y aún así…
heredaré su trono.
El príncipe cierra las cortinas con brusquedad, regresando a la cama.
Renjiro (murmurando): —Lili…
princesa perfecta.
¿Serás tan aburrida como te recuerdo?
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