Marea Alta - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 Capítulo 11 – El Tesoro y la Tormenta
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11: Capítulo 11 – El Tesoro y la Tormenta 11: Capítulo 11 – El Tesoro y la Tormenta MAR ABIERTO – NOCHE El cielo estrellado se extiende sobre un océano inmenso y oscuro.
En la distancia, como un reflejo de un sueño dorado, se distingue el majestuoso barco Aurora Real, con velas imperiales ondeando bajo la luna.
CUBIERTA DEL TEMPESTAD NEGRA – MOMENTOS DESPUÉS El barco pirata permanece en completa oscuridad.
No hay antorchas, ni fuego.
Solo sombras.
En el puesto más alto del mástil, un vigía observa con el catalejo.
VIGÍA (susurrando) — Lo tenemos.
Rumbo estable al noreste.
No han notado nuestra presencia.
En cubierta, Alan, se acerca a Joseph, que está apoyado sobre la barandilla, con los ojos clavados en el barco imperial.
ALAN (entusiasmado) — Es real, capitán.
El Aurora.
Y no viene vacío, no señor… Joseph no responde, aún callado, el cabello revuelto por la brisa marina.
ALAN (continuando) — Me enteré por nuestros contactos en el puerto.
La prometida del príncipe va a bordo.
La futura reina.
Con su séquito completo.
Más de veinte doncellas nobles.
— Oro, sedas, reliquias, coronas… — ¡Este será el golpe más grande de nuestras vidas!
JOSEPH (sin apartar la vista) — Veinte doncellas… ALAN — Todas bien alimentadas, suaves y asustadas.
Nobles.
Intocables.
Hasta que toquen nuestro barco.
(grita con entusiasmo) — ¡Por fin vamos a hacer historia, capitán!
JOSEPH (duro) — ¿Y qué harás tú con una reina, Alan?
¿Encerrarla en la bodega hasta que se doblegue?
ALAN se ríe, sin captar el tono amargo.
ALAN — ¡Yo, nada!
Tú deberías quedártela.
Que te sirva vino y se arrodille cuando le hables.
Así aprende lo que es el mar…
y lo que es un verdadero hombre.
JOSEPH gira lentamente para mirarlo.
Una sombra fría cruza sus ojos.
JOSEPH (firme, casi helado) — Nadie toca a ninguna mujer sin mi orden.
— Si tocan a la reina…
los echo al mar.
El silencio cae de golpe.
La tripulación cercana finge no haber escuchado, pero intercambian miradas nerviosas.
ALAN (tartamudeando un poco) — S-Sí, capitán…
como digas.
Joseph vuelve la mirada al Aurora Real.
Algo en su interior se mueve, como una tormenta contenida.
JOSEPH (voz baja, casi para sí) — ¿Qué demonios haces en ese barco, princesa…?
CAMAROTE DE JOSEPH – MÁS TARDE Joseph entra.
Cierra la puerta.
Se quita la chaqueta, pero no se sienta.
En la mesa, hay un viejo mapa, y un collar pequeño de perlas…
como si fuera de una niña pequeña algo fuera de lugar en un barco de piratas.
Toma el collar.
Lo aprieta en el puño.
JOSEPH (voz baja) — Si es ella… — Esto no será como las otras veces.
TEMPESTAD NEGRA – CUBIERTA – AMANECER La tripulación se alista.
Cuerdas, ganchos, barriles.
El aire huele a hierro y sal.
Se avecina algo grande.
Joseph sale a cubierta.
El viento agita su abrigo oscuro.
Sus ojos se clavan en el horizonte.
JOSEPH (con decisión) — Que todos estén listos.
Esta noche…
será el asalto.
MAR ABIERTO – NOCHE El océano parece inmóvil bajo la luna.
Dos barcos navegan en distintos rumbos, separados por el destino.
Uno es dorado y majestuoso.
El otro, oscuro y silencioso.
CAMAROTE REAL – BUQUE DEL PRÍNCIPE – NOCHE Luces tenues, cojines de terciopelo, pieles, vino derramado.
Renjiro yace entre dos cortesanas, semi dormidas.
Una acaricia su pecho, la otra su cabello.
El ambiente es decadente, húmedo, ajeno al propósito real de su viaje.
CORTESANA 1 (adormilada) — ¿Mi señor… aún piensa en ella?
RENJIRO (con mirada perdida al techo) — Siempre.
Maldita sea… esa mujer… Se sienta abruptamente.
Busca otra copa.
Sus manos tiemblan de frustración.
RENJIRO (gruñendo) — Desde que la volví a ver no hago más que pensar en ella.
¡No puedo controlarla!
— No obedece, no suplica, no me teme.
¡Ni siquiera cuando le grito!
CORTESANA 2 — Porque es noble, mi señor.
RENJIRO (se ríe con amargura) — ¡Es mía!
Me pertenece.
No importa si me ama o no.
— Seré su esposo… y cuando la tenga otra vez delante… no me detendré esta vez.
Silencio.
Las cortesanas no responden.
Una se gira, la otra finge dormir.
CUBIERTA DEL BUQUE REAL – MISMA NOCHE El Príncipe sale, ojeroso, tambaleante, copa en mano.
Observa el mar con desesperación.
RENJIRO (entre dientes) — ¿Dónde estás, Lili?
— Dijeron que te encontraría en días.
¿Acaso me mientes incluso en el viento?
Arroja la copa al agua.
Se parte contra la madera del barco.
AURORA REAL – MÁSTIL SUPERIOR – MISMA NOCHE En la cima del majestuoso velero imperial, entre cuerdas y velas plegadas, Lili está sentada sola.
Solo el cielo y el mar la acompañan.
El viento le acaricia el rostro.
Lleva un vestido sencillo y una capa liviana.
Sus ojos miran hacia la nada.
O hacia todo.
LILI (voz en off) — Aquí arriba puedo respirar.
— Aquí no soy la prometida del príncipe.
No soy la hija del Duque.
— No soy “Su Gracia”…
“Su Alteza” ni “Mi Dama”.
— Solo… soy.
Suspira.
Mira hacia abajo.
Las luces del barco titilan.
Nadie la busca.
Nadie la nota.
LILI (voz en off) — A veces pienso que… si cayera ahora, el mar me tragaría con suavidad.
— Y al fin… sería libre.
Se pone de pie.
El viento sopla más fuerte.
Sus cabellos vuelan.
Extiende los brazos.
Por un instante parece una gaviota en pleno vuelo.
Pero entonces, una pequeña campana suena a lo lejos.
Un cambio de guardia.
Lili baja lentamente los brazos.
Suspira.
Vuelve a sentarse.
LILI (susurrando) — Aún no.
Aún no… Abrazándose a sí misma, se acurruca bajo la vela.
El cielo estrellado la cubre como un manto.
En su pecho, apenas visible, una lágrima solitaria cae.
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