Marea Alta - Capítulo 16
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- Capítulo 16 - 16 Capítulo 16 – Instintos de Protección
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16: Capítulo 16 – Instintos de Protección 16: Capítulo 16 – Instintos de Protección CAMAROTE PRIVADO – TEMPESTAD NEGRA – NOCHE La luz de un farol tenue parpadea suavemente en la estancia.
El vaivén del barco es constante.
En la cama, Lili yace aún inconsciente, con el rostro pálido, respirando con dificultad.
A su lado, sentada firme como una estatua, está Naomi, su doncella más fiel.
Unos golpes suaves suenan en la puerta.
Naomi se pone de pie con cautela.
NAOMI (susurrando) — ¿Quién es?
La puerta se abre sin esperar respuesta.
Joseph, aún con el cabello húmedo por el mar, entra con una bandeja de comida caliente en una mano y una mirada enigmática.
Naomi de inmediato se interpone entre él y Lili, abriendo los brazos instintivamente y cubriendo con su cuerpo la figura de su señora.
NAOMI (con firmeza) — No se acerque.
No la toque.
Joseph la observa unos segundos.
No con enojo, sino con una calma peligrosa.
Ladea la cabeza, su expresión se suaviza apenas, en una media sonrisa, como si reconociera la valentía inútil de una gacela protegiendo a una leona dormida.
JOSEPH — Tranquila, doncella.
(deja la bandeja sobre una mesa cercana) — Si la quisiera muerta… no estarías aquí.
Se aproxima un paso, observa el rostro de Lili.
Su sonrisa desaparece por un instante.
Algo en su mirada se oscurece.
JOSEPH — Sigue respirando… eso es buena señal.
(pausa breve) — No tienes idea de lo que ella significa.
Joseph vuelve a mirar a Naomi, sus ojos ya no son fríos, sino…
cansados.
JOSEPH — No haré nada que ella no quiera.
— Díselo… cuando despierte.
Se da media vuelta, abre la puerta, y justo antes de salir, sin mirarla: JOSEPH — Cuídala.
Aquí nadie se acerca sin que yo lo diga.
La puerta se cierra con un suave clic.
Naomi se queda helada.
Vuelve a Lili.
La acomoda, cubriéndola con la manta.
Pero Naomi había escuchado cosas… Los gritos de otras doncellas, arrastradas, despojadas de su honor… Sabía que este barco era un infierno flotante… Y que su señora, al despertar, estaría en la boca del lobo.
El lobo…
que juraba protegerla.
Naomi aprieta los labios, sujeta con fuerza la mano de Lili.
NAOMI — Señorita… por favor despierte.
— Yo… yo no podré protegerla sola… Las lágrimas caen en silencio.
Y el barco sigue navegando… rumbo al destino incierto.
CAMAROTE DEL VICE-CAPITÁN – TEMPESTAD NEGRA – MADRUGADA La habitación está medio iluminada por una lámpara de aceite.
Las sombras se alargan sobre las paredes.
Joseph está de pie, frente a la ventana que da al mar.
El vaivén del océano se refleja en sus ojos oscuros.
No hay nadie más.
El silencio es pesado.
Sobre la mesa frente a él, descansa el collar que Lili sostenía antes de lanzarse al mar.
Sus dedos lo rozan apenas.
JOSEPH (susurrando) — Tanto tiempo… Se sienta lentamente.
Apoya los codos en la mesa.
Toma el collar entre las manos, lo observa como si se tratara de una reliquia sagrada.
Su mirada se pierde.
Un leve destello… y el pasado comienza a emerger.
FLASHBACK – JARDÍN IMPERIAL – ATARDECER – AÑOS ATRÁS El sol se esconde tras los muros altos de un jardín escondido.
Un niño de unos diez años —harapiento, sucio, con mirada despierta— se esconde entre los arbustos.
Observa, fascinado, a una niña de cabello negro y ojos vivos.
Ella ríe mientras canta suavemente, sentada junto a una fuente.
Ella lo ve, sin miedo, no como los demás que lo hacen parecer invisible.
NIÑA (LILI CINCO AÑOS) — ¿Tú eres real?
¿O eres otro de mis sueños aburridos?
El niño no sabe qué decir.
Solo asiente.
Ella sonríe.
NIÑA (LILI) — Ven, si te escondes ahí te picarán los insectos.
(pausa) — ¿Tienes hambre?
El niño duda… pero se acerca.
Por primera vez en años, alguien lo había visto.
REGRESO AL PRESENTE – CAMAROTE DE JOSEPH Joseph cierra los ojos con fuerza.
El collar cruje entre sus manos por lo fuerte que lo aprieta.
Respira hondo.
La voz de la niña aún suena en su memoria.
JOSEPH — Aquel día…
te prometí volver por ti.
— Pero el destino me quitó incluso el nombre que me diste.
Se levanta, camina de un lado a otro.
Como si las paredes lo ahogaran.
Habla solo, en voz baja, con una mezcla de rabia contenida y culpa.
JOSEPH — Te busqué en cada puerto.
En cada rincón de este maldito mundo.
— Hasta que vi tus ojos…
(pausa, golpeando la mesa con el puño) — Maldita sea… eras tú.
Se detiene.
Apoya ambas manos sobre la mesa, la cabeza agachada.
JOSEPH — Y ahora… no me recuerdas.
Silencio.
El mar golpea suavemente el casco del barco.
Joseph vuelve a tomar el collar.
Lo sostiene contra su pecho.
JOSEPH — Pero yo sí.
— Yo te recuerdo, Lili.
— Y esta vez…
no dejaré que me la quiten otra vez.
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