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Marea Alta - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 Capítulo 17 – El Eco del Mar
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17: Capítulo 17 – El Eco del Mar 17: Capítulo 17 – El Eco del Mar BARCO REAL “JUSTICIA DEL ALBA” – NAVEGANDO MAR ADENTRO – MEDIODÍA El sol está en lo alto, pero no hay paz en cubierta.

Renjiro, de pie junto al timón, observa el horizonte con el rostro endurecido.

A su lado, uno de sus hombres, Capitan de la guardia real Hayato, y su consejero personal Edmund, espera órdenes en silencio.

El viento sopla fuerte.

Las velas están tensas.

El barco se mueve con prisa.

La ira se nota en la mandíbula del príncipe.

RENJIRO (con voz seca) — ¿Alguna señal?

HAYATO — Ninguna, mi señor.

Hemos enviado cuervos a las naves aliadas.

Aún no hay respuesta.

Renjiro aprieta los dientes.

Su mirada recorre el mapa náutico abierto frente a él.

Golpea la mesa con el puño.

RENJIRO — ¡Ese maldito bastardo me arrebató lo que me pertenece!

(pausa, respira hondo, susurra) — Mi reina…

ZONA DE ENFERMERÍA IMPROVISADA – JUSTICIA DEL ALBA – MOMENTOS DESPUÉS Varias doncellas están allí, algunas aún llorando, otras sentadas en silencio.

Una de ellas, Misaki, una joven de rostro dulce y ojos inflamados por el llanto, respira hondo cuando el príncipe entra.

Todas se callan.

RENJIRO (con voz firme) — ¿Alguna de ustedes puede decirme qué pasó?

¿Alguien la vio?

¿Vio a la princesa?

Las doncellas se miran entre sí.

Una comienza a sollozar.

Nadie responde… hasta que Misaki da un paso adelante.

MISAKI (titubeando) — S-su Alteza… yo… escuché… algo… RENJIRO (se le acerca con rapidez) — Habla.

Lo que sea.

No importa cuán pequeño sea el detalle.

MISAKI — Yo… estaba escondida cerca de la cocina.

Escuché gritos.

— La princesa… ella… le gritó a uno de los piratas.

Le dijo que prefería morir antes que ser tocada… (baja la mirada) — Y entonces… solo escuché el sonido de un salto al agua.

Después gritos.

Muchos.

Renjiro se queda paralizado por un instante.

Su respiración se corta.

Mira al vacío.

Luego, aprieta los puños.

RENJIRO (con voz rota) — ¿Saltó?

MISAKI — No pude verla… solo lo escuché.

Pero… era su voz.

Estoy segura.

Renjiro se aleja, visiblemente alterado.

Se detiene, cierra los ojos con fuerza.

Su corazón late con fuerza.

Golpea la pared con rabia contenida.

RENJIRO — Si ese infeliz la ha dejado ahogarse… juro que arrastraré su cadáver por cada isla maldita de este océano.

CUBIERTA PRINCIPAL – MINUTOS DESPUÉS Renjiro sube rápidamente.

Las olas golpean el casco del barco.

El viento ha cambiado.

RENJIRO (gritando) — ¡Hayato!

Cambien rumbo hacia el norte.

Si ella saltó, los piratas debieron recogerla.

¡Ese barco no puede estar muy lejos!

HAYATO — ¡A la orden, Alteza!

El barco gira.

Las velas se ajustan.

Las naves imperiales se dispersan, buscando rastros del Tempestad Negra.

El rostro de Renjiro es una mezcla de obsesión, rabia… y algo más.

RENJIRO (para sí mismo) — No te dejaré a merced de ese infeliz.

— Aún eres mía, Lili.

CAMAROTE DEL CAPITÁN – NOCHE, MAR EN CALMA La habitación está casi en penumbras.

Una lámpara de aceite lanza una tenue luz dorada que oscila con el movimiento del barco.

Sobre la cama, Lili sigue inconsciente.

Su piel pálida brilla con un leve sudor.

Su respiración es lenta, irregular.

A su lado, Naomi, agotada pero vigilante, le cambia el paño húmedo de la frente.

NAOMI (susurrando, casi rogando) — Vamos, mi señora… despierte ya… No puede dejarme sola aquí… Naomi le toma la mano con fuerza.

Mira hacia la puerta, como si esperara que entrara alguien, o temiera que lo hiciera.

CUBIERTA DEL TEMPESTAD NEGRA – MISMA NOCHE Luces, carcajadas, y el tintineo de jarras de ron llenan el aire.

Piratas celebran el exitoso saqueo.

Hay música, peleas amistosas, algunos cantan canciones obscenas mientras otros arrojan monedas y joyas al aire.

Todo el barco es un carnaval de caos alegre… excepto por un rincón oscuro donde Joseph está de pie, en silencio.

Apoyado contra la barandilla, mira hacia el horizonte oscuro, fumando en silencio.

Su rostro es sombrío.

No ha probado ni una gota de alcohol.

Sus hombres lo notan, pero ninguno se atreve a decirle nada.

ALAN (se le acerca con cautela, con una jarra en la mano) — Capitán… no va a brindar con nosotros esta vez tampoco, ¿eh?

JOSEPH (sin mirarlo) — No estoy de humor.

ALAN — La mercancía está asegurada, el oro es abundante… la mitad del escuadrón enemigo está en el fondo del mar… debería estar sonriendo.

Joseph gira lentamente la cabeza, su mirada es cortante.

JOSEPH — No me pago a mí mismo para sonreír, Alan.

ALAN (alzando las manos, retrocediendo) — Como guste, Capitán.

CAMAROTE DEL CAPITÁN – POCOS MINUTOS DESPUÉS Joseph entra.

Naomi se pone tensa de inmediato, colocándose como barrera entre él y Lili.

NAOMI — Sigue igual.

La fiebre no baja.

No sé cuánto más podrá resistir… Joseph no dice nada.

Camina hasta el otro lado de la habitación, se sienta en una silla de madera desgastada.

La observa.

Sus ojos van del rostro de Lili al collar sobre la mesa, aún húmedo del mar.

Se inclina hacia adelante, apoya los codos sobre las rodillas, entrelaza los dedos.

Habla más para sí que para Naomi.

JOSEPH (bajito) — Ya pasaron casi dos días… y aún no me miras.

NAOMI (susurrando) — ¿Usted… la conocía?

Joseph alza la mirada.

Hay algo roto en sus ojos.

JOSEPH — No como tú crees.

Pero sí… (voz más baja aún) — La he esperado más de lo que debería admitir.

CUBIERTA – POCO DESPUÉS La música sigue.

Las risas también.

Pero mientras todos celebran, Joseph, ahora solo, sube de nuevo a cubierta.

Se aparta del ruido, del fuego, de los hombres.

Mira al cielo.

A las estrellas.

Suspira.

Está harto.

Confundido.

Inquieto.

JOSEPH (murmurando, con un deje de rencor) — Si te atreves a morir sin antes abrir los ojos y decirme por qué… — …yo mismo bajaré al fondo del océano para exigírtelo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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