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Marea Alta - Capítulo 9

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  4. Capítulo 9 - 9 Capítulo 9 – La Reina del Sacrificio
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9: Capítulo 9 – La Reina del Sacrificio 9: Capítulo 9 – La Reina del Sacrificio Un mes después… El puerto estaba cubierto de bruma.

Los estandartes imperiales ondeaban como si celebraran algo… pero Lili no lo hacía.

Subió al Aurora Real con la cabeza erguida, su vestido color perla arrastrando entre los tablones, y una expresión tan serena que parecía esculpida en mármol.

Nadie lo notaba, pero… dentro de ella todo crujía.

El puerto quedaba atrás, más gris que glorioso, mientras la nave partía en su ruta de regreso.

Un mes en alta mar.

Treinta días entre cielo y sal.

Treinta noches para pensar.

Pensar en su destino.

En su jaula.

Se sostuvo del barandal mientras el barco se alejaba.

Una lágrima cayó, pero el viento se la robó antes de que alguien pudiera verla.

—”Así que esta soy yo ahora.

Un símbolo.

Una mujer que se casa por deber… no por deseo.” Sabía que no tenía elección.

Había protestado.

Había gritado, incluso.

Pero su padre, con su voz seca de marqués obediente, había sido claro: “El compromiso no es tuyo, Lili.

Es del reino.

No seas una niña egoísta.

¿Quieres poner en vergüenza a los Saito?

¿Al imperio?

¿A tu difunta madre?” Ella no respondió.

Solo se quebró por dentro.

Y ahora estaba aquí.

En la nave de su familia.

Camuflando el exilio como regreso glorioso.

Como futura Reina Emperatriz de un hombre que no amaba.

Que despreciaba.

Renjiro Valemont.

El príncipe de las máscaras.

Del tacto sucio y los ojos sin alma.

El que violaba promesas con la misma facilidad con la que tocaba otras pieles.

El que le robó su primer beso… no por amor, sino por control.

—”¿Qué clase de mundo es este… donde las mujeres deben ser puras, pero los hombres pueden revolcarse con quien quieran y aún ser llamados honorables?” El mar respondía con silencio.

Pero entre su rabia, había también una resolución fría, adulta.

Sí.

Iba a casarse.

Iba a ser reina.

Pero no por él.

Sino por el pueblo.

Desde niña había soñado con cambiar el mundo.

Con limpiar la corrupción.

Con devolverle al imperio su gloria… no desde el trono de una esposa, sino desde la mente de una estratega.

Y si debía usar la corona para hacerlo… lo haría.

—”Tendré acceso a la fortuna real.

A las decisiones.

A las alianzas.

A los libros que nadie más puede leer.

Si me convierto en Reina… podré devolverle al pueblo lo que le arrebataron.

Aunque sea poco a poco.” La esperanza era un hilo débil.

Frágil.

Pero era el único al que podía aferrarse.

Aún así… Las noches eran largas.

Y los pensamientos también.

Porque para cumplir ese rol… tendría que compartir cama.

Cuerpo.

Y nombre.

Con Renjiro.

Un ser despreciable, consumido por el placer y la soberbia.

Un monstruo disfrazado de príncipe.

El mar rugió suavemente.

Y Lili, con la mirada fija en el horizonte, comenzó su travesía… no como una doncella resignada, sino como una reina rota… que aún quería luchar.

PALACIO REAL – SALÓN DE ESTRATEGIA – NOCHE La sala está casi vacía.

Mapas sobre una gran mesa.

Candelabros encendidos.

Huele a incienso y humedad de piedra.

RENJIRO VALEMONT observa en silencio un mapa del reino y sus rutas marítimas.

Luce elegante, pero cansado.

Sus ojos siguen una ruta marcada en rojo: la del regreso del ‘Aurora Real’.

GUARDIA REAL #1 (inclinándose) — Mi príncipe… hemos recibido la confirmación.

El barco de la familia Saito llegará al puerto imperial en menos de cinco días.

RENJIRO (sin apartar la mirada del mapa) — Ya era hora.

Pensé que el mar se la había tragado…

GUARDIA REAL #2 (con tono preocupado) — Hay… otros rumores, alteza.

Sobre el Tempestad Negra.

El barco pirata.

RENJIRO (alza una ceja, curioso) — ¿Ese viejo cuento de comerciantes cobardes?

GUARDIA REAL #2 — No esta vez, mi señor.

Las últimas semanas… Varios navíos de nobles fueron interceptados.

Sus cargas saqueadas.

Sus mujeres… desaparecidas.

Algunas de alta cuna.

GUARDIA REAL #1 — Las familias las han declarado muertas.

Oficialmente.

Pero extraoficialmente… se dice que las vendieron como esclavas.

Chicas nobles.

Sin nombre ahora.

Sin linaje.

Deshonradas.

Sin valor para sus casas.

(Silencio) RENJIRO se tensa.

Aprieta los bordes del mapa.

Su mandíbula se contrae.

Pero no por compasión… sino por otra emoción.

RENJIRO — Patéticos.

Tan rápido matan a sus propias hijas para no manchar su apellido… — (pausa) — Y si ese barco… se atreve a tocar lo que es del imperio.

Se da media vuelta.

Su capa negra arrastra por el mármol.

Su rostro, sombrío.

RENJIRO — Pero el Aurora Real no es cualquier barco.

Es el orgullo naval de los Saito.

Grande.

Blindado.

Con más guardias reales que un desfile imperial.

Y con mi prometida a bordo.

— (sonríe con frialdad) — Si ese pirata se atreve siquiera a rozarla… yo mismo le cortaré las manos.

PASILLOS DEL PALACIO – MINUTOS DESPUÉS Renjiro camina solo.

Su sombra larga.

Sus pasos firmes.

Pasa junto a una doncella, que baja la mirada enseguida.

Él no se detiene.

RENJIRO (para sí, sombríamente) — Lili… — En unos días volverás.

— Y cuando lo hagas, me aseguraré de encerrar ese fuego tuyo donde pertenece… — En mi cama.

ALTAMAR – NOCHES ANTERIORES Una tormenta lejana tiñe el horizonte.

Entre las olas, una silueta negra avanza con elegancia letal.

El barco pirata, Tempestad Negra se desliza como un depredador en acecho.

CÁMAROTE DEL CAPITÁN – TEMPESTAD NEGRA Joseph capitán pirata, recibe noticias de un barco imperial rumbo al reino, cargado de riquezas, arte, documentos diplomáticos… y doncellas nobles.

Una sonrisa sesgada cruza sus labios.

Golpea con fuerza la mesa y se pone de pie.

JOSEPH — El Aurora Real… ¿eh?

Mira hacia el mar a través de la ventana de madera abierta, mientras el viento sopla con fuerza.

JOSEPH — Que empiece la caza.

HABITACIÓN REAL – MADRUGADA La habitación está en penumbra.

Telas rojas y doradas cubren el amplio lecho.

RENJIRO duerme entre sábanas de seda.

A su lado, una cortesana desnuda descansa, la cabeza apoyada en su brazo.

El silencio pesa… hasta que un grito ahogado rompe la calma.

RENJIRO (sudando, incorporándose) — ¡LILI!

Respira agitado.

Mira a su alrededor.

La mujer ni se inmuta, sigue dormida, plácida.

RENJIRO pasa ambas manos por su rostro, visiblemente alterado.

Se levanta del lecho.

Camina hacia el ventanal, desnudo, la espalda tensa.

RENJIRO (voz baja, temblorosa) — No fue solo un sueño…

— La vi… — Atada.

Rota.

— Y ese maldito con las manos sobre ella.

Sisea entre dientes, furioso.

Se sirve una copa de vino oscuro.

Da un trago, pero lo escupe con rabia.

Camina por la habitación, como un león enjaulado.

Golpea una silla.

Luego otra.

Finalmente se detiene, jadeando.

RENJIRO — No.

— No puedo quedarme aquí esperando.

SALÓN DEL TRONO – HORAS DESPUÉS El REY, con una barba blanca bien recortada, observa desde el trono cómo RENJIRO, ahora vestido con armadura ceremonial negra y capa imperial, da órdenes a sus hombres.

REY (con voz grave) — Así que vas a ir tú mismo… — Como si fueras un héroe de leyenda.

RENJIRO (sin mirarlo) — No confío en rumores.

— Y no confío en nadie más que en mí mismo.

— Lili es mía.

Iré a su encuentro El rey se levanta.

Camina lentamente hacia su hijo.

Hay un aire tenso entre ambos.

REY — Lili es más que una prometida.

— Es el rostro del futuro de este imperio.

— Si regresa con un solo cabello fuera de lugar… será tu cuello el que me cobre el Senado.

RENJIRO (irónico) — Siempre tan poético, padre.

REY (serio, deteniéndose frente a él) — Escúchame bien.

— No la toques.

— No la tomes.

— No la reclames… hasta después de la boda real.

— Sé cómo eres.

— Y sé muy bien de lo que eres capaz.

RENJIRO (sonriendo con arrogancia) — No soy un monstruo.

REY — No… — Pero eres un hombre criado como si el mundo te perteneciera.

— Y eso… puede ser peor.

Silencio.

Luego el rey suspira pesadamente.

REY — Que los dioses te guíen.

— Vuelve con tu futura reina.

— Y hazlo con honor.

PUERTO REAL – AL AMANECER El “Justicia del Alba”, el buque insignia del reino, reluce imponente bajo la luz dorada.

Cañones listos.

Banderas ondeando.

RENJIRO sube a bordo, rodeado de su guardia personal.

Tambores de guerra suenan mientras el barco se prepara para partir.

RENJIRO (gritando al viento mientras el barco zarpa) — ¡Voy por ti, Lili!

— ¡Ni dioses ni piratas me impedirán traerte de vuelta!

Días antes Recuerdos El palacio real despertó con un murmullo persistente aquella mañana: Lili Saito estaba por regresar.

Las paredes del trono y los pasillos de mármol lo repetían entre ecos de seda y perfume: —”La prometida del príncipe llegará  Renjiro sonrió mientras leían el informe frente al desayuno.

—“Mi prometida regresa… y aún no ha escapado.

Qué leal resulta ser cuando conviene,” murmuró, bebiendo un sorbo de vino con indiferencia.

Pero no todo eran buenas noticias.

Un consejero de guerra, de expresión ojerosa, habló con voz baja mientras desenrollaba un mapa marítimo.

—“Mi señor… se ha reportado nuevamente actividad pirata.

No cualquier escaramuza… sino del Tempestad Negra.” Ese nombre hizo que incluso la música del laúd se detuviera en el fondo del salón.

Renjiro entrecerró los ojos.

—“¿El maldito barco que vende doncellas nobles en los bajos puertos?” —“El mismo… capitaneado por el infame Joseph Tamashi.

Un perro sin patria.

El mismo que hace medio año quemó y mató la flota del Duque de Vernstahl… y raptó a su hija.” Renjiro recordaba ese escándalo.

Una dama noble, violada, vendida y borrada del linaje.

Su familia simplemente la declaró muerta y cerró el asunto como si fuera una copa rota.

—“Cobardes,” escupió entre dientes, paseando por la terraza con las manos detrás de la espalda.

—“Tan preocupados por la imagen… que prefieren enterrar a sus hijas vivas antes que reconocer una falla del sistema.” Una risa seca se le escapó.

—“Pero Lili no es cualquiera.

Ella es mi futura reina.

Su pureza es un símbolo del reino.” Su sonrisa se ladeó con cierta perversión.

—“Y no permitiré que ningún pirata la manche antes de que sea mía.” Se giró hacia el comandante de la guardia.

—“¿Está el Aurora Real custodiado?” —“Sí, mi señor.

Cuarenta hombres de élite, más de una decena de doncellas, arqueros en cubierta y tres barcos de apoyo.” —“Bien… que aumenten a cincuenta.

Doble ración de vigilancia por las noches.

Si ese bastardo se atreve a mirar ese barco, quiero que le cueste la vida.” Y aun así… Renjiro no podía borrar aquella sensación inquieta en el pecho.

¿Y si llegaban tarde?

¿Y si ella… no llegaba?

Se dejó caer en el diván.

Cerró los ojos.

Y vio aquella escena que no podía dejar de revivir desde hacía meses: Lili furiosa.

Lili lanzándole cosas.

Lili insultándolo con palabras disfrazadas de cortesía.

Lili… encendida de rabia.

Hermosa.

Imposible.

Viva.

No.

No iba a perderla.

No iba a permitir que otro hombre tocara eso que aún no le pertenecía… pero que pronto sería suyo.

Con una sonrisa cruel en los labios, Renjiro murmuró: —“Vamos, pirata… intenta tocar lo que es mío.

Te juro que será lo último que hagas.” Mientras tanto, el mar seguía rugiendo.

Y la tormenta aún no había comenzado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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