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MARSHMELLO - Capítulo 12

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12: Capitulo 12 12: Capitulo 12 23 de junio – 10:00 a.m.

Academia St.

Ravensford El reloj del pasillo marcaba exactamente las 10:00 a.m.

cuando la campana final resonó con un sonido seco y metálico, anunciando el cierre de otra jornada de exámenes en la Academia St.

Ravensford.

Durante ese mes, la escuela había relajado su estricta etiqueta: no había uniformes formales, los horarios eran más flexibles y el ambiente, aunque cargado de tensión académica, permitía un mínimo respiro.

Neytan fue uno de los primeros en salir del aula.

Cerró su cuaderno con un movimiento automático, casi mecánico, como si ya supiera desde antes que no había nada más que revisar.

No hubo suspiro de alivio ni sonrisa triunfal.

Solo se levantó, tomó su mochila y salió al pasillo, donde Elena y Matías ya lo esperaban.

Vamos dijo Matías, ajustándose la correa de la mochila.

Si no salimos ahora, el tráfico nos va a matar.

Los tres caminaron rápido por los corredores amplios de la academia.

A su alrededor, otros estudiantes comentaban nerviosos los exámenes, comparaban respuestas o simplemente celebraban haber terminado.

Neytan no escuchaba nada de eso.

Su mente ya estaba en otro lugar.

Muy lejos de allí.

Las puertas principales se abrieron y el aire de la ciudad los recibió de golpe.

A pocos metros de la salida, estacionado con precisión impecable, los esperaba un BMW Serie 3 negro, quinta generación.

El auto brillaba bajo el sol de junio, discreto pero elegante, como todo lo que Michael conducía.

Elena fue la primera en sonreír.

Ahí está dijo.

Sin perder tiempo, los tres se dirigieron al vehículo.

Matías abrió la puerta trasera.

Neytan subió primero, luego Elena, y finalmente Matías, acomodándose con cierta torpeza.

El interior del auto olía a cuero limpio y a ese aroma neutro que siempre acompañaba los viajes importantes.

Michael miró por el espejo retrovisor.

¿Listos?

Sí, ya vamos respondió Matías.

Sarah, sentada en el asiento del copiloto, giró ligeramente la cabeza.

Bien.

¿Ya escuchaste, Michael?

Conduce.

Michael asintió, encendió el motor y el BMW avanzó suavemente por las calles de la ciudad, dejando atrás la academia, los exámenes y al menos por ahora la vida escolar.

El destino era claro: el aeropuerto.

Mientras el auto se incorporaba a la avenida principal, Neytan sacó su celular.

La pantalla se iluminó reflejándose levemente en sus ojos.

Abrió el chat de Víctor y escribió con rapidez, como si cada segundo importara.

Ya estoy en camino al aeropuerto.

Tomo vuelo hoy a Las Vegas para la presentación de mañana en 🇺🇸 Electric Daisy Carnival — Las Vegas.

Llego hoy cerca de las 15:00, así que alcanzo la prueba de sonido.

Sé que el rango es de 19:00 a 22:00, pero dime la hora exacta, por favor.

Envió el mensaje.

Apoyó la cabeza contra el respaldo y miró por la ventana.

Los edificios pasaban rápido, difuminados.

Su corazón latía con un ritmo extraño: no era ansiedad, tampoco miedo.

Era una mezcla de enfoque absoluto y presión contenida.

No pasó ni un minuto cuando el celular vibró.

Víctor estaba escribiendo.

Víctor: Tu prueba de sonido es a las 19:50 p.m..

Tienes que estar ahí sí o sí a esa hora.

No te olvides de llevar mascarilla y gorra para el soundcheck.

Neytan respondió al instante.

Neytan: Entendido.

Llevaré mascarilla negra y gorra para la prueba de sonido.

El mensaje siguiente llegó casi de inmediato.

Víctor: Bien.

Tu tío ya está aquí con nosotros en Las Vegas, revisando todo.

Recuerda lo que te dije: tu presentación tiene que ser perfecta.

Cada transición, cada cambio.

Confía en lo que aprendiste con los Pioneer CDJ-2000 y la DJM-900 Nexus.

El laptop con Rekordbox está listo, y usarás los Sennheiser HD 25 o los Pioneer HDJ-2000 para la prueba.

Mañana usarás el casco; nosotros conectamos todo.

Tú solo concéntrate.

Neytan respiró hondo antes de responder.

Neytan: Recuerdo todo.

Ya no soy un novato sin experiencia.

Entrené contigo, con James y con Eric.

Sé cómo manejar el equipo de forma limpia y precisa.

Puedes confiar en mí.

Víctor: Lo sé.

Es costumbre.

Es tu primera gran presentación.

No te alteres.

Tu tío Andrés y yo nos encargamos de todo hasta que llegues.

Todo estará listo para Marshmello.

Neytan: Ok.

Nos vemos en Las Vegas en unas horas.

Guardó el celular.

Por primera vez desde que salió de la escuela, una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

Elena lo observaba en silencio desde el asiento de al lado.

Había algo distinto en su hermano cuando hablaba de música.

No era el mismo genio académico serio y distante.

Era alguien… vivo.

Ya tienes las canciones que piensas tocar en el festival, ¿no?

preguntó, rompiendo el silencio.

Neytan asintió.

Sí.

Hoy tengo que llegar directo a la prueba de sonido en cuanto llegue a Las Vegas.

¿A qué hora es exactamente?

preguntó Matías.

Solo sabíamos el rango.

A las 18:00 p.m.

Sarah intervino con calma.

Tranquilo.

Llegaremos a tiempo.

Luego miró a sus otros hijos.

¿Y qué tal les fueron los exámenes?

Elena sonrió, orgullosa.

Todo bien.

Paso a cuarto grado como la número uno de la clase.

Yo paso a noveno grado, también como el número uno agregó Matías.

Michael asintió satisfecho, pero luego miró a Neytan por el retrovisor.

¿Y tú?

¿Qué tal tus exámenes de graduación?

Desde el 15 hasta hoy.

Neytan habló con naturalidad.

Tranquilos.

Nada fuera de lo normal.

Las preguntas no fueron ningún reto.

Todo salió como lo esperaba.

Sarah sonrió levemente.

No te supusieron un desafío, ¿verdad?

No respondió Neytan.

Ya sabía todas las respuestas.

Elena negó con la cabeza, divertida.

No todos somos tú, Neytan.

Pero igual te quiero, hermano mayor, con todo y tus rarezas.

Neytan arqueó una ceja.

¿Eso fue un cumplido o un insulto?

Matías soltó una risa.

Un insulto.

Definitivamente.

El BMW Serie 3 negro, quinta generación, redujo la velocidad al tomar la salida señalizada hacia el Aeropuerto Internacional John F.

Kennedy.

El tráfico era denso, típico de una mañana activa en Nueva York, pero Michael conducía con la precisión tranquila de alguien que ya había hecho ese recorrido muchas veces.

El auto avanzó por los carriles de acceso mientras los aviones se veían a lo lejos, despegando y aterrizando con una cadencia constante, como si el cielo respirara.

Dentro del vehículo, el ambiente era distinto al de la salida de la academia.

Había una mezcla de concentración, prisa controlada y una emoción contenida que nadie decía en voz alta.

Sarah miraba el reloj del tablero; Elena observaba por la ventana las señales del aeropuerto; Matías se inclinaba hacia adelante, atento a cada giro.

Neytan, en silencio, sostenía su mochila colgada de un solo hombro.

Dentro llevaba lo esencial: su laptop, los auriculares, documentos y todo aquello que no podía permitirse perder.

Michael giró hacia el acceso del Estacionamiento de Corta Estancia.

El BMW se deslizó entre columnas de concreto, sensores y señales electrónicas hasta encontrar un espacio disponible cerca de los ascensores.

Detuvo el auto con suavidad, puso el freno de mano y apagó el motor.

Aquí es dijo, sin dramatismo.

Las puertas se abrieron casi al mismo tiempo.

El aire del aeropuerto entró con un murmullo lejano de motores, anuncios por altavoz y pasos apresurados.

Michael abrió la cajuela, y el compartimento reveló cinco maletas medianas, bien acomodadas.

No era un viaje largo, solo unos días, pero todo había sido empacado con cuidado.

Neytan bajó primero y, sin que nadie se lo pidiera, se colocó al lado de su padre.

Yo ayudo dijo.

Entre Michael y Matías, comenzaron a sacar las maletas una por una.

Neytan tomó dos, ajustando el agarre con firmeza; Matías tomó otra; Sarah y Elena se encargaron de las restantes.

El concreto del estacionamiento amplificaba el sonido de las ruedas al rodar.

El grupo avanzó hacia los ascensores, cruzándose con viajeros de todas partes: ejecutivos, familias, turistas, tripulaciones.

El ascensor los llevó directo a la terminal.

Al abrirse las puertas, el JFK se desplegó ante ellos con toda su actividad: pantallas gigantes mostrando salidas, filas ordenadas, mostradores de aerolíneas, personal de seguridad, el sonido constante de maletas rodando y anuncios en varios idiomas.

Caminaron juntos hacia el área de check-in.

Michael ya tenía todo preparado.

Los boletos estaban comprados, los documentos listos.

Neytan avanzaba con ellos, la mochila aún colgada de un hombro, ajustándola de vez en cuando para que no se deslizara.

En el mostrador, el personal revisó pasaportes, confirmó datos y comenzó el check-in.

Las maletas fueron colocadas sobre la banda transportadora, una por una.

El sonido mecánico acompañó cada etiqueta adherida.

Neytan observaba con atención, como si cada detalle contara.

Cuando la última maleta desapareció detrás de la cinta, sintió un pequeño cambio interno: ahora sí, el viaje era real.

Con los pases de abordar en mano, avanzaron hacia seguridad.

Dejaron atrás el área pública y entraron en el flujo más rápido y ordenado.

Zapatos, cinturones, dispositivos electrónicos.

Neytan sacó su laptop con cuidado y la colocó en la bandeja, luego sus auriculares, cerró la mochila y esperó.

Pasó por el arco sin problemas.

Recuperó todo con movimientos precisos, volvió a guardar la laptop, se colgó la mochila y siguió caminando.

Al mirar las pantallas, vieron el aviso: abordaje en proceso.

El tiempo había sido exacto.

Vamos dijo Michael.

Caminaron con paso rápido pero sin correr, atravesando pasillos amplios hasta llegar a la puerta de embarque.

El personal ya estaba llamando por grupos.

El ambiente tenía esa energía particular de los momentos previos a un vuelo: despedidas breves, miradas concentradas, pasajeros ajustando mochilas, verificando documentos.

Cuando les tocó, entregaron los pases.

El pitido de confirmación sonó limpio.

Avanzaron por el túnel que conectaba con el avión.

El olor característico del interior los recibió al cruzar la puerta.

Primera clase.

Los asientos eran amplios, tapizados en tonos sobrios, con espacio suficiente para estirarse.

El ambiente era silencioso, elegante, contenido.

Neytan entró y se detuvo un segundo para observar.

Luego avanzó hasta su asiento.

Con cuidado, levantó la tapa del compartimento superior y guardó su mochila, asegurándose de que quedara bien acomodada, sin presión, con la cremallera hacia arriba.

Cerró el compartimento con suavidad, como si aquel gesto fuera parte de un ritual.

Se sentó.

Ajustó el respaldo.

Miró alrededor.

Sarah tomó asiento cerca.

Michael se acomodó con la tranquilidad de quien sabe que todo está bajo control.

Elena y Matías se sentaron juntos, intercambiando miradas de emoción contenida.

El avión comenzó a llenarse.

Las puertas se cerraron.

La voz de la tripulación sonó clara y profesional, dando las indicaciones de seguridad.

Cuando el avión comenzó a rodar hacia la pista, sintió el movimiento profundo bajo sus pies.

El despegue fue suave.

La ciudad quedó atrás, reduciéndose a luces y formas.

Los primeros treinta minutos de vuelo transcurrieron con una calma casi hipnótica.

El zumbido constante de los motores, amortiguado por el aislamiento del avión, creó un fondo sonoro uniforme que envolvía la cabina de primera clase.

Las luces estaban atenuadas, lo suficiente como para invitar al descanso sin sumir el ambiente en la oscuridad.

El avión ya había alcanzado la altitud de crucero, y la sensación de movimiento era apenas perceptible, como si el tiempo se hubiera ralentizado.

Neytan, recostado en su asiento, se había quedado dormido casi sin darse cuenta.

Su respiración era tranquila, regular.

Había apoyado la cabeza ligeramente hacia un costado, con el respaldo reclinado lo justo para descansar sin perder la postura.

El cansancio acumulado de los últimos días exámenes, ensayos, viajes mentales constantes hacia lo que estaba por venir finalmente había pasado factura.

Por primera vez en semanas, su mente no estaba repasando melodías, transiciones ni listas de reproducción.

Simplemente descansaba.

Una sobrecargo se acercó con pasos suaves, empujando el carrito metálico que apenas emitía sonido al desplazarse por la alfombra.

Se detuvo junto a su asiento y, con un gesto profesional y delicado, inclinó un poco el cuerpo.

Disculpa dijo en voz baja, con una sonrisa amable.

Vamos a comenzar con el servicio de almuerzo.

Neytan parpadeó un par de veces antes de abrir completamente los ojos.

Durante un segundo no supo exactamente dónde estaba; luego, el contexto volvió de golpe: el avión, el viaje, Las Vegas.

Se incorporó un poco y asintió.

Gracias respondió, con la voz aún ligeramente cargada de sueño.

La sobrecargo le entregó la carta del almuerzo, una carpeta elegante de material rígido, con el logo de la aerolínea grabado en relieve.

Neytan la tomó con ambas manos, la apoyó sobre la mesita que desplegó frente a él y la abrió con calma.

Dentro, el menú estaba organizado con precisión: opciones principales, acompañamientos, bebidas y postres.

Todo descrito con detalle, ingredientes cuidadosamente listados, presentaciones pensadas para un servicio a gran altura.

Neytan recorrió las opciones con la mirada, sin prisa, despertando del todo mientras leía.

Había platos calientes y fríos.

Carnes, pastas, opciones más ligeras.

En la sección de bebidas, desde jugos naturales hasta refrescos, café, té y opciones sin alcohol más elaboradas.

Los postres incluían frutas, pastelería y una opción de chocolate.

Después de unos segundos, tomó una decisión clara.

Cerró la carta parcialmente y levantó la mirada hacia la sobrecargo.

Voy a pedir el plato principal con pollo, agua sin gas… y de postre, fruta —dijo con tono tranquilo.

Perfecto respondió ella, anotando.

En unos minutos se lo traigo.

Mientras ella continuaba su recorrido, Neytan miró alrededor.

A su derecha, un poco más adelante, Matías y Elena ya estaban comiendo.

Matías hablaba mientras gesticulaba con el tenedor, claramente animado, y Elena lo escuchaba entre risas suaves, concentrada en su bandeja pero atenta a cada palabra.

Ambos parecían relajados, lejos del estrés de los exámenes, disfrutando del viaje como algo casi cotidiano, aunque sabían que no lo era.

Más adelante, del otro lado del pasillo, Michael y Sarah conversaban en voz baja.

Michael hablaba con calma, con esa expresión reflexiva que usaba cuando analizaba algo importante; Sarah asentía de vez en cuando, respondiendo con gestos suaves, una mano apoyada sobre el reposabrazos.

No parecían hablar de negocios ni de logística.

Era una conversación familiar, íntima, de esas que no necesitan prisa.

Neytan bajó la mirada, tomó su celular del bolsillo del asiento y lo encendió.

Activó el Wi-Fi del avión, esperó unos segundos mientras se conectaba y verificó la hora.

11:34 a.m.

Todo iba en tiempo.

Abrió el navegador y escribió directamente en la barra de búsqueda.

Entró a foros relacionados con EDC Las Vegas, buscando información concreta, actualizada.

Quería confirmar algo que ya sabía, pero necesitaba verlo con sus propios ojos, leerlo, asimilarlo.

El primer enlace que apareció llamó su atención.

Hizo clic.

La página tardó unos segundos en cargar, mostrando primero un fondo oscuro, luego imágenes del festival, luces, escenarios, y finalmente el texto principal.

Cuando terminó de cargar, leyó con atención.

🔥 EDC Las Vegas 2011 – Viernes 24 de junio Aquí dejo los artistas confirmados por escenario para el primer día del festival.

Ojo con los emergentes, hay varios nombres que vienen fuertes.

🎧 MAINSTAGE 17:30 – 18:30 → Trent Cantrelle 18:45 – 19:45 → Dirty South 20:00 – 21:15 → Steve Angello 21:30 – 22:45 → David Guetta 23:00 – 00:30 → Tiësto ESCENARIO SECUNDARIO (Electro / Progressive / Emerging) 16:00 – 17:00 → Deniz Koyu 17:15 – 18:15 → Michael Woods 18:30 – 19:30 → Marshmello  19:45 – 20:45 → Alesso 21:00 – 22:15 → Nicky Romero 22:30 – 23:45 → Laidback Luke TECHNO / DEEP STAGE 18:00 – 19:30 → Adam Beyer 19:45 – 21:15 → Carl Cox 21:30 – 23:00 → Richie Hawtin Los ojos de Neytan se detuvieron exactamente en su nombre.

18:30 – 19:30 → Marshmello.

Volvió a leerlo.

Una hora completa.

Un horario sólido.

No era ni demasiado temprano ni demasiado tarde.

Era perfecto.

La franja donde la gente ya estaba entrando de lleno en el ambiente del festival, cuando el sol comenzaba a bajar y las luces empezaban a cobrar protagonismo.

El momento justo para que quienes no lo conocían lo descubrieran… y para que quienes ya lo seguían lo vieran en vivo por primera vez.

Sintió una presión leve en el pecho, no de nervios, sino de expectativa controlada.

No sonrió abiertamente, pero algo en su expresión cambió.

Cerró los labios con firmeza y asintió para sí mismo.

Deslizó hacia abajo.

Los comentarios comenzaron a aparecer.

Decenas.

Luego cientos.

Había de todo.

Usuarios hablando de los artistas principales, debates sobre el orden del Mainstage, comparaciones inevitables.

Pero, entre todo eso, su nombre aparecía una y otra vez.

“¿Quién es Marshmello?

Lo he visto en YouTube, suena diferente.” “Emergente, pero con números ridículos para el poco tiempo que lleva.” “Lo quiero ver en vivo, dicen que tiene un buen catálogo.” “Si toca Monody o Feel So Close, el escenario se llena.” “Ese chico apareció de la nada, pero tiene algo.” Neytan leyó sin reaccionar externamente.

No buscaba aprobación, pero tomaba nota mental.

Sabía leer entre líneas.

Sabía distinguir la curiosidad genuina del escepticismo.

Ambos eran igual de valiosos.

Mientras seguía leyendo, la sobrecargo regresó con su bandeja de almuerzo.

La colocó frente a él con cuidado, ajustando los cubiertos, el plato principal y la bebida.

Aquí tiene dijo.

Si necesita algo más, avíseme.

Gracias respondió Neytan, levantando la mirada un instante.

Tras unos 35 minutos de comida, Neytan terminó cada bocado de su almuerzo cuidadosamente, asegurándose de no dejar nada en el plato.

La sobrecargo regresó lentamente, con movimientos suaves y profesionales, para recoger los utensilios y la bandeja.

Cada objeto fue retirado con precisión, y el silencio de la cabina quedó solo roto por el murmullo ocasional de pasajeros, los sonidos apagados del motor y las conversaciones lejanas de los demás ocupantes de primera clase.

Neytan, con la bandeja retirada, cerró la mesa plegable de su asiento y la empujó hacia su posición original.

La suavidad con la que se guardó la mesa reflejaba su rutina: todo tenía un orden, todo debía estar en su sitio, cada acción debía ser medida, sin prisas pero sin desperdiciar tiempo.

Su mirada se dirigió de nuevo hacia su celular, que descansaba en el reposabrazos junto a la bebida que había dejado a un lado.

Abrió el navegador y volvió a conectarse al foro oficial del EDC Las Vegas 2011, especialmente a la sección donde los fans discutían sobre los artistas emergentes y sobre el primer día del festival.

Su pulgar desplazó la pantalla lentamente, mientras su mente analizaba cada comentario.

Lo que le interesaba no era solo la información, sino el pulso emocional de los seguidores, sus expectativas, sus emociones contenidas en frases cortas llenas de entusiasmo o ansiedad.

Neytan sabía que cada comentario reflejaba no solo interés, sino también la construcción de su reputación como Marshmello en tiempo real.

En la pantalla aparecían mensajes de todo tipo: “¡No puedo creer que finalmente lo veré en vivo!

Lo sigo desde enero, cuando subió sus primeras canciones.

Espero que toque Fade Into Darkness y Feel So Close, ¡sería increíble!” “Marshmello es un misterio, pero los números no mienten.

Ya tiene más de un millón de suscriptores y nadie sabe quién es realmente.

¿Cómo logró este crecimiento tan rápido?

Estoy ansioso por verlo en vivo mañana.” “No puedo esperar para el set de 18:30 – 19:30.

¡Espero que su mezcla de progressive y electro sea tan limpia como en YouTube!” “¡Chicos, atención!

Si Marshmello toca Monody en vivo, el público va a explotar.

Este chico tiene talento puro y un potencial enorme.” “Alguien sabe si los artistas principales han comentado algo sobre Marshmello?

Me pregunto qué piensan los DJ veteranos de este chico que apareció de la nada.” La lectura de estos comentarios hizo que Neytan sintiera una mezcla de emoción y responsabilidad.

Cada mensaje era un reflejo de la anticipación de miles de personas que, sin conocer su rostro, esperaban verlo dar lo mejor de sí.

Su primer concierto oficial, el primer contacto en vivo con un público masivo, estaba tan cerca que podía imaginarlo: luces, altavoces gigantes, la multitud vibrando al ritmo de su música.

Decidió profundizar más y abrió un hilo donde los artistas del círculo interno del EDM comentaban sobre las novedades del festival.

Entre ellos aparecían nombres que le resultaban especialmente importantes: Trent Cantrelle: “He oído hablar de este Marshmello, emergente del 2011.

Estoy intrigado por ver su set.

Este chico ha tenido un crecimiento explosivo en apenas seis meses.

No podemos subestimarlo.” Dirty South: “Algunos de mis colegas me han enviado clips de sus mezclas.

Lo que escuché es limpio, creativo y con una sensibilidad melódica que rara vez se ve en novatos.

Quiero ver cómo se defiende en un escenario real.” Steve Angello: “Siempre es emocionante descubrir talento emergente.

Lo que hace Marshmello en YouTube es impresionante, pero quiero ver si puede trasladarlo a un set de festival con público real.

Mañana será revelador.” David Guetta: “Marshmello tiene algo que muchos no tienen: consistencia en la producción y una clara identidad musical.

Su debut en EDC Las Vegas será un evento interesante para seguir.” Tiësto: “No lo he visto tocar en vivo, pero los reportes sobre su control del CDJ-2000 y DJM-900 Nexus son sólidos.

Su primer set podría establecerlo rápidamente como un nombre respetado en la industria.” Cada mensaje, cada línea, reforzaba la magnitud de lo que estaba a punto de suceder.

Neytan sintió una mezcla de emoción, presión y motivación.

Sabía que la atención de sus fans y de los veteranos del EDM estaba sobre él, pero también comprendía que esto era exactamente lo que había estado esperando: un desafío que pondría a prueba su habilidad, su creatividad y su preparación.

Mientras tanto, su mirada no podía dejar de recorrer los nombres de otros artistas del escenario secundario: Deniz Koyu, Michael Woods, Nicky Romero, Alesso y Laidback Luke.

Todos nombres consolidados, respetados, cada uno con su propia base de fans.

La competencia no era lo que le intimidaba; más bien, le inspiraba.

Pensaba en cómo su identidad musical como Marshmello debía sobresalir, cómo cada transición, cada efecto, cada mezcla debía ser perfecta, fluida y memorable.

Los comentarios de fans anónimos eran una constante.

Algunos expresaban ansiedad: “Espero que no se ponga nervioso en su primer set.

¡No quiero que esta noche sea decepcionante!” “El debut de Marshmello mañana es la razón principal por la que voy al festival.

No importa quién más toque, quiero verlo tocar a él.” Otros mostraban admiración anticipada: “Este chico está redefiniendo la manera en que los emergentes pueden irrumpir en el EDM.

Su historia es increíble.” “No puedo creer que haya lanzado tantas canciones en tan solo meses.

Force, Fade Into Darkness, Celebrate… y ahora un set en EDC Las Vegas.

¡Esto es histórico!” “He seguido cada lanzamiento desde enero, y lo que más me gusta es cómo mantiene la consistencia.

Cada canción tiene identidad, mezcla perfecta y energía.

Mañana va a romperla.” Neytan respiró hondo.

Por primera vez en su vida, sus logros estaban fuera del ámbito académico y familiar, bajo la mirada de miles de personas que no lo conocían personalmente, que juzgarían su trabajo únicamente por su música y su presentación.

Su primer concierto era un ritual de transición: de ser un estudiante talentoso y disciplinado, a un artista reconocido en un escenario internacional.

Con el celular en la mano, también comenzó a responder algunos comentarios en tiempo real.

Nada visible públicamente, claro; solo anotaciones mentales de lo que los fans esperaban, qué canciones les emocionaban más, qué aspectos del set podrían sorprender.

Esto le permitió trazar mentalmente un esquema de su presentación: los tiempos de transición, cuándo introduciría su propio toque creativo en mezclas, cómo posicionar el sample de Etta James para causar el mayor impacto posible.

A lo largo de estos minutos, Neytan también revisó clips de video subidos por fans de otros festivales, comparando cómo los artistas principales manejaban sus sets de la misma franja horaria.

Analizó los movimientos de los DJs, la coordinación con el equipo de luces, el flujo de energía de la audiencia.

Cada detalle era una lección implícita, un recordatorio de que la perfección se construye observando a los grandes y adaptando las técnicas a su propio estilo.

Mientras hacía esto, su mente alternaba entre concentración y emoción.

Por un lado, había el control: monitorear cada detalle, cada comentario, cada expectativa.

Por otro, la anticipación pura: pronto estaría en el escenario, frente a miles de personas, y todo lo que había aprendido y practicado cobraría vida.

Era la combinación de preparación, disciplina y pasión, todo condensado en una experiencia única.

Neytan alzó la mirada y vio a su familia en sus asientos, todos disfrutando de sus comidas, conversando en voz baja, intercambiando miradas y sonrisas.

Matías gesticulaba con la comida en la mano, mientras Elena asentía a lo que decía su hermano menor.

Michael y Sarah seguían conversando, aparentemente relajados, pero Neytan sabía que también estaban pendientes de cada detalle.

La seguridad de tenerlos cerca, incluso mientras viajaban, le daba un soporte silencioso, una certeza de que todo estaba bajo control.

A los pocos minutos, Neytan guardó el celular con cuidado y apoyó la vista en la ventana.

Afuera, las nubes blancas y esponjosas pasaban lentamente mientras el avión avanzaba sobre el cielo azul intenso.

La distancia entre Nueva York y Las Vegas se acortaba con cada minuto.

La sensación de estar flotando sobre la tierra, alejándose de todo lo conocido, lo hacía sentirse ligero pero concentrado.

Cuando abrió los ojos, volvió a mirar su celular.

La página del foro mostraba decenas de nuevos comentarios que aparecían en tiempo real, la conversación de fans y artistas veteranos seguía fluyendo.

La excitación se sentía incluso a través de la pantalla: cada mensaje era un recordatorio de la magnitud de la noche que se avecinaba.

“Mañana será legendario” leyó en uno de los últimos comentarios.

“No puedo esperar a ver a Marshmello en vivo.

Este chico va a cambiar el juego.” “Su primer set va a definir su carrera.

Todos estamos mirando.” Neytan sonrió levemente.

Por primera vez, sentía que todo su trabajo, todo el esfuerzo de meses, todo el secreto mantenido con su familia, estaba a punto de cobrar sentido ante el mundo.

La combinación de preparación técnica, pasión por la música y el apoyo silencioso de sus seres queridos lo hacía sentir fuerte, seguro y listo para enfrentar cualquier cosa que viniera al escenario.

Cerró su celular suavemente, apoyándolo en el reposabrazos.

El zumbido de los motores seguía constante, el avión avanzaba a gran velocidad y la cabina estaba sumida en una calma que contrastaba con la electricidad que sentía por dentro.

Los próximos minutos, horas y finalmente el primer contacto con el público en EDC Las Vegas, serían el verdadero inicio de una nueva etapa en su vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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