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MARSHMELLO - Capítulo 13

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Capítulo 13: Capitulo 13

24 de junio del 2011 – us EDC Las Vegas 2011 18:00 pm

El reloj marcaba las 18:00 pm en el backstage del EDC Las Vegas 2011, y el ruido sordo de la música de Michael Woods retumbaba desde el escenario principal, filtrándose a través de las paredes del camerino personal de Marshmello. Neytan estaba sentado en el sillón de su camerino, un espacio pequeño, funcional, decorado con un estilo minimalista que no distraía, pero que contenía todo lo necesario: una mesa para su casco, un par de sillas, un espejo de cuerpo entero y un escritorio donde descansaba su laptop, lista para conectarse a los controladores en cualquier momento.

El ambiente estaba cargado de tensión y emoción contenida. Neytan miraba el espejo, ya vestido con su característico atuendo blanco, ajustando mentalmente los pliegues del traje mientras sus ojos se fijaban en el casco sobre la mesa. La luz suave del camerino hacía que el blanco del casco y del uniforme brillara con intensidad, contrastando con la penumbra del resto del espacio. Su mirada se perdió en el casco unos segundos, como buscando concentración, como si dentro de esa pieza de tecnología y anonimato pudiera encontrar un refugio donde sus nervios se disiparan.

Matías, que estaba a su lado, notó el estado de su hermano menor y, con una mezcla de nerviosismo y apoyo, se acercó ligeramente:

Hermano… ¿tienes nervios? preguntó, con un tono bajo, casi para no alterar la atmósfera del camerino.

Neytan levantó apenas la cabeza, con un leve suspiro, y respondió de manera escueta:

Sí… tengo nervios.

Es normal intervino Elena, con un tono cálido y tranquilizador. Es tu primera presentación frente a miles de personas. Todos te escuchaban por YouTube, pero ahora te verán en vivo. Está bien que sientas nervios.

Sí… replicó Neytan, con un hilo de voz, mientras su mirada volvía al espejo. Lo sé… es normal.

Elena sonrió y se acercó un poco más, tomando un instante para colocar suavemente su mano sobre el hombro de Neytan No te preocupes. Solo diviértete, haz lo que siempre haces: crear música y disfrutarlo.

¿Y cuántas personas hay, papá? preguntó Neytan, rompiendo un poco el silencio, aún con el corazón latiendo más rápido de lo normal.

Michael, recargado contra la pared y con los brazos cruzados, respiró hondo y respondió

Entre nueve mil personas, hijo. Creo que eso te dará una idea de la magnitud de la presentación.

Bien dijo Neytan, respirando profundo.

Se levantó con cuidado, con pasos medidos, y se acercó al escritorio donde su laptop descansaba lista. Abrió el programa de reproducción de pistas y revisó nuevamente la lista de canciones que tocaría en su primer set en vivo. Cada canción estaba meticulosamente organizada con el tiempo estimado de duración, los puntos exactos para mezclar, los stops estratégicos y los momentos donde bajaría el volumen para dejar que la audiencia cantara antes de subir nuevamente la energía. Cada transición estaba cronometrada con precisión, cada efecto colocado para maximizar la respuesta del público.

Sarah, observando todo desde un costado, comentó suavemente:

—Calma, hijo… ya revisaste la lista más de cuatro veces hoy. Ayer en la prueba de sonido lo hiciste excelente. No tienes que preocuparte. Solo disfruta del momento.

Neytan asintió lentamente, aunque sus ojos no dejaban de escanear la pantalla, verificando tiempos, cues, loops y efectos. Sabía que en cualquier segundo podía surgir un imprevisto y debía estar listo para adaptarse. Visualizaba la audiencia: la forma en que reaccionarían a cada canción, cómo el público levantaría las manos, cómo cantaría al unísono y cómo debía modular el volumen para mantenerlos conectados con cada momento.

Matías, viendo la concentración absoluta de su hermano, añadió

Es normal estar nervioso… pero lo tienes todo bajo control. Hemos visto cómo ensayaste cada transición, cada mezcla. Vas a brillar.

Elena se acercó un poco más, sonriendo

Recuerda: diviértete. Haz que la audiencia sienta lo que tú sientes cuando creas música.

Sí… murmuró Neytan, mientras su respiración comenzaba a calmarse ligeramente.

En ese instante, la puerta del camerino se abrió con un suave golpe. Neytan miró la hora en su laptop: 18:15 pm. La voz de su tío Andrés se escuchó clara desde la entrada

¡Marshmello, ya te toca!

Un escalofrío recorrió a Neytan, pero esta vez era de emoción pura. Se levantó con decisión, ajustó su laptop bajo un brazo, y se colocó los auriculares Pioneer HDJ-2000. Luego, con movimientos medidos y firmes, se colocó el casco blanco de Marshmello sobre la cabeza, ajustando las correas para que quedara perfectamente centrado. Por un momento, se detuvo frente al espejo, respiró profundo y sintió que toda la tensión se convertía en energía pura lista para canalizarse en su música.

Su familia lo siguió de cerca, Michael y Sarah con miradas de orgullo, Matías y Elena con sonrisas alentadoras. Andrés y Víctor lo guiaron con calma hacia el escenario, entre bastidores, donde los murmullos del público se sentían intensos pero aún filtrados por las cortinas y la distancia.

¿Estás listo, Marshmello? preguntó Víctor, con una voz firme pero alentadora.

Con los nervios, sí… pero estoy listo respondió Neytan, con la voz firme dentro del casco.

Es normal replicó Víctor. Todos hemos sentido esto en algún momento. Solo canaliza la energía y diviértete.

A medida que avanzaban por los pasillos del backstage, Neytan podía escuchar los sonidos crecientes del público, la mezcla de voces, gritos y música que se filtraba desde el escenario principal y los altavoces gigantes del festival. La adrenalina comenzó a recorrerle el cuerpo mientras subía la escalera hacia la plataforma del escenario. Sobre la entrada, un cartel iluminado brillaba con las letras: “Next Up: Marshmello”. Su corazón dio un pequeño salto: era la confirmación visual de que había llegado el momento.

Al llegar al escenario, Víctor ayudó a conectar los auriculares al controlador y a asegurar la laptop a los dispositivos Pioneer CDJ-2000 y DJM-900 Nexus. Neytan revisó rápidamente las perillas, los faders y los botones de efectos. Cada detalle debía estar listo, cada parámetro ajustado: la ganancia, el EQ, la señal de master, el cue. Sabía que los primeros segundos eran críticos, y la precisión técnica podía marcar la diferencia entre un set memorable y uno olvidable.

Todo listo comentó Víctor. Suerte, Marshmello.

El sonido del público comenzaba a crecer, la expectativa era palpable. Neytan asintió bajo el casco, respiró profundo y colocó las manos sobre los controles. 18:30 pm en punto, comenzó su primer set.

La primera canción que sonó fue “Sky High”, un track con un inicio progresivo, lleno de atmósferas sintetizadas y melodías ascendentes que empezaron a levantar al público lentamente. Neytan ajustaba la ganancia del canal maestro mientras activaba los loops de percusión, viendo en los monitores cómo la multitud reaccionaba al primer drop. Cada movimiento de sus manos estaba calculado para sincronizar los efectos de luces que iluminaban la tarima, los strobes y los láseres que atravesaban la multitud.

Mientras el track progresaba, Neytan bajaba ligeramente el volumen durante los versos instrumentales, permitiendo que la audiencia cantara los estribillos. Observaba los rostros de los fans desde la periferia, los brazos levantados, los teléfonos grabando, la energía eléctrica que fluía como un río de adrenalina por todo el lugar. Ajustaba el EQ para resaltar las frecuencias bajas y medias en el drop principal, asegurando que los graves golpearan con fuerza mientras los sintetizadores principales mantenían la melodía clara y definida.

Los minutos pasaban rápido. Cada transición a un nuevo segmento de la canción requería una coordinación milimétrica: subidas y bajadas de volumen, activación de filtros, efectos de delay y reverb sincronizados con los picos de energía de la canción. La experiencia de Neytan como productor y su entrenamiento con Víctor, James y Eric se reflejaba en cada movimiento: todo estaba calculado, pero al mismo tiempo fluido y natural.

Mientras “Sky High” llegaba a su clímax, Neytan ejecutó un break estratégico, bajando el volumen y dejando que la multitud cantara al unísono. Los gritos se elevaron en oleadas sincronizadas, un coro masivo que llenaba cada rincón del escenario secundario. Subió lentamente el volumen mientras introducía un nuevo sintetizador, mezclando un sample vocal con efectos de delay y reverb, creando una sensación de anticipación y euforia.

El público reaccionaba con entusiasmo: brazos levantados, saltos coordinados con el beat, cánticos que se mezclaban con la música. Neytan, bajo su casco, sentía la vibración de cada nota, cada golpe de percusión, cada aplauso que llegaba desde miles de personas. Era el momento que había imaginado durante meses, la materialización de todo su trabajo, todo su esfuerzo, toda la preparación de años concentrada en una hora intensa de música y energía.

Mientras la canción terminaba, Neytan ajustó nuevamente el control de volumen, preparándose para la transición al siguiente track, listo para mantener la intensidad, controlar la energía del público y continuar su primer set oficial en vivo, con la precisión y pasión que lo definirían como Marshmello ante el mundo.

Cuando el último acorde de Sky High se desvaneció en el aire cargado de energía, Neytan aprovechó el momento de calma para preparar la transición hacia su siguiente tema. Sacó un leve respiro bajo el casco blanco y, con las manos firmes sobre los faders del Pioneer DJM-900 Nexus, comenzó a introducir los primeros acordes de Sub Urban, un track con una vibra más oscura y profunda, cargado de sintetizadores graves y un bajo pulsante que hacía vibrar todo el escenario.

La multitud, aún emocionada del primer tema, percibió el cambio inmediatamente. Algunos levantaron las cejas sorprendidos, otros comenzaron a mover sus cuerpos siguiendo el ritmo más intenso, casi hipnótico, que emergía del escenario. Neytan ajustó la ecualización para que los graves golpearan con fuerza, pero sin opacar los agudos y medios que contenían la melodía principal, asegurándose de que cada elemento sonara limpio incluso en un espacio abierto de miles de personas.

Mientras el beat crecía, bajó ligeramente la pista de acompañamiento vocal, dejando que la energía de la audiencia llenara el vacío. Los gritos, saltos y aplausos de las casi 9,000 personas presentes se mezclaban con la música, creando una atmósfera que Neytan había imaginado en cada ensayo, cada práctica frente a la laptop y cada sesión de grabación. Podía sentir la vibración de cada golpe de bajo desde sus auriculares Pioneer HDJ-2000, mientras la multitud respondía en perfecta sincronía, y su corazón latía a un ritmo acelerado, casi mezclándose con los beats del track.

El público no solo estaba presente, sino activo, reaccionando a cada pausa y crescendo de Sub Urban. Algunos levantaban carteles con el nombre de Marshmello, otros grababan con sus teléfonos, y varios cantaban los fragmentos que ya conocían de las redes sociales. Neytan, aún bajo su casco, observaba los monitores de la laptop y ajustaba sutilmente el filtro de paso alto para realzar los sintetizadores, haciendo que los sonidos parecieran flotar sobre la multitud.

De fondo, la iluminación del escenario se adaptaba a la música: las luces verdes y azules se movían en patrones sinuosos, sincronizadas con los beats más profundos del track. Estrobos estratégicos iluminaban la pista frente a él, y Neytan controlaba cada efecto con precisión, asegurándose de que el público recibiera tanto un estímulo auditivo como visual. Cada pequeño ajuste, cada fader movido, era pensado para maximizar la emoción del público, y él lo hacía casi de manera instintiva, fruto de meses de entrenamiento con Víctor y las sesiones prácticas en estudio.

Mientras Sub Urban avanzaba, Neytan introdujo un sample vocal modulado, creando un efecto de eco que se fundía con el murmullo de la multitud. Observó cómo algunos fanáticos levantaban las manos y bailaban con mayor intensidad, respondiendo a la creatividad del track en vivo, y una pequeña sonrisa se asomó bajo su casco. Por un momento, se permitió disfrutar la sensación: la transformación de un productor desconocido en Marshmello, en ese instante, frente a miles de personas que coreaban cada nota.

Desde la periferia, Michael y Sarah lo observaban con orgullo y una mezcla de emoción y alivio. Matías y Elena no podían ocultar su fascinación, celebrando cada reacción del público, cada manipulación de efectos, y cada gesto profesional de su hermano mayor. Era como si, por primera vez, todos pudieran ver la magnitud de lo que había construido desde la privacidad de su estudio y las plataformas digitales.

Neytan controlaba la energía de la canción con precisión quirúrgica: bajaba los graves en los momentos estratégicos, permitiendo que la multitud respirara y cantara, y luego los subía abruptamente en los drops, generando explosiones de emoción sincronizadas con los flashes de luz. Cada transición era cronometrada al segundo, los loops de percusión perfectamente colocados, y los efectos de delay y reverb se activaban en el momento exacto para dar sensación de amplitud en un escenario abierto al aire libre.

A medida que Sub Urban llegaba a su clímax, Neytan ejecutó un break estratégico, disminuyendo temporalmente el volumen, dejando que la multitud se conectara de manera orgánica. La respuesta fue inmediata: un mar de brazos levantados, gritos coordinados, cánticos que se escuchaban sobre la música, y la energía que crecía a cada segundo. Sub Urban no solo fue un tema, sino una experiencia colectiva que Neytan supo dirigir con la maestría de un veterano, pese a ser su primer show en vivo.

Los efectos visuales también jugaron un papel clave: neblinas blancas y luces láser verdes y moradas atravesaban la multitud, sincronizadas con cada golpe de batería y sintetizador. Cada movimiento del público se reflejaba en sus auriculares, y Neytan podía escuchar con claridad cómo reaccionaban a cada efecto, cada transición. Ajustó ligeramente el crossfader y activó un filtro de paso bajo en los sintetizadores secundarios, creando un efecto de crescendo que hizo que la pista explotara en intensidad justo antes del drop final.

Desde su asiento en el escenario, Neytan observó cada detalle: los destellos de las luces láser verdes y azules cruzaban la multitud, reflejando la intensidad de la música. Los cañones de humo blanco empezaban a disparar vapor al compás, mientras luces estroboscópicas acentuaban cada drop emocional de la pista. Bajo su casco, Neytan podía escuchar con precisión los bajos profundos que vibraban en los altavoces, y la mezcla de voces y sintetizadores que se extendía por todo el escenario secundario del EDC Las Vegas 2011.

Los primeros compases de Fade into Darkness trajeron consigo una ola de reconocimiento entre los fans que lo seguían desde YouTube y las redes sociales. Algunos cantaban los versos que ya conocían, mientras otros simplemente se dejaban llevar por la atmósfera intensa que Neytan había creado. Los gritos y aplausos se mezclaban con los beats, y él ajustaba la ecualización de manera casi instintiva: aumentaba levemente los agudos durante los momentos melódicos y potenciaba los graves en los drops, asegurándose de que la experiencia auditiva fuera envolvente y emocionante.

A lo largo de la canción, Neytan aplicó efectos de reverb y delay estratégicamente, resaltando los momentos más emotivos de Fade into Darkness. Cada pausa dramática estaba calculada para que la multitud tuviera tiempo de absorber la intensidad del track, y cada crescendo impulsaba a los espectadores a saltar, gritar y aplaudir. La sincronización con las luces y efectos visuales estaba tan bien coordinada que parecía que cada rayo de luz y cada destello estuvieran diseñados exclusivamente para enfatizar la música de Marshmello.

Mientras controlaba la mezcla, Neytan observó de reojo a su familia en la parte trasera del escenario. Michael y Sarah lo miraban con una mezcla de orgullo y asombro; podían ver cómo su hijo menor, que había sido un prodigio en el estudio, ahora dominaba la energía de miles de personas en un festival masivo. Matías y Elena, a su lado, no podían contener la emoción: sus ojos brillaban al ver cómo la multitud respondía a cada cambio de ritmo, a cada transición perfectamente ejecutada, y al impacto que Neytan lograba en su primer set en vivo.

El público estaba completamente cautivado. Algunos levantaban pancartas con su nombre, mientras otros grababan con sus teléfonos y tabletas cada momento, anticipando la oportunidad de mostrar a sus amigos que estaban presenciando la primera aparición en vivo de Marshmello. Los comentarios internos de la multitud eran variados: “¡Increíble!”, “¡No puedo creer que sea su primera vez!”, “¡Este chico va a romperla!”, y gritos espontáneos de entusiasmo que se repetían de un lado a otro del escenario.

Mientras la canción avanzaba, Neytan introdujo un break emocional, disminuyendo temporalmente los beats y dejando que la atmósfera melódica se apoderara del público. Era un momento que había practicado una y otra vez en su estudio: la pausa perfecta para que los fans respiraran, cantaran, y sintieran la conexión directa con el artista. La multitud respondió al instante, levantando las manos y coreando partes del track que ya conocían. Neytan, bajo el casco, sonrió levemente, disfrutando de la energía que emanaba de cada espectador y de la reacción colectiva que su música provocaba.

En la parte media de Fade into Darkness, Neytan añadió un sample vocal sutil, modulando la voz para crear un efecto etéreo que se mezclaba con la melodía principal. Ajustó los filtros de paso alto y bajo para resaltar la textura de la pista, asegurándose de que cada elemento fuera perceptible y envolvente. Podía escuchar a los fans coreando las partes melódicas, y eso le dio un impulso adicional de confianza; cada reacción era un indicador de que estaba logrando transmitir la emoción que quería generar.

Los efectos visuales se intensificaron en el clímax de la canción: luces estroboscópicas blancas y moradas barrían la multitud, sincronizadas con los drops más potentes. Los cañones de humo lanzaban vapor al aire, creando una atmósfera casi cinematográfica. Neytan ajustó los faders del mixer en tiempo real, jugando con la intensidad de los beats y la melodía para maximizar el impacto de cada compás. Cada transición, cada pausa y cada crescendo fue cuidadosamente cronometrado, mostrando su maestría como DJ y productor, incluso en su primer show en vivo.

Mientras Fade into Darkness llegaba a su clímax final, Neytan ejecutó un drop estratégico, aumentando abruptamente los graves y llevando la melodía principal a un nivel casi explosivo. La multitud respondió con un estallido de energía: saltos coordinados, aplausos y gritos de emoción, mientras los efectos visuales alcanzaban su máximo esplendor. La sincronización perfecta entre música, luces y efectos creó un momento inolvidable, donde la conexión entre Marshmello y su público se volvió tangible y poderosa.

Neytan movió un fader hacia la izquierda para atenuar el final del track anterior, mientras con la otra mano ajustaba los niveles de la nueva pista en su laptop, asegurándose de que los beats iniciales encajaran con el último eco de Fade into Darkness. Con un pequeño clic, la introducción de Burn 2.0 comenzó a filtrarse por los altavoces: un sintetizador oscuro y agresivo, acompañado de un sub-bajo que hacía vibrar el suelo bajo los pies de miles de asistentes.

La multitud reaccionó instantáneamente. Algunos gritaron con sorpresa y emoción al escuchar los primeros compases, mientras otros levantaban los brazos, saltando con la energía renovada que la nueva canción les ofrecía. Neytan, sintiendo la respuesta inmediata, sonrió ligeramente bajo su casco, ajustando la ecualización en tiempo real: subió los graves un par de decibeles para que cada drop golpeara con fuerza, mientras acentuaba los agudos para que los sintetizadores se escucharan claros y definidos sobre el rugido de la audiencia.

Las luces del escenario se sincronizaron con la introducción del track: destellos rojos y naranjas comenzaron a recorrer la multitud, mezclándose con haces de luz blanca que cruzaban de lado a lado, creando un efecto visual que parecía casi tridimensional. Los cañones de humo lanzaban vapor al ritmo del beat, intensificando la atmósfera de poder y emoción que Neytan buscaba para esta sección de su set.

Mientras la canción avanzaba, Neytan introdujo variaciones rítmicas y efectos de delay cuidadosamente calculados. Cada drop fue modulado para que la audiencia pudiera anticiparlo y reaccionar con saltos coordinados, gritos y aplausos. La transición entre las secciones melódicas y los drops más agresivos fue ejecutada con precisión: bajó levemente el volumen en los momentos emocionales, permitiendo que la multitud coreara la melodía principal, y luego incrementó abruptamente los graves durante los drops para impactar con fuerza en la experiencia en vivo.

Los fans que lo seguían desde sus redes sociales comenzaron a grabar con sus teléfonos, comentando en tiempo real en foros y redes: “¡Es increíble verlo en vivo!”, “¡No puedo creer que sea su primera presentación!”, “¡Marshmello está rompiendo todo en EDC!”, y “¡Los drops de Burn 2.0 en vivo son una locura!”. Algunos fanáticos más expertos incluso notaron la precisión con la que Neytan manejaba los faders y los efectos, comentando sobre su talento como DJ emergente y su capacidad para controlar la energía de la multitud a pesar de ser su primer set en vivo.

En un momento del track, Neytan introdujo un break dramático, donde el bajo se detuvo momentáneamente, dejando solo un pad atmosférico y un sutil efecto de voz filtrada. Esta pausa fue suficiente para que miles de personas contuvieran la respiración y luego explotaran en un grito cuando el drop volvió con toda su fuerza. Fue un instante que había practicado durante semanas en el estudio, anticipando la reacción del público y asegurándose de que cada momento de tensión se convirtiera en emoción pura.

A medida que Burn 2.0 alcanzaba su clímax, Neytan aplicó un efecto de flanger en el sintetizador principal y un filtro de paso bajo que acentuaba la caída del drop, creando un efecto envolvente que hacía que la multitud se moviera en olas sincronizadas. Los efectos de iluminación se intensificaron: destellos rojos, verdes y blancos barrían el escenario, sincronizados con los beats y los cambios de intensidad de la canción. El humo, combinado con los láseres, creaba columnas de luz y sombra que daban al escenario una sensación casi futurista, mientras la energía de la audiencia se mantenía al máximo.

Neytan controlaba cada segundo: cada transición, cada efecto, cada cambio de volumen. No había margen para errores, y él lo sabía. Pero a pesar de los nervios iniciales, se sentía confiado: había practicado cada detalle en su estudio, había ensayado la sincronización de los efectos visuales con los beats, y ahora estaba ejecutando todo frente a miles de personas, demostrando que era capaz de transformar la música de estudio en una experiencia en vivo impactante.

Neytan respiró hondo, movió un fader para suavizar la salida de Burn 2.0 y, con un clic preciso, introdujo Don’t Wake Me Up en los altavoces principales. La canción comenzó con su icónica introducción de sintetizador brillante, acompañado de un bajo rítmico que hacía vibrar el suelo bajo los pies de los asistentes. Instantáneamente, la audiencia reaccionó: miles de manos se levantaron, gritos de emoción llenaron el aire y los primeros saltos comenzaron en sincronía con el beat.

El track tenía una energía optimista y eufórica, con melodías ascendentes que hacían que la multitud se moviera en oleadas coordinadas. Neytan, consciente de la dinámica, ajustó el EQ y los filtros en tiempo real, asegurándose de que cada elemento de la canción brillara sin perder potencia. Subió ligeramente los agudos para que los sintetizadores fueran claros y definidos, mientras reforzaba los graves durante los drops, haciendo que cada golpe resonara en los cuerpos de los espectadores.

Las luces del escenario se sincronizaron con el ritmo de la canción: destellos blancos y azules cruzaban el escenario, láseres verdes barrían la multitud y cañones de humo liberaban vapor al ritmo de cada beat. Era un espectáculo sensorial completo, y Neytan lo controlaba con la precisión de un cirujano: cada cambio de efecto, cada filtro aplicado y cada transición planeada cuidadosamente para mantener a la audiencia completamente inmersa en la experiencia.

Mientras la canción avanzaba, Neytan introdujo un break melódico, bajando momentáneamente el bajo y dejando que los sintetizadores etéreos llenaran el aire. Este espacio permitía que la multitud coreara los hooks más reconocibles de la canción, creando un momento de interacción directa entre el artista y los fans. Algunos levantaban los teléfonos para grabar el momento, mientras otros cantaban y saltaban al unísono, siguiendo cada indicación implícita que Neytan les daba con los cambios de ritmo y los breaks controlados.

Los beats de Don’t Wake Me Up continuaban golpeando con fuerza, y Neytan ajustaba con precisión los efectos de reverb y delay, asegurando que la canción tuviera un espacio tridimensional en el aire, permitiendo que los diferentes sonidos no se mezclaran de forma caótica y que cada capa fuera perceptible. Cada drop era acompañado por destellos de luces sincronizados, columnas de humo que cruzaban el escenario y ráfagas de confeti que empezaban a caer sobre los primeros sectores de la audiencia.

En medio de la canción, Neytan permitió que el público cantara el hook principal, bajando levemente el volumen de la pista para que los gritos y voces de miles de personas llenaran el espacio. Fue un momento que había practicado en simulaciones en su estudio, pero verlo en vivo, con la reacción real de la multitud, generó un cosquilleo de satisfacción en su pecho. Sabía que su música había llegado a millones de personas digitalmente, pero ahora la estaba experimentando en su máxima expresión: en vivo, con energía palpable y con fans que respondían a cada cambio y cada detalle que él controlaba.

Ajustó un phaser en los sintetizadores durante uno de los breaks, creando un efecto envolvente que recorría la multitud, y un filter sweep antes del próximo drop, preparando a la audiencia para un golpe de energía que los hiciera saltar simultáneamente.

A medida que la canción se acercaba a su clímax, Neytan coordinó el último drop con una combinación de luces, humo y láseres, creando un estallido visual y sonoro que hizo vibrar a todos los asistentes. La energía del público era tangible: miles de personas saltando, gritando y coreando cada melodía mientras los beats de la canción los hacían moverse como un solo organismo.

Mientras ajustaba los controles de su Pioneer DJM-900 Nexus, sus dedos se movían con seguridad, recordando cada transición, cada efecto de filtro, cada ajuste de EQ que había practicado durante semanas en el estudio. La pantalla de su laptop conectada al Rekordbox mostraba claramente el inicio del track, y Neytan deslizó suavemente un crossfader para mezclar la cola de Don’t Wake Me Up con el inicio melódico de Monody, asegurándose de que la transición fuera fluida y que la audiencia sintiera un cambio natural de energía, sin perder el ritmo ni la intensidad del set.

Las primeras notas de Monody surgieron en los altavoces, suaves pero envolventes, con ese ritmo que combinaba lo melódico y lo electrónico de forma delicada. Inmediatamente, Neytan notó cómo la multitud reaccionaba: algunos bajaron ligeramente la intensidad de sus saltos para escuchar con atención los matices de la canción, mientras que otros comenzaron a moverse al ritmo, anticipando los drops y los momentos más energéticos.

Desde su posición en el escenario, Neytan podía ver cada detalle: las luces comenzaron a cambiar, pasando de un blanco intenso a tonos azules y morados, creando un ambiente más atmosférico y etéreo. Columna tras columna de humo surgió de los cañones del escenario, mezclándose con los haces de luz y creando un efecto tridimensional que daba la sensación de que el público estuviera inmerso en una experiencia visual y sonora simultánea.

En su headset Pioneer HDJ-2000, Neytan escuchaba cada elemento con claridad: la percusión, los sintetizadores, los pads atmosféricos y los bajos profundos que resonaban en todo el terreno del festival. Ajustaba los filtros y el gain para que la canción mantuviera su intensidad sin sobrecargar los parlantes ni perder definición. Cada movimiento de su mano sobre los knobs y faders estaba calculado, pero también cargado de intuición; sabía que en vivo cada detalle contaba, y que cualquier error podía romper la magia que estaba creando con la audiencia.

En el corazón de la canción, Neytan introdujo un break melódico, bajando momentáneamente el volumen del bajo y dejando que los pads y sintetizadores respiraran en el aire. Durante esos segundos, el público coreó partes del hook principal, y Neytan ajustó los faders para permitir que sus voces se mezclaran con la pista de forma armoniosa. Era un momento de interacción directa, donde los fanáticos no solo escuchaban, sino que también participaban activamente en la creación de la atmósfera de la canción.

Los efectos visuales respondieron a cada cambio: luces moradas y azules se entrelazaban con destellos blancos, creando un ambiente casi onírico, mientras que el humo en el escenario se movía con el ritmo de la música. Neytan movía sus manos con precisión sobre el mixer, aplicando delays y reverbs en los momentos clave para que cada transición fuera fluida y el público sintiera cada cambio de intensidad como si fuera parte de la propia melodía.

A medida que la canción avanzaba hacia su clímax, Neytan elevó el volume de los graves justo antes del drop principal, haciendo que el suelo temblara bajo los pies de miles de personas. La multitud respondió con gritos y saltos sincronizados, y Neytan sintió una oleada de energía recorrer su cuerpo. Cada gesto estaba calculado: desde los efectos de luces hasta la intensidad del sonido, cada detalle estaba pensado para maximizar la experiencia del público y mantenerlos completamente inmersos en la canción.

Entre los asistentes, se podían distinguir fanáticos que habían seguido a Marshmello desde enero, cuando sus primeros tracks comenzaron a aparecer en plataformas digitales. Sus comentarios flotaban en el aire, aunque no en línea, sino en la emoción palpable de quienes reconocían cada sintetizador, cada hook y cada drop. Incluso miembros del círculo interno de productores, como Trent Cantrelle, Dirty South, Steve Angello, David Guetta y Tiësto, estaban presentes, observando con atención cómo un artista emergente de 2011 manejaba un escenario de miles de personas en su debut en vivo.

Con la precisión que lo caracterizaba, deslizó el crossfader para iniciar la transición, asegurándose de que la cola de Monody se mezclara perfectamente con el inicio percusivo de BoUnCE. Los primeros beats de la canción retumbaron en todo el terreno del festival, acompañados por una explosión de luces blancas y verdes que iluminaban la noche de Las Vegas, reflejándose en el humo que salía de los cañones del escenario y generando un efecto casi tridimensional que envolvía a todos los asistentes.

Desde su posición, Neytan podía observar la reacción inmediata del público: los saltos se intensificaron, las manos se levantaron en sincronía y la multitud comenzó a corear algunos fragmentos melódicos que ya habían escuchado en las versiones digitales de la canción. La combinación de bajos profundos y sintetizadores afilados capturaba la atención de todos, y Neytan, bajo su casco blanco de Marshmello, podía sentir cómo cada persona respondía al ritmo con entusiasmo genuino.

Mientras manipulaba los faders y ajustaba los EQ, Neytan recordaba cada práctica que había realizado en el estudio, cada hora invertida con Victor, James y Eric perfeccionando los drops y los efectos de filtro, asegurándose de que la canción sonara exactamente como quería en vivo. Cada movimiento era consciente, calculado, pero también fluía de manera natural gracias a la familiaridad que tenía con la pista y su estructura compleja.

El clímax de BoUnCE llegó rápidamente, con un drop potente que hizo vibrar los cimientos del festival. La audiencia estalló en un rugido unísono: miles de manos alzadas, gritos de emoción y saltos coordinados que creaban un mar humano que respondía perfectamente al ritmo del tema. Neytan, concentrado pero disfrutando cada segundo, ajustaba el volume de los graves, modulaba los efectos de delay y reverb, y añadía pequeños cortes estratégicos para aumentar la tensión antes de cada caída.

Neytan, mientras realizaba la transición hacia el siguiente break de la canción, permitió que la melodía respirara unos segundos, bajando momentáneamente el volumen de los graves y dejando que los sintetizadores principales llenaran el espacio. Aprovechó para observar al público más de cerca: las caras iluminadas por las luces del escenario, los celulares grabando el momento, los saltos coordinados y las manos alzadas. Podía sentir cómo la audiencia estaba completamente sincronizada con cada beat, y eso le dio una confianza aún mayor para ejecutar la siguiente fase del tema.

En ese momento, Neytan ajustó los pads y triggers que había configurado para introducir un efecto de filtro progresivo, aumentando la tensión antes del segundo drop. La música se volvió más intensa, los bajos retumbaron con fuerza y los efectos de luz respondieron perfectamente, creando un espectáculo audiovisual que elevaba la energía de todos los presentes. Cada transición, cada cambio de intensidad, estaba pensado para maximizar la reacción del público y mantenerlos completamente inmersos en la experiencia.

A medida que el segundo drop de BoUnCE alcanzaba su pico, Neytan hizo un pequeño gesto con la mano para coordinar un efecto de luz que acompañara el momento más alto de la canción. El público respondió de inmediato, con saltos y gritos sincronizados que generaban un efecto visual impresionante desde el escenario. La combinación de la música, las luces, el humo y la interacción de la audiencia creó un instante casi mágico, uno que Neytan nunca olvidaría.

El público, todavía vibrando por los últimos beats, parecía ansioso por lo que seguiría. Neytan pudo percibir cómo las luces del escenario, coordinadas con los efectos de humo, creaban un telón de fondo perfecto para la entrada de The Phoenix. Ajustó los auriculares Sennheiser HD 25 sobre su cabeza, haciendo un pequeño movimiento de verificación de volumen en los monitores. Sabía que cada detalle contaba; la canción debía iniciar suavemente, permitir que el público se reconectara con la melodía antes de entrar en el drop más intenso.

El primer sintetizador comenzó a sonar, etéreo y misterioso, y Neytan ajustó los filtros para darle una sensación de ascenso gradual. La multitud reaccionó de inmediato: los brazos comenzaron a moverse rítmicamente, y aunque aún no había llegado el primer drop, todos podían sentir la anticipación. Era un momento delicado: el inicio de la canción requería que la audiencia confiara en Marshmello y dejara que la música los guiara.

El build-up de The Phoenix comenzó a tomar forma: los sintetizadores progresivos se mezclaron con bajos pulsantes que recorrían toda la arena, y Neytan activó un efecto de white noise sweep, aumentando la tensión antes del primer drop. La multitud reaccionó, gritando y saltando, algunos comenzando a corear los fragmentos melódicos que ya habían escuchado en el audio digital. Cada transición estaba meticulosamente calculada: Neytan cronometraba la duración de los breaks, el momento exacto para subir el volumen y cuándo activar los efectos de luz que él mismo había planeado para cada parte del track.

En ese instante, Neytan recordó las horas de práctica con Victor, James y Eric. Cada drop, cada efecto y cada corte de pista habían sido revisados y ensayados decenas de veces en el estudio. No era un simple set improvisado; era el resultado de meses de preparación intensa, y ahora todo dependía de su ejecución en tiempo real frente a miles de personas. Su respiración se sincronizaba inconscientemente con el ritmo de la canción, y la tensión nerviosa inicial se transformaba en un enfoque absoluto.

Cuando llegó el primer drop de The Phoenix, la explosión de graves retumbó en todo el terreno del festival. La multitud reaccionó con un rugido colectivo, manos alzadas, saltos coordinados, luces de celulares parpadeando y un mar de energía que parecía moverse en sincronía con cada beat. Neytan manipuló los pads y triggers para añadir efectos de stutter y gate en momentos estratégicos, asegurándose de mantener a la audiencia completamente inmersa. Cada movimiento era fluido, una danza perfecta entre control y creatividad, mientras él se movía ligeramente al ritmo de la música, invisible bajo el casco blanco.

El siguiente build-up fue aún más intenso: Neytan bajó momentáneamente los bajos para permitir que los sintetizadores etéreos llenaran el espacio, dejando que el público se concentrara en las melodías antes del drop final. Los fuegos artificiales y los cañones de humo estaban programados para activarse justo en ese momento, creando un efecto visual que amplificaba la tensión. La sincronización era perfecta; cada elemento audiovisual complementaba la música y generaba una experiencia envolvente.

El segundo drop de The Phoenix llegó con un golpe más agresivo, acompañado de un efecto de delay y un barrido de bajos que sacudió toda la estructura del festival. La multitud estalló, y Neytan, ajustando el volumen y aplicando filtros estratégicos, logró que cada golpe de sintetizador coincidiera con el momento exacto de máximo impacto visual y sonoro. Era un equilibrio delicado, pero su preparación exhaustiva lo hacía parecer natural, como si la música fluyera directamente de él hacia la audiencia.

Tras la emoción y el impacto que dejó The Phoenix, Neytan respiró profundamente, sabiendo que el público aún estaba cargado de energía. Sin permitir que la adrenalina lo distraiga, ajustó rápidamente los faders y perillas del Pioneer DJM-900 Nexus, preparando la siguiente canción: Turn It Up. Este tema, uno de los más enérgicos de su set, era ideal para mantener la intensidad y la conexión con la audiencia tras los momentos más progresivos y melódicos de The Phoenix.

El primer beat comenzó con un golpe de bajo potente que hizo vibrar todo el escenario secundario. Neytan, bajo el casco blanco de Marshmello, levantó levemente la cabeza, observando las primeras filas del público: miles de personas ya movían los brazos al ritmo de la música, saltando y gritando al unísono. Ajustó los niveles de EQ y filtró ciertos sintetizadores para asegurar que el sonido fuese limpio y definido en cada punto del festival.

Los efectos de luz LED y los cañones de humo se activaron en sincronía con el primer drop. El público reaccionó inmediatamente, con un rugido colectivo que hizo que el suelo pareciera temblar bajo sus pies. Cada salto, cada brazo alzado, cada movimiento de la multitud era un reflejo del control preciso que Neytan tenía sobre el flujo de la canción. Desde el backstage, Michael y Sarah observaban atentos, respirando con fuerza y sonriendo orgullosos mientras veían cómo su hijo comandaba la energía de miles de personas como un veterano experimentado.

El build-up de Turn It Up fue impecable: Neytan subió gradualmente los filtros de agudos y medios, preparando el terreno para el drop principal. Cada movimiento era calculado; había ensayado decenas de veces cómo entrar con precisión en cada parte del track para maximizar la reacción del público. Ajustó los pads de efectos y triggers para crear un stutter en los sintetizadores, generando tensión y expectación antes del impacto.

Cuando llegó el drop, la explosión sonora fue perfecta. Neytan sincronizó los beats con los efectos visuales, activando los strobe lights y los láseres que recorrían todo el escenario. La multitud respondió con un rugido ensordecedor, saltando al unísono y gritando el nombre de Marshmello. Algunos fans levantaban pancartas con el logo del DJ, otros grababan con sus celulares cada instante del set. Neytan ajustó el volumen y los filtros estratégicamente, asegurándose de que cada golpe de bajo coincidiera con el momento exacto de mayor impacto visual y sonoro.

Mientras la canción avanzaba, Neytan observó cómo los efectos de iluminación cambiaban según lo planificado: los focos láser seguían el ritmo del drop, los cañones de humo lanzaban ráfagas sincronizadas, y los visuales proyectados en las pantallas gigantes mostraban gráficos dinámicos que complementaban la música. Cada transición estaba cuidadosamente medida; Neytan cronometraba la duración de los breaks, la entrada de los sintetizadores y los efectos especiales para mantener al público completamente inmerso.

Desde los comentarios en línea, los fans no podían contener su emoción:

“¡No puedo creer que esto esté pasando! ¡Marshmello en vivo es aún mejor que en YouTube!”

“¡El drop de Turn It Up me hizo saltar del asiento! Este chico va a ser una leyenda.”

“¡Nunca había visto tanta coordinación entre luces, efectos y música en un artista emergente!”

A medida que Turn It Up continuaba, Neytan alternaba entre manipular los faders, controlar los triggers de efectos y ajustar los volúmenes de los canales, asegurándose de que cada sección de la canción tuviera el máximo impacto. En el público, miles de manos seguían el ritmo, algunas personas coreaban la melodía, y la conexión entre el DJ y la audiencia era palpable. La sincronización era impecable; cada movimiento estaba coordinado con precisión, y Neytan sentía cómo la energía de la multitud fluía directamente hacia él y viceversa.

El build-up final de la canción llevó a un drop aún más potente, con graves que retumbaban en todo el terreno del festival, láseres recorriendo el cielo y cañones de humo sincronizados con cada golpe de sintetizador. Neytan manejó la tensión perfectamente, aumentando gradualmente el volumen de los sintetizadores mientras aplicaba filtros estratégicos para mantener al público en un estado de máxima expectación. Cada transición fue fluida, cada efecto activado en el momento exacto, demostrando el dominio absoluto que tenía sobre su set y el control de la energía del festival.

Cuando los últimos acordes de Turn It Up se desvanecieron, Neytan aprovechó el pequeño silencio para tomar aire. Bajo su casco blanco, cerró brevemente los ojos y visualizó la transición: la siguiente canción era Feel So Close, un tema que sabía que elevaría aún más la conexión emocional con la multitud. Ajustó mentalmente los niveles en su mente antes de presionar el primer botón de su Pioneer CDJ-2000, y el suave inicio de los sintetizadores llenó el escenario. La multitud percibió el cambio inmediatamente, y un murmullo de anticipación recorrió todo el espacio.

Neytan observó el mar de personas frente a él: miles de brazos levantados, cuerpos moviéndose al ritmo, luces de celulares encendidas y miles de miradas fijas en él. La adrenalina recorrió su espalda mientras el primer beat marcado por el bajo electrónico hizo vibrar el suelo del festival. Sintió cómo la energía del público lo envolvía, un flujo palpable que iba y venía entre él y la audiencia. Cada movimiento de su mano en los faders y los knobs del mezclador generaba una respuesta inmediata: la multitud saltaba, gritaba y coreaba la melodía que conocía desde los primeros segundos de YouTube, pero ahora vivida en vivo.

A medida que la canción avanzaba, Neytan jugaba con los filtros y efectos de reverb para dar un carácter más expansivo a los sintetizadores. Observaba cómo cada drop provocaba una reacción instantánea: gritos, aplausos y manos al cielo. El público coreaba las frases más conocidas, cantando junto con el sample vocal central, y Neytan sonrió dentro del casco al escuchar cómo miles de voces se unían como un solo instrumento. Cada golpe de bajo resonaba en sus pies, sincronizando su energía con la de los fans.

Durante los builds, Neytan bajaba ligeramente los niveles para crear tensión, y cuando llegaba el drop, subía el volumen y los filtros de agudos para que cada nota penetrara y fuera sentida en el pecho de todos. La reacción del público era inmediata: saltos coordinados, abrazos entre amigos, banderas agitadas y luces de celulares parpadeando al ritmo de la canción. Vio cómo algunos de los asistentes más cercanos al escenario coreaban cada palabra, cantando con entusiasmo y emoción pura.

En los breakdowns, Neytan suavizaba los sintetizadores y dejaba fluir los pads de sonido atmosféricos, creando un efecto de anticipación que hacía que la multitud contuviera la respiración colectivamente. La tensión se acumulaba hasta que el drop regresaba con fuerza, y el público respondía como un solo cuerpo, un mar de energía que vibraba al unísono. Cada gesto de Neytan —un leve movimiento de cabeza, el ajuste de un knob o el cambio de canal— provocaba una reacción en cadena: más gritos, más saltos, más baile.

Al llegar a la mitad de Feel So Close, Neytan aumentó gradualmente los filtros de frecuencia alta y ajustó los volúmenes de los sintetizadores, creando una sensación expansiva, casi envolvente. Observó cómo el público extendía los brazos hacia él, algunos moviéndose en olas sincronizadas, otros levantando pancartas con su nombre y su logo. Sentía cada movimiento como un reflejo directo de su propia energía; la música era un puente que unía a miles de personas con un joven DJ debutando en un festival gigante.

Durante el segundo drop, Neytan introdujo ligeros efectos de stutter y delay en los sintetizadores, provocando un eco que recorría todo el escenario secundario. La respuesta de la multitud fue inmediata: aplausos coordinados, saltos más altos y gritos más fuertes. Escuchó cómo la canción que ellos conocían desde enero cobraba vida en una escala completamente diferente; la emoción y la sorpresa se mezclaban en el aire. Los asistentes más veteranos de EDM comentaban entre ellos sobre el control que Marshmello tenía sobre la energía de la audiencia, aunque no supieran que detrás del casco estaba Neytan.

El build-up final de la canción fue meticuloso: Neytan bajó los filtros, dejando un silencio momentáneo solo con el pad atmosférico de fondo, provocando que la multitud contuviera la respiración. Luego, con un movimiento suave, liberó el drop final, generando un rugido colectivo que llenó todo el espacio. El público saltaba al unísono, algunos lloraban de emoción, otros grababan cada segundo con sus celulares, y Neytan sonrió dentro del casco al sentir que la conexión era perfecta: cada beat, cada melodía y cada efecto estaba sincronizado con la energía de miles de personas

Cuando terminó el último acorde de Sub Urban, Neytan respiró profundamente bajo su casco blanco. La adrenalina todavía recorría todo su cuerpo mientras ajustaba mentalmente los niveles de la siguiente canción: I Could Be The One, un tema que sabía que sería un momento clave para elevar la emoción del público. Con un movimiento ágil, deslizó el dedo sobre los controles del Pioneer CDJ-2000, y el primer beat suave de la canción comenzó a sonar, mezclándose con la reverberación de los últimos sonidos que aún flotaban en el aire.

Al instante, la multitud reaccionó. Miles de personas levantaron los brazos, gritando al unísono, algunos llevaban cascos blancos como el de Marshmello, otros ondeaban pancartas con su nombre en letras brillantes y neón: “Marshmello” podía leerse desde todos los rincones del escenario secundario. La energía era inmediata y tangible; cada beat que Neytan introducía parecía sincronizarse con los saltos y movimientos de la multitud.

Mientras la canción avanzaba, Neytan se movía con precisión sobre su equipo, ajustando filtros y el volumen de los sintetizadores, anticipando cada drop. Observaba cómo la gente reaccionaba: unos coreaban los vocal chops de la canción, otros levantaban sus celulares grabando cada segundo del set, y un grupo cercano al escenario coreaba “M-M-Marshmello!” con un entusiasmo contagioso. La respuesta era casi instantánea, un reflejo de la conexión que él había planeado desde que construyó el set.

Los builds de la canción provocaban oleadas de emoción. Neytan bajaba los filtros y generaba tensión, haciendo que la multitud contuviera la respiración en anticipación al drop. Cuando llegaba el momento, subía los volúmenes y liberaba la fuerza de los sintetizadores y el bajo, y miles de cuerpos saltaban al mismo tiempo, creando una sensación de sincronía colectiva. Algunos fans agitaban banderas con su nombre, otros sostenían luces LED que cambiaban de color al ritmo de la canción. Cada gesto del público era un reflejo directo de lo que Neytan estaba proyectando desde el escenario.

Durante los breakdowns, Neytan manipulaba los efectos de delay y reverb, suavizando los sintetizadores y creando un espacio sonoro envolvente. La multitud se balanceaba al ritmo, algunos cerraban los ojos y levantaban las manos como si intentaran tocar la música. Otros gritaban y aplaudían en momentos clave de la canción, respondiendo a cada transición que Neytan había preparado cuidadosamente.

Al llegar al drop central, Neytan ejecutó un ajuste de filtro que aumentó los agudos y el sub-bajo, creando una explosión de sonido que hizo vibrar el suelo y los cuerpos de la audiencia. Los fans más cercanos al escenario se abrazaban y saltaban, mientras que los de las filas más alejadas agitaban pancartas y gritaban su nombre, asegurándose de que él supiera que estaban allí, sintiendo cada beat y cada cambio de la canción. La combinación de luz, sonido y movimiento generaba un efecto casi hipnótico, y Neytan, dentro de su casco, sonreía al notar que su música había trascendido la pantalla y llegaba a cada persona presente.

En el final de I Could Be The One, Neytan suavizó los sintetizadores y bajó el volumen de los pads ambientales, permitiendo que el público se sumergiera en los últimos segundos de la canción antes de que explotara en aplausos y gritos. Los asistentes, algunos con cascos blancos, otros con pancartas o camisetas con su logo, coreaban los últimos fragmentos vocales, y Neytan levantó un brazo hacia ellos en señal de triunfo. Cada movimiento era un intercambio de energía directa: él enviaba beats, la multitud respondía con saltos, gritos y luces; él ajustaba niveles, ellos reaccionaban como un solo organismo vibrante.

Para su última canción, Neytan permaneció inmóvil durante unos segundos detrás de la cabina. El eco de la canción anterior todavía flotaba en el aire, mezclado con los gritos del público que pedía más. Desde debajo del casco blanco, sonrió, una sonrisa que nadie podía ver, pero que se reflejaba en la seguridad de sus movimientos. Sus manos descansaron sobre los controles, y por primera vez en toda la noche no revisó el reloj, no comprobó el cronómetro ni la lista. Ese momento ya no necesitaba cálculos.

Levantó lentamente la cabeza y miró al público frente a él. Miles de personas seguían ahí, saltando, gritando, con los brazos en alto. Algunos llevaban cascos blancos, otros pancartas con su nombre escrito a mano, con luces LED o pintura fluorescente. Muchos no sabían lo que estaba a punto de ocurrir. Nadie lo sabía.

Neytan ajustó un filtro, bajó el volumen casi hasta el silencio, y entonces lanzó el primer golpe rítmico de Levels.

El ritmo comenzó limpio, poderoso, con un pulso constante que se sentía en el pecho antes incluso de entenderse con los oídos. Un beat profundo, firme, que avanzaba como pasos seguros hacia algo grande. Las luces del escenario cambiaron de color lentamente, acompañando la progresión del sonido. No era una canción que explotara de inmediato; era una canción que construía.

El público reaccionó con curiosidad primero. Se miraban entre ellos. No reconocían la melodía. No era ninguna de las canciones que habían escuchado en YouTube. No era ninguna filtración. No era nada conocido. Y eso, lejos de desconectarlos, los atrajo aún más.

Los sintetizadores comenzaron a entrar en capas, suaves al inicio, luego más presentes. El ritmo se mantenía constante, hipnótico. Neytan movía la cabeza lentamente al compás, marcando cada transición con precisión. Sus manos se deslizaban con naturalidad por las perillas del mezclador, ajustando frecuencias, abriendo espacios sonoros, dejando respirar la canción.

En las primeras filas, algunos fans empezaron a grabar. Otros levantaron los brazos, dejándose llevar por el groove. Poco a poco, la multitud comenzó a sentir la canción, aunque todavía no supiera su nombre. Era como si el ritmo se les metiera bajo la piel.

A medida que la canción avanzaba, el bajo se volvió más profundo. El escenario empezó a vibrar. Las luces se intensificaron. Neytan levantó una mano, pidiendo silencio sin palabras, solo con el gesto. El público respondió de inmediato: los gritos bajaron, los cuerpos dejaron de saltar por un momento. Todos esperaban.

Entonces, el build comenzó.

Los sonidos se elevaron, las notas se repitieron con más fuerza, el ritmo se tensó. Neytan giró una perilla lentamente, alargando la espera. El público comenzó a gritar, anticipando el momento. Algunos contaban con los dedos. Otros simplemente cerraban los ojos.

Y justo cuando la tensión parecía insostenible, no explotó. Neytan hizo algo diferente. Bajó ligeramente el volumen. Dejó que la melodía respirara. Era un falso drop. El público reaccionó con un grito colectivo, mezcla de sorpresa y emoción.

La canción siguió avanzando, más intensa, más segura. Ya no había duda: estaban escuchando algo nuevo. Algo que no existía en internet, algo que solo estaba ocurriendo ahí, en ese instante.

En las pantallas gigantes, las luces comenzaron a formar patrones ascendentes, como si todo estuviera subiendo de nivel, escalón por escalón. Neytan levantó ambos brazos lentamente, marcando el pulso, guiando a la multitud.

Y entonces, a mitad de la canción, ocurrió.

La música se redujo a un fondo suave, casi etéreo, y una voz clara, poderosa y llena de alma sonó a través de los altavoces. No fue Neytan quien habló. Fue una voz reconocible, cargada de historia y emoción.

Oh, sometimes

I get a good feeling, yeah

Get a feeling that I never, never, never, never had before, no no

I get a good feeling, yeah

El público reaccionó de inmediato. Algunos reconocieron la voz al instante. Otros simplemente sintieron el impacto emocional. Miles de personas comenzaron a corear esa parte, incluso quienes no sabían exactamente de dónde venía, repitiendo las frases con fuerza, con emoción real, como si las palabras les pertenecieran.

La música acompañaba la voz con suavidad, dejando espacio para que la multitud cantara. Neytan bajó el volumen justo lo necesario para que se escuchara al público. No tocó nada durante esos segundos. Solo observó.

Oh, sometimes

I get a good feeling, yeah

Get a feeling that I never, never, never, never had before, no no

I get a good feeling, yeah

El canto colectivo se volvió más fuerte. Personas abrazándose. Otras con los ojos cerrados. Algunas levantando ambos brazos al cielo. Era un momento puro, sin artificios. Neytan sintió un nudo en el pecho bajo el casco.

Cuando la última frase se desvaneció, el silencio duró una fracción de segundo.

Y entonces… todo explotó.

El drop final cayó con una fuerza brutal. El ritmo de Levels regresó amplificado, poderoso, lleno. Fuegos artificiales estallaron desde ambos lados del escenario, iluminando el cielo nocturno con colores blancos y dorados. El suelo tembló. El público saltó al unísono.

La canción alcanzó su punto máximo. El bajo golpeaba con intensidad, los sintetizadores se elevaban, y la energía era absoluta. Nadie estaba quieto. Nadie estaba desconectado. Todos estaban dentro de ese momento.

El público gritaba, saltaba, coreaba fragmentos del ritmo. Algunos ya repetían el nombre de la canción sin saberlo, tarareando la melodía principal. Otros levantaban pancartas improvisadas con lo que tenían a mano. Los cascos blancos brillaban bajo las luces, moviéndose de un lado a otro como un mar vivo.

Neytan levantó ambos brazos y giró lentamente sobre sí mismo, mirando cada rincón del escenario, cada sector del público. No necesitaba hablar. La música hablaba por él.

A medida que la canción se acercaba al final, los fuegos artificiales estallaron una última vez, sincronizados con el último golpe del ritmo. Neytan redujo el volumen poco a poco, dejando que el eco se extendiera.

Cuando el último sonido se apagó, el grito del público fue ensordecedor. No era solo aplauso. Era reconocimiento. Era impacto. Era la certeza de que habían presenciado algo único.

Neytan se quedó quieto durante unos segundos, respirando con dificultad bajo el casco. Luego llevó una mano a su pecho e hizo una leve inclinación hacia el público.

Miles de personas respondieron gritando su nombre. Pancartas en alto. Cascos levantados. Brazos extendidos.

Neytan dejó que el último eco de la música se apagara por completo. Con movimientos tranquilos y precisos, retiró su laptop de la cabina, cerrándola con cuidado, como si aún contuviera la energía del set. Luego desconectó sus auriculares, pasándolos por su cuello por un instante antes de tomarlos con una mano.

Antes de marcharse, dio una última vuelta sobre el escenario. Se detuvo en el centro, levantó el brazo derecho y saludó al público en silencio. La respuesta fue inmediata: gritos, aplausos, pancartas agitándose, cascos blancos alzados en el aire. Aunque su rostro permanecía oculto tras el casco, su postura lo decía todo. Estaba agradecido. Estaba satisfecho.

Con paso firme, bajó por las escaleras del escenario mientras los focos se apagaban poco a poco detrás de él. Apenas tocó el suelo del backstage, la adrenalina comenzó a disiparse y fue entonces cuando vio a los primeros rostros conocidos.

Su tío Andrés fue el primero en acercarse. Con una sonrisa orgullosa, le dio una palmada firme en el hombro.

Lo hiciste increíble le dijo, sin exageraciones, con esa voz tranquila que solo usaba cuando hablaba en serio.

A su lado estaba Víctor, el director de sonido, todavía con los auriculares colgando del cuello.

Perfecto, Marshmello dijo con total convicción. Cada transición, cada cambio… fue limpio. El público estaba contigo desde el primer minuto.

Neytan asintió levemente, aún recuperando el aliento, mientras ambos lo guiaban por el pasillo hacia su camerino.

Al llegar, la puerta apenas se cerró cuando sus padres se acercaron. Michael fue directo, sin rodeos: lo tomó del hombro con fuerza y dijo, con orgullo contenido

Te vi… y supe que tomamos la decisión correcta.

Sarah, con los ojos brillantes, lo abrazó con cuidado, como si aún fuera aquel niño pequeño que escuchaba música con audífonos demasiado grandes para su cabeza.

Estoy tan orgullosa de ti, hijo susurró. Disfrutaste el escenario… se notó.

Antes de que pudiera responder, Matías se lanzó sobre él en un abrazo fuerte, lleno de emoción.

¡Lo lograste! exclamó. ¡Tu primera presentación y dejaste a todos sin palabras!

Finalmente, Elena se acercó con una sonrisa distinta, más contenida, pero sincera. No lo abrazó; simplemente levantó el pulgar y dijo

No estuviste mal… para ser tú.

Neytan soltó una pequeña risa bajo el casco. En ese camerino pequeño, rodeado de su familia, con el eco del público aún resonando en su cabeza, comprendió algo con total claridad

Aquella noche no solo había sido su primer gran escenario.

Había sido el comienzo real de todo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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