MARSHMELLO - Capítulo 16
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16: Capitulo 16 16: Capitulo 16 Calles de Nueva York – 7 de julio de 2011 Las calles de Nueva York estaban vivas como siempre, pero para Neytan el ruido parecía distante, casi amortiguado.
Caminaba sin un rumbo fijo, con las manos en los bolsillos de su chaqueta, avanzando entre avenidas y calles secundarias como si el simple acto de moverse le ayudara a despejar la mente.
Necesitaba salir.
Necesitaba aire.
Demasiadas horas encerrado en el estudio, demasiados sonidos repitiéndose en su cabeza, demasiadas ideas que aún no querían tomar forma definitiva.
Había salido de casa sin avisar a nadie, sin un plan concreto.
Solo sabía que necesitaba caminar, sentir la ciudad, desconectarse por unas horas del peso que comenzaba a crecer sobre sus hombros.
Pensar en los próximos temas, en lo que vendría después de Levels, en cómo mantener ese nivel sin traicionarse a sí mismo… todo eso podía esperar.
Incluso Tomorrowland, que se acercaba cada día más, quedaba momentáneamente relegado a un rincón de su mente.
Por primera vez desde el lanzamiento, Neytan no había revisado su celular.
Ni una sola vez.
No había mirado cuántas reproducciones llevaba Levels.
No había revisado descargas, streams, comentarios ni tendencias.
No había preguntado absolutamente nada.
El 29 de junio, el mismo día en que el videoclip se publicó oficialmente, la canción también se lanzó en todas las plataformas digitales.
Todo el equipo sabía que ese momento marcaría un antes y un después, pero Neytan decidió mantenerse al margen.
No quería contaminar su cabeza con números.
No quería que las estadísticas dictaran su estado de ánimo ni su creatividad.
Su hermano Matías había intentado decírselo más de una vez.
Está subiendo rápido le comentó con entusiasmo.
Muy rápido.
Neytan no respondió.
Solo negó con la cabeza.
Incluso Elena, su hermana menor, había insistido con la inocencia y la emoción propias de su edad.
Solo mira un poquito… solo para ver cuántas personas la escucharon.
La respuesta de Neytan fue inmediata y firme.
No.
No era arrogancia.
No era desinterés.
Era una decisión consciente.
Sabía que, si empezaba a mirar los números ahora, no podría parar.
Y no quería que su mente se llenara de comparaciones, expectativas externas o presión innecesaria.
Sus padres, Michael y Sarah, lo entendieron sin necesidad de palabras.
No le preguntaron nada.
No le dieron cifras.
No lo presionaron.
Simplemente se mantuvieron al margen, observándolo con atención silenciosa.
Neytan agradeció eso más de lo que podía expresar.
Ahora que se había graduado anticipadamente, tenía el tiempo y el espacio para concentrarse por completo en la música, en su verdadero camino dentro del EDM.
Mientras caminaba, reflexionaba sobre el calendario que habían diseñado junto a Adrian y los analistas.
Lanzar canciones y videoclips en fechas específicas había sido lo correcto.
No saturar al público.
No quemar su nombre.
Mantener el interés sin convertirlo en agotamiento.
Ese equilibrio era clave.
No debo saturarlos pensó.
Debo estar atento a lo que mis fans esperan ahora de mí.
Porque lo sabía.
Después de Levels, ya no bastaba con algo “bueno”.
Esperaban otra canción al mismo nivel o incluso superior.
Y eso no era algo que se pudiera forzar.
Tengo que hacer bien mi trabajo de ahora en adelante se dijo.
No puedo cometer errores.
No con los singles, no con los videoclips, no con nada.
Ya no era un productor novato que empezaba a hacerse notar.
Eso había quedado atrás.
Ahora el mundo sabía quién era.
Ahora el mundo sabía de lo que era capaz.
Soy Marshmello pensó con claridad.
El que lanzó una canción inédita en vivo.
El que hizo que más de catorce mil personas corearan su nombre en el EDC de Las Vegas.
Ese recuerdo volvió con fuerza: la multitud, el escenario, la energía imposible de describir.
Ese momento había cambiado todo.
Mientras avanzaba por la ciudad, entró en una zona llena de cafés y tiendas.
En uno de los Starbucks, al pasar frente a la puerta abierta, escuchó música saliendo de los altavoces.
Reconoció el sonido al instante.
Feel So Close.
Siguió caminando, tratando de ignorarlo.
Un poco más adelante, en otra tienda, sonaba otra canción.
Luego otra más.
Monday.
Love Me Again.
I Could Be The One.
Force.
Don’t Wake Me Up.
Celebrate.
Su música estaba por todas partes.
Dentro de los locales, la gente hablaba sin saber que él estaba ahí, a solo unos metros.
Conversaciones casuales, risas, comentarios espontáneos.
¿Escuchaste la nueva de Marshmello?
Levels está brutal.
El video es simple, pero engancha.
Yo quiero verlo en Tomorrowland, ya tengo mi entrada.
Yo todavía conservo el casco que conseguí en el EDC de Las Vegas.
Neytan bajó un poco la cabeza, caminando con más calma, intentando no escuchar… pero era imposible.
Cuanto más intentaba ignorarlo, más presente estaba su nombre en el aire.
Marshmello.
Lo decían como si siempre hubiera estado ahí.
Como si fuera parte natural del paisaje musical.
La ciudad seguía su ritmo frenético, ajena a la tormenta silenciosa que se formaba dentro de él.
Orgullo, responsabilidad, miedo, emoción.
Todo mezclado.
Sabía que esto era solo el comienzo.
Que el verdadero desafío no era llegar, sino mantenerse.
Siguió caminando, perdiéndose entre la multitud de Nueva York, sin revisar su celular, sin mirar números, sin buscar validación inmediata.
Solo él, la ciudad y el peso creciente de un nombre que ya no le pertenecía solo a él, sino a miles de personas alrededor del mundo.
Y mientras avanzaba, una idea comenzaba a formarse lentamente en su mente.
Todavía incompleta.
Todavía frágil.
Pero prometedora.
Tal vez… el próximo tema ya estaba naciendo Neytan avanzaba por la acera con pasos tranquilos, aunque su mente corría a mil por hora.
A cada paso, tarareaba una melodía inconsciente, suave, apenas audible entre el ruido de los coches y los peatones que se cruzaban frente a él.
No eran letras, no era un coro completo, solo fragmentos de un ritmo que parecía flotar entre sus pensamientos, un patrón melódico que se negaba a dejar su cabeza.
El ritmo le guiaba los pasos, acelerándolos y luego ralentizándolos, casi como si su cuerpo respondiera a una canción que aún no existía del todo en el mundo exterior.
Se detuvo un instante frente a un escaparate, mirando el reflejo de la ciudad en el vidrio.
Sus ojos se enfocaron, pero no del todo en la calle, sino en el tarareo que había empezado a transformar en ideas más concretas.
“Lead synth tropical, pluck… sí, podría ir ahí… y los pads atmosféricos podrían suavizar esta transición…”, murmuraba en su mente mientras sus dedos invisibles “tocaban” un teclado imaginario.
Cada sonido que pasaba por su cabeza tenía un lugar: el bajo suave que respiraba con el bombo, los hi-hats que abrían espacios entre cada golpe, la percusión latina que aportaba sabor y calidez.
Pero entonces un pensamiento lo interrumpió de golpe, obligándolo a detenerse por completo: Fearless.
El tema que Sony Music había decidido transformar en videoclip sin siquiera informarle previamente.
Neytan recordó cómo SilverLine Records apenas le había mencionado que un video clip sería producido.
No hubo aviso, no hubo consulta, nada.
Solo le dijeron que ya estaba listo.
Respiró hondo y trató de no mostrar emociones; simplemente asintió mentalmente y evaluó la situación.
El videoclip saldría el 17 de octubre, y aunque el resultado cumplía con la visión que él había querido transmitir en la canción, la falta de comunicación lo incomodaba.
No podía evitar pensar que si lo hubieran avisado, podría haber dado algún input extra, algún detalle que reforzara su mensaje musical.
Sin embargo, decidió dejarlo pasar; había aprendido a no enredarse en frustraciones externas, especialmente cuando había cosas más importantes que pulir dentro de su música y de su planificación creativa.
Al exhalar, su tarareo volvió.
Esta vez se concentró nuevamente en la melodía que estaba construyendo para su nuevo tema, un sonido fresco, chill y melódico, que buscaba transmitir tanto calma como emoción.
Cada elemento musical aparecía en su mente, perfectamente organizado, como si tuviera un DAW mental abierto.
El lead synth tropical brillaba como si tuviera luz propia; su pluck pegajoso se entrelazaba con pads atmosféricos que dibujaban un espacio sonoro amplio y suave.
Pensó en la línea de bajo, subgrave y profunda, que haría que todo el cuerpo del oyente se moviera sin que él tuviera que explicarlo; en los kicks profundos, marcados en 4/4, en los snares y claps que sostenían la estructura rítmica, y en los hi-hats y percusión ligera que daban la sensación de ligereza y dinamismo.
Neytan incluso imaginaba los detalles más específicos: las congas y shakers digitales que aportarían sabor tropical, la guitarra procesada con reverb que reforzaría la melodía sin robar protagonismo, los sweeps y risers que aumentarían la tensión antes de cada drop, y el sidechain que permitiría que el kick respirara en el mix.
Cada elemento estaba colocado con intención, como si la canción ya existiera en su cabeza aunque los audiófilos aún no pudieran escucharla.
Pensaba también en los plugins que usaría: Sylenth1 para los leads y bajos, Nexus para los pads, FabFilter Pro-Q para ecualización, Waves SSL para compresión de master, Valhalla Reverb para profundidad.
La idea de usar Ableton Live, Logic Pro o FL Studio para materializar todo era casi un pensamiento accesorio; la composición ya vivía dentro de él.
Mientras caminaba, una nueva preocupación surgió en su mente: Tomorrowland.
La fecha se acercaba rápidamente, y él no tenía certeza de cómo se manejaría la promoción de nuevas canciones o videoclips en festivales europeos.
Podría aplicar la misma estrategia que con Fearless, liberar un videoclip o un track sin previo aviso, generando expectación y emoción en el público.
La idea le pareció intrigante.
Si funcionó en Las Vegas con Levels, ¿por qué no podría repetirlo en Bélgica, donde la audiencia sería igual de apasionada y el impacto mediático aún mayor?
A pesar de todo, Neytan seguía tarareando.
Sus labios formaban los sonidos de la melodía, sus pies marcaban el ritmo de manera inconsciente, y sus manos gesticulaban como si tocaran los instrumentos que aún solo existían en su mente.
Los bajos, los leads, los pads, la batería electrónica, la percusión tropical, los efectos de transición; todo se mezclaba en un flujo constante de ideas.
Sabía que esa canción tendría que tener un aire fresco, relajado pero vibrante, capaz de captar tanto la atención de quienes buscaban chill como de quienes querían sentir la energía de un drop bien construido.
Caminaba más rápido, la ciudad parecía moverse a su ritmo interno.
Cada semáforo, cada paso, cada automovilista que cruzaba la calle, todo parecía acompañar la sinfonía que estaba creando en su cabeza.
Incluso cuando las bocinas de los taxis sonaban y los murmullos de los transeúntes se mezclaban, Neytan podía escuchar claramente los sonidos que imaginaba: la percusión latina sutil, los hi-hats rápidos, el bombo que respiraba al ritmo de cada pulso, y los pads que daban profundidad y sensación de espacio.
Todo estaba perfectamente sincronizado, y por un momento, se sintió completamente solo con su música, sin distracciones externas.
El sol caía con fuerza sobre Nueva York, reflejándose en los cristales de los edificios, y Neytan respiraba profundo, dejando que la luz acariciara su rostro mientras tarareaba.
La ciudad, con todo su caos y su ritmo implacable, se había transformado en un instrumento más, en un acompañamiento invisible de la composición que tomaba forma en su mente.
Mientras caminaba, anotaba mentalmente los cambios que tendría que hacer en la estructura, los puntos donde podría aplicar efectos, los breaks estratégicos para mantener la atención del oyente, y los momentos en que el bajo y el lead se encontrarían en perfecta armonía.
El pensamiento de Fearless volvió a aparecer, recordándole la importancia de la comunicación con su equipo.
Aprendió que la música no solo era creatividad; era también estrategia, coordinación y timing.
Debía mantener el control sobre su sonido y su identidad, incluso cuando otros decidieran tomar decisiones sin consultarlo.
Pero por ahora, dejó que la idea fluyera y se concentró en lo que podía controlar: la canción que estaba construyendo en su cabeza, su próximo éxito, su próxima obra maestra que, como Levels, podría hacer que miles de personas sintieran algo único.
Cada paso que daba estaba acompañado de melodías, acordes, ritmos y transiciones.
Pensaba en los posibles builds, los drops y los fills, cómo cada elemento podía ser percibido por la audiencia sin perder frescura ni energía.
Su tarareo era ahora más definido, más cercano a la realidad, como si su voz fuera un sintetizador invisible modulando el ritmo en tiempo real.
Cada idea era guardada, clasificada, lista para ser trasladada a su estudio.
Incluso planeaba mentalmente la mezcla y el master final: sidechain, EQ, compresión, reverberación, delay… todo debía estar perfectamente balanceado.
Mientras caminaba por las calles de Nueva York, Neytan comprendió que este proceso no era solo música, era estrategia, visión y control.
Cada canción, cada decisión, cada movimiento sería observado y escuchado.
Pero él estaba listo.
La ciudad seguía su curso, la música seguía en su mente, y Tomorrowland estaba cada vez más cerca.
Por ahora, solo quería caminar, respirar, tararear y planear.
Todo lo demás podía esperar.
Su música, su creatividad, su visión, eran su espacio personal, su refugio en medio del caos de la ciudad y del mundo que ahora lo reconocía como Marshmello, el productor que había cambiado la noche de Las Vegas con una canción inédita.
Neytan seguía caminando, los edificios altos de Nueva York proyectaban sombras alargadas sobre la acera y el sol de la mañana golpeaba levemente su rostro.
La ciudad parecía moverse a su alrededor a un ritmo caótico, pero él estaba completamente abstraído, envuelto en su mundo musical.
Mientras avanzaba, comenzó a tararear otra melodía, completamente diferente a la que había estado pensando antes.
Esta vez, la idea era más energética, orientada a un set festivalero, una canción que podría llenar estadios con su fuerza y ritmo contagioso.
En su cabeza, los elementos comenzaron a organizarse de manera natural, como si estuviera frente a su DAW invisible.
El kick principal era fuerte, redondo y con el punch típico de los festivales EDM de 2011.
Visualizaba el EQ: los graves subidos entre 60 y 100 Hz, limpiando frecuencias medias innecesarias para que el bombo golpeara con claridad.
Cada golpe del kick marcaba su paso, sincronizando inconscientemente su caminar con la pulsación de la canción.
La percusión secundaria se iba sumando mentalmente: claps y snares colocados estratégicamente en el segundo y cuarto beat, limpios, con un toque de reverb corta para darle presencia sin ensuciar el mix.
Hi-hats rápidos se entrelazaban en su mente, abriéndose cada 16avos o 8avos, acompañados de shakers que aportaban groove y movimiento constante.
Crash y FX percusivos aparecían en su cabeza justo en los cambios de sección, anticipando los drops y marcando las transiciones entre build-ups y los momentos de máxima energía.
El bajo era profundo, sin distorsión excesiva, una línea de sub-bass que vibraba entre 40 y 100 Hz.
Neytan imaginaba el sidechain perfectamente calibrado con el kick para generar ese “pump” característico del EDM, que hacía que todo el cuerpo del oyente respondiera al ritmo.
Visualizaba la onda de saw filtrada con low-pass, típica de los años 2010–2011, suave pero firme, con un groove que llenaba el espacio sin saturar la mezcla.
Los synths principales aparecían uno a uno.
El lead synth para el drop estaba compuesto por saw y supersaw, en la línea de Sylenth1, Massive o Nexus 2.
Su mente ajustaba mentalmente los filtros: cutoff modulable para los build-ups, aumentando la tensión y filtrando progresivamente, con LFO sutil para dar vibrato y movimiento al sonido.
Detrás, los pads atmosféricos ocupaban las frecuencias medias-altas, creando un fondo épico y envolvente que permitía que cada nota del lead destacara sin perder la sensación de amplitud y espacio.
Neytan imaginaba arpegios rápidos, secuencias de notas en saw o square wave, que añadían textura y complejidad sin romper la claridad de la melodía principal.
Mientras tarareaba, podía escuchar mentalmente el white noise y los risers ascendentes que conducían al drop, la tensión acumulándose en cada compás.
Se imaginaba un snare roll progresivo que durara entre 8 y 16 compases, subiendo lentamente hasta el momento crítico, mientras la reverberación y delay aumentaban la sensación de grandeza y profundidad.
Impact FX cortos y precisos acompañaban los cambios de sección, acentuando cada transición sin saturar el oído.
Claps y snaps layerados con reverb añadían fuerza a los hits principales, mientras reverse cymbals y FX sweeps anticipaban los drops y mantenían la tensión del público.
Incluso pensó en vocal chops filtrados, pequeñas frases cortadas y manipuladas que darían energía y modernidad al tema, siguiendo la tendencia de 2011 en el EDM.
Neytan ya podía visualizar todo el track completo: kick, bajo, claps, hi-hats, percusión, lead synth, pads atmosféricos, arpegios, risers, snare rolls, FX e incluso la posible inserción de vocal chops en momentos clave para enganchar al oyente.
Cada elemento estaba colocado con intención y precisión en su mente, como si ya tuviera el proyecto abierto en FL Studio, Ableton Live o Cubase.
Incluso podía escuchar los plugins: Sylenth1 para leads y bajos, Massive para texturas, Nexus 2 para pads, ValhallaRoom para reverberación, FabFilter Pro-Q para EQ, compresores con sidechain perfectamente ajustado, delay para crear sensación de espacio, y todo el conjunto imaginario ya sonando en perfecta armonía.
Mientras caminaba, Neytan empezaba a pensar en la estructura de la canción: intro que atrapara al oyente con el pad atmosférico y un bajo suave, build-up gradual con snare roll y risers, drop explosivo con lead synth principal y percusión completa, un breakdown intermedio donde los arpegios y los pads crearan un momento emocional, y finalmente un segundo drop aún más potente para cerrar el tema.
Cada transición estaba mentalmente calculada, cada efecto colocado en el tiempo exacto.
La ciudad continuaba su rutina a su alrededor, pero para Neytan, todo era parte de su estudio invisible.
Cada bocina de taxi, cada murmullo de peatones y cada ruido urbano era absorbido y convertido en inspiración: un golpe de reverb aquí, un pequeño cambio de filtrado allá, como si la propia ciudad colaborara en la composición.
Cada paso que daba estaba sincronizado con el ritmo, cada respiración con los hi-hats y los shakers, cada mirada a un escaparate con un sweep imaginario que anticipaba un drop.
Mientras avanzaba, su pensamiento volvían hacia Tomorrowland, el festival europeo que se acercaba rápidamente.
Podría probar este nuevo tema allí, liberar fragmentos de la canción sin anunciarla, generar expectación y emoción como había hecho en Las Vegas con Levels.
La idea le parecía estratégica y creativa, una oportunidad para medir la reacción del público en tiempo real y, al mismo tiempo, mantener el misterio y el hype que tanto gustaba a sus fans.
Neytan sonrió bajo el sol, tarareando cada compás de la canción mientras los instrumentos, efectos y técnicas se consolidaban en su mente.
Cada idea estaba viva, cada detalle calculado, cada elemento musical listo para ser materializado en el estudio.
Por primera vez en horas, se sintió tranquilo, seguro de que la música que estaba creando no solo reflejaba su estilo, sino que también podía convertirse en algo poderoso, capaz de conectar con miles de personas en festivales y en plataformas digitales.
Finalmente, respiró profundo, detuvo el tarareo por un instante, y miró al horizonte.
Tenía la estructura completa, cada instrumento, cada efecto y cada transición.
Todo estaba listo para llevarlo al estudio, donde la idea mental se transformaría en un track real.
Por ahora, solo caminaba, tarareando, planificando y soñando, consciente de que cada paso que daba lo acercaba más a la creación de otro éxito, otro hito que consolidaría su lugar en el mundo del EDM.
Mientras Neytan avanzaba por las aceras, esquivando taxis y transeúntes apresurados, su mente no descansaba.
La inspiración seguía fluyendo, y esta vez surgía una tercera melodía, diferente de las anteriores.
No era solo una idea de ritmo o percusión, sino una composición completa que estaba tomando forma en su cabeza como un track listo para el estudio.
Cada elemento musical comenzaba a organizarse con precisión mental, como si él tuviera un DAW abierto frente a él y pudiera escuchar cada sonido reproducido perfectamente.
Comenzó a imaginar los sintetizadores principales, los lead synths.
Visualizó un lead big-room, con ondas saw y supersaw clásicas de Afrojack 2011, potentes, claras y épicas.
Su función en la melodía era llevar la línea principal del drop, pegadiza y memorable.
Neytan podía escuchar mentalmente la onda creciendo, filtrada con un cutoff modulable para el build-up, y con un ligero LFO para generar vibrato sutil y movimiento en el sonido.
Pensaba en presets tipo “Spire Lead” o “Sylenth1 Saw Lead”, tan populares en 2011, que dieran fuerza y claridad a cada nota del drop.
En su mente también estaba el bajo, profundo y definido.
Sub-bass con frecuencias bajas de entre 40 y 100 Hz, sincronizado con el kick mediante sidechain, generando el característico efecto de pumping que hace que cada golpe de bombo se sienta en el cuerpo.
El bajo mental de Neytan era firme, pero sin saturar la mezcla, perfectamente equilibrado con el lead synth para crear un drop potente que llenara estadios imaginarios mientras caminaba por la ciudad.
La percusión era igual de precisa.
Imaginaba un kick potente tipo festival, largo y redondo, acompañado de snare y claps colocados en los tiempos 2 y 4, con hi-hats rápidos para mantener un ritmo constante y groovy.
Sumaba percusión adicional: toms y toms FX para build-ups, crash y impactos en momentos clave, y pequeños elementos percutivos que añadían energía sin sobrecargar la mezcla.
Cada golpe estaba sincronizado en su cabeza, cada ritmo perfectamente calibrado.
Los pads y atmósferas aparecían para dar dimensión y espacio al track.
Pads etéreos en las partes del verso, dejando espacio para una posible voz de Wrabel o algún vocal chop, y pads atmosféricos más densos para el breakdown y la transición al drop.
Todo pensado para que la canción respirara, tuviera dinámica y mantuviera la atención del oyente, con un contraste perfecto entre calma y explosión.
Neytan también visualizaba todos los FX y efectos de transición.
Risers que aumentaban la tensión, sweeps de white noise, uplifters sutiles para anticipar el drop, reverse cymbals para marcar los cambios, y impactos precisos para los builds.
Todo estaba pensado para que la canción se sintiera viva, dinámica y épica, lista para un escenario grande o un set festivalero.
La compresión sidechain estaba aplicada suavemente para que el kick y el bajo se integraran, sin perder la claridad ni la pegada del lead synth.
Mientras caminaba, Neytan pensaba en la estructura y los arreglos de la canción.
La intro sería DJ-friendly, entre 16 y 32 compases, permitiendo mezclarla fácilmente en un set.
El build-up combinaría sintetizadores y FX, aumentando la tensión progresivamente.
El drop explotaría con el lead synth, sub-bass y kick potente, con todos los elementos rítmicos perfectamente sincronizados.
Habría breakdowns con pads y posibles vocales que dejarían respirar al oyente antes del segundo drop, y finalmente un outro también DJ-friendly para cerrar la pista y permitir transiciones hacia la siguiente canción del set.
Mientras tarareaba la melodía, podía escuchar mentalmente cada detalle técnico: la forma de onda del lead, los filtros modulando el sonido, los hi-hats abiertos y cerrados, los claps layerados, la compresión sidechain haciendo respirar al bajo con el kick, los risers incrementando la tensión y los impactos enfatizando los cambios de sección.
Todo estaba organizado en su mente como si estuviera ejecutando un mix final en Ableton Live, FL Studio o Cubase.
El sonido de la ciudad parecía acompañar su inspiración.
Cada bocina, cada paso de peatones y cada ruido urbano se mezclaban en su mente con los elementos del track, convirtiéndose en capas adicionales de percusión y textura.
Cada vez que caminaba por un cruce o evitaba un taxi, podía escuchar cómo un tom mental o un pequeño FX complementaba la melodía, como si la ciudad misma estuviera colaborando en la creación de la canción.
Neytan detuvo su tarareo un instante y visualizó el drop final, donde el lead synth y el bajo se combinarían con todos los elementos percusivos y atmosféricos, creando un momento épico y envolvente.
La sensación era tan real que podía imaginar el público saltando, las luces sincronizadas con el ritmo, y los aplausos resonando mientras cada nota del synth principal explotaba en el aire.
Todo esto ocurría mientras él caminaba tranquilamente, con la mochila a la espalda y las manos en los bolsillos, completamente absorto en la música que estaba naciendo en su mente.
Finalmente, respiró profundo, tarareando los últimos compases del drop y el breakdown, y pensó en Tomorrowland.
Si quería, podría llevar esta tercera melodía a Bélgica, probarla en el Freedom Stage y medir la reacción del público.
Sería otro momento de experimentación, un nuevo hito en su proceso creativo y un test para futuros lanzamientos.
La idea de mantener el misterio de la canción, sin revelar nombre ni detalles, le parecía perfecta, tal como lo había hecho con Levels en Las Vegas.
Mientras continuaba caminando, Neytan sentía cómo la tercera melodía terminaba de consolidarse.
Cada instrumento, cada efecto y cada arreglo estaban claros, listos para ser llevados al estudio y transformados en un track real.
La inspiración fluía sin pausa, y él, absorto en su propio mundo musical, sabía que cada paso que daba, cada sonido que imaginaba y cada ritmo que tarareaba lo acercaba más a crear otro éxito, otro tema capaz de llenar estadios y seducir a miles de fans.
Neytan se detuvo en una esquina, justo frente a una cafetería de luces cálidas, respirando hondo y dejando que la brisa fresca de la mañana calmara un poco la tensión de su mente llena de ideas musicales.
Sacó su celular de la mochila y abrió la aplicación de mensajería.
Sus dedos se movían con rapidez mientras redactaba el primer mensaje: Para Matías: “Hermano, necesito que enciendas mi laptop apenas llegue a casa.
Tengo una nueva música que quiero empezar a crear y necesito concentrarme sin que nadie me moleste.
Volveré en aproximadamente una hora, así que mientras estoy fuera, asegúrate de que nadie interrumpa el espacio de trabajo.
Gracias.” Envió el mensaje y, mientras esperaba la confirmación de su hermano, abrió otro chat, esta vez con Victor, su director de sonido.
Con la misma precisión y claridad que siempre lo caracterizaba, redactó: Para Victor: “Hola Victor, tengo tres temas que quiero comenzar a desarrollar.
Necesito que tengas al equipo de música listo, con todo el equipamiento preparado.
Les enviaré instrucciones detalladas en breve.
Por favor, no compartas esto con nadie fuera del equipo, solo nosotros.
Es importante mantener todo confidencial.” Después de enviar el mensaje, Neytan entró en el chat del equipo de música.
Su nombre aparecía con el icono del casco blanco de Marshmello, pero esta vez sin la máscara, para mantener una comunicación clara y profesional.
Escribió con voz firme y directa, asegurándose de que todos comprendieran la importancia del momento: Para el equipo de música: “Hola equipo, tengo tres temas que quiero desarrollar hoy.
Necesito su ayuda con las pistas, cada detalle cuenta.
Les enviaré las instrucciones de cada tema a continuación, con los sonidos, efectos y arreglos que quiero probar.
Mantengamos esto estrictamente confidencial: nadie más debe tener acceso a esta información ni enterarse de lo que estamos creando.” Mientras esperaba que los mensajes fueran leídos y confirmados por todos, Neytan revisaba mentalmente los elementos que quería trabajar en cada pista.
Pensaba en los sintetizadores, basslines, pads, percusión, arreglos de build-up y drop, y todos los FX que había ido tarareando durante su caminata.
Cada sonido estaba ya organizado en su mente, con detalles precisos sobre frecuencias, sidechain, EQ, reverb, delay y compresión.
Confirmó que Matías había recibido su mensaje y que Victor ya estaba coordinando al equipo, asegurándose de que la sala de producción estuviera libre de interrupciones, con todas las consolas, laptops, controladores MIDI y sintetizadores preparados.
Neytan se sintió satisfecho: la logística estaba bajo control, y ahora solo necesitaba concentrarse en materializar sus ideas.
Antes de levantarse y continuar hacia su casa, Neytan revisó nuevamente cada mensaje enviado, asegurándose de que nadie pudiera confundir las instrucciones o filtrarlas.
La confidencialidad era crucial, sobre todo porque estos tres temas incluían ideas nuevas que podrían convertirse en éxitos futuros, y no quería que nadie más supiera nada antes de tiempo.
Con una respiración profunda, guardó el celular en la mochila, ajustó el casco ligeramente colgado al hombro, y comenzó a caminar de nuevo, imaginando mentalmente cómo cada pista tomaría forma en el DAW.
Los leads, pads, bajos y percusiones ya estaban en su cabeza, y cada elemento debía ser colocado con precisión cuando se sentara frente a la laptop.
La anticipación crecía: sabía que, en esa hora, el flujo creativo que había sentido durante la caminata se convertiría en música concreta y tangible.
Neytan avanzaba por las calles con paso firme, cada vez más concentrado, visualizando el espacio de producción en su casa, la laptop encendida, los sintetizadores listos, y al equipo de música esperando instrucciones claras.
Sabía que en esa hora se sumergiría en un mundo donde cada sonido, cada efecto y cada arreglo sería controlado por él, y que de ese trabajo podrían surgir las nuevas canciones que marcarían el siguiente capítulo de su carrera como Marshmello.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com