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MARSHMELLO - Capítulo 18

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18: Capitulo 18 18: Capitulo 18 25 de julio de 2011 — Sala de juntas de Sony Music, 10:00 a.m.

La sala estaba en silencio absoluto.

Una mesa larga de cristal ocupaba el centro, rodeada de sillas negras perfectamente alineadas.

Las paredes estaban cubiertas con paneles de madera oscura y pantallas apagadas.

La luz de la mañana entraba por los ventanales, pero el ambiente era frío, tenso.

Neytan estaba sentado con la espalda recta, las manos apoyadas sobre la mesa.

Su expresión era completamente neutra: sin emoción, sin nervios, sin disculpas.

Frente a él estaban el vicepresidente de Sony Music y Adrian, presidente de SilverLine Records, la disquera con la que Neytan había firmado.

Ambos lo observaban con seriedad.

El vicepresidente fue el primero en hablar.

Queremos una explicación dijo, con voz firme.

¿Se puede saber por qué lanzaste música nueva sin avisarnos, sin siquiera decirnos algo?

Neytan levantó ligeramente la mirada.

No alzó la voz, no mostró molestia.

Su respuesta fue directa.

¿Por qué debería decirles algo?

preguntó.

Es mi música.

Además, ustedes tampoco me avisaron cuando grabaron el video clip de “Fearless”.

Así que yo tampoco dije nada sobre estos lanzamientos.

Es una decisión personal.

Hizo una breve pausa, luego añadió: Y además… son un éxito.

No sé si ya lo notaron.

Uno de los analistas, sentado a un costado con una tablet en la mano, intervino con cautela.

Es cierto, Neytan.

Los números son muy buenos, eso no lo negamos.

Pero nos hubiera gustado que nos dijeras algo antes.

No por control, sino por planificación.

Neytan inclinó apenas la cabeza, como reconociendo el comentario, pero no cedió.

A mí también me hubiera gustado saber lo del video clip respondió.

Pero no fue así.

Ahora lo hecho, hecho está.

Cambien el cronograma continuó.

Estas canciones salen primero: Tsunami, Rise y Ten Feet Tall.

Después salen las demás, tal como lo habíamos planeado hace semanas en SilverLine Records.

El vicepresidente entrelaza los dedos y respiró hondo.

El problema es que aún no tenemos claro el formato, dijo.

No sabemos si serán solo audio o si habrá video clips.

Neytan respondió sin dudar un segundo.

Video clips.

Ya están grabados.

La sala quedó en silencio por unos segundos.

Adrian alzó las cejas, sorprendido.

¿Ya… grabados?

repitió.

Sí confirmó Neytan.

Los hice sabiendo que iban a ser un éxito.

No fue improvisación.

Tengo una base sólida de fans continuó.

Ellos respaldan esto.

Levels me puso en el mapa, eso lo sabemos todos.

Pero Tsunami, Rise y Ten Feet Tall no son para repetir el mismo golpe… son para demostrar que no soy algo pasajero.

Se inclinó un poco hacia adelante.

No soy un productor que pega un solo éxito y desaparece.

Estas canciones refuerzan eso.

Uno de los analistas deslizó la tablet por la mesa.

En la pantalla se veían gráficos ascendentes, clips virales, hashtags sin nombre, videos grabados por fans en Tomorrowland.

Los videos del público ya superan millones de vistas acumuladas dijo.

Sin nombre oficial.

Sin promoción formal.

Solo expectativa.

Adrian cruzó los brazos, pensativo.

Esto rompe las reglas tradicionales admitió.

Pero también es exactamente lo que está funcionando ahora.

El vicepresidente miró nuevamente a Neytan, esta vez con una expresión distinta: menos confrontación, más cálculo.

Si seguimos este camino, ya no podemos tratarte como un artista emergente.

Neytan sostuvo la mirada.

Nunca lo fui respondió.

Solo estaba esperando que el mundo lo notara.

La sala de juntas permanecía en un silencio pesado, de esos que no nacen de la calma sino de la concentración absoluta.

La reunión ya había cruzado el punto de tensión inicial; ahora se encontraba en una fase distinta, más peligrosa y más interesante: la redefinición del poder creativo.

Neytan seguía sentado en la misma posición, sin cambiar su postura, sin mostrar ansiedad ni incomodidad.

No estaba a la defensiva.

Tampoco estaba atacando.

Simplemente observaba.

Había dicho lo que tenía que decir, y ahora esperaba que los demás se alinearan con una realidad que ya no podía ignorarse.

Uno de los analistas, el más veterano del equipo, con años de experiencia leyendo tendencias antes de que explotaran fue quien rompió el silencio.

Apoyó ambas manos sobre la mesa y habló con tono firme, casi académico.

Dijo que, con el impacto real y medible de las tres canciones estrenadas en Tomorrowland Tsunami, Rise y Ten Feet Tall ya no se trataba de una simple desviación del plan original, sino de una señal clara del comportamiento del público.

Explicó que las métricas tempranas mostraban algo inusual incluso para estándares de festivales: fragmentos grabados por fans, videos cortos sin nombre oficial, miles de comentarios especulando, compartiendo, debatiendo cuál era cuál, llamándolas “la primera”, “la segunda”, “la tercera”, o simplemente “la nueva de Marshmello”.

No había título oficial y aun así estaban circulando con fuerza.

Eso dijo el analista no era ruido.

Era tracción orgánica.

Explicó que intentar forzar el calendario anterior ahora sería ir en contra del momentum natural, y que, por primera vez desde que Neytan había firmado, el público estaba marcando el ritmo, no la industria.

Por eso, concluyó, había que hacer exactamente lo que Neytan había dicho minutos antes: cambiar el calendario, no por capricho, sino por estrategia.

Entonces comenzó a enumerar el calendario original que ya estaba en proceso de ajuste, mencionando uno por uno los lanzamientos que habían sido pensados antes de Tomorrowland: Sub Urban, con su video clip previsto inicialmente para el 5 de agosto de 2011.

Fade into Darkness, cuyo video clip se había programado para el 1 de septiembre.

Lonely World Turn, planeado para el 3 de octubre.

Fearless, cuyo video clip estaba fijado para el 17 de octubre.

A eso se sumaban los singles ya discutidos anteriormente: Seek Bromance con la vocalista Amanda Wilson, que estaba previsto para el 29 de julio; Two Million, para el 14 de agosto; y On Fire, para el 15 de septiembre.

El analista hizo una pausa y miró directamente a Neytan.

Dijo que ese calendario ya no reflejaba la realidad actual.

Entonces, sin dramatismo, sin exageración, comenzó a presentar el nuevo esquema, ajustado alrededor de las tres canciones que habían nacido en el escenario, no en un estudio cerrado.

Primero, Tsunami.

Explicó que esa canción tenía un impacto inmediato, agresivo, de energía pura.

Era la que más comentarios había generado en el corto plazo, la que los fans describían como “imposible de ignorar”.

Por eso, no debía esperar.

El video clip de Tsunami se fijaba para el 27 de julio.

Sin cambios, sin retrasos, sin anuncios innecesarios.

Directo.

Luego vino Rise.

Describió cómo esa canción tenía un crecimiento distinto, más progresivo, más emocional, una que se quedaba en la cabeza y crecía con cada repetición.

Ideal para sostener el impulso después del primer golpe.

El video clip de Rise se programaba para el 15 de agosto.

Después, Ten Feet Tall.

El analista señaló que esa canción tenía un carácter distinto: más anthem, más aspiracional.

No necesitaba competir con Rise ni con Tsunami, sino cerrar el ciclo.

El video clip de Ten Feet Tall quedaba fijado para el 1 de septiembre.

Con eso, las tres canciones estrenadas en Tomorrowland quedaban oficialmente integradas como eje central del segundo semestre.

A partir de ahí, el resto del calendario se reordenaba alrededor de ellas.

Seek Bromance con Amanda Wilson ya no saldría el 29 de julio.

Ahora se movía al 19 de septiembre, colocándola en un espacio donde pudiera respirar y no competir con el impacto visual de los nuevos clips.

Sub Urban video clip se reprogramaba para el 3 de octubre de 2011, permitiendo que funcionara como transición hacia una etapa más conceptual.

Two Million se desplazaba al 17 de octubre, manteniendo su fuerza pero dándole espacio suficiente para destacar.

Fade into Darkness video clip pasaba al 1 de noviembre, reforzando su carácter introspectivo y dándole un lanzamiento más maduro.

On Fire se fijaba para el 30 de noviembre, cerrando noviembre con energía.

Lonely World video clip se movía al 6 de diciembre, funcionando como antesala al cierre del año.

Finalmente, Fearless cerraba todo el ciclo con su video clip el 20 de diciembre, no como un simple lanzamiento más, sino como una declaración final: el cierre de un año que había cambiado por completo la posición de Neytan en la industria.

Cuando el analista terminó de exponer el nuevo calendario, nadie habló de inmediato.

Adrian fue el primero en romper el silencio.

No discutió fechas.

No pidió ajustes.

Solo observó el documento proyectado y asintió lentamente.

El vicepresidente de Sony Music se recostó en su silla, cruzó los brazos y exhaló con calma.

No había enojo en su expresión.

Había cálculo.

Finalmente, volvió a mirar a Neytan.

¿Qué te parece este calendario?

preguntó el analista.

Es agresivo, pero controlado.

No te quema.

Te consolida.

Neytan miró las fechas una por una.

No sonrió.

No celebró.

Solo asintió.

Está bien, dijo.

Así es como debe ser.

No añadió nada más.

El vicepresidente de Sony Music cerró la carpeta física que tenía frente a él con un gesto lento, deliberado.

El sonido seco del cartón al tocar la mesa marcó, simbólicamente, el final de una etapa y el inicio de otra.

Durante varios segundos nadie habló.

No porque no hubiera nada más que decir, sino porque todos entendían que lo que venía a continuación definiría no solo los próximos meses, sino la identidad artística de Neytan a largo plazo.

Bien dijo finalmente el vicepresidente, con voz firme pero ya sin tensión.

Con esto queda oficialmente aprobado el nuevo calendario.

Deslizó la mirada por la mesa, deteniéndose en Adrian, luego en los analistas, y por último en Neytan.

Ahora hay una última cuestión que debemos aclarar continuó.

Llegamos a diciembre con el video clip de Fearless programado para el día veinte.

Mi pregunta es directa: ¿piensas cerrar el año únicamente con ese lanzamiento o tienes pensado sacar un nuevo single en diciembre?

Neytan no respondió de inmediato.

No por duda, sino porque esa pregunta no tenía una respuesta cerrada.

Se recostó apenas en la silla, cruzó los brazos con naturalidad y habló con el mismo tono calmado que había mantenido durante toda la reunión.

Todavía no lo he decidido dijo.

Por ahora no tengo nada planeado para los últimos días del año.

Quizá lo deje así, que Fearless cierre el ciclo… o quizá saque un single sorpresa.

No me gusta decidir eso con demasiada anticipación.

No había arrogancia en su voz.

Tampoco improvisación.

Era simplemente honesto.

Uno de los analistas tomó la palabra casi de inmediato, apoyándose en el respaldo de la silla mientras entrelazaba los dedos.

Entonces déjame preguntarte algo más amplio dijo.

¿Has pensado en sacar un álbum?

¿O prefieres seguir lanzando singles durante un tiempo más?

Esa pregunta sí cambió ligeramente la expresión de Neytan.

No porque le incomodara, sino porque tocaba un tema que llevaba tiempo rondándole la cabeza, aunque nunca lo había verbalizado del todo.

Por ahora respondió solo quiero seguir el calendario.

No quiero añadir nada más este año.

Y sobre un álbum… no lo tengo planeado.

No todavía.

Un álbum no es solo juntar canciones.

Es una declaración.

Y no sé aún cómo sería recibido.

El silencio volvió a caer sobre la sala, pero esta vez fue distinto.

No era expectante, sino analítico.

Dos de los analistas comenzaron a hablar entre ellos en voz baja, intercambiando números, proyecciones, escenarios.

Uno de ellos abrió su laptop y empezó a deslizar gráficos mientras el otro anotaba fechas en una hoja.

Hablaban de 2012.

Más específicamente, de enero de 2012.

Uno de ellos levantó la vista y explicó en voz alta lo que estaban calculando.

Dijo que, si Neytan decidía lanzar un álbum a comienzos del año siguiente, el impacto podría ser enorme… pero también impredecible.

Marshmello no había seguido ninguna regla tradicional: no había debutado con un álbum, no había presentado un concepto previo, no había hecho entrevistas explicando su identidad.

Había construido todo desde el misterio, desde la música y desde el escenario.

Recordó cómo había estrenado Levels en vivo, sin anuncio previo, frente a miles de personas.

Cómo había repetido la jugada en Tomorrowland con Tsunami, Rise y Ten Feet Tall.

Cada vez que hacía algo así, el público no solo reaccionaba: se apropiaba del momento.

Ese comportamiento dijo el analista hacía muy difícil predecir cómo reaccionaría el mercado ante un álbum completo.

Podría convertirse en un fenómeno inmediato… o podría ser percibido como demasiado pronto.

Otro analista añadió que también había que considerar el formato físico.

CDs, vinilos, distribución.

No se trataba solo de streams.

Un álbum implicaba logística, narrativa, cohesión.

Implicaba decidir si Marshmello quería presentarse como un proyecto conceptual o seguir siendo una fuerza imprevisible que soltaba música cuando quería.

Neytan escuchaba todo sin interrumpir.

No tomaba notas.

No asentía constantemente.

Simplemente procesaba.

No quiero que un álbum salga solo porque “toca” dijo finalmente.

Si hago uno, quiero que tenga sentido.

Que no sea solo un compilado de éxitos.

Y ahora mismo… no estoy ahí.

Adrian observó a Neytan con atención.

Lo conocía lo suficiente para entender que esa respuesta no era un “no”, sino un “todavía no”.

Entonces dijo seguimos así.

Singles, videos, presentaciones.

Consolidamos 2011.

Y dejamos que 2012 se construya solo.

El vicepresidente asintió.

Es lo más inteligente dijo.

No forzar nada.

No quemar la marca.

La reunión empezó a cerrarse de forma natural.

Las tensiones se habían disipado.

Lo que quedaba era una sensación clara: Marshmello ya no era una apuesta.

Era una realidad que todos estaban aprendiendo a manejar.

Cuando Neytan se levantó de la silla, no lo hizo con prisa.

Se despidió con un simple gesto de cabeza y salió de la sala sin mirar atrás.

No necesitaba hacerlo.

Sabía que lo que acababa de decidir o de no decidir era lo correcto.

Horas después, ya lejos de la sala de juntas, caminaba solo, con auriculares puestos, sin música sonando.

Pensaba en todo lo que había ocurrido en apenas unos meses.

En cómo había pasado de subir tracks a internet a llenar escenarios.

En cómo la industria ahora le preguntaba qué quería hacer, en lugar de decirle qué debía hacer.

Mientras caminaba por las calles de Nueva York, Neytan mantenía las manos en los bolsillos de la chaqueta, avanzando sin un rumbo fijo.

No estaba perdido, pero tampoco tenía un destino concreto.

Solo necesitaba caminar.

Sentir el ruido de la ciudad, el murmullo constante de voces desconocidas, el sonido lejano de los taxis, los pasos acelerados de personas que iban tarde a algún lugar importante.

Nueva York tenía ese efecto: te hacía sentir pequeño, anónimo, normal.

Y eso, en ese momento, era exactamente lo que necesitaba.

Había venido solo a la reunión.

No se lo había dicho a sus padres, ni a su tío Andrés.

Tampoco a Matías.

No porque quisiera ocultarlo, sino porque no necesitaba ayuda.

Ya no.

Ellos seguramente lo intuían; sabían que últimamente tenía reuniones constantes, llamadas, decisiones.

No hacía falta explicarles cada paso.

Neytan agradecía profundamente que lo entendieran sin palabras.

Mientras caminaba, su mente empezó a repasar las fechas que se avecinaban, no como un calendario frío, sino como una carga real que comenzaba a sentirse en el cuerpo incluso antes de vivirla.

Agosto.

Solo pensar en ese mes le provocaba una mezcla de emoción y agotamiento anticipado.

Primero, Alemania.

Nature One — uno de los festivales más intensos de Europa.

Del 4 al 7 de agosto de 2011.

Cuatro días.

Miles y miles de personas.

Un público exigente, entregado, que no perdona errores.

Techno, electro, progressive… Europa no escuchaba EDM como en Estados Unidos: lo vivía con otra profundidad.

Neytan sabía que allí no bastaba con hits; había que sostener energía, conexión, narrativa.

Imaginaba el viaje, el avión, el jet lag, los ensayos, las pruebas de sonido, los camerinos improvisados.

Y aun así, sentía ese cosquilleo en el estómago que solo aparecía cuando sabía que algo importante estaba por venir.

Después, Francia.

El NRJ Music Tour, extendido entre junio y agosto, con fechas repartidas en varias ciudades.

No era un solo show, no era un solo público.

Era exposición constante.

Televisión, radio, fans nuevos que quizá no lo habían visto nunca en vivo.

Pensaba en cómo cada presentación era una primera impresión para alguien.

Cómo cada show podía convertir a un curioso en un fan… o perderlo para siempre.

Luego, Países Bajos.

Mysteryland, el 27 y 28 de agosto de 2011.

Solo pronunciar ese nombre mentalmente le provocaba respeto.

Uno de los festivales más antiguos, más influyentes.

Allí no iba como una promesa: iba como alguien que ya había hecho ruido.

La gente sabría quién era Marshmello.

Esperarían algo.

Y eso, más que presión, era responsabilidad.

Y entre todo eso, Suiza.

Street Parade — Zúrich, el 13 de agosto de 2011.

Un evento distinto.

No un festival encerrado, sino una ciudad entera convertida en escenario.

Música electrónica recorriendo las calles, flotando entre edificios, mezclándose con el paisaje urbano.

Pensar que su música sonaría allí, entre miles de personas bailando al aire libre, le parecía casi irreal.

Neytan exhaló lentamente mientras cruzaba una avenida.

Todo eso… en un solo mes.

Viajes.

Hoteles.

Aeropuertos.

Escenarios.

Ensayos.

Pruebas de sonido.

Cambios de horario.

Cansancio físico.

Cansancio mental.

Y aun así, no había nadie más a quien quisiera ser en ese momento.

Sabía que agosto sería agotador.

No solo por las fechas, sino por lo que representaban.

Ya no era el productor desconocido que subía canciones esperando que alguien las escuchara.

Ahora el mundo lo conocía.

Ahora había expectativas.

Ahora cada presentación era analizada, grabada, compartida, comentada.

Mientras caminaba, pensó en lo fácil que sería mirar el celular.

Solo un gesto.

Solo desbloquear la pantalla.

Ver números.

Reproducciones.

Descargas.

Comentarios.

Rankings.

Podría saber exactamente cómo iba Levels, cuánto había crecido desde el lanzamiento del 29 de junio de 2011.

Podría confirmar lo que todos le decían.

Pero no lo hizo.

No quería.

No todavía.

Había decidido conscientemente no mirar los números.

No dejar que definieran su estado de ánimo.

No permitir que una cifra inflara su ego o lo hiciera dudar de sí mismo.

Los miraría más adelante, cuando terminara la temporada de festivales, cuando todo se calmara un poco.

Ahora no.

Ahora solo quería ser una persona normal caminando por Nueva York.

Entró a una cafetería sin pensarlo demasiado.

El aroma a café recién hecho lo envolvió de inmediato.

Se sentó cerca de la ventana, pidió algo simple y observó a la gente pasar.

Nadie lo reconocía.

Nadie lo señalaba.

Nadie gritaba su nombre.

Y eso le dio una paz extraña.

Pensó en cómo, hace no tanto, soñaba con que alguien, al menos alguien, escuchara su música.

Ahora sonaba en tiendas, en cafeterías, en festivales gigantes.

Sonaba en lugares donde él mismo estaba sentado, fingiendo no escucharla, fingiendo que no era suya.

Recordó las palabras que se había dicho a sí mismo mientras caminaba antes: No puedo cometer errores ahora.

Todo cuenta.

Pero también se recordó algo igual de importante: No quería perderse a sí mismo en el proceso.

No quería convertirse solo en un nombre, en un proyecto, en un calendario lleno de fechas.

Quería seguir siendo Neytan, el chico que podía caminar solo por la ciudad, aburrirse en reuniones, ignorar estadísticas y pensar en melodías mientras observaba el mundo pasar.

Neytan permanecía sentado junto a la ventana, con la taza de café aún humeante entre sus manos.

No tenía prisa.

De hecho, por primera vez en varios días, sentía que el tiempo se movía a un ritmo distinto, más lento, más humano.

Afuera, Nueva York seguía siendo Nueva York: personas cruzando la calle con expresión cansada, otras riendo sin motivo aparente, algunas hablando por teléfono con voz tensa, otras caminando solas, absortas en sus pensamientos.

El cristal de la ventana reflejaba vagamente su rostro, superpuesto con la imagen de la ciudad.

No llevaba casco, no llevaba audífonos, no había escenario ni luces.

Solo él, sentado como cualquier otra persona.

A su alrededor, las conversaciones se entremezclaban como capas de sonido.

Llegué tarde otra vez… mi jefe ya me tiene en la mira decía un hombre de traje, removiendo su café con nerviosismo.

Yo estoy pensando en cambiar de trabajo, ya no aguanto más respondía otro, suspirando.

Neytan escuchaba sin querer escuchar.

Historias normales.

Problemas cotidianos.

Vidas que no giraban alrededor de fechas de lanzamiento, festivales o cifras de reproducciones.

Y por un instante, se permitió envidiar esa simplicidad.

En otra mesa, dos chicas hablaban emocionadas.

¿Viste el tráiler de la nueva película que se estrena este verano?

Sí, dicen que va a romper taquilla… y la actriz principal está en todos lados ahora.

Más allá, un grupo de jóvenes discutía sobre música.

Últimamente el EDM está explotando fuerte comentó uno.

Antes era más underground, ahora está en todos lados.

Sí, pero hay DJs que se sienten más reales que otros respondió otro.

No todos conectan igual en vivo.

Neytan dio un sorbo lento al café, manteniendo la mirada perdida en la calle, como si nada de eso tuviera que ver con él.

Entonces escuchó su nombre.

¿Has visto a Marshmello?

dijo alguien, con tono casual.

El sonido no lo sobresaltó, pero sí le tensó ligeramente los hombros.

Es una locura cómo creció en tan poco tiempo respondió otra voz.

De la nada pasó a tocar en EDC Las Vegas.

Dicen que su set ahí fue brutal agregó un tercero.

Más de catorce mil personas… eso no es poca cosa.

Neytan bajó la mirada a la taza.

El vapor seguía subiendo lentamente, como si el café tampoco tuviera prisa.

Y lo de Tomorrowland… continuó la conversación.

No cualquiera llega ahí tan rápido.

Vi clips del set —dijo alguien más.

La energía del público era otra cosa.

Nadie lo miraba.

Nadie sospechaba.

Hablaban de Marshmello como si fuera una figura lejana, casi abstracta.

Un nombre, una máscara, un fenómeno.

Lo que me gusta es que no parece forzado opinó una chica.

No se siente como algo fabricado.

Esa frase se le quedó clavada.

Fabricado.

Neytan pensó en todas las reuniones, los calendarios, las discusiones con disqueras, los cambios de fechas, los números que aún se negaba a ver.

Pensó en cómo, desde afuera, todo parecía natural, espontáneo, casi mágico.

Nadie veía el cansancio.

Nadie veía las dudas.

Nadie veía las noches sin dormir.

EDC Las Vegas fue una locura este año continuó alguien.

Pero Tomorrowland es otro nivel.

Europa vive el EDM distinto respondieron.

Más intenso, más emocional.

Neytan cerró los ojos un segundo.

Tomorrowland.

Freedom Stage.

20:30 – 21:30.

La imagen del escenario volvió a su mente sin pedir permiso.

Las luces, el sonido, el rugido del público.

Pero ahora, sentado ahí, con una taza de café entre las manos, todo parecía distante.

Como si perteneciera a otra vida.

A su alrededor, la gente seguía hablando de sus trabajos, de sus planes para el fin de semana, de problemas pequeños pero reales.

Nadie hablaba de cifras.

Nadie hablaba de expectativas globales.

Nadie hablaba de ser observado por millones.

Y en ese momento, Neytan entendió algo con una claridad incómoda: Eso era lo que estaba sacrificando.

No se arrepentía.

No cambiaría el camino.

Pero entendía el precio.

Tomó un sorbo más de su café, lento, casi mecánico, como si el gesto en sí le ayudara a anclarse al momento.

El líquido ya no estaba tan caliente, pero seguía teniendo ese amargor familiar que lo mantenía despierto sin exigirle nada más.

Dejó la taza unos segundos sobre el plato y volvió a mirar alrededor, permitiéndose seguir ahí, sin prisa, sin obligación.

A su derecha, dos hombres de mediana edad hablaban en voz baja, aunque lo suficientemente cerca como para que las palabras se filtraran sin esfuerzo.

Al final tuve que quedarme hasta tarde otra vez decía uno, con las ojeras marcadas.

Ese trabajo extra no estaba en el plan, pero si no lo hacía yo, nadie más lo iba a hacer.

Te entiendo respondió el otro.

A mí me pasó lo mismo ayer.

El sistema falló justo cuando pensábamos cerrar todo.

Perdimos casi una hora.

Neytan escuchaba sin mirar directamente.

No era curiosidad, era simplemente estar presente.

Y ahora dicen que en agosto puede que haya recortes continuó el primero.

Estoy tratando de ahorrar lo que pueda, por si acaso.

Agosto.

La palabra resonó en su cabeza, aunque en un contexto completamente distinto al suyo.

Para ellos, agosto era incertidumbre laboral, gastos, decisiones familiares.

Para él, agosto significaba aeropuertos, escenarios, horarios apretados, noches cortas y multitudes interminables.

En otra mesa, una mujer hablaba por teléfono, visiblemente molesta.

No, no funcionó lo de ayer decía.

La salida que propusiste fue un desastre, tuvimos que improvisar todo.

Hizo una pausa, escuchando al otro lado.

Sí… ya sé.

Lo vemos mañana.

Pero así no podemos seguir.

Neytan bajó la mirada.

Pensó en cuántas veces había escuchado palabras parecidas en salas de juntas, solo que con un vocabulario distinto.

Cambiaban los términos, pero la tensión era la misma.

Levantó la mano cuando vio pasar al camarero.

Otro café, por favor.

La voz le salió tranquila, normal, sin el peso de quien está acostumbrado a que lo reconozcan.

El camarero asintió sin darle una segunda mirada, como si Neytan fuera simplemente otro cliente más que necesitaba cafeína para seguir con su día.

Mientras esperaba, siguió observando.

Una pareja discutía en voz baja sobre qué hacer el próximo mes.

Yo quería viajar en agosto decía ella.

Salir un poco de la ciudad.

No sé si podamos respondió él.

Con todo lo del trabajo… mejor esperar.

Neytan pensó, sin querer, en sus propias fechas.

En cómo su calendario ya no le pertenecía del todo, en cómo los meses se llenaban antes de que él pudiera siquiera procesarlos.

Y aun así, ahí estaba, sentado, escuchando planes simples que se decidían con un “sí” o un “mejor no”.

El nuevo café llegó.

El vapor subía lento, casi hipnótico.

Tomó la taza con ambas manos, sintiendo el calor contra la piel.

Cerró los ojos un instante antes de beber.

Otro sorbo.

A su alrededor, la vida seguía igual.

Risas esporádicas, el sonido de tazas chocando, el murmullo constante de conversaciones que no necesitaban ser recordadas.

Nadie hablaba de festivales.

Nadie hablaba de lanzamientos.

Nadie hablaba de cifras ni expectativas globales.

Y eso era exactamente lo que lo mantenía ahí.

No estaba escapando de nada.

No estaba huyendo.

Simplemente estaba observando, dejando que el mundo siguiera su curso sin él en el centro.

Por unos minutos más, Neytan no fue Marshmello.

Fue solo alguien sentado en una cafetería de Nueva York, con una segunda taza de café, mirando cómo la gente hablaba de sus trabajos, de sus problemas, de agosto… como cualquier persona normal.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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