MARSHMELLO - Capítulo 22
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22: Capitulo 22 22: Capitulo 22 7 de septiembre de 2011 — Ciudad de Nueva York 11:00 a.
m.
El centro comercial Destiny USA ya estaba lleno de movimiento a esa hora.
Familias caminando con bolsas, adolescentes riendo cerca de las escaleras mecánicas, música suave saliendo de las tiendas.
Nada en ese lugar gritaba “festival”, “mainstage” o “Billboard”.
Y justamente por eso, Andrés había elegido ese sitio.
Neytan caminaba a su lado con las manos en los bolsillos de la chaqueta.
No llevaba el casco, ni ropa blanca llamativa.
Solo un chico más entre miles.
Nadie lo miraba dos veces.
Nadie gritaba su nombre.
Y por primera vez en días, eso se sentía… raro, pero también necesario.
¿Sabes que mañana estaré de vuelta haciendo más música?
—dijo Neytan de pronto, rompiendo el silencio mientras miraba un escaparate lleno de zapatillas.
Andrés asintió sin detenerse.
Sí.
Por eso estamos aquí hoy.
Neytan lo miró de reojo.
¿Cómo así?
Andrés se detuvo, se giró hacia él y se agachó un poco para quedar a su altura, aunque Neytan ya no era tan bajo.
Porque llevas semanas pensando como artista, como productor, como alguien que aparece en revistas dijo con calma.
Pero sigues siendo un joven de doce años.
Y hoy… hoy quiero que pienses como eso.
No como alguien que tiene canciones en el top 10 o el top 20 del Hot 100.
Neytan no respondió de inmediato.
Bajó la mirada.
Solo… diviértete continuó Andrés.
Mira tiendas.
Compra algo si quieres.
Piensa en videojuegos, en música por gusto, no por números.
Las giras pueden esperar unas horas.
Neytan respiró hondo y finalmente asintió.
Está bien… si eso quieres.
Siguieron caminando.
Pasaron por tiendas de ropa, por una de deportes donde Neytan se quedó mirando balones sin tocarlos, por una tienda de música donde reconoció vinilos que solo había visto en fotos.
No dijo mucho, pero se notaba que poco a poco su paso se volvía menos tenso.
Mira esa dijo de repente, señalando una tienda de electrónica.
Entraron.
Pantallas encendidas por todas partes, mesas limpias, gente probando dispositivos.
El logo de Apple brillaba en la entrada.
Neytan caminó directo hacia las mesas de laptops.
No por costumbre de artista, sino por curiosidad genuina.
Pasó la mano por el aluminio frío de una MacBook Pro abierta.
La pantalla mostraba un fondo simple, elegante.
Se quedó mirándola más de lo normal.
¿Te gusta?
preguntó Andrés.
Solo estoy mirando respondió Neytan.
La mía ya está… llena.
A veces se traba.
Andrés frunció ligeramente el ceño.
Lo vi dijo.
Varias veces.
Especialmente fuera del escenario.
En el escenario aguanta porque solo corres lo necesario… pero fuera de ahí no puedes hacer mucho.
Neytan asintió en silencio.
Entonces continuó Andrés, con un tono decidido, te compro una.
Neytan levantó la cabeza de golpe.
¿Qué?
No, no es necesario Sí lo es lo interrumpió Andrés con una sonrisa tranquila.
No es un capricho.
Es una herramienta.
Y además… es algo que te va a servir también cuando no estés de gira.
Antes de que Neytan pudiera responder, un empleado se acercó con amabilidad profesional.
Buenos días, ¿en qué puedo ayudarles?
Andrés señaló la laptop.
Queremos esa MacBook Pro.
La configuración más alta disponible.
El empleado asintió y empezó a explicar opciones, almacenamiento, memoria.
Neytan escuchaba, pero más que los números, lo que le llamaba la atención era otra cosa: nadie allí sabía quién era.
Para el empleado, era solo un chico curioso y su tío comprando una computadora.
Y eso… se sentía bien.
Mientras el trabajador preparaba la compra, Andrés apoyó una mano en el hombro de Neytan.
Disfruta estos momentos le dijo en voz baja.
No siempre vas a poder caminar así, sin que nadie te reconozca.
Neytan miró alrededor: gente riendo, niños corriendo, bolsas, ruido cotidiano.
Lo sé respondió.
Por eso… gracias.
Salieron de la tienda con la bolsa blanca en la mano.
Neytan la sostuvo él mismo, como si fuera algo frágil, importante.
Siguieron caminando por el centro comercial, ya sin prisa.
Papá y mamá irán a recoger a Matías y Elena hoy, ¿no?
preguntó Neytan.
Sí respondió Andrés.
Hoy les toca a ellos.
Salieron de la tienda Apple con la bolsa blanca balanceándose suavemente en la mano de Neytan.
El logo brillante destacaba contra el movimiento constante del centro comercial.
Él la miró un segundo más de lo necesario, como asegurándose de que era real, de que no era otro de esos momentos que parecían sueños rápidos entre vuelos y escenarios.
Guárdala bien dijo Andrés.
Esa cosa va a viajar más que nosotros.
Neytan sonrió apenas.
Sí… lo sé.
Siguieron caminando por el pasillo principal del Destiny USA.
El techo alto dejaba entrar luz natural que se reflejaba en el suelo pulido.
A cada lado, vitrinas llenas de ropa, maniquíes perfectamente vestidos, anuncios de temporada.
Otoño comenzaba a asomarse, aunque el verano aún no se iba del todo.
¿Quieres ver ropa?
preguntó Andrés, sin presión.
Neytan dudó un momento.
Supongo… sí.
Entraron a una tienda amplia, con música suave de fondo y camisetas dobladas en mesas largas.
Nada extravagante.
Nada llamativo.
Justo lo contrario de lo que Neytan usaba cuando estaba en el escenario.
Caminó entre los pasillos tocando las telas con la punta de los dedos.
Algodón, mezclilla, sudaderas ligeras.
Se detuvo frente a una fila de poleras simples: colores sólidos, sin logos grandes.
Estas están bien dijo.
Andrés lo observaba desde atrás, sin decir nada.
Solo mirando cómo su sobrino elegía con calma, sin pensar en cámaras ni en público.
Neytan tomó una polera gris, luego una negra.
Las sostuvo frente a él.
Son normales comentó.
Me gustan.
Eso es bueno respondió Andrés.
A veces lo normal es lo que más se extraña.
Siguieron avanzando.
Neytan se detuvo frente a unas chaquetas ligeras.
Probó una azul oscuro.
Se miró al espejo.
No vio a Marshmello.
No vio al DJ del mainstage.
Vio a un chico.
¿Qué tal?
preguntó Andrés.
Cómoda respondió.
No pesa.
Entonces esa va.
Neytan dejó la bolsa de Apple en el suelo con cuidado y siguió mirandoza.
Miró jeans, eligió dos pares sin pensar demasiado.
No necesitaba nada llamativo.
Necesitaba cosas que pudiera usar en un avión, en un hotel, en una tarde normal.
Mientras Andrés hablaba con una vendedora, Neytan se quedó mirando su reflejo otra vez.
Pensó en lo extraño que era todo.
Hace unos días, decenas de miles de personas gritaban su nombre.
Hoy, nadie sabía quién era.
Salieron de la tienda con más bolsas.
Andrés las cargó sin quejarse.
¿Te cansas?
preguntó.
No respondió Neytan.
Está bien caminar.
Pasaron por una tienda de zapatillas.
Neytan se detuvo, casi sin darse cuenta.
¿Quieres entrar?
preguntó Andrés.
Solo mirar.
Entraron.
Zapatillas alineadas en las paredes, luces enfocadas, olor a nuevo.
Neytan caminó despacio hasta un par blanco, sencillo.
Estas dijo.
Para viajar.
Andrés asintió.
Buena elección.
Mientras esperaban en la caja, Andrés habló con naturalidad: ¿Sabes?
Cuando yo tenía tu edad, lo más lejos que había ido era a la ciudad vecina.
Neytan lo miró, curioso.
¿En serio?
En serio.
Y tú… mañana cruzas medio mundo.
Neytan bajó la mirada.
A veces se siente raro admitió.
Como si todo fuera muy rápido.
Andrés apoyó una mano en su hombro.
Por eso días como hoy importan.
Salieron de la tienda y se sentaron un momento en una banca.
Neytan dejó las bolsas a su lado.
Miró a la gente pasar: risas, conversaciones, vidas normales.
Tío dijo de pronto.
¿Crees que algún día… todo esto se sienta normal?
Andrés pensó unos segundos.
No respondió con honestidad—.
Pero sí creo que aprenderás a encontrar normalidad dentro del caos.
Neytan asintió, aceptando esa respuesta.
Se levantaron y siguieron caminando, sin rumbo fijo.
Entraron a una tienda de videojuegos.
Neytan se animó más ahí.
Miró carátulas, habló de juegos que le gustaban, por primera vez en el día sonrió de verdad.
Ese lo quiero dijo señalando uno.
Entonces ese va respondió Andrés sin dudar.
Al salir, Neytan parecía más ligero.
Como si algo dentro de él se hubiera aflojado.
El tiempo pasó sin que lo notaran.
El reloj marcaba ya cerca del mediodía.
Vamos a comer algo propuso Andrés.
Antes de que te arrepientas de haber salido.
Neytan rió suavemente.
Está bien.
Caminaron hacia la zona de comida.
El ruido aumentó, los olores se mezclaron.
Neytan eligió algo simple.
Se sentaron.
Mientras comían, Neytan miró la bolsa de Apple una vez más.
El murmullo del patio de comidas envolvía todo con una mezcla constante de voces, pasos y bandejas deslizándose sobre mesas de plástico.
Neytan terminó de beber un poco de agua y dejó el vaso a un lado.
Frente a él, su tío Andrés lo observaba con esa atención tranquila que no presionaba, pero tampoco ignoraba.
Andrés fue el primero en romper el silencio.
Y dime preguntó con naturalidad, ¿qué piensas hacer en Amsterdam después del show?
Neytan levantó la vista.
No respondió de inmediato.
Parecía una pregunta simple, pero no lo era.
En su cabeza, los días solían dividirse en bloques muy claros: viaje, prueba de sonido, set, hotel, vuelo.
Rara vez había espacio para algo más.
No lo he pensado mucho admitió al fin.
Quizá conocer el lugar durante unos días… luego volar al siguiente show.
Andrés asintió despacio, como si esa respuesta confirmara algo que ya intuía.
Eso suena bien dijo.
Pero no solo “conocer”.
Sería bueno hacer un recorrido de verdad.
Ver el lugar, caminarlo, entenderlo un poco.
Neytan apoyó los codos en la mesa, entrelazando los dedos.
Sí… además quiero conocer los lugares a donde voy añadió.
No solo escenarios y aeropuertos.
Andrés sonrió levemente.
Eso mismo estaba pensando.
Por un momento, ninguno habló.
El ruido alrededor seguía, pero la conversación había creado una burbuja pequeña, casi íntima.
Neytan miró hacia una familia sentada a unas mesas de distancia.
Un niño más pequeño que él reía mientras derramaba un poco de bebida, y sus padres solo se reían también.
Tío dijo de pronto, ¿Amsterdam es muy diferente?
Andrés apoyó la espalda en la silla.
Sí Respondió sin dudar ya lo sentiste hace días.
Es muy diferente.
Pero no en el mal sentido.
Tiene un ritmo distinto.
El aire se siente diferente.
La gente también.
¿Cómo diferente?
Menos apuro explicó.
Más espacio.
Más cielo.
Es un lugar que te obliga a mirar alrededor.
Neytan procesó eso en silencio.
Mirar alrededor.
Era algo que había olvidado hacer muchas veces.
Me gustaría ver su cultura dijo de pronto.
Lo veremos respondió Andrés.
Después del show, si quieres, podemos ir a un museo.
No con prisa.
Sin horarios.
Neytan levantó la mirada, sorprendido.
¿De verdad?
De verdad.
El calendario está lleno, sí, pero no tiene por qué tragarte por completo.
Neytan bajó la vista otra vez.
Pensó en Electric Zoo, en la multitud, en las luces.
Pensó en cómo todo se sentía gigantesco cuando estaba en el escenario… y pequeño cuando se bajaba de él.
A veces siento que solo existo ahí arriba confesó.
En el escenario.
Andrés no respondió enseguida.
Esperó.
Pero no quiero que sea lo único continuó Neytan.
No quiero recordar los lugares solo por el nombre del festival.
Andrés se inclinó un poco hacia adelante.
Y no lo será dijo con firmeza.
Mientras yo esté contigo, no lo permitiré.
Neytan levantó la vista.
No sonrió, pero algo en su expresión se relajó.
Gracias.
Pagaron la comida y se levantaron.
Siguieron caminando por el centro comercial, ya con menos prisa.
Entraron a una tienda pequeña de recuerdos, aunque no compraron nada.
Luego a una librería.
Neytan tomó un libro al azar, lo hojeó.
¿Lees?
preguntó Andrés.
A veces respondió.
Cuando no puedo dormir.
Amsterdam tiene buenas librerías, comentó.
Quizá encontremos alguna interesante.
Neytan asintió.
Mientras caminaban, la conversación volvió de forma natural a Australia.
Andrés habló de Sydney, de Melbourne, de los parques, de los mercados.
Neytan escuchaba con atención, imaginando cada lugar sin imágenes exactas, solo sensaciones.
¿Habrá tiempo para eso?
preguntó en algún momento.
Con todo lo que viene después.
Siempre hay tiempo respondió Andrés.
Lo que falta, a veces, es decisión.
Neytan se quedó pensando en esa palabra.
Decisión.
No era algo que se asociara mucho con su vida últimamente.
Todo estaba decidido por horarios, contratos, vuelos.
Pero la idea de decidir algo tan simple como caminar por una ciudad nueva… se sentía extrañamente poderosa.
Entonces dijo, después del show… no volamos enseguida.
No confirmó Andrés.
Nos quedamos unos días.
Caminamos.
Comemos algo local.
Ves cosas que no salen en fotos.
Neytan dejó escapar una pequeña risa.
Suena bien.
Lo es.
Salieron del centro comercial un rato después.
El aire exterior se sentía distinto tras tantas horas bajo techo.
Neytan respiró profundo sin darse cuenta.
Australia murmuró.
Australia repitió Andrés.
El aire de la tarde en Nueva York era más fresco de lo que parecía desde el interior del centro comercial.
Las puertas automáticas se cerraron detrás de ellos con un suave silbido, y por un momento solo se escuchó el ruido lejano del tráfico y las voces dispersas de otras personas saliendo y entrando.
Caminaron por el estacionamiento amplio, con filas interminables de autos reflejando la luz del sol en sus parabrisas.
Neytan llevaba las manos en los bolsillos, caminando con calma, sin prisa, como si el tiempo por una vez no estuviera marcándole el ritmo.
¿Y ahora a dónde vamos?
preguntó.
Aún hay tiempo.
Andrés sacó las llaves del auto y las hizo girar distraídamente entre los dedos.
Vamos… empezó a decir, pero se detuvo cuando su celular vibró.
Sacó el teléfono del bolsillo y miró la pantalla.
El nombre que apareció lo hizo sonreír apenas.
Michael.
El padre de Neytan.
Abrió el mensaje y leyó en silencio durante unos segundos.
Luego levantó la vista hacia su sobrino.
Tu papá dijo.
Quiere que vayamos a almorzar.
Neytan alzó un poco las cejas.
¿Ahora?
Sí.
Dice que están esperándonos en The Hudson Table —mencionó el nombre del restaurante.
Quiere comer juntos antes de que todo vuelva a ponerse caótico.
Neytan no dudó.
Simplemente asintió.
Bien, vamos.
Andrés desbloqueó el auto, un sedán negro de líneas sobrias.
Subieron, cerraron las puertas y el ruido exterior quedó amortiguado de inmediato.
Andrés encendió el motor, y el sonido suave del arranque llenó el habitáculo.
Antes de poner el auto en marcha, la radio se encendió automáticamente.
Una voz animada salió por los parlantes.
“…y seguimos en NYC Pulse FM, son las 2 en punto de la tarde, y si aún no te has enterado de lo que pasó este fin de semana en Electric Zoo… bueno, ¿en qué planeta estabas?” Andrés lanzó una mirada rápida a Neytan, divertido.
Neytan se acomodó en el asiento, mirando por la ventana, como si no fuera con él.
“Porque lo que ocurrió el sábado por la noche fue, sin exagerar, uno de los momentos más comentados del año en la escena electrónica.” La conductora continuó: “Hablemos de Marshmello.” El nombre flotó en el aire del auto, claro, limpio, inevitable.
“Este artista misterioso que parece haber salido de la nada… y que ahora está absolutamente en todas partes.” Neytan cerró los ojos un segundo, no con molestia, sino con una extraña mezcla de incredulidad y distancia.
“Festivales llenos en Estados Unidos, Europa rendida a sus pies, canciones escalando posiciones como si no conocieran el significado de la palabra ‘lento’…” El co-conductor intervino: Y lo más loco de todo es que no sabemos nada de él.” “Nada,” confirmó ella.
“No sabemos su edad, no sabemos cómo se ve, no sabemos su verdadero nombre.
No da entrevistas.
No aparece en televisión.
No hay ruedas de prensa.” Andrés encendió la direccional y sacó el auto del estacionamiento con suavidad.
“Y aun así…” continuó la voz en la radio “su fama sigue creciendo.
Estados Unidos, Europa, ahora Australia.
Es como si el silencio fuera parte de su estrategia.” “O parte de su identidad,” añadió el otro.
Neytan escuchaba sin moverse.
Sus dedos se apretaron un poco sobre la tela del asiento.
“Este fin de semana, en Electric Zoo sábado 3 de septiembre, cerca de las nueve de la noche ocurrió algo que nadie esperaba.” La música de fondo cambió levemente, marcando un tono más épico.
“En medio de su set, Marshmello invitó a David Guetta al escenario.” “Sí, así como lo escuchan.” “Un momento completamente inesperado.” “Los dos juntos, sin previo aviso, sin anuncio oficial.” “Y lo que siguió fue un show impecable.” Andrés sonrió, sin decir nada.
“La química fue evidente,” continuó la locutora “no parecía una aparición planeada al detalle, sino dos artistas disfrutando el momento.” “El público enloqueció.” “Y las redes explotaron.” “Videos por todos lados.” “Miles de personas tratando de entender quién es Marshmello… y no logrando nada.” La radio hizo una breve pausa comercial, pero volvió enseguida al mismo tema.
“Y ahora la pregunta es,” dijo el conductor “¿hasta cuándo puede alguien mantenerse en el anonimato con este nivel de fama?” “No lo sabemos,” respondió ella.
“Pero algo está claro: Marshmello no necesita mostrar su rostro para llenar escenarios.” El auto avanzaba por las calles de Nueva York, el tráfico fluía sin demasiados problemas.
Neytan miraba los edificios pasar, reflejados en el vidrio.
“Es un fenómeno,” añadió la radio “y lo estamos viendo en tiempo real.” Andrés bajó un poco el volumen.
¿Te molesta?
preguntó.
Neytan negó con la cabeza.
No dijo.
Es raro… pero no molesta.
Es parte de todo esto —comentó Andrés—.
Neytan asintió, pero no dijo nada más.
Pensó en lo que decían: no saber su edad, no saber su rostro.
Pensó en lo extraño que era escuchar a adultos debatir sobre alguien que, en realidad, todavía era un niño que iba a empezar clases en unos días.
El auto siguió avanzando.
La radio, aún audible, cerró el segmento: “Sea quien sea Marshmello… algo nos dice que esto recién comienza.” La señal de la radio se estabilizó después de un leve crujido, y la voz del locutor principal volvió con más fuerza, más segura, como si supiera que lo que estaba a punto de decir mantenía a miles de personas escuchando en ese mismo instante.
Y no es exageración cuando decimos que Marshmello está en todas partes dijo.
Absolutamente en todas partes.
Se escuchó una breve pausa, el sonido de papeles moviéndose en la cabina.
Prendes la radio por la mañana, ahí está.
Sales a la calle, entras a una tienda, ahí está.
Vas a un festival, un club, una fiesta universitaria, una playa en Europa o un parque en Estados Unidos… y ahí está otra vez.
La co-locutora intervino, con una risa suave, casi incrédula.
Es como si su música se hubiera filtrado en el aire.
No importa dónde estés, tarde o temprano terminas escuchando uno de sus temas.
Y lo más interesante, continuó él es que esto no viene acompañado de entrevistas, de escándalos, de apariciones en televisión o de historias personales.
Nada confirmó ella.
No hay rostro.
No hay biografía oficial.
No hay edad confirmada.
Ni siquiera una voz hablando directamente al público.
Solo música.
La música de fondo bajó un poco, dejando espacio al peso de las palabras.
Estamos acostumbrados a que los artistas construyan su imagen dijo el locutor.
Su historia.
Su narrativa.
Su personaje público.
Marshmello hizo lo contrario.
Borró todo eso.
Y aun así… añadió ella la respuesta ha sido masiva.
El otro locutor respiró hondo antes de continuar.
Hablemos de números.
Porque esto ya no es solo percepción.
Es un fenómeno medible.
Se escuchó el tecleo lejano de una computadora.
Reproducciones que suben a una velocidad absurda.
Canciones que entran directo en listas importantes.
Festivales que lo ponen en horarios estelares sin necesidad de justificar nada.
Europa lo adopta.
Estados Unidos lo convierte en tema de conversación.
Y ahora Amsterdam lo espera.
La co-locutora tomó la palabra, con un tono más reflexivo.
Hay algo casi irónico en todo esto.
En una época donde se comparte absolutamente todo… alguien decide no compartir nada.
Y eso genera más interés que cualquier entrevista.
Más misterio que cualquier campaña publicitaria.
Más conversación que cualquier escándalo.
El locutor asintió, aunque nadie pudiera verlo.
Es como si Marshmello hubiera entendido algo muy básico: que a veces el silencio habla más fuerte.
La música subió apenas unos segundos y volvió a bajar.
Y luego está lo del sábado continuó.
Electric Zoo.
Nueva York.
Nueve de la noche.
Un set que ya era sólido.
Una energía que ya estaba arriba.
Y de pronto… David Guetta sube al escenario.
La co-locutora soltó una pequeña exclamación.
Nadie lo vio venir.
No hubo anuncio.
No hubo teaser.
No hubo filtraciones.
Simplemente pasó.
Y cuando dos mundos así se cruzan… el impacto es inmediato.
El locutor retomó.
Las imágenes ya están dando la vuelta al mundo.
Gente gritando.
Luces explotando.
Un público que entiende, en tiempo real, que está presenciando algo especial.
Y todo esto sin que Marshmello diga una sola palabra.
Sin quitarse la máscara.
Sin explicar nada.
La co-locutora reflexionó en voz alta.
Es curioso cómo la gente proyecta cosas en él.
Algunos creen que es joven.
Otros creen que es alguien con mucha experiencia escondiéndose.
Hay teorías por todos lados.
Pero ninguna confirmada.
Y quizás ahí está la magia.
El locutor principal bajó un poco la voz, como si hablara directamente al oyente.
Porque al final, lo único que queda claro… es que la música funciona.
Que conecta.
Que emociona.
Que levanta a miles de personas al mismo tiempo.
Que une a públicos distintos.
Que no necesita explicación.
Se escuchó un leve sonido de fondo, como si alguien en la cabina asentara con la cabeza.
Marshmello no es solo un artista —dijo ella—.
Es una idea.
Es un concepto.
Es una presencia.
Y hoy, esa presencia está creciendo más rápido de lo que cualquiera hubiera imaginado.
El locutor cerró el segmento con firmeza.
No sabemos quién es.
No sabemos cuántos años tiene.
No sabemos cuándo decidirá hablar.
Pero sí sabemos algo.
La música subió lentamente.
Que estamos presenciando el nacimiento de uno de los fenómenos más grandes de esta generación.
Y que, nos guste o no… Marshmello ya es parte de la historia de la música electrónica.
La música de fondo bajó de nuevo, esta vez dejando un beat suave, casi hipnótico, mientras el locutor principal retomaba la conversación con un tono más curioso, más especulativo.
Ahora la gran pregunta es… ¿qué estará haciendo Marshmello en este momento?
La co-locutora soltó una pequeña risa.
Eso mismo me pregunto yo.
Porque no lo vemos en eventos públicos, no hay fotos, no hay historias filtradas.
Exacto respondió él.
No está en alfombras rojas, no está en fiestas privadas de celebridades, no está en entrevistas hablando de su “proceso creativo”.
Y aun así añadió ella cada vez que aparece algo nuevo… es un golpe directo.
El locutor se acomodó en su silla.
Yo me lo imagino encerrado en un estudio.
Totalmente dijo ella.
Probando sonidos, rompiendo estructuras, descartando cosas sin miedo.
Como alguien que no tiene presión externa.
O que simplemente no le importa cumplir expectativas.
Hubo un breve silencio, cargado de ideas.
Porque seamos honestos continuó él, después de lo que ya ha sacado, cualquiera pensaría que el próximo paso sería repetir la fórmula.
Pero no parece ese tipo de artista.
No confirmó ella.
Cada tema suyo tiene algo distinto.
Algunos más melódicos.
Otros más explosivos.
Otros que funcionan igual en un festival gigante que con audífonos a solas.
El locutor asintió.
Entonces, ¿cuál será el próximo hit?
Esa es la gran incógnita.
¿Algo más emocional?
¿Algo aún más agresivo para festivales?
¿O una colaboración inesperada?
Ella se inclinó hacia el micrófono.
Porque ojo con esto: ya hay rumores.
No confirmados, claro.
Pero rumores fuertes.
El locutor levantó el tono, intrigado.
¿De qué tipo?
De artistas que quieren trabajar con él.
Grandes nombres.
No solo del EDM.
También del pop.
Incluso del hip-hop.
Él soltó una breve exclamación.
Eso cambiaría todo.
Imagínate continuó ella a una estrella pop mundial cantando sobre un drop de Marshmello.
O un rapero grande montándose sobre una base suya.
O alguien completamente inesperado.
Alguien que nadie asociaría con la música electrónica.
El locutor reflexionó.
Y lo más curioso es que Marshmello no necesita buscarlos.
Son ellos los que probablemente están tocando la puerta.
Porque trabajar con él ahora mismo significa estar en el centro de algo grande.
De algo que está creciendo.
Ella añadió, con una sonrisa en la voz: Es el tipo de fenómeno donde todos quieren decir “yo estuve ahí”.
“Yo colaboré antes de que explotara aún más”.
“Yo fui parte de ese momento”.
La música subió apenas unos segundos y volvió a bajar.
También está la pregunta del estilo dijo él.
¿Seguirá evolucionando?
¿Se mantendrá fiel a su sonido?
¿O dará un giro completo?
Ella respondió sin dudar.
Yo creo que va a sorprender.
Porque hasta ahora, nada de lo que ha hecho ha sido predecible.
Y eso es justo lo que lo mantiene interesante.
El locutor apoyó los codos en la mesa.
Hay artistas que se vuelven grandes.
Y hay artistas que se vuelven inevitables.
Marshmello se está acercando peligrosamente a lo segundo.
Y eso asusta un poco… añadió ella.
Porque cuando alguien así decide lanzar algo nuevo… el impacto es global.
No es solo una canción.
Es un evento.
El locutor cerró el segmento con tono reflexivo.
Así que mientras nosotros nos preguntamos qué estará haciendo ahora mismo… Mientras especulamos sobre su próximo hit… Mientras imaginamos con quién podría colaborar… La música empezó a subir lentamente.
La realidad es que, cuando decida mostrar su siguiente movimiento… No vamos a estar listos.
Y aun así, lo vamos a escuchar.
Todos.
La señal musical llenó la cabina otra vez, marcando el final del bloque.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com