MARSHMELLO - Capítulo 24
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Capítulo 24: Capitulo 24
La mañana en Ámsterdam avanzaba con calma. El cielo estaba cubierto por nubes claras que dejaban pasar una luz suave, típica del otoño, y el aire tenía ese frío ligero que obligaba a caminar con las manos en los bolsillos. Frente al hotel, las puertas de vidrio se abrieron lentamente y de ellas salió Neytan, vestido de manera simple: una sudadera oscura, jeans cómodos y zapatillas. No llevaba casco, ni auriculares, ni nada que lo hiciera parecer el artista que horas antes había hecho vibrar a miles de personas en el ADE. En ese momento, era solo un chico más caminando por la ciudad.
A su lado iba su tío Andrés, con paso relajado, observando el entorno como alguien que ya conocía bien el ritmo europeo. Ambos comenzaron a caminar por las calles adoquinadas, pasando junto a bicicletas estacionadas, canales tranquilos y locales que recién abrían sus puertas. El bullicio nocturno ya había desaparecido; ahora dominaban los sonidos suaves de la ciudad despertando.
Neytan rompió el silencio después de unos minutos.
Necesito un café dijo, con voz algo cansada.
Andrés lo miró de reojo, con una pequeña sonrisa.
¿Qué quieres decir con “necesito”? preguntó. ¿Café normal o café “no dormí nada”?
Neytan soltó una leve risa, casi sin energía.
No pude dormir nada en toda la madrugada.
Era de esperarse respondió Andrés. Estuviste emocionado después de tu presentación, ¿no?
Neytan negó suavemente con la cabeza mientras seguían caminando.
No solo eso. Mis papás y mis hermanos me llamaron.
Tu padre Michael, tu madre Sarah, tu hermano mayor Matías y tu hermana menor Elena enumeró a Andrés. Me acuerdo, fue como a la una de la mañana aquí… allá en Nueva York serían como las siete de la tarde.
Sí asintió Neytan. Hablamos como hasta las cinco de la mañana. Allá ya eran casi las once de la noche cuando se fueron a dormir… y yo ya no podía cerrar los ojos.
Andrés soltó una pequeña risa comprensiva.
Eso te pasa por ser buen hijo y buen hermano dijo. Pero bueno, caminemos un poco más. Ya vi una cafetería abierta.
Doblaron una esquina y encontraron un pequeño café local, con mesas de madera clara y un aroma intenso a café recién molido que se escapaba hasta la calle. Entraron, sacudiéndose un poco el frío de encima. El lugar era acogedor, con música suave de fondo y pocas personas: algunos locales leyendo el periódico y turistas desayunando en silencio.
Se acercaron al mostrador.
¿Qué vas a pedir? preguntó Andrés.
Neytan miró el menú un momento.
Un café fuerte… y algo ligero para comer.
Pidieron dos cafés calientes, uno más cargado para Neytan, y una especialidad local sencilla para el desayuno: pan fresco con mantequilla y algo dulce típico de la zona, nada pesado. Se sentaron cerca de la ventana, desde donde se podía ver la calle y la gente pasar lentamente.
Neytan tomó el primer sorbo de café y cerró los ojos un segundo.
Esto sí lo necesitaba dijo.
Te lo ganaste respondió Andrés. Anoche diste todo en el escenario, y hoy te toca algo normal: caminar, desayunar, ver la ciudad.
Neytan asintió, mirando por la ventana.
Me gusta esto. Poder caminar así, sin que nadie sepa quién soy.
Y es importante que lo disfrutes dijo Andrés con calma. No todos los días puedes ser solo Neytan.
El café estaba caliente y el lugar se sentía cómodo, casi aislado del mundo exterior. El ruido de la calle llegaba amortiguado a través del vidrio, mezclándose con el tintinear ocasional de las tazas y el murmullo bajo de otras conversaciones. Neytan tomó otro sorbo, esta vez más despacio, como si quisiera alargar ese momento simple.
Está bueno dijo, mirando la taza. Mucho mejor que el café del hotel.
Siempre respondió Andrés. El café de hotel solo existe para despertarte, no para disfrutarlo.
Neytan sonrió apenas y comenzó a untar mantequilla en el pan.
¿Sabes? comentó. Me gusta cómo huele esta ciudad en la mañana.
A café, pan y lluvia vieja bromeó Andrés. Ámsterdam tiene ese olor especial… no importa la hora.
Neytan dio un pequeño mordisco y masticó con calma.
Cuando caminábamos afuera dijo vi muchas bicicletas… más que autos.
Aquí la bicicleta manda contestó Andrés. Si algún día te quedas más tiempo, tendrás que aprender a moverte así.
No creo que me dejen andar en bicicleta respondió Neytan. Seguro terminaría chocando con alguien.
Andrés soltó una risa corta.
Después de verte manejar consolas y escenarios gigantes, una bicicleta no debería asustarte.
No es lo mismo dijo Neytan. La bicicleta no tiene botón de “undo”.
Ambos rieron suavemente. El ambiente era relajado, sin prisa.
Neytan miró alrededor del local: la madera clara, los cuadros simples en las paredes, una pareja hablando en voz baja en una esquina.
Aquí nadie me mira raro comentó. Eso está bien.
Eso es porque aquí solo ven a un chico desayunando respondió Andrés. Y eso es exactamente lo que eres ahora.
Neytan asintió, girando un poco la taza entre sus manos.
Ojalá todos los días fueran así de tranquilos.
No lo serían, dijo Andrés. Y por eso este momento vale más.
Neytan se quedó pensando un segundo y luego cambió de tema.
¿Qué vamos a hacer después?
Como te dije podemos caminar un poco más respondió Andrés. Tal vez ver algunos canales, alguna tienda pequeña… nada planificado.
Me gusta eso dijo Neytan. Nada planificado.
Dio otro sorbo al café y suspiró, ya menos cansado.
¿Sabes qué es raro? añadió. Hace unas horas estaba frente a miles de personas… y ahora estoy aquí, comiendo pan.
Eso es lo bonito respondió Andrés. Poder pasar de una cosa a otra sin que una te quite la otra.
Neytan miró su desayuno casi terminado.
Creo que voy a pedir otro café dijo. Este sí lo voy a disfrutar.
Adelante respondió Andrés. Hoy no tenemos prisa.
El camarero se acercó y Neytan pidió otro café, esta vez sin mirar el menú. Mientras esperaban, siguieron hablando de cosas pequeñas: el clima, el viaje que venía, qué comida extrañaban de casa, si valía la pena caminar más antes de volver al hotel.
Pagaron en la barra sin apuro. Andrés sacó el dinero mientras Neytan guardaba el celular en el bolsillo de la sudadera oscura. El camarero les deseó buen día con un acento marcado y ambos respondieron con un gesto de cabeza antes de salir.
Apenas cruzaron la puerta, el aire frío de la mañana los golpeó suave. No era un frío fuerte, pero sí suficiente para que Neytan se subiera un poco la capucha, sin taparse del todo la cara.
Hace más frío que en Nueva York comentó Neytan mientras caminaban.
Es normal acá respondió Andrés. Octubre ya se siente como otoño de verdad.
Caminaron por la acera angosta, esquivando bicicletas que pasaban cerca. Neytan miraba al suelo de vez en cuando para no estorbar, todavía no se acostumbraba del todo a compartir la calle con ciclistas.
Aquí nadie avisa cuando pasa dijo.
Te acostumbras rápido contestó Andrés. Solo no te quedes parado en medio.
Siguieron caminando. Las calles tenían edificios antiguos, vitrinas pequeñas, algunas tiendas ya abiertas y otras recién levantando las cortinas metálicas. Neytan miraba todo con curiosidad, sin prisa.
Mira esa tienda dijo señalando una vitrina con ropa. Esa sudadera se parece a la mía.
Pero la tuya no cuesta lo mismo bromeó Andrés.
Seguro no respondió Neytan. Pero está bien… no necesito más ropa por ahora.
Pasaron frente a una tienda de discos. Neytan se detuvo un segundo.
¿Quieres entrar? preguntó Andrés.
No respondió Neytan. Solo quería mirar. Además… no quiero comprar nada hoy.
Mejor dijo Andrés. Así caminamos más.
Siguieron avanzando. Neytan metió las manos en los bolsillos de la sudadera.
¿A qué hora tenemos que volver al hotel? —preguntó.
No hay hora fija respondió Andrés. Mientras no te canses demasiado.
Estoy bien dijo Neytan. Solo un poco desvelado.
Eso se te va a pasar contestó Andrés. Dormirás mejor esta noche.
Eso espero dijo Neytan.
Pasaron cerca de un canal. El agua estaba tranquila y reflejaba los edificios. Neytan se apoyó un segundo en la baranda.
Está bonito comentó.
Sí respondió Andrés. Y tranquilo a esta hora.
Anoche estaba lleno dijo Neytan. Mucha gente.
Normal contestó Andrés. Hoy es viernes.
Caminaron un poco más. Entraron a una calle con más tiendas: souvenirs, librerías, cafeterías pequeñas. Neytan miraba sin tocar nada.
¿Quieres algo? preguntó Andrés.
No respondió Neytan. Estoy bien así.
Está bien dijo Andrés. Solo dime si te cansas.
No te preocupes respondió Neytan.
Pasaron frente a una tienda de tecnología. Neytan miró rápido la vitrina.
No necesito nada más dijo casi para sí mismo.
Lo sé respondió Andrés. Ya tienes suficiente.
Sí dijo Neytan. Mucho, de hecho.
Siguieron caminando. El ruido de la ciudad aumentaba un poco: autos, bicicletas, gente hablando en distintos idiomas.
Es raro caminar así comentó Neytan.
¿Raro cómo? preguntó Andrés.
Normal respondió. Sin que nadie me mire.
Disfrútalo dijo Andrés. No siempre se puede.
Neytan asintió.
Lo estoy haciendo.
Caminaron sin rumbo fijo, girando en esquinas al azar. Andrés señalaba algún edificio interesante de vez en cuando, pero sin entrar en explicaciones largas.
Ese edificio es antiguo decía.
Se nota respondía Neytan.
Nada más.
Se detuvieron frente a un semáforo. Neytan bostezó sin darse cuenta.
Ahí está el cansancio comentó Andrés.
Un poco admitió Neytan.
Cuando volvamos puedes dormir un rato dijo Andrés.
Tal vez respondió Neytan. O solo acostarme.
El semáforo cambió y cruzaron.
¿Te arrepientes de algo? preguntó Andrés de repente.
Neytan pensó un segundo.
No respondió. Solo… estoy cansado.
Eso es buena señal dijo Andrés. Significa que diste todo.
Neytan no respondió, solo siguió caminando.
Pasaron por una plaza pequeña. Unos niños jugaban mientras sus padres hablaban sentados en bancas.
Neytan miró la escena un segundo más de lo normal.
Eso se ve tranquilo dijo.
Lo es respondió Andrés. Y algún día tendrás más días así.
Eso espero respondió Neytan.
Se quedaron un rato más sentados en una banca cercana a la plaza, sin hablar demasiado. Neytan sostenía el vaso vacío de café entre las manos, ya frío, mientras observaba a la gente pasar. Turistas con mochilas, locales en bicicleta, parejas caminando sin prisa. Todo avanzaba a un ritmo distinto al de los festivales.
Andrés rompió el silencio.
Oye dijo, me dijiste algo hace tiempo.
Neytan giró la cabeza.
¿Qué cosa?
Cuando estuvimos en Nueva York, en el centro comercial… en el Destiny USA continuó Andrés. Ese día que te compré la MacBook Pro.
Neytan asintió, recordándolo.
Sí.
Me dijiste que querías ver más de los lugares a los que viajabas —dijo Andrés—. No solo aeropuertos, hoteles y escenarios.
Neytan lo pensó un segundo.
Sí… eso dije.
Andrés sonrió un poco.
Bueno, estamos en Ámsterdam. No tenemos ensayo hoy, ni vuelo hasta más tarde. Así que… vamos a un museo.
Neytan levantó las cejas, sorprendido pero no en desacuerdo.
¿Un museo?
Sí respondió Andrés. Para caminar, ver cosas, descansar la cabeza. ¿Qué dices?
Neytan miró alrededor, luego volvió a mirar a su tío.
Está bien dijo. Nunca he ido a uno aquí.
Se levantaron y comenzaron a caminar de nuevo. El trayecto fue tranquilo. Andrés iba marcando el camino mientras Neytan caminaba a su lado, con la sudadera oscura, las manos en los bolsillos y la capucha baja.
Llegaron al Rijksmuseum. El edificio imponía incluso desde afuera. Grande, sólido, con detalles antiguos. Neytan levantó la mirada.
Es grande comentó.
Y por dentro más respondió Andrés.
Entraron. El cambio de sonido fue inmediato. Afuera, la ciudad. Adentro, un murmullo bajo, pasos suaves sobre el piso, voces apagadas. El aire se sentía distinto.
Pagaron las entradas y pasaron al interior. Neytan miraba todo con curiosidad silenciosa. No hablaba mucho, pero observaba cada detalle.
No tienes que entender todo —dijo Andrés en voz baja—. Solo mira.
Neytan asintió.
Caminaron por la primera sala. Pinturas grandes en las paredes, marcos dorados, luz suave enfocada en cada obra. Neytan se acercó a una pintura antigua, observando los colores, las expresiones.
¿Cuántos años tendrá esto? preguntó.
Cientos respondió Andrés. Mucho más de lo que llevamos vivos.
Neytan no respondió, solo siguió mirando.
Avanzaron lentamente. En otra sala había retratos. Personas de otra época, ropa distinta, miradas serias.
Todos se ven muy formales comentó Neytan.
Así era antes dijo Andrés. O así querían verse.
Neytan soltó una pequeña sonrisa.
Siguieron caminando. Pasaron por una galería con objetos antiguos: armas, instrumentos, mapas viejos. Neytan se detuvo frente a un mapa enorme.
Mira esto dijo. Todo se ve distinto.
Porque el mundo era distinto respondió Andrés.
Y aun así… es el mismo dijo Neytan.
Andrés no respondió. Solo caminaron.
Entraron a otra sala más amplia. Había más gente, pero todos hablaban bajo. Neytan caminaba despacio, sin prisa, como si el tiempo se hubiera desacelerado.
Se detuvo frente a una pintura grande. No dijo nada por varios segundos.
¿Te gusta? preguntó Andrés.
No sé respondió Neytan. Pero me hace pensar.
¿En qué?
En que… esto sigue aquí dijo. Aunque todos los que lo hicieron ya no están.
Andrés lo miró, pero no dijo nada.
Siguieron avanzando. Pasaron por esculturas. Neytan rodeó una con calma, observando las formas.
Debe haber sido difícil hacer esto comentó.
Mucho respondió Andrés. Sin máquinas como ahora.
Aun así lo hicieron dijo Neytan.
Se sentaron un momento en una banca dentro de una sala amplia. Neytan apoyó los codos en las rodillas.
Aquí se siente… tranquilo dijo.
Eso es bueno respondió Andrés. Tu cabeza lo necesita.
Neytan asintió.
Sí.
Después se levantaron y continuaron. Otra sala, más cuadros. Colores oscuros, escenas de batallas, barcos, ciudades antiguas. Neytan miraba con atención, pero sin saturarse.
No sabía que Ámsterdam tenía todo esto, dijo.
Muchos no lo saben respondió Andrés. Por eso es bueno salir a ver.
Caminaron por más salas. Neytan no miraba el celular. No pensaba en shows. No hablaba de música. Solo caminaba, miraba, escuchaba.
Gracias por traerme dijo de pronto.
Para eso estoy respondió Andrés.
Siguieron avanzando por el Rijksmuseum sin prisa. Neytan caminaba un poco detrás de su tío, observando los carteles que indicaban las diferentes secciones del museo. Cada sala parecía tener su propio ritmo, su propio silencio.
Es enorme comentó Neytan en voz baja. Pensé que ya habíamos visto bastante, pero esto no se acaba.
Todavía falta mucho respondió Andrés. Vamos con calma.
Entraron a una sección dedicada a la Edad de Oro neerlandesa. Las paredes estaban cubiertas de pinturas grandes, con escenas de la vida cotidiana de siglos atrás: mercados, familias reunidas, personas trabajando, barcos en los puertos.
Neytan se detuvo frente a una pintura donde se veía una calle antigua.
Mira dijo. Parece… normal.
Eso es lo interesante respondió Andrés. No todo eran reyes o guerras. También pintaban gente común.
Neytan se acercó un poco más, inclinando la cabeza.
Como ahora dijo. Personas viviendo su día.
Siguieron caminando. En otra sala había retratos individuales. Personas mirando de frente, con expresiones serias, ropa elegante.
Todos se ven muy seguros comentó Neytan.
O querían verse así, dijo Andrés. Las fotos de antes.
Neytan sonrió apenas.
Sacó su celular del bolsillo de la sudadera.
¿Puedo sacar fotos? preguntó.
Sí, mientras no uses flash respondió Andrés.
Neytan levantó el celular y tomó una foto de una pintura grande. Luego otra, desde otro ángulo. No lo hacía rápido ni por subirlas a ningún lado, solo para guardarlas.
Esta me gusta dijo señalando una obra con tonos oscuros y luz suave. Tiene algo.
Tómale otra dijo Andrés. Así la recuerdas.
Neytan obedeció y luego guardó el celular.
Pasaron a una sección con armas antiguas y armaduras. Espadas, cascos, escudos. Todo detrás de vitrinas de vidrio.
Esto sí se ve pesado comentó Neytan. No sé cómo se movían con eso.
Con dificultad respondió Andrés. Pero era lo que había.
Neytan observó una armadura completa.
Parece incómoda.
Lo era dijo Andrés. Pero protegía.
Un poco como el casco dijo Neytan sin pensarlo mucho.
Andrés lo miró y sonrió.
Sí… algo así.
Siguieron avanzando hacia una galería de barcos y navegación. Modelos detallados de navíos antiguos colgaban del techo o estaban en vitrinas. Mapas enormes cubrían las paredes.
Neytan se quedó mirando un barco en miniatura.
Nunca he estado en uno así dijo.
Yo tampoco respondió Andrés. Pero fueron importantes para este país.
Todo parece conectado comentó Neytan. El arte, los barcos, las ciudades.
Lo está dijo Andrés. Todo cuenta una parte de la historia.
Neytan volvió a sacar el celular y tomó una foto del modelo del barco. Luego se giró.
Tío dijo, ¿te puedes poner ahí?
¿Para qué? preguntó Andrés.
Para una foto respondió Neytan. Así, con el barco atrás.
Andrés se colocó frente a la vitrina, un poco incómodo.
¿Así?
Sí dijo Neytan. No te muevas.
Tomó la foto. Luego se acercó y la revisó.
Quedó bien, comentó.
Ahora tú dijo Andrés. Ponte ahí.
Neytan dudó un segundo, luego se colocó frente a la pintura de fondo. Andrés tomó el celular y sacó la foto.
Listo dijo.
Neytan miró la pantalla.
Se ve normal comentó. Me gusta.
Guardó el celular otra vez.
Caminaron hacia una sección más tranquila, con menos gente. Había esculturas pequeñas, figuras talladas, objetos delicados.
Aquí casi no hay ruido dijo Neytan.
Porque no es tan popular respondió Andrés. Pero igual es interesante.
Neytan se inclinó para ver un objeto pequeño detrás del vidrio.
Esto debe ser muy antiguo comentó.
Mucho dijo Andrés. Y sigue aquí.
Se sentaron un momento en una banca frente a una pintura grande. Neytan estiró un poco las piernas.
Me siento cansado dijo. Pero no de mala forma.
Es normal respondió Andrés. Caminar tanto cansa.
Pero es distinto dijo Neytan. No es como después de un show.
Eso es bueno respondió Andrés.
Después de unos minutos se levantaron y siguieron recorriendo más salas. Neytan ya caminaba más relajado, sin mirar el reloj.
Gracias por traerme dijo de nuevo. De verdad.
Te lo dije respondió Andrés. No todo es música.
Lo sé dijo Neytan. Y… está bien recordarlo.
Salieron finalmente del Rijksmuseum después de haber recorrido muchas de sus secciones. Neytan sentía ese cansancio tranquilo que queda después de caminar durante horas sin darse cuenta del tiempo. Habían pasado por salas de pintura, esculturas, objetos antiguos, barcos, mapas, retratos y espacios más silenciosos donde casi no había gente. No habían visto todo era imposible, pero sí lo suficiente como para sentir que el museo se les había quedado grabado.
Al cruzar las puertas de salida, la luz natural de la tarde los recibió de golpe. El aire fresco de Ámsterdam contrastaba con el silencio controlado del museo. Afuera, la ciudad seguía su ritmo: bicicletas pasando, gente caminando, turistas mirando mapas, otros sentados en el césped cercano.
Neytan se quedó quieto un segundo, respirando hondo.
Ya… eso fue mucho dijo con una leve sonrisa.
Pero valió la pena respondió Andrés.
Sí asintió Neytan. Me gustó más de lo que pensé.
Andrés miró su reloj.
Son casi las tres de la tarde.
Neytan abrió los ojos un poco más.
¿Tanto? Pensé que era más temprano.
Normal dijo Andrés. Cuando caminas así, el tiempo pasa rápido.
Neytan se acomodó la sudadera oscura y metió las manos en los bolsillos.
Tengo hambre, comentó. De verdad.
Yo también respondió Andrés. Vamos a comer algo.
Empezaron a caminar alejándose del museo, sin rumbo fijo al principio. No querían un lugar elegante ni turístico. Solo algo local, sencillo.
Nada fancy dijo Neytan. Solo comida normal.
Eso mismo estaba pensando respondió Andrés.
Caminaron por varias calles pequeñas, alejándose un poco de las zonas más llenas. Miraban los letreros de los restaurantes: algunos demasiado formales, otros claramente turísticos.
Eso no dijo Neytan señalando uno con manteles blancos y letras doradas.
No confirmó Andrés. Muy elegante.
Siguieron caminando hasta que vieron un local más pequeño, con mesas de madera, ventanas grandes y un cartel simple en neerlandés.
Ese se ve bien dijo Neytan.
Sí asintió Andrés. Ese es más local.
Entraron. El lugar era cálido, no muy grande. Había gente comiendo tranquilamente, conversaciones suaves, olor a comida recién hecha. Nada de música fuerte ni luces brillantes.
Un camarero se acercó con una sonrisa.
Goedemiddag saludó.
Buenas tardes respondió Andrés en inglés. ¿Podemos sentarnos?
Claro dijo el camarero. Donde gusten.
Se sentaron en una mesa cerca de la ventana. Neytan miró alrededor con curiosidad.
Me gusta este lugar comentó en voz baja.
Es más tranquilo respondió Andrés.
El camarero volvió con los menús.
Aquí tienen dijo. Si tienen preguntas, me avisan.
Neytan abrió el menú y frunció un poco el ceño.
Entiendo algunas cosas… pero no todo admitió.
Yo te ayudo, dijo Andrés. Está en neerlandés, pero es sencillo.
El camarero regresó al verlos dudando.
¿Primera vez probando comida local? preguntó.
Sí respondió Andrés. ¿Qué nos recomienda?
El camarero señaló el menú.
Tenemos stamppot, que es puré de papas con vegetales y carne. También kroketten, muy popular aquí. Y sopas del día.
Neytan escuchaba atento, entendiendo algunas palabras y otras no.
¿Eso… es pesado? preguntó señalando el stamppot.
Es contundente, pero no demasiado respondió el camarero. Perfecto para la tarde.
Neytan miró a su tío.
Suena bien dijo. Algo caliente.
Entonces dos stamppot dijo Andrés. Uno con salchicha y otro con carne.
¿Y para beber? preguntó el camarero.
Agua para mí dijo Neytan.
Y café para mí respondió Andrés.
Perfecto sonrió el camarero. Vuelvo enseguida.
Cuando se fue, Neytan apoyó los brazos sobre la mesa.
No entendí todo dijo. Pero confío.
Tranquilo respondió Andrés. Te va a gustar.
Mientras esperaban, miraban por la ventana. La gente pasaba en bicicleta, otros caminaban rápido, algunos con paraguas aunque no llovía.
Ámsterdam es distinta comentó Neytan. No sé… más tranquila.
Tiene su ritmo dijo Andrés. Y hoy lo estás viviendo sin prisa.
Neytan asintió.
Eso está bien.
El camarero volvió con los platos. Los colocó frente a ellos con cuidado.
Aquí tienen dijo. Que lo disfruten.
Gracias, respondieron ambos.
Neytan miró su plato con curiosidad. Puré de papas con vegetales, una salchicha encima, todo bien servido.
Se ve mejor de lo que pensé comentó.
Probó un bocado.
Está bueno dijo sorprendido. Bastante.
Te lo dije respondió Andrés sonriendo.
Mientras seguían comiendo, el ambiente del restaurante se mantenía tranquilo. El sonido de los cubiertos, algunas conversaciones en voz baja y el aroma de la comida llenaban el lugar sin resultar invasivos. Neytan dio otro sorbo a su agua y, casi sin pensarlo demasiado, levantó la mirada hacia su tío.
Oye… dijo con tono natural, ¿cómo conoces tanto Ámsterdam?
Andrés dejó el tenedor sobre el plato y sonrió, como si la pregunta le hubiera activado un recuerdo que llevaba tiempo guardado.
Porque he estado aquí varias veces respondió. Mucho antes de todo esto… antes de festivales, giras y escenarios.
Neytan inclinó un poco la cabeza, interesado.
¿Antes de… todo? repitió.
Sí asintió Andrés. Vine por primera vez cuando era joven, más o menos de la edad que tienes ahora… bueno, un poco mayor.
Neytan abrió los ojos con curiosidad.
¿En serio?
Sí rió suavemente Andrés. Vine con tu padre, Michael. Éramos jóvenes, sin muchas responsabilidades, con ganas de conocer el mundo.
Neytan dejó el tenedor en el plato por un momento.
No sabía eso.
No solemos hablar mucho de esa época dijo Andrés, pero viajamos bastante juntos. Ámsterdam fue una de esas ciudades donde terminamos regresando más de una vez.
Neytan miró alrededor del restaurante, como si intentara imaginar a su padre en ese mismo lugar años atrás.
¿Y qué hacían? preguntó. ¿Solo turismo?
Un poco de todo respondió Andrés. Caminábamos mucho, como hoy. Visitábamos museos, parques, cafés. Nada planificado. Solo salir, perderse un poco.
Como ahora comentó Neytan.
Exactamente como ahora asintió Andrés.
Tomó un sorbo de café antes de continuar.
Hubo veces en que veníamos solo por unos días, otras en que nos quedábamos más tiempo. Incluso hubo vacaciones en las que usamos Ámsterdam como base para movernos a otras ciudades.
¿Se quedaban aquí? preguntó Neytan.
Sí respondió Andrés. A veces en hoteles pequeños, otras en departamentos alquilados. Nada lujoso. Lo justo para dormir y salir a recorrer.
Neytan sonrió levemente.
Suena… tranquilo.
Lo era confirmó Andrés. Tu padre siempre ha sido alguien curioso. Le gustaba caminar, observar, aprender cosas nuevas. Aquí se sentía cómodo.
Neytan pensó un segundo.
Nunca lo imaginé viajando así admitió. Siempre lo veo como… papá.
Andrés rió con suavidad.
Antes de ser “papá”, fue muchas cosas dijo. Y créeme, disfrutaba mucho esos viajes.
Neytan retomó la comida, pero seguía atento.
¿Y mamá? preguntó. ¿Ella vino alguna vez?
Sí respondió Andrés. Más adelante. Cuando ya estaba con tu padre. Pero esos primeros viajes, los que más recuerdo, fueron solo él y yo.
Hubo un breve silencio cómodo. Neytan masticaba despacio, procesando no solo la comida, sino también la imagen nueva que se estaba formando en su cabeza.
Entonces… dijo, cuando caminamos por estas calles, tú ya has estado aquí antes.
Muchas veces respondió Andrés. Por eso sé a dónde ir sin mapa.
Eso explica mucho comentó Neytan.
También por eso quise traerte añadió Andrés. No solo por distraerte, sino porque esta ciudad tiene algo especial. Es buena para bajar el ritmo.
Neytan asintió lentamente.
Sí… se siente diferente.
Y necesitabas eso dijo Andrés con naturalidad. No solo eres Marshmello. Sigues siendo un chico de doce años.
Neytan bajó un poco la mirada, sin molestarse.
Lo sé dijo. A veces se me olvida.
Por eso estoy aquí respondió Andrés. Para recordártelo cuando haga falta.
El camarero pasó cerca y les preguntó si todo estaba bien. Andrés respondió que sí y agradeció. Cuando se alejaron, Neytan habló de nuevo.
¿Te quedabas mucho tiempo en Ámsterdam? preguntó.
Algunas semanas dijo Andrés. Lo suficiente para sentir que no era solo un lugar de paso.
¿Y qué hacían además de caminar? insistió Neytan.
Escuchar música, por ejemplo respondió Andrés. Íbamos a tiendas de discos, a pequeños locales donde tocaban bandas. Nada grande.
Neytan levantó la vista.
¿Música electrónica?
En ese entonces, no tanto como ahora dijo Andrés. Pero ya había movimiento. Ámsterdam siempre ha tenido buena escena musical.
Neytan sonrió, como si esa idea conectara algo dentro de él.
Supongo que… por eso me gusta aquí.
No me sorprende respondió Andrés.
Terminaron de comer con calma. Neytan se recostó un poco en la silla.
Gracias por traerme dijo. En serio.
Andrés lo miró con una expresión tranquila.
De nada respondió. Todavía tenemos tiempo para seguir viendo la ciudad.
Neytan volvió a tomar el tenedor, pero no llegó a pinchar nada. Se quedó quieto unos segundos, mirando el plato sin realmente verlo. Andrés se dio cuenta enseguida; lo conocía demasiado bien como para no notar cuando algo le daba vueltas en la cabeza.
¿Qué pasa? preguntó con calma, sin presionarlo.
Neytan levantó la vista despacio y lo miró directamente.
Tío Andrés… dijo, bajando un poco la voz. Mamá y papá me comentaron algo.
Andrés arqueó apenas una ceja, atento.
¿Sí?
Me dijeron que estás saliendo con alguien continuó Neytan. Y que… ella no sabe que me acompañas a estas presentaciones. Ni que yo soy Marshmello.
Andrés dejó los cubiertos sobre la mesa con cuidado. No parecía molesto, más bien pensativo. Se recostó un poco en la silla y exhaló despacio antes de responder.
Ajá…dijo. Supongo que tarde o temprano me lo ibas a preguntar.
Neytan asintió.
No te lo pregunto para reclamar aclaró rápido. Solo… quería entender.
Andrés sonrió levemente, agradeciendo el tono.
Está bien que preguntes dijo. Y tienes razón: ella no lo sabe.
Neytan inclinó un poco la cabeza.
¿Por qué no se lo dices, solo por curiosidad?
Andrés se tomó unos segundos antes de contestar, como buscando las palabras correctas.
Porque mi vida no siempre fue así empezó. Antes de acompañarte por el mundo, yo tenía y sigo teniendo otra rutina muy distinta.
Tu trabajo dijo Neytan.
Exacto asintió Andrés. Yo trabajo como abogado en una firma grande. Fried, Frank, Harris, Shriver & Jacobson LLP.
Neytan reconoció el nombre; lo había escuchado más de una vez en casa, aunque nunca se había detenido a pensarlo demasiado.
Sé que trabajas ahí dijo. Papá lo menciona a veces.
No solo trabajo ahí continuó Andrés. Soy socio.
Neytan abrió un poco los ojos.
¿Socio… socio?
Sí respondió Andrés con naturalidad. Durante años fui socio nominal, lo que significa que tenía participación en la firma, pero no en las decisiones financieras más profundas. Hace poco… pasé a ser equity partner.
Neytan parpadeó.
¿Eso es… importante?
Andrés sonrió.
Lo es admitió. Significa que ahora tengo participación directa en la firma, en los resultados, en las responsabilidades. Es un paso grande.
Entonces… Neytan conectó las ideas. Cuando ella te conoce, te conoce como abogado.
Exactamente dijo Andrés. Como alguien que trabaja muchas horas, que vive en Nueva York, que va a la oficina, que se reúne con clientes, que tiene una vida bastante… normal.
Neytan jugueteó con la servilleta entre los dedos.
¿Y ella… quién es?
Andrés dudó apenas un segundo, luego decidió ser honesto.
Trabaja en Google dijo. En la sede de Nueva York.
¿En serio? —preguntó Neytan, sorprendido.
Sí asintió Andrés. No en marketing ni nada público. En un área técnica. Es muy inteligente, muy centrada en su trabajo.
Neytan sonrió un poco.
Suena… cool.
Lo es dijo Andrés. Y justamente por eso he sido cuidadoso.
Neytan frunció el ceño levemente.
¿Cauteloso de qué?
De mezclar mundos respondió Andrés. Mi trabajo como abogado, mi vida personal… y lo que hago contigo.
Neytan bajó la mirada.
¿Te da miedo que lo sepa?
Andrés negó con la cabeza.
No miedo corrigió. Respeto. Y prudencia.
Levantó la vista y lo miró con seriedad tranquila.
Lo que tú haces, Neytan, no es algo pequeño. No es “mi sobrino toca música”. Es un fenómeno enorme. Y además… tú eres menor.
Neytan asintió despacio.
Entonces… no quieres ponerla en esa posición.
Exacto dijo Andrés. Ni a ella, ni a ti.
Hubo un silencio breve, pero no incómodo. Neytan pensaba.
¿Y ella qué cree cuando viajas tanto? preguntó.
Andrés soltó una pequeña risa.
Que trabajo demasiado dijo. Lo cual no es del todo mentira.
Pero no sabe que estás en festivales insistió Neytan. Ni que estás conmigo.
Sabe que a veces tengo compromisos fuera respondió Andrés. Conferencias, reuniones, cosas así. El mundo legal también se mueve mucho.
Neytan jugueteó con el vaso.
¿Y… se lo vas a decir algún día?
Andrés lo miró con atención.
Si la relación sigue creciendo, sí dijo con honestidad. No me gusta ocultar cosas importantes. Pero hay tiempos para todo.
¿Y si se enoja? preguntó Neytan, casi en un susurro.
Puede pasar, admitió Andrés. Pero también puede entenderlo. La verdad no siempre es fácil, pero es mejor que apresurarse.
Neytan asintió.
Supongo que… es complicado.
Lo es dijo Andrés. Pero la vida adulta muchas veces lo es.
Neytan levantó la vista y sonrió un poco.
Yo pensaba que solo yo tenía vidas separadas dijo. Neytan… y Marshmello.
Andrés devolvió la sonrisa.
Créeme respondió. No eres el único.
Se quedaron unos segundos en silencio, compartiendo esa pequeña complicidad. Afuera, la ciudad seguía viva, ajena a la conversación.
Gracias por explicarme dijo Neytan al final. No quería imaginar cosas raras.
Hiciste bien en preguntar respondió Andrés. Siempre es mejor hablar.
Neytan retomó la comida, esta vez con más tranquilidad.
¿Y ella… es buena persona? preguntó de pronto.
Andrés sonrió, esta vez con algo más cálido.
Sí dijo. Lo es.
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