Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

MARSHMELLO - Capítulo 25

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. MARSHMELLO
  4. Capítulo 25 - Capítulo 25: Capitulo 25
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 25: Capitulo 25

Moogfest 2011 — Asheville, EE. UU. 29 de Octubre 21:40 pm

El pasillo detrás del escenario estaba iluminado con luces blancas suaves, lo justo para no romper la atmósfera nocturna que ya dominaba todo el festival. El sonido del público llegaba amortiguado, como un latido constante que vibraba en el pecho. Neytan caminaba con paso tranquilo, aunque por dentro la energía era otra. Llevaba puesto el traje completo de Marshmello: el conjunto blanco impecable, los guantes ajustados y el casco perfectamente colocado. Debajo de ese casco, ya tenía los auriculares Pioneer HDJ-2000 bien ajustados sobre sus oídos, aislándolo parcialmente del ruido exterior.

En sus manos sostenía su MacBook Pro, abierta en la vista de las playlists. Sus ojos recorrían las listas de canciones una vez más, no porque dudara, sino por costumbre. Era su forma de entrar en concentración total. Asheville no era cualquier ciudad, y Moogfest no era cualquier festival. Era un público distinto, más atento, más técnico, más exigente. Justamente por eso, le importaba.

Victor, su director de sonido, caminaba a su lado con una carpeta bajo el brazo y una tablet en la otra mano. Lo observó un par de segundos antes de hablar.

Neytan dijo con tono calmado. Relájate un poco. Ya revisaste esas listas al menos cinco veces.

Neytan no levantó la vista de la pantalla, pero respondió.

Lo intento… pero se siente como la primera vez admitió. Es raro. Como volver al EDC Las Vegas. Esa mezcla de emoción y nervios que no se va.

Victor sonrió apenas.

Eso no es malo respondió. Significa que todavía te importa.

Unos pasos detrás de ellos venía su tío Andrés, observándolo todo en silencio, con esa mezcla de orgullo y responsabilidad que siempre lo acompañaba. Finalmente habló.

Después de esto dijo vas a poder tomarte unos días de descanso. No tienes presentaciones hasta el 5 de noviembre, en Santiago de Chile.

Neytan levantó por fin la vista.

Lo sé respondió. Pero… ¿después de aquí regresamos a Nueva York o nos vamos directo a Santiago?

Victor intervino enseguida, con la precisión de alguien acostumbrado a manejar agendas imposibles.

Mañana es 1 de noviembre aclaró. Si viajamos mañana mismo, tendríamos que hacer al menos dos escalas para llegar a Santiago. Las escalas normalmente tardan entre una y dos horas como mínimo. En promedio, unas tres o cuatro. Y en el peor de los casos, cinco o seis horas esperando el siguiente vuelo.

Neytan frunció ligeramente el ceño detrás del casco. Pensó en aeropuertos, salas de espera, asientos incómodos, pantallas con horarios que cambian.

Eso es… mucho tiempo muerto dijo.

Exacto respondió Victor. Y no sabemos si habrá retrasos.

Andrés asintió.

Si lo pones así, lo más lógico sería salir mañana, pero en la tarde.

Neytan respiró hondo y cerró la laptop unos segundos.

Entonces viajamos mañana a la siguiente presentación dijo finalmente.

Victor asintió y le extendió una hoja con el horario del día. Neytan la tomó y la revisó con atención.

Moogfest Mainstage

Hora

Artista

Notas

16:30 – 17:15

Com Truise

Warm-up synthwave / retro-electrónica, atmósfera Moog clásica

17:15 – 18:00

Tycho (Live)

Downtempo, visuales analógicos, público empieza a llenarse

18:00 – 18:45

Four Tet

Electrónica orgánica, transición de tarde a noche

18:45 – 19:30

Flying Lotus

Beats experimentales, complejidad sonora, público atento

19:30 – 20:15

Boys Noize

Electro fuerte, sube energía sin romper el mood

20:15 – 21:00

Deadmau5

Progressive / tech, primer pico real del escenario

21:00 – 22:00

Skrillex

Bass / electro agresivo, choque generacional, crowd hype total

22:00 – 23:30

Marshmello

Set principal — electrónica melódica + drops masivos. Tracks clave: Levels, BoUnCE, Tsunami, Ten Feet Tall. Máximo público del día

23:30 – 00:45

Justice (DJ Set)

Cierre elegante y potente, French electro, aura icónica

00:45 – 02:00

Richie Hawtin (Plastikman)

After-hours serio, minimal / techno profundo

Neytan levantó la cabeza.

Bien dijo. Ya casi me toca.

Victor dudó un segundo antes de agregar algo.

Por cierto… Skrillex quiere hablar contigo sobre una canción. Algo relacionado con Levels.

Neytan se sorprendió un poco.

¿Ahora? preguntó. ¿Después de la presentación?

No hoy directamente contigo, aclaró Victor. Primero se comunicó con SilverLine Records y Sony Music. Les propuso algo. Ellos se pondrán en contacto contigo.

Neytan asintió lentamente.

Manténme al tanto, dijo. Quiero saber qué quiere hacer con Levels.

Tranquilo respondió Victor. Creo que esto te beneficia. Además, vas justo después de Skrillex, así que concéntrate en eso. Yo te aviso de cualquier novedad.

Andrés miró su reloj.

Ya te toca, Marshmello.

En ese momento, Skrillex bajaba del escenario. Al cruzarse, levantó la mano en un saludo casual. Marshmello hizo lo mismo, devolviéndole el gesto. No hubo palabras, solo reconocimiento entre artistas.

Neytan subió las escaleras del escenario con pasos firmes. El rugido del público se hizo más fuerte a cada escalón. Frente a él estaban los Pioneer CDJ-2000 y la Pioneer DJM-900 Nexus, perfectamente alineados. Apoyó la MacBook Pro, conectó los cables con rapidez y precisión, enchufó sus auriculares, revisó niveles, verificó sincronización.

Neytan levantó la vista un instante más y confirmó lo que ya sabía: el reloj marcaba exactamente las 22:00 en punto. No hubo cuenta regresiva visible, no hubo anuncio exagerado. Solo ese segundo preciso en el que todo encajaba. Colocó ambas manos sobre los controles, ajustó ligeramente los auriculares Pioneer HDJ-2000 y dejó que el silencio previo hiciera su trabajo.

El escenario estaba envuelto en una penumbra azulada. Las luces del Mainstage se mantenían bajas, apenas marcando las siluetas del público que se extendía hasta donde alcanzaba la vista. Miles de personas aguardaban, algunas con los brazos cruzados, otras con el celular ya levantado, grabando incluso antes de que sonara una sola nota. El nombre Marshmello aparecía intermitente en las pantallas laterales, sin rostro, sin explicación, solo el ícono del casco.

Neytan cargó el primer track.

Link.

No lanzó el sonido de golpe. Giró suavemente uno de los knobs del ecualizador, dejando que un pulso grave comenzara a filtrarse casi de forma imperceptible por los altavoces. Era un sub-bass profundo, más sentido que escuchado. El público lo notó de inmediato. El murmullo empezó a apagarse poco a poco, como si alguien hubiese bajado el volumen de la multitud.

Con la mano derecha, Neytan ajustó el tempo. Con la izquierda, activó un filtro que dejó pasar las frecuencias medias lentamente. Los primeros sintetizadores de Link comenzaron a emerger, limpios, espaciales, envolventes. No era una canción para entrar golpeando; era una canción para conectar, exactamente como su nombre lo indicaba.

Las luces respondieron al instante. Desde el techo del escenario, haces de luz blanca se encendieron en líneas rectas, moviéndose con lentitud, como si respiraran al mismo ritmo que la música. No había explosión todavía. Era una construcción deliberada.

Neytan inclinó ligeramente la cabeza, escuchando con atención cada detalle por los auriculares. Ajustó el gain con precisión milimétrica, asegurándose de que el sonido llenara el espacio sin saturar. Luego activó un delay corto en los sintetizadores, creando una sensación de eco que viajaba por el campo abierto del festival.

El público empezó a reaccionar. Primero fueron movimientos sutiles: cabezas siguiendo el ritmo, cuerpos balanceándose. Luego, más teléfonos se elevaron en el aire. Algunos se miraban entre sí, sonriendo, reconociendo el track. Otros simplemente cerraban los ojos, dejándose llevar.

Cuando el beat principal comenzó a tomar forma, Neytan movió el fader central con firmeza. El ritmo se asentó, claro, constante. No era agresivo, pero tenía presencia. Era el tipo de inicio que decía sin palabras: esto recién comienza.

Las pantallas gigantes detrás del escenario mostraron visuales geométricos, figuras que se entrelazaban unas con otras, líneas que se unían y separaban al ritmo de la música. Cada transición visual estaba perfectamente sincronizada con los cambios que Neytan hacía desde la Pioneer DJM-900 Nexus.

En un momento clave del build-up, bajó el volumen casi por completo durante una fracción de segundo. El público reaccionó de inmediato, levantando los brazos, anticipando lo que venía. Neytan esperó. No se apresuró. Contó mentalmente.

Uno.

Dos.

Tres.

Y soltó el drop.

El bajo regresó con más cuerpo, más fuerza, pero sin romper la atmósfera. Link llenó el Mainstage por completo. El público respondió con un grito colectivo, no ensordecedor, sino emocionado, como un reconocimiento compartido. Algunos saltaron. Otros levantaron los brazos. Muchos comenzaron a grabar con más entusiasmo.

Neytan aprovechó ese momento para jugar con los efectos. Activó un reverb más amplio, luego lo cerró de golpe, creando contrastes que mantenían a la audiencia atenta. Movía los controles con seguridad, sin movimientos innecesarios, como alguien que conocía cada segundo del track.

Desde el escenario, la vista era impresionante. Un mar de personas iluminadas intermitentemente por luces blancas y azules, con destellos ocasionales de verde suave. El humo comenzó a salir en capas bajas, no para cubrir, sino para dar profundidad a los haces de luz.

Neytan levantó una mano del controlador por un segundo, saludando al público. No habló aún. No hacía falta. La música hablaba por él. La respuesta fue inmediata: más gritos, más brazos en alto.

Mientras Link avanzaba, introdujo pequeños cambios: un loop corto aquí, un filtro barrido allá. Nada exagerado. Todo estaba pensado para mantener la tensión sin romper la fluidez del inicio. Era el primer tema, y él lo sabía. Este era el momento de establecer el tono del set.

El público ya estaba completamente dentro.

Algunos se subían a los hombros de amigos para tener mejor vista. Otros grababan videos largos, sin importarles la duración. Había sonrisas, miradas de asombro, gente señalando el escenario y diciendo algo que se perdía entre el sonido, pero cuyo significado era claro: esto es especial.

Neytan observó todo desde detrás del casco, concentrado y calmado. Ajustó una última transición, preparando el camino para la siguiente canción. Link estaba cumpliendo su función a la perfección: unir al artista con la multitud, conectar cada punto del espacio en una sola energía compartida.

El último eco de Link aún flotaba en el aire cuando Neytan no dejó que el silencio se asentara del todo. Sabía exactamente lo que venía después. Sin levantar la mirada del público, giró suavemente el knob de filtro en el canal izquierdo del Pioneer DJM-900 Nexus y dejó que una textura aérea comenzara a colarse entre los altavoces, casi como si la música estuviera respirando antes de despegar.

Sky High.

No entró de golpe. Neytan bajó el volumen general apenas un par de decibeles, lo justo para crear espacio. En los auriculares escuchaba la intro con claridad: pads amplios, abiertos, una sensación de altura que hacía honor al nombre del track. Ajustó el BPM con precisión quirúrgica, asegurándose de que la transición desde Link fuera completamente limpia, sin choques, sin quiebres.

Las luces cambiaron de inmediato. El azul profundo del escenario se transformó en tonos blancos y plateados. Desde arriba, los focos comenzaron a apuntar hacia el cielo nocturno de Asheville, como si el escenario quisiera despegar del suelo. El humo empezó a elevarse lentamente, no en explosiones, sino en capas largas que se deslizaban sobre el público.

Neytan movió el crossfader con suavidad, dejando que Sky High tomara el control del Mainstage. El beat entró firme, constante, sin agresividad. Era una energía distinta a la de Link: menos conexión íntima, más expansión. Más espacio. Más aire.

El público lo sintió de inmediato.

Las primeras filas comenzaron a levantar los brazos, no para saltar todavía, sino para acompañar el ritmo, como si estuvieran flotando con la música. Más atrás, los celulares se alzaron otra vez, capturando las luces que ahora se movían en patrones circulares, lentos, envolventes.

Neytan, detrás del casco, inclinó ligeramente la cabeza, escuchando cada frecuencia. Ajustó los medios con cuidado, asegurándose de que los sintetizadores no compitieran con el bajo. Luego tocó el control de efectos y activó un reverb amplio, haciendo que cada nota pareciera extenderse más allá del escenario.

La música crecía.

No en volumen, sino en sensación.

En uno de los momentos clave del build-up, Neytan retiró el bajo por completo durante un segundo. Solo quedaron los pads y un pulso lejano. El público reaccionó instintivamente: un murmullo colectivo, brazos que subían más alto, cuerpos inclinándose hacia adelante.

Neytan levantó una mano del controlador y la alzó lentamente, animando sin decir una sola palabra. El gesto fue suficiente. Miles de personas lo imitaron, levantando ambos brazos al mismo tiempo, como si todos entendieran exactamente qué hacer.

Entonces devolvió el bajo.

No con violencia, sino con profundidad.

El sonido llenó el espacio abierto del festival y el público respondió con un grito largo, sostenido. Algunos comenzaron a saltar, otros se abrazaban, otros simplemente cerraban los ojos. Había gente subida a los hombros de amigos, señalando el escenario, grabando desde más alto, tratando de capturar ese momento exacto en el que todo parecía alinearse.

Neytan empezó a jugar más con los controles. Activó un loop corto en una sección del beat, repitiéndolo durante unos segundos para crear tensión. Giró lentamente el filtro, abriendo y cerrando el sonido, como si estuviera moldeándolo con las manos.

Las luces ahora seguían cada movimiento. Cada apertura del filtro venía acompañada de un destello blanco intenso. Cada cierre, de una caída suave a tonos más oscuros. El escenario parecía respirar junto con la música.

En la parte central de Sky High, Neytan redujo la complejidad del sonido. Bajó capas, dejó solo lo esencial. El ritmo seguía, pero más limpio, más directo. El público lo agradeció: podían moverse con libertad, sin perderse en demasiados elementos.

Desde el escenario, Neytan observó cómo la multitud se movía como una sola masa. No había caos. No había empujones. Solo movimiento, brazos en el aire, gente girando, saltando al ritmo exacto del beat.

Un grupo cerca del centro del público comenzó a corear el nombre de Marshmello, no como un grito descontrolado, sino como un canto rítmico que se mezclaba con la música. Neytan escuchó algo de eso incluso a través del casco y los auriculares.

Sonrió, aunque nadie pudiera verlo.

Volvió a los controles y añadió un delay rítmico en los sintetizadores. Cada nota parecía perseguir a la anterior, creando una sensación de ascenso continuo. Las pantallas detrás del escenario mostraban ahora visuales de líneas verticales que subían lentamente, reforzando la idea de altura, de vuelo.

En el clímax del track, Neytan subió ligeramente el volumen general y activó un efecto de eco largo justo antes de soltar la parte más abierta de la canción. El resultado fue inmediato: el público estalló en movimiento. Saltos sincronizados, manos agitándose en el aire, celulares temblando mientras grababan.

Algunos gritaban cosas como “¡Este es el mejor momento!”, otros simplemente reían, mirando a sus amigos, incrédulos de estar viviendo eso en vivo. Había quienes se abrazaban sin decir nada, dejando que la música hiciera todo el trabajo.

Neytan no se apresuró al final. Dejó que Sky High se desarrollara completamente. Respetó cada sección. Ajustó pequeños detalles: un corte aquí, una subida allá, siempre con precisión. No necesitaba exagerar. La canción se sostenía por sí sola.

El último eco de Sky High aún se deslizaba por el aire cuando Neytan no dejó que el ambiente se enfriara. No bajó la cabeza ni se alejó de los controles. Al contrario: apoyó ambas manos sobre la Pioneer DJM-900 Nexus, respiró profundo detrás del casco y miró al público durante un segundo que pareció eterno.

Las luces se atenuaron lentamente, pasando de los tonos brillantes a una mezcla de azules profundos y violetas suaves. El humo dejó de salir en ráfagas y comenzó a flotar de manera más densa, creando una atmósfera envolvente, casi íntima, a pesar de las miles de personas frente al escenario.

Neytan giró el selector de pista en el CDJ-2000 derecho. En los auriculares comenzó a escucharse una intro conocida, melancólica, cargada de emoción. Ajustó el cue, comprobó el tempo y alineó perfectamente el BPM con el track anterior. Todo estaba limpio.

Entonces levantó la mano izquierda, tomó el micrófono y habló por primera vez en este tramo del set:

Vamos… todos canten juntos.

El público reaccionó al instante. Un grito masivo recorrió el Mainstage, como una ola que se estrellaba contra el escenario. Brazos arriba, celulares encendidos, gente acercándose unos a otros, sabiendo que venía algo especial.

Neytan soltó el micrófono, abrió lentamente el fader del canal, y Fade Into Darkness comenzó a nacer desde el sistema de sonido.

Looking up

There’s always sky

Rest your head

I’ll take you high

We won’t fade into darkness

Won’t let you fade into darkness

Why worry now?

You’ll be safe

Hold my hand

Just in case

And we won’t fade into darkness

Fade into darkness

No, we won’t fade into darkness

Fade into darkness

La música entró suave, casi frágil. Los sintetizadores se expandieron lentamente, envolviendo al público en una sensación de nostalgia y esperanza al mismo tiempo. Neytan mantuvo el bajo contenido, sin soltarlo del todo, dejando que la emoción se construyera sola.

Las luces ahora se movían despacio, como si respiraran. Blancos suaves y azules oscuros recorrían al público de lado a lado. Desde el escenario se podía ver cómo muchas personas cerraban los ojos, cantando aunque aún la canción no explotaba por completo.

Neytan trabajaba con precisión. Ajustó los medios para que la melodía destacara, aplicó un reverb largo que hacía que cada nota pareciera quedarse suspendida en el aire. Con la otra mano, activó un delay sutil, creando una sensación de eco emocional.

El público empezó a cantar más fuerte. No era un grito desordenado, era un canto colectivo, imperfecto, humano. Algunos levantaban una mano, otros ambas. Varias personas se subieron a los hombros de sus amigos, grabando el momento desde arriba.

Neytan inclinó la cabeza, escuchando cómo la multitud prácticamente se convertía en una extensión de la canción.

Cuando la música comenzó a acercarse al primer punto de tensión, Neytan bajó el volumen general apenas un poco. El silencio relativo hizo que el público cantara aún más fuerte, llenando el espacio que la música dejaba.

And we won’t fade into darkness

Fade into darkness

No, we won’t fade into darkness

Fade into darkness

En ese punto, Neytan levantó ambas manos por un segundo, alejándose de los controles. El público respondió con un grito ensordecedor. Luego volvió rápidamente al DJM-900, giró el filtro y dejó que el bajo regresara con más cuerpo.

El golpe fue limpio, profundo. El suelo parecía vibrar.

Las luces explotaron en blanco y dorado. Los láseres cruzaron el cielo nocturno, formando patrones amplios que se abrían y cerraban al ritmo del beat. El humo se iluminó, haciendo que el escenario pareciera flotar dentro de una nube luminosa.

El público saltaba ahora. No todos al mismo ritmo, pero sí con la misma emoción. Algunos cantaban con los ojos cerrados, otros gritaban mirando al escenario, otros se abrazaban sin dejar de moverse.

Neytan ajustó los graves con cuidado. No quería saturar. Quería que cada golpe se sintiera, no que aplastara. Aplicó un sidechain más marcado, haciendo que la melodía respirara con cada kick.

En la parte central de Fade Into Darkness, Neytan jugó con los silencios. Cortó el bajo durante un compás, luego lo devolvió. Repitió el efecto una segunda vez, cada vez provocando un grito más fuerte del público.

Desde el escenario, podía ver cómo decenas de celulares grababan ese momento exacto, capturando las luces, la música y la energía colectiva.

This world can seem

Cold and grey

But you and I

Are here today

And we won’t fade into darkness

No, we won’t fade into darkness

Nothing to fear

But fear itself

We’ll be ok

Just keep the faith

And we won’t fade into darkness

Fade into darkness

No, we won’t fade into darkness

Fade into darkness

La canción avanzaba hacia su tramo más emocional. Neytan redujo los efectos, dejando que la composición hablara por sí sola. No necesitaba adornos excesivos. La gente ya estaba completamente conectada.

Algunos cantaban a todo pulmón, sin importar si afinaban o no. Otros simplemente levantaban los brazos y dejaban que la música los atravesara. Era uno de esos momentos en los que el tiempo parecía detenerse.

Neytan volvió a tomar el micrófono, solo un segundo

Eso… sigan cantando.

No dijo nada más. No hacía falta.

El público respondió aún más fuerte. El canto se elevó por encima del sistema de sonido durante unos segundos, algo que incluso los técnicos notaron desde el costado del escenario.

Cuando la canción comenzó a acercarse al final, Neytan preparó la salida con calma. Bajó progresivamente los agudos, luego los medios, dejando solo el pulso del bajo durante unos instantes.

Las luces se suavizaron otra vez, volviendo a tonos fríos, azules profundos, casi nocturnos. El humo se dispersó lentamente, revelando los rostros emocionados del público.

Woah

Woah, fade into darkness

Woah

Woah, fade into darkness

Woah

And we won’t fade into darkness (woah)

Fade into darkness (woah)

No, we won’t fade into darkness (woah)

Fade into darkness (woah)

Woah

Fade into darkness

Los últimos acordes resonaron largos, extendidos por el delay y el reverb. Neytan dejó que se apagaran poco a poco, sin cortar abruptamente. La canción murió como debía: lentamente, con dignidad.

El eco final de Fade Into Darkness todavía flotaba en el aire cuando Neytan no dejó que el silencio se apoderara del escenario. No habló. No miró a nadie en particular. Simplemente bajó la cabeza un segundo y movió la mano derecha hacia el CDJ-2000 izquierdo, donde ya tenía preparada la siguiente pista.

En sus auriculares Pioneer HDJ-2000, la intro de Seek Bromance comenzó a sonar con suavidad. Era una melodía reconocible, cálida, casi luminosa, contrastando con la carga emocional del track anterior. Neytan ajustó el cue, alineó el BPM con precisión quirúrgica y movió lentamente el pitch fader hasta dejarlo perfectamente sincronizado.

Las luces del escenario cambiaron de inmediato. Los tonos azules profundos se transformaron en blancos suaves y dorados, creando una atmósfera abierta, casi esperanzadora. El humo comenzó a disiparse, dejando ver mejor al público: miles de personas mirando al escenario, expectantes, muchas ya reconociendo la melodía antes de que entrara del todo.

Neytan levantó la mano derecha, palma abierta, señal clara para el público. Luego levantó la izquierda. Ambas manos en el aire.

El mensaje era simple: esto es juntos.

El público respondió al instante. Un rugido colectivo recorrió el Mainstage. Brazos arriba por todas partes. Gente señalando al escenario. Otros abrazándose. Los celulares volvieron a levantarse como un mar de luces.

Neytan bajó lentamente el fader del canal.

La melodía de Seek Bromance se desplegó con claridad cristalina. Neytan mantuvo el bajo contenido, dejando que los sintetizadores respiraran. Ajustó los medios para que la armonía envolviera al público sin saturar, y aplicó un reverb amplio, haciendo que cada nota pareciera expandirse más allá del escenario.

I’ve been watching you

You’ve been hurting too

You give all your love

Nothing left to show

I have been there too

Alone in my despair

Watching life go by

No one whom to share

Boy you got it bad

But I got something good

I will treat you good in every way, yeah

You will never feel alone

My touch is such a rush

It, oh, oh, oh, overflows

I’ll get to you the love you seek and more

So what are you waiting for

I’ll get to you the love you seek and more

El público comenzó a cantar de inmediato. No todos al mismo tiempo, no todos igual, pero sí con una emoción evidente. Algunas personas cerraban los ojos. Otras sonreían sin darse cuenta. Varias parejas se tomaban de la mano, balanceándose suavemente con el ritmo.

Neytan movía la cabeza al compás, concentrado pero disfrutando. Giró lentamente el filtro high-pass, limpiando las frecuencias graves para preparar el crecimiento de la canción. Cada movimiento era suave, sin prisas. Sabía que Seek Bromance no se forzaba: se dejaba crecer.

Las luces ahora se movían en patrones amplios, barridos lentos que recorrían al público de izquierda a derecha. No había flashes agresivos. Todo acompañaba el carácter melódico del track.

Cuando la canción comenzó a acercarse a su primera zona de tensión, Neytan bajó el volumen general apenas un poco. El público lo notó. Y, como en una reacción instintiva, cantó más fuerte.

I’ll get to you the love you seek and more

Your what I’m waiting for you

I will give to you

The love you seek and more

(Your all I really need)

I will get to you the love you seek and more

So what are you waiting for

I’ll get to you the love you seek and more

Neytan levantó una mano, señalando al público, como diciendo sigan, sigan. Luego volvió a los controles y devolvió el volumen con precisión. El bajo entró con más cuerpo, sin ser agresivo, profundo y redondo.

Las luces cambiaron a tonos cálidos: naranjas, dorados, blancos intensos. El escenario se iluminó por completo, revelando la magnitud del público. Desde arriba, se podía ver a personas sobre los hombros de otros, grabando, cantando, señalando al cielo.

Neytan aplicó un delay rítmico sobre la melodía, creando una sensación de expansión. Cada eco parecía envolver al público, como si la música los rodeara por completo. Con la otra mano, ajustó ligeramente el EQ, asegurándose de que la voz (aunque no se reprodujera explícitamente) tuviera espacio emocional.

En la mitad exacta de la canción, Neytan hizo algo simple pero efectivo: cortó el bajo por un compás completo.

El público gritó.

Luego lo devolvió.

Baby here we are standing face to face

Just the two of us locked in your embrace

Now I got it bad but you got something good

Won’t you treat me good in every way, yeah

Are you ready

I can feel your passion and your love

It, oh, oh, oh, overflows

I’ll get to you the love you seek and more

So what are you waiting for

I’ll get to you the love you seek and more

El regreso del beat fue recibido con saltos, aplausos y gritos. El suelo vibraba. La energía era positiva, limpia, casi eufórica. No era caos; era conexión.

Neytan levantó ambas manos otra vez, esta vez manteniéndolas arriba durante varios segundos. El público imitó el gesto. Miles de brazos levantados al mismo tiempo, moviéndose lentamente al ritmo de la música.

Con las manos aún arriba, Neytan inclinó la cabeza ligeramente, como agradeciendo ese momento. Luego volvió a los controles y comenzó a preparar el cierre.

Redujo los efectos poco a poco. Quitó el delay. Suavizó el reverb. Dejó que la melodía final sonara clara, directa, sin adornos innecesarios.

Las luces comenzaron a descender en intensidad, volviendo a tonos suaves. El humo se disipó casi por completo, dejando el escenario limpio, abierto, humano.

I got love you seek

I got love you seek

I got love you seek

I got love

I’ll get to you the love you seek and more

So what are you waiting for

I’ll get to you the love you seek and more

(The love you seek, baby, its in me)

The love you seek and more

(Your always want, baby)

I’ll get to you the love you seek and mor

Los últimos acordes de Seek Bromance se extendieron lentamente. Neytan bajó el fader con cuidado, dejando que la canción se despidiera sin brusquedad.

Durante un segundo, el público siguió cantando incluso cuando la música ya estaba apagándose.

El último eco de Seek Bromance aún vibraba en el aire cuando Neytan no dejó que la emoción cayera. No permitió que el público bajara los brazos ni un segundo. Con la mano derecha giró suavemente el filtro del canal activo mientras con la izquierda ya estaba preparado sobre el CDJ-2000 derecho, donde la siguiente pista esperaba en silencio.

En sus Pioneer HDJ-2000, la introducción de We’ll Meet Again comenzó a sonar con una suavidad casi etérea. No era un golpe inmediato. Era una invitación. Una atmósfera que se iba construyendo poco a poco, como si el escenario respirara distinto.

Neytan alineó el tempo con precisión, ajustó el pitch fader con movimientos mínimos y bajó el volumen general apenas un punto para que la transición fuera limpia, elegante. Cuando estuvo seguro, levantó lentamente el fader.

Las luces cambiaron por completo. El escenario se llenó de tonos violetas, azules profundos y blancos suaves que caían como estrellas sobre el público. El humo volvió, pero esta vez en capas finas, flotando lentamente, creando una sensación de profundidad.

Neytan levantó ambas manos, despacio, con las palmas abiertas.

El público respondió de inmediato.

Un murmullo primero… y luego un canto colectivo que comenzó incluso antes de que la canción entrara por completo. Muchos ya sabían lo que venía. Otros simplemente sentían que algo especial estaba a punto de pasar.

La canción se abrió completamente y el público empezó a cantar con una fuerza que sorprendía incluso desde el escenario. No era un grito. Era un canto unido, emocional, sincero. Miles de voces mezclándose en una sola.

Suddenly, you’re nowhere to be found

I turn around and everything has changed

Looking for a way to work it out

I’m trying to find some peace to navigate

The oak tree where I met you

And the writing on the statue

I still remember every word you said

I’m not a soldier but I’m fighting

Can you hear me through the silence?

I won’t give up ‘cause there will be a day

We’ll meet again

We’ll meet again

Neytan bajó la cabeza un segundo, como si absorbiera ese momento. Luego volvió a los controles. Ajustó los medios para que la melodía envolviera el lugar, subió apenas el reverb y dejó que cada nota se expandiera sobre el festival.

Las luces ahora se movían lentamente, sincronizadas con el pulso de la canción. No había prisa. No había drops agresivos. Todo era conexión.

El público comenzó a balancearse. Algunos con los ojos cerrados. Otros abrazando a quien tenían al lado. Varias personas se subieron a los hombros de otros, levantando los brazos, cantando con todo el pecho.

Neytan señalaba al público, primero con una mano, luego con las dos. Les pedía más sin decir una palabra. Y el público le daba más.

Cuando la canción empezó a crecer, Neytan giró lentamente el knob de build, retirando graves, dejando que la tensión se acumulase. Cada segundo parecía eterno.

Y justo cuando la canción alcanzó su centro emocional…

Everything we wanted turned to gold (turned to gold)

The path we chose, the future on our side

Never thought I’d do this on my own (on my own)

But now I wield the sword you left behind

The oak tree where I met you

And the writing on the statue

I still remember every word you said

I’m not a soldier but I’m fighting

Can you hear me through the silence?

I won’t give up ‘cause there will be a day

We’ll meet again

We’ll meet again

Neytan soltó los controles por un momento.

Sacó su celular del bolsillo del traje blanco, lo levantó por encima de la cabina y apuntó directamente al público. No al escenario. A ellos.

La gente lo vio.

Y explotó.

Cantaban aún más fuerte. Saltaban. Levantaban las manos. Algunos señalaban al celular, otros gritaban el nombre de la canción. Era un coro masivo, desordenado y perfecto.

Neytan giró lentamente sobre sí mismo grabando el mar de personas, las luces moviéndose, los brazos en el aire, las caras iluminadas por emoción pura. Se notaba que no era un video cualquiera: era un recuerdo.

Con una mano seguía sosteniendo el celular. Con la otra, volvió a los controles para mantener la mezcla estable. Dominio total.

Grabó unos segundos más.

Luego bajó el celular, desbloqueó rápido la pantalla y envió el video a Laura Brehm.

El mensaje fue simple y directo:

“Todos aman tu voz en esta canción”

Guardó el celular, volvió a levantar ambas manos y el público volvió a responder como si fuera un diálogo silencioso entre ellos.

Las luces ahora eran más intensas, mezclando blancos brillantes con azules eléctricos. El humo se elevaba en columnas suaves que se abrían sobre el público.

Neytan devolvió el bajo poco a poco, con cuidado, haciendo que la canción retomara su fuerza sin romper la emoción.

La gente saltaba, pero seguía cantando.

No se perdía la letra.

No se perdía el sentimiento.

Y cuando la canción comenzó a acercarse a su cierre…

Dark for the sunrise

Clouds for a blue sky

Space for the travelling star

Strong from the inside

You’re still my life-line

I feel you wherever you are

The oak tree where I met you

And the writing on the statue

I still remember every word you said

I’m not a soldier but I’m fighting

Can you hear me through the silence?

I won’t give up ‘cause there will be a day

We’ll meet again

We’ll meet again

We’ll meet again

Neytan redujo los efectos. Quitó el delay. Dejó la melodía limpia, directa. Bajó lentamente el fader, permitiendo que los últimos acordes flotaran en el aire.

El público siguió cantando incluso cuando la música ya estaba desapareciendo.

El eco emocional de We’ll Meet Again todavía flotaba sobre el Mainstage cuando Neytan no permitió que el silencio se apoderara del momento. No dejó que el público bajara los brazos ni que la energía se disipara. Con un movimiento preciso, llevó su mano derecha al Pioneer CDJ-2000 izquierdo, donde ya tenía preparada la siguiente pista.

En sus Pioneer HDJ-2000, la introducción de I Could Be The One empezó a sonar con un pulso firme, reconocible, con esa sensación de avance constante que hacía que el cuerpo quisiera moverse incluso antes de que entrara por completo.

Neytan ajustó el BPM con el pitch fader, alineándolo a la perfección con la pista anterior. Miró de reojo la pantalla de su MacBook Pro, verificando la forma de onda, los puntos de entrada y los marcadores que había preparado horas antes. Todo estaba exactamente donde debía estar.

Con la mano izquierda bajó ligeramente los graves del canal que estaba saliendo. Con la derecha subió lentamente el fader del nuevo track.

La transición fue limpia. Elegante. Profesional.

Las luces del escenario cambiaron de golpe: tonos verdes y blancos comenzaron a recorrer el público en líneas horizontales, como si el escenario se expandiera hacia afuera. Las pantallas LED mostraban formas geométricas que se movían al ritmo del beat.

Neytan levantó una mano, luego la otra, pidiendo atención.

El público reaccionó de inmediato.

Un grito colectivo recorrió el festival cuando reconocieron la canción. Algunos saltaron sin pensarlo. Otros levantaron los brazos. Muchos empezaron a cantar incluso antes de que la canción llegara a su parte principal.

Do you think about me when you’re all alone?

The things we used to do, we used to be

I could be the one to make you feel that way

I could be the one to set you free

Do you think about me when the crowd is gone?

It used to be so easy, you and me

I could be the one to make you feel that way

I could be the one to set you free

La canción entró completamente y el público explotó. No era un simple baile: era una reacción visceral. Miles de personas moviéndose al mismo tiempo, siguiendo ese groove constante que empujaba hacia adelante.

Neytan empezó a trabajar los controles con más intensidad. Giró el knob de filtro lentamente, dejando que la melodía respirara. Añadió un delay corto justo en los momentos clave, creando pequeños ecos que se perdían entre los gritos del público.

El humo salió desde los laterales del escenario, no en explosión, sino en oleadas continuas que se deslizaban sobre la multitud. Las luces ahora seguían el ritmo del bombo, marcando cada golpe con destellos blancos.

Neytan señalaba al público con el brazo extendido, como si dirigiera una orquesta gigante. Luego giró la mano en el aire, pidiéndoles más energía.

La respuesta fue inmediata.

Personas subiéndose a los hombros de otros. Celulares en alto grabando. Grupos enteros cantando a todo pulmón. No había vergüenza. No había distancia entre el escenario y la gente.

Cuando la canción empezó a avanzar hacia su siguiente sección, Neytan retiró los graves por completo durante un par de compases, dejando solo la melodía y el ritmo alto. La tensión creció.

El público lo sintió.

Saltaban esperando el regreso completo del sonido.

Justo casi por llegar a la mitad de la canción, Neytan levantó ambas manos y soltó los controles por un segundo, dejando que la música siguiera sola.

I could be the one to make you feel that way

I could be the one to set you free

I could be the one to make you feel that way

I could be the one to set you free

El beat volvió con fuerza y el público gritó como si el escenario acabara de explotar. Neytan volvió a los controles, subiendo el low EQ con decisión, devolviendo todo el peso de la canción.

Las luces cambiaron a tonos naranjas y amarillos, creando una sensación de atardecer eléctrico sobre el festival. El humo se disipaba y volvía, sincronizado con los golpes más fuertes.

Neytan comenzó a jugar con los loops, repitiendo pequeños fragmentos rítmicos durante fracciones de segundo, solo para soltarlos de nuevo, manteniendo al público en constante expectativa.

La gente no dejaba de moverse. Era un salto continuo, una marea humana empujada por el ritmo.

En el centro exacto de la canción, Neytan bajó ligeramente el volumen general, creando un breve respiro. No silencio. Solo espacio.

When you need a way to beat the pressure down

When you need to find a way to breathe

I could be the one to make you feel that way

I could be the one to set you free

If you need to see me when the crowd is gone

It used to be so easy, can’t you see?

I could be the one to make you feel that way

I could be the one to set you free

I could be the one to make you feel that way

I could be the one to set you free

I could be the one to make you feel that way

I could be the one to set you free

I could be the one to make you feel that way

I could be the one to set you free

I could be the one to make you feel that way

I could be the one to set you free

El público siguió cantando incluso en ese momento más contenido. Las voces llenaban el espacio que Neytan había dejado libre. Él sonrió debajo del casco —aunque nadie podía verlo— y asintió, satisfecho.

Volvió a subir el volumen gradualmente, añadió un reverb amplio y dejó que la canción creciera una vez más. Las pantallas LED mostraban ahora imágenes abstractas en movimiento rápido, acompañando el pulso ascendente.

Neytan se inclinó sobre la cabina, concentrado. Ajustó niveles, comprobó que no hubiera picos, mantuvo todo bajo control. Cada movimiento era preciso, sin exageraciones. Sabía exactamente cuándo tocar y cuándo dejar que la canción hablara sola.

A medida que la canción se acercaba a su final, Neytan empezó a retirar elementos poco a poco. Primero los efectos. Luego parte de los graves. Dejó que la melodía tomara protagonismo.

El público seguía cantando, brazos en alto, como si nadie quisiera que ese momento terminara.

Y cuando llegaron los últimos compases…

I could be the one to make you feel that way

I could be the one to set you free

I could be the one to make you feel that way

I could be the one to set you free

Neytan bajó lentamente el fader, dejando que los últimos acordes flotaran en el aire del festival. Las luces se suavizaron, pasando a tonos blancos cálidos. El humo se disipó por completo.

El último eco de I Could Be The One todavía resonaba entre los edificios de Asheville cuando Neytan no dejó que el momento se apagara. Sin apresurarse, con la calma de alguien que sabía exactamente lo que estaba haciendo, deslizó la mano derecha hacia el Pioneer CDJ-2000 derecho, donde ya tenía cargada la siguiente pista.

En sus Pioneer HDJ-2000, el pulso inconfundible de Feel So Close comenzó a marcarse con claridad. No era una entrada agresiva; era segura, firme, con ese groove que no necesitaba gritar para dominar.

Neytan ajustó el pitch fader con suavidad, sincronizando el tempo a la perfección. Observó la forma de onda en la pantalla del MacBook Pro, confirmó los puntos de entrada y soltó un leve asentimiento.

Con la mano izquierda, bajó gradualmente los graves del canal anterior. Con la derecha, empujó el fader del nuevo track.

La transición fue limpia, casi imperceptible… hasta que el público lo reconoció.

Un murmullo recorrió la multitud, seguido de un grito que fue creciendo como una ola. Los primeros saltos comenzaron incluso antes de que la canción entrara por completo.

Las luces del Mainstage cambiaron a tonos azules y blancos, moviéndose en barridos amplios que cruzaban el público de lado a lado. Las pantallas LED mostraban líneas brillantes que se abrían y cerraban al ritmo del beat.

Neytan levantó un brazo, luego el otro, animando a la gente a acompañar el ritmo.

I feel so close to you right now, it’s a force field

I wear my heart upon my sleeve like a big deal

Your love pours down on me, surround me like a waterfall

And there’s no stopping us right now

I feel so close to you right now

La canción se asentó por completo y el público respondió como uno solo. Miles de personas moviéndose al mismo tiempo, algunos con los ojos cerrados, otros grabando, otros simplemente saltando sin parar.

Neytan comenzó a trabajar los controles con precisión. Giró el filtro lentamente, dejando que la melodía respirara. Añadió un reverb ligero, solo lo suficiente para dar amplitud sin ensuciar el sonido.

El humo salió desde el fondo del escenario en columnas suaves, no invasivas, envolviendo la primera fila. Las luces comenzaron a sincronizarse con el bombo, marcando cada golpe con destellos breves.

Neytan señalaba al público, luego giraba la mano en círculos pidiendo más energía. El público entendía el lenguaje sin palabras.

A medida que la canción avanzaba, Neytan empezó a jugar con pequeños cortes de graves, quitándolos durante un compás y devolviéndolos justo cuando la gente más lo esperaba. Cada regreso provocaba gritos y saltos más altos.

Cuando la canción se acercaba a su parte central, Neytan se inclinó hacia la cabina y miró al público. La energía estaba alta, pero él quería más.

Agarró el micrófono con la mano derecha, bajó ligeramente el volumen del track y habló con voz clara y directa:

—¡No les escucho! ¡Vamos más fuerte, que todos en Asheville nos escuchen!

El público explotó en gritos. Algunos levantaron ambas manos, otros se subieron a los hombros de amigos, otros simplemente gritaban su emoción sin palabras.

Justo después de eso, la canción continuó hacia su punto medio.

I feel so close to you right now, it’s a force field

I wear my heart upon my sleeve like a big deal

Your love pours down on me, surround me like a waterfall

And there’s no stopping us right now

I feel so close to you right now

El beat volvió con más fuerza y Neytan devolvió los graves completos, empujando el sonido hacia adelante. Las luces ahora combinaban azul, blanco y destellos dorados, creando una atmósfera épica sobre el festival.

Neytan levantó ambas manos por encima de la cabeza, marcando el ritmo con movimientos amplios. El público lo imitó. Miles de brazos en el aire, moviéndose al mismo tiempo.

Añadió un delay rítmico en los últimos golpes de algunas frases, dejando ecos que se perdían entre los gritos. Todo estaba calculado, pero se sentía natural.

La canción avanzaba, sólida, constante, sin perder intensidad. Neytan revisaba constantemente los niveles en la DJM-900 Nexus, asegurándose de que el sonido fuera limpio y potente.

A medida que se acercaba el final, comenzó a retirar elementos poco a poco. Primero los efectos. Luego suavizó los graves, dejando que la melodía tomara protagonismo.

El público seguía cantando, incluso cuando la música se hacía más ligera. Nadie quería que terminara.

En los últimos compases, Neytan bajó lentamente el fader, estirando el final lo justo para que el momento se sintiera eterno.

And there’s no stopping us right now

And there’s no stopping us right now

And there’s no stopping us right now

I feel so close to you right now

Las luces se suavizaron, quedando en un blanco cálido que iluminaba los rostros del público. El humo se disipó lentamente.

El eco final de Feel So Close todavía flotaba en el aire cuando Neytan no dejó que el silencio se asentara del todo. Apenas un segundo después de que el último acorde se desvaneciera, la multitud seguía gritando, y él lo sabía: ese era el momento exacto.

Sin mirar al público todavía, bajó lentamente la mano derecha hacia el Pioneer CDJ-2000 del canal izquierdo. En la pantalla, la forma de onda que estaba esperando brillaba con claridad. Levels estaba lista.

Neytan ajustó el cue en sus Pioneer HDJ-2000, escuchando el pulso inicial, confirmando el tempo, respirando hondo bajo el casco. No había prisa. Sabía lo que esa canción significaba para la gente.

Con un movimiento suave, bajó el fader del track anterior mientras abría el nuevo canal apenas unos milímetros. El beat comenzó a entrar de forma sutil, casi como un rumor.

Al principio, solo algunos en la primera fila lo reconocieron. Se miraron entre ellos, sonrieron, levantaron las cejas. Luego, como un incendio que avanza sin que nadie pueda detenerlo, el reconocimiento se propagó hacia atrás.

Un grito colectivo estalló.

Las luces del Moogfest Mainstage cambiaron de inmediato: tonos blancos intensos, combinados con destellos dorados, barrían el público de lado a lado. Las pantallas LED mostraban patrones geométricos que se expandían al ritmo del beat.

Neytan levantó lentamente un brazo, palma abierta, pidiendo calma… aunque todos sabían que la calma no duraría.

Con la otra mano, giró el filtro ligeramente, dejando que el groove respirara. Quitó los graves por un instante, solo para generar expectativa. El público comenzó a saltar incluso sin el drop completo.

Neytan miró hacia el mar de personas frente a él. Miles de manos ya estaban en el aire. Algunas personas se subían a los hombros de otros. Otras grababan con sus celulares temblando por la emoción.

Entonces, con un gesto firme, devolvió los graves.

El impacto fue inmediato.

El suelo parecía vibrar. El público gritó al unísono, como si la canción hubiera encendido algo primitivo, algo imposible de contener. Neytan comenzó a marcar el ritmo con ambos brazos, subiéndolos y bajándolos, animando a todos a seguirlo.

El humo salió disparado desde los costados del escenario en columnas gruesas. Las luces se sincronizaron con cada golpe del bombo, creando destellos que casi cegaban por momentos.

Neytan trabajaba los controles con precisión absoluta. Ajustaba el EQ para que los graves golpearan fuerte pero limpios. Añadía un toque de reverb en los momentos clave. Todo estaba calculado, pero se sentía vivo.

A medida que la canción avanzaba, la energía no bajaba; subía. El público cantaba incluso sin letra explícita, tarareando, gritando, viviendo el momento.

Cuando el track comenzó a acercarse a su punto central, Neytan hizo algo distinto: bajó ligeramente el volumen general, creando un pequeño vacío sonoro. La multitud siguió cantando sola, sin música por un par de segundos.

Entonces, justo en la mitad exacta de la canción, Neytan dejó que todo volviera a entrar… y ahí, claramente, se escuchó lo que todos estaban esperando:

Oh, sometimes

I get a good feeling, yeah

Get a feeling that I never, never, never, never had before, no no

I get a good feeling, yeah

Oh, sometimes

I get a good feeling, yeah

Get a feeling that I never, never, never, never had before, no no

I get a good feeling, yeah

El público explotó.

No fue solo cantar. Fue gritar con el pecho, con los pulmones, con todo el cuerpo. Miles de voces repitiendo cada palabra como si fuera un himno. Neytan levantó ambas manos por encima de la cabeza, señalando al público, dejándolos ser protagonistas.

Las luces ahora giraban en círculos amplios, iluminando todo el recinto. El humo envolvía la escena como si el escenario estuviera flotando.

Neytan no tocó nada durante unos segundos. Dejó que la gente cantara. Dejó que el momento existiera.

Luego volvió a los controles, ajustó el fader, reforzó los graves, y la canción retomó toda su potencia. El beat golpeó más fuerte que antes, como si la energía del público se hubiera transferido directamente al sonido.

La gente saltaba sin parar. Algunos se abrazaban. Otros cerraban los ojos. Era uno de esos momentos que no se planean, simplemente pasan.

A medida que Levels se acercaba al final, Neytan comenzó a retirar elementos poco a poco. Primero los efectos, luego suavizó el filtro, dejando que la melodía respirara por última vez.

El rugido que dejó Levels todavía no se apagaba cuando Neytan ya estaba un paso adelante. Bajo el casco blanco, respiró profundo. El sudor le corría por la frente, atrapado entre la espuma interna del casco y los auriculares Pioneer HDJ-2000, pero no le importaba. Ese calor era parte del ritual.

Sin decir una palabra, deslizó la mano derecha hacia el CDJ-2000 del canal dos. En la pantalla, el nombre del track brillaba con claridad: Ten Feet Tall.

Antes de soltarlo, miró al público. Miles de personas seguían con los brazos en alto, algunas aún saltando, otras intentando recuperar el aliento. Neytan levantó un dedo, pidiendo atención. El gesto fue mínimo, pero el efecto inmediato: la gente empezó a gritar otra vez.

Con el pulgar, presionó play.

El inicio entró limpio, controlado. Neytan bajó los graves al mínimo, dejando que la introducción flotara por el sistema de sonido del Moogfest. Las luces cambiaron a tonos azules profundos y blancos suaves, como si el escenario se expandiera hacia arriba.

Neytan apoyó ambas manos sobre la DJM-900 Nexus, ajustando lentamente el EQ. Cada pequeño giro tenía intención. No tenía prisa. Sabía que esta canción crecía mejor cuando se la dejaba respirar.

En el momento exacto en que la canción comenzaba formalmente, el público ya estaba completamente conectado. Algunas personas cerraban los ojos, otras se balanceaban, otras grababan sin dejar de moverse.

Y justo al inicio de la canción, Neytan dejó que el sonido se abriera mientras en la narrativa del momento aparecía

I’m clumsy

Yeah my head’s a mess

Cause you got me growing taller everyday

We’re giants

In a little man’s world

My heart is pumping up so big that it could burst

Been trying so hard not to let it show

But you got me feeling like

I’m stepping on buildings, cars and boats

I swear I could touch the sky

oh, oh ,oh

I’m ten feet tall

oh, oh ,oh

I’m ten feet tall

El público reaccionó aunque no todos cantaban aún; muchos simplemente levantaban los brazos, sintiendo el ritmo subir por el cuerpo. Neytan comenzó a marcar el tempo con la cabeza, luego con los hombros, completamente metido en el flujo.

Con la mano izquierda, introdujo un delay sutil, haciendo que ciertos elementos se repitieran y se expandieran en el aire. Con la derecha, fue devolviendo los graves poco a poco, construyendo tensión.

Las pantallas LED ahora mostraban siluetas abstractas que parecían crecer hacia arriba, como si todo el escenario se elevara. El nombre de la canción cobraba sentido en la energía del lugar.

Cuando el beat cayó con más fuerza, el público empezó a saltar de nuevo, ya sin reservas. Neytan levantó ambos brazos y los bajó de golpe, indicando el drop. El sonido golpeó con precisión quirúrgica.

A mitad del track, Neytan decidió jugar con el silencio. Cortó brevemente los graves, dejando solo la melodía y algunos elementos rítmicos. El público siguió moviéndose, esperando.

En ese punto medio exacto, el momento narrativo se marcó claramente

I’ll be careful

So don’t be afraid

You’re safe here

No these arms won’t let you break

I’ll put up a sign in the clouds

So they all know

That we ain’t ever coming down

Been trying so hard not to let it show

But you got me feeling like

I’m stepping on buildings, cars and boats

I swear I could touch the sky

oh, oh ,oh

I’m ten feet tall

oh, oh ,oh

I’m ten feet tall

La reacción fue inmediata. La gente gritó, algunos cantaron lo que conocían, otros simplemente alzaron las manos más alto todavía. Neytan se inclinó hacia adelante, apoyándose en la cabina, completamente concentrado.

Giró el filtro hacia abajo y devolvió toda la potencia del bajo. El impacto fue brutal. Las columnas de humo salieron disparadas desde ambos lados del escenario, y las luces estallaron en destellos sincronizados con cada golpe del bombo.

Neytan comenzó a moverse más, ya no solo controlando, sino sintiendo. Marcaba el ritmo con los brazos, señalaba al público, los hacía gritar, luego bajar, luego explotar otra vez. El control era total.

El público estaba completamente entregado. No había teléfonos suficientes para capturar ese momento. Algunos se abrazaban, otros saltaban con desconocidos, todos compartiendo la misma energía.

A medida que la canción avanzaba hacia su cierre, Neytan empezó a retirar capas. Primero los efectos, luego suavizó el EQ, dejando que la melodía tomara protagonismo una última vez.

Las luces se volvieron más cálidas, mezclando dorados y blancos. El público seguía con las manos arriba, balanceándose, agotado pero feliz.

Y al llegar al final de la canción, el momento se cerró con

You build me up

Make me what I never was

You kill me up

From nothing into something

Yeah, something from the dust

Been trying so hard not to let it show

But you got me feeling like

I’m stepping on buildings, cars and boats

I swear I could touch the sky

oh, oh ,oh

I’m ten feet tall

oh, oh ,oh

I’m ten feet tall

I’m ten feet tall

oh, oh ,oh

I’m ten feet tall

El último sonido se desvaneció lentamente

El eco final de Ten Feet Tall todavía flotaba en el aire cuando Neytan no dejó que el silencio se instalara del todo. Sabía que ese era el momento exacto para cambiar el pulso del escenario, no bajarlo, sino transformarlo. Sus manos ya estaban en movimiento antes de que el público terminara de aplaudir.

En la pantalla del CDJ-2000, el siguiente nombre aparecía claro y simple: Hope.

Neytan deslizó suavemente el crossfader hacia el canal izquierdo mientras, con la otra mano, bajaba los graves del canal que acababa de terminar. El cambio fue limpio, casi imperceptible, como si una canción se hubiera disuelto dentro de la otra. La introducción de Hope comenzó a salir por los altavoces con una textura más abierta, menos agresiva, pero cargada de intención.

Las luces del escenario cambiaron de inmediato. Los destellos intensos dieron paso a tonos blancos suaves, azul claro y púrpura, moviéndose lentamente, como respiraciones largas. El humo seguía flotando, pero ahora se dispersaba con calma, dejando ver mejor la inmensidad del público.

Neytan apoyó ambas manos sobre la Pioneer DJM-900 Nexus. Cerró ligeramente los ojos bajo el casco, no para desconectarse, sino para afinar la escucha. Ajustó el EQ con precisión: un poco más de medios, menos subgrave, dejando que la melodía tuviera espacio para crecer.

El público reaccionó de una forma distinta. Ya no saltaba de inmediato. Muchas personas levantaron los brazos despacio, otras balanceaban el cuerpo, algunas simplemente se quedaron quietas, mirando el escenario como si necesitaran absorber ese momento.

Neytan levantó una mano, abierta, palma hacia arriba, invitando a la gente a acompañarlo en esa subida progresiva. No dijo nada por el micrófono. No hacía falta. El lenguaje corporal bastaba.

Con la mano derecha, activó un reverb más amplio, haciendo que ciertos sonidos se extendieran por el espacio como ecos lejanos. El sistema de sonido del Moogfest respondió con claridad impecable; cada detalle se sentía envolvente, casi físico.

Mientras la canción avanzaba, Neytan comenzó a introducir pequeños cambios:

un delay rítmico justo antes de ciertos compases,

una ligera apertura del filtro en los sintetizadores,

y una subida muy controlada del volumen general, casi imperceptible, pero constante.

El público empezó a reaccionar más. Algunos gritaban su nombre, otros levantaban ambos brazos, otros cerraban los ojos y dejaban que el sonido los cubriera. No era euforia explosiva; era algo más profundo, más emocional.

Neytan miró brevemente hacia la multitud desde detrás del casco. No podía ver rostros con claridad, pero sí el movimiento colectivo, la sincronía. Esa era la señal de que Hope estaba funcionando exactamente como debía.

En el punto central de la canción, Neytan decidió quitar casi por completo el bombo durante unos segundos. El escenario quedó sostenido por la melodía y los pads atmosféricos. Las luces se atenuaron, dejando solo haces suaves que se movían lentamente de lado a lado.

El público respondió levantando aún más las manos, algunos empezaron a aplaudir al ritmo, otros gritaban, pero sin romper la atmósfera. Era una comunión extraña: miles de personas conectadas en un mismo pulso lento.

Neytan respiró hondo y, con un movimiento firme pero medido, devolvió los graves poco a poco. Primero un murmullo de bajo, luego más cuerpo, hasta que el beat regresó completo. No fue un golpe violento, fue una liberación.

Las luces explotaron en blanco y dorado, los láseres cruzaron el aire por encima del público, y el humo volvió a dispararse, esta vez en columnas más finas y elegantes.

Neytan comenzó a moverse más. Marcaba el ritmo con los hombros, señalaba al público, luego al cielo, luego al corazón. Era una forma silenciosa de decir esto es para ustedes.

Ajustó el filtro high-pass para limpiar los graves durante los últimos compases y dejó que la melodía se elevara una última vez. Cada giro de perilla era exacto, sin exageraciones. Se notaba la experiencia acumulada en festivales anteriores, pero también la calma de alguien que entiende su propio sonido.

Cuando la canción se acercaba al final, Neytan redujo lentamente el volumen, dejando que Hope se despidiera sin brusquedad. Las luces bajaron su intensidad, quedando en tonos suaves mientras el último eco se desvanecía.

El cierre de Hope todavía flotaba en el aire cuando Neytan no permitió que la energía se disipara. Había aprendido que, después de un momento emocional, no se debía cortar el hilo, sino reencauzarlo. Sus dedos ya estaban preparados antes de que el último eco terminara de morir en los altavoces.

En la pantalla del Pioneer CDJ-2000, la siguiente pista estaba cargada y lista: Two Million.

Neytan giró levemente el knob de ganancia, asegurándose de que el nivel estuviera perfectamente equilibrado. No quería sobresaltos. Con la otra mano ajustó el filtro paso bajo, dejando que los primeros sonidos entraran de forma controlada, casi como una insinuación.

El inicio de Two Million se deslizó por el sistema de sonido con una textura más profunda, más densa. El público lo sintió de inmediato, aunque todavía no reaccionó de forma explosiva. Era un sonido que pedía atención, no salto inmediato.

Las luces del escenario cambiaron a tonos azul oscuro y verde profundo, moviéndose en patrones lentos, casi hipnóticos. Los láseres aparecieron como líneas finas, cruzándose por encima de la multitud sin prisa. El humo volvió a salir, esta vez más bajo, cubriendo la base del escenario y creando la sensación de que Neytan flotaba detrás de los controles.

Neytan apoyó ambas manos sobre la DJM-900 Nexus. Su postura era relajada, pero cada músculo estaba atento. Movía ligeramente la cabeza siguiendo el pulso interno de la canción mientras escuchaba con precisión absoluta a través de los Pioneer HDJ-2000.

Comenzó a jugar con los medios, dándoles más presencia. Quería que el público sintiera la progresión, que entendiera que algo se estaba construyendo. No levantó el micrófono; dejó que la música hablara sola.

Poco a poco, la gente empezó a reaccionar. Algunos levantaron los brazos, otros comenzaron a balancearse, otros miraban al escenario con una sonrisa que mezclaba expectativa y curiosidad. Había teléfonos levantados, pero no tantos como en los drops más agresivos. Este era un momento más íntimo, aunque seguía siendo masivo.

Neytan levantó una mano y la movió lentamente hacia arriba, marcando la subida. Con la otra, abrió apenas el filtro, dejando que los graves comenzaran a respirar. El subgrave se sintió primero en el pecho antes que en los oídos, como una vibración profunda que recorría el cuerpo del público.

En el punto medio de la canción, Neytan decidió añadir un eco rítmico a ciertos elementos, creando una sensación de amplitud. Ajustó el delay con precisión quirúrgica, evitando que se volviera caótico. El resultado fue envolvente, casi tridimensional.

Las luces respondieron al cambio. Los tonos oscuros se mezclaron con destellos blancos intermitentes, sincronizados con el ritmo. El público empezó a gritar más fuerte, no por euforia descontrolada, sino porque sentían que algo grande estaba a punto de suceder.

Neytan inclinó ligeramente el cuerpo hacia adelante, concentrado. Giró el knob de graves con cuidado, subiéndolos poco a poco. No había prisa. Sabía exactamente cuánto tiempo tenía antes de que el momento culminante llegara.

Cuando el drop finalmente se acercó, Neytan cortó casi todo por un segundo. Un silencio breve, cargado de tensión. Las luces se apagaron casi por completo.

Y entonces, con un movimiento firme, devolvió todo: graves, volumen, energía.

El impacto fue inmediato. El público reaccionó al unísono. Brazos en alto, gritos, cuerpos saltando. Las luces explotaron en blanco intenso y azul eléctrico, los láseres cruzaron el cielo del festival en todas direcciones, y el humo salió disparado en columnas altas que se disipaban rápidamente.

Neytan se movía ahora con más libertad. Marcaba el ritmo con el brazo, señalaba al público, luego al escenario, luego al cielo. No hablaba, pero su lenguaje corporal era claro: esto lo estamos viviendo juntos.

En los compases finales, Neytan comenzó a limpiar la mezcla. Bajó ligeramente los graves, cerró el filtro con suavidad y dejó que los elementos melódicos se despidieran sin brusquedad. No quería un corte seco; quería una transición natural hacia lo que vendría después

El momento final llegó sin necesidad de anunciarse. Neytan lo sintió antes de verlo en el reloj. Después de Two Million, el set había alcanzado un punto de equilibrio perfecto: energía, emoción, control. No necesitaba cerrar con algo agresivo. Necesitaba cerrar con identidad.

En la pantalla de su MacBook Pro, la última pista ya estaba cargada desde hacía varios minutos, esperando su turno como una certeza silenciosa: Nova.

Neytan apoyó ambas manos sobre la Pioneer DJM-900 Nexus y respiró hondo detrás del casco. No miró al público todavía. Primero cerró ligeramente el fader del canal activo, dejando que el final de Two Million se deshiciera poco a poco en el aire. El eco residual flotó unos segundos más, sostenido por un reverb largo que él mismo había ajustado.

Las luces bajaron de intensidad casi al mismo tiempo. El escenario quedó envuelto en tonos violeta oscuro y azul profundo, como si el festival entero entrara en una pausa colectiva. El público lo percibió y, sin que nadie lo pidiera, comenzó a aplaudir y gritar con fuerza, entendiendo que algo importante estaba por empezar.

Neytan entonces levantó la mirada.

Con un movimiento suave, subió el fader del nuevo canal apenas unos milímetros. Nova entró sin prisa. Los primeros sonidos fueron etéreos, amplios, casi espaciales. No había golpe inmediato, solo una atmósfera que se abría paso lentamente por los altavoces del Mainstage.

Neytan ajustó el filtro paso alto, limpiando cualquier residuo de graves al inicio. Quería que el comienzo se sintiera ligero, flotante. Sus dedos giraban los knobs de medios con precisión, resaltando las capas melódicas mientras escuchaba atentamente a través de los Pioneer HDJ-2000.

Las luces respondieron al cambio. Ahora se movían despacio, como ondas. Los láseres dejaron de cortar el aire agresivamente y pasaron a dibujar figuras amplias por encima del público, simulando constelaciones. El humo se mantenía bajo, creando una base suave que hacía que el escenario pareciera suspendido.

El público, lejos de perder energía, se conectó de otra forma. Muchos dejaron de saltar y comenzaron a balancearse. Otros levantaron los brazos lentamente. Algunos se abrazaban. Había teléfonos grabando, pero sin desesperación. Era un momento para sentir, no solo para registrar.

Neytan colocó una mano sobre el crossfader, aunque apenas lo tocó. Sabía que Nova no necesitaba trucos excesivos. Aun así, añadió pequeños detalles:

un delay corto en ciertos elementos,

un leve sidechain más marcado,

una apertura progresiva del campo estéreo.

Cada ajuste era mínimo, casi invisible, pero sumaba.

Cuando la canción empezó a crecer, Neytan levantó una mano y la movió despacio, pidiendo calma, pidiendo presencia. No usó el micrófono. No hacía falta. El público lo entendió y respondió levantando las manos, creando un mar de brazos iluminados por las luces del escenario.

El build-up llegó de forma elegante. Neytan bajó brevemente los graves, creando esa sensación de vacío que anticipa el momento clave. Las luces se apagaron casi por completo, dejando solo algunos puntos blancos titilando como estrellas.

Entonces, justo antes del drop, Neytan giró el knob de filtro con decisión y devolvió lentamente las frecuencias bajas.

El drop de Nova no fue explosivo; fue envolvente. Los graves entraron firmes, profundos, llenando el espacio sin violencia. Las luces se expandieron en colores blancos y dorados, moviéndose desde el escenario hacia el público, como una ola luminosa.

La reacción fue inmediata, pero distinta a la de otros temas. No fue un grito caótico, sino una mezcla de emoción, asombro y euforia contenida. Algunos gritaban, otros cerraban los ojos, otros simplemente levantaban las manos al cielo.

Neytan se movía con calma detrás de los controles. Ajustaba el EQ para mantener la claridad, vigilaba los niveles para que nada saturara. Cada tanto, tocaba el loop de un elemento melódico para alargarlo apenas unos compases más, estirando el momento.

En la parte final de la canción, Neytan comenzó a retirar capas poco a poco. Primero los elementos secundarios, luego parte de los graves. El sonido se fue afinando, volviéndose más limpio, más liviano.

Las luces siguieron el mismo camino: menos intensidad, movimientos más lentos, colores más suaves.

Cuando llegaron los últimos acordes, Neytan dejó que sonaran completos. No los cortó. No los modificó. Solo los acompañó con un reverb largo, permitiendo que se expandieran y se desvanecieran lentamente.

El último sonido de Nova flotó unos segundos en el aire… y desapareció.

Silencio.

Un segundo después, el público explotó en aplausos y gritos. Gente coreando “Marshmello”, brazos en alto, silbidos, ovaciones largas. Neytan se quedó quieto unos segundos, escuchándolo todo detrás del casco.

Luego juntó las manos en señal de agradecimiento, inclinó ligeramente la cabeza y levantó un brazo, despidiéndose.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo