MARSHMELLO - Capítulo 27
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Capítulo 27: Capitulo 27 parte 1
Festival Fauna Primavera – Santiago de Chile
Sábado 5 de noviembre de 2011 — 20:30 hrs
Detrás del escenario principal del Festival Fauna Primavera, el ambiente era una mezcla constante de movimiento contenido y concentración. Técnicos caminaban de un lado a otro con cables enrollados sobre los hombros, asistentes de producción hablaban por radio en voz baja, y el sonido lejano del público se filtraba como un rumor grave y continuo que vibraba incluso bajo el suelo de madera del backstage.
Neytan estaba de pie a un costado, ya completamente listo. Llevaba puesto el traje blanco de Marshmello, impecable, sin una sola arruga visible. El casco descansaba firme sobre su cabeza, y debajo de él, bien colocados y ajustados, estaban sus Pioneer HDJ-2000, aislándolo parcialmente del ruido exterior. Frente a él, apoyada sobre una mesa negra de producción, estaba su MacBook Pro, abierta, con la lista del set ya cargada, ordenada y revisada varias veces durante el día.
Miró la pantalla por unos segundos más de lo necesario. No porque dudara, sino por costumbre. El reloj marcaba las 20:30 en punto.
Victor, su director de sonido, se acercó desde atrás con un gesto tranquilo, sosteniendo una tablet donde llevaba los últimos parámetros de audio.
¿Cómo estás? preguntó. ¿Aún nervioso?
Neytan negó con la cabeza lentamente.
No respondió. No estoy nervioso. Solo… esperando subir y hacer mi set. Nada más.
Victor arqueó ligeramente una ceja, sorprendido por el tono.
Eso es nuevo comentó. Normalmente a esta hora ya estarías repasando todo otra vez.
A unos pasos de distancia, Andrés observaba la escena en silencio. Conocía a su sobrino lo suficiente como para notar el cambio. No era frialdad, tampoco desinterés. Era otra cosa.
¿Y a qué se debe ese cambio? preguntó Andrés finalmente.
Neytan apoyó ambas manos en el borde de la mesa y bajó un poco la cabeza, como si pensara bien las palabras antes de decirlas.
Lo estuve pensando durante el viaje… y estos días acá en Chile respondió. Creo que estaba cargando cada show como si fuera único, como si todo dependiera de eso. Y al final… solo es otra presentación más. Importante, sí. Pero sigue siendo un escenario, un público y música.
Victor asintió lentamente.
Si eso te hace sentir más tranquilo, entonces está bien dijo. ¿Quieres revisar quiénes tocaron hoy antes que tú?
Dame el cronograma pidió Neytan con calma.
Victor se lo entregó impreso, doblado por la mitad. Neytan lo tomó y lo leyó con atención.
FESTIVAL FAUNA PRIMAVERA 2011 — SANTIAGO, CHILE
Escenario principal (Mainstage)
Hora
Artista
País
Estilo
14:00 – 14:40
Astro
Chile
Indie / Psicodélico
15:00 – 15:45
Dënver
Chile
Indie pop
16:05 – 16:50
Javiera Mena
Chile
Electropop
17:10 – 18:00
Friendly Fires
UK
Indie dance
18:20 – 19:20
Cut Copy
Australia
Indie / Synth
19:40 – 20:40
Crystal Castles
Canadá
Electro / Experimental
21:00 – 23:00
Marshmello
USA
Electronic / Progressive / Festival set
23:15 – 00:30
MGMT
USA
Indie / Psicodélico
Neytan levantó un poco el papel.
Así que tengo casi dos horas, comentó.
Exacto respondió Andrés. Es un buen bloque.
Estoy listo entonces dijo Neytan.
Volvió a mirar su laptop. El reloj marcaba ahora 20:40. Desde el escenario se escuchaban los últimos compases del set de Crystal Castles, sonidos ásperos y distorsionados que hacían vibrar al público. El contraste con lo que vendría después era evidente.
Bueno dijo Neytan. Es hora.
Crystal Castles comenzó a bajar del escenario con tranquilidad, saludando a algunos técnicos mientras la multitud aplaudía. Cuando pasaron cerca del acceso lateral, uno de ellos se detuvo apenas al ver a Marshmello.
Good luck with your set dijo en inglés, con una sonrisa rápida.
Thanks respondió Neytan sin detenerse.
Subió las escaleras laterales del escenario con paso firme, sin apurarse. A cada escalón, el sonido del público se hacía más claro, más fuerte. Ya no era un murmullo: eran voces, gritos, aplausos.
Al llegar arriba, el escenario se abrió frente a él. Las luces estaban bajas, en tonos azules y blancos. Frente a la cabina lo esperaban los Pioneer CDJ-2000 y el Pioneer DJM-900 Nexus, perfectamente alineados.
Neytan dejó la MacBook Pro sobre la superficie, conectó los cables con movimientos rápidos y precisos: USB, audio, alimentación. Luego se colocó los auriculares correctamente, ajustándolos con una leve presión. Hizo una revisión rápida: niveles, canales, efectos.
Giró algunas perillas, ajustó el filtro, comprobó el cue en uno de los CDJ. Todo respondía como debía.
Miró al frente.
Miles de personas se extendían ante él, iluminadas apenas por las luces del escenario. Algunos ya levantaban los brazos, otros grababan con sus teléfonos, muchos gritaban su nombre sin siquiera verlo todavía.
Neytan apoyó una mano sobre el mixer, respiró hondo una sola vez y asintió para sí mismo.
El primer golpe de sonido que salió por el sistema no fue un drop inmediato. Fue una introducción limpia, amplia, casi flotante. Neytan dejó que los primeros acordes de Sky High se expandieran lentamente por el escenario, como si el aire mismo del lugar se estuviera estirando. No levantó las manos todavía. No habló. Solo observó.
Desde la cabina, con ambas manos apoyadas en el Pioneer DJM-900 Nexus, ajustó suavemente el filtro de paso alto, quitando apenas un poco de graves, dejando que la melodía respirara. En sus auriculares, el sonido estaba perfectamente balanceado. Todo estaba donde debía estar.
El público tardó unos segundos en reconocer la canción. No porque no la conocieran, sino porque el inicio era progresivo, envolvente. Pero cuando la melodía principal empezó a tomar forma, las primeras reacciones aparecieron: brazos levantándose, cabezas moviéndose al ritmo, gritos aislados que empezaron a multiplicarse.
Neytan giró uno de los knobs de efectos, agregando un delay ligero que hacía que cada nota pareciera quedarse flotando una fracción de segundo más en el aire. Visualmente, las luces comenzaron a responder: haces blancos y celestes se desplazaban lentamente de lado a lado, cruzándose sobre el público como si estuvieran dibujando el ritmo.
No había prisa.
Neytan sabía que Sky High no era una canción para atacar de inmediato. Era una canción para construir.
Apoyó su mano izquierda en uno de los CDJ-2000 y con la derecha ajustó el tempo, apenas una corrección mínima, casi imperceptible para cualquiera que no estuviera atento. Luego activó un loop corto, solo por unos compases, estirando la tensión justo antes de soltarlo.
Cuando el beat entró con más cuerpo, el público respondió al instante. Un rugido colectivo recorrió el lugar. Personas saltaron, otras levantaron ambos brazos, algunos se subieron a los hombros de amigos para ver mejor el escenario. Desde arriba, Neytan podía ver una marea de movimiento sincronizado.
Las luces cambiaron a tonos más intensos: azules profundos, destellos blancos que acompañaban cada golpe de bombo. El humo comenzó a salir por los laterales del escenario, no de golpe, sino en pulsos suaves que seguían el ritmo.
Neytan levantó una mano por primera vez.
No dijo nada.
Solo levantó el brazo derecho, palma abierta, marcando el tempo en el aire. El mensaje fue inmediato. El público entendió. Miles de manos se levantaron al mismo tiempo, siguiendo el movimiento, como si todos compartieran el mismo pulso.
Con la otra mano, activó un reverb más amplio, haciendo que la melodía se sintiera aún más grande, más abierta. La canción crecía, capa por capa. Cada elemento entraba con precisión.
En el primer breakdown, Neytan bajó el volumen maestro apenas un poco, dejando que el público tomara protagonismo. Se escuchaban gritos, silbidos, voces cantando la melodía aunque no hubiera letra. Era ese tipo de canción que la gente tararea sin darse cuenta.
Algunos grababan con sus celulares, sosteniéndolos en alto. Las pantallas brillaban como pequeñas estrellas frente al escenario. Desde la cabina, Neytan los veía claramente.
Se inclinó un poco hacia adelante y movió ambos brazos, animando al público a seguir levantándolos. No exageró. No saltó. No gritó. Su energía era controlada, pero clara.
Cuando llegó el build-up principal, ajustó el fader con precisión milimétrica. Las luces comenzaron a moverse más rápido, los haces se cerraban y abrían, el humo se intensificó.
El silencio justo antes del drop duró apenas un segundo… pero se sintió eterno.
Entonces soltó todo.
El drop cayó con fuerza limpia, sin distorsión innecesaria. Los graves golpearon el pecho del público. El suelo vibró. La multitud explotó en saltos sincronizados, gritos, risas. Algunos se abrazaban mientras saltaban, otros simplemente cerraban los ojos y se dejaban llevar.
Neytan apoyó ambas manos sobre la cabina y asintió varias veces al ritmo, sintiendo cómo la energía subía desde el público hacia él. Ajustó el EQ para darle aún más presencia al bajo, luego cortó ligeramente los medios para que el drop respirara mejor.
Las luces ahora eran completamente dinámicas: estrobos rápidos en los golpes más fuertes, haces largos recorriendo el cielo abierto del festival. El humo se iluminaba creando columnas de luz que parecían subir infinitamente.
Durante el segundo breakdown, Neytan volvió a jugar con los efectos. Un echo largo, luego un corte seco. El público respondió con un grito masivo, anticipando lo que venía.
Levantó ambos brazos ahora, esta vez más alto, y los movió de arriba hacia abajo.
El público lo imitó.
Era un solo cuerpo. Un solo movimiento.
Cuando el último drop llegó, fue aún más intenso. La gente saltaba sin parar. Algunos se subían a los hombros, otros giraban, otros simplemente gritaban mirando al cielo. El nombre de Marshmello empezó a escucharse entre la música, coreado por distintos sectores del público.
Neytan sonrió debajo del casco. Nadie podía verlo, pero se notaba en su postura, en la seguridad de cada movimiento.
Hacia el final de la canción, empezó a retirar elementos poco a poco. Bajó el bajo, dejó la melodía, luego redujo el volumen general con suavidad. Las luces se calmaron, volviendo a tonos más suaves.
El último acorde resonó y se apagó lentamente.
El público aplaudió y gritó con fuerza, algunos silbaban, otros levantaban los brazos una vez más.
El aplauso todavía no terminaba de apagarse cuando Neytan ya estaba preparando la siguiente transición. No miró al público de inmediato. Sus ojos estaban puestos en la pantalla de la MacBook Pro, donde el waveform de Hope avanzaba lentamente, esperando el punto exacto para entrar.
Con la mano izquierda sostuvo el fader del canal principal. Con la derecha ajustó el filtro, cerrándolo apenas, dejando que el sonido entrara suave, casi como un suspiro.
Los primeros segundos de Hope no fueron explosivos. Fueron calmos, expansivos. Una atmósfera que parecía envolver todo el parque donde se desarrollaba el festival. El cambio de energía fue inmediato y evidente. Después de la intensidad de Sky High, esto se sentía como un momento para respirar.
Las luces del escenario cambiaron por completo. Los tonos fuertes dieron paso a azules profundos, violetas suaves y blancos cálidos. Los haces ya no se movían rápido; ahora se deslizaban lentamente sobre el público, como si acompañaran el pulso interno de la canción.
Neytan bajó ligeramente el volumen general, dejando que la melodía tomara protagonismo. No levantó los brazos. No habló. Simplemente dejó que la música hiciera su trabajo.
El público reaccionó distinto a como lo había hecho antes. Ya no era una explosión de saltos. Era algo más contenido. Muchas personas dejaron de grabar y bajaron los teléfonos. Otras los mantuvieron encendidos, pero sin moverse tanto, solo capturando el momento.
Desde la cabina, Neytan podía ver claramente cómo la gente cerraba los ojos, cómo algunos se abrazaban, cómo otros apoyaban la cabeza en el hombro de la persona que tenían al lado. Era ese tipo de canción que no necesitaba gritos para sentirse fuerte.
Con precisión, giró uno de los knobs de reverb, ampliando el espacio sonoro. Cada nota parecía flotar más tiempo en el aire. El sonido se sentía grande, pero no pesado.
El humo volvió a aparecer, esta vez en capas finas que se extendían lentamente por el escenario. Al ser iluminado por las luces suaves, parecía una neblina que envolvía todo el lugar.
Neytan apoyó ambas manos sobre el DJM-900 Nexus, escuchando con atención cómo cada elemento se mezclaba. Ajustó el EQ de los medios, dándole un poco más de presencia a la melodía principal. No quería que se perdiera entre los graves.
En el primer cambio importante de la canción, levantó una mano, no para animar, sino como señal de conexión. El público respondió levantando lentamente los brazos, algunos balanceándose de lado a lado, siguiendo el ritmo sin saltar.
Era un movimiento colectivo, tranquilo, casi hipnótico.
Neytan dio un paso atrás y observó. Desde su posición podía ver el mar de gente iluminado por las luces del escenario y por pequeñas pantallas de celulares que grababan en silencio. Nadie empujaba. Nadie gritaba más fuerte que la música. Todo estaba en armonía.
Cuando llegó el build-up, Neytan empezó a jugar con los filtros de forma muy gradual. Cerraba un poco, abría un poco más, creando una sensación de expectativa sin romper la calma. Las luces respondieron con un leve aumento de intensidad, pasando del azul profundo a un blanco más brillante.
El público lo sintió. Se notaba en cómo la gente comenzaba a moverse un poco más, cómo algunos levantaban ambos brazos, cómo se escuchaban murmullos emocionados.
El drop no fue agresivo. Fue emocional.
Cuando entró, Neytan subió el volumen maestro con suavidad, sin golpes bruscos. El bajo apareció firme pero controlado. El público reaccionó con una ovación distinta: no fue un grito explosivo, fue un grito largo, sostenido, lleno de emoción.
Algunas personas lloraban. Otras sonreían sin darse cuenta. Había quienes simplemente miraban al escenario con los brazos en alto, como si ese momento fuera algo que querían guardar intacto.
Neytan inclinó la cabeza ligeramente, marcando el ritmo. Ajustó el delay para que ciertos sonidos se repitieran suavemente, creando capas que se superponían sin saturar.
Las luces ahora parecían respirar con la música. No había estrobos. No había flashes agresivos. Solo movimientos lentos, orgánicos, acompañando cada compás.
En el segundo breakdown, Neytan bajó el volumen casi al mínimo durante un segundo. El público quedó en silencio absoluto, expectante. Luego dejó entrar la melodía otra vez, más clara, más abierta.
La reacción fue inmediata. Un murmullo colectivo recorrió el lugar, seguido de aplausos espontáneos, incluso antes de que terminara la canción.
Neytan levantó ambas manos, esta vez con las palmas hacia arriba, invitando al público a levantar las suyas también. Miles de brazos se elevaron al mismo tiempo. Desde arriba, parecía un océano inmóvil, conectado por la música.
Cuando la canción empezó a acercarse a su final, Neytan comenzó a retirar los elementos poco a poco. Bajó los graves, dejó la melodía principal, luego redujo los efectos. Las luces se atenuaron, volviendo a tonos cálidos.
El eco de Hope todavía flotaba en el aire cuando Neytan volvió a concentrarse por completo en la cabina. No hubo pausa larga. No hubo palabras de más. Solo un cambio sutil en su postura: se inclinó ligeramente hacia adelante, acercándose a los Pioneer CDJ-2000, como si el siguiente momento requiriera una precisión distinta.
En la pantalla de la MacBook Pro, el nombre del siguiente track ya estaba cargado: Nova.
Con la yema de los dedos ajustó el cue, escuchando atentamente por los Pioneer HDJ-2000. Sus hombros se relajaron apenas cuando confirmó que todo estaba perfectamente sincronizado. El BPM encajaba con naturalidad. No necesitaba forzarlo.
Giró lentamente el filtro high-pass, dejando que el final de Hope se diluyera, casi como si se desvaneciera en el cielo nocturno de Santiago. Al mismo tiempo, introdujo el primer elemento atmosférico de Nova: un pad profundo, amplio, que no golpeaba, sino que envolvía.
El cambio de energía fue inmediato, aunque silencioso.
Las luces del escenario se transformaron otra vez. Esta vez no fueron cálidas ni suaves: pasaron a tonos blancos fríos, plateados y azules eléctricos, con haces largos que se proyectaban hacia arriba, perdiéndose en la oscuridad del cielo. Era como si el escenario se hubiera abierto hacia algo más grande.
El público lo sintió antes de entenderlo.
Las conversaciones se apagaron. Los cuerpos dejaron de moverse por inercia y comenzaron a sincronizarse con el nuevo pulso. Nova no empujaba; atraía.
Neytan mantuvo una mano sobre el fader principal y la otra sobre los knobs de efectos. Ajustó el reverb para ampliar el espacio sonoro, haciendo que cada sonido pareciera venir desde más lejos. No quería impacto inmediato. Quería construcción.
Desde la cabina, observó cómo la multitud levantaba lentamente la mirada. Muchos no estaban grabando. Solo miraban el escenario, las luces, el cielo iluminado artificialmente por el show.
Cuando el bajo comenzó a insinuarse, Neytan giró apenas el EQ de graves, dándole presencia sin saturar. El sistema de sonido respondió con una vibración limpia, profunda, que se sentía en el pecho más que en los oídos.
El público reaccionó con un murmullo colectivo, una especie de “oh” que recorrió el lugar como una ola invisible.
Neytan dio un pequeño paso atrás, soltó un momento los controles y levantó una mano, marcando el tempo con movimientos lentos. No estaba animando para saltar. Estaba guiando.
Miles de personas comenzaron a moverse al mismo ritmo, balanceándose suavemente. Algunos levantaron los brazos. Otros apoyaron las manos sobre los hombros de quienes tenían al lado. Era una energía compartida, sin euforia exagerada, pero intensa.
Las luces comenzaron a moverse con mayor amplitud. No flashes rápidos, sino barridos largos, cruzándose por encima del público, creando patrones geométricos en el aire. El humo ayudaba a que cada rayo fuera visible, como líneas dibujadas en el espacio.
Neytan volvió a los controles y añadió un delay sutil, dejando que ciertos sonidos se repitieran y se mezclaran entre sí. La canción crecía, capa por capa.
En el primer gran cambio de Nova, bajó el volumen durante una fracción de segundo. El público contuvo la respiración. Luego soltó el sonido completo de nuevo, más amplio, más abierto.
La reacción fue inmediata: aplausos, brazos al aire, gritos breves que no rompían la atmósfera, sino que la acompañaban.
Neytan asintió levemente dentro del casco. Sabía que ese momento había funcionado.
Ahora jugaba con los faders, subiendo y bajando elementos individuales, quitando y devolviendo capas. Cada ajuste era preciso. Nada sobraba. Nada faltaba.
Desde el escenario, el público parecía una sola entidad. No había zonas quietas. Todo el parque se movía al mismo tiempo, como si Nova hubiera marcado un pulso común.
Al acercarse al clímax, las luces aumentaron su intensidad. Blancos brillantes, destellos controlados, haces que subían y bajaban en sincronía con el ritmo. El cielo sobre Santiago se iluminó como si el festival fuera el centro de todo.
Neytan levantó ambas manos por encima de la cabeza y luego las bajó lentamente, señalando el ritmo. El público respondió de inmediato, siguiendo el movimiento, algunos cerrando los ojos, otros mirando fijamente el escenario.
Cuando llegó el momento más alto de la canción, Neytan soltó los controles por un segundo. Dejó que Nova respirara sola. Que el sistema de sonido hiciera su trabajo. Que la gente se perdiera en el momento.
El parque entero vibraba.
Luego, con calma, comenzó a retirar elementos. Primero los graves. Luego los efectos. Las luces bajaron su intensidad, volviendo a tonos azules profundos.
El eco final de Nova todavía flotaba sobre el parque cuando Neytan volvió a acercarse a los controles. El público seguía aplaudiendo, algunos silbaban, otros gritaban su nombre, otros simplemente levantaban los brazos, todavía atrapados en ese último momento expansivo.
Neytan apoyó una mano sobre el Pioneer DJM-900 Nexus, bajando lentamente el volumen general para permitir que el aplauso se escuchara claro, sin ser aplastado por ningún sonido residual. Luego tomó el micrófono con calma. No había prisa. Miró al frente, al mar de personas iluminadas por luces suaves, aún azules.
Con un acento marcado pero comprensible, habló
¿Están… listos para la siguiente canción?
La reacción fue inmediata. Un rugido colectivo recorrió el parque. Gritos, brazos en alto, saltos desordenados. Algunos respondieron con un “¡sí!” largo y fuerte, otros simplemente gritaron sin palabras. Neytan sonrió levemente debajo del casco.
Dejó el micrófono en su soporte y volvió a concentrarse. En la MacBook Pro, el siguiente track ya estaba preparado. Ajustó el cue en los CDJ-2000 y se colocó bien los Pioneer HDJ-2000, escuchando con atención los primeros segundos.
El ambiente cambió incluso antes de que sonara nada fuerte.
Giró lentamente el filtro, dejando entrar un sonido más oscuro, más denso. Las luces del escenario abandonaron los tonos abiertos y pasaron a rojos profundos, morados y sombras negras, creando una atmósfera más cerrada, casi teatral.
El público se dio cuenta de inmediato: algo distinto venía.
Neytan ajustó el BPM, alineándolo con precisión, y dejó caer el primer elemento.
I live inside my own world of make-believe
Kids screaming in their cradles profanities
I see the world through eyes covered in ink and bleach
Cross out the ones who heard my cries and watched me weep
I love everything
Fire’s spreading all around my room
My world’s so bright
It’s hard to breathe
But that’s alright
(Hush)
El sonido inicial se deslizó por los parlantes como una advertencia. No era expansivo como Nova. Era contenido, inquietante. El bajo entró con peso, lento pero firme, haciendo que el suelo vibrara de una forma distinta, más cruda.
La gente reaccionó con sorpresa. Algunos dejaron de saltar y comenzaron a moverse de manera más marcada, siguiendo el pulso con el cuerpo. Otros se acercaron más entre sí. Se sentía una tensión compartida.
Neytan jugaba con los knobs de distorsión, agregando textura al sonido. No subía el volumen de golpe; lo moldeaba. Cada giro hacía que la canción se sintiera más intensa, más cercana.
Las luces comenzaron a parpadear lentamente, no al ritmo del beat, sino ligeramente después, creando un efecto inquietante. Sombras gigantes se proyectaban detrás de Neytan, haciendo que su silueta pareciera aún más grande.
El público empezó a reaccionar de forma más física. Cabezas moviéndose, cuerpos balanceándose, manos cerrándose en puños al ritmo del bajo. Algunos gritaban cada vez que Neytan hacía un pequeño corte en el sonido.
Él levantó una mano, marcando una pausa breve, y bajó el volumen casi por completo durante un segundo. La multitud contuvo la respiración.
Volvió a soltar el sonido con más fuerza.
Un estallido de gritos recorrió el lugar. Varias personas comenzaron a saltar ahora, empujadas por la energía oscura del track. Los celulares volvieron a levantarse, grabando el momento desde distintos ángulos.
Neytan se movía de un lado a otro detrás de la cabina, concentrado, ajustando el EQ de los graves para que golpearan sin saturar, limpiando los medios, dejando que el sonido respirara.
A mitad de la canción, hizo un corte más largo. Las luces se apagaron casi por completo, quedando solo un par de focos rojos apuntando al público.
Tape my eyes open to force reality (oh no, no)
Why can’t you just let me eat my weight in glee?
I live inside my own world of make-believe
Kids screaming in their cradles profanities
Some days I feel skinnier than all the other days
Sometimes I can’t tell if my body belongs to me
I love everything
Fire’s spreading all around my room
My world’s so bright
It’s hard to breathe
But that’s alright
(Hush)
El sonido volvió de forma controlada, no explosiva, sino pesada, casi hipnótica. El público respondió cantando, gritando, algunos sin saber exactamente qué decían, pero sintiéndolo igual. Era una sola masa moviéndose al mismo pulso.
Neytan levantó ambas manos, incitando a la gente a seguir el ritmo. Muchos respondieron levantando los brazos también, otros saltando en su lugar. El parque entero parecía comprimido por la energía del momento.
Las luces comenzaron a acelerar, ahora sí siguiendo el beat, con destellos rápidos que iluminaban caras sudadas, sonrisas, ojos cerrados. El humo hacía que cada flash se viera más intenso.
Neytan volvió a tomar el micrófono brevemente, sin decir nada claro, solo gritando para acompañar el momento. El público gritó con él.
La canción avanzaba hacia su tramo final. Neytan redujo ligeramente los graves, preparando el cierre. El ambiente seguía cargado, pero ya se sentía el final acercándose.
Antes del último golpe, volvió a bajar el volumen, dejando solo un eco lejano. Miles de personas se inclinaron hacia adelante sin darse cuenta, esperando.
I wanna taste your content
Hold your breath and feel the tension
Devils hide behind redemption
Honesty is a one-way gate to hell
I wanna taste consumption
Breathe faster to waste oxygen
Hear the children sing aloud
It’s music ‘til the wick burns out
(Hush)
El último impacto sonoro cayó con fuerza. Luces blancas estallaron desde el escenario, iluminando todo el parque de golpe. El sonido llenó el espacio una última vez y luego comenzó a apagarse lentamente.
Just wanna be care free, lately, yeah
Just kickin’ up daisies
Got one too many quarters in my pockets
Count ‘em like the four leaf clovers in my locket
Untied laces, yeah
Just trippin’ on daydreams
Got dirty little lullabies playin’ on repeat
Might as well just rot around the nursery and count sheep
Cuando el último sonido se desvaneció, el silencio duró apenas un segundo antes de que el público estallara en gritos, aplausos y silbidos. Algunos se abrazaban, otros seguían saltando, otros simplemente levantaban las manos hacia el escenario.
El ruido del público todavía seguía vibrando en el aire cuando Neytan volvió a inclinarse sobre la cabina. No había apuro. Sus manos descansaron unos segundos sobre el borde del Pioneer DJM-900 Nexus, sintiendo la vibración que subía desde los subwoofers hasta el metal frío del equipo.
Las luces bajaron lentamente de intensidad. Los colores intensos se apagaron y quedaron solo tonos azules profundos y blancos suaves, como si el escenario respirara antes del siguiente momento. El humo se deslizaba despacio, sin explosiones, cubriendo el escenario con una neblina ligera.
Neytan miró la pantalla de su MacBook Pro. El siguiente track estaba listo. Ajustó el cue en uno de los Pioneer CDJ-2000, escuchando con atención los primeros segundos por sus Pioneer HDJ-2000. Cerró un poco los ojos, concentrado.
Con la mano izquierda bajó suavemente el volumen del canal anterior, dejando que el eco final se apagara solo. Con la derecha giró lentamente el filtro, dejando entrar un pad atmosférico, largo, melancólico.
El público lo sintió antes de escucharlo claramente.
Algunos dejaron de saltar. Otros bajaron los brazos. El ambiente cambió de golpe, como si todos entendieran que venía algo distinto, algo más emocional.
Neytan levantó una mano, pidiendo calma, y acercó el micrófono a su casco. Vamos… canten todos juntos dijo con voz firme pero tranquila.
Soltó el primer sonido completo.
El inicio de Fade Into Darkness se extendió por el parque como una ola lenta. No golpeaba; envolvía. Las luces comenzaron a moverse despacio, siguiendo el ritmo suave del track. Tonos azules, violetas y blancos se mezclaban sobre la multitud, iluminando rostros atentos, celulares levantados, ojos cerrados.
Neytan movía apenas la cabeza, siguiendo el tempo. Con pequeños ajustes en el EQ, limpiaba los graves para que el sonido se sintiera amplio, profundo, sin saturar. Cada giro de perilla era medido, exacto.
El público empezó a cantar casi sin darse cuenta. No todos al mismo tiempo, pero cada vez más voces se sumaban. Algunos levantaban una mano, otros abrazaban a la persona de al lado. Se sentía una conexión distinta, más íntima.
Looking up
There’s always sky
Rest your head
I’ll take you high
We won’t fade into darkness
Won’t let you fade into darkness
Why worry now?
You’ll be safe
Hold my hand
Just in case
And we won’t fade into darkness
Fade into darkness
No, we won’t fade into darkness
Fade into darkness
Neytan miraba al frente, viendo cómo la multitud se balanceaba al mismo ritmo. Subió ligeramente los medios, haciendo que la melodía se sintiera más presente. Las pantallas detrás del escenario mostraban visuales lentos: luces que se abrían y se cerraban como respiraciones.
Casi llegando a la mitad de la canción, Neytan bajó el volumen de golpe durante un segundo. El público reaccionó con un murmullo colectivo, como si todos inhalaran al mismo tiempo.
Dejó que el sonido volviera poco a poco.
Neytan miraba al frente, viendo cómo la multitud se balanceaba al mismo ritmo. Subió ligeramente los medios, haciendo que la melodía se sintiera más presente. Las pantallas detrás del escenario mostraban visuales lentos: luces que se abrían y se cerraban como respiraciones.
Casi llegando a la mitad de la canción, Neytan bajó el volumen de golpe durante un segundo. El público reaccionó con un murmullo colectivo, como si todos inhalaran al mismo tiempo.
Dejó que el sonido volviera poco a poco.
And we won’t fade into darkness
Fade into darkness
No, we won’t fade into darkness
Fade into darkness
Neytan levantó ambas manos, animando a la gente a seguir cantando. Luego volvió rápido a los controles, jugando con el reverb y el delay, alargando ciertas notas para que flotaran en el aire.
Las luces se intensificaron un poco, pero sin perder el tono suave. No había flashes agresivos; todo acompañaba la emoción de la canción. El humo se iluminaba con cada cambio de color, creando capas visuales sobre el público.
En la mitad exacta de la canción, Neytan volvió a tomar el micrófono.
¡Los escucho, sigan! gritó.
El público respondió más fuerte todavía.
This world can seem
Cold and grey
But you and I
Are here today
And we won’t fade into darkness
No, we won’t fade into darkness
Nothing to fear
But fear itself
We’ll be ok
Just keep the faith
And we won’t fade into darkness
Fade into darkness
No, we won’t fade into darkness
Fade into darkness
Las voces ahora eran un coro. No importaba si cantaban bien o mal. Cantaban con todo. Neytan dejó que la canción respirara, sin intervenir demasiado, solo ajustando detalles finos en el fader para que cada parte tuviera su espacio.
Se movía de un lado a otro detrás de la cabina, a veces apoyando una mano en el borde, a veces girando una perilla con cuidado. Su lenguaje corporal mostraba concentración total, pero también disfrute.
La canción empezó a acercarse a su final. Neytan redujo lentamente la intensidad, bajando los graves, dejando que la melodía se sostuviera sola. Las luces se fueron apagando de a poco, quedando solo focos blancos apuntando al público.
En los últimos segundos, volvió a bajar el volumen casi por completo, dejando que las voces del público quedaran al frente.
Woah
Woah, fade into darkness
Woah
Woah, fade into darkness
Woah
And we won’t fade into darkness (woah)
Fade into darkness (woah)
No, we won’t fade into darkness (woah)
Fade into darkness (woah)
Woah
Fade into darkness
Cuando la última nota se desvaneció, el silencio duró apenas un instante. Luego el parque entero explotó en aplausos, gritos y silbidos. Algunas personas se abrazaban, otras levantaban las manos al cielo, otras seguían grabando, conscientes de que acababan de vivir un momento especial.
El eco final de Fade Into Darkness todavía flotaba sobre el parque cuando Neytan no dejó que el silencio se apoderara del todo. Sus dedos ya estaban listos sobre los Pioneer CDJ-2000, y su mirada se clavó en la forma de onda que avanzaba lentamente en la pantalla de su MacBook Pro.
No levantó el micrófono esta vez. No hacía falta.
Giró suavemente el fader del canal izquierdo mientras, con la otra mano, abría el filtro en el canal derecho. Un sonido profundo, grave y constante comenzó a surgir desde los subwoofers, sintiéndose primero en el pecho antes que en los oídos.
Las luces cambiaron de inmediato.
El escenario se tiñó de rojos oscuros y naranjas profundos, como si el ambiente se calentara de golpe. Los láseres dejaron de moverse rápido y pasaron a trazos lentos, largos, cortando el humo con líneas sólidas.
Neytan inclinó un poco la cabeza, escuchando con atención a través de sus Pioneer HDJ-2000. Ajustó el EQ, subiendo apenas los graves y limpiando los agudos para que la base sonara firme, pesada, segura.
Entonces soltó el inicio completo del track.
Fearless comenzó con esa sensación de avance constante, como si algo grande estuviera por llegar. El público lo sintió de inmediato. Las primeras filas empezaron a moverse al ritmo, no saltando todavía, sino balanceándose, anticipando.
Over the edge
Feel like I’m floating through, the air
The pain I felt is paid for, all is said and done
(Oh-Ohh)
I am restricted, fixed upon the web
I need to kick the habit
That my mind is breathing in
Break out I’ve got to see
(Break out I’ve got to see)
Spent all my life
Holding all off it closely
I played it innocent
A feel of discontent
I’m finally facing it all
Fearless
Neytan levantó una mano lentamente, marcando el tempo, y luego señaló al público, invitándolos a seguirlo. Algunos levantaron los brazos, otros apretaron los puños, otros simplemente cerraron los ojos.
Las pantallas mostraban visuales de luces que se abrían paso entre sombras, como si atravesaran una tormenta. El humo se espesó un poco más, envolviendo la cabina y haciendo que la silueta blanca de Marshmello destacara aún más.
Con movimientos precisos, Neytan jugó con el reverb, alargando ciertas notas, haciendo que la melodía se sintiera épica, amplia. Cada giro de perilla estaba calculado. No había improvisación desordenada, solo control total.
El público comenzó a reaccionar más fuerte. Los gritos aumentaron. Algunas personas empezaron a saltar, otras se subieron a los hombros de sus amigos. Los celulares se levantaron otra vez, grabando cada segundo.
Casi llegando a la mitad de la canción, Neytan bajó la intensidad de golpe. El beat se redujo a un pulso mínimo. Las luces se apagaron casi por completo, dejando solo un resplandor rojo sobre el escenario.
El parque entero quedó en suspenso.
La melodía volvió a entrar poco a poco, creciendo como una ola. Neytan subió lentamente el fader, dejó que los graves regresaran con fuerza y activó un delay corto que hacía que cada golpe se repitiera ligeramente en el aire.
Fearless
Fearless
Fearless
Fearless
Fearless
El público explotó. Ahora sí, los saltos eran masivos. La gente gritaba, levantaba los brazos, cantaba aunque no conociera cada palabra. Se sentía una energía colectiva, una sensación de fuerza compartida.
Neytan levantó ambas manos por encima de la cabeza, animándolos a ir más fuerte. Luego volvió rápido a los controles, girando una perilla para abrir completamente el filtro justo antes del drop principal.
En la mitad exacta de la canción, el drop cayó con toda su potencia. Las luces se volvieron blancas y rojas, disparándose en sincronía con cada golpe del beat. Los láseres cruzaban el cielo de lado a lado, y el humo explotaba desde el escenario.
Burning the bridge that keeps us
I’m here and I’m feeling fearless
Exaggerated that’s what you assume
The story’s over now
I must conclude
I am conflicted
Watching where I step
Still, hanging in the balance
Not the life I want to live
I want to take it all, standing tall
Fear outweighed the person you are
(Oh-Ohh)
Break out I’ve got to see
(Break out I’ve got to see)
Spent all my life
Holding all off it closely
I played it innocent
A feel of discontent
I’m finally facing it all
Fearless
El público respondió como uno solo. Saltaban al mismo tiempo, gritaban al mismo tiempo, levantaban los brazos al mismo tiempo. Era un caos perfecto. Neytan se movía detrás de la cabina, apoyando una mano en el mixer, golpeando el aire con la otra, totalmente metido en el momento.
Jugó con el cut de graves, apagándolos por un segundo y devolviéndolos de golpe, haciendo que la multitud reaccionara con gritos aún más fuertes. Cada efecto estaba pensado para empujar la energía un poco más arriba.
A medida que la canción avanzaba hacia su final, Neytan empezó a reducir lentamente la intensidad. No de golpe. Poco a poco. Bajó los agudos, dejó que la melodía tomara protagonismo, mientras las luces pasaban a tonos más cálidos.
El público seguía cantando, algunos ya sin saltar, solo levantando los brazos, dejando que el momento los atravesara.
En los últimos segundos, Neytan quitó casi todo el beat, dejando solo la melodía y el eco.
Fearless
Fearless
Fearless
Fearless
Fearless
Fearless
Fearless
Fearless
La última nota se estiró en el aire, desapareciendo lentamente entre el humo y las luces suaves. Cuando el sonido se apagó por completo, el público respondió con un rugido ensordecedor. Aplausos, gritos, silbidos, todo mezclado en una sola ola de energía.
El último eco de Fearless todavía vibraba en el aire cuando Neytan no dejó que la emoción se disipara. No bajó la cabeza ni se apartó del mixer. Al contrario: apoyó ambas manos sobre la Pioneer DJM-900 Nexus, respiró hondo bajo el casco y miró la forma de onda que ya estaba preparada en su MacBook Pro.
Las luces se suavizaron de golpe. Los rojos intensos dieron paso a azules profundos y blancos cálidos, como si el escenario respirara distinto. El humo empezó a disiparse lentamente, dejando ver con más claridad al público que seguía con los brazos en alto, esperando lo siguiente.
Neytan deslizó el fader con calma. No quería un impacto brusco. Quería emoción.
El primer acorde de We’ll Meet Again comenzó a salir por los parlantes, limpio, envolvente. Los subgraves no golpeaban: abrazaban. La melodía flotó sobre el parque y, en cuanto el público la reconoció, se escuchó un murmullo que rápidamente se transformó en gritos.
Neytan levantó una mano, palma abierta, pidiendo calma… y luego levantó la otra, invitándolos a cantar.
Las pantallas mostraban visuales suaves: cielos abiertos, luces que se movían como constelaciones lentas. El beat entró con delicadeza, y Neytan ajustó el EQ, limpiando frecuencias para que la melodía vocal fuera protagonista.
El público comenzó a cantar. No gritaban: cantaban. Miles de voces juntas, algunas afinadas, otras no, pero todas cargadas de emoción. Muchos bajaron los celulares por un momento solo para vivirlo. Otros los levantaron aún más alto.
Suddenly, you’re nowhere to be found
I turn around and everything has changed
Looking for a way to work it out
I’m trying to find some peace to navigate
The oak tree where I met you
And the writing on the statue
I still remember every word you said
I’m not a soldier but I’m fighting
Can you hear me through the silence?
I won’t give up ‘cause there will be a day
We’ll meet again
We’ll meet again
Neytan señaló al público con ambas manos, luego las levantó por encima de su cabeza, moviéndolas de un lado a otro, marcando el ritmo. Cada vez que lo hacía, la gente respondía más fuerte.
Jugó con un reverb largo, dejando que las voces del público se mezclaran con la pista, como si el parque entero fuera parte del track. Sonrió bajo el casco; se notaba en su postura, en cómo se movía.
Cuando la canción se acercaba a la mitad, Neytan bajó el volumen de golpe. No silencio total, pero casi. Las luces se atenuaron y quedaron solo pequeños puntos blancos, como estrellas.
El público siguió cantando sin música.
Everything we wanted turned to gold (turned to gold)
The path we chose, the future on our side
Never thought I’d do this on my own (on my own)
But now I wield the sword you left behind
The oak tree where I met you
And the writing on the statue
I still remember every word you said
I’m not a soldier but I’m fighting
Can you hear me through the silence?
I won’t give up ‘cause there will be a day
We’ll meet again
We’ll meet again
En ese instante, Neytan soltó una mano del mixer. Con la otra, sacó su celular del bolsillo del traje blanco. Lo levantó lentamente, apuntando hacia el mar de personas frente a él. Grabó unos segundos: miles de voces cantando juntas, brazos levantados, rostros iluminados por las luces del escenario.
Sin cortar la grabación, volvió a subir el fader con la otra mano. El beat regresó suave, acompañando al público sin taparlo.
Neytan bajó el celular, escribió rápido un mensaje y envió el video a Laura.
“Todos aman tu voz en esta cansion aqui en chile”
Guardó el teléfono y volvió a concentrarse por completo en los controles.
La canción creció otra vez. Los graves regresaron con más cuerpo, pero sin agresividad. Las luces ahora eran doradas y violetas, moviéndose en ondas amplias sobre la multitud.
Neytan volvió a levantar los brazos, esta vez más alto, girando lentamente, animando a todos a seguir cantando juntos. El público respondió como uno solo. Algunas personas lloraban. Otras se abrazaban. Muchas cantaban con los ojos cerrados.
En la parte final, Neytan redujo el beat, dejando que la melodía respirara. Ajustó el filter, cerrándolo poco a poco, mientras el eco se hacía más largo.
Dark for the sunrise
Clouds for a blue sky
Space for the travelling star
Strong from the inside
You’re still my life-line
I feel you wherever you are
The oak tree where I met you
And the writing on the statue
I still remember every word you said
I’m not a soldier but I’m fighting
Can you hear me through the silence?
I won’t give up ‘cause there will be a day
We’ll meet again
We’ll meet again
We’ll meet again
Las últimas notas se estiraron en el aire, mezclándose con las voces del público que no querían soltar la canción. Cuando el sonido finalmente se apagó, el silencio duró apenas un segundo… y luego llegó una ovación inmensa.
El eco emocional de We’ll Meet Again todavía flotaba sobre el parque cuando Neytan no dejó que el silencio se asentara del todo. No era el momento de bajar la energía, sino de transformarla. Sus manos volvieron a la Pioneer DJM-900 Nexus con una calma precisa, casi ritual. Bajo el casco, respiró profundo, sintiendo cómo el calor del escenario y el murmullo del público se mezclaban en un mismo pulso.
Con la mano izquierda ajustó el low EQ, limpiando cualquier residuo grave del track anterior. Con la derecha, giró lentamente una perilla de reverb, dejando un rastro largo que se fue apagando como una ola que se retira. En su MacBook Pro, la siguiente forma de onda ya estaba lista, alineada al beat exacto. No había improvisación caótica: todo estaba medido, pero vivo.
Levantó la vista.
Vio banderas chilenas ondeando, grupos de amigos abrazados, personas subidas a los hombros de otros, celulares en alto esperando el próximo momento grande. Neytan levantó una mano, luego la otra, y comenzó a moverlas despacio hacia arriba, pidiendo atención, conexión.
Entonces soltó el primer acorde de Love Me Again.
Know I’ve done wrong
I left your heart torn
Is that what devils do?
Took you so low
Where only fools go
I shook the angel in you
Now I’m rising from the ground
Rising up to you
Filled with all the strength I found
There’s nothing I can’t do
I need to know now, know now
Can you love me again?
I need to know now, know now
Can you love me again?
I need to know now, know now
Can you love me again?
I need to know now, know now
Can you love me again?
Can you love me again?
La reacción fue inmediata. Un grito largo, colectivo, que recorrió el parque como una descarga eléctrica. Las luces pasaron de tonos suaves a blancos intensos y azules brillantes, disparándose en haces verticales que acompañaban cada golpe rítmico inicial. Neytan empujó el fader con decisión, dejando que el beat entrara firme pero controlado.
El público empezó a moverse de inmediato. Saltos pequeños al principio, luego más grandes. Algunos comenzaron a cantar desde el primer segundo, otros levantaron los brazos sin soltar el ritmo. Neytan señaló al centro del público, luego a los costados, animándolos a participar a todos por igual.
Con un movimiento rápido, activó un delay rítmico en la melodía principal, creando un efecto de eco que hacía que el sonido pareciera viajar por encima de la multitud. Las pantallas mostraban visuales en movimiento constante: luces que se abrían y cerraban como si respiraran al ritmo de la música.
Neytan empezó a moverse más. No bailaba exagerado, pero su cuerpo acompañaba cada compás. Se inclinaba sobre los controles, luego se erguía y levantaba los brazos, marcando los drops con gestos claros. Cada vez que levantaba las manos, el público respondía más fuerte.
Cuando la canción se acercaba a la mitad, Neytan bajó ligeramente el volumen general. No apagó la energía, solo la contuvo. Las luces se atenuaron, quedando en tonos ámbar y violeta, más íntimos. El beat seguía, pero más suave.
Neytan levantó ambas manos bien alto, girándolas en círculos, pidiendo que todos cantaran juntos. Miles de voces se sumaron, algunas desordenadas, otras firmes, pero todas con la misma intención.
It’s unforgivable
I stole and burnt your soul
Is that what demons do? (Hey)
They rule the worst of me
Destroy everything
They bring down angels like you (hey)
Now I’m rising from the ground
Rising up to you
Feel with all the strength I found
There’s nothing I can’t do
I need to know now, know now
Can you love me again?
I need to know now, know now
Can you love me again?
(Can you love me again?)
Can you love me again?
El sonido del público era tan fuerte que Neytan tuvo que bajar un poco el master para evitar saturación. Sonrió bajo el casco y asintió, como diciendo eso es. Jugó con el filter, cerrándolo y abriéndolo al ritmo de los cantos, haciendo que la música entrara y saliera como una marea.
Las luces comenzaron a moverse más rápido, sincronizadas con los golpes de batería. Rayos de luz blanca barrían al público de lado a lado, iluminando rostros sudados, sonrisas abiertas, ojos cerrados cantando a todo pulmón.
En el último tramo de la canción, Neytan soltó toda la energía contenida. Empujó el fader al máximo permitido, reforzó los graves y activó un efecto de white noise que creció justo antes del cierre. Saltó ligeramente en su lugar, levantando ambos brazos una vez más.
El público respondió como un solo cuerpo. Gritos, saltos, manos en el aire. Algunos se abrazaban mientras seguían cantando.
I told you once, I can’t do this again
Do this again, oh, Lord
I told you once, I can’t do this again
Do this again, oh, no
I need to know now, know now
Can you love me again?
I need to know now, know now
Can you love me again?
I need to know now, know now
Can you love me again?
Can you love me again?
Las últimas notas se estiraron en el aire con un eco largo y brillante. Neytan cerró lentamente el filtro, dejando que el sonido se apagara poco a poco. Las luces bajaron de intensidad hasta quedar en un resplandor suave.
El aplauso de Love Me Again todavía no terminaba de apagarse cuando Neytan ya estaba trabajando. No dejó que la ovación se disipara del todo; sabía que ese segundo exacto, ese instante en el que el público todavía estaba con los brazos arriba, era el punto perfecto para subir un escalón más.
Sus dedos se movieron con rapidez sobre la Pioneer CDJ-2000. En la pantalla del reproductor, la forma de onda de Energy ya estaba corriendo en silencio, perfectamente sincronizada. Ajustó el cue, escuchando por los Pioneer HDJ-2000 el pulso interno del track, asegurándose de que cada golpe entrara limpio.
Bajó el fader del canal anterior con suavidad, mientras con la otra mano abría lentamente el nuevo canal. No fue un corte brusco: fue una transición firme, decidida, como si el aire mismo cambiara de densidad.
El primer golpe de Energy cayó.
No fue inmediato.
Fue contundente.
El grave atravesó el suelo del parque y subió por los cuerpos. Se sintió en el pecho antes de escucharse con claridad. Neytan giró el control de graves apenas unos grados más, lo justo para que el subwoofer hiciera su trabajo sin ensuciar el sonido.
El público reaccionó con un grito profundo, casi instintivo. No era un grito de emoción suave; era un rugido. Grupos completos empezaron a saltar al mismo tiempo, como si alguien hubiera dado una señal invisible.
Las luces cambiaron de inmediato.
Rojo.
Blanco.
Destellos rápidos y agresivos.
Las pantallas mostraban visuales geométricos en movimiento constante, líneas que chocaban entre sí y se recomponían, exactamente al ritmo del beat. El escenario ya no se sentía abierto: se sentía cerrado, compacto, como si toda la energía estuviera concentrada en ese punto.
Neytan levantó un brazo y lo bajó marcando el ritmo, una vez, dos veces, tres. El público lo imitó sin pensarlo. Miles de manos bajando y subiendo al mismo tiempo.
Con la mano derecha activó un loop corto justo antes del siguiente golpe fuerte. Lo repitió dos compases, tensando el ambiente. El público empezó a gritar anticipando el drop. Algunos se subieron a los hombros de otros. Los celulares se levantaron más alto.
Y entonces soltó el loop.
El drop explotó.
Las luces blancas dispararon hacia el cielo. El humo salió con fuerza desde ambos lados del escenario, cubriendo las primeras filas por un segundo. Neytan empujó el fader al punto exacto donde el sonido era máximo pero limpio.
Saltó una vez detrás de la cabina.
No exagerado.
No para la cámara.
Para sentirlo.
El público estaba completamente entregado. No había espacios quietos. Todo era movimiento: cabezas, brazos, cuerpos chocando con cuidado, risas, gritos. La energía era física, casi violenta, pero alegre.
Neytan comenzó a jugar con el filtro pasa-altos, cerrándolo y abriéndolo rítmicamente. Cada vez que lo cerraba, el público gritaba más fuerte, como si quisieran llenar el espacio que él quitaba. Cuando lo abría, la explosión era mayor.
Miró hacia la izquierda del escenario, luego hacia la derecha, señalando a ambos lados para que respondieran. Primero un lado gritó. Luego el otro. Neytan sonrió bajo el casco; se notaba en la forma en que asentía, en cómo movía los hombros.
A mitad del track, bajó la intensidad apenas. No para descansar, sino para reorganizar la energía. Las luces pasaron a tonos azules profundos, más fríos. El beat siguió firme, pero con menos elementos.
Neytan se inclinó sobre la DJM-900 Nexus, ajustando con precisión el mid EQ para limpiar la mezcla. Todo sonaba claro, potente, sin saturación. Era control absoluto.
El público no dejó de moverse ni un segundo. Algunos cerraban los ojos y saltaron con el ritmo, otros miraban fijamente el escenario como si no quisieran perderse ningún detalle. Había sonrisas, sudor, voces roncas de tanto gritar.
Cuando se acercaba el final, Neytan preparó el último golpe. Subió lentamente el white noise, creando una pared de sonido que crecía segundo a segundo. Levantó ambos brazos y los mantuvo arriba, pidiendo una última respuesta.
El público entendió.
Gritaron con todo lo que tenían.
El eco de Energy todavía flotaba en el aire cuando Neytan no dio espacio al silencio. No quería que la multitud respirara demasiado; sabía que ese instante, justo después de una explosión, era el momento perfecto para empujar aún más fuerte.
Giró el cuerpo apenas hacia la derecha, apoyando una mano firme sobre la Pioneer DJM-900 Nexus. En la pantalla de la CDJ-2000, Turn It Up ya estaba cargada, alineada al milisegundo. La forma de onda avanzaba con precisión quirúrgica.
Neytan escuchó el track por los HDJ-2000, aislándose por completo del ruido exterior. Ahí dentro solo existía el pulso: seco, directo, sin adornos innecesarios. Asintió una sola vez.
Bajó el canal anterior.
Y abrió el nuevo.
El primer golpe de Turn It Up entró crudo, sin pedir permiso. El bajo no se deslizó: golpeó. Se sintió en el estómago, en las piernas, en el suelo mismo del parque. Las torres de sonido respondieron con potencia absoluta.
El público reaccionó como si alguien hubiera encendido un interruptor colectivo.
Un grito masivo.
Brazos arriba.
Saltos desordenados que se sincronizaron en segundos.
Las luces cambiaron a una combinación violenta de amarillo y blanco, parpadeando rápido, marcando cada golpe del beat. Las pantallas dejaron los visuales suaves y pasaron a gráficos agresivos, casi industriales, con tipografías grandes que explotaban y se fragmentaban.
Neytan levantó el brazo derecho y lo giró en el aire, señal universal de más. El público entendió al instante y gritó aún más fuerte.
Con la mano izquierda, Neytan jugó con el filtro pasa-bajos, cerrándolo ligeramente antes de cada golpe y soltándolo justo en el drop. Cada vez que lo hacía, la multitud respondía con un salto colectivo, como una ola humana.
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