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MARSHMELLO - Capítulo 29

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29: Capitulo 28 29: Capitulo 28 Domingo 6 de noviembre de 2011 Santiago de Chile Hotel W Santiago – Las Condes Habitación 1814 La mañana entraba lentamente por las cortinas entreabiertas, filtrándose en líneas suaves de luz dorada que se deslizaban por la pared blanca de la habitación.

Santiago despertaba con calma un domingo, y el ruido lejano de la ciudad apenas lograba atravesar los ventanales del piso dieciocho.

Neytan dormía boca arriba, aún con el cansancio acumulado del viaje, del festival, de las horas sobre el escenario.

Su respiración era profunda, pesada, como la de alguien que había dado todo la noche anterior y por fin se permitía descansar.

Un leve movimiento.

Un gesto casi automático.

Su mano derecha se estiró lentamente hacia la mesa de noche, tanteando a ciegas hasta encontrar el borde frío del celular.

Lo tomó sin abrir del todo los ojos, girándolo para que la pantalla quedara frente a él.

Al presionar el botón lateral, el brillo lo obligó a entrecerrar la mirada.

10:00 a.

m.

Neytan dejó escapar un suspiro bajo, largo.

No era tarde.

Pero tampoco temprano.

Se quedó unos segundos mirando el techo, recordando fragmentos de la noche anterior: las luces, el grito del público, el último tema, la sensación de cierre perfecto.

Todo parecía todavía muy reciente, como si el festival no hubiera terminado del todo.

El celular vibró suavemente en su mano.

Un mensaje nuevo.

Deslizó el dedo por la pantalla y leyó, aún con la mente medio dormida.

Andrés: Buenos días.

Cuando estés listo, te esperamos en el restaurante del hotel para desayunar.

Neytan dejó caer el teléfono sobre su pecho y cerró los ojos un instante más.

No respondió de inmediato.

Se permitió esos segundos de silencio absoluto, de calma real, algo raro en medio de giras, vuelos y escenarios.

Luego, con más voluntad que ganas, se incorporó despacio y se sentó al borde de la cama.

El suelo estaba frío bajo sus pies descalzos.

Se pasó una mano por el rostro, despeinándose, y miró alrededor.

La habitación era amplia, moderna, silenciosa.

La ropa del día anterior descansaba doblada sobre una silla.

El casco de Marshmello estaba apoyado con cuidado cerca del escritorio, como si también necesitara descansar después de la noche intensa.

Neytan tomó aire, se levantó por completo y caminó hacia la ventana.

Abrió un poco más las cortinas.

Santiago se extendía frente a él: edificios, calles tranquilas, el cielo despejado y, a lo lejos, la silueta imponente de la cordillera.

Por un momento, todo parecía detenido, como si el mundo le estuviera dando permiso para ir más lento.

Volvió a tomar el celular.

Neytan: Voy en unos minutos.

Bloqueó la pantalla, lo dejó nuevamente sobre la mesa de noche y se dirigió al baño, sabiendo que abajo lo esperaban su tío y Victor, probablemente ya con café servido y comentarios sobre la noche anterior.

Neytan seguía acostado.

No se había movido del todo después de sentarse antes.

Volvió a recostarse lentamente, esta vez de lado, con la mirada fija en el techo blanco de la habitación.

Las líneas suaves de luz que entraban por la ventana se desplazaban casi imperceptibles, marcando el paso del tiempo sin prisa.

Se quedó ahí.

Quieto.

Pensando… o más bien dejando que los pensamientos pasaran sin atraparlos.

El silencio del hotel era profundo, casi irreal para alguien que la noche anterior había estado frente a miles de personas.

No había gritos, ni bajos vibrando, ni luces estroboscópicas.

Solo el leve zumbido del aire acondicionado y algún sonido lejano de la ciudad despertando.

Entonces Bzzzz.

Bzzzz.

El celular vibró sobre la mesa de noche.

Neytan ni siquiera giró la cabeza al principio.

Solo exhaló despacio por la nariz, con una media sonrisa cansada.

Fans… seguro murmuró para sí mismo, con la voz aún ronca por el sueño.

Hablando del show de anoche… El teléfono volvió a vibrar, esta vez con más insistencia.

Bzzzz.

Bzzzz.

Con un gesto perezoso, estiró el brazo hacia la mesa de noche, tanteando hasta que sus dedos rodearon el celular.

Lo levantó apenas, lo suficiente para ver la pantalla sin incorporarse del todo.

Las notificaciones cubrían casi toda la pantalla.

Twitter.

Instagram.

Mensajes directos.

Menciones.

Respuestas.

Idiomas mezclados.

Emojis.

Corazones.

Banderas de Chile.

Neytan parpadeó un par de veces, terminando de despertar.

Desbloqueó el teléfono.

La primera oleada fue abrumadora.

“@Marshmello” aparecía una y otra vez en la pantalla, acompañado de mensajes que no dejaban de llegar.

Entró directamente a Twitter.

La cronología se actualizaba sola, empujada por cientos de comentarios nuevos cada segundo.

Leyó el primero que apareció arriba.

@ValeRojasCL Todavía no supero lo de anoche 😭🔥 Gracias por venir a Chile, fue el mejor show de mi vida.

Deslizó hacia abajo.

@Tomás_1994 Marshmello en Fauna Primavera fue simplemente irreal.

La energía, el sonido, TODO.

Otro.

@SofiDance No dormí nada pensando en el set de anoche.

SKY HIGH EN VIVO 💀🤍 Neytan tragó saliva despacio.

No respondió.

Solo leía.

Siguió bajando.

@ElectronicSoulBR Chile tuvo suerte anoche.

Ese set fue de otro planeta.

Respeito total desde Brasil 🇧🇷 Un poco más abajo: @LukasBeats_DE Watched videos from Fauna Primavera… insane crowd, insane DJ.

Respect from Germany.

Sus cejas se alzaron apenas.

Alemania.

Brasil.

Chile.

Estados Unidos.

Siguió deslizando.

@Camila_MusicCL Nunca vi al público tan unido cantando.

Sentí la piel de gallina todo el tiempo.

Otro comentario destacaba con muchos retuits: @FaunaPrimavera Gracias por una noche inolvidable.

Marshmello hizo historia en nuestro escenario.

Neytan se quedó mirando ese tuit unos segundos más de lo normal.

Hizo una pequeña captura de pantalla, casi sin pensarlo.

Siguió leyendo.

@AndresSoundMX El diseño de sonido del set fue una locura.

Se notaba el trabajo detrás.

👏 Ese comentario le sacó una leve sonrisa.

Victor estaría orgulloso.

Más abajo, mensajes más emocionales: @FranCL_22 Lloré cuando levantó las manos y todos cantamos juntos.

Nunca olvidaré eso.

Otro: @DiegoRivas No es solo música electrónica.

Es cómo te hace sentir parte de algo.

Neytan apoyó el celular sobre su pecho por un momento.

Cerró los ojos.

Las palabras seguían resonando incluso sin leerlas.

No eran solo elogios.

Era conexión.

Gente que había sentido lo mismo que él sintió desde el escenario.

Volvió a levantar el teléfono.

Siguió bajando.

@Ana_MoralesCL Gracias por mirar al público como si nos conocieras a todos.

Ese comentario lo detuvo.

Lo leyó dos veces.

Luego una tercera.

No respondió.

Pero lo marcó con un “me gusta”.

Siguió leyendo algunos más, ya con menos prisa.

@NightRaverUK Crowd in Chile is built different.

The videos are insane.

@JaviBeats Ese cierre… todavía tengo el corazón acelerado.

El teléfono vibró otra vez.

Mensaje directo.

No lo abrió aún.

Neytan dejó el celular a un lado por unos segundos y volvió a mirar el techo.

Esta vez, la mirada ya no estaba vacía.

Estaba llena de ecos, voces, recuerdos de luces blancas, manos levantadas y un público que había cantado con él.

Exhaló despacio.

Valió la pena… susurró, casi sin voz.

El celular vibró otra vez, como recordándole que el mundo seguía ahí, despierto, hablando de lo que él había hecho la noche anterior.

Y por primera vez desde que despertó, Neytan sonrió de verdad.

Neytan volvió a centrar la vista en la pantalla de su celular.

El brillo del teléfono contrastaba con la calma casi sagrada de la habitación.

Afuera, Santiago despertaba lentamente, pero dentro de esa habitación de hotel el tiempo parecía suspendido, como si la noche anterior aún no hubiese terminado del todo.

Siguió deslizando el dedo.

Los mensajes no paraban.

No eran solo fans comunes.

Había algo distinto ahora.

Verificó dos veces.

No estaba imaginándolo.

Cuentas verificadas.

Nombres conocidos.

Personas que él mismo había escuchado, visto en entrevistas, festivales, televisión.

Su respiración se volvió un poco más lenta, más consciente.

El primer nombre famoso apareció claro en la pantalla.

@JavieraMena Anoche en Fauna Primavera fue mágico.

Tremendo cierre, @Marshmello.

El público estaba en otro nivel.

Neytan abrió un poco más los ojos.

Javiera Mena.

Había compartido escenario el mismo día.

Siguió bajando.

@CristianHeyne Impresionante respuesta del público anoche.

Gran show, @Marshmello.

Otro.

@AlexAnwandter Lo de anoche fue una locura colectiva.

Bienvenido cuando quieras, @Marshmello.

Neytan se incorporó un poco en la cama, apoyando la espalda contra el respaldo.

Esto ya no era solo emoción de fans.

Siguió deslizando.

@DënverOficial Gracias por esa energía anoche.

Fauna Primavera estuvo increíble.

Gran set, @Marshmello.

El teléfono vibró de nuevo.

Otra mención.

@CutCopyBand Respect to @Marshmello for that crowd control last night.

Chile showed up.

Neytan dejó escapar una pequeña risa incrédula, negando apenas con la cabeza.

No puede ser… murmuró.

Más abajo: @FriendlyFires Still thinking about last night.

What a crowd.

What a set.

@Marshmello Y luego, uno que lo hizo quedarse quieto por unos segundos.

@MGMT Chile knows how to party.

Great night at Fauna Primavera.

Respect, @Marshmello.

El silencio de la habitación se volvió más pesado.

No porque faltara sonido, sino porque todo lo que había pasado la noche anterior regresó de golpe: las luces, las manos levantadas, las voces cantando al unísono.

Siguió bajando.

Aparecieron nombres del mundo electrónico.

@LaidbackLuke Saw some clips from Chile.

Crazy vibes.

Well done, @Marshmello.

@NervoMusic Chile crowd was on fire last night 🔥 Great energy, @Marshmello.

@AboveAndBeyond That’s how you close a festival.

Respect.

Neytan tragó saliva.

No respondió a ninguno todavía.

Solo leía.

Desde Chile, la televisión también había hablado.

@TVN El cierre de Fauna Primavera dejó a miles vibrando con la música electrónica.

Otro medio: @Canal13 Marshmello cerró Fauna Primavera con un show que hizo historia.

Más abajo, rostros conocidos del entretenimiento chileno.

@Tonka_Tomicic Impresionante la energía del público anoche.

Qué nivel.

@FelipeCamiroaga Gran noche de música en Santiago.

El público estuvo increíble.

Neytan se quedó quieto al leer ese último.

Respeto.

Historia.

Palabras grandes.

Siguió bajando, ahora más lento, como si quisiera saborear cada mensaje.

@BetoCuevas La música une cuando se siente real.

Buen trabajo, @Marshmello.

@DJWho Anoche quedó claro por qué la electrónica mueve masas.

Gran set.

Mensajes desde otros países seguían llegando.

@Deadmau5 Looks like Chile had a hell of a night.

Ese lo hizo soltar una pequeña carcajada.

Wow… El celular vibró otra vez.

Mensaje directo.

Esta vez sí lo abrió.

Era un mensaje corto, sencillo, pero directo.

Laura Brehm: Vi los videos… la gente cantando fue increíble.

Se siente la conexión.

Neytan apoyó la cabeza contra el respaldo de la cama.

Cerró los ojos por un momento.

Todo lo que había sentido en el escenario ahora tenía eco en palabras, en nombres, en personas que también habían estado ahí o que habían visto lo que pasó.

La habitación seguía en silencio, apenas interrumpido por el murmullo lejano de la ciudad que ya estaba completamente despierta.

La luz de la mañana entraba con más fuerza por las cortinas, dibujando líneas suaves sobre el suelo, pero él apenas les prestó atención.

Sus ojos regresaron al mensaje.

Lo leyó otra vez.

Y luego una más.

Laura Brehm: Vi los videos… la gente cantando fue increíble.

Se siente la conexión.

Neytan dejó escapar una pequeña exhalación, lenta, casi imperceptible.

Ese mensaje tenía algo distinto a todos los demás.

No era euforia, ni halagos exagerados, ni emojis sin control.

Era sincero.

Directo.

Real.

Apoyó el teléfono sobre su pecho durante unos segundos, mirando el techo blanco de la habitación.

Recordó exactamente el momento en que había grabado ese video.

Las luces bañando al público.

Miles de voces cantando juntas.

El aire vibrando.

Y ahora, esa misma sensación había cruzado continentes y pantallas hasta llegar a ella.

Con el pulgar, volvió a abrir el chat.

Escribió despacio, cuidando cada palabra, como si estuviera componiendo una melodía invisible.

Neytan: Me alegra mucho que te haya gustado el video.

Ver a toda la gente cantando nuestras colaboraciones fue algo que no voy a olvidar.

Chile lo sintió de verdad.

Se detuvo.

Releyó.

Agregó una línea más, esta vez con un tono más personal.

Neytan: Y como te decía… tengo ideas nuevas para otras colaboraciones.

Tu voz sería perfecta para lo que tengo en mente.

Envió el mensaje.

El pequeño check apareció casi de inmediato.

Neytan dejó el celular sobre la cama, a su lado, sin bloquearlo.

Se pasó una mano por el rostro, todavía con esa mezcla de cansancio y adrenalina que solo queda después de una noche intensa.

Miró el techo otra vez.

No habían pasado ni dos minutos cuando el teléfono vibró suavemente.

Giró la cabeza.

Nuevo mensaje.

Lo abrió.

Laura Brehm: Eso me interesa mucho.

Cuéntame más sobre esas colaboraciones que tienes planeadas.

Neytan sonrió apenas, una sonrisa sincera, tranquila.

No de euforia, sino de esas que nacen cuando algo empieza a tomar forma de verdad.

Se incorporó un poco más en la cama, apoyando los pies en el suelo frío.

El contacto lo terminó de despertar.

Tomó el celular con ambas manos ahora.

Escribió.

Neytan: Como te comenté antes, cuando vuelva a Estados Unidos te enviaré las ideas completas de las canciones.

Tengo varios conceptos en mente y creo que tu voz encajaría de una forma muy especial.

Se quedó pensando un segundo.

Añadió otra frase, más honesta todavía.

Neytan: Lo que pasó anoche me dejó con muchas ideas nuevas.

La energía de la gente cambia la forma en que uno crea.

Envió el mensaje.

Apoyó el codo en la rodilla y se inclinó hacia adelante, mirando la pantalla como si aún esperara algo más.

El chat quedó en silencio por un momento.

Neytan no se inquietó.

No hacía falta una respuesta inmediata.

Había algo que ya estaba claro: la conexión no era solo con el público.

También lo era con la música que todavía no existía.

Bloqueó el teléfono suavemente y lo dejó sobre la mesa de noche.

Por primera vez desde que despertó, se levantó del todo.

Caminó lentamente hacia la ventana y separó un poco más las cortinas.

Santiago se desplegó frente a él: edificios, calles, gente moviéndose con normalidad, sin saber que dentro de ese hotel alguien seguía procesando una noche que ya había quedado grabada en la memoria de miles.

Treinta minutos después, la habitación ya no era la misma.

El vapor del baño todavía flotaba en el aire cuando Neytan salió, secándose el cabello con una toalla mientras caminaba descalzo sobre la alfombra oscura.

El espejo del baño había quedado ligeramente empañado, reflejando apenas su silueta cuando pasó frente a él.

Se había duchado con calma.

Sin prisa.

Como si el cuerpo recién ahora estuviera alcanzando al cansancio real de la noche anterior.

Se vistió con ropa cómoda pero cuidada: camiseta oscura, chaqueta ligera, jeans y zapatillas.

Nada llamativo, nada que gritara “artista”.

Solo alguien más hospedado en el hotel.

Antes de salir, tomó su celular de la mesa de noche y lo revisó por última vez.

Ningún mensaje nuevo.

Lo guardó en el bolsillo y se acercó a la puerta.

La habitación 1814 quedó atrás cuando la cerró suavemente.

El pasillo estaba en silencio, iluminado por luces cálidas que reflejaban un ambiente elegante y casi íntimo.

La alfombra amortiguaba sus pasos mientras avanzaba, y durante unos segundos lo único que escuchó fue su propia respiración.

Caminó con tranquilidad hacia el ascensor.

Presionó el botón y esperó.

Las puertas se abrieron con un sonido suave y metálico.

Neytan entró y, sin dudarlo, presionó el botón del piso donde se encontraba el restaurante del hotel: el piso 3.

Las puertas se cerraron.

El ascensor comenzó a descender lentamente.

Por unos segundos estuvo solo, apoyado levemente contra la pared, mirando su reflejo difuso en el acero pulido.

Sus pensamientos iban y venían sin un orden claro: fragmentos del show, voces del público, luces, el mensaje de Laura, ideas musicales todavía sin forma.

El ascensor se detuvo de repente.

Las puertas se abrieron.

Subieron varias personas.

Turistas.

Se notaba de inmediato.

Cámaras colgando del cuello, mochilas, ropa cómoda, mapas doblados sobresaliendo de bolsillos.

Dos parejas y un hombre solo.

Neytan dio un paso atrás para dejarles espacio y volvió a mirar al frente, sin mostrar reconocimiento alguno.

Para ellos, era solo otro huésped más.

Las puertas se cerraron nuevamente.

Y entonces comenzaron las conversaciones.

¿A qué hora dijiste que abría el Cerro San Cristóbal?

Creo que temprano, pero igual podemos ir después de almorzar.

Oye, ¿y el Mercado Central?

Dicen que es imperdible.

Sí, pero hay que ir con cuidado con las cámaras… Las voces se superponían unas con otras.

Hablaban de lugares, de horarios, de planes improvisados.

De a qué hora volverían al hotel.

De si hacía frío o calor en la tarde.

De todo y de nada.

Neytan no intervino.

No los miró.

Escuchaba sin escuchar realmente.

Era curioso cómo, mientras él venía de una noche donde miles de personas gritaban su nombre, ahora compartía un ascensor con gente completamente ajena a eso, hablando de tours y restaurantes como si el mundo fuera siempre así de simple.

El ascensor volvió a detenerse.

Uno de los turistas bajó en otro piso.

Luego otro.

Hasta que, finalmente, el panel luminoso marcó 3.

Las puertas se abrieron.

Neytan salió.

El ambiente cambió de inmediato.

El piso del restaurante tenía una atmósfera distinta: más abierta, más viva.

Se escuchaba el murmullo de conversaciones, el tintinear suave de cubiertos, el aroma a café recién hecho y pan caliente flotando en el aire.

Caminó despacio, observando el lugar.

El diseño era moderno, elegante, con grandes ventanales que dejaban entrar la luz de la mañana.

Mesas bien dispuestas, personal moviéndose con eficiencia tranquila, huéspedes desayunando sin apuro.

Todo transmitía calma.

Avanzó unos pasos más y comenzó a buscar con la mirada.

No los vio de inmediato.

Se detuvo cerca de la entrada del restaurante, observando con paciencia.

Pasaron unos segundos.

Luego, al fondo, cerca de uno de los ventanales, los reconoció.

Andrés estaba inclinado ligeramente hacia adelante, hablando mientras sostenía una taza de café.

Víctor estaba sentado frente a él, escuchando con atención, con un plato a medio terminar.

Neytan los observó un momento antes de acercarse.

Había algo reconfortante en esa escena.

Algo familiar.

Caminó hacia ellos con paso tranquilo.

Andrés levantó la vista primero.

Sus ojos se iluminaron apenas lo vio.

Ahí está dijo, con una sonrisa.

Víctor también levantó la mirada y asintió en señal de saludo.

Neytan llegó a la mesa, se detuvo un segundo y luego tomó asiento frente a ellos.

Buenos días dijo, con voz calmada, todavía un poco grave por el despertar reciente.

Buenos días, dormilón respondió Andrés, en tono relajado.

Pensé que no bajabas nunca.

Neytan sonrió levemente mientras apoyaba los antebrazos sobre la mesa.

Lo necesitaba.

El ruido del restaurante continuaba alrededor, pero en esa mesa el tiempo parecía ir un poco más lento.

Neytan apoyó la espalda en el respaldo de la silla y, por primera vez desde que había llegado al restaurante, dejó que su mirada recorriera la mesa con calma.

El vapor que subía desde las tazas de café dibujaba formas suaves en el aire.

El sonido lejano de conversaciones y cubiertos creaba un fondo constante, casi relajante.

Miró primero a su tío Andrés.

Luego a Víctor.

¿Y qué hay para comer en la carta?

preguntó finalmente, con un tono tranquilo, como si todavía estuviera despertando del todo.

Víctor sonrió apenas, dejando la taza sobre el plato con cuidado.

Te recomiendo que lo veas por ti mismo dijo.

Vale la pena.

Andrés asintió de inmediato, apoyando el codo sobre la mesa.

Sí, tiene razón, añadió.

Es mejor que tú elijas.

Además… lo miró con una leve sonrisa sabes un poco de español.

Ayer hablaste en español en medio de tu set, en algunas canciones.

Neytan bajó la mirada un segundo, casi con modestia, y luego volvió a levantarla.

Solo sé un poco, intermedio respondió.

No soy perfecto en español… pero lo intentaré.

Víctor soltó una pequeña risa.

Con eso basta dijo.

Aquí nadie espera perfección.

Un camarero se acercó a la mesa con movimientos discretos y dejó tres cartas de desayuno frente a ellos.

Eran de tapa oscura, con el logo del hotel grabado en relieve.

Neytan tomó la suya con ambas manos y la abrió despacio.

Lo primero que notó fue el diseño: limpio, elegante, sin exceso de texto.

Los títulos estaban en español, con pequeñas descripciones debajo.

Respiró hondo y comenzó a leer con atención.

DESAYUNOS Sus ojos bajaron lentamente por la página.

Había opciones clásicas: Desayuno Continental Pan recién horneado, mantequilla, mermeladas artesanales, croissant, jugo natural y café o té.

Neytan imaginó el aroma del pan caliente, la textura crujiente del croissant al partirlo.

Siguió leyendo.

Desayuno Americano Huevos a elección, tocino o salchicha, pan tostado, papas salteadas y café.

Alzó la vista un segundo hacia Víctor, como evaluando mentalmente la opción, y luego volvió a la carta.

Más abajo, opciones más locales.

Desayuno Chileno Pan amasado, palta fresca, queso, mermeladas, café o té.

La palabra palta lo hizo sonreír levemente.

La había escuchado muchas veces el día anterior.

Palta… murmuró para sí mismo, leyendo en silencio.

Pasó la página.

PLATOS CALIENTES Huevos revueltos con hierbas • Omelette de queso y champiñones • Huevos benedictinos con salsa holandesa • Panqueques con frutas y miel • Waffles con crema y frutos rojos Cada descripción era clara, precisa.

Podía imaginar los colores, los aromas.

El contraste entre lo dulce y lo salado lo hacía dudar.

Miró alrededor del restaurante.

Vio a otras mesas con platos ya servidos: pan dorado, frutas cortadas con cuidado, tazas humeantes, jugos de colores intensos.

La luz de la mañana entraba por los ventanales, reflejándose en los cubiertos.

El lugar transmitía una sensación de normalidad absoluta.

Nada de gritos.

Nada de luces.

Nada de escenarios.

Solo desayuno.

Bajó la mirada nuevamente.

BEBIDAS Café espresso • Café americano • Capuccino • Latte • Té selección • Jugo de naranja natural • Jugo de frutas de estación Neytan cerró la carta por un momento y apoyó una mano sobre ella.

Todo se ve bien dijo, con sinceridad.

Andrés sonrió.

Por eso te dije que eligieras tú.

Neytan volvió a abrir la carta, esta vez más decidido.

Sus ojos regresaron a una opción específica y se quedaron ahí unos segundos más.

Respiró hondo.

Creo que… empezó, levantando la vista hacia el camarero que se acercaba voy a pedir los huevos revueltos, pan tostado… y jugo de naranja.

El camarero asintió.

¿Café o té?

Café, por favor.

Andrés y Víctor hicieron sus pedidos también.

El camarero anotó todo con rapidez y se retiró con una leve inclinación de cabeza.

Cuando quedaron solos otra vez, Neytan se recostó un poco en la silla.

Anoche fue intenso dijo, casi en voz baja.

Andrés lo miró con atención.

Se notó respondió.

Incluso hoy, el hotel está lleno de gente que habla del festival.

Neytan asintió lentamente.

Neytan apoyó ambos antebrazos sobre la mesa mientras esperaba su comida.

La carta ya estaba cerrada a un lado, y el aroma del café recién servido comenzaba a llenar el espacio entre los tres.

Tomó la taza con ambas manos, aún caliente, y dio un sorbo lento, como si necesitara ese pequeño ritual para terminar de despertar del todo.

Miró primero a Víctor.

Luego a su tío Andrés.

Y… dijo con calma sí que les gustó la presentación, ¿no?

A los chilenos.

Víctor levantó la vista desde su café y sonrió sin dudar.

Mucho respondió.

Más de lo que esperábamos, incluso.

Andrés asintió enseguida.

No fue solo que les gustara, añadió.

Se notaba que estaban conectados contigo.

Eso no pasa siempre.

Neytan bajó un poco la mirada, como procesando las palabras.

No solo ellos continuó.

También mis fans de otros lugares del mundo.

Ayer en la noche… bueno, en la madrugada… vi que algunos subieron videos del show a sus redes.

Se compartieron rápido.

Víctor dejó la taza sobre el plato con cuidado.

Sí, lo vi dijo.

Twitter, YouTube, incluso Instagram.

Hay clips desde distintos ángulos.

Algunos desde adelante, otros desde atrás del escenario.

Neytan soltó una pequeña sonrisa.

Eso me sorprendió admitió.

Ver comentarios en distintos idiomas… inglés, español, portugués, incluso algunos en francés.

Todo por un show en Chile.

Andrés se acomodó en la silla.

Eso habla de algo importante dijo.

No importa dónde estés tocando.

La gente te sigue igual.

Neytan giró lentamente la taza entre sus manos.

Anoche pensé que quizá sería distinto confesó.

No sabía cómo iba a reaccionar el público acá.

Es otro país, otro idioma… Víctor negó con la cabeza.

La música no necesita traducción, respondió.

Y tú lo viste.

Cantaron, levantaron las manos, grabaron, saltaron… Eso es universal.

El camarero pasó cerca de la mesa con una bandeja, y Neytan lo siguió con la mirada un segundo, esperando que fuera su pedido.

Aún no.

Volvió a la conversación.

Cuando dije algo en español… comentó que no estaba seguro de si se iba a entender bien.

Andrés sonrió.

Se entendió perfecto dijo.

Y aunque no hubiera sido perfecto, eso lo hizo mejor.

Se sintió real.

Neytan apoyó el codo en la mesa.

Vi a gente llorando agregó, más bajo.

Otros abrazándose.

No pensé que pasaría eso tan lejos de casa.

Víctor se quedó en silencio un instante antes de hablar.

Eso no es por el lugar dijo.

Es por el momento que creas.

La gente conecta con lo que siente, no con el mapa.

Neytan asintió lentamente.

También vi que algunos fans escribían que era el mejor día de sus vidas añadió.

Eso… hizo una pausa eso pesa.

Andrés lo miró con atención.

¿En el buen sentido o en el que abruma?

Neytan pensó unos segundos.

En los dos respondió con honestidad.

Me alegra, pero también me hace pensar en la responsabilidad.

Víctor sonrió de lado.

Bienvenido a esto dijo.

Esa sensación no se va.

Solo aprendes a convivir con ella.

El camarero regresó finalmente con los platos.

Colocó frente a Neytan los huevos revueltos, el pan tostado y un vaso de jugo de naranja.

El aroma lo hizo respirar hondo.

Gracias dijo en español, con una pronunciación sencilla pero clara.

El camarero respondió con una sonrisa y se retiró.

Neytan tomó el tenedor, pero antes de comer miró otra vez a Andrés y a Víctor.

Gracias por traerme hasta acá dijo.

Por acompañarme.

Por todo.

Andrés negó con la cabeza.

No nos agradezcas respondió.

Estamos aquí porque creemos en lo que haces.

Víctor levantó la taza a modo de brindis improvisado.

Y porque esto recién empieza.

Neytan sonrió, bajó la mirada a su plato y dio el primer bocado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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