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MARSHMELLO - Capítulo 3

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3: Capitulo 3 3: Capitulo 3 Sábado 15 de enero – Nueva York – 10:00 a.m.

El invierno seguía cayendo sobre Nueva York como una presencia constante, silenciosa, casi calculada.

No era una tormenta violenta ni un caos blanco, sino esa nieve fina que parecía suspendida en el aire, que no golpeaba, sino que se asentaba poco a poco sobre la ciudad, como si quisiera reclamarla sin prisa.

Las calles estaban húmedas, los bordes de las aceras acumulaban capas grises de hielo, y el vapor que emergía de las alcantarillas se mezclaba con el aire helado, creando una atmósfera densa, urbana, real.

Desde el ventanal del departamento, el paisaje parecía detenido en una fotografía viva.

Los autos avanzaban despacio, con las luces encendidas incluso de día.

La gente caminaba encorvada, envuelta en abrigos gruesos, bufandas ajustadas hasta la nariz, gorros de lana y guantes que apenas dejaban ver la piel.

Nueva York no se detenía por el frío; simplemente se volvía más dura, más honesta, más exigente.

Dentro del apartamento, el ambiente era otro.

Neytan estaba sentado en la silla de su habitación, con la espalda recta pero relajada, los pies apenas tocando el suelo.

Vestía una sudadera gris sin marcas, pantalones cómodos y llevaba los audífonos descansando alrededor del cuello, como si fueran parte natural de su cuerpo.

Frente a él, sobre el escritorio ordenado, su laptop permanecía encendida, proyectando una luz azulada que iluminaba su rostro joven, demasiado joven para todo lo que estaba ocurriendo.

Eran exactamente las 10:00 de la mañana.

Había despertado sin alarma, sin que nadie lo llamara.

No por rutina escolar, ni por obligación familiar, sino por una inquietud que no lo había dejado dormir bien.

Una mezcla de expectativa, presión y una necesidad casi física de confirmar que todo lo que había pasado en los últimos días era real.

Se inclinó hacia adelante, apoyó los codos en la mesa y abrió el navegador.

Sus dedos se movieron con calma, sin temblar.

Escribió una sola palabra en el buscador.

YouTube.

La página cargó de inmediato.

Sin dudar, hizo clic en la barra de búsqueda y tecleó el nombre que ya no era solo un alias, sino una identidad completa, una entidad que empezaba a tomar vida propia.

Marshmello.

Presionó Enter.

El canal apareció en la pantalla.

Su canal.

Neytan se quedó quieto, observándolo en silencio.

No era la primera vez que entraba, pero esta vez se sentía distinto.

Ya no era curiosidad.

Era evaluación.

Habían pasado casi seis días desde el lanzamiento oficial de sus tres primeras canciones: Fade Into Darkness, Celebrate y Force.

Seis días que habían alterado completamente el ritmo de su vida.

Ya van casi seis días… pensó, con un hilo de voz que apenas salió de sus labios.

Recordaba cada detalle: el estudio, las horas sin descanso, los ajustes mínimos, las discusiones técnicas, la presión silenciosa de Victor, la mirada analítica de James y Eric, el momento exacto en que dio clic en “publicar”.

Y luego, el jueves 13 de enero, cuando Sony finalmente hizo su movimiento, cumpliendo lo que Adrian había prometido.

Ese día, todo dejó de ser gradual.

Todo se aceleró.

Hizo clic en el primer video.

Fade Into Darkness.

El contador de reproducciones apareció de inmediato.

1.120.000 visualizaciones.

Sus ojos se abrieron apenas, lo justo para delatar la sorpresa.

No sonrió.

Volvió a mirar el número, esperando casi inconscientemente que cambiara, que fuera un error de carga, que descendiera.

No lo hizo.

Un millón… murmuró.

No era solo el número.

Era el peso detrás de él.

Un millón de reproducciones significaba un millón de decisiones individuales.

Un millón de personas que no lo conocían, que no sabían su edad, que no sabían nada de su historia, pero que habían escuchado la canción y decidido quedarse.

Abrió el segundo video.

Celebrate.

950.000 visualizaciones.

Esta canción había sido una apuesta distinta.

Más luminosa, más abierta, diseñada para festivales, para saltar, para perderse en el ritmo.

Algunos habían dudado de su impacto.

Las dudas estaban enterradas.

Luego abrió el tercer video.

Force.

La pantalla cargó.

1.800.000 visualizaciones.

Neytan se quedó completamente inmóvil.…¿qué?

susurró, sin darse cuenta de que había hablado en voz alta.

Force no solo había funcionado.

Había explotado.

Era la más oscura, la más agresiva, la que rompía con el EDM cómodo, con la estructura segura.

Y el público no solo la aceptó: la impulsó.

Se pasó una mano por el cabello y cerró los ojos un segundo.

No sentía euforia.

Sentía algo más peligroso: certeza.

Abrió otra pestaña.

Foros de DJs.

Comunidades de productores.

Medios especializados.

Los títulos se repetían, pero el contenido era distinto.

Mucho más profundo.

Análisis técnicos completos hablaban del BPM preciso de Force, situado estratégicamente para mantener tensión sin caer en el caos.

Se discutía el uso de sub-bajos comprimidos con sidechain agresivo, las capas de distorsión armónica, la estructura del drop, que rompía con el patrón clásico de anticipación.

Se hablaba del uso del silencio como herramienta emocional, de microcortes rítmicos diseñados para incomodar al oyente antes de devolverle el golpe sonoro.

“No parece un debut.” “Hay intención, no improvisación.” “Quien sea Marshmello, entiende el lenguaje del EDM moderno y lo está torciendo.” Fade Into Darkness era analizada desde otro ángulo.

Los críticos hablaban de una melancolía contenida, de progresiones armónicas simples pero emocionalmente cargadas, de una voz tratada con efectos mínimos, casi crudos, que dejaban respirar la tristeza sin exagerarla.

Se mencionaba cómo conectaba especialmente con oyentes jóvenes, sin caer en dramatismo artificial.

Celebrate, en cambio, era descrita como una pieza limpia, casi cinematográfica, con una estructura pensada para escenarios grandes, para explosiones de luz y público.

Se hablaba de su claridad, de su energía optimista, de su capacidad de unir masas sin perder identidad.

Abrió un medio especializado en música electrónica.

“Marshmello: el fenómeno que nadie vio venir”.

El artículo no se limitaba a titulares.

Analizaba el crecimiento día por día, la curva ascendente de reproducciones, la velocidad con la que las canciones habían sido adoptadas por DJs underground y eventos pequeños.

Se hablaba de cómo Force ya estaba siendo probada en sets nocturnos, de cómo Fade Into Darkness aparecía en playlists de estudio, introspectivas, personales.

Algunos críticos dudaban.

“¿Es sostenible?” “¿Es un golpe de suerte?” “¿Estamos ante un cambio real en el EDM o solo un momento?” Pero incluso las dudas estaban cargadas de respeto.

Neytan cerró la laptop lentamente.

Moda pasajera.

Esa frase regresó a su mente.

Creen que voy a desaparecer pensó.

Como tantos otros.

Se levantó y caminó hacia la ventana.

Apoyó la frente contra el vidrio frío y observó la ciudad.

Cinco meses.

Ese era el límite.

Cinco meses antes de que sus padres regresaran y todo estallara.

No voy a desaparecer susurró.

Voy a quedarme.

La puerta de la habitación se abrió.

Matías entró sin decir nada.

No hizo preguntas.

Solo levantó su celular y reprodujo Fade Into Darkness.

La canción llenó el cuarto.

Ninguno habló.

Esperaron hasta que el último segundo se extinguió.

Matías lo miró fijamente Sabes lo que pasará cuando ellos se enteren.

Neytan no bajó la mirada No me interesa.

Seguiré este camino.

Es como te dije hace meses: ¿qué pasa si quiero elegir algo que papá y mamá no planearon para mí?

Matías guardó silencio Estoy cansado continuó Neytan de competencias, de recitales, de ser “el mejor” en algo que no elegí.

Esto… esto es lo que me apasiona.

Y no voy a detenerme.

Ni siquiera si tengo que irme de la casa.

El silencio pesó ¿Me ayudarás a encubrirlo?

preguntó.

¿O seguirás siendo el niño bueno de papá y mamá?

Matías lo miró largo rato Te ayudaré dijo al fin.

Pero más vale que valga la pena.

Neytan respiró hondo Es la primera vez que no tengo que manipular para que me ayudes.

Matías sonrió apenas Marshmello es un nombre curioso dijo.

Pero lo que te delató fue tu voz.

Aun así, con ese casco… nadie te reconocerá.

Y dudo que ellos lo hagan.

Hizo una pausa.Cinco meses agregó.

Eso es lo que tenemos.

Neytan asintió.

La nieve seguía cayendo sobre Nueva York.

Y Marshmello ya no era un experimento.

Era un fenómeno en crecimiento.

Y esto… apenas era el comienzo.

La cocina del departamento todavía conservaba el calor suave de la estufa cuando Matías terminó de colocar los platos sobre la mesa.

El sonido del aceite apagándose lentamente, el aroma a pan tostado y café recién hecho llenaban el espacio con una normalidad casi engañosa.

Desde afuera, el invierno seguía reclamando la ciudad, pero dentro del hogar todo parecía, al menos por unos minutos, estable.

Matías se movía con rutina automática: huevos revueltos, jugo, pan, una tetera aún humeante.

No hablaba.

Pensaba.

Cada gesto suyo llevaba el peso de lo que sabía y de lo que había decidido callar.

Neytan, mientras tanto, subía las escaleras con pasos suaves.

Su celular vibraba ligeramente en su mano, no por llamadas, sino por notificaciones constantes.

No las abría todavía.

Primero debía despertar a Elena.

Se detuvo frente a la puerta de su habitación y tocó dos veces, despacio.

Elena dijo en voz baja.

No hubo respuesta.

Tocó una vez más, un poco más fuerte.

Nada.

Neytan frunció el ceño.

Giró la perilla con cuidado y abrió la puerta.

La habitación estaba en penumbra, las cortinas apenas dejaban pasar la luz gris del invierno.

Elena dormía profundamente, envuelta en su edredón, el cabello desordenado sobre la almohada, respirando con tranquilidad absoluta, ajena al mundo.

Elena… ya es tarde murmuró, acercándose.

No respondió.

Le tocó suavemente el hombro.

Nada.

Ni un movimiento.

Suspiró.

Ya conocía ese sueño pesado.

Con cuidado, la cargó en brazos.

Elena murmuró algo ininteligible, pero no despertó.

Neytan la llevó hasta el baño, la apoyó con suavidad frente al lavadero y abrió el grifo.

El agua salió templada, ni fría ni caliente.

Mojó su mano y le salpicó el rostro con cuidado.

Elena se estremeció, abrió los ojos de golpe y soltó un bostezo largo.

Neytan… dijo con voz dormida ¿qué hora es?

Las diez y quince respondió con calma.

Elena parpadeó, procesando la información, y luego asintió lentamente Ya voy… Volvió a su habitación, se puso las pantuflas y bajó las escaleras sin apuro.

Neytan la siguió, pero ya no estaba completamente presente.

Su atención regresó al celular.

Mientras Elena se sentaba en la mesa y Matías le servía el desayuno, Neytan deslizó el dedo por la pantalla.

Había decidido no solo mirar números, sino entender lo que estaba ocurriendo realmente.

Abrió un buscador y escribió los títulos de sus canciones uno por uno.

Fade Into Darkness.

El primer artículo que apareció era de una revista digital especializada en cultura electrónica.

No era un simple titular; era un análisis completo del impacto emocional de la canción.

El texto hablaba de cómo el EDM, durante años, había priorizado la euforia sobre la introspección, y cómo Fade Into Darkness rompía ese patrón sin abandonar el género.

Se analizaba el tempo moderado, la progresión armónica en tonos menores, el uso controlado del reverb en la voz, creando una sensación de distancia emocional sin desconexión.

Críticos comparaban la sensación de la canción con etapas tempranas de Deadmau5 y algunos trabajos más introspectivos de Eric Prydz.

Se mencionaba que no era una tristeza exagerada, sino una melancolía madura, algo poco común en un debut.

Luego abrió otro enlace.

Celebrate.

Un portal de festivales hablaba de la canción como “una construcción inteligente de energía”, destacando la claridad del drop, la limpieza del mix y la facilidad con la que podía ser adaptada a escenarios masivos.

Productores señalaban que Celebrate no intentaba reinventar nada, sino perfeccionar lo que ya funcionaba, y que eso también era una muestra de inteligencia creativa.

Aparecían comentarios de artistas de pop del momento.

Katy Perry había dado like a un clip corto en redes donde la canción sonaba de fondo.

Un productor asociado a Lady Gaga comentaba que “tenía estructura cinematográfica”.

Incluso Calvin Harris había sido citado en un foro privado diciendo que el tema “funcionaba demasiado bien para alguien nuevo”.

Force.

Ahí todo cambiaba.

Los artículos eran más largos, más intensos.

Algunos directamente polémicos.

Un medio titulado “El EDM después de 2011” dedicaba varias páginas a Force, describiéndola como una ruptura con la comodidad sonora del género.

Se hablaba del BPM agresivo, de las capas de sub-bajo saturadas, del uso del silencio antes del drop como una herramienta de tensión psicológica.

No era solo música para bailar; era música para sentir incomodidad, para despertar algo más primitivo.

Veteranos del género reaccionaban con cautela.

Tiësto había comentado en una entrevista que “era interesante, pero arriesgada”.

Armin van Buuren había dicho que “Force no es para todos, y eso es exactamente lo que la hace peligrosa”.

Skrillex, aún en pleno auge en 2011, había compartido un fragmento en redes con un comentario breve: “Esto pega distinto”.

Productores de hip hop también aparecían opinando.

Kanye West era citado en un artículo diciendo que “el sonido tiene identidad, y eso es raro”.

Pharrell Williams había comentado que “la energía es cruda, sin adornos innecesarios”.

Incluso raperos como Eminem aparecían mencionados indirectamente, al compararse la agresividad estructural de Force con la intensidad emocional de ciertos tracks de rap oscuro.

No era una comparación directa, pero el paralelismo estaba ahí.

Neytan seguía leyendo mientras el desayuno avanzaba en silencio.

Elena masticaba distraída, Matías observaba a su hermano menor de reojo.

Sabía que Neytan no estaba realmente allí.

Los informes hablaban del impacto cultural.

De cómo jóvenes productores estaban intentando replicar el sonido.

De cómo DJs underground ya estaban cerrando sets con Force.

De cómo Fade Into Darkness aparecía en playlists nocturnas, mientras Celebrate dominaba fiestas universitarias.

Algunos críticos dudaban.

Decían que era pronto.

Que tres canciones no definían una carrera.

Pero incluso esos textos reconocían algo innegable: no parecía un debut.

Había coherencia.

Había visión.

Neytan levantó la vista un segundo.

Miró a su familia.

A Elena medio despierta.

A Matías sosteniendo una taza de café, cargando un secreto enorme.

Cinco meses.

Eso era todo lo que tenía.

No para hacerse famoso.

Eso ya estaba ocurriendo.

Cinco meses para volverse imposible de detener.

Para que, cuando sus padres regresaran, Marshmello no fuera un capricho infantil, sino una realidad sólida, documentada, analizada, respetada.

Neytan bloqueó el celular, respiró hondo y tomó un sorbo de jugo.

Esto recién empieza pensó.

El comedor estaba en silencio, roto solo por el sonido suave de los cubiertos y el murmullo distante de la ciudad filtrándose por las ventanas.

La calefacción mantenía el ambiente templado, contrastando con el invierno persistente que seguía cayendo sobre Nueva York.

El desayuno ya estaba casi terminado.

Elena jugaba distraída con un trozo de pan, Matías bebía café apoyado contra el mesón, y Neytan permanecía sentado, con la espalda recta y la mente en otro lugar.

A las 10:45 exactas, su celular vibró.

Neytan no reaccionó de inmediato.

Solo cuando la vibración se repitió, deslizó el teléfono desde el bolsillo de su sudadera y miró la pantalla.

Victor.

Abrió el mensaje.

“Sky High y Energy ya están completamente mezcladas y masterizadas.

Listas para subir cuando tú digas.” Neytan leyó el mensaje dos veces.

No sonrió.

No se alteró.

Solo respiró hondo, como si una pieza más del rompecabezas hubiera encajado en su lugar.

Escribió con rapidez, pero con precisión.

“¿Ya se hizo la publicidad o todavía no?” La respuesta no tardó.

“Sí.

Sony Music activó la campaña hace unos 30 minutos.

Publicaciones oficiales, anuncios cruzados, playlists.

SilverLine Records también anunció que dos nuevas canciones están listas.

La respuesta es inmediata.

Mucha interacción.

La gente está preguntando fechas.” Neytan apoyó el celular sobre la mesa durante unos segundos.

Su mirada se perdió en la superficie de madera.

No estaba nervioso.

Estaba calculando.

Volvió a tomar el teléfono.

“Hazlo.

Lanza Sky High primero.

Cinco minutos después, Energy.” Victor respondió casi al instante.

“Entendido.

¿Tienes otra canción en mente para trabajar?” Neytan no dudó.

“Sí.

Se llama Mortals.” Y sin esperar, envió un mensaje largo, detallado, técnico, estructurado.

No eran solo ideas vagas.

Era un plano completo.

Describió el concepto de Mortals como una pieza emocionalmente ascendente, con un enfoque atmosférico profundo.

Indicó un tempo aproximado de 140 BPM, pero con sensación de medio tiempo para darle peso.

Explicó que quería una base de percusión minimalista al inicio, con un kick suave y un sub-bajo profundo, casi imperceptible, que fuera creciendo gradualmente.

Detalló capas de pads etéreos con filtros automáticos, arpegios lentos en tonalidad menor y un drop contenido, no explosivo, sino expansivo.

Especificó que la canción debía sentirse humana, frágil, poderosa sin agresividad.

Habló del uso de silencios estratégicos antes del drop principal, del uso de reverb largo en la voz para generar sensación de distancia, y de un lead melódico que transmitiera esperanza sin caer en lo épico exagerado.

Luego aclaró la parte vocal.

“La letra será mínima.

Pocas palabras.

Necesito una voz femenina.

Clara.

Emocional.

No sobrecargada.

Que no cante por técnica, sino por sentimiento.

Esta canción no se grita, se siente.” Victor leyó todo con atención antes de responder.

“Tengo a alguien en mente.” Neytan escribió de inmediato.

“¿Nombre?” La respuesta llegó “Laura Brehm.

Es perfecta para este tema.” Neytan asintió, aunque Victor no podía verlo.

“Bien.

Trata de convencerla.” La respuesta llegó con sinceridad.

“Sé que está trabajando de forma independiente.

Hace su propia música, covers, colaboraciones pequeñas.” Neytan no cambió de postura.

“Dile que este proyecto es distinto.

Si viene al estudio, hablaré con ella.” Victor respondió tras unos segundos.

“Intentaré convencerla.

Primero armaremos la pista con el equipo.

Te aviso.” Neytan escribió una última vez.

“Ya les avisé.

Intercambié números con todos.

Daniel, Sofía, Lucas, Mateo, Hana, James y Eric.

Deben estar entrando al Estudio 1 ahora.” Hubo una pausa más larga.

Luego llegó la respuesta.

“Confirmado.

Ya están en el Estudio 1.

Empezamos.

Te mandaremos avances.

Podrás guiarnos en ajustes.” “Está bien.

Manténme informado.

Gracias.” La última respuesta llegó con un tono distinto, casi fraternal.

“Para eso estamos.

Somos tu equipo.

Recuérdalo.” Neytan bloqueó el celular.

Matías levantó la vista ¿Pasa algo?

Todo está donde debe estar respondió Neytan con calma.

Elena frunció el ceño ¿Qué cosa debe estar donde debe estar?

Neytan la miró y sonrió apenas lo entenderás cuando crezcas más.

Elena infló los cachetes, haciendo un puchero exagerado Siempre dices eso… Neytan soltó una risa suave.

Matías solo añadió Tienes mi apoyo.

Recuérdalo.

Neytan asintió.

A las 10:59 a.m., Sky High apareció en el canal de YouTube.

Cinco minutos después, a las 11:04 a.m., Energy fue publicada.

Neytan no miró el celular.

No revisó números.

No observó reacciones.

Guardó el teléfono en el bolsillo y se levantó.

Ayudó a Elena a llevar su plato al fregadero.

Matías llevó el suyo.

El sonido del agua corriendo llenó la cocina mientras Matías comenzaba a lavar.

¿Hoy saldrás?

preguntó Elena.

No.

Hoy me quedo en casa.

Elena asintió.

Entonces iremos al supermercado dijo Matías.

En una hora.

Está a dos calles.

Papá y mamá ya hicieron el depósito, ¿no?

preguntó Neytan.

Tío Andrés me dio el dinero ayer después de la escuela respondió Matías.

Ahora vamos nosotros.

Yo voy a cambiarme dijo Elena.

El sol invernal de Nueva York apenas iluminaba las calles cubiertas de nieve fina y húmeda mientras Matías, Neytan y Elena empujaban el carrito por los pasillos del supermercado local.

La luz fluorescente del interior contrastaba con el gris del exterior, creando un espacio cálido y acogedor que invitaba a concentrarse en las compras.

Los pasillos estaban llenos de familias, personas mayores que comentaban sobre el frío y estudiantes que pasaban con mochilas colgadas, mientras los altavoces reproducen música ambiental.

Entre ellos, se mezclaban pequeños comentarios de clientes que se dirigían unos a otros, conversando sobre la rutina diaria y el invierno que parecía no dar tregua.

Matías empujaba el carrito principal mientras Neytan revisaba la lista de compras en su teléfono.

Elena llevaba algunas bolsas de snacks que Matías le permitió poner dentro del carrito; se podía ver su sonrisa traviesa mientras acomodaba las bolsas entre la carne y los paquetes de verduras.

La lista era larga: carne de res, pollo, pasta, arroz, verduras frescas, huevos, leche, productos orgánicos, frutas y algunos condimentos especiales.

¿Qué falta comprar?

preguntó Elena, acomodando otra bolsa de papas fritas en el carrito.

Nos falta carne, pollo, pasta, arroz, verduras, huevos y leche respondió Neytan, con la voz serena pero firme, como si ya estuviera organizando mentalmente cada sección.

Entonces vamos por la carne y el pollo.

Neytan, ¿podrías traer el paquete de huevos y la leche?

dijo Matías mientras señalaba el pasillo correspondiente.

Está bien, nos vemos en el pasillo de la carne respondió Neytan, que se desvió de los demás y comenzó a caminar por los pasillos, atentos a la gente que se cruzaba en su camino, a los estantes organizados y a los pequeños carteles de oferta.

Mientras avanzaba hacia la sección de lácteos, Neytan escuchó comentarios a su alrededor.

Un grupo de jóvenes hablaba animadamente sobre música y tecnología: ¿Escuchaste que ya publicaron Fade Into Darkness, Celebrate y Force en Beatport, Juno Download, 7digital, iTunes Store y Amazon MP3?

preguntó uno con emoción.

Sí, el anuncio oficial ya salió respondió otro, revisando su teléfono.

Incluso están pasando las canciones por la radio y haciendo publicidad en TimeSquare.

Tan rápido se movieron.

Sí, es increíble dijo el primer chico.

Es un DJ que viene para quedarse en el EDM.

Neytan caminó unos pasos más, escuchando las conversaciones sin que nadie lo notara.

Su corazón se aceleró ligeramente por la satisfacción silenciosa de ver cómo la música que había creado empezaba a generar reacciones inmediatas y genuinas.

Los jóvenes seguían comentando sobre la rapidez del lanzamiento de las canciones, sobre la publicidad, sobre cómo la música estaba superando los millones de reproducciones en solo seis días.

Tienes razón decía uno de ellos.

Es normal que lancen las descargas tan rápido.

Ya vieron la reacción del público.

Las canciones son buenas, muy buenas.

Sky High y Energy son realmente buenas añadió otro.

Este DJ llegó para quedarse.

Neytan continuó su camino hasta la sección de huevos, donde seleccionó cuidadosamente un paquete fresco.

Luego se dirigió a los congeladores de lácteos y tomó un bidón de leche, revisando que la fecha de caducidad fuera la adecuada.

Mientras tanto, Matías y Elena habían llegado al pasillo de la carne.

Matías tomaba los cortes que necesitaban mientras Elena observaba las opciones, asegurándose de escoger la mejor calidad.

Neytan los alcanzó poco después, y juntos continuaron hacia el pasillo del arroz, donde eligieron un paquete grande y resistente.

Después se dirigieron a la sección de verduras orgánicas, donde Elena mostró su desagrado por ciertos vegetales.

Neytan, con una sonrisa traviesa, hizo unas bromas ligeras, moviendo los paquetes de brócoli y coliflor cerca de ella.

Elena le dio suaves golpes en el hombro mientras ambos reían discretamente, logrando que el ambiente se volviera más relajado y familiar.

Luego fueron por la pasta, eligiendo cuidadosamente los tipos que más les gustaban, asegurándose de que fueran de buena calidad y fáciles de cocinar.

Finalmente, cargaron todo en el carrito y se dirigieron hacia la caja.

Mientras hacían la fila, el altavoz del supermercado comenzó a reproducir Force.

Los jóvenes que estaban cerca empezaron a murmurar emocionados.

¡Marshmello!

exclamaron al reconocer los primeros segundos de la canción.

Algunos adultos, aunque no conocían al DJ, comenzaron a mover la cabeza al ritmo, atraídos por la intensidad del drop y el diseño sonoro de la pista.

Matías miró a su hermano menor con sorpresa, notando cómo la música provocaba una reacción inmediata y emocional en los oyentes.

Neytan, por dentro, sonreía con satisfacción; exteriormente mantenía la calma, como siempre, pero el brillo en sus ojos delataba la emoción de ver cómo su creación impactaba a las personas a su alrededor.

Llegó su turno en la caja.

Colocaron cuidadosamente todos los productos en la cinta transportadora.

Los bip de registro de cada artículo creaban un ritmo mecánico que Neytan casi podía sincronizar con los beats de su propia música.

La cajera les indicó el total, y Matías pagó mientras Neytan y él ayudaban a organizar las bolsas para que Elena las transportara sin dificultad.

Tenemos todo listo dijo Matías.

Vamos a casa.

Salieron del supermercado y caminaron por las calles ligeramente cubiertas de nieve hacia su edificio, a solo dos calles de distancia.

Saludaron al guardia del lobby, quien les devolvió el saludo con una sonrisa.

Tomaron el elevador hasta el piso 20.

Al llegar, se abrieron las puertas y entraron al apartamento 55: primero Elena, luego Neytan, y finalmente Matías, que cerró la puerta tras de sí.

Dejaron las compras en la cocina y comenzaron a organizarlas.

En apenas treinta minutos, todo estaba acomodado.

Tengo hambre dijo Elena con un suspiro.

Hay que pedir algo de comer.

¿Qué quieres pedir?

preguntó Neytan.

Comida china respondió Elena con entusiasmo.

Bien, yo pago dijo Neytan, sacando la billetera con una sonrisa.

¿Tú?

preguntó Elena sorprendida.

Sí, hoy pago el almuerzo.

Recibí la paga por hacer las tareas a los de octavo grado respondió Neytan con naturalidad.

Matías rió entre dientes.

Sabes que tu negocio de tareas te va a matar comentó.

Cuando eres bueno con los números y las letras, es bueno sacar ventaja.

Además, más que hacer tareas, es un buen ingreso respondió Neytan.

¿Cuánto te pagaron?

preguntó Matías.

Doce personas, entre veinte y cincuenta dólares cada una.

En total, unos seiscientos dólares.

Por eso invito a almorzar hoy dijo Neytan con orgullo.

Bien, quiero comer bien dijo Elena, mientras sacudía sus manos frente a ella.

Haz la llamada dijo Neytan con firmeza.

Matías tomó el teléfono y llamó al restaurante de comida china.

Realizó el pedido completo: arroz frito, pollo agridulce, verduras salteadas, rollitos de primavera y sopa wantán.

Confirmó la entrega y colgó.

Neytan se adelantó a la sala de estar.

Encendió el televisor y apareció un programa de entretenimiento que hablaba del nuevo fenómeno Marshmello.

Comentaban que sus tres canciones Fade Into Darkness, Celebrate y Forceya estaban disponibles para descarga legal en Beatport, Juno Download, 7digital, iTunes Store y Amazon MP3.

El presentador destacaba la velocidad con la que Marshmello pasó de ser un desconocido a convertirse en un fenómeno viral en el EDM.

No solo eso dijo el especialista en pantalla.

Hoy mismo, Marshmello lanzó dos nuevas canciones: Sky High y Energy.

Sony Music y SilverLine Records comenzaron la promoción hace más de una hora y media.

Las canciones ya están circulando en YouTube, y el nombre de Marshmello suena más fuerte que nunca.

Neytan observó la pantalla con atención.

No se trataba solo de cifras.

Era la reacción de la cultura, la manera en que su música se filtraba en las conversaciones, en la radio, en las playlists.

Podía ver los comentarios de jóvenes DJs, productores de otros géneros y fanáticos del EDM que analizaban la estructura de sus canciones, la originalidad de los drops, la claridad del sonido y la innovación en los efectos y capas sonoras.

Algunos decían que Force era agresiva sin ser caótica, que Celebrate tenía un enfoque casi cinematográfico y que Fade Into Darkness conectaba emocionalmente con los oyentes de manera inesperada.

Mientras Neytan observaba, Matías y Elena regresaron con las bolsas de comida china.

El aroma comenzó a llenar la cocina, mezclándose con el eco distante de Marshmello en la televisión y en la radio del supermercado.

Todo parecía encajar en perfecta sincronía: la música, la emoción de la audiencia, la organización del hogar, y la satisfacción silenciosa de haber logrado algo que, en pocos días, había comenzado a cambiarlo todo para Neytan.

Elena se sentó y comenzó a colocar los platos sobre la mesa.

Hoy comeremos bien dijo, mirando a su hermano menor con una sonrisa.

Neytan asintió mientras sacaba un plato y servía un poco de arroz.

Sí respondió, tranquilo.

Hoy, todo está en su lugar.

Mientras comían, Neytan continuaba observando los reportes en su teléfono, los comentarios de fans, las descargas, la circulación de sus canciones, y los análisis de críticos de diferentes géneros.

Cada detalle confirmaba algo que él ya sabía: su música había comenzado a generar impacto, y nada, ni siquiera el invierno de Nueva York, podría detener la corriente que estaba creando.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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