MARSHMELLO - Capítulo 30
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30: Capitulo 29 30: Capitulo 29 John F.
Kennedy International Airport (JFK), Queens, Nueva York 9 de noviembre de 2011 — 9:10 a.
m.
El avión ya había aterrizado hacía varios minutos, pero recién ahora el movimiento comenzaba a sentirse constante.
Pasajeros avanzando con paso lento, otros apresurados por conexiones, maletas rodando sobre el piso pulido del aeropuerto y ese sonido permanente de voces mezcladas en distintos idiomas que solo existe en aeropuertos grandes como JFK.
Neytan caminaba por uno de los pasillos principales junto a su tío Andrés y Víctor.
Llevaba una sudadera oscura con la capucha baja, jeans cómodos y una mochila colgada en un solo hombro.
Nada que lo hiciera destacar.
Nada que lo hiciera parecer Marshmello.
Solo un chico de doce años regresando a casa después de un viaje largo.
Sacó su celular del bolsillo de la sudadera casi por reflejo.
La pantalla se encendió.
9:15 a.
m.
Suspiró suavemente.
Ya estamos murmuró más para sí mismo que para los demás.
Víctor caminaba a su lado con una pequeña maleta de mano, mirando los letreros de señalización.
¿Estás feliz de estar de regreso en Nueva York?
—preguntó, girando un poco la cabeza hacia Neytan.
Neytan guardó el celular y asintió sin pensarlo demasiado.
Sí respondió.
Bastante.
Además, la presentación es el día 12 de noviembre y recién estamos a 9.
Tenemos tiempo.
Andrés caminaba apenas un paso más atrás, observando el entorno con calma.
Tiempo para dormir agregó Neytan.
Para descansar bien estos días antes de la prueba de sonido.
Y… hizo una pequeña pausa para no tener que estar pendiente del cambio de horario.
Víctor sonrió.
Eso sí que es un lujo después de estas semanas.
Por fin unos días sin dormir en aeropuertos continuó Neytan.
Sin escalas eternas.
Sin sillas incómodas.
Sin despertarse cada hora por anuncios de vuelos.
Andrés soltó una pequeña risa.
Ahí tienes un punto dijo.
Tratar de dormir en esas sillas debería ser considerado un castigo.
Neytan ladeó un poco la cabeza, de acuerdo.
Además ahora podemos quedarnos quietos unos días —siguió Andrés—.
Ya no queda mucho viaje.
Solo dos presentaciones más y listo.
Eso se siente raro comentó Neytan.
Como… terminar una etapa.
Víctor lo miró de reojo.
¿En el buen sentido o en el extraño?
En los dos respondió Neytan.
Me gusta viajar, pero también cansa.
Y extraño mi cama.
Los tres avanzaron hacia el área de migración, siguiendo la fila de pasajeros que regresaban a Estados Unidos.
El ambiente era más tranquilo que en horas punta, pero igual había espera.
Personas bostezando, otras revisando documentos, algunas familias con niños pequeños sentados sobre maletas.
Neytan apoyó el peso en una pierna, luego en la otra.
¿Cuántos aeropuertos llevamos este mes?
preguntó.
Víctor pensó un segundo.
Más de los que puedo contar sin equivocarme.
Atlanta, Miami, Santiago, de vuelta acá… enumeró Neytan en voz baja.
Y antes Asheville, Ámsterdam… Y eso sin contar los que fueron solo escalas —añadió Andrés.
Neytan negó con la cabeza.
Definitivamente necesito dormir.
La fila avanzó lentamente.
Cuando por fin pasaron migración y recogieron sus cosas, el ambiente cambió.
Más espacio.
Más ruido.
Más movimiento.
El típico caos organizado de JFK.
Caminaron hacia la zona de salida, donde el techo se elevaba y la luz natural entraba por los ventanales.
Afuera, Nueva York los esperaba con su ruido, su ritmo y ese aire familiar que Neytan reconocía sin esfuerzo.
Huele distinto comentó de pronto.
Víctor lo miró.
¿Distinto cómo?
A casa respondió Neytan, encogiéndose de hombros.
Andrés sonrió.
Eso no lo arregla ningún hotel cinco estrellas.
Avanzaron un poco más.
Gente con carteles esperando, taxis alineados afuera, anuncios por altavoz.
Neytan se detuvo un segundo, ajustó la correa de su mochila y volvió a sacar el celular.
Varias notificaciones.
Mensajes sin leer.
Menciones.
No las abrió.
Luego murmuró.
Ahora solo quiero llegar.
Víctor asintió.
Buen plan.
Caminaron hacia la salida principal.
El aire frío de noviembre entró apenas cruzaron las puertas automáticas.
Neytan respiró hondo, sintiendo cómo el cansancio se mezclaba con alivio.
Estamos de vuelta dijo Andrés.
Neytan miró alrededor, luego a ellos.
Sí respondió.
Y esta vez… sin prisas.
Siguiendo el flujo natural del aeropuerto, Neytan, su tío Andrés y Víctor continuaron caminando hacia la salida principal de JFK.
El paso era tranquilo, sin apuro.
Nadie estaba corriendo para alcanzar un vuelo ni revisando relojes con ansiedad.
Esta vez no había prisa.
Esta vez era el final de un trayecto, no el inicio de otro.
Las ruedas de las maletas sonaban de forma constante sobre el piso.
A su alrededor, la gente hablaba en voz baja, algunos reían, otros bostezaban.
Se sentía ese cansancio colectivo típico de la mañana, cuando la ciudad apenas empieza a activarse pero el aeropuerto nunca duerme del todo.
Todavía tengo la imagen del cerro San Cristóbal —comentó Neytan de pronto, rompiendo el silencio.
Cuando subimos y se veía toda la ciudad.
Andrés asintió, caminando a su lado.
Es distinto desde arriba.
Santiago se ve más ordenado de lo que uno imagina.
Y más grande agregó Víctor.
Desde abajo no se nota tanto.
Me gustó que no era solo edificios dijo Neytan.
Tenía montañas alrededor.
Eso se siente… no sé, más tranquilo.
Los Andes cambian todo respondió Andrés.
Es como tener un muro gigante recordándote dónde estás.
Caminaron unos metros más.
Pasaron junto a una cafetería llena, el aroma a café recién hecho flotando en el aire.
¿Te acuerdas del restaurante donde comimos después del museo?
preguntó Neytan—.
El que no era elegante, pero tenía comida buena.
El local tradicional respondió Andrés.
Sí.
Ahí fue donde entendiste la mitad del menú y la otra mitad no.
Neytan soltó una pequeña risa.
El camarero hablaba rápido.
Pero igual pediste solo dijo Víctor.
Eso cuenta.
Me gustó eso admitió Neytan.
No sentirme perdido, aunque no entendiera todo.
Eso es viajar comentó Andrés.
Entender lo suficiente.
Siguieron avanzando, pasando los últimos controles, las puertas automáticas cada vez más cerca.
Y el museo… continuó Neytan.
El Rijksmuseum fue enorme, pero en Chile me gustó más caminar sin rumbo después del desayuno.
Eso fue lo mejor dijo Andrés.
No tener horario.
Después del festival añadió Víctor.
Eso ayudó a bajar todo.
Neytan asintió.
Sí.
Después del Fauna Primavera… todo se sentía más real.
La gente cantando, pero luego salir a caminar como si nada.
Eso fue lo que más me gustó de Chile dijo Andrés.
La mezcla.
Fans, pero también normalidad.
Llegaron a la zona de salidas.
Las puertas automáticas se abrieron dejando entrar el aire frío de Nueva York.
El sonido del tráfico, bocinas a lo lejos, voces más fuertes.
Víctor se detuvo un momento.
Bueno dijo.
Hasta aquí llego yo.
Neytan lo miró.
¿Te vas directo a casa?
Sí respondió Víctor.
Ducha larga, dormir y no pensar en cables ni consolas por al menos un día.
Andrés sonrió.
Te lo ganaste.
Víctor miró a Neytan.
Buen trabajo en Chile dijo con sinceridad.
Disfruta estos días.
Gracias respondió Neytan.
Nos vemos pronto.
Víctor levantó la mano en un gesto simple de despedida y se alejó hacia la fila de taxis.
Neytan lo vio subir a uno, cerrar la puerta y desaparecer entre el tráfico del aeropuerto.
Se quedaron solo él y su tío.
Bueno dijo Andrés.
Vamos por el auto.
Caminaron hacia el estacionamiento del aeropuerto.
El trayecto era largo, pasillos amplios, escaleras mecánicas, letreros indicando sectores y niveles.
Neytan caminaba con calma, observando sin realmente prestar atención.
El sedán sigue donde lo dejamos comentó Andrés.
Espero que no tenga polvo.
Desde el 15 de octubre… murmuró Neytan.
Es bastante tiempo.
Llegaron a la zona de pago del estacionamiento.
Andrés sacó el ticket, lo revisó.
Un mes casi exacto dijo.
Del 15 de octubre al 9 de noviembre.
Introdujo el ticket en la máquina.
El monto apareció en pantalla.
Bueno comentó.
Al menos el auto estuvo quieto.
Pagó sin quejarse.
La barrera se levantó.
Siguieron caminando entre filas de autos hasta llegar al sedán negro.
Andrés abrió el maletero, colocaron las maletas.
Neytan se sentó en el asiento del copiloto.
El auto arrancó suavemente.
Mientras salían del estacionamiento y se incorporaban a la carretera, Neytan apoyó la cabeza contra la ventana por un momento.
¿Sabes qué fue lo más raro de Chile?
preguntó.
¿Qué cosa?
Que, por un rato, no pensé en el siguiente vuelo.
Andrés sonrió mientras manejaba.
Eso es bueno.
Sí respondió Neytan.
Muy bueno.
El sedán negro avanzaba con suavidad por las calles de Nueva York, dejando atrás poco a poco el John F.
Kennedy International Airport (JFK), en Queens.
A medida que se alejaban del aeropuerto, el ruido constante de los aviones despegando y aterrizando quedaba sustituido por el murmullo urbano: motores, semáforos, algún claxon aislado, el sonido regular de la ciudad que despertaba del todo.
Dentro del auto el ambiente era tranquilo, casi silencioso.
No había música aún.
Solo el sonido del motor y el roce suave de las ruedas sobre el asfalto.
Neytan iba mirando por la ventana, observando cómo los edificios bajos de la zona del aeropuerto se transformaban lentamente en calles más densas, con casas, tiendas abiertas a medias, gente caminando con café en la mano rumbo al trabajo.
Su sudadera oscura contrastaba con la luz de la mañana que entraba por el vidrio.
Tenía el celular en el bolsillo, pero no lo estaba usando.
Simplemente miraba.
No estaba cansado de una forma física únicamente; era un cansancio distinto, más mental, de esos que llegan después de muchas emociones juntas.
Andrés manejaba con una mano relajada sobre el volante.
Parecía cómodo, como si ese trayecto fuera algo familiar, algo que había hecho cientos de veces antes.
Tras unos minutos en silencio, fue él quien habló.
Y… ¿pensaste en la propuesta de Skrillex?
preguntó con naturalidad, sin mirarlo directamente, atento al tráfico.
Neytan tardó un segundo en responder.
No por duda, sino porque ya había pensado mucho en eso.
Sí dijo finalmente.
La pensé bastante durante el viaje.
Lo del remix de Levels.
Andrés asintió ligeramente.
Me imaginé.
Ya di mi consentimiento continuó Neytan.
Y por lo que me dijo Víctor, Universal Music también dio el visto bueno.
Así que… ahora Skrillex tiene el camino libre para hacerlo.
Entonces va a usar el mismo sample comentó Andrés.
El de Etta James.
Sí respondió Neytan.
Por eso habló directamente con Universal.
Sin ese permiso no había nada que hacer.
Andrés soltó una pequeña exhalación, casi como una risa corta.
Tiene sentido.
Ese sample es el corazón de Levels.
Exacto dijo Neytan.
Cambiarlo no tendría sentido.
Lo que haga con los drops, con la estructura, ya es cosa de él.
Pero la esencia… esa se mantiene.
Pasaron bajo un puente.
La luz cambió brevemente, el interior del auto se oscureció y luego volvió a iluminarse.
Probablemente ya esté trabajando en eso añadió Neytan.
O al menos pensando cómo llevarlo a su terreno.
Depende de él cuándo lo saque.
Andrés giró un poco la cabeza, mirándolo de reojo.
¿Y cómo te hace sentir eso?
Neytan lo pensó unos segundos.
Bien respondió.
Tranquilo.
No siento que me estén quitando nada.
Es más… es como ver crecer algo que empezó conmigo.
Andrés sonrió, esta vez con más claridad.
Levels te llevó a la cima, ¿sabes?
dijo.
Y no solo por el éxito, sino por lo que abrió después.
Neytan bajó la mirada un momento, apoyando el antebrazo contra la puerta.
Lo sé.
Y quiero que sepas algo añadió Andrés, con un tono más serio pero cálido.
Estoy orgulloso de ti.
De verdad.
Neytan no respondió de inmediato.
Asintió suavemente.
Gracias, tío.
El silencio volvió al interior del auto, pero no era incómodo.
Era un silencio cómodo, de esos que no necesitan ser llenados todo el tiempo.
Unos minutos después, Andrés estiró la mano hacia el tablero y encendió la radio.
Giró la perilla lentamente, buscando cualquier emisora.
Pasaron fragmentos de noticias, voces rápidas, anuncios.
Luego algo de pop suave.
Finalmente dejó una estación cualquiera, con música sonando de fondo a volumen bajo.
La canción no era importante.
Era solo ruido agradable, algo que acompañara el trayecto.
Neytan volvió a mirar por la ventana.
Nueva York seguía pasando frente a él, familiar y distinta al mismo tiempo.
Después de tantos aeropuertos, hoteles y escenarios, volver a ver esas calles tenía algo reconfortante.
El sedán se detuvo suavemente frente a un semáforo en rojo.
La luz se reflejaba sobre el capó negro mientras el tráfico avanzaba en sentido contrario.
Dentro del auto, la canción que venía sonando en la radio llegó a su último acorde y se desvaneció con un pequeño fade out.
Durante un segundo quedó solo el ruido lejano de la ciudad y el murmullo del motor en ralentí.
Entonces entró la voz del locutor, clara, con ese tono energético tan propio de la radio matinal.
Bien, acabamos de escuchar “Midnight City” de M83, uno de los temas que este 2011 no ha parado de sonar en todos lados dijo con entusiasmo.
Son las diez con treinta de la mañana aquí en Nueva York, y ahora sí… llegó el momento que muchos estaban esperando.
Andrés subió apenas el volumen de la radio, casi de forma automática.
Neytan no dijo nada, pero su atención se centró de inmediato en la voz que salía de los parlantes.
Vamos con nuestro segmento de EDM continuó el locutor.
Ese sonido que hace algunos años parecía algo de nicho y que hoy está explotando en festivales, clubes y radios de todo el mundo.
El semáforo seguía en rojo.
El auto permanecía quieto, como si el tiempo se hubiera ralentizado un poco.
Y hablando de explosiones añadió el locutor, no podemos dejar de mencionar el fenómeno que apareció este mismo año, casi de la nada.
Un chico misterioso, identidad desconocida, casco blanco, cero entrevistas … pero con un ascenso que ha sido simplemente extraordinario en lo que va del 2011.
Neytan apoyó la cabeza contra el respaldo del asiento, mirando al frente.
No sonrió, no reaccionó de forma exagerada.
Pero escuchaba cada palabra.
Sí, estamos hablando de Marshmello dijo el locutor.
Desde su primera aparición en enero hasta hoy, el tipo ha pasado por escenarios enormes y ha dejado a medio mundo preguntándose quién está detrás del casco.
Andrés miró de reojo a su sobrino, con una media sonrisa discreta, y volvió la vista al semáforo.
Tenemos llamadas del público anunció la voz en la radio.
Así que vamos a arrancar esta ronda escuchándolos a ustedes.
Un pequeño beep marcó la entrada de la primera llamada.
Hola, buenos días, ¿con quién hablamos?
—preguntó el locutor.
Hola, soy Kevin, llamo desde Nevada respondió una voz masculina, joven, con entusiasmo.
Solo quería decir que vi a Marshmello en el EDC Las Vegas este año y fue una locura.
Nadie sabía muy bien quién era, pero cuando empezó a tocar… el público se volvió loco.
Fue uno de los sets más comentados del festival.
EDC siempre es un termómetro importante respondió el locutor.
Si te va bien ahí, algo estás haciendo bien.
Neytan cerró los ojos un segundo, recordando ese escenario, las luces, la sensación de estar frente a algo enorme por primera vez.
El semáforo seguía en rojo.
Vamos con otra llamada continuó el locutor.
¿Quién está en la línea?
Hola, soy Laura, llamo desde Chicago dijo una voz femenina.
Yo no estuve en EDC, pero viajé a Tomorrowland y lo vi ahí.
No exagero cuando digo que fue uno de los momentos más intensos del fin de semana.
Nadie esperaba ese set y terminó siendo de los más comentados en redes.
Tomorrowland no es poca cosa comentó el locutor.
Eso ya es jugar en las grandes ligas.
Andrés asintió levemente, como si esa frase también fuera para él.
Siguiente llamada dijo la radio.
¿Desde dónde nos llamas?
Desde Los Ángeles respondió otra voz.
Solo quiero decir que me encanta que Marshmello no hable demasiado y deje que la música haga todo.
Se siente distinto a muchos otros DJs.
Interesante punto respondió el locutor.
En una era donde todos quieren mostrarse, el misterio también vende… y conecta.
Neytan abrió los ojos y miró por la ventana.
La luz del semáforo seguía roja, pero el cruce ya empezaba a llenarse de autos esperando avanzar.
Tenemos más llamadas continuó la voz.
Gente que lo vio en clubes pequeños, otros en festivales grandes.
Algunos dicen que lo siguen desde SoundCloud, otros que recién lo descubrieron este verano.
Pero todos coinciden en algo: este proyecto llegó para quedarse.
El locutor hizo una breve pausa, como si acomodara papeles.
Y lo más interesante es que estamos viendo cómo el EDM se vuelve cada vez más global añadió.
Ya no es solo Europa o Estados Unidos.
Hay público en Latinoamérica, en Asia, en todos lados, esperando estos sonidos.
Neytan pensó fugazmente en Chile, en el público cantando, en los mensajes que había leído esa mañana.
No dijo nada, pero lo sintió.
Vamos con una última llamada antes de seguir con música anunció el locutor.
¿Quién está ahí?
Hola, soy Marco, llamo desde Florida dijo la voz.
Solo quiero decir que no importa quién sea Marshmello en la vida real.
Mientras siga sacando música así, yo voy a seguir escuchando.
Creo que muchos piensan igual respondió el locutor.
Al final del día, la música es lo que queda.
El semáforo cambió de rojo a verde.
Andrés soltó el freno y el sedán comenzó a avanzar, integrándose de nuevo al flujo de la ciudad.
La radio siguió sonando, ahora con el locutor despidiéndose del segmento para dar paso a otra canción.
Neytan se acomodó en el asiento, dejando escapar una exhalación lenta.
No había orgullo exagerado ni nervios.
Solo una sensación tranquila, casi silenciosa, de estar exactamente donde tenía que estar.
La música volvió a llenar el interior del sedán justo cuando el tráfico comenzaba a fluir con más naturalidad.
No fue un golpe inmediato, ni un subidón repentino.
Primero fue una introducción reconocible, una textura sonora limpia, brillante, perfectamente producida.
Unos segundos bastaron.
Neytan lo supo al instante.
No necesitó mirar la radio ni preguntar nada.
Su cuerpo lo reconoció antes que su mente.
“Sunshine.” La canción que había hecho junto a David Guetta para su álbum.
Una de esas colaboraciones que, cuando se concretan, no solo representan un paso profesional, sino una confirmación silenciosa de que algo está funcionando.
Neytan no dijo nada.
Simplemente dejó que la música avanzara.
El bajo comenzó a asentarse con suavidad, la progresión se desplegó de forma casi elegante, sin prisa.
Era una de esas canciones que no necesitaban imponerse; brillaban por sí solas.
Por algo llevaba ese nombre.
Sunshine.
Había luz en cada capa, en cada decisión de producción.
Apoyó el antebrazo contra la puerta del auto y giró un poco el rostro hacia la ventana.
Afuera, Nueva York seguía su ritmo habitual: taxis amarillos cruzando avenidas, peatones apurados, edificios reflejando la luz de la mañana.
Todo parecía encajar extrañamente bien con lo que estaba sonando.
Una sonrisa pequeña, casi involuntaria, apareció en su rostro.
No era una sonrisa de ego ni de satisfacción exagerada.
Era más bien una reacción íntima, personal.
El tipo de sonrisa que aparece cuando recuerdas exactamente dónde estabas cuando algo se creó.
Porque mientras la canción avanzaba, su mente se fue atrás en el tiempo.
Recordó el primer intercambio de ideas con Guetta.
No había sido algo grandilocuente.
Mensajes simples, archivos enviados de un lado a otro, notas de voz cortas, comentarios técnicos.
Dos mundos distintos encontrándose en un punto común: la música.
Recordó escuchar la primera versión casi sin dormir, en una habitación de hotel, con los auriculares puestos y la laptop sobre las piernas.
Recordó ajustar pequeños detalles, quitar, poner, volver a escuchar.
Ese proceso silencioso que nadie ve, pero que define todo.
Ahora esa misma canción estaba sonando en una radio de Nueva York, como si siempre hubiera pertenecido ahí.
Andrés manejaba con tranquilidad, atento al tráfico.
No dijo nada, pero notó la expresión de su sobrino reflejada apenas en el vidrio de la ventana.
Buena canción comentó finalmente, sin exagerar el tono.
Neytan asintió despacio.
Sí respondió.
Aún se siente bien escucharla así.
Victor ya no estaba en el auto, pero de alguna forma la conversación con él, la radio, el trayecto, todo parecía conectado.
Como si este regreso a Estados Unidos estuviera marcado por pequeñas señales de continuidad: nada se había detenido mientras estaban fuera.
La canción seguía avanzando, construyéndose con calma, sin necesidad de apresurarse.
Neytan dejó que sonara completa.
No tocó su celular, no se distrajo.
Simplemente escuchó.
Había algo distinto en oír tu propia música cuando no la controlas tú.
Cuando no está saliendo de tus CDJ, cuando no eres tú quien mueve las perillas ni decide el momento exacto del drop.
En la radio, la canción ya no te pertenece del todo.
Es del mundo.
Y eso, lejos de incomodarlo, le producía una extraña paz.
El sedán avanzó por la avenida, dejando atrás el aeropuerto definitivamente.
Nueva York los envolvía con su ruido constante, su energía inagotable.
El locutor dejó que los últimos segundos de “Sunshine” se disiparan con naturalidad, sin cortar de golpe la atmósfera que la canción había creado.
El volumen bajó apenas, lo justo para que su voz entrara con claridad, cálida, entrenada, de esas que acompañan a miles de personas cada mañana mientras manejan, desayunan o simplemente despiertan.
Bien… son exactamente las diez y cuarenta y tres de la mañana dijo con tono seguro.
Acabamos de escuchar Sunshine, una colaboración entre David Guetta y Marshmello, incluida en el álbum Nothing but the Beat, que salió en agosto, hace apenas unos meses, y que sigue dando de qué hablar.
El semáforo seguía en rojo.
El sedán permanecía quieto entre otros autos.
Neytan, desde el asiento del copiloto, inclinó un poco la cabeza, atento.
No había prisa.
El tráfico de Nueva York tenía su propio ritmo, y ese momento parecía suspendido.
Ahora continuó el locutor, queremos hablar un poco más de esta canción, pero sobre todo escuchar qué piensa el público de esta colaboración.
Porque no es solo un tema de estudio.
Muchos recordarán que David Guetta y Marshmello se presentaron juntos en el Electric Zoo, aquí en Nueva York, el 3 de septiembre, y que Sunshine fue tocada en vivo durante el set de Marshmello.
Hizo una pausa breve, estratégica.
Así que, oyentes… líneas abiertas.
¿Qué opinan de esta música?
¿Qué les genera esta colaboración?
¿Estuvieron ahí esa noche?
Cuéntenos.
Un leve click indicó que la primera llamada entraba en el aire.
Tenemos a Mike desde Brooklyn anunció el locutor.
Mike, estás al aire.
La voz del hombre sonó un poco nerviosa al principio, pero cargada de entusiasmo.
Sí, hola, buenos días.
Eh… yo estuve en Electric Zoo ese día.
Fui con unos amigos.
Y cuando Marshmello puso Sunshine… fue una locura.
No sabíamos que Guetta iba a aparecer, y cuando salió al escenario… —se rió— fue uno de esos momentos que no se olvidan.
Neytan apoyó el codo en la puerta y sonrió apenas.
No por vanidad, sino porque reconocía exactamente ese tipo de reacción.
Ese instante colectivo en el que miles de personas sienten lo mismo al mismo tiempo.
¿Qué te pareció la canción en vivo comparada con la versión de estudio?
preguntó el locutor.
Más grande respondió Mike sin dudar.
En vivo se siente… no sé cómo explicarlo… más humana.
Más energía.
Se nota que hay química real entre ellos.
El semáforo cambió a verde, pero Andrés no aceleró de inmediato.
Dejó que el auto avanzara con suavidad.
Gracias por llamar, Mike dijo el locutor.
Quédate en línea.
Otra llamada entró casi de inmediato.
Ahora tenemos a Sofía desde Queens.
Adelante.
La voz femenina sonó clara, decidida.
Hola.
Yo no estuve en Electric Zoo, pero vi los videos después.
Y honestamente, me gusta que Marshmello tenga este tipo de colaboraciones.
No es solo un DJ misterioso, se nota que hay musicalidad detrás.
Neytan respiró hondo.
Miró por la ventana.
La ciudad seguía pasando como una película continua.
¿Crees que este tipo de colaboraciones ayudan a que más gente se acerque al EDM?
preguntó el locutor.
Totalmente respondió Sofía.
Guetta ya tiene un público enorme, y Marshmello aporta algo fresco.
Es una buena mezcla.
Otra llamada.
Luego otra.
Un chico desde New Jersey habló de cómo la canción sonaba perfecta para manejar por la ciudad.
Una mujer desde Manhattan comentó que no solía escuchar EDM, pero que Sunshine le parecía “positiva, luminosa, fácil de disfrutar”.
Un oyente incluso mencionó cómo el nombre de la canción encajaba con el estado de ánimo que le producía.
Dentro del auto, el ambiente era tranquilo.
Andrés manejaba con una mano, la otra apoyada cerca de la radio.
No intervenía, pero escuchaba con atención.
Neytan no hablaba.
No necesitaba hacerlo.
Estar ahí, escuchando opiniones espontáneas de personas que no sabían que él estaba a pocos metros de la emisora, tenía algo especial.
No había filtros, no había entrevistas pactadas ni discursos preparados.
Era real.
Es interesante continuó el locutor tras varias llamadas cómo esta canción ha logrado conectar tanto en vivo como en estudio.
Y no olvidemos que Marshmello ha tenido un crecimiento impresionante este año.
Misterioso, sí, pero claramente con una propuesta sólida.
Bien dijo finalmente, con un tono que anticipaba cierre, antes de comenzar con la siguiente música tenemos una última llamada.
Un leve beep sonó en el aire.
Estás al aire.
Dinos quién eres y desde dónde nos llamas.
Hubo una pequeña pausa.
Luego, una voz masculina, calmada, firme, con ese timbre de alguien acostumbrado a hablar y ser escuchado.
Buenos días.
Mi nombre es Daniel Rosen, llamo desde Manhattan, Nueva York.
El locutor reaccionó de inmediato.
Daniel Rosen… repitió.
Para quienes no lo sepan, Daniel es crítico musical y analista de la escena electrónica, ha escrito durante años sobre EDM, house y música dance contemporánea.
Un gusto tenerte al aire.
Dentro del sedán, Neytan levantó apenas la mirada.
Algo en el tono del locutor le indicó que esa llamada no era una más.
Gracias por el espacio respondió Daniel.
Estaba escuchando el segmento y me pareció interesante cómo el público ha reaccionado a Sunshine, pero creo que vale la pena ampliar un poco la conversación, especialmente cuando hablamos de Marshmello.
El semáforo volvió a ponerse en rojo.
El auto se detuvo.
Andrés bajó apenas el volumen del motor, dejando la radio clara.
Adelante dijo el locutor.
Te escuchamos.
Daniel respiró hondo antes de continuar, como quien organiza ideas complejas.
Marshmello es un caso particular dentro del EDM empezó.
No solo por la imagen, el anonimato o el casco, que muchas veces se queda en la superficie del análisis.
Lo interesante es cómo construye emociones simples pero efectivas, algo que no todos los productores logran.
Hizo una breve pausa.
En Sunshine, por ejemplo, hay una estructura muy clara: no busca ser agresiva ni técnica.
Busca ser accesible, casi universal.
Y eso, cuando viene acompañado de alguien como David Guetta, que entiende perfectamente el lenguaje del público masivo, genera un punto de encuentro muy potente.
Neytan entrelazó los dedos sobre su regazo.
Escuchaba con atención absoluta.
¿Crees que Marshmello está cambiando la forma en que se percibe el EDM?
preguntó el locutor.
Sí respondió Daniel sin dudar.
Durante años, el EDM fue visto como algo distante, de grandes drops, de festivales gigantescos, casi impersonal.
Marshmello trae de vuelta algo más emocional, más cercano.
La gente canta, sonríe, se abraza.
Eso no es casualidad.
El ruido lejano de un claxon se coló desde la calle, pero dentro del auto el ambiente seguía siendo contenido, casi íntimo.
Además continuó Daniel, su crecimiento en 2011 no es solo numérico.
No es solo reproducciones o asistencia a festivales.
Es conexión.
Lo vimos en Electric Zoo, lo vimos en otros escenarios.
Y lo vemos ahora, cuando oyentes llaman para hablar no solo de la canción, sino de cómo los hizo sentir.
El locutor asintió, aunque nadie pudiera verlo.
Interesante punto dijo.
Muchos hablan del misterio, pero tú hablas del impacto emocional.
Exacto respondió Daniel.
El misterio llama la atención, pero no sostiene una carrera.
La música sí.
Y Marshmello, detrás del casco, entiende muy bien eso.
Dentro del sedán, Neytan dejó escapar una pequeña sonrisa, discreta.
No era orgullo exagerado.
Era más bien reconocimiento.
Escuchar a alguien poner en palabras algo que él sentía de forma intuitiva.
Para cerrar añadió Daniel, creo que colaboraciones como Sunshine muestran que el EDM no es un género estático.
Evoluciona, se mezcla, se humaniza.
Y Marshmello es parte activa de esa evolución.
El locutor dejó pasar un segundo.
Daniel Rosen, gracias por esa reflexión.
Un lujo tenerte en el programa.
Gracias a ustedes respondió la voz.
Buen día.
La llamada se cortó con un click limpio.
El locutor retomó el control del aire.
Ahí lo tienen, oyentes.
Distintas voces, distintas miradas, pero una cosa clara: la música sigue moviendo algo real en la gente.
Ahora sí, continuamos con más música para acompañar esta mañana en Nueva York.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com