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MARSHMELLO - Capítulo 31

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Capítulo 31: Capitulo 30

Academia St. Ravensford

9 de octubre de 2011 — 12:50 pm — Salón de 9.º grado

El salón estaba en silencio, un silencio denso y concentrado, de esos que solo existen durante los exámenes. No era un silencio absoluto, sino uno lleno de pequeños sonidos: el roce de los bolígrafos contra el papel, el leve crujido de las sillas cuando alguien cambiaba de postura, el tic-tac casi imperceptible del reloj colgado sobre la pizarra.

Matías Quandt estaba sentado en su escritorio, inclinado ligeramente hacia adelante, con el ceño fruncido y el bolígrafo firme entre los dedos. Vestía el uniforme de la Academia St. Ravensford: camisa blanca perfectamente abotonada, corbata azul con el escudo del colegio, y el suéter gris apoyado en el respaldo de la silla porque el salón estaba un poco más cálido de lo habitual. Frente a él, el examen de Matemáticas ocupaba toda su atención.

Repasó una ecuación por tercera vez.

Bien… murmuró casi sin sonido si despejo x aquí…

A su alrededor, otros alumnos estaban igual de concentrados. Ethan Miller, sentado dos filas más adelante, se pasaba la mano por el cabello con nerviosismo antes de escribir una respuesta. Lucas Bennett, en la esquina junto a la ventana, mordía la tapa del bolígrafo mientras miraba el techo como si las respuestas estuvieran escondidas allí. Ryan Collins escribía rápido, confiado, con esa actitud de quien siempre dice que el examen fue “fácil” aunque nadie más esté de acuerdo.

El profesor de Matemáticas, Mr. Hawkins, caminaba lentamente entre los pasillos, con las manos cruzadas detrás de la espalda, observando sin decir nada. Sus zapatos resonaban suavemente contra el piso cada vez que daba un paso.

Matías terminó el último ejercicio, revisó cada respuesta una vez más y soltó el aire que había estado conteniendo. Justo en ese momento, el reloj marcó la 1:00 pm.

La campana sonó fuerte y clara.

El sonido rompió el silencio como una ola. De inmediato, todos dejaron de escribir. Algunos suspiraron aliviados, otros cerraron los ojos un segundo, resignados. Las sillas se movieron, los papeles se acomodaron, y uno por uno los alumnos se levantaron para entregar sus exámenes en el escritorio del profesor.

Déjenlos aquí dijo Mr. Hawkins con voz tranquila. Gracias.

Matías caminó hasta el frente, dejó su examen encima de la pila y regresó a su asiento. El profesor asintió, tomó los exámenes y salió del salón.

Durante unos segundos, nadie dijo nada. Luego, como si alguien hubiera dado una señal invisible, el murmullo comenzó.

¿Qué pusiste en la tres? preguntó Ethan, girándose hacia Ryan.

Diecisiete respondió Ryan sin dudar.

¿Diecisiete? Yo puse quince… dijo Oliver Grant, frunciendo el ceño.

No, era diecisiete, seguro insistió Ryan.

En la cinco era raíz cuadrada, ¿no? intervino Daniel Moore desde el fondo.

Matías se giró un poco hacia Noah Parker, que estaba detrás de él.

¿La siete te dio negativa? preguntó en voz baja.

Sí… y eso me asustó respondió Noah. Pero creo que está bien.

Las conversaciones se cruzaban de un lado a otro del salón. Algunos comparaban resultados, otros simplemente se reían, aliviados de que el examen hubiera terminado.

Pasaron los minutos.

Uno… dos… cinco.

Nadie entraba.

Emily Carter, sentada cerca de la puerta, miró su reloj y levantó la vista.

¿No se supone que ahora venía el profesor de Idiomas? preguntó.

Sí, teníamos examen de idiomas hoy respondió Sophia Reynolds, revisando su agenda.

Tal vez tuvo un problema, dijo Ethan. Siempre llega tarde.

Pero nunca tanto añadió Lucas.

Pasaron más minutos. El reloj marcaba ya la 1:15 pm.

Creo que no va a venir, dijo Ryan, estirándose en su silla.

¿Entonces no tenemos nada hasta las dos? preguntó Noah.

Eso parece respondió Emily, encogiéndose de hombros. A las dos salimos.

El ambiente cambió de inmediato. La tensión desapareció y fue reemplazada por una sensación de libertad inesperada.

¿Y qué hacemos? preguntó Oliver. No podemos salir del salón.

Podemos encender el proyector dijo Sophia, con una sonrisa. Está conectado a YouTube.

¿En serio? preguntó Ethan.

Sí, lo usamos la otra vez en Historia respondió ella.

Matías levantó la vista.

¿Y qué veríamos? preguntó.

Ryan sonrió, apoyando los pies en la pata de la silla.

Algo de música… o videos. Lo que sea para pasar el tiempo.

¡Sí! dijo Emily. Pongan algo interesante.

Algunos alumnos asintieron, otros se levantaron para mover las cortinas y bajar un poco la luz. El proyector se encendió con un zumbido suave, proyectando una pantalla blanca sobre la pared.

Uno de los alumnos se levantó de su asiento casi sin pedir permiso, como si todos ya hubieran entendido que ese tiempo muerto les pertenecía. Ryan Collins caminó hasta el escritorio del profesor, donde estaba la computadora del salón. Se sentó en la silla giratoria, que chirrió un poco al acomodarse, y apoyó ambas manos sobre el teclado.

El proyector seguía encendido, así que cada movimiento en el monitor se reflejaba de inmediato en la pared blanca frente al curso. El cursor apareció grande, visible para todos, moviéndose con pequeños tirones mientras Ryan se acostumbraba al mouse.

Bueno… dijo Ryan, mirando por encima del hombro ¿qué ponemos?

Primero abre YouTube —respondió Sophia Reynolds, desde su asiento, cruzando los brazos.

Ryan asintió. Movió el cursor hasta el escritorio, hizo doble clic sobre Google Chrome, y esperó un segundo a que el navegador se abriera. La pantalla blanca se llenó con la página de inicio del navegador. Luego llevó el cursor a la barra de direcciones y escribió con rapidez:

youtube

Presionó Enter.

El primer enlace apareció de inmediato. Hizo clic y, en segundos, el logo rojo de YouTube llenó la pared del salón. Algunos alumnos sonrieron automáticamente; era como una señal clara de que el tiempo libre iba en serio.

Ok dijo Ryan, girando un poco la silla—. Música, videos, lo que sea. ¿Qué quieren?

Las respuestas empezaron a salir desde distintos puntos del aula, algunas superpuestas, otras claras.

¡Música! dijo Emily Carter.

Pero no algo aburrido añadió Lucas Bennett, desde la ventana.

Pongan algo movido comentó Ethan Miller, estirándose en su silla. Nada de cosas lentas.

¿Y si vemos algo que esté de moda? propuso Noah Parker.

¡Sí! dijo Oliver Grant. Algo que todo el mundo esté escuchando.

Ryan giró la silla completamente hacia la clase.

A ver, orden dijo, levantando una mano. Díganme artistas o canciones.

Coldplay dijo Sophia. Aunque seguro ya lo escuchamos mil veces.

No, no, mejor electrónica intervino Ethan. Eso anima más.

¿Electrónica? repitió Emily. ¿Como quién?

Hubo un pequeño silencio, hasta que Daniel Moore, desde el fondo, habló:

Marshmello.

Algunos levantaron la cabeza de inmediato.

¿Marshmello? repitió Lucas. El del casco blanco.

Ese mismo dijo Daniel. Mi primo fue a Tomorrowland este año y dice que fue una locura.

Matías, que había estado escuchando en silencio, levantó un poco la vista. No dijo nada, pero su atención se enfocó de inmediato en la pantalla.

Yo vi videos de él en el EDC Las Vegas, añadió Noah. Todo el mundo saltando.

Sí, y nadie sabe quién es, dijo Emily. Eso lo hace más interesante.

Ryan sonrió, claramente entretenido con la idea.

Ok, Marshmello entonces dijo. ¿Alguna canción en específico?

La de Levels dijo Oliver rápidamente.

Sí, esa confirmó Ethan. Esa canción está en todos lados.

Pongan la que tenga más vistas agregó Sophia.

Ryan se giró de nuevo hacia la computadora. En la barra de búsqueda de YouTube escribió:

Marshmello Levels

Mientras tecleaba, los resultados comenzaron a aparecer en tiempo real. Varias miniaturas llenaron la pantalla: escenarios enormes, luces, multitudes levantando las manos.

Miren eso dijo Lucas, señalando la pared. Parece un festival gigante.

Debe ser Europa comentó Daniel. Allá siempre hacen esos escenarios enormes.

Ryan pasó el cursor por los resultados, leyendo los títulos.

“Marshmello – Levels (Live Festival)” leyó en voz alta. Este tiene millones de vistas.

Ese, ese dijo Emily. Pónganlo.

Ryan hizo clic.

La pantalla se oscureció un segundo y luego el video comenzó a cargar. Apareció la imagen de un escenario enorme, luces encendiéndose, una multitud interminable frente al DJ.

Wow… murmuró Noah.

Miren cuánta gente dijo Sophia.

Matías se acomodó un poco en su asiento, sin despegar los ojos de la pantalla. El aula estaba en silencio otra vez, pero ahora era un silencio expectante, distinto al del examen. Uno lleno de curiosidad.

Sube un poco el volumen pidió Ethan.

Ryan buscó el control de audio del proyector y lo ajustó con cuidado. El sonido llenó el salón, no demasiado fuerte, pero lo suficiente como para que todos lo escucharan claramente.

Así está bien dijo Ryan. No queremos que venga alguien a callarnos.

Relájate respondió Lucas. No hay nadie.

El video mostraba al DJ con el casco blanco, levantando los brazos, mientras la multitud respondía con un rugido colectivo.

Ese tipo sabe cómo animar a la gente, comentó Oliver.

Sí dijo Emily. Mira cómo todos levantan las manos al mismo tiempo.

Debe ser increíble estar ahí añadió Daniel.

Matías siguió mirando, en silencio, observando cada detalle del escenario, las luces, la energía del público reflejada incluso en una simple proyección dentro de un salón de clases.

A su alrededor, los alumnos comentaban, reían, hacían pequeñas bromas.

Imagínate estar ahí en vez de aquí dijo Ethan. Sin exámenes.

Eso sería el sueño respondió Noah.

La música seguía sonando desde los parlantes del proyector mientras el video de Levels avanzaba. En la pantalla se veía al DJ con el casco blanco moviéndose frente a una multitud enorme, luces que explotaban en colores y un público que parecía no tener fin. En el salón, aunque nadie estaba de pie, la energía se sentía distinta, como si el ambiente hubiera cambiado por completo en comparación con el silencio tenso del examen de matemáticas de minutos antes.

Algunos alumnos comenzaron a moverse levemente en sus asientos, marcando el ritmo con los pies o golpeando suavemente el escritorio con los dedos.

Ese festival debe haber sido una locura, comentó Jason Miller, inclinado hacia adelante—. Miren cuánta gente hay.

Eso no es un concierto normal dijo Hannah Lewis. Es como… otra cosa.

Creo que es Tomorrowland agregó Kevin Brooks, señalando la pantalla. Mi hermano mayor fue el año pasado y todavía habla de eso.

Sí, Tomorrowland o EDC respondió Ethan, sin despegar la vista. Igual, mira cómo todos saben cuándo levantar las manos.

Eso es lo más loco dijo Sophia. Nadie se conoce, pero todos hacen lo mismo al mismo tiempo.

Ryan seguía sentado frente a la computadora, con una mano apoyada en el mouse y la otra en el borde del escritorio del profesor. De vez en cuando miraba hacia atrás para ver las reacciones del curso, claramente satisfecho de haber elegido bien el video.

Este no es el video oficial, ¿cierto? preguntó Liam Turner, frunciendo un poco el ceño.

Ryan giró apenas la cabeza.

No respondió. Es uno en vivo, de un festival.

Se nota dijo Emily. Los videos oficiales suelen ser más… producidos.

Igual este está mejor opinó Daniel. Se siente más real.

Pero después pon el oficial insistió a Liam. Quiero ver cómo es el del canal de Marshmello.

Ryan asintió sin problema.

Sí, cuando termine este, pongo el oficial dijo. Está en su canal, seguro.

La música siguió avanzando, y en la pantalla se veía cómo el DJ levantaba los brazos justo antes del drop, provocando que la multitud explotara en gritos. En el salón, algunos alumnos sonrieron, otros soltaron pequeños “wow” casi sin darse cuenta.

Imagínate estar ahí dijo Noah, apoyando la cabeza en el respaldo de la silla. Debe sentirse el bajo hasta en el pecho.

Prefiero eso mil veces a estar aquí respondió Jason, riéndose.

Oigan dijo Hannah, ¿no les parece raro que nadie sepa quién es?

Eso es lo genial contestó Sophia. No da entrevistas, no muestra la cara… solo música.

Mi primo dice que eso lo hace más famoso añadió Kevin. Todos hablan de él porque nadie sabe nada.

Matías seguía en silencio. Desde su asiento, observaba la pantalla con atención, pero no de la misma forma que los demás. Para sus compañeros, Marshmello era un DJ misterioso, una figura lejana, casi un personaje. Para él, en cambio, había algo mucho más personal detrás de ese casco blanco.

Mientras el video continuaba, Matías dejó de escuchar por un momento las voces del salón. Su mente se fue a otro lugar.

Mi hermanito…, pensó.

Una leve sonrisa se formó en su rostro sin que nadie lo notara.

Si supieran, pensó de nuevo, mirando cómo en la pantalla miles de personas saltaban al mismo tiempo, completamente atrapadas por la música.

Recordó la última conversación que había tenido con Neytan. Lo último que supo era que estaba en Chile, en una presentación grande, un festival. No le había dicho exactamente cuándo volvería ni a dónde iría después. Con todo lo que estaba pasando, no le sorprendía que ahora pudiera estar en otro continente, quizás Europa, quizás en otro festival enorme como el que estaban viendo en ese momento.

Oigan dijo Lucas, rompiendo el hilo de pensamientos de Matías—. ¿Creen que este tipo sea joven o ya tenga como treinta?

Ni idea respondió Emily. Puede ser cualquiera.

Eso es lo raro añadió Daniel. Podría estar en cualquier parte del mundo ahora mismo.

Matías bajó un poco la mirada, todavía sonriendo apenas.

Si supieran exactamente dónde está ahora, pensó.

En la pantalla, el video se acercaba a su final. El público seguía gritando, las luces parpadeaban con fuerza, y el último drop resonó incluso en los parlantes modestos del salón.

Está terminando dijo Ryan. Prepárense, después pongo el oficial.

¡Sí! respondieron varios a la vez.

Cuando los últimos segundos del video en vivo terminaron, el sonido del público se apagó y la imagen quedó en negro por un instante. En el salón se escucharon murmullos inmediatos, comentarios cruzados y algunas risas cortas, como si todos volvieran de golpe a la realidad después de haber estado mentalmente en otro lugar durante esos minutos.

Ryan movió el mouse sin apuro. La barra de reproducción volvió al inicio, luego cerró la pestaña del video y el cursor se deslizó hasta la barra de búsqueda de YouTube. El proyector reflejaba cada movimiento en la pared blanca del aula, grande, claro, imposible de ignorar.

Bien dijo Ryan, apoyándose un poco más en la silla, ahora sí… el original.

Escribió una sola palabra en el buscador: Levels.

Aparecieron los resultados casi de inmediato. El primero destacaba con claridad: el canal oficial de Marshmello, el título simple, la miniatura reconocible, sobria, sin excesos. Ryan no dudó. Movió el cursor y presionó reproducir.

La pantalla cambió.

Desde el primer segundo, el ambiente del salón volvió a transformarse. El video oficial tenía otra energía. No era un festival grabado desde lejos ni una multitud descontrolada; era algo más directo, más limpio, más hipnótico. La estética era clara, precisa, con ese estilo visual que ya muchos reconocían como propio del artista: colores bien definidos, ritmo visual que acompañaba a la música, una sensación constante de avance.

Algunos alumnos se acomodaron mejor en sus sillas. Otros se giraron para ver la pantalla sin obstáculos. Nadie hablaba demasiado; incluso los más inquietos guardaron silencio sin darse cuenta.

Este sí es el bueno murmuró Jason.

Sí… este es el oficial respondió Hannah.

La música avanzaba con firmeza, construyéndose poco a poco. No había prisa. El beat entraba limpio, constante, y el aula, aunque seguía siendo un salón escolar con pupitres y mochilas, parecía cada vez menos eso y más un espacio compartido por la música.

Matías miraba fijamente la pantalla. Conocía esa canción mejor que nadie en ese lugar, pero verla así, proyectada frente a todos sus compañeros, con ese silencio expectante, le provocaba una sensación extraña, una mezcla de orgullo contenido y algo difícil de explicar.

Escuchen cómo entra dijo Kevin en voz baja. Es como… inevitable.

Te atrapa sin darte cuenta agregó Emily.

A medida que el video avanzaba, algunos alumnos comenzaron a moverse al ritmo, muy sutilmente. Un pie marcando el beat. Una cabeza balanceándose. Nadie exageraba, pero todos estaban conectados de alguna forma.

Y entonces, al llegar aproximadamente a la mitad del video, pasó lo inevitable.

La parte más reconocible de la canción comenzó a sonar.

Antes de que nadie lo propusiera, varias voces se unieron casi al mismo tiempo. No fue un grito, ni algo desordenado. Fue espontáneo, natural, como si todos supieran exactamente qué venía y qué hacer.

Los alumnos comenzaron a cantar juntos, llenando el aula con una energía inesperada:

Oh, sometimes

I get a good feeling, yeah

Get a feeling that I never, never, never, never had before, no no

I get a good feeling, yeah

Oh, sometimes

I get a good feeling, yeah

Get a feeling that I never, never, never, never had before, no no

I get a good feeling, yeah

Las voces no eran perfectas. Algunas entraban antes, otras después. Había risas entre líneas, miradas cómplices, un par de alumnos que cantaban más fuerte que el resto y otros que solo movían los labios, pero todos estaban ahí, participando.

Esto es demasiado bueno dijo Noah entre risas mientras seguía el ritmo.

Nunca pensé que cantaríamos esto en clase comentó Sophia.

Ryan sonrió, sin decir nada, dejando que el momento siguiera su curso.

Matías no cantó en voz alta, pero tarareó apenas, con una sonrisa discreta. Miró alrededor. Sus compañeros, completamente ajenos a quién estaba detrás de esa música, estaban disfrutando algo genuino, real, sin saber que el chico que compartía apellido con él era el mismo que había creado ese momento.

El video continuó. La música volvió a tomar su forma instrumental, el ritmo siguió avanzando, y poco a poco las voces se apagaron solas, dejando solo el sonido que salía de los parlantes.

Cuando el video llegó a sus últimos segundos, nadie habló de inmediato. La imagen final quedó en pantalla y el silencio duró un par de segundos más de lo normal.

Ok… dijo finalmente Liam. Ahora entiendo todo el hype.

Sí respondió Jason. Totalmente.

El silencio que quedó después de que terminó Levels no fue incómodo. Fue de esos silencios cargados, como cuando nadie quiere ser el primero en romper el momento. La pantalla aún mostraba la imagen final del video oficial y el sonido se había ido, pero la energía seguía flotando en el aula.

Ryan movió apenas el mouse, listo para cerrar el reproductor y volver a la página principal. La flecha ya estaba sobre el botón de salir cuando una voz lo detuvo.

Espera dijo Daniel desde la segunda fila, inclinándose hacia adelante. Baja un poco… creo que vi algo.

Ryan frunció el ceño, curioso, y en lugar de salir del video desplazó la pantalla hacia abajo. El proyector siguió el movimiento y, uno a uno, comenzaron a aparecer los videos recomendados debajo del reproductor principal.

¿Qué viste? preguntó Jason.

Ahí respondió Daniel, señalando la pared como si pudiera tocar la imagen. Ese.

Ryan detuvo el scroll.

El título era claro, imposible de ignorar.

David Guetta x Marshmello – Sunshine (Electric Zoo — Nueva York, 3 de Septiembre)

Durante un segundo nadie dijo nada. Varias cabezas se inclinaron al mismo tiempo, como si todos quisieran asegurarse de que estaban leyendo bien.

Espera… ¿David Guetta? —dijo Emily, abriendo un poco los ojos.

¿Con Marshmello? añadió Kevin. ¿En vivo?

¿Electric Zoo? preguntó Hannah. ¿En Nueva York?

Ryan miró el título otra vez y luego la miniatura.

Sí… eso parece.

Matías sintió un pequeño vuelco en el estómago. No cambió su expresión, pero su atención se agudizó de inmediato. Ese, pensó. Ese momento.

Ponlo dijo Jason sin dudar. Obvio que tienes que ponerlo.

Sí, sí, ponlo se sumaron varias voces.

Ryan apoyó el dedo en el mouse, dudó apenas un segundo como si estuviera eligiendo algo importante y le dio clic.

La pantalla cambió.

Desde los primeros segundos, el vídeo se sentía distinto a Levels. No era un clip limpio ni un video conceptual. Era un escenario real, gigantesco, luces por todas partes, una multitud inmensa que se extendía hasta donde alcanzaba la cámara. El sonido ambiente se mezclaba con la música, con gritos, con aplausos.

Wow… murmuró alguien al fondo.

En la imagen apareció Marshmello en el escenario, con su casco blanco inconfundible. El público reaccionaba con una energía inmediata, como si supiera que algo especial estaba por pasar.

Mira cuánta gente dijo Sophia. Eso es una locura.

Y entonces pasó.

En medio del set, la cámara captó movimiento en un lateral del escenario. Una figura conocida subió las escaleras, saludando al público con naturalidad.

Es él… dijo Daniel, casi en un susurro.

Es David Guetta afirmó Ryan, incrédulo.

En el aula se escuchó un estallido de reacciones.

¡No puede ser!

¡En serio subió!

¡Eso es histórico!

El video mostraba claramente cómo David Guetta se acercaba a Marshmello, cómo se saludaban con un gesto rápido, cómplice, como dos artistas que no necesitaban presentaciones. El público en el festival explotaba en gritos.

Escuchen eso dijo Kevin. La gente está perdiendo la cabeza.

La música comenzó a cambiar. El ritmo se transformó, las luces se sincronizaron con una precisión impresionante, y Sunshine empezó a tomar forma en el escenario. No era solo una canción: era un momento compartido.

Esto es otro nivel comentó Jason. Literalmente otro nivel.

No sabía que Marshmello tocaba con Guetta en vivo dijo Emily. Pensé que solo era una colaboración de estudio.

Eso es lo que lo hace más grande —respondió Hannah—. No se queda solo en el estudio.

Matías observaba todo en silencio. Cada detalle le resultaba familiar: la forma en que Marshmello se movía, cómo manejaba el ritmo del set, cómo el público respondía a cada cambio. Sabía exactamente en qué punto de la canción estaban incluso antes de que ocurriera.

Miren cómo reaccionan dijo Daniel. No es solo la música, es el momento.

En la pantalla, Marshmello y David Guetta compartían el escenario con una naturalidad sorprendente. No había protagonismos forzados. Era una colaboración real, viva, construida frente a miles de personas.

Eso no se ve todos los días dijo Ryan. Dos artistas así, en medio de un festival, sin aviso.

Y pensar que esto fue hace poco agregó Kevin. Este año.

2011 está siendo una locura para la música electrónica, comentó Sophia. Todo está pasando ahora.

Algunos alumnos comenzaron a moverse al ritmo otra vez. No cantaban, pero seguían el beat con palmas suaves, con movimientos casi inconscientes. La energía del festival atravesaba la pantalla y llegaba directo al aula.

Matías bajó la mirada un segundo, sonriendo apenas. Si supieran lo que hubo detrás de ese momento, pensó. Las horas, los viajes, los ensayos, el cansancio. Todo eso estaba invisible para ellos. Solo veían el resultado final: la música, la luz, la conexión.

Marshmello aparece en todos lados, dijo Jason. Festivales, colaboraciones, videos… está en todos lados.

Y ni siquiera sabemos quién es, añadió Emily. Eso es lo más raro.

Tal vez por eso funciona respondió Daniel. La música habla sola.

El video seguía avanzando. El público del Electric Zoo saltaba, gritaba, levantaba los brazos. David Guetta señalaba a la multitud, Marshmello animaba desde los controles, y la canción se desplegaba como un himno de ese momento.

Cuando el clip terminó, la pantalla volvió a mostrar las recomendaciones. Nadie habló durante un par de segundos.

Ok dijo finalmente Ryan. Eso fue… increíble.

Sí respondió Jason. Definitivamente.

Ryan no dejó que el silencio se extendiera demasiado. Con la naturalidad de quien ya se había adueñado del proyector, movió el mouse y eligió otro video recomendado, esta vez de otro artista. En la pantalla apareció un escenario distinto, nuevas luces, otra multitud. La música comenzó a sonar y, aunque no era Marshmello, el aula volvió a llenarse de ese ambiente relajado que solo se daba cuando sabían que ningún profesor iba a entrar.

Algunos alumnos se recostaron en sus sillas, otros apoyaron los pies en las patas de los pupitres delanteros. El reloj marcaba la 1:37 pm. Aún faltaba tiempo para la salida.

Matías seguía mirando el video, pero su atención ya no estaba completamente en la pantalla. Sentía esa sensación extraña de estar presente y ausente al mismo tiempo, como si su mente estuviera en otro lugar. Pensaba en Neytan. En dónde estaría ahora mismo. En qué escenario, en qué aeropuerto, en qué ciudad.

Matías dijo una voz a su lado.

Él giró la cabeza. Era Valeria, una de sus compañeras de salón, sentada dos filas más atrás. Tenía los brazos cruzados sobre el pupitre y una expresión curiosa, casi tímida.

¿Sí? respondió él.

Valeria dudó un segundo antes de hablar, como si no estuviera segura de si debía hacer la pregunta.

Y… ¿sabes cómo está tu hermano Neytan?

Matías sintió un pequeño nudo en el pecho, pero no lo dejó ver. Ya estaba acostumbrado a esa pregunta.

No dijo con naturalidad. La verdad no sé dónde está ahora.

¿No? insistió ella. Pensé que… no sé, que hablaban seguido.

Matías negó con la cabeza lentamente.

Lo último que supe es que estaba en la universidad mintió sin titubear. Ya sabes, con sus cosas.

Valeria asintió, aunque su expresión mostraba un poco de decepción.

Qué mal… dijo. Pensé que quizá podría ayudarnos con unos problemas de Science.

¿Science? repitió Matías.

Sí intervino otra chica, Camila, que había escuchado la conversación. Antes, cuando él estaba aquí, siempre nos ayudaba. A varias.

Era buenísimo añadió Sofía desde el otro lado del salón. Explicaba mejor que algunos profesores.

Matías bajó un poco la mirada.

Sí… dijo. Lo siento por eso, pero no se va a poder.

Valeria suspiró.

Es una lástima que se haya graduado anticipadamente.

Sí respondió Camila. Tenía, ¿qué? ¿Doce años?

Doce confirmó Sofía. Y estaba en sexto grado cuando se graduó antes que todos nosotros.

Fue raro comentó Jason, que estaba escuchando mientras miraba el video. Un día estaba aquí y al otro ya no.

Se le extraña dijo alguien más al fondo.

Matías no respondió. No porque no quisiera, sino porque no sabía qué decir. Nadie en ese salón sabía la verdad. Nadie imaginaba que mientras ellos hablaban de exámenes, tareas y clases, Neytan estaba recorriendo el mundo bajo un casco blanco, tocando frente a miles de personas, cambiando la música electrónica sin que su nombre real apareciera en ningún lado.

En la pantalla, el video avanzaba. El artista levantaba los brazos, el público respondía, las luces se encendían y apagaban al ritmo del beat. Ryan movía la cabeza siguiendo la música, completamente metido en su papel de DJ improvisado del salón.

Este también está bueno comentó Daniel. No tanto como Marshmello, pero está bien.

Marshmello está en otro nivel dijo Kevin. Todo el mundo habla de él.

Matías escuchó eso y sonrió apenas, casi imperceptible.

Valeria lo miró de nuevo.

Oye dijo con suavidad. Si llegas a hablar con él… dile que se le recuerda.

Matías levantó la vista.

Lo haré respondió.

No sabía cuándo ni cómo, pero en ese momento lo sintió sincero.

El reloj avanzaba lentamente. 1:45 pm. 1:50 pm. Los videos seguían cambiando: festivales, sets en vivo, canciones nuevas. Algunos alumnos comentaban, otros simplemente disfrutaban del momento. Nadie parecía apurado por salir.

Matías volvió a mirar la pantalla, pero su mente estaba lejos. Pensaba en lo último que había sabido de Neytan. Chile. Eso era lo último real. Después, silencio. Mensajes cortos. Horarios extraños. Continentes distintos.

Quizá ahora esté en Europa, pensó. O de camino a otra presentación.

La música seguía sonando mientras el aula se llenaba de risas suaves, comentarios dispersos y ese sentimiento compartido de estar viviendo algo que no estaba en el horario escolar, pero que igual se quedaría grabado.

A las 2:00 pm, el timbre finalmente sonó.

Nadie se sobresaltó. Solo se levantaron despacio, como si el momento no quisiera romperse del todo. Ryan cerró YouTube y apagó el proyector. Las luces del salón volvieron a ser las de siempre.

Matías salió del salón con la mochila colgada de un solo hombro, todavía con el eco lejano de la música y las conversaciones resonándole en la cabeza. El pasillo de la Academia St. Ravensford estaba lleno de alumnos saliendo al mismo tiempo, voces mezcladas, risas, pasos apresurados y el sonido metálico de los casilleros al abrirse y cerrarse. La luz de la tarde entraba por las ventanas altas, alargándose sobre el piso encerado y reflejándose en los uniformes perfectamente planchados.

Caminó con calma, esquivando grupos de estudiantes, pasando frente a los casilleros alineados en filas interminables. Algunos alumnos se despedían, otros hablaban de tareas, de exámenes, de planes para después de clases. Matías, en cambio, tenía un solo destino en mente.

El cuarto grado.

Bajó un tramo de escaleras, giró por un pasillo más corto y silencioso, reservado para los cursos menores. Allí el ambiente era distinto: más colorido, con murales hechos por los niños, dibujos pegados en las paredes, carteles con letras grandes y mensajes motivadores.

Se detuvo frente al salón de cuarto grado y apoyó la espalda contra la pared, esperando.

La puerta se abrió poco después y comenzaron a salir los niños en fila desordenada, acompañados por su profesora. Entre ellos apareció Elena.

Llevaba el uniforme impecable de la academia: falda plisada azul marino que le llegaba a la altura de las rodillas, medias blancas hasta media pierna, zapatos negros bien lustrados y una camisa blanca de manga corta con el escudo bordado de St. Ravensford en el pecho. Sobre los hombros llevaba un suéter azul oscuro, un poco grande para su tamaño, que le daba un aire aún más infantil. Su cabello castaño estaba recogido en dos trenzas prolijas, sujetas con ligas azules que combinaban con el uniforme.

Cuando lo vio, sus ojos se iluminaron.

¡Matías! dijo con una sonrisa amplia.

Él se enderezó y le devolvió la sonrisa.

¿Lista? preguntó.

Elena asintió y se acercó a él. La profesora les dedicó una mirada amable antes de continuar su camino.

Los dos comenzaron a caminar juntos por los pasillos de la academia, avanzando despacio, como si no tuvieran prisa por salir.

¿Y… hay noticias de Neytan? preguntó Elena de pronto, rompiendo el silencio.

Matías negó con la cabeza.

Nada aún. No ha respondido.

Elena bajó la mirada por un momento, jugando con la tira de su mochila.

Lo extraño dijo en voz baja. Extraño a mi hermano mayor.

Matías la miró de reojo y sintió cómo algo se le apretaba en el pecho.

Lo sé respondió con suavidad. Yo también. Pero recuerda que él decidió eso… y lo único que podemos hacer es apoyarlo.

Elena levantó la cabeza y asintió lentamente.

Sí… dijo. Él siempre decía que iba a hacer algo grande.

Siguieron caminando hasta llegar a la salida principal de la academia. Las grandes puertas de vidrio reflejaban el exterior: padres esperando, autos detenidos, voces mezclándose con el ruido de la ciudad.

Fue entonces cuando Matías lo vio.

El sedán negro.

Estaba estacionado justo frente a la entrada, reluciente bajo la luz del sol. Matías frunció ligeramente el ceño, sorprendido.

¿Ese no es…? murmuró.

Elena siguió su mirada y abrió los ojos.

¡Es el auto del tío Andrés!

Se acercaron un poco más y entonces lo vieron.

En el asiento del copiloto, recostado con aparente tranquilidad, estaba Neytan.

Llevaba una sudadera negra con capucha, unos lentes oscuros que ocultaban sus ojos y el cabello apenas visible bajo la capucha. Su postura era relajada, un brazo apoyado en la puerta, la otra mano descansando sobre la pierna. En su rostro había una ligera sonrisa, casi divertida, como si observara el mundo desde un lugar distinto.

Elena se quedó quieta por un segundo, como si su mente necesitara procesar lo que estaba viendo.

…¿Neytan? susurró.

Matías sintió que el corazón le daba un salto.

Neytan giró la cabeza en ese momento y los vio. Su sonrisa se amplió un poco más. Bajó los lentes apenas lo suficiente para que se notara el brillo familiar en sus ojos.

¿Van a quedarse ahí parados o van a subir? dijo con tono relajado. Porque quiero ir a comer algo.

Elena soltó la mochila y corrió hacia el auto.

¡Neytan! exclamó.

Él abrió la puerta justo a tiempo para recibirla, inclinándose un poco para abrazarla. Elena lo rodeó con los brazos, enterrando la cara en su sudadera.

Pensé que no estabas aquí dijo ella. Pensé que estabas en otro país.

Neytan rió suavemente.

A veces estoy… a veces no respondió. Hoy sí.

Matías llegó unos segundos después, todavía incrédulo.

¿Desde cuándo estás aquí? preguntó.

Desde hace un rato respondió Neytan. El tío Andrés insistió en pasar por ustedes.

Andrés, desde el asiento del conductor, los miró por el retrovisor y sonrió.

No podía dejarlos irse sin verlos juntos dijo.

Elena subió al asiento trasero aún sonriendo, sin soltar su mochila. Matías entró después y cerró la puerta.

El sedán arrancó suavemente, alejándose de la Academia St. Ravensford.

Mientras el auto avanzaba por la calle, Elena miraba a Neytan como si tuviera miedo de que desapareciera otra vez.

¿Te vas a quedar? preguntó.

Neytan miró por la ventana un segundo antes de responder.

Un poco dijo. Lo suficiente.

Matías apoyó la cabeza en el respaldo del asiento y sonrió, sabiendo que, al menos por ese momento, los tres estaban juntos otra vez.

Viernes 11 de Noviembre— Nueva York

Departamento familiar — habitación de Neytan

08:00 a. m.

La mañana apenas comenzaba a filtrarse por las cortinas de la habitación de Neytan. Una luz suave y pálida entraba desde la ventana, reflejándose en el suelo de madera y en los muebles sencillos pero ordenados. El reloj digital sobre la mesa de noche marcaba las ocho en punto, aunque para Neytan el tiempo parecía no existir todavía. Dormía profundamente, boca arriba, con una expresión tranquila, como si por unas horas el mundo exterior viajes, escenarios, música y responsabilidades no tuviera acceso a ese espacio.

El silencio fue interrumpido por un golpe suave en la puerta.

Toc, toc.

No hubo respuesta.

Unos segundos después, un segundo golpe, un poco más insistente.

Toc, toc.

Nada.

Finalmente, un tercer golpe, seguido del leve sonido de la perilla girando con cuidado. La puerta se abrió apenas lo suficiente para que una pequeña figura se asomara.

Era Elena.

Entró despacio, casi en puntas de pie, cerrando la puerta con extremo cuidado detrás de ella. Llevaba aún su pijama, una camiseta larga y unos calcetines desiguales. Su cabello estaba ligeramente despeinado, señal clara de que ella tampoco llevaba mucho tiempo despierta.

Sus ojos se posaron de inmediato en la cama.

Ahí estaba su hermano mayor, profundamente dormido.

Elena sonrió.

No una sonrisa normal.

Una sonrisa traviesa.

Caminó lentamente hasta la mesa de noche, agachándose un poco para abrir el cajón inferior con sumo cuidado. De ahí sacó una pequeña bocina de aire comprimido, de esas que hacen un ruido exageradamente fuerte con solo presionar un botón.

La sostuvo con ambas manos, conteniendo una risa.

Se acercó a la cama, inclinándose hasta quedar a la altura del rostro de Neytan. Colocó la bocina a escasos centímetros de su cara, respiró hondo y estaba a punto de presionar el botón cuando

Sabes que no me gusta que me despierten así dijo Neytan, con voz grave y aún cargada de sueño. Y saca esa bocina que está demasiado cerca de mi cara.

Elena se quedó completamente quieta.

Parpadeó.

¡Oye! dijo haciendo un pequeño puchero. No es justo… quería despertarte así.

Neytan abrió los ojos lentamente y giró la cabeza hacia ella. Su expresión era una mezcla de cansancio y diversión contenida.

Tus bromas siempre las descubro dijo, estirándose un poco. ¿Qué te trae a mi habitación tan temprano, hermanita?

Elena bajó la bocina, cruzando los brazos.

El desayuno ya está listo respondió. Mamá, papá y Matías nos esperan abajo.

Neytan se incorporó lentamente, pasándose una mano por el rostro.

Está bien dijo. Pero dime una cosa… ¿no deberías estar en la escuela?

Elena negó con la cabeza de inmediato.

No hoy. No hay clases explicó. Están reparando el circuito eléctrico de la escuela. Al parecer hubo un fallo en toda la Academia St. Ravensford. Dijeron que será como… mini vacaciones.

Neytan dejó escapar una pequeña risa.

Eso suena conveniente.

Se levantó de la cama y caminó hacia el baño, aún con pasos lentos. Cerró la puerta detrás de él. El sonido del agua corriendo llenó la habitación mientras se lavaba la cara, tratando de despejarse por completo. Se cepilló los dientes, se miró un segundo al espejo y respiró hondo, como si intentara acomodar su mente antes de empezar el día.

Al salir del baño, Elena lo esperaba sentada en el borde de la cama, balanceando los pies.

¿Listo? preguntó.

Listo respondió Neytan.

Salieron juntos de la habitación y comenzaron a bajar por las escaleras del departamento. El lugar estaba envuelto en un ambiente cálido y familiar: el aroma del café recién hecho, el sonido de platos y cubiertos, y las voces bajas que venían desde el comedor.

Mientras descendían, Elena rompió el silencio.

¿Y qué harás hoy, hermano? preguntó con curiosidad.

Neytan pensó un momento antes de responder.

Hoy quiero revisar algunas cosas sobre canciones dijo. Y quizá informarme un poco más sobre inversiones.

Elena lo miró sorprendida.

¿Inversiones?

Sí respondió. No todo es música.

Llegaron al primer piso y se dirigieron al comedor. La mesa ya estaba servida. Michael estaba sentado en uno de los extremos, con una taza de café en la mano y el periódico doblado frente a él. Sarah acomodaba algunos platos mientras sonreía al verlos entrar. Matías ya estaba sentado, revisando algo en su teléfono.

Buenos días dijo Neytan.

Buenos días respondieron casi al mismo tiempo.

Elena se sentó rápidamente, todavía con energía de sobra, mientras Neytan tomaba asiento con calma. El desayuno transcurría como cualquier otro día normal, con conversaciones simples, comentarios casuales y ese tipo de tranquilidad que solo existe en casa.

El desayuno avanzaba con calma en el comedor del departamento. La luz de la mañana entraba por las ventanas, iluminando la mesa de madera donde todos estaban reunidos. El ambiente era tranquilo, familiar, de esos momentos que no se repiten con facilidad cuando cada uno lleva una vida tan distinta.

Michael dejó el periódico a un lado y miró a sus hijos uno por uno. Tenía ese gesto serio pero tranquilo de padre que no interroga, sino que se interesa de verdad.

Bueno dijo finalmente, ya que hoy parece que nadie tiene clases ni compromisos urgentes… ¿alguien tiene planes para hoy?

Matías levantó la vista de su teléfono y se encogió de hombros.

No, hoy no tengo nada fijo respondió. Quizás más tarde vaya al centro comercial Destiny USA con unos amigos. Dijeron que tal vez irían al cine o a comer algo, pero todavía no es seguro.

Michael asintió lentamente.

Suena bien comentó. Mientras no llegues tarde.

No te preocupes respondió Matías con una leve sonrisa.

Elena, que estaba terminando su jugo, levantó la mano como si estuviera en clase.

Yo creo que me quedaré en casa dijo. Tal vez me ponga a dibujar un rato… o después ver televisión.

Sarah sonrió al escucharla.

Eso suena perfecto para un día libre dijo. Siempre estás dibujando cosas nuevas.

Elena se encogió de hombros, un poco tímida pero orgullosa.

Sarah entonces giró la mirada hacia Neytan, observándolo con atención. Siempre lo hacía así, como intentando leer más allá de lo que decía.

¿Y tú? preguntó con suavidad. ¿Qué planes tienes hoy?

Neytan dejó el cubierto sobre el plato y pensó un momento antes de responder.

Quiero terminar unas canciones que tengo pendientes dijo. Y también revisar unas cosas sobre inversiones.

El silencio se hizo breve pero notable.

Michael frunció ligeramente el ceño, no por desconfianza, sino por interés real.

¿Inversiones? preguntó. ¿Te refieres a invertir en la bolsa de valores?

Neytan asintió con seguridad.

Sí respondió. Quiero invertir en la bolsa de valores. No quiero depender solo de la música.

Sarah lo miró con sorpresa contenida, mientras Matías levantaba una ceja, claramente intrigado.

Además continuó Neytan, durante los viajes, entre presentaciones, empecé a investigar empresas. En aeropuertos, hoteles, incluso en los trayectos… usaba ese tiempo para informarme.

Michael apoyó los codos sobre la mesa, escuchando con atención.

¿Y esto lo estás haciendo solo? preguntó.

No del todo respondió Neytan. Hablé primero con el tío Andrés. Luego también con el abuelo. Cuando les comenté que quería invertir, el abuelo me recomendó a su agente de inversiones.

¿Un agente profesional? preguntó Sarah.

Sí respondió Neytan. Se llama Richard Coleman, es especialista en inversiones a largo plazo y análisis de riesgo.

Michael asintió lentamente, impresionado.

¿Y qué te recomendó? preguntó.

Neytan respiró hondo y comenzó a explicar con calma, como si ya hubiera ensayado esa conversación muchas veces.

Me explicó primero la diferencia entre empresas estables, empresas con crecimiento moderado y empresas de alto riesgo. Me habló de cómo diversificar, de no poner todo en un solo lugar.

Elena escuchaba en silencio, sin entender todo, pero fascinada por la seguridad de su hermano.

Entre las empresas más estables continuó Neytan me recomendó invertir en Apple, Google, Microsoft, McDonald’s, Coca-Cola, Disney, Starbucks, Adidas, Nike y FedEx. Empresas grandes, con presencia global, que difícilmente desaparecen.

Michael intercambió una mirada con Sarah.

Son nombres muy sólidos comentó.

Exacto dijo Neytan. Luego me habló de inversiones a futuro, con mayor crecimiento pero también con más riesgo. Amazon, Netflix, Visa y Mastercard. Empresas que siguen expandiéndose y que, a largo plazo, tienen un potencial enorme.

Matías silbó suavemente.

Eso suena… bastante serio dijo.

Lo es respondió Neytan. Revisé cada empresa con el agente, pero también busqué información por mi cuenta. Leí informes, proyecciones, análisis de mercado. No quiero invertir a ciegas.

Michael se recostó en su silla, cruzando los brazos.

Me alegra escucharlo dijo con honestidad. No estás actuando por impulso.

No respondió Neytan. La música siempre será parte de mi vida, pero quiero asegurar el futuro. Pensar a largo plazo.

Sarah extendió la mano y la colocó sobre la de su hijo.

Estamos orgullosos de ti dijo suavemente.

Neytan bajó la mirada un segundo, con una pequeña sonrisa sincera.

Gracias.

El desayuno continuó entre comentarios más relajados, pero el ambiente había cambiado ligeramente. No era tensión, era respeto. Todos entendían que Neytan no solo era talentoso, sino también alguien que pensaba con madurez, más allá de su edad.

El desayuno había terminado con tranquilidad en el comedor del departamento. Michael y Sarah se levantaron para recoger los platos, mientras Matías y Elena comenzaban a acomodar sus cosas. El aroma del café aún flotaba en el ambiente, mezclado con el aroma de tostadas recién hechas y mantequilla. El ambiente era sereno, casi pausado, como si el mundo alrededor pudiera esperar unos minutos más.

Neytan permaneció sentado un momento más en su lugar, revisando su celular con atención. La pantalla mostraba varias notificaciones de correos y mensajes de inversión, y entre ellos estaba uno que esperaba desde hace horas: Richard Coleman, su agente de inversiones. Sin perder tiempo, tocó la pantalla y respondió la llamada, escuchando la voz calmada y profesional de Coleman al otro lado.

Hola, Neytan, ¿cómo estás? dijo Coleman.

Hola, Richard respondió Neytan. He leído todo lo que me enviaste, y además revisé más información por mi cuenta. Estoy considerando invertir en las opciones que me diste.

Bien dijo Coleman, ¿cuál de esas opciones has elegido?

Neytan respiró hondo y respondió con seguridad:

Elijo todas.

Hubo un silencio al otro lado del teléfono, y se escuchó a Coleman suspirar suavemente, sorprendido.

¿Estás seguro? preguntó. Recuerda que invertir siempre conlleva un riesgo. Algunas de las empresas que mencionaste son muy seguras, otras se expandirán a gran escala, pero no dejan de tener riesgos.

Sí, estoy seguro dijo Neytan con firmeza. Te repito, investigué todo por mi cuenta. Revisé cada dato, cada informe, cada proyección hasta donde pude conseguir información.

Muy bien dijo Coleman. Entonces, ¿cuántas acciones quieres comprar o qué monto deseas invertir?

Neytan tocó la pantalla de su celular y respondió con precisión:

Te acabo de enviar un mensaje con el número exacto de acciones que quiero conseguir.

Está bien dijo Coleman. Pero asegúrate, porque después no habrá marcha atrás.

Sí, estoy seguro respondió Neytan. Consígueme ese número de acciones.

No te preocupes dijo Coleman. Lo conseguiré. Solo necesito confirmar que la transferencia se realizó correctamente.

Ya está hecha dijo Neytan. La transferencia se completó hace unos minutos. Ahora solo compara los números y procede con la compra.

Coleman hizo un breve silencio, y luego añadió:

Tu abuelo tenía razón; eres muy precavido en todo.

Neytan sonrió levemente, sin dejar de mirar su celular, y respondió:

Gracias.

Bien continuó Coleman, por el número de inversiones que quieres hacer, me tomará unos minutos completar la compra de todas las acciones.

Está bien, avísame cuando termines dijo Neytan.

No hay problema, confirmó Coleman. Te avisaré.

Mientras Neytan colgaba la llamada, Michael lo miró con interés, aún procesando la magnitud de lo que su hijo acababa de hacer.

¿Cuánto invertiste, hijo? preguntó Michael, con un tono entre curiosidad y admiración.

Neytan, sin dejarse impresionar por la reacción de su padre, respondió con tranquilidad:

Eso me lo llevo para mí.

Sarah, siempre observadora, lo miró y preguntó con cuidado:

Usaste un poco del dinero que te envía tu abuelo, ¿no es así?

Sí dijo Neytan. Pero a diferencia de Matías y Elena, yo solo gasto lo necesario del dinero que me envía el abuelo. A veces no lo gasto y lo dejo ahí, ahorrado.

Matías, que estaba sentado a su lado, comentó con una sonrisa:

O sea que solo gastas en cosas que realmente importan.

Neytan lo miró con una ceja levantada, sin creer del todo el tono de Matías, pero con paciencia.

Sí dijo. Solo lo necesario. Luego, si quiero invertir más, lo haré. Por ahora, esto es suficiente.

Sarah, curiosa, preguntó de nuevo:

Y ¿cuánto exactamente invertiste?

Neytan abrió su celular y mostró el mensaje que había enviado a Richard Coleman, donde detallaba la cantidad de acciones y el monto invertido.

Este mensaje dijo es mi inversión, la cantidad exacta que quiero.

Michael y Sarah lo observaron atentamente, y aunque no dijeron nada, la impresión en sus rostros mostraba respeto y asombro. No era solo la cantidad de dinero involucrada, sino la madurez con la que Neytan había manejado todo el proceso, desde la investigación hasta la ejecución de la inversión.

Pensé que gastarías más dijo Michael finalmente, con un tono medio sorprendido y medio divertido.

Solo gasté lo que necesitaba respondió Neytan. Luego veré si invierto más. Por ahora, esto es suficiente.

El ambiente se relajó nuevamente en la mesa. Sarah se recostó en su silla, con una sonrisa de orgullo, mientras Michael cruzaba los brazos y asentía lentamente, reconociendo la precaución y la inteligencia de su hijo.

Es impresionante cómo piensas dijo Sarah. No solo eres talentoso en la música, sino que también sabes manejar tu dinero y planear tu futuro.

Neytan solo asintió con una pequeña sonrisa, sin palabras adicionales. Para él, todo era un proceso natural: investigar, analizar, tomar decisiones y actuar. Era un hábito que había desarrollado desde pequeño, y ahora, con su carrera musical y las oportunidades que se le presentaban, sabía que debía aplicar esa misma disciplina a su dinero y a su futuro.

Bueno dijo Matías, parece que tenemos un adulto entre nosotros bromeó, provocando risas suaves en la mesa.

Más bien un pequeño adulto con grandes planes dijo Elena, sonriendo mientras miraba a su hermano mayor con admiración.

Neytan se rió suavemente, pero luego cambió la expresión a una más seria, reflexionando sobre lo que acababa de hacer. Cada acción que compraba representaba no solo dinero, sino tiempo, paciencia y visión de futuro. Sabía que en la música todo podía cambiar de un día para otro, pero estas inversiones eran algo que podría sostener y controlar más directamente.

La conversación continuó, esta vez más ligera, entre comentarios sobre el día que tenían planeado, qué hacer más tarde, y pequeños detalles familiares. Sin embargo, en el fondo, todos sabían que la mente de Neytan estaba ya parcialmente concentrada en los números, en las proyecciones y en los gráficos que Coleman le había enviado, asegurándose de que todo estuviera correcto.

Neytan regresó a su habitación del departamento después del desayuno familiar. Las conversaciones con Michael, Sarah, Matías y Elena todavía resonaban en su cabeza; los consejos, las bromas y los comentarios sobre la inversión lo habían dejado pensativo, pero también con una sensación de orgullo por la madurez con la que estaba manejando su futuro financiero. Cerró la puerta con suavidad, respiró profundamente y se apoyó un momento contra la madera, dejando que el silencio de su habitación lo envolviera.

Encendió su MacBook Pro sobre su escritorio, la pantalla iluminando su rostro mientras cargaban todos los programas que utilizaba para la producción musical. Su espacio estaba ordenado con precisión: unos auriculares Pioneer HDJ-2000 descansaban sobre un soporte al lado de la laptop, un teclado MIDI Arturia y su controlador Novation Launchpad alineados frente a él, listos para ser usados. A un lado, un cuaderno de notas abierto contenía decenas de ideas, riffs, melodías y anotaciones de pistas anteriores.

Neytan abrió un proyecto nuevo en Ableton Live, respiró y comenzó a repasar las ideas que había anotado en los últimos días. Las notas no eran solo fragmentos de melodías, sino instrucciones detalladas para su equipo:

“ValhallaRoom / ValhallaShimmer → reverb etéreo.

FabFilter Pro-Q 3 → ecualización profesional.

OTT / Xfer OTT → compresión multibanda para “pump” típico Future Bass.

Soundtoys / Decapitator → saturación y color.

Kick limpio y punchy, snare clap suave y airy, hi-hats cortos y brillantes.

FX risers, sweeps e impacts. Vocal chops Laura Brehm. Lead Synth / Melody Synth → la melodía principal, brillante y emocional. Chords / Pads → acordes largos y envolventes. Bass / Sub Bass → subgrave para llenar el low end. Drums / Percusión → kick, snare, hi-hat, clap. Vocal Chop → Laura Brehm. Sidechain compression → hace que el bajo “respire” con el kick. Layering → combinar varios synths para que suene más grande. Automation → subir/bajar filtros, volumen o reverb a lo largo de la canción. Risers / FX → transiciones suaves entre secciones. Vocal chops y pitch bending → Laura Brehm & Marshmello.”

Mientras leía y repasaba cada instrucción, Neytan comenzó a experimentar con el flujo típico que usaba para crear la canción con nombre “Prism”. Primero ajustó el tempo a 140 BPM, con un half-time feel de 70 BPM, ideal para el estilo Future Bass que quería lograr. Creó acordes largos y envolventes, dejando que los pads llenaran la habitación con un sonido cálido y expansivo.

Luego diseñó la melodía principal en el Lead Synth, jugando con arpegios brillantes y emocionales, usando automatización para subir y bajar filtros a lo largo de la frase musical. Cada nota estaba cuidadosamente medida para que la armonía y la emoción se combinaran perfectamente. Los risers y efectos de transición se colocaron en las secciones donde quería generar anticipación, y el kick limpio junto al sub bass profundo empezaron a darle al tema ese “pump” característico de su estilo.

En medio de todo esto, Neytan abrió su correo electrónico y encontró un mensaje de Laura Brehm. Sonrió ligeramente antes de abrirlo, leyendo atentamente:

“Hola Neytan, vi tus notas. La idea de los vocal chops suena increíble. Estoy terminando algunas ideas para la letra y puedo empezar a grabar esta semana. ¿Cómo quieres que abordemos el ritmo de Prism?”

Neytan escribió de inmediato su respuesta, detallando exactamente cómo imaginaba la combinación de su instrumental con las vocales de Laura:

“Hola Laura, gracias por tu mensaje. Te envié un bloque de notas con las pistas base y las ideas de ritmo que tengo. La estructura sería algo como: Intro con pads y risers, primer drop con kick punchy y sub bass, leads brillantes en melodía principal, luego la sección de vocal chops. Los FX y transiciones van marcando la energía. Cuando puedas, graba las vocales y sube los stems para integrarlas. Quiero que tu voz tenga ese efecto etéreo, pero manteniendo claridad. ValhallaRoom y Shimmer para reverb, OTT para compresión multibanda, y Decapitator para color. Gracias.”

Después de enviar el correo, Neytan continuó trabajando. Insertó los vocal chops que había recibido previamente de Laura en otra sesión de Ableton y los ajustó con pitch bending, creando frases melódicas que se entrelazaban con los leads y los pads. Cada ajuste lo hacía escuchar con atención, moviendo el fader de volumen, aplicando sidechain para que el bajo respirara junto al kick, y ajustando automatizaciones para que cada efecto tuviera un impacto emocional en el momento exacto.

El reloj avanzaba lentamente mientras Neytan se sumergía en la producción. Su concentración era absoluta; cada sonido debía ser perfecto. Los hi-hats brillantes cortaban a través de la mezcla con precisión, los claps suaves daban textura rítmica, y los FX risers preparaban al oyente para los drops. Cada decisión musical estaba fundamentada en la emoción que quería transmitir, combinando técnica y sensibilidad artística.

A mitad de la mañana, Neytan hizo una pausa y se recostó en su silla. Miró la ventana, donde la luz del sol entraba suavemente y proyectaba sombras de los edificios cercanos. Respiró hondo, reflexionando sobre cómo cada elemento que estaba creando iba a formar parte de algo mucho más grande: la conexión que tendría con sus fans, la energía que transmitiría en sus sets, y cómo cada nota era un paso más hacia la perfección de su estilo.

Volvió al MacBook, revisando la sección de percusión. Ajustó los kicks, rediseñó algunos snare para que fueran más suaves y airy, y afinó los hi-hats cortos para que encajaran perfectamente en el groove. Luego trabajó en los FX: sweeps que crecían lentamente y barridos de reverberación que conectaban las secciones con sutileza. Cada efecto tenía un propósito, cada transición contaba una historia dentro de la canción.

Mientras trabajaba, Neytan comenzó a imaginar cómo la pista sonarían en vivo. Se veía a sí mismo en el escenario, controlando las Pioneer CDJ-2000 y el DJM-900 Nexus, ajustando los niveles, mezclando la pista con precisión y viendo la reacción del público mientras la melodía y los drops hacían que todos vibraran al unísono. Esa visión lo motivaba aún más a perfeccionar cada detalle en su MacBook.

En ese momento, Neytan recibió una notificación de mensaje de su equipo de música:

“Neytan, hemos recibido tus notas y comenzaremos a trabajar en la mezcla y los stems de las voces. Tendremos avances para ti en un par de horas. Revisa el kick y el sub bass que nos enviaste.”

Sonrió al leerlo y respondió rápidamente, detallando pequeños ajustes que quería:

“Perfecto. Solo asegúrense de que el sub bass no opaque la melodía principal y que los vocal chops de Laura estén claros, etéreos y con presencia emocional. Los risers deben conectar los drops de manera fluida. Gracias.”

Luego Neytan abrió Splice y Cymatics, revisando nuevas muestras de percusión y efectos que podría incluir. Seleccionó unos kicks limpios y punchy, hi-hats cortos, y algunos FX de impacto que podrían dar más profundidad a la mezcla. Incluso creó un pequeño loop de prueba, experimentando con capas de synth y lead para ver cómo se comportaban juntos en tiempo real.

El reloj marcaba casi las 11:30 am cuando Neytan decidió guardar todo su progreso. Observó el proyecto, el cuaderno de notas lleno de ideas, y sonrió satisfecho: cada detalle estaba avanzando, cada elemento estaba en su lugar. Luego se reclinó en su silla, cerrando los ojos un momento, visualizando cómo “Prism” sería finalmente escuchada por millones de personas.

Antes de levantarse, envió otro mensaje a Laura Brehm:

“Laura, espero tus avances con la letra. Cuando tengas algo, sube los stems y podremos integrarlos a la pista base. Quiero que tu voz resalte en los momentos clave, etérea y emocional. Gracias por tu talento y compromiso.”

Neytan se recostó un momento, mirando su MacBook iluminado y todos los instrumentos alrededor de su escritorio. El espacio estaba lleno de potencial creativo, y él, con disciplina y paciencia, estaba llevando cada idea a la realidad. Sabía que la música era una combinación de técnica, intuición y emoción, y él había logrado equilibrar esas tres fuerzas para crear algo único.

Con un último vistazo al reloj y un profundo suspiro de satisfacción, Neytan continuó trabajando en los detalles más finos, revisando el ecualizador de cada synth, ajustando la compresión multibanda, jugando con los efectos y asegurándose de que cada transición fuera perfecta. Cada click del mouse, cada toque del teclado MIDI, cada ajuste de fader era parte de un proceso que solo él entendía completamente. Y mientras el sol seguía iluminando suavemente la habitación, Neytan se sumergió de nuevo en su mundo, creando, ajustando, imaginando y perfeccionando la canción que, pronto, se convertiría en otra pieza esencial de su carrera.

Neytan estaba completamente inmerso en su mundo creativo. La luz de la mañana que se filtraba a través de las cortinas de su habitación del departamento iluminaba suavemente la MacBook Pro frente a él, reflejando un resplandor blanco y azul en su rostro concentrado. Sus auriculares Pioneer HDJ-2000 descansaban sobre sus oídos mientras ajustaba con precisión los niveles de cada canal en Ableton Live. Cada fader, cada knob, cada automatización tenía que estar perfectamente alineada con la visión que tenía para la canción que estaba creando.

La habitación estaba silenciosa excepto por el sonido del click del mouse y el ligero zumbido del ordenador mientras procesaba los plugins. Neytan había abierto varios proyectos al mismo tiempo: en una ventana ValhallaRoom y ValhallaShimmer trabajaban en la reverb etérea que quería para los vocal chops de Laura Brehm, en otra ventana FabFilter Pro-Q 3 estaba ecualizando la melodía principal, y Xfer OTT aplicaba la compresión multibanda para darle ese “pump” característico de su estilo Future Bass. Cada pequeño ajuste requería su total atención, ya que incluso un ligero cambio podía alterar la sensación emocional de la pista.

Mientras ajustaba el filtro de un lead synth y añadía un pequeño efecto de pitch bend a los vocal chops, su MacBook emitió el característico sonido de notificación de correo electrónico. Neytan levantó la vista con curiosidad y vio que era un mensaje de Victor, su director de sonido, que había llegado directamente a su bandeja de entrada.

Abrió el correo con rapidez, y el mensaje decía:

“Hola Neytan, recuerda que mañana necesito que llegues a las 16:30 pm para tu prueba de sonido en el Brooklyn Electronic Music Festival. No pienses en sacar esa canción aún, sigue trabajando en ella; está en creación y necesitamos que esté perfecta para mañana. Victor”

Neytan frunció el ceño unos segundos, procesando la información. Era una noticia que él esperaba, pero que también significaba que debía organizar cuidadosamente su tiempo. La prueba de sonido del festival era crucial, no solo para comprobar niveles, ecualización y la interacción con el sistema PA del escenario, sino también para asegurarse de que su canción, aunque aún en desarrollo, encajara con la energía del festival.

Se recostó en su silla unos segundos, reflexionando. Su mente empezó a dividir tareas automáticamente: debía continuar con los ajustes de la melodía principal, revisar los vocal chops de Laura y coordinarse con su equipo para que todos los stems estuvieran listos para mañana. Además, tenía que planear cómo integraría los FX y transiciones, asegurándose de que cada drop tuviera el impacto emocional que esperaba transmitir al público.

Neytan respiró hondo, y con un movimiento ágil levantó la mano derecha hacia el teclado MIDI, activando un nuevo plugin de sintetizador que había estado experimentando los últimos días. Mientras lo configuraba, recordó que aún necesitaba revisar algunas pistas de percusión que había descargado de Splice y Cymatics. Cada golpe de kick debía ser limpio y con “punch”, los hi-hats brillantes y cortos, y el sub bass lo suficientemente profundo para llenar el low end sin opacar la melodía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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