Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

MARSHMELLO - Capítulo 34

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. MARSHMELLO
  4. Capítulo 34 - Capítulo 34: Capitulo 33
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 34: Capitulo 33

Sydney, NSW — Stereosonic 2011

Sábado 26 de noviembre — 20:20 pm

El aire detrás del escenario tenía una mezcla inconfundible: electricidad, sudor, cables calientes y anticipación. Desde el backstage del mainstage de Stereosonic, el rugido del público llegaba como una ola constante, subiendo y bajando con cada cambio de ritmo que Laidback Luke soltaba desde el escenario.

Neytan ya estaba listo.

Vestía su conjunto completamente blanco, limpio, impecable, contrastando con la oscuridad técnica del backstage. El casco de Marshmello cubría su rostro, reflejando las luces de emergencia y los flashes ocasionales de los teléfonos. Debajo del casco, sus auriculares Pioneer HDJ-2000 ya estaban puestos, descansando firmes sobre sus oídos, aislándolo parcialmente del caos externo.

Caminaba con paso tranquilo por los pasillos del backstage. No tenía prisa. Cada paso parecía medido, consciente. Los técnicos lo reconocían al instante; algunos levantaban la mano, otros pedían una foto rápida. Neytan asentía, se detenía unos segundos, posaba sin exagerar. No hablaba mucho. No hacía falta.

Era su última presentación del año.

Se detuvo a unos metros de la escalera que conducía directamente al escenario. Desde ahí podía ver el lateral del escenario principal, las estructuras metálicas, las pantallas LED gigantes, los cañones de humo listos, los técnicos atentos a cada señal. El bajo de Laidback Luke hacía vibrar el suelo bajo sus pies.

Victor se colocó a su lado, cruzando los brazos.

Esta es tu última presentación comentó. ¿Algo que tengas en mente… o solo te quedarás así de callado?

Neytan mantuvo la vista al frente. No respondió de inmediato. El sonido del público subió de intensidad cuando Laidback Luke lanzó otro drop.

Quiero recordar este sentimiento dijo finalmente. Nada más. Es mi última presentación de este año… y de aquí a 2012, quién sabe lo que venga.

Victor asintió en silencio.

Unos pasos más atrás, Andrés observaba la escena con calma. Se acercó y apoyó una mano en el hombro de Neytan.

Bueno dijo, ya que es tu última presentación, diviértete. Hazlo tuyo. Dales un buen espectáculo.

Neytan giró levemente el casco en su dirección y asintió.

¿Me pasas el cronograma de hoy? pidió.

Victor sacó la hoja plastificada y se la mostró.

MAINSTAGE — HORARIO

12:00 – 13:00 — DJ local opener

13:00 – 14:00 — Tommy Trash

14:00 – 15:00 — Chuckie

15:00 – 16:00 — Bingo Players

16:00 – 17:00 — Porter Robinson

17:00 – 18:00 — Afrojack

18:00 – 19:15 — Steve Aoki

19:15 – 20:30 — Laidback Luke

20:30 – 22:00 — Marshmello

22:00 – 23:30 — Calvin Harris

23:30 – 01:00 — Swedish House Mafia

Vas justo después de Luke dijo Victor. Escenario caliente, público arriba.

Perfecto respondió Neytan.

Victor sonrió levemente.

Y mañana… ¿regresas o te quedas un día más?

Mañana los vuelos estarán saturados contestó Neytan. Es 27 de noviembre. Me quedaré hasta el martes 29 para regresar.

Sí intervino Andrés, era mejor opción. Bueno… parece que ya te toca.

En ese momento, Laidback Luke bajó por la escalera lateral, sudado, sonriente, aún con la energía del set encima. Al cruzarse con Laidback Luke, se detuvo un segundo.

Diviértete le dijo.

Eso haré respondió Neytan. Buen set.

Luke levantó el pulgar y siguió su camino.

Neytan respiró hondo una sola vez.

Luego subió.

Las escaleras del escenario vibraban bajo sus pasos. Al llegar arriba, el sonido del público se multiplicó. Decenas de miles de personas se extendían frente a él, un mar de brazos, luces, banderas y pantallas de celulares levantadas.

El grito fue inmediato.

No porque hubiera hecho algo todavía.

Solo por estar ahí.

Frente a él lo esperaban los Pioneer CDJ-2000 y la Pioneer DJM-900 Nexus, perfectamente alineados. Neytan colocó su MacBook Pro sobre la superficie, conectó los cables con movimientos seguros, automáticos. Revisó niveles, sincronización, cue points.

Todo estaba en orden.

Las luces se atenuaron lentamente. El humo comenzó a filtrarse desde los costados del escenario, suave al inicio, como una neblina que anunciaba lo que venía.

Neytan apoyó ambas manos sobre la mesa.

No levantó los brazos.

No habló.

No hizo gestos exagerados.

Solo miró al público.

Y en ese instante, antes de presionar el primer control, entendió algo con total claridad:

No importaba cuántos escenarios vinieran después.

No importaba lo que trajera 2012.

Ese momento…

Ese escenario…

Ese ruido ensordecedor…

Era real.

Y era suyo.

La iluminación del escenario descendió un poco más, dejando al público en una penumbra expectante. Neytan mantuvo ambas manos apoyadas sobre la Pioneer DJM-900 Nexus, sintiendo la vibración leve que subía desde los subwoofers hasta la mesa. En sus oídos, a través de los Pioneer HDJ-2000, el siguiente track ya estaba cargado, perfectamente alineado en el CDJ-2000 de la izquierda.

El ambiente cambió.

No fue brusco.

Fue gradual.

Con la mano derecha, Neytan giró lentamente el filtro high-pass, limpiando el grave del track anterior mientras con la izquierda presionaba el cue del siguiente canal. En la pantalla del CDJ, la forma de onda de Fade Into Darkness aparecía estable, lista. El BPM estaba sincronizado con precisión quirúrgica.

El público no sabía todavía qué venía.

Pero lo sentía.

Neytan levantó ligeramente la cabeza, observando cómo las pantallas LED comenzaban a mostrar tonos oscuros: azules profundos, violetas lentos, como si el escenario estuviera entrando en una noche artificial. El humo empezó a salir desde el fondo del escenario, bajo, denso, arrastrándose por el suelo como niebla.

Entonces, con un movimiento suave pero decidido, empujó el fader hacia arriba.

El primer sonido se deslizó por el sistema de sonido como una sombra. No fue un golpe. Fue una caricia oscura. El público reaccionó casi de inmediato: gritos largos, manos levantándose poco a poco, cuerpos balanceándose al ritmo lento del inicio.

Looking up

There’s always sky

Rest your head

I’ll take you high

We won’t fade into darkness

Won’t let you fade into darkness

Why worry now?

You’ll be safe

Hold my hand

Just in case

And we won’t fade into darkness

Fade into darkness

No, we won’t fade into darkness

Fade into darkness

Neytan ajustó el EQ con cuidado, bajando apenas los medios para dejar espacio al ambiente. Su otra mano giró el knob de reverb, expandiendo el sonido, haciéndolo más grande, más profundo. Cada pequeño ajuste era intencional. Nada estaba al azar.

Las luces comenzaron a moverse en patrones lentos, sincronizadas con el pulso de la canción. Barridos horizontales cruzaban al público, iluminando rostros, banderas, camisetas empapadas de sudor. Algunos cerraban los ojos. Otros grababan con sus celulares, tratando de capturar algo que sabían que no se podía repetir.

Neytan dio un pequeño paso atrás, observando la reacción. Asintió levemente, satisfecho.

Con la mano izquierda activó un loop corto en el CDJ, alargando una sección instrumental. Con la derecha, tocó el filtro low-pass, cerrándolo poco a poco. El sonido se volvió más contenido, más tenso. El público sintió la anticipación y respondió levantando los brazos, algunos saltando sin que aún hubiera un drop claro.

¡Wooo! se escuchó desde distintos puntos.

El humo aumentó, ahora saliendo en pulsos suaves, acompañando el ritmo. Las pantallas mostraban destellos blancos breves, como flashes lejanos.

Casi llegando a la mitad de la canción, Neytan movió el crossfader apenas unos milímetros, mezclando una capa adicional que había preparado. El sonido se volvió más amplio, más emocional.

And we won’t fade into darkness

Fade into darkness

No, we won’t fade into darkness

Fade into darkness

El público reaccionó con un grito colectivo, como si todos hubieran reconocido ese momento exacto. Muchas manos se elevaron al mismo tiempo, formando una silueta ondulante frente al escenario. Neytan levantó un brazo, señalándolos, animándolos sin decir una sola palabra.

En la DJM-900, activó un delay corto, dejando que algunos sonidos rebotaran en el aire antes de desaparecer. Ajustó la ganancia con precisión, cuidando que nada saturara. Todo fluía.

Cuando la canción llegó a su punto central, Neytan soltó el loop, dejando que el tema respirara por completo. El bajo regresó con más presencia. El suelo vibró con fuerza.

This world can seem

Cold and grey

But you and I

Are here today

And we won’t fade into darkness

No, we won’t fade into darkness

Nothing to fear

But fear itself

We’ll be ok

Just keep the faith

And we won’t fade into darkness

Fade into darkness

No, we won’t fade into darkness

Fade into darkness

Las luces explotaron en intensidad. Blancos y azules inundaron el escenario, mientras los cañones de humo disparaban columnas verticales que se elevaban sobre la multitud. El público saltaba ahora sin reservas, coreando, moviéndose como una sola masa viva.

Neytan apoyó ambas manos sobre la mesa, inclinándose ligeramente hacia adelante. Giró el knob de efecto una última vez, acentuando el momento, y luego retiró la mano, dejando que la canción siguiera su curso natural.

A medida que el tema avanzaba hacia su cierre, Neytan comenzó a preparar la transición. Bajó lentamente los graves, abrió el filtro, suavizó el volumen. El público, lejos de bajar la energía, gritaba más fuerte, como intentando sostener el momento.

Las luces se tornaron más cálidas, mezclando dorados con violetas. El humo se disipó lentamente, revelando el mar de personas frente a él.

En los últimos compases, Neytan deslizó el fader hacia abajo con control absoluto.

Woah

Woah, fade into darkness

Woah

Woah, fade into darkness

Woah

And we won’t fade into darkness (woah)

Fade into darkness (woah)

No, we won’t fade into darkness (woah)

Fade into darkness (woah)

Woah

Fade into darkness

El sonido se extinguió como una llama al final de una mecha.

El escenario todavía vibraba por la canción Fade into Darkness, cuando Neytan ya tenía Force cargada en el CDJ-2000 del canal dos. Bajo el casco blanco, su respiración estaba calmada, controlada. Sus manos se movían con precisión casi automática, fruto de horas incontables frente a esas mismas máquinas.

En la pantalla del CDJ, la forma de onda se desplazaba lentamente. BPM sincronizado. Cue marcado. Todo listo.

Con la mano izquierda, Neytan bajó con suavidad el fader del canal que estaba sonando, mientras con la derecha giraba el filtro en la DJM-900 Nexus, eliminando poco a poco las frecuencias graves. El sonido empezó a adelgazarse, a volverse más atmosférico. El público lo notó de inmediato: los saltos se transformaron en balanceos, los gritos en murmullos expectantes.

Las luces del escenario se apagaron casi por completo.

Solo quedaron pequeños puntos blancos, como estrellas suspendidas en la oscuridad. El humo comenzó a salir desde los laterales del escenario, bajo, espeso, avanzando lentamente hacia el frente como una marea silenciosa.

Neytan presionó play.

El primer golpe de Force no fue explosivo. Fue profundo. Un pulso grave que atravesó el pecho del público antes de llegar a los oídos. Neytan ajustó el gain con exactitud milimétrica, cuidando que el subgrave golpeara sin saturar.

El público reaccionó con un grito largo, casi instintivo.

Neytan apoyó dos dedos sobre el EQ de graves, subiéndolos apenas un poco más. El suelo comenzó a vibrar. Algunos en primera fila se miraron entre sí, sonriendo, sabiendo que lo que venía sería intenso.

Las luces comenzaron a moverse lentamente en haces verticales, blancos y azules, cortando el humo en columnas perfectamente definidas. Cada pulso de la canción hacía que las luces se cerraran y abrieran, como si respiraran junto al beat.

Con la mano derecha, Neytan activó un loop corto en el CDJ, repitiendo una sección rítmica. Con la izquierda, tocó el knob de reverb, expandiendo el espacio sonoro. El sonido se volvió más grande, más envolvente. El público levantó las manos, siguiendo el ritmo con palmas en el aire.

Cuando la tensión ya era evidente, Neytan giró lentamente el filtro low-pass, cerrándolo. El sonido se comprimió, se volvió contenido, casi asfixiante. El público gritaba más fuerte, algunos saltando sin que aún hubiera un drop completo.

Neytan levantó un brazo, pidiendo más ruido. La respuesta fue inmediata: un rugido colectivo que llenó el recinto.

Entonces soltó el filtro.

El drop cayó como una descarga eléctrica.

Los graves explotaron desde los subwoofers, haciendo temblar el pecho de todos. Las luces estallaron en blanco puro, seguidas de destellos estroboscópicos perfectamente sincronizados. Los cañones de humo dispararon columnas gigantes que subieron por encima del escenario.

El público saltó al unísono.

Neytan movía ahora ambas manos con fluidez: ajustaba el EQ, jugaba con el delay, cortaba y devolvía el bajo en golpes precisos. Cada gesto tenía un impacto inmediato en la energía del lugar. No era solo música; era control total del ambiente.

En una sección intermedia, Neytan bajó de golpe los graves, dejando solo los medios y agudos. Las luces cambiaron a tonos rojos y ámbar, creando una sensación más agresiva. El humo se volvió más denso, casi ocultando el escenario por momentos.

El público no dejó de moverse. Algunos gritaban su nombre. Otros simplemente cerraban los ojos, dejándose llevar por el ritmo.

Neytan inclinó la cabeza, concentrado. Activó un roll effect en la DJM-900, fragmentando el sonido en pequeños cortes rítmicos. Cada corte hacía que el público reaccionara con saltos más altos, con gritos sincronizados.

Cuando llegó el último gran momento del track, Neytan subió ambos faders a la vez, liberando toda la potencia del sistema. Las luces pasaron a blanco total, el humo inundó el escenario, y el bajo golpeó con una fuerza brutal.

El público estaba completamente entregado.

Al final, Neytan fue cerrando el track poco a poco. Bajó los graves, abrió el filtro, dejó que el sonido se disipa lentamente. Las luces se suavizaron, pasando a azules profundos. El humo comenzó a desaparecer.

Neytan ya tenía Turn It Up cargada en el Pioneer CDJ-2000, lista, alineada, respirando en pausa dentro de la máquina. Bajo el casco blanco, su postura cambió ligeramente: hombros firmes, pies bien plantados frente a la cabina. Era la señal de que venía algo distinto. Algo más directo. Más físico.

Con la mano izquierda ajustó el pitch fader, asegurándose de que el BPM quedara exactamente donde lo quería. Con la derecha, presionó CUE una última vez, escuchando el inicio por los Pioneer HDJ-2000. Asintió apenas. Todo estaba en su lugar.

El público todavía gritaba, pero ya empezaba a notar esa pausa tensa que solo existe antes de un golpe fuerte. Algunas manos seguían en alto. Otras bajaban, esperando.

Neytan bajó el fader del canal activo con suavidad y, al mismo tiempo, abrió el filtro high-pass en la DJM-900 Nexus, dejando que el sonido se adelgazara hasta casi desaparecer. Las luces del escenario se oscurecieron de golpe, quedando solo un par de haces blancos apuntando al centro de la cabina.

El humo empezó a salir, esta vez más denso, rodando por el suelo del escenario como una niebla espesa.

Play.

El primer pulso de Turn It Up entró seco, contundente, directo al pecho. Neytan subió el fader del nuevo canal con decisión, sin medias tintas. El bajo entró limpio, poderoso, sin distorsión. El sistema de sonido respondió con una presión que se sintió en todo el recinto.

El público reaccionó de inmediato: un grito colectivo, fuerte, casi salvaje.

Las luces explotaron en rojo y blanco, alternándose en patrones rápidos. Cada golpe del kick hacía que los focos se cerraran y abrieran como pistones gigantes. El humo fue atravesado por los haces de luz, creando líneas sólidas que parecían moverse con el ritmo.

Neytan comenzó a trabajar activamente los controles. Con una mano giraba el EQ de graves, subiéndolo apenas en cada compás clave. Con la otra, jugaba con el filtro, cerrándolo y abriéndolo para crear pequeños momentos de tensión antes de soltarlo otra vez.

El público ya no solo saltaba: empujaba el aire, gritaba, se movía como una sola masa. Algunas personas en primera fila se subían a los hombros de otros. Las banderas comenzaron a aparecer por encima de las cabezas.

Neytan levantó una mano.

El gesto fue claro.

Más ruido.

La respuesta fue inmediata. El volumen del público subió tanto que casi competía con el sistema de sonido. Neytan sonrió bajo el casco no se veía, pero se sentía en la forma en que movía la cabeza.

En la siguiente sección, bajó de golpe los graves, dejando solo el ritmo medio. Las luces pasaron a un azul profundo, casi frío. El humo se intensificó, cubriendo por momentos la cabina hasta la altura de la cintura.

El público no dejó de moverse. Seguían saltando, aun sin el bajo completo. Sabían que era parte del juego.

Neytan activó un loop corto en el CDJ-2000, repitiendo una sección rítmica mientras giraba lentamente el knob de reverb. El sonido se expandió, se volvió más grande, más espacial. El recinto parecía respirar.

Luego, con un movimiento seco, soltó el loop.

El drop regresó con toda su fuerza.

Los subwoofers rugieron. El suelo vibró. Las luces cambiaron a blanco total, acompañadas de estrobos rápidos que hicieron que todo pareciera moverse en cámara lenta y rápida al mismo tiempo. Los cañones de humo dispararon columnas gigantes que subieron varios metros por encima del escenario.

El público explotó.

Saltos sincronizados. Brazos en alto. Gritos que no se distinguían como palabras, solo como energía pura. Neytan empezó a moverse más, balanceándose, marcando el ritmo con la cabeza y los hombros.

En una de las transiciones finales, Neytan cortó el sonido por completo durante una fracción de segundo usando el fader.

Silencio.

Un latido después, devolvió todo.

El impacto fue brutal. El público respondió con un rugido que hizo vibrar incluso la cabina. Algunas luces apuntaron directamente al público, iluminando miles de rostros sudados, sonrientes, completamente entregados.

Neytan levantó ambos brazos, girándolos en el aire, animando a que saltaran más alto, más fuerte. La respuesta fue total. El recinto entero parecía saltar al mismo tiempo.

Ya en los últimos compases, Neytan empezó a cerrar la canción con control absoluto. Bajó lentamente los graves, abrió el filtro, dejó que el sonido se fuera transformando en algo más liviano. Las luces pasaron de blanco a dorado, luego a azul suave. El humo comenzó a disiparse.

Las luces del escenario se apagan casi por completo.

Durante unos segundos, el recinto queda envuelto en una penumbra profunda, rota únicamente por un resplandor azul tenue que baña la cabina. Neytan permanece inmóvil frente al Pioneer CDJ-2000, ambas manos apoyadas con calma sobre la mesa, sintiendo la respiración del público, escuchando los gritos que aún no se apagan del todo.

Bajo el casco blanco, inclina levemente la cabeza.

Sabe que Rise no es una canción cualquiera.

Es un momento.

Un mensaje.

Con la mano derecha presiona CUE y escucha el inicio por los Pioneer HDJ-2000. Ajusta el pitch fader con precisión milimétrica. Con la izquierda abre apenas el canal en la DJM-900 Nexus, dejando que el sonido entre como una brisa lenta.

Las primeras notas comienzan a flotar en el aire.

Las luces cambian a tonos violeta y azul profundo, moviéndose lentamente, como si respiraran. El humo empieza a deslizarse desde los laterales del escenario, suave, casi etéreo. El público baja un poco la intensidad, no por desinterés, sino por respeto al momento.

Neytan sube lentamente el fader.

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise ‘till we fall

They say we got no no no no future at all

They wanna ke-ke-keep us out but they can’t hold us down anymore

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise ‘till we fall

When we hit the bottom, nothing gonna stop us

Climb to the top with you

We’re gonna be the greatest, ones who never made it

Yeah I could be talking to you

They tryna hate hate hate

But we won’t change, change anything at all

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise ‘till we fall

They think we just drop-outs

Living at our mom’s house

Parents must be so proud

They know it all

No, they don’t speak our language

They say we’re too savage, yeah

No, no we don’t give a- anymore

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise ‘till we fall

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise ‘till we fall

No, they don’t speak our language

They say we’re too savage, yeah

No, no we don’t give a- anymore

El público reconoce el inicio al instante. Se escuchan gritos aislados que se transforman en un murmullo colectivo. Muchos levantan los brazos sin que Neytan lo pida. Otros cierran los ojos. Algunos simplemente se quedan quietos, sintiendo.

Neytan gira el EQ de medios, dándole más presencia a la melodía. Ajusta la reverb con cuidado, creando un espacio amplio, envolvente. El sonido no golpea: abraza.

Las pantallas detrás del escenario muestran visuales lentos: luces que ascienden, formas abstractas que parecen elevarse. Todo refuerza la idea de crecimiento, de levantarse.

Neytan da un paso atrás, observa al público y levanta una mano, marcando el ritmo con los dedos. No necesita hablar. El mensaje se entiende.

A medida que la canción avanza, comienza a preparar la transición. Baja ligeramente los graves, dejando la melodía casi suspendida en el aire. El público empieza a cantar, incluso sin música fuerte. Las voces se mezclan en una sola.

Las luces se intensifican, ahora con destellos blancos suaves que acompañan cada compás.

Neytan mueve lentamente el filtro, cerrándolo y abriéndolo con precisión. El sonido sube, se acumula, genera tensión. El público siente que algo viene.

Neytan levanta ambos brazos y los mueve hacia arriba, animando a todos.

¡Vamos, todos juntos! dice con el micrófono, la voz firme, cargada de emoción.

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise ‘till we fall

Say we’re going no-no-no-no-no-no-nowhere

But what they don’t know know know is we don’t, don’t care

We’re gonna keepin’ on, keepin’ on going ‘till we can’t go no more

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise ‘till we fall

When we hit the bottom, nothing gonna stop us

Climb to the top with you

We’re gonna be the greatest, ones who never made it

Yeah I could be talking to you

They tryna hate hate hate

But we won’t change, change anything at all

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise ‘till we fall

La respuesta es inmediata.

En la mitad de la canción, el beat entra con más fuerza. Neytan devuelve los graves de golpe, pero controlados. El bajo no aplasta: impulsa. Las luces cambian a dorado y blanco, moviéndose hacia arriba, como si todo el escenario estuviera elevándose.

El público responde con emoción pura. Gritos, manos al cielo, saltos suaves que se vuelven más firmes. Neytan levanta ambos brazos y los mueve hacia arriba, animando a todos.

Miles de voces cantan al unísono. No importa si se equivocan. No importa si no todos saben cada palabra. El sentimiento es real. Neytan se queda unos segundos sin tocar nada, dejando que el público sea parte de la canción.

Luego vuelve a los controles.

Ajusta la compresión, refuerza los graves, añade un toque más de reverb en los últimos compases. El humo se espesa y las luces comienzan a moverse más rápido, acompañando el crecimiento final.

They think we just drop-outs

Living at our mom’s house

Parents must be so proud

They know it all

No, they don’t speak our language

They say we’re too savage, yeah

No, no we don’t give a- anymore

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise ‘till we fall

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise ‘till we fall

They don’t speak our language

They say we’re too savage, yeah

No, no we don’t give a- anymore

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise

We’re gonna ri-ri-ri-ri-rise ‘till we fall

Neytan prepara el cierre con cuidado. Reduce lentamente los elementos, dejando que la melodía respire por última vez. El público sigue cantando, incluso cuando la música baja de intensidad.

Las luces bajan lentamente después del tema Rise, dejando el escenario sumido en una penumbra azulada. El humo aún flota en el aire, disipándose con lentitud, mientras el público sigue gritando, sin saber exactamente qué viene después, pero con la certeza de que Neytan aún guarda algo especial.

Neytan permanece quieto detrás de la cabina. Bajo el casco blanco, inclina ligeramente la cabeza y apoya ambas manos sobre la DJM-900 Nexus. Con un gesto calmado, presiona CUE en el CDJ-2000 izquierdo. En sus auriculares Pioneer HDJ-2000 escucha el inicio de Seek Bromance.

Ajusta el pitch fader con precisión quirúrgica. No hay prisa. Siente el tempo, respira con la pista.

Con la mano derecha abre lentamente el fader del canal. El sonido entra suave, casi tímido, como un recuerdo lejano.

I’ve been watching you

You’ve been hurting too

You give all your love

Nothing left to show

I have been there too

Alone in my despair

Watching life go by

No one whom to share

Boy you got it bad

But I got something good

I will treat you good in every way, yeah

You will never feel alone

My touch is such a rush

It, oh, oh, oh, overflows

I’ll get to you the love you seek and more

So what are you waiting for

I’ll get to you the love you seek and more

Las primeras notas envuelven el recinto. Las luces cambian a tonos rosados y violetas, moviéndose de forma lenta y elegante. El público reconoce la canción casi de inmediato. Se escuchan gritos, luego aplausos, luego un murmullo colectivo que va creciendo.

Neytan sube un poco los medios con el ecualizador, dejando que la melodía brille. Con la otra mano ajusta la reverb, dándole profundidad y espacio. El humo se desliza por el escenario como una neblina suave, creando una atmósfera íntima.

Muchos en el público levantan los brazos sin que nadie lo pida. Algunos se abrazan. Otros cierran los ojos. Seek Bromance toca algo distinto: nostalgia, unión, conexión.

Neytan da un paso al frente y levanta una mano lentamente, marcando el ritmo en el aire. El público lo sigue. Miles de manos se mueven al mismo tiempo, como olas sincronizadas.

A medida que la canción avanza, Neytan comienza a preparar el crecimiento. Reduce los graves con cuidado, dejando que la tensión se acumule. Gira el filtro lentamente, cerrándolo y abriéndolo con sutileza. Las luces empiezan a moverse un poco más rápido, ahora en tonos blancos y dorados.

I’ll get to you the love you seek and more

Your what I’m waiting for you

I will give to you

The love you seek and more

(Your all I really need)

I will get to you the love you seek and more

So what are you waiting for

I’ll get to you the love you seek and more

El público empieza a cantar más fuerte. Las voces se elevan por encima de la música. Neytan observa la multitud y levanta ambos brazos, animándolos. No necesita hablar. El gesto lo dice todo.

Cuando la canción se acerca a la mitad, Neytan devuelve los graves de golpe, pero controlados. El bajo entra profundo, envolvente. Las luces estallan en destellos rítmicos que acompañan cada golpe del beat. El humo se intensifica, creando una escena casi irreal.

Baby here we are standing face to face

Just the two of us locked in your embrace

Now I got it bad but you got something good

Won’t you treat me good in every way, yeah

Are you ready

I can feel your passion and your love

It, oh, oh, oh, overflows

I’ll get to you the love you seek and more

So what are you waiting for

I’ll get to you the love you seek and more

En la mitad exacta de la canción, Neytan toma el micrófono con una mano, sin dejar de controlar la mezcla con la otra.

¡Vamos! grita ¡Levanten las manos!

El público responde con una energía brutal. Miles de brazos al cielo, saltos, gritos. El recinto vibra. Neytan levanta ambos brazos y los mueve de arriba hacia abajo, marcando el ritmo, guiando a la multitud como si fuera un solo organismo.

Durante unos segundos, baja ligeramente el volumen, dejando que el público cante solo. Las voces llenan el espacio. Neytan sonríe bajo el casco. Este es el momento.

Vuelve a subir el fader. Ajusta la compresión, refuerza el sidechain, haciendo que el bajo respire con el kick. El sonido golpea con claridad, potente pero limpio.

La canción entra en su tramo final.

Las luces se vuelven más intensas, mezclando azules, blancos y dorados. Los visuales muestran formas abstractas que se entrelazan, reflejando la idea de conexión humana. El público no deja de moverse, de cantar, de levantar las manos.

I got love you seek

I got love you seek

I got love you seek

I got love

I’ll get to you the love you seek and more

So what are you waiting for

I’ll get to you the love you seek and more

(The love you seek, baby, its in me)

The love you seek and more

(Your always want, baby)

I’ll get to you the love you seek and more

Neytan comienza a preparar el cierre. Reduce poco a poco los elementos, dejando que la melodía principal flote por última vez. El público sigue cantando incluso cuando la música empieza a bajar.

El último eco de la canción Seek Bromance todavía flotaba en el aire cuando Neytan volvió a colocarse ambos auriculares bajo el casco. El público seguía gritando, algunos sin saber exactamente qué venía después, otros atentos a cada gesto mínimo desde la cabina. La energía no había bajado; estaba contenida, expectante, como si todos supieran que el siguiente momento iba a ser especial.

Neytan apoyó la mano izquierda sobre el Pioneer CDJ-2000 del canal uno. Con la derecha, pasó lentamente los dedos por la DJM-900 Nexus, revisando niveles, confirmando que todo estuviera en su punto. No había prisa. Two Million necesitaba espacio para entrar.

Las luces del escenario se apagaron casi por completo, dejando solo un resplandor blanco muy tenue que iluminaba el casco de Marshmello. En las pantallas traseras apareció un contador abstracto, números que subían lentamente, como una metáfora visual del crecimiento, del recorrido, del momento que representaba esa canción.

Neytan presionó CUE.

Escuchó el inicio solo para él. Ajustó el pitch fader con una precisión casi quirúrgica. Luego bajó el EQ de graves, dejando solo medios y agudos listos para filtrarse. Cuando abrió el canal, el sonido entró suave, elegante, sin golpe, como si se deslizara por el aire.

El público comenzó a reaccionar de inmediato. No con gritos descontrolados, sino con un murmullo que se transformó en aplausos rítmicos. Algunos reconocieron la canción al instante. Otros simplemente sintieron que algo importante estaba ocurriendo.

Neytan levantó lentamente una mano, palma abierta hacia el público, pidiéndoles calma, conexión. Con la otra mano giró el filtro hacia la izquierda, cerrándolo poco a poco. El sonido se volvió más íntimo, más contenido. Las luces pasaron a tonos azules profundos, moviéndose en líneas verticales, como si subieran desde el suelo hacia el cielo.

El humo comenzó a salir desde los costados del escenario, bajo, espeso, cubriendo los pies de la multitud. El escenario parecía flotar.

A medida que la canción avanzaba, Neytan empezó a construir la tensión. Subió apenas los medios, añadió un toque sutil de reverb, y dejó que la melodía se expandiera. El público ya estaba completamente dentro. Manos en alto, cabezas moviéndose al ritmo, cuerpos balanceándose como uno solo.

Neytan dio un paso atrás y levantó ambos brazos, moviéndolos lentamente hacia arriba. No gritó. No habló aún. Solo marcó el ritmo con gestos amplios. El mensaje era claro: esto es de todos.

Cuando la canción comenzó a acercarse al primer momento fuerte, Neytan regresó a los controles. Bajó el volumen general apenas, creando un falso silencio. El público respondió instintivamente: gritos, aplausos, anticipación pura.

Con un movimiento firme, devolvió los graves.

El golpe entró limpio, profundo. El sistema de sonido vibró. Las luces explotaron en blanco y dorado, sincronizadas con el beat. El humo se disparó hacia arriba, y el público saltó al unísono.

Neytan levantó los brazos con fuerza, moviéndolos arriba y abajo, animando a todos. El público lo imitó sin pensarlo. Miles de manos en el aire, subiendo y bajando al mismo ritmo. El recinto entero parecía respirar con la música.

En la DJM-900 Nexus, ajustó la compresión, asegurándose de que el impacto fuera potente pero controlado. Giró ligeramente el EQ de graves, dándole más cuerpo al bajo. Cada ajuste era mínimo, pero preciso.

Las pantallas mostraban ahora visuales dinámicos: cifras abstractas, luces que se multiplicaban, símbolos que representaban éxito, crecimiento, conexión. Two Million no solo sonaba: se sentía.

Neytan tomó el micrófono con una mano y levantó la otra bien alto.

—¡Arriba esas manos! —dijo con energía.

La respuesta fue inmediata. El público gritó con más fuerza, levantando los brazos aún más alto. Algunos saltaron. Otros cerraron los ojos y cantaron lo que podían. No importaba la exactitud; importaba el momento.

Neytan dejó el micrófono y volvió a los controles. Preparó una pequeña variación: bajó los graves por un compás, añadió un delay corto, y luego devolvió todo de golpe. El efecto fue eléctrico. El público reaccionó con un rugido colectivo.

Las luces ahora se movían en patrones rápidos, cruzándose sobre la multitud. El humo se disipaba y volvía a aparecer, marcando cada sección de la canción. Todo estaba sincronizado: sonido, luz, energía.

A mitad del tema, Neytan redujo ligeramente la intensidad. No para bajar la emoción, sino para que creciera aún más. Bajó el volumen, dejó solo la melodía y algunos elementos rítmicos. El público siguió moviéndose, siguiendo cada cambio.

Neytan volvió a levantar una mano, señalando al público, luego a su pecho, y nuevamente al público. Un gesto simple, pero cargado de significado. Esto lo hicimos juntos.

Cuando llegó el tramo final, Neytan preparó el cierre con cuidado. Ajustó los filtros, añadió un último empuje de graves, y dejó que la canción alcanzara su punto máximo. El público respondió con toda su energía restante. Saltos, gritos, aplausos, manos en el aire sin bajar.

El eco del tema Two Million todavía vibraba en las estructuras metálicas del escenario cuando Neytan volvió a colocarse ambos auriculares bajo el casco. No había prisa. Tsunami no se presentaba como cualquier canción: se anunciaba con el silencio, con la tensión, con esa pausa incómoda que hace que miles de personas contengan el aliento al mismo tiempo.

Las luces del escenario se apagaron casi por completo. Solo quedó un tenue resplandor azul oscuro iluminando la cabina. El humo comenzó a deslizarse lentamente desde el fondo, bajo, denso, como una niebla que avanzaba sin ruido. En las pantallas gigantes apareció una animación lenta, ondas que se movían como si algo enorme estuviera creciendo bajo la superficie.

Neytan apoyó ambas manos sobre la Pioneer DJM-900 Nexus. Bajó todos los canales excepto uno. Con la mano derecha giró el filtro lentamente, cerrándolo casi por completo. Con la izquierda ajustó el EQ, dejando apenas un rastro de agudos. Luego, sin mirar al público, presionó PLAY en el Pioneer CDJ-2000.

El primer sonido entró casi imperceptible.

No fue un golpe.

Fue una advertencia.

El público reaccionó con un murmullo colectivo. Algunos levantaron la cabeza, otros abrieron los ojos con sorpresa. Reconocieron el ambiente antes que la canción. La expectativa se propagó como electricidad entre la multitud.

Neytan levantó una mano, palma abierta hacia el público, pidiéndoles calma. No quería ruido todavía. Quería atención. Con la otra mano giró lentamente el fader, dejando que el sonido creciera centímetro a centímetro. Las luces comenzaron a moverse en ondas, azules y blancas, recorriendo al público como si fueran corrientes de agua.

El humo aumentó. Ya no solo cubría el escenario: avanzaba hacia la primera fila.

Neytan dio un paso atrás y observó. Miles de personas quietas, expectantes, con las manos a medio levantar, esperando la señal. Bajo el casco, sonrió. Volvió a la cabina y añadió un poco más de reverb, estirando el espacio sonoro, haciendo que cada elemento pareciera más grande de lo que era.

Cuando la tensión empezó a ser casi insoportable, Neytan bajó el volumen de golpe.

Silencio.

El público gritó instintivamente.

Neytan levantó ambos brazos y los mantuvo en el aire, pidiendo más. Los gritos crecieron. Miles de voces, un solo rugido. Entonces, con un movimiento seco, devolvió el sonido… pero aún sin soltar el golpe principal.

El bajo comenzó a insinuarse. Profundo. Pesado. Las luces pasaron a blanco intenso, cortando la oscuridad como relámpagos. El público empezó a saltar incluso antes del drop, incapaz de contener la energía.

Neytan movía la cabeza al ritmo, una mano en el EQ, la otra en el fader, ajustando cada detalle para que el impacto fuera perfecto. Bajó ligeramente los medios, reforzó los graves, y añadió un toque de sidechain que hacía que el bajo respirara con cada pulso.

El escenario parecía vibrar.

Cuando el momento llegó, Neytan levantó un brazo y lo bajó con fuerza.

El drop cayó como una ola gigante.

El sonido explotó. El bajo golpeó el pecho de cada persona presente. Las luces estallaron en blanco, azul y estrobos, sincronizadas con cada golpe. Los cañones de humo dispararon columnas gigantes hacia el cielo. El público saltó al unísono, como si el suelo hubiera desaparecido.

Neytan levantó ambos brazos, moviéndolos arriba y abajo con fuerza, animando a todos. El público respondió sin dudar. Manos en el aire. Saltos. Gritos. El lugar entero se convirtió en una masa en movimiento.

A mitad de la canción, Neytan volvió a tomar el micrófono. La música seguía golpeando, pero él bajó apenas el volumen, lo justo para que su voz se escuchara.

¡Vamos más fuerte! ¡Esos gritos, que todos nos escuchen!

El público respondió con una explosión aún mayor. Los gritos se elevaron por encima del sonido. Neytan señaló al público, girando sobre sí mismo, incitándolos a no parar. Volvió a subir el volumen de golpe y el bajo regresó con más fuerza.

Las luces cambiaron de patrón, ahora moviéndose en círculos gigantes, simulando remolinos. Las pantallas mostraban olas gigantes rompiendo en cámara lenta. El humo se dispersaba y volvía a aparecer, como espuma.

Neytan jugó con los controles. Bajó el bajo por un compás, lo devolvió al siguiente. Añadió un roll rápido. Cerró el filtro y lo abrió de golpe. Cada movimiento provocaba una reacción inmediata del público, como si estuvieran conectados directamente a sus manos.

El público no dejó de saltar. Algunos gritaban el nombre de Marshmello. Otros simplemente levantaban los brazos, completamente entregados. La energía era brutal, cruda, sin filtros.

En el tramo final, Neytan preparó el último golpe. Bajó lentamente el volumen, creando una falsa calma. Las luces se apagaron casi por completo. El público siguió gritando, sabiendo que algo más venía.

Neytan levantó una mano, la mantuvo en alto unos segundos… y luego la bajó.

El último impacto cayó con toda la fuerza posible. Luces al máximo. Humo. Bajo profundo. El público explotó en un último salto colectivo.

El ambiente cambió por completo en el instante en que Neytan cerró el canal anterior. La energía explosiva de la canción previa se disipó lentamente, como si el aire mismo se hubiera vuelto más pesado. Las luces blancas y azules se apagaron una a una hasta dejar el escenario sumido en una penumbra profunda. Solo quedó un resplandor rojizo, bajo, inquietante.

Neytan se inclinó sobre la Pioneer DJM-900 Nexus, bajando los faders con precisión quirúrgica. Con la mano derecha giró lentamente el filtro paso bajo, oscureciendo el sonido hasta dejarlo casi irreconocible. Con la izquierda ajustó los graves, dándoles una presencia densa, más sentida que escuchada. El humo comenzó a salir en capas bajas, deslizándose por el suelo del escenario como niebla nocturna.

En las pantallas apareció una estética minimalista: sombras, figuras abstractas, colores oscuros que se movían lentamente. El público, que aún jadeaba por el impacto anterior, comenzó a quedarse en silencio. No por falta de energía, sino por intuición. Sabían que esto era diferente.

Neytan presionó PLAY en el Pioneer CDJ-2000 tema Sub Urban.

El primer sonido entró seco, áspero, con un carácter crudo. No era una invitación a saltar. Era una invitación a sentir. Neytan dejó una mano apoyada sobre el EQ, ajustando sutilmente los medios para que el sonido cortara el aire. Las luces cambiaron a tonos rojos y violetas, moviéndose lentamente, como respirando al ritmo de la música.

I live inside my own world of make-believe

Kids screaming in their cradles profanities

I see the world through eyes covered in ink and bleach

Cross out the ones who heard my cries and watched me weep

I love everything

Fire’s spreading all around my room

My world’s so bright

It’s hard to breathe

But that’s alright

(Hush)

El público comenzó a balancearse. Cabezas que se movían de lado a lado. Miradas fijas en el escenario. Algunos levantaban una mano, otros simplemente cerraban los ojos. No había saltos aún. Había concentración.

Neytan dio un paso atrás y observó. Luego volvió al mixer y añadió un toque de distorsión ligera, haciendo que el sonido se sintiera más sucio, más humano. El humo aumentó, ahora subiendo lentamente hasta rodearlo por completo, haciendo que su silueta blanca destacara como una figura irreal en medio de la oscuridad.

Con un movimiento lento, Neytan subió el fader del canal principal. Las luces comenzaron a parpadear suavemente, sincronizadas con el ritmo. El público reaccionó con murmullos y gritos contenidos. Sabían que algo se estaba construyendo.

Cuando la canción empezó a tomar forma, Neytan levantó una mano, pidiendo atención. No gritó. No habló. Solo ese gesto bastó. Miles de personas lo entendieron al instante.

Al llegar a la mitad, Neytan empezó a jugar más con los controles. Cerró el filtro por completo durante un segundo… y lo abrió de golpe. El golpe de sonido sacudió al público. Algunos gritaron, otros levantaron ambos brazos. Las luces cambiaron a un patrón más agresivo: flashes rojos, sombras negras, estrobos breves que cortaban la oscuridad como cuchillas.

Tape my eyes open to force reality (oh no, no)

Why can’t you just let me eat my weight in glee?

I live inside my own world of make-believe

Kids screaming in their cradles profanities

Some days I feel skinnier than all the other days

Sometimes I can’t tell if my body belongs to me

I love everything

Fire’s spreading all around my room

My world’s so bright

It’s hard to breathe

But that’s alright

(Hush)

El humo explotó desde los laterales del escenario, envolviendo la cabina. Neytan se movía con el ritmo, marcando cada golpe con la cabeza. Ajustó los agudos, dejándolos brillar lo justo para que el sonido se sintiera afilado sin ser estridente. El público empezó a moverse más fuerte, saltos cortos, cuerpos empujándose suavemente, una energía contenida pero intensa.

Neytan señaló al público, luego giró su dedo en el aire, animándolos a seguir el ritmo. Las primeras filas respondieron al instante, levantando las manos y moviéndolas al compás. El resto los siguió. No era caos. Era control.

Las pantallas mostraban ahora formas geométricas que se rompían y recomponían. Cada golpe de bajo coincidía con un cambio visual. Neytan bajó el volumen durante medio compás… y lo devolvió con más fuerza. El público gritó con sorpresa.

I wanna taste your content

Hold your breath and feel the tension

Devils hide behind redemption

Honesty is a one-way gate to hell

I wanna taste consumption

Breathe faster to waste oxygen

Hear the children sing aloud

It’s music ‘til the wick burns out

(Hush)

Antes de llegar al final, Neytan preparó el último tramo. Bajó progresivamente los graves, dejando el sonido más ligero, más tenso. Las luces se oscurecieron otra vez, quedando solo un foco blanco sobre él. El humo se disipó lentamente, revelando la cabina y su figura inmóvil por un instante.

El público comenzó a gritar su nombre. Algunos coreaban, otros simplemente levantaban los brazos pidiendo más. Neytan apoyó ambas manos sobre la DJM-900, respiró hondo y miró al frente.

Con un movimiento firme, devolvió los graves. El impacto fue inmediato. Las luces regresaron con fuerza, ahora mezclando rojo, blanco y púrpura, moviéndose más rápido. El público volvió a saltar, esta vez sin reservas.

Just wanna be care free, lately, yeah

Just kickin’ up daisies

Got one too many quarters in my pockets

Count ‘em like the four leaf clovers in my locket

Untied laces, yeah

Just trippin’ on daydreams

Got dirty little lullabies playin’ on repeat

Might as well just rot around the nursery and count sheep

En el final, Neytan soltó lentamente los controles. Dejó que la canción se consumiera por sí sola. Bajó el volumen poco a poco, cerrando el filtro hasta que solo quedó un eco distante. Las luces se apagaron una a una. El humo se disipó por completo.

El escenario aún vibraba por la canción anterior cuando Neytan se inclinó sobre la Pioneer DJM-900 Nexus. Con un movimiento suave pero decidido, cerró el canal que acababa de sonar y dejó que el eco se perdiera lentamente en el aire. Las luces bajaron de intensidad, pasando a tonos azules profundos y blancos suaves, creando una atmósfera más abierta, menos oscura, como si el ambiente se estuviera preparando para algo más grande.

Neytan colocó la mano derecha sobre el Pioneer CDJ-2000, ajustando el tempo con precisión milimétrica. No miraba al público todavía; sus ojos estaban en la forma de onda que avanzaba en la pantalla. Con la izquierda, ajustó los medios para limpiar el sonido y dejar espacio a lo que estaba por venir. El humo comenzó a salir lentamente desde la parte trasera del escenario, no denso, sino ligero, flotando como nubes bajas.

Presionó PLAY.

El primer golpe sonó claro, brillante. No agresivo, sino firme. Neytan subió lentamente el fader principal, dejando que el ritmo se filtrara poco a poco en el cuerpo del público. Las luces comenzaron a moverse de arriba hacia abajo, como si siguieran la respiración de la música. Blancos intensos mezclados con azules eléctricos iluminaban la multitud.

Yeah my head’s a mess

Cause you got me growing taller everyday

We’re giants

In a little man’s world

My heart is pumping up so big that it could burst

Been trying so hard not to let it show

But you got me feeling like

I’m stepping on buildings, cars and boats

I swear I could touch the sky

I’m ten feet tall

I’m ten feet tall

oh, oh, oh

El público reaccionó casi de inmediato. Manos que se levantaban, sonrisas que aparecían, gente mirándose entre sí con complicidad. Neytan levantó una mano, marcando el ritmo en el aire, mientras con la otra giraba suavemente el filtro, dándole más presencia al sonido sin romper la armonía.

Con un toque preciso, añadió más graves, haciendo que el suelo vibrara ligeramente. El público empezó a saltar, primero de forma tímida, luego con más confianza. Neytan dio un paso atrás, observando cómo la energía crecía. Asintió para sí mismo y volvió a la cabina.

Las pantallas mostraban luces verticales que subían y bajaban, reforzando la sensación de altura, de expansión. Neytan ajustó los agudos, haciendo que cada golpe se sintiera limpio, claro, casi eufórico. El humo aumentó un poco, pero siempre dejando visible al público y la cabina.

La canción avanzaba y Neytan jugaba con los controles con total naturalidad. Bajaba el volumen por fracciones de segundo, solo para devolverlo con más fuerza. Cada vez que lo hacía, el público gritaba, levantando los brazos más alto.

Al llegar a la mitad, Neytan tomó el micrófono con una mano mientras la otra seguía controlando el mixer. Bajó ligeramente el volumen, dejando el ritmo de fondo marcando el pulso. Las luces se detuvieron un instante, quedando fijas en un blanco intenso que iluminaba a toda la multitud.

Neytan levantó el micrófono y dijo con voz firme y clara

¡Vamos, todos canten, todos juntos!

I’ll be careful

So don’t be afraid

You’re safe here

No these arms won’t let you break

I’ll put up a sign in the clouds

So they all know

That we ain’t ever coming down

Been trying so hard not to let it show

But you got me feeling like

I’m stepping on buildings, cars and boats

I swear I could touch the sky

I’m ten feet tall

oh, oh, oh

I’m ten feet tall

oh, oh, oh

El público respondió al instante. Miles de voces se unieron, cantando al unísono, levantando las manos, saltando sin parar. Neytan sonrió debajo del casco y volvió a soltar el micrófono. Con un movimiento rápido, abrió completamente el fader y devolvió toda la potencia del sonido.

Las luces explotaron en colores blancos y azules, moviéndose ahora mucho más rápido. El humo salió con más fuerza desde los laterales, envolviendo el escenario mientras el público cantaba con más emoción. Neytan marcaba el ritmo con ambas manos en el aire, animándolos a seguir, a no bajar la energía.

Giró el EQ con precisión, asegurándose de que todo sonara limpio incluso con la intensidad máxima. Cada golpe caía exactamente donde debía. El público estaba completamente entregado. No había teléfonos en alto, solo manos y cuerpos en movimiento.

Neytan se inclinó una vez más sobre la DJM-900, aplicando un filtro ascendente, creando tensión. Las luces se cerraron poco a poco, enfocándose solo en el escenario.

You build me up

Make me what I never was

You kill me up

From nothing into something

Yeah, something from the dust

Been trying so hard not to let it show

But you got me feeling like

I’m stepping on buildings, cars and boats

I swear I could touch the sky

I’m ten feet tall

oh, oh, oh

I’m ten feet tall

oh, oh, oh

I’m ten feet tall

oh, oh, oh

I’m ten feet tall

oh, oh, oh

En el final, Neytan soltó el filtro de golpe. El sonido volvió con toda su fuerza por última vez. Las luces iluminaron todo el lugar, el humo se disipó lentamente y el público saltó como si el suelo no existiera.

El último eco de la canción Ten Feet Tall todavía flotaba en el aire cuando Neytan volvió a la cabina con calma absoluta. No había prisa. No había tensión. Solo certeza.

Sabía exactamente qué venía ahora.

Con la mano derecha apoyada sobre el Pioneer CDJ-2000, cargó la pista final. En la pantalla apareció el nombre que no necesitaba presentación. No miró al público, no miró a Victor ni a Andrés. Solo observó la forma de onda avanzar lentamente, esperando el momento exacto.

Las luces bajaron de golpe.

No oscuridad total.

Un azul profundo cubrió todo el escenario y la multitud quedó envuelta en una penumbra suave, casi íntima. El humo comenzó a salir lentamente desde el fondo, no agresivo, sino extendiéndose como una neblina baja que cubría el suelo del escenario.

Neytan ajustó el tempo con una precisión mínima, asegurándose de que todo encajara perfecto. Bajó los graves casi por completo y dejó que el inicio entrara limpio, sin empujar. Presionó PLAY.

El primer sonido se deslizó por el sistema de sonido como una respiración profunda. El público lo reconoció al instante. No hubo gritos aún. Hubo murmullos, risas nerviosas, miradas cómplices. Miles de personas sabían exactamente lo que estaba a punto de pasar.

Neytan subió lentamente el fader principal. No tocó nada más. Dejó que la canción hiciera su trabajo. Las luces comenzaron a moverse de forma horizontal, recorriendo al público como olas de luz blanca y azul. El humo se iluminaba con cada destello, creando capas en el aire.

El público empezó a moverse solo.

Primero balanceándose.

Luego levantando una mano.

Luego saltando.

Neytan observaba desde detrás de la cabina, inmóvil, casi como si no estuviera ahí. Solo intervenía cuando era necesario: un pequeño ajuste en los medios, un toque sutil en los agudos para que el sonido se abriera más. Cada movimiento era preciso, medido, sin exageraciones.

Cuando la canción empezó a crecer, las luces se intensificaron. Blancos brillantes cortaban la oscuridad mientras los azules se mantenían como base. El humo aumentó ligeramente, envolviendo la cabina y haciendo que Neytan pareciera flotar dentro del escenario.

El público ya no necesitaba nada.

No necesitaba indicaciones.

No necesitaba palabras.

Llegando a la mitad, Neytan redujo apenas el volumen, no para crear silencio, sino para dejar espacio. Las luces bajaron su intensidad y quedaron fijas apuntando hacia la multitud.

Y entonces pasó.

Miles de voces se elevaron al mismo tiempo, perfectamente sincronizadas, cantando sin que nadie se los pidiera:

Oh, sometimes I get a good feeling, yeah

Get a feeling that I never, never, never, never had before, no no

I get a good feeling, yeah

Oh, sometimes I get a good feeling, yeah

Get a feeling that I never, never, never, never had before, no no

I get a good feeling, yeah

Neytan no tocó nada durante esos segundos.

No movió un fader.

No giró un knob.

Solo miró.

Desde el escenario, veía un mar de personas cantando al unísono, brazos en alto, algunos con los ojos cerrados, otros gritando con una sonrisa imposible de borrar. Las luces acompañaban el ritmo de las voces, subiendo y bajando suavemente, como si respiraran junto al público.

Cuando la canción retomó toda su fuerza, Neytan devolvió lentamente los graves, dejando que el golpe entrara limpio y poderoso. El suelo vibró. El público saltó con más fuerza. El humo explotó desde los laterales del escenario, esta vez más denso, iluminado por flashes blancos que encendían y apagaban el lugar como latidos.

Neytan levantó ambas manos por un segundo, no para animar, sino para agradecer. Luego volvió a la cabina y dejó que la canción avanzara hacia su final. Ajustó apenas el filtro, limpiando el sonido para que cada elemento se sintiera claro hasta el último segundo.

Las luces comenzaron a abrirse, iluminando todo el recinto. Ya no había colores oscuros. Solo blanco puro, mostrando al público completo, miles de personas unidas en un mismo momento.

El último sonido se desvaneció lentamente.

Neytan bajó el fader con suavidad, respetando el cierre.

No hubo corte brusco.

No hubo efectos extra.

Solo el final.

Durante un segundo no hubo música.

Solo gritos.

Aplausos.

Un rugido interminable.

Neytan levantó ambos brazos. Se inclinó ligeramente hacia adelante. Luego señaló al público, tocó su pecho y volvió a señalarles.

Levels había cerrado el set.

Y nadie en ese lugar lo iba a olvidar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo