MARSHMELLO - Capítulo 36
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Capítulo 36: Capitulo 35
Jueves 15 de diciembre — SilverLine Records, Estudio 1 — 10:20 a. m.
El Estudio 1 de SilverLine Records estaba envuelto en una atmósfera tranquila y profesional, ese tipo de silencio que no es vacío, sino cargado de intención. Las paredes estaban cubiertas por paneles acústicos de tonos oscuros, diseñados para absorber cualquier reverberación innecesaria. Frente a la consola principal, una enorme mesa de control con faders motorizados, pantallas LED y perillas perfectamente alineadas ocupaba el centro del espacio.
Neytan estaba sentado en la silla principal, ligeramente inclinado hacia adelante, con los codos apoyados en los descansabrazos. Frente a él, las pantallas mostraban la sesión abierta de “Prism”, ya completamente mezclada y masterizada. Las ondas de audio se extendían a lo largo de la línea de tiempo como una historia visual que él conocía de memoria, pero que aun así seguía observando con atención casi quirúrgica.
A su lado derecho, Victor permanecía de pie, con los brazos cruzados, apoyando el peso de su cuerpo sobre una pierna. Tenía esa expresión de alguien que ya había tomado una decisión, pero que respetaba demasiado el proceso creativo como para imponerla sin más.
La canción avanzaba por los monitores de referencia del estudio con una claridad impecable.
El intro era limpio, etéreo. Los pads envolventes abrían el espacio poco a poco, mientras los primeros vocal chops de Laura Brehm aparecían como destellos de luz, suaves pero emocionales. El subgrave entraba con elegancia, sin invadir, sosteniendo la base armónica con precisión milimétrica. Cada transición estaba medida, cada automatización respiraba con naturalidad.
Victor rompió el silencio cuando la pista terminó por cuarta vez.
Ya la escuchamos como cuatro veces seguidas dijo finalmente, soltando los brazos y acercándose un poco más a la consola. Incluso con descansos entre una y otra. Y siendo honesto… suena muy bien. Está lista para publicarse en cualquier momento.
Neytan no respondió de inmediato. Sus ojos seguían fijos en la pantalla, como si todavía buscara algo oculto entre los segundos finales del track. No era duda técnica; eso ya estaba resuelto. Era otra cosa.
Lo sé dijo al fin, con voz calmada. Técnicamente está cerrada. No hay nada que corregir en mezcla ni en master.
Victor asintió, esperando.
Pero aún falta algo, continuó Neytan. El último videoclip. Está en el calendario, y quiero que todo salga en el orden correcto.
Victor se apoyó con una mano en la mesa y exhaló lentamente.
Bien, entonces dijo. Eso nos lleva a la pregunta importante.
Giró ligeramente la silla de Neytan para quedar frente a él, en un gesto informal pero directo.
¿Cuál publicamos primero? preguntó. “Prism” con Laura Brehm… o “Stay The Night” con Hayley Williams.
El nombre de ambas canciones quedó flotando en el aire, como si el estudio mismo entendiera el peso de la decisión.
Neytan se recostó en la silla y pasó una mano por el borde inferior de su casco, un gesto casi inconsciente. Sus pensamientos comenzaron a ordenarse uno tras otro.
Ahí es donde estoy indeciso admitió finalmente. Las dos representan momentos distintos, energías distintas… y públicos distintos.
Victor levantó una ceja, interesado.
Explícate.
Neytan giró ligeramente la silla hacia una de las pantallas laterales y abrió una carpeta con gráficos y notas.
“Prism” es más emocional comenzó. Tiene ese aire etéreo, introspectivo. La voz de Laura conecta desde otro lugar, más atmosférico. Es una canción que no grita, pero se queda contigo.
Hizo una pausa breve.
Es perfecta para cerrar el año. Para mostrar evolución, madurez.
Victor asintió lentamente.
¿Y “Stay The Night”?
Neytan cambió de carpeta. La imagen conceptual del otro tema apareció en pantalla.
“Stay The Night” es directa. Más accesible. Más energía. La voz de Hayley tiene fuerza, carácter. Es una canción que puede entrar fácil en radios, en playlists grandes. Tiene impacto inmediato.
Victor se quedó pensativo unos segundos.
Entonces, estratégicamente dijo, lanzar “Stay The Night” primero podría atraer más atención masiva… y luego “Prism” consolidaría tu identidad artística.
Neytan inclinó la cabeza.
Exacto. Pero también existe el riesgo de que “Prism” quede opacada si no la lanzamos en el momento correcto.
Se hizo un silencio breve, interrumpido solo por el zumbido suave del equipo encendido.
Victor sonrió de lado.
Lo que estás diciendo comentó es que no es una decisión de números. Es una decisión de narrativa.
Neytan levantó la mirada y lo miró directamente.
Sí. No quiero lanzar canciones solo por impacto. Quiero que tengan sentido entre sí.
Victor apoyó ambas manos en la mesa.
Déjame decirte algo como productor y como alguien que ha visto muchas carreras despegar y estancarse dijo. No todo el mundo piensa así. La mayoría lanza lo que “funciona”. Tú estás pensando en qué dice cada lanzamiento sobre quién eres.
Neytan no respondió, pero su expresión dejó claro que esas palabras le llegaban.
Mi recomendación continuó Victor sería esta: deja “Prism” como cierre del año. Es honesta, es emocional, y muestra crecimiento. “Stay The Night” puede abrir el 2012 con fuerza.
Neytan miró nuevamente la pantalla con la forma de onda de “Prism”.
Eso mismo estaba pensando admitió. Cerrar el año con algo que se sienta real. No forzado.
Victor sonrió.
Entonces ya tienes la respuesta.
Neytan respiró hondo.
Sí… solo necesitaba decirlo en voz alta.
El estudio permanecía lleno de ese silencio vibrante que solo existe después de escuchar una canción varias veces seguidas. Las pantallas de la consola mostraban aún la sesión abierta de Prism, y el eco emocional de la pista seguía flotando en el aire aunque ya no sonara. Victor se acomodó junto a la mesa de mezclas, revisando unos marcadores que había dejado olvidados la última vez que trabajaron ahí.
Bien dijo finalmente, rompiendo el clima silencioso. Ya hablamos sobre “Prism” y sobre “Stay The Night”. Pero dime algo… ¿y las demás canciones que estás haciendo con Laura Brehm?
El comentario cayó con naturalidad, pero tenía peso. Victor conocía perfectamente la dinámica de Neytan con los artistas con los que colaboraba: exigencia, detalle, precisión, y una conexión emocional muy particular. Laura Brehm no era la excepción… era, en muchos sentidos, uno de sus pilares creativos.
Neytan dejó de mirar la pantalla principal y giró apenas la cabeza.
Bueno… “Prism” ya está completamente cerrada respondió con calma. La mezcla, la masterización, los arreglos finales. Todo está donde tiene que estar. Pero las otras canciones…
Hizo una pequeña pausa, buscando las palabras correctas.
Las pistas ya están listas. Los instrumentos, la estructura, la atmósfera general. Todo eso está avanzado. Lo que falta es la letra.
Victor ladeó la cabeza.
¿La letra?
Sí confirmó Neytan. Le pasé las demos instrumentales hace unas semanas. Laura las escuchó todas y… bueno, me dijo que las letras que tenía en borrador no encajaban bien con lo que transmiten los temas.
Victor soltó una suave risa, sin burla, sino con complicidad.
Ah, entonces todo está normal.
Neytan lo miró.
¿Normal?
Victor cruzó los brazos, apoyándose en la consola.
Sí. Laura es perfeccionista. Y tú también. Así que esto era inevitable dijo con una sonrisa. Dos personas obsesionadas con el detalle nunca aceptan la primera versión de nada.
Neytan bajó un poco la mirada, como si aceptara esa verdad obvia.
Ella dijo que quiere mejorar las letras añadió. Que siente que las melodías y los versos preliminares no están a la altura de lo que transmiten las pistas. Me comentó que quiere reescribir varias partes desde cero.
Victor asintió lentamente.
La conozco dijo. No va a entregar una letra hasta que esté completamente segura de que cada palabra, cada frase, cada respiración esté alineada con la emoción del instrumental. Laura trabaja así. Si algo no le vibra al cien por ciento, no lo deja pasar.
Neytan apoyó sus manos sobre el borde de la mesa, mientras observaba su propia sesión abierta en la pantalla. Las ondas de audio parecían congeladas en un momento eterno.
Yo también quiero que se tomen el tiempo necesario —contestó—. Prefiero esperar un poco más y que las letras sean perfectas, antes que sacar algo apresurado.
Victor sonrió, satisfecho.
Eso es lo que te diferencia de muchos productores, ¿sabes? comentó. Que tú no buscas solo lanzar música. Buscas que cada canción cuente algo, que tenga alma, que conecte. Y Laura entiende eso mejor que nadie.
Neytan no respondió, pero su postura lo decía todo.
Además continuó Victor mientras se acomodaba en la silla secundaria, la química entre ustedes dos en lo musical es muy especial. Ya lo viste con “Prism”. Y te lo digo con total sinceridad: cuando un artista como Laura decide reescribir letras… es porque quiere entregar algo que quede en la historia, no solo en un disco.
Neytan giró apenas la silla para mirar su MacBook, donde tenía guardados los mensajes recientes que Laura le había enviado: notas, borradores, líneas tachadas, ideas sueltas, melodías propuestas. Ella había escrito:
“Necesito que la letra esté a la altura de la atmósfera que creaste. No quiero que sea buena. Quiero que sea perfecta.”
Él entendía esa sensación demasiado bien.
Sí dijo por fin, en voz baja. Laura quiere que cada palabra tenga significado. Yo también.
Victor se puso de pie nuevamente, caminando despacio por el estudio, como si necesitara moverse para acomodar mejor sus ideas.
¿Cuántas canciones quedan por cerrar con ella? preguntó.
Tres respondió Neytan. Una ya tiene parte de la letra, pero no está finalizada. Las otras dos están en proceso de reescritura completa.
¿Y cómo te sientes con eso?
Neytan no dudó.
Tranquilo. Prefiero que tome su tiempo. No me preocupa cuánto demore, mientras el resultado sea honesto.
Victor se rió con suavidad, apoyándose contra la pared.
Sabes… a veces olvido que tienes esa paciencia. La mayoría de artistas que trabajo quieren lanzar todo rápido, sin pensar en la trascendencia. Pero tú…
Yo no quiero hacer música solo por hacerla interrumpió Neytan, firme. Quiero que cada canción tenga identidad. Que cuando alguien la escuche, sienta algo real.
Victor volvió hacia él.
Y por eso funciona tan bien con Laura dijo. Porque ella también es así. Ella no entrega letras vacías. Ella escribe desde la sensibilidad, desde la emoción pura. Y tú compones desde la atmósfera. Es una combinación perfecta.
Neytan subió ligeramente el volumen del monitor y dejó sonar unos segundos de una de las pistas que aún estaban en proceso: un arpegio suave, acompañado de un pad profundo y una línea de bajo cálida. Era un tema que prometía ser íntimo, casi cinematográfico.
Victor cerró los ojos un instante.
Sí… murmuró. Esto pide una letra delicada. Matices. Sentimiento. Laura lo va a lograr. Tú también.
Neytan asintió despacio.
Por eso no tengo prisa.
Victor regresó a su lado y se apoyó de nuevo en la consola.
Perfecto entonces dijo. Laura mejora las letras, tú preparas las versiones finales de las pistas, y cuando ella esté lista lo grabamos todo. Sin presiones.
Neytan guardó la sesión y dejó que el silencio volviera a llenar el estudio.
Exacto respondió con calma. Haremos que valga la pena.
Victor giró lentamente la silla hacia Neytan, apoyando un codo sobre la consola mientras observaba la sesión cerrarse en la pantalla principal. El ambiente del estudio seguía cargado de ese silencio denso que aparece cuando una conversación importante está a punto de tomar otro rumbo.
Y dime dijo Victor con naturalidad, ¿cómo vas con Till It Hurts? ¿Ya está listo el tema con Ayden?
Hizo una breve pausa y añadió, con curiosidad genuina:
Por cierto, Neytan… ¿cómo la conociste?
Neytan no respondió de inmediato. Se quedó mirando los monitores apagados, como si la pregunta lo hubiera llevado de regreso a otro lugar, a otro momento. Sus dedos descansaban sobre el borde de la mesa, inmóviles, mientras ordenaba sus recuerdos.
Estuve por Europa dijo finalmente, con voz tranquila. En plena gira. Festivales, presentaciones, aeropuertos, hoteles… ya sabes cómo es.
Victor asintió. Conocía bien ese ritmo.
Cuando estás girando continuó Neytan, la música te encuentra incluso cuando no la buscas. Estás rodeado de DJs, productores, vocalistas, artistas de todo tipo. Escuchas sets completos, pruebas de sonido, playlists que suenan en camerinos, voces que aparecen de la nada entre un escenario y otro.
Hizo un pequeño gesto con la mano, como si señalara algo invisible en el aire.
Una noche, después de un festival, alguien puso una canción. No recuerdo quién, ni siquiera estaba prestando atención al principio. Pero entonces escuché su voz.
Victor levantó ligeramente las cejas.
¿Ayden?
Neytan asintió despacio.
Sí. Su timbre… tenía algo distinto. No era solo técnica. Era la forma en que cantaba, la intención. No sonaba forzada, no intentaba impresionar. Simplemente… transmitía.
Se inclinó un poco hacia adelante, más concentrado.
No pensé “voy a buscar una vocalista”. No estaba planeando nada. Fue más bien una idea que se quedó dando vueltas en mi cabeza. Pensé: quizás algún día haga una colaboración con ella.
Victor sonrió.
Y esa idea no te soltó.
Exacto respondió Neytan. Pasaron días. Seguí con la gira, con los shows, con el caos normal de los festivales. Pero cada vez que abría una nueva sesión en el estudio móvil, su voz volvía a mi mente. Empecé a imaginar cómo encajaría en un tema mío. Qué tipo de atmósfera necesitaría. Qué emociones podría transmitir.
Victor cruzó los brazos.
Así nacen las mejores colaboraciones comentó. No por estrategia, sino por intuición.
Neytan respiró hondo.
Cuando regresé al estudio, empecé a trabajar en Till It Hurts. Sin vocal aún. Solo la idea. El concepto. La tensión emocional. Quería que el tema tuviera ese punto donde todo duele, pero al mismo tiempo te empuja a seguir adelante.
Victor recordó la pista.
Es intensa dijo. Muy directa.
Lo es confirmó Neytan. Cuando la estructura estuvo clara, pensé que era el momento. Le escribí. Le envié una demo simple, sin demasiados adornos. Quería que escuchara la esencia, no el producto final.
¿Y qué dijo?
Neytan dejó escapar una leve sonrisa.
Que sintió el tema desde el primer segundo. Que la letra prácticamente se escribió sola. Eso no pasa siempre.
Victor soltó una risa baja.
Definitivamente no.
Con Ayden todo fluyó continuó Neytan. Grabó las voces rápido, pero con mucha intención. No necesitó cien tomas. Cada frase tenía emoción real. Por eso Till It Hurts ya está prácticamente listo.
Victor se recostó ligeramente en su asiento, dejando que el silencio del estudio respirara por unos segundos. Las luces tenues seguían encendidas, reflejándose en los paneles acústicos y en la superficie metálica de la consola. El aire aún vibraba con los restos de las últimas pistas reproducidas, como si las canciones se negaran a desaparecer del todo.
Entonces… dijo Victor finalmente, rompiendo la pausa ¿cuántas canciones más están hechas?
No fue una pregunta lanzada al azar. Había curiosidad real en su tono, pero también respeto. Sabía que, para Neytan, cada canción no era solo un archivo guardado en una carpeta: era tiempo, energía, noches sin dormir y decisiones creativas que no siempre eran fáciles.
Neytan no respondió de inmediato. Se levantó despacio de la silla y caminó unos pasos por el estudio, observando los instrumentos apoyados contra la pared, los sintetizadores conectados, los cables ordenados con precisión casi obsesiva. Todo ese espacio era una extensión de su mente.
Bastantes respondió al fin, con voz tranquila. Ya están listas unas cuantas.
Victor sonrió apenas, como si esa respuesta confirmara lo que ya sospechaba.
Lo imaginaba.
Neytan se apoyó en la mesa, cruzando los brazos.
La verdad continuó es que ahora el proceso es más fluido. No porque sea más fácil crear, sino porque no lo hago solo.
Victor asintió lentamente.
El equipo.
Exacto dijo Neytan. Gracias al equipo de músicos y productores que tengo, todo avanza mejor. Cada uno aporta algo distinto, algo que yo solo no podría cubrir al mismo nivel.
Se giró hacia la consola y empezó a nombrarlos, casi con naturalidad, pero con un respeto evidente en cada nombre.
Daniel Foster… dijo. Es quien mantiene todo estructurado. Siempre ve el panorama completo cuando yo estoy demasiado metido en los detalles.
Victor sonrió.
Tiene oído de arquitecto musical.
Sofia Renner continuó Neytan aporta sensibilidad. Ella sabe cuándo una melodía necesita respirar, cuándo una progresión debe simplificarse para que la emoción llegue más clara.
Eso se nota comentó Victor. Tiene un toque muy humano.
Lucas Fairchild se encarga de empujar los límites siguió Neytan. Siempre pregunta “¿y si probamos algo distinto?”. Gracias a él, muchos temas no se quedan en lo seguro.
Victor soltó una leve risa.
El que no deja que te acomodes.
Mateo Ríos dijo Neytan tiene un sentido rítmico increíble. Él es quien logra que los grooves tengan cuerpo, que no solo se escuchen bien, sino que se sientan.
Hizo un pequeño gesto con la cabeza.
Hana Ishikawa entiende las atmósferas como nadie. Texturas, capas, espacios… Ella convierte una idea simple en un paisaje sonoro.
Victor cerró los ojos un segundo, recordando algunas pistas.
Eso explica mucho.
James Morton es precisión continuó Neytan. Afinación, mezcla, limpieza. Gracias a él, cada elemento tiene su lugar sin perder carácter.
Y Eric Hale añadió Victor antes de que Neytan lo dijera.
Neytan sonrió.
Eric Hale es el equilibrio. Siempre sabe cuándo parar, cuándo una canción ya dijo todo lo que tenía que decir.
Se hizo un silencio breve, pero no incómodo. Era un silencio lleno de reconocimiento.
Con un equipo así dijo Victor, es lógico que tengas varias canciones listas.
Neytan asintió despacio.
Aun así, no las saco por sacar aclaró. Cada tema tiene que tener sentido. No quiero lanzar música solo para llenar espacios. Prefiero que cada canción represente un momento, una idea clara.
Victor se inclinó hacia adelante.
Y se nota. No estás produciendo en masa. Estás construyendo algo más grande.
Neytan miró las pantallas apagadas del estudio, como si pudiera ver allí el futuro.
Eso intento dijo. Que cada canción sea parte de una historia. De mi historia, pero también de la gente que la escucha.
Victor sonrió con calma.
Entonces, no importa cuántas estén hechas dijo. Importa que estén hechas así.
El zumbido suave del sistema eléctrico del estudio era casi imperceptible, pero constante. Una presencia silenciosa que solo se notaba cuando uno se detenía a escuchar de verdad. Las pantallas frente a Neytan mostraban formas de onda detenidas, congeladas en el tiempo, como si las canciones mismas estuvieran esperando una decisión final para volver a respirar.
Neytan giró lentamente la silla, apoyando un codo sobre el respaldo, y miró a Victor con expresión pensativa. No había prisa en su rostro. Era la mirada de alguien que estaba acostumbrado a pensar varios pasos adelante.
El equipo de música vendrá el veinte, ¿no es así? comentó finalmente, rompiendo el silencio. Para trabajar en algunos temas.
Su voz no era interrogativa del todo. Más bien sonaba como una confirmación que necesitaba escucharse en voz alta.
Victor, que estaba revisando unas notas en su tablet, levantó la vista con calma. Se quitó los audífonos del cuello y los dejó sobre la mesa antes de responder.
Sí dijo. Así es. El veinte vienen todos para seguir trabajando en los temas.
Hizo una breve pausa y miró alrededor del estudio, como si repasara mentalmente todo lo que ya habían avanzado allí.
Por ahora continuó, estamos solo revisando estas canciones… y algunos singles más.
Neytan asintió despacio. Su mirada volvió a las pantallas, pero esta vez no estaba viendo números ni pistas. Estaba viendo posibilidades.
Tiene sentido murmuró. No quiero que el equipo llegue y tengamos cosas básicas sin resolver.
Victor sonrió ligeramente.
Eso es muy tú.
Neytan soltó una leve exhalación, casi una risa sin sonido.
No es control dijo. Es claridad. Si llegamos con ideas confusas, todo se vuelve más lento.
Se inclinó hacia adelante y apoyó ambas manos sobre la consola, recorriendo con los dedos los faders, sin moverlos realmente. Era un gesto casi inconsciente, como si necesitara sentir el estudio para ordenar sus pensamientos.
Estas canciones añadió ya pasaron por demasiadas etapas como para tratarlas a la ligera.
Victor lo observaba con atención. Había trabajado con muchos artistas, pero pocos tenían esa relación tan íntima con su propio material.
Por eso estamos aquí ahora respondió. Escuchando, revisando, cuestionando. No creando desde cero, sino afinando.
Neytan giró la cabeza hacia él.
Exacto. Ahora no se trata de inspiración, sino de criterio.
El silencio volvió a instalarse entre ambos, pero esta vez estaba cargado de intención. Victor volvió a ponerse los audífonos y reprodujo uno de los temas. No subió el volumen demasiado. Era una escucha técnica, casi quirúrgica.
Neytan cerró los ojos.
Mientras la música avanzaba, su mente se alejaba del presente. Pensaba en el veinte. En el estudio lleno de voces, ideas cruzándose, discusiones creativas, risas, desacuerdos, soluciones inesperadas. Cada miembro del equipo ocupando su lugar natural, como piezas de un mecanismo bien ensamblado.
Sabía que cuando todos estuvieran allí, el ambiente cambiaría por completo. Más energía, más ruido, más decisiones rápidas. Pero también sabía que ese caos controlado solo funcionaba si la base estaba sólida.
Cuando vengan dijo de pronto, sin abrir los ojos quiero que se concentren en lo nuevo. No quiero que pierdan tiempo en canciones que ya están prácticamente cerradas.
Victor bajó el volumen.
Por eso estamos separando bien las etapas respondió. Lo que ya está revisado, se queda fuera del debate. Lo que sigue en proceso, sí se abre.
Neytan abrió los ojos y lo miró.
Exacto.
Se levantó de la silla y caminó hacia la ventana del estudio, desde donde se veía el pasillo vacío del edificio. Todo estaba en calma. Demasiada calma, incluso.
A veces dijo siento que este momento es el más importante. No cuando lanzas la música. No cuando estás en el escenario. Sino justo antes, cuando decides qué merece salir al mundo.
Victor se quedó pensativo.
La gente no ve esto dijo. Solo escucha el resultado final.
Y está bien respondió Neytan. No necesitan ver el proceso. Pero nosotros sí tenemos que respetarlo.
Se giró de nuevo hacia la consola.
Estas canciones añadió no son solo tracks. Son fragmentos de tiempo. De giras, de viajes, de encuentros. No puedo tratarlas como si fueran intercambiables.
Victor asintió con seriedad.
Por eso el veinte no viene a “terminar canciones” dijo. Viene a elevarlas.
Neytan sonrió, apenas.
Exactamente.
Volvió a sentarse y colocó los audífonos con cuidado. Antes de dar play, se detuvo un segundo.
Gracias por mantener todo ordenado dijo. Sé que no siempre es fácil trabajar conmigo.
Victor soltó una pequeña risa.
Si fuera fácil, no valdría la pena.
El estudio volvió a quedarse en silencio cuando la última pista terminó de reproducirse. Las luces LED del rack seguían encendidas, parpadeando con suavidad, como si el equipo mismo respirara después de horas de trabajo. Neytan se quitó lentamente los auriculares y los dejó con cuidado sobre la mesa, alineándolos casi de forma obsesiva junto a la MacBook Pro.
Se quedó unos segundos mirando la pantalla, donde el proyecto seguía abierto, inmóvil, esperando. Luego apoyó la espalda en la silla y cruzó los brazos, con la mirada fija en el techo insonorizado.
Victor dijo al fin, rompiendo el silencio… ¿ya hay noticias de si tengo una reunión con los altos mandos o aún no?
No lo preguntó con ansiedad, sino con una calma contenida, como alguien que ya sabía que la respuesta podía ser ambigua. Aun así, necesitaba escucharla.
Victor, que estaba de pie junto a la consola revisando unos niveles por pura costumbre, tardó un poco en responder. No porque no supiera qué decir, sino porque estaba eligiendo cómo decirlo. Se giró despacio hacia Neytan y apoyó una mano sobre la mesa.
Bueno… empezó. De parte de Sony Music, el vicepresidente aún no dice nada concreto.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
Y acá, en SilverLine Records, tampoco hay nada confirmado todavía.
Neytan no reaccionó de inmediato. Asintió una sola vez, muy despacio, como si ya hubiera anticipado esa respuesta. Sus dedos tamborilearon suavemente sobre el apoyabrazos de la silla.
Pero añadió Victor lo más seguro es que en enero te llamen. Ya sabes… para ver cómo cierra tu año.
Neytan dejó escapar una pequeña exhalación. No era alivio, ni frustración. Era aceptación.
Tiene sentido murmuró. Siempre esperan a que termine todo para sacar conclusiones.
Giró la silla un poco hacia un lado y miró el estudio desde otra perspectiva. A esas alturas, ese lugar ya no le imponía. Era casi una extensión de él mismo.
¿Y fechas? preguntó entonces. ¿Ya tengo fechas para próximas presentaciones o aún no?
Victor negó con la cabeza lentamente.
Por ahora, no —respondió—. Nada cerrado.
Se encogió de hombros con naturalidad.
Quizás te contacten en unos días.
Neytan entrecerró ligeramente los ojos y lo miró de reojo.
¿“Quizás”? repitió. Eso suena a que sabes algo más.
Victor sonrió apenas, una de esas sonrisas que no confirman nada pero tampoco lo niegan.
Lo único que sé dijo es que… te vas a divertir.
Neytan soltó una risa corta, incrédula.
Eso no es información respondió. Eso es una provocación.
Victor levantó las manos en señal de rendición.
Solo diré eso.
Se hizo otro silencio, distinto al anterior. Este no estaba cargado de tensión, sino de expectativa. Neytan volvió a mirar la pantalla, pero ya no veía pistas ni formas de onda. Veía escenarios posibles. Enero. Llamadas. Oficinas grandes. Gente trajeada analizando números, gráficos, reproducciones, crecimiento.
No me preocupa dijo de pronto que me llamen o no.
Victor lo observó con atención.
¿No?
No repitió. Me preocupa más que cuando lo hagan, yo siga sintiendo que estoy haciendo música por las razones correctas.
Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos sobre las rodillas.
Si empiezan a hablar solo de cifras, de presión, de plazos… ahí es donde las cosas se complican.
Victor asintió.
Por eso has llegado hasta aquí dijo. Porque no corres detrás de eso.
Neytan se quedó pensativo.
A veces siento que todo va demasiado rápido confesó. Giras, festivales, lanzamientos, reuniones que aún no llegan pero que sabes que llegarán. Y entre todo eso… intento no perder el centro.
Se quedó en silencio unos segundos y luego sonrió levemente.
Por eso me gusta este momento añadió. Este estudio vacío. Sin llamadas. Sin decisiones finales. Solo música.
Victor apoyó la espalda contra la pared.
Disfrútalo dijo. Porque cuando empiece enero, el ritmo va a cambiar.
Neytan lo miró y asintió despacio.
Lo sé.
Se levantó de la silla y cerró el proyecto en la MacBook Pro con un clic firme, definitivo por ese día. No como un final, sino como una pausa necesaria.
Por ahora dijo mientras tomaba sus cosas, dejemos que las canciones respiren. Ya llegará el momento de todo lo demás.
Victor sonrió.
Eso mismo pensé.
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