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MARSHMELLO - Capítulo 42

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Capítulo 42: Capitulo 41

12 de febrero de 2012 — Departamento de Nueva York, 1:00 PM

La luz invernal entraba suavemente por los ventanales del departamento, filtrándose entre las cortinas gris claro y reflejándose sobre el suelo de madera. Afuera, Nueva York seguía con su ritmo incesante, pero dentro del departamento reinaba un silencio controlado, casi ceremonial, interrumpido únicamente por el leve zumbido del sistema de calefacción y el sonido ocasional de los dedos de Neytan deslizándose sobre el trackpad de su MacBook Pro.

Neytan estaba sentado en el sillón principal, recostado hacia atrás pero con el torso ligeramente inclinado hacia adelante, una postura que delataba concentración absoluta. El portátil descansaba sobre sus piernas, abierto en un proyecto que conocía de memoria, pero que aun así revisaba una y otra vez con la misma atención que si fuera la primera vez.

En la pantalla se encontraba el video oficial de “Goodbye”, la colaboración con Xillions. Faltaban apenas unas horas para que el reloj marcara el inicio del 13 de febrero, el día elegido para el lanzamiento. Todo estaba listo: la campaña, el calendario de publicaciones, los teasers, los clips cortos para redes, la descripción final, los metadatos, los enlaces cruzados entre plataformas. Aun así, Neytan no podía evitar revisar cada detalle una vez más.

Presionó “play”.

Las primeras imágenes del videoclip aparecieron en la pantalla. La paleta de colores era sobria, melancólica, con tonos fríos que contrastaban con destellos de luz cálida en momentos clave. La música entraba de forma progresiva, con una intro limpia, espaciosa, dejando respirar cada elemento. El piano inicial marcaba el tono emocional, seguido de pads suaves y una base rítmica contenida, construida con precisión quirúrgica.

Neytan observaba sin pestañear.

No era solo un videoclip. Era el resultado de semanas de trabajo, de noches largas ajustando capas, eliminando sonidos que no encajaban, reescribiendo estructuras, volviendo a empezar cuando algo no se sentía auténtico. Goodbye no había sido una canción fácil. Había requerido paciencia, escucha, diálogo creativo con Xillions, y sobre todo tiempo.

Mucho tiempo.

Recordaba perfectamente el momento en que decidió dedicarle más atención de la habitual. Podría haber sido una pista más, una colaboración rápida, algo funcional. Pero no. Algo en la voz de ella, en la manera en que encajaba con la atmósfera que él imaginaba, lo obligó a ir más allá. A detener otros proyectos. A decir “no” a distracciones. A encerrarse mentalmente en ese universo sonoro hasta que todo encajara.

El drop llegó con elegancia, sin exageraciones. No era un golpe agresivo, sino una liberación emocional. Neytan asintió apenas, casi imperceptiblemente, como si confirmara una decisión que ya estaba tomada desde hacía semanas.

Está bien… murmuró para sí mismo. Está exactamente donde tiene que estar.

Detuvo el video antes de que terminara y cerró el archivo con cuidado, como si al hacerlo sellara algo definitivo.

Luego abrió otra carpeta.

Tres nombres aparecieron claramente listados en la pantalla:

Rihanna

Kesha

Demi Lovato

Cada uno tenía subcarpetas con demos, notas, versiones preliminares, ideas estructurales, mensajes intercambiados con equipos creativos. Neytan hizo clic en cada una, sin abrir ningún archivo en particular, solo observando. Esperando.

Aún no había confirmaciones definitivas.

Había enviado los demos con semanas de antelación. Para Rihanna, seis ideas distintas, todas pensadas para encajar en la narrativa de un álbum en proceso. Para Kesha, una pista casi completa, energética, irreverente, con un carácter más crudo. Para Demi Lovato, tres demos distintos, cada uno explorando una emoción diferente, cuidando el espacio vocal y el tono.

Ahora solo quedaba esperar.

Neytan cerró esa carpeta también. No había nada más que pudiera hacer ahí por el momento. Forzar respuestas nunca había sido parte de su método. Las colaboraciones verdaderas llegaban cuando tenían que llegar.

Volvió entonces al panel general del lanzamiento de Goodbye. Revisó el horario exacto de publicación, la sincronización con plataformas, el texto final que acompañaría el estreno. Todo estaba confirmado. No había errores. No faltaba nada.

En ese momento, una notificación apareció en la esquina superior de la pantalla.

Correo nuevo.

El remitente: Victor.

Neytan abrió el mensaje.

Victor:

¿Estás listo para hoy? Tus canciones están nominadas. Sony Music está dándote mucho impulso, al igual que SilverLine Records. Todos quieren que ganes al menos en alguna de las categorías. Estás nominado a Best Dance Recording, Best New Artist, Best Music Video y Best Remixed Recording.

Neytan leyó el mensaje una vez. Luego una segunda. No por sorpresa, sino por cortesía mental. Sabía que ese día llegaría. Sabía que hoy eran los Grammys.

Cerró los ojos un instante y negó suavemente con la cabeza.

No había euforia. Tampoco nervios. Ni siquiera decepción.

Solo una certeza tranquila.

Había recibido la invitación días atrás. Oficial, elegante, cargada de formalidad. También había recibido llamadas, mensajes indirectos, comentarios de personas del entorno que insinuaban lo “importante” que sería su presencia. Pero desde el primer momento había tenido claro que no iría.

No era rechazo. Era coherencia.

Los premios no definían su música. Nunca lo habían hecho.

Pensó en la alfombra roja, en los flashes, en las preguntas repetidas, en los discursos preparados. Pensó en estar sentado en una sala esperando escuchar su nombre, sabiendo de antemano que probablemente no ocurriría. Pensó en el ruido, en la expectativa ajena, en la presión innecesaria.

Y luego pensó en Goodbye.

En el lanzamiento de mañana. En el trabajo real.

Abrió el correo de respuesta y comenzó a escribir.

Neytan:

Sí, ya lo sabía. Los Grammys me llamaron para asistir, pero no pienso ir. Creo que Adrian y el vicepresidente de Sony Music fueron en mi lugar. Yo les dije desde el inicio que no iría, y no se molestaron. Dijeron que tenía otros compromisos. Al final, sé que no ganaré, Victor.

Releyó el mensaje antes de enviarlo. No había resentimiento. No había ironía. Solo honestidad.

Presionó “enviar”.

Cerró el correo.

Apoyó la espalda completamente contra el sillón y dejó que el silencio llenara el espacio otra vez. Afuera, un auto tocó la bocina. Alguien reía en la calle. La ciudad seguía.

El sonido sutil de una nueva notificación rompió el silencio del departamento.

Neytan, que seguía recostado en el sillón con la mirada perdida en el techo, giró lentamente la cabeza hacia la mesa baja donde reposaba su MacBook Pro. La pantalla se había encendido sola, mostrando la vista previa de un nuevo correo entrante.

El remitente no le sorprendió.

Victor.

Suspiró despacio antes de incorporarse un poco y acercar el portátil hacia él. No había urgencia en su gesto, pero sí una especie de resignación tranquila, como si supiera que ese mensaje llegaría tarde o temprano.

Abrió el correo.

Deberías estar atento por si acaso. Quizás puedas ganar. Además, hoy en la noche todo el mundo sabrá si ganaste o no en esas nominaciones. Ya dejaste tu marca en tan solo un año de carrera, y en apenas un año y un mes fuiste nominado a los Grammys. Ahora hay que ver si ganas. Puede ser que no ganes, como dices, pero estás teniendo un gran impulso para solo llevar un año en la industria. Quién sabe, quizás ganes.

Neytan leyó el mensaje con calma. No una, sino dos veces. Luego dejó el portátil abierto, sin tocar nada, mientras apoyaba los codos sobre sus rodillas y entrelazaba las manos.

No le molestaba el mensaje.

Victor no estaba presionando. No era ese tipo de persona. Más bien, estaba intentando recordarle algo que Neytan conocía, pero prefería no mirar de frente.

Que lo que estaba pasando no era normal.

Un año.

Solo un año.

Ese pensamiento volvió a su mente con fuerza.

Un año atrás, su rutina era distinta. El enfoque era otro. No había salas de reuniones con ejecutivos, ni listas interminables de reproducciones, ni nominaciones, ni expectativas globales. Había música, ideas, noches largas frente a la pantalla, pruebas, errores, pistas descartadas, y esa sensación constante de estar construyendo algo sin saber si alguien más lo notaría.

Ahora, en cambio, todo parecía avanzar demasiado rápido.

Demasiado visible.

Se levantó del sillón y caminó lentamente hacia la ventana. Separó un poco la cortina y observó la ciudad. Los edificios, las luces, el movimiento constante. Pensó en cuántas personas, en ese mismo instante, estarían hablando de los Grammys, especulando, apostando, esperando resultados.

Pensó en su nombre apareciendo en listas junto a artistas con carreras larguísimas. Pensó en lo extraño que se sentía todo eso.

Quizás… murmuró en voz baja. Quizás tengas razón.

No lo dijo con convicción. Más bien como una posibilidad lejana.

Sabía que Victor hablaba desde la experiencia. Desde haber visto a muchos artistas llegar, subir rápido, quemarse, desaparecer… y a otros consolidarse. También sabía que la industria funcionaba en ciclos, impulsos, momentos que había que aprovechar, incluso si uno no se sentía del todo cómodo con ellos.

Pero Neytan nunca había trabajado pensando en premios.

Nunca.

Para él, el verdadero termómetro siempre había sido otro:

la conexión con la gente,

los escenarios,

el sonido retumbando en un festival,

alguien escuchando una canción en silencio con audífonos.

Eso no se podía medir con una estatuilla.

Volvió al sillón y se sentó otra vez. Miró la pantalla del MacBook Pro, todavía abierta en el correo de Victor. El cursor parpadeaba en la barra superior, esperando una respuesta que Neytan no estaba seguro de querer escribir.

Pensó en contestar algo breve. Algo neutral. Algo como “Gracias, veremos qué pasa”.

Pero no escribió nada.

Cerró el portátil lentamente.

No porque no valorara lo que Victor decía, sino porque, en ese momento, prefería quedarse con sus propios pensamientos.

La noche llegaría de todas formas.

Los resultados se sabrían, con o sin él presente. Ganara o no, al día siguiente el mundo seguiría girando. Goodbye se lanzaría. Las colaboraciones seguirían su curso. Los festivales comenzarían en marzo. Las ideas para el álbum seguirían creciendo en su cabeza.

Eso era lo real.

Se recostó otra vez en el sillón, esta vez cerrando los ojos. Respiró profundo, dejando que el ruido lejano de la ciudad se mezclara con su propio ritmo interno.

Tal vez Victor tenía razón.

Tal vez no.

Neytan seguía recostado en el sillón, con un brazo apoyado sobre el respaldo y la mirada fija en un punto indefinido del techo. La luz de la tarde entraba por la ventana del departamento, suave, casi tranquila, contrastando con el torbellino de pensamientos que le cruzaban la mente.

El sonido de la puerta abriéndose lo sacó de ese estado medio ausente.

Pasos conocidos resonaron en el suelo.

No necesitó girar la cabeza para saber quién era.

Matias.

Su hermano mayor se detuvo a unos metros, observándolo en silencio durante unos segundos. Neytan podía sentir esa mirada: no inquisitiva, no invasiva, sino atenta, como siempre había sido entre ellos. Matias nunca fue de entrar hablando sin pensar; primero leía el ambiente, luego decía lo justo.

Estás pensando en algo dijo finalmente, con voz tranquila. Algo que te dijo Victor, ¿no es así?

Neytan cerró los ojos un momento antes de responder. No era una pregunta que lo incomodara, pero sí una que lo obligaba a poner en palabras cosas que todavía estaba ordenando por dentro.

Sí respondió simplemente.

Matias se acercó un poco más y se sentó en la butaca frente al sillón, apoyando los codos en las rodillas. Inclinó el cuerpo hacia adelante, señal clara de que no iba a irse rápido.

Bueno… continuó Victor siempre logra dejarte pensando, algunas veces más de la cuenta. ¿Qué fue lo que te dijo esta vez?

Neytan soltó una pequeña exhalación, casi una risa sin humor. Giró la cabeza hacia su hermano y lo miró por primera vez desde que había entrado.

Nada nuevo, en realidad dijo. Solo… lo de siempre. Que debería prestar atención a lo que está pasando. Que quizá gane algo esta noche. Que es importante. Que no es normal llegar a esto tan rápido.

Matias asintió lentamente, sin interrumpirlo.

¿Y eso te molesta?

Neytan negó con la cabeza.

No. No me molesta. Me… abruma un poco.

Se hizo un breve silencio. Matias dejó que su hermano hablara a su ritmo. Sabía que Neytan no necesitaba consejos inmediatos, sino espacio para pensar en voz alta.

Es raro continuó Neytan. Porque no siento que haya cambiado nada en mí. Sigo haciendo música como siempre. Me sigo levantando pensando en ideas, sonidos, estructuras… Pero afuera todo se siente distinto. Más grande. Más ruidoso.

Miró hacia la ventana un instante, como buscando apoyo en la vista de la ciudad.

Un día estás en tu habitación haciendo pistas, y al siguiente te están diciendo que eres “un artista global”, que rompiste récords, que estás nominado a premios que veías por la tele. Y yo… hizo una pausa yo sigo siendo el mismo.

Matias sonrió levemente al escucharlo.

Eso es bueno, ¿no?

Supongo que sí respondió Neytan. Pero también es lo que me hace sentir fuera de lugar en todo esto. No me veo caminando por alfombras rojas ni dando discursos. No me despierto pensando en premios. Me despierto pensando en música.

Matias se recostó en la butaca y cruzó los brazos.

Déjame decirte algo dijo. Desde afuera, lo que estás viviendo puede parecer enorme. Y lo es. Pero desde adentro… tú nunca lo buscaste por ego. Nunca dijiste “quiero ser famoso”. Dijiste “quiero hacer música que se sienta real”.

Neytan lo miró, atento.

Eso se nota. Y la gente lo percibe. Por eso conectan contigo.

Guardó silencio un segundo antes de continuar.

Victor no te lo dice para que te presiones. Te lo dice porque sabe que este tipo de momentos no se repiten muchas veces. Pero eso no significa que tengas que cambiar quién eres.

Neytan apoyó la cabeza contra el respaldo del sillón.

Lo sé. Pero a veces siento que esperan algo de mí. Como si tuviera que reaccionar de cierta manera. Emocionarme más. Mostrar entusiasmo por cosas que… no son lo que me mueve.

¿Y quién decide eso? preguntó Matias. ¿Ellos o tú?

La pregunta quedó flotando en el aire.

Neytan no respondió de inmediato. Pensó en los ejecutivos, en las reuniones, en los correos, en las cifras. Pensó en la palabra expectativa.

Yo dijo al final, con voz baja pero firme.

Matias sonrió con más claridad esta vez.

Exacto. Tú.

Se inclinó un poco hacia adelante.

Mira, Ney. No todos los días alguien logra lo que tú lograste en tan poco tiempo sin perder el piso. Y si esta noche ganas algo, bien. Y si no ganas, también está bien. Porque mañana vas a seguir haciendo lo mismo que te trajo hasta aquí.

Neytan asintió lentamente.

Eso es lo que intento recordarme.

Y no estás solo añadió Matias. Tienes a Victor, a tu equipo, a nosotros. No tienes que cargar con todo en silencio.

Neytan sonrió apenas, una sonrisa pequeña pero sincera.

Gracias.

Se quedaron unos segundos en silencio, cómodo, sin necesidad de llenar el espacio con palabras.

¿Vas a ver la transmisión? —preguntó Matias finalmente.

Neytan negó.

No. Creo que no. Prefiero enterarme después.

Muy tú dijo Matias con una leve risa.

Se levantó de la butaca y dio un par de pasos hacia la puerta, pero antes de salir se detuvo.

Oye añadió. Pase lo que pase esta noche… estoy orgulloso de ti.

Neytan lo miró, sorprendido, y asintió.

Gracias, hermano.

Matias salió del cuarto, dejando a Neytan otra vez solo, pero no con la misma sensación de antes.

Esta vez, el silencio no pesaba.

Se recostó de nuevo, cerró los ojos y dejó que sus pensamientos se acomodaran poco a poco. La noche llegaría. Las noticias también. Pero, por primera vez en horas, su mente estaba un poco más en calma.

Neytan permaneció recostado unos minutos más después de que Matias saliera de la habitación. El departamento volvió a quedar en silencio, interrumpido solo por los sonidos lejanos de la ciudad filtrándose por la ventana: un claxon distante, pasos en la acera, el murmullo constante de Nueva York que nunca se apaga del todo.

Respiró hondo.

Ya no sentía esa presión en el pecho de hacía unos minutos. No había desaparecido por completo, pero se había transformado en algo más manejable, más claro. A veces no necesitaba respuestas nuevas, solo escuchar en voz alta lo que ya sabía.

Giró lentamente la cabeza hacia la mesa baja frente al sillón, donde descansaba su MacBook Pro, cerrado, con el logo apenas reflejando la luz del día. Durante un instante dudó si abrirlo o no. Parte de él quería seguir desconectado, dejar pasar el tiempo. Pero otra parte la misma que siempre lo llevaba a escribir música incluso cuando no tenía que hacerlo sabía que responderle a Victor ahora era lo correcto.

Se incorporó despacio, apoyando los pies en el suelo. Tomó el portátil, lo colocó sobre sus piernas y lo abrió. La pantalla se iluminó casi de inmediato.

Miró la hora en la esquina superior derecha.

2:00 pm.

Bien… murmuró para sí.

Abrió su correo. El mensaje de Victor seguía ahí, leído, pero sin respuesta. Volvió a leerlo una vez más, con más calma que antes. Esta vez no lo sintió como presión, sino como preocupación genuina. Victor no hablaba desde el negocio; hablaba desde alguien que llevaba tiempo a su lado, viendo todo de cerca.

Neytan apoyó los dedos sobre el teclado, pero no escribió enseguida.

Pensó.

Pensó en el año que había pasado casi sin darse cuenta. En cómo todo había crecido tan rápido. En los escenarios, los estudios, las reuniones, las cifras. Pensó en lo extraño que era que tanta gente hablara de él, cuando por dentro seguía sintiéndose igual que siempre: alguien que simplemente amaba sentarse frente a una pantalla y construir algo desde el silencio.

También pensó en esa noche. En los Grammys. En las nominaciones. En la atención.

No era rechazo. No era arrogancia. Era otra cosa.

Era la certeza de que su motivación no estaba ahí.

Y eso era lo que quería que Victor entendiera con claridad.

Empezó a escribir.

Al principio borró una frase. Luego otra. No quería sonar frío, ni distante, ni desagradecido. Tampoco quería fingir una emoción que no sentía. Al final, dejó que las palabras fluyeran como cuando componía: sin forzar.

Gracias por el mensaje, de verdad. Lo leí con calma y entiendo perfectamente lo que quieres decirme.

Sé que para muchas personas este momento es importante, y no lo digo a la ligera. Ser nominado en tan poco tiempo, con solo un año de carrera, no es algo común y soy consciente de eso. También sé que tanto Sony como SilverLine están apostando fuerte y lo valoro más de lo que a veces puedo expresar con palabras.

Pero quiero ser honesto contigo, como siempre lo he sido.

No es que no me importe lo que está pasando. Me importa, solo que no me define. No siento que ganar o no ganar esta noche cambie lo que soy ni lo que quiero hacer. Mi cabeza sigue estando en la música, en los próximos temas, en las ideas que aún no existen y que quiero construir con tiempo y cuidado.

Si gano algo, lo recibiré con gratitud. Y si no, también estaré bien con eso. Para mí, el verdadero impulso ya ocurrió: poder vivir de lo que hago, tener libertad creativa y seguir creciendo sin perder eso que me hizo empezar.

No ir a la ceremonia no es desprecio ni desinterés. Es simplemente ser fiel a cómo me siento ahora mismo. Prefiero estar tranquilo, enfocado y listo para lo que viene, en lugar de forzarme a estar en un lugar donde sé que no estaría del todo presente.

Gracias por preocuparte y por empujarme cuando hace falta. Eso no lo doy por sentado.

Hablamos más tarde.

Un abrazo,

Terminó de escribir y se quedó mirando la pantalla unos segundos más, releyendo el correo. No sintió la necesidad de cambiar nada. Era exactamente lo que pensaba.

Presionó Enviar.

El sonido suave del mensaje saliendo de su bandeja de salida cerró el momento.

Cerró el portátil y lo dejó a un lado. Se recostó otra vez en el sillón, esta vez con los brazos cruzados sobre el pecho, la respiración más lenta, más regular.

El sonido de la puerta del departamento cerrándose suavemente fue lo primero que rompió el silencio de la tarde. Neytan, todavía recostado en el sillón, levantó ligeramente la cabeza al reconocer las voces familiares que se filtraban desde el pasillo.

¿Neytan? se escuchó la voz de su madre, clara y cálida, incluso antes de que apareciera en la sala.

Un segundo después, Elena fue la primera en entrar corriendo, casi sin fijarse en nada más. Llevaba el abrigo todavía puesto y el cabello ligeramente despeinado por el movimiento, pero en su rostro había una expresión que Neytan conocía bien: emoción pura, sin filtros.

No dijo nada más. Simplemente se lanzó hacia él.

Neytan apenas tuvo tiempo de incorporarse antes de sentir los brazos de su hermana rodeándole el cuello con fuerza. El impacto lo hizo reír por sorpresa, una risa baja, sincera, de esas que no planeas.

Ey, cuidado murmuró mientras correspondía el abrazo, que casi me tiras del sillón.

Elena no aflojó.

Hermano dijo, con la voz firme pese a su edad—, hoy tú ganas. Yo lo sé. Hoy ganas.

Neytan apoyó la barbilla suavemente sobre la cabeza de ella, respirando hondo. Ese tipo de certeza infantil tenía algo especial. No venía de estadísticas ni de análisis; venía del corazón.

Bueno… respondió con una media sonrisa. Si tú dices que gano, entonces hoy gano.

Elena levantó la cabeza para mirarlo directamente, con una seriedad casi cómica.

Obvio que gano corrigió. No “si”. Ganas.

Antes de que Neytan pudiera contestar, escuchó pasos más tranquilos entrando en la sala.

Michael y Sarah aparecieron juntos, dejando las llaves sobre la mesa de la entrada. Michael observó la escena con una expresión serena, orgullosa, mientras Sarah sonreía de inmediato al ver a sus dos hijos abrazados.

Vaya dijo Michael, cruzándose de brazos. Parece que llegamos justo a tiempo para el discurso motivacional.

Elena soltó finalmente a Neytan y giró hacia sus padres.

No es discurso replicó. Es un hecho.

Sarah se acercó despacio, como si no quisiera romper el momento, y apoyó una mano en el hombro de Neytan.

¿Cómo estás, cariño? preguntó con suavidad. Te ves cansado… pero tranquilo.

Neytan asintió lentamente.

Un poco de las dos cosas admitió. Ha sido un día largo, aunque no haya salido de aquí.

Michael se sentó en la silla frente al sillón, apoyando los codos en las rodillas.

Eso suele pasar cuando tienes la cabeza trabajando más que el cuerpo comentó. Y hoy, con todo lo que hay… es normal.

Hubo un breve silencio. No incómodo, sino expectante. Todos sabían de qué estaban hablando, aunque nadie lo hubiera mencionado directamente aún.

Sarah fue la primera en hacerlo.

Elena nos contó que hoy es la ceremonia dijo. Y que decidiste no ir.

Neytan bajó la mirada un instante, luego volvió a alzarla.

Sí respondió sin rodeos. Preferí quedarme.

Michael lo observó con atención, no como alguien que juzga, sino como alguien que intenta comprender del todo.

¿Y te sientes bien con esa decisión? preguntó.

Neytan no respondió de inmediato. Pensó unos segundos, midiendo sus palabras.

Sí dijo al final. No porque no me importe, sino porque… no siento que tenga que estar ahí para que todo esto sea real.

Elena frunció ligeramente el ceño.

Pero igual puedes ganar insistió. ¿Y si ganas?

Neytan sonrió y estiró la mano para despeinarla suavemente.

Entonces ganaré desde aquí.

Sarah soltó una pequeña risa, pero enseguida volvió a ponerse seria, aunque su tono siguió siendo cariñoso.

Hijo, tu padre y yo queremos que sepas algo dijo. Pase lo que pase esta noche, no cambia nada para nosotros. No te queremos más si ganas ni menos si no. Ya estamos orgullosos de ti.

Michael asintió.

Muy orgullosos añadió. Lo que has hecho en tan poco tiempo… no es normal. Y no lo digo por los premios, sino por cómo has mantenido los pies en la tierra.

Neytan sintió un nudo ligero en la garganta. No era tristeza. Era ese tipo de emoción que llega cuando te recuerdan quién eres fuera del ruido.

Gracias murmuró. De verdad.

Elena volvió a acercarse y se sentó en el brazo del sillón, mirando a su hermano con una sonrisa cómplice.

Igual voy a decirle a todo el mundo que hoy ganaste anunció. Aunque no salga en la tele.

Neytan soltó una risa más abierta esta vez.

Trato hecho.

Sarah miró alrededor de la sala.

¿Quieres que nos quedemos contigo despiertos esta noche? preguntó. Podemos cenar algo aquí, ver un poco la transmisión… o no verla.

Neytan pensó un momento.

Me gustaría que se quedaran respondió. No para ver la ceremonia, sino… para estar juntos.

Michael se levantó.

Entonces hecho dijo. Esta noche no se trata de premios.

Elena levantó los brazos.

¡Se trata de Neytan! declaró.

La puerta del pasillo volvió a abrirse con un sonido suave, casi distraído. Matías apareció nuevamente en la sala, esta vez con el celular en la mano, revisando notificaciones mientras caminaba despacio. Se detuvo al ver a todos reunidos: Neytan recostado en el sillón, Elena sentada a su lado, y sus padres de pie cerca de la ventana.

Bien… dijo finalmente, rompiendo el silencio. Los Grammys empiezan en unas horas.

Nadie respondió de inmediato. No porque no lo hubieran escuchado, sino porque todos sabían que esa frase traía algo más detrás.

Matías levantó la vista del celular y miró directamente a Neytan.

Ya sé que no quieres ver la transmisión en vivo continuó. Lo dijiste claro. Pero… díganme ustedes añadió, girándose hacia el resto. ¿Quieren verlo todos juntos? Como familia. Saber si gana o no.

Elena fue la primera en reaccionar, como casi siempre.

¡Sí! respondió sin dudar. Yo sí quiero verlo.

Se incorporó un poco más en el sillón, con los ojos brillantes.

Y además es obvio que ganaste añadió con total seguridad. Eres Marshmello. El mejor productor. No entiendo por qué lo dudas tanto.

Neytan soltó una pequeña risa, más resignada que divertida, y negó con la cabeza.

Elena… murmuró. No funciona así.

Sí funciona replicó ella, cruzándose de brazos. Al menos en mi cabeza.

Michael dio un paso adelante y habló con calma, con esa voz firme que siempre usaba cuando quería unir a la familia.

Yo creo que deberíamos verlo juntos dijo. No importa el resultado. Estas cosas también se viven en familia. Como cuando veíamos partidos importantes o esas entregas de premios viejas en la televisión.

Miró a Neytan directamente.

No para presionarte aclaró. Sino para acompañarte.

Neytan sostuvo la mirada de su padre unos segundos. Había algo tranquilizador en sus palabras. No había expectativa exagerada, ni exigencia. Solo presencia.

Sarah asintió lentamente.

Estoy de acuerdo dijo. Y además… hizo una pausa breve, midiendo lo que iba a decir. Creo que deberíamos llamar a tu tío Andrés. Que venga con Clara.

El ambiente cambió apenas perceptiblemente.

Elena ladeó la cabeza.

¿Clara? preguntó. ¿La chica con la que sale el tío?

Sí respondió Sarah. Ella.

Matías levantó una ceja.

Mamá… dijo con cautela. ¿Estás segura?

Sarah suspiró.

Empiezo a notar cosas admitió. Miradas, preguntas que no hace directamente, silencios largos cuando se habla de música o de giras de artistas. Clara es inteligente. Y las explicaciones de Andrés… ya no la convencen del todo.

Neytan se incorporó un poco más en el sillón.

¿Sospecha de mí? preguntó, sin dramatismo, pero con atención real.

No creo que tenga todas las piezas respondió Sarah. Pero empieza a sentir que algo no encaja. Y si esta noche pasa lo que puede pasar… dejó la frase en el aire.

Matías cruzó los brazos.

Entonces hoy podría ser el día dijo. El día en que Andrés tenga que decirle toda la verdad.

Elena abrió los ojos de par en par.

¿Toda la verdad verdad? preguntó. ¿Que Neytan es Marshmello?

Neytan cerró los ojos un segundo, respirando hondo. No por miedo, sino por el peso de esa posibilidad.

No era el plan dijo. Al menos no así.

Michael habló entonces, con tono sereno pero firme.

Los secretos, cuando crecen demasiado, terminan saliendo de golpe dijo. Y a veces es mejor que salgan en un lugar seguro, con la gente correcta alrededor.

Miró a su hijo menor.

Esta casa lo es.

Hubo un silencio largo. No incómodo. Reflexivo.

Neytan pasó una mano por su rostro, pensativo.

No quiero que esto se convierta en un espectáculo dijo. Ni para ella, ni para nadie.

No lo será respondió Sarah. Si se hace bien.

Elena apoyó la cabeza en el hombro de Neytan.

Además dijo, Clara parece buena persona.

Matías asintió.

Lo es. Y por eso mismo… no merece seguir recibiendo medias verdades.

Neytan exhaló lentamente.

Está bien dijo al final. Llamemos al tío Andrés. Pero… sin presión. Pase lo que pase esta noche, quiero que sea tranquilo.

Michael sonrió apenas.

Eso siempre ha sido lo tuyo.

Matías ya estaba marcando el número en su celular.

Entonces quedamos así dijo. Cena ligera, todos juntos, los Grammys de fondo… y lo que tenga que pasar, pasará.

Elena levantó el puño.

¡Esta noche es histórica! declaró.

La pregunta de Neytan llegó con un tono casi distraído, como si recién entonces notara una ausencia que hasta ese momento había quedado relegada por todo lo demás: los Grammys, las conversaciones, las tensiones, las decisiones que parecían flotar en el aire del departamento.

¿Y los abuelos…? dijo finalmente. ¿La abuela Helena y el abuelo Friedrich dónde están ahora?

Michael, que estaba acomodando unos cojines del sillón para que todos cupieran más cómodos después, levantó la vista y respondió con naturalidad, como si se tratara del detalle más cotidiano del mundo.

Mis padres están en el Kings Plaza Shopping Center dijo. Nosotros regresamos antes porque ellos insistieron en que volviéramos a casa para avanzar con la cena.

Se apoyó un momento en el respaldo del sillón y miró el reloj de pared.

Además añadió, viendo la hora… ya son las tres de la tarde. Así que en un par de horas empiezo con la cena tranquila, sin apuros. Primero algo ligero, y más tarde preparo algunos snacks. Tal vez una pizza casera para la noche, algo simple pero que alcance para todos.

Elena abrió los ojos con interés inmediato.

¿Pizza? preguntó. ¿Con qué?

Eso lo veré después respondió Michael con una sonrisa. Depende de lo que tengamos y de lo que traigan tus abuelos.

Sarah, que hasta entonces estaba revisando el teléfono desde la mesa del comedor, levantó la mirada y se unió a la conversación.

Según tu abuela dijo, señalando el móvil, van a traer algo de postre.

Neytan alzó ligeramente las cejas.

¿Postre de la abuela Helena? comentó. Eso nunca es poca cosa.

Sarah sonrió, como si compartiera ese pensamiento exacto.

No sé qué traerán esta vez continuó, pero ya sabes cómo es ella. Siempre aparece con algo especial, algo que preparó con tiempo o que encontró en algún lugar que nadie más conoce. Sea lo que sea, va a ser delicioso.

Elena se recostó hacia atrás, satisfecha solo con imaginarlo.

Entonces hoy sí que vamos a comer bien dijo. Cena, snacks, pizza… y postre sorpresa.

Matías soltó una risa corta.

Parece más una reunión familiar que una noche de premios comentó.

Neytan observó la escena con calma. A sus padres, a sus hermanos, la casa llena de conversaciones cruzadas, planes simples y detalles domésticos. Todo contrastaba de forma casi absurda con lo que estaba ocurriendo fuera de esas paredes: nominaciones, cifras, expectativas, el ruido del mundo.

Me gusta así dijo de pronto. Que hoy sea… normal. Al menos aquí.

Michael asintió.

Eso era justo lo que querían tus abuelos respondió. Dijeron que el resto puede esperar, que lo importante es estar juntos esta noche.

Sarah se acercó un poco más al centro de la sala.

Y lo estaremos dijo. Con o sin premios.

Neytan apoyó la espalda en el sillón y cerró los ojos un segundo. Escuchó las voces, el murmullo del departamento, el sonido lejano de la ciudad filtrándose por las ventanas. Pensó en Helena y Friedrich caminando por el centro comercial, eligiendo algo dulce para compartir. Pensó en la cena que aún no existía pero que ya se sentía inevitablemente acogedora.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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