MARSHMELLO - Capítulo 6
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
6: Capitulo 6 6: Capitulo 6 20 de enero de 2011 – 4:00 p.
m.
El estudio número uno de SilverLine Records respiraba como un organismo vivo.
No era solo el sonido constante de los ventiladores, ni el zumbido eléctrico de los equipos encendidos, sino una sensación de movimiento permanente, como si el lugar supiera que algo importante estaba a punto de quedar definido.
El aire estaba cargado de aromas mezclados: café fuerte recién servido, plástico caliente de los cables, madera tratada de los instrumentos y ese olor metálico que solo existe en los estudios donde la música se trabaja durante horas sin pausa.
Las luces principales estaban bajas, dejando que el protagonismo lo tomaran las pantallas.
Decenas de indicadores parpadeaban en verde, ámbar y rojo.
Las consolas mostraban curvas de frecuencia que subían y bajaban con cada prueba de sonido.
En una esquina, un rack de sintetizadores permanecía encendido desde la mañana, como si nadie se hubiera atrevido a apagarlo por miedo a romper el flujo creativo.
Víctor estaba inclinado sobre la consola principal, con los audífonos puestos y una mano moviéndose con precisión milimétrica entre faders y perillas.
Sus ojos iban de la pantalla al panel físico, comparando valores, revisando automatizaciones, corrigiendo detalles que solo alguien con años de experiencia podía notar.
Desde hacía días estaba implementando los cambios que Neytan había solicitado para el nuevo single.
No eran correcciones menores.
Eran ajustes finos que transformaban el carácter completo de la pista.
Neytan se desplazaba por el estudio con naturalidad, como si cada cable, cada soporte y cada instrumento fueran extensiones de su propio cuerpo.
Llevaba los audífonos colgando del cuello y una tablet en la mano izquierda llena de anotaciones técnicas, esquemas de estructura y marcas de tiempo.
Con la derecha señalaba, marcaba entradas, indicaba salidas, pedía silencios exactos o golpes precisos.
Ya revisé todos los cambios y las mejoras de Turn It Up que me enviaron y les di las indicaciones desde el lunes.
También envié las últimas correcciones ese mismo día.
No vamos a dejar esto a medias.
Hoy terminamos esta pista.
De una vez.
Su voz no era autoritaria, pero sí firme.
Nadie dudaba de que hablaba en serio.
Hana Ishikawa levantó la mirada desde su estación.
Frente a ella había un violín experimental conectado a pedales de efectos, un controlador de pads y una pequeña interfaz que usaba para manipular capas ambientales.
Sonrió mientras acomodaba el arco sobre la mesa.
Hay que terminarla hoy, sí.
Es uno de tus pedidos más raros y, siendo sincera, el más divertido que nos has dado.
James Morton, uno de los productores auxiliares, dejó escapar una risa breve mientras revisaba los niveles en una de las consolas secundarias.
Totalmente de acuerdo.
Turn It Up no se parece en nada a Force ni a Fade Into Darkness.
Es más directa.
No se guarda nada.
Eric Hale, sentado frente a una pantalla donde analizaba el espectro de frecuencias, asintió lentamente.
Tiene una energía distinta.
No es oscura ni melancólica.
Es impulso puro.
Neytan levantó la vista y los miró uno por uno.
Exacto.
Esta canción no quiere que la piensen.
Quiere que reaccionen.
Dejó la tablet sobre una mesa y se cruzó de brazos por un segundo, evaluando mentalmente cada sección del tema.
Vamos por partes.
Cada instrumento tiene que tener su espacio, pero todo debe empujar hacia adelante.
Nada puede sentirse estático.
Daniel Foster, el pianista principal, se acomodó frente a su teclado maestro.
Sus manos descansaban sobre las teclas, listas para entrar en cualquier momento.
Arrancamos con la base armónica o con el ritmo.
Con el ritmo.
Lucas, dame el pulso.
Lucas Fairchild, el percusionista digital, ya tenía los dedos apoyados sobre su controlador de pads.
Activó el metrónomo interno y miró a Neytan para confirmar.
Tempo a 128 BPM.
Correcto.
Clásico, pero firme.
El primer patrón llenó el estudio.
Un kick profundo, sólido, marcando el centro de todo.
Luego entró el clap, limpio y preciso, acompañado de un snare que rebotaba justo en el punto exacto.
Los hi hats cerrados comenzaron a dibujar un groove constante, casi hipnótico.
Los toms electrónicos se sumaron después, no como relleno, sino como empuje.
Más aire entre el kick y el clap.
Déjalo respirar.
Lucas ajustó el patrón en tiempo real.
Movió ligeramente la cuantización, separó microsegundos que cambiaron por completo la sensación.
Así.
El ritmo ganó cuerpo.
No era más fuerte, era más claro.
Mateo Ríos activó su sintetizador bass.
Una onda grave comenzó a vibrar en el estudio, sincronizada con el kick.
El sonido se sentía en el pecho antes de escucharse con claridad.
Quiero que el bajo sea físico.
Que se sienta, no solo que se escuche.
Mateo sonrió sin apartar la vista de su pantalla.
Eso se puede arreglar.
Ajustó el filtro, reforzó el subgrave, añadió una ligera distorsión armónica que no ensuciaba el sonido, sino que lo hacía más presente.
Escucha ahora.
El suelo parecía vibrar.
Algunos intercambiaron miradas rápidas.
La base ya estaba diciendo mucho.
Sofía Renner comenzó a trabajar con un sintetizador pluck y stab.
Los sonidos eran cortos, rítmicos, casi percusivos.
Se entrelazaban con el groove y marcaban espacios muy claros.
Estos stabs van a definir el drop.
Los hago más agresivos o más limpios.
Más agresivos, pero sin saturar.
Hana entró después.
Activó pads largos, capas atmosféricas que llenaron los espacios vacíos sin robar protagonismo.
Luego añadió efectos procesados, texturas que subían lentamente.
Voy a meter atmósfera y tensión.
Pads largos y luego efectos ascendentes.
Risers, impactos y capas de white noise comenzaron a aparecer, subiendo y bajando como olas controladas.
James y Eric grababan cada capa, ajustaban niveles, tomaban notas rápidas.
De pronto, Neytan frunció el ceño.
Esperen.
Todo se detuvo.
El silencio fue inmediato.
Neytan caminó hacia la cabina de grabación y se acercó a Daniel.
¿Me prestas tu sintetizador lead un momento?
Daniel levantó las manos, sonriendo.
Todo tuyo.
Neytan se sentó, se colocó los audífonos y comenzó a modificar parámetros.
Ataque, release, filtro, resonancia.
Tocó una nota.
Luego otra.
Cambió la escala.
Probó una melodía simple, directa.
Graben esto.
Ahora.
James activó la grabación sin decir una palabra.
El lead era potente, pegadizo, diseñado para quedarse en la cabeza.
Luego Neytan pasó al sintetizador bass junto a Mateo.
Ajustaron frecuencias, crearon un diálogo entre ambos sonidos.
Ahí está.
Eso era lo que faltaba.
Lucas retomó el ritmo.
Sofía reforzó los stabs.
Hana añadió un efecto ascendente justo antes del drop.
El sonido explotó.
Daniel volvió a su instrumento y adaptó el patrón, mejorándolo, dándole una base armónica más sólida.
Neytan salió de la cabina y se acercó a James y Eric.
¿Cómo la ven ahora.
James miró los medidores con atención.
Más potencia.
Más identidad.
Empecemos desde el inicio.
Reiniciaron la sesión.
Durante casi dos horas hicieron modificaciones constantes.
Se detenían, escuchaban, ajustaban detalles mínimos.
Alguno de los músicos proponía un cambio, Neytan lo evaluaba y lo aplicaba si encajaba.
Todo tenía que sonar limpio.
Todo tenía que tener intención.
En un momento, Neytan se quedó mirando la pantalla.
Todavía falta una cosa.
Víctor se acercó.
¿Qué cosa.
La voz.
Hana levantó una ceja.
¿Vas a cantar.
No exactamente.
Vocal chops.
James asintió.
Procesados.
Rítmicos.
Como un instrumento más.
Exacto.
La voz no cuenta una historia.
Empuja.
Grabaron sílabas sueltas, respiraciones, fragmentos breves.
Luego los cortaron, los procesaron, los transformaron en capas rítmicas.
El reloj avanzó sin que nadie lo notara.
Cuando Neytan levantó la mano, todo se detuvo.
Reproduzcan desde el inicio.
Turn It Up llenó el estudio.
El kick sólido, el bajo contundente, los stabs precisos, los pads envolventes, los efectos elevando la energía, el piano digital sosteniendo la armonía, el arpegiador fluyendo, las voces procesadas empujando el ritmo.
Nadie habló.
Cuando terminó, el silencio fue absoluto.
Víctor fue el primero en decir algo.
Esto va a romper pistas.
Neytan se quitó los audífonos.
Bien.
Turn It Up está lista.
6:00 p.
m.
El reloj digital incrustado en la pared del estudio marcó las seis en punto con un parpadeo rojo tenue, casi discreto.
Fue ese pequeño cambio de luz lo que finalmente hizo que varios levantaran la vista al mismo tiempo.
Nadie había contado las horas.
El tiempo, ahí dentro, no funcionaba como afuera.
En el estudio número uno de SilverLine Records las agujas se detenían cuando la música tomaba el control.
A través del vidrio doble que separaba la sala principal del pasillo, la ciudad comenzaba a apagarse poco a poco.
Las luces de los edificios se encendían una a una, como si alguien estuviera bajando el sol con un regulador invisible.
Dentro, en cambio, la energía no disminuía.
Seguía densa, vibrante, cargada de esa tensión particular que aparece cuando algo ya no es promesa, sino realidad.
Víctor fue el primero en romper el silencio.
Se quitó los audífonos con un gesto lento y giró su silla hacia el centro de la sala.
Se apoyó en el respaldo, exhaló profundamente y dejó caer los brazos a los costados.
Bien… dijo al fin.
Está listo para mezcla y masterización.
Todo el material de Turn It Up ya está consolidado.
No hay picos extraños, no hay choques de frecuencia, no hay nada que esté peleando entre sí.
Podemos trabajar la mezcla final hoy mismo si quieren y dejar la masterización prácticamente cerrada para mañana temprano.
James levantó la cabeza de inmediato.
¿Hoy mismo?
¿Sin tocar nada más de producción?
Víctor asintió.
Exacto.
Si empezamos ahora, antes de medianoche la mezcla puede quedar lista.
La master, con calma, mañana a primera hora.
Lucas dejó escapar un silbido bajo.
Eso… eso no pasa casi nunca.
Sofía giró lentamente su silla.
Especialmente no pasa con proyectos que todavía están en plena explosión.
Víctor sonrió apenas, sin arrogancia, pero con la satisfacción profesional de alguien que sabía que el trabajo estaba bien hecho.
Y no es lo único.
Con un par de clics, abrió otra sesión en la pantalla principal.
Una forma de onda distinta apareció, más amplia, más cinematográfica.
Mortals ya está completamente cerrada.
No necesita cambios.
No necesita retoques.
Está lista para lanzar.
El ambiente cambió de inmediato.
Nadie gritó, nadie aplaudió, pero todos se inclinaron ligeramente hacia adelante, como si el aire hubiera ganado peso.
James se acercó a la pantalla.
Eso significa que… No hay que tocar nada más interrumpió Víctor.
Si la tocamos, la arruinamos.
Eric soltó una risa incrédula y negó con la cabeza.
Eso es una frase que me encanta escuchar.
Neytan había permanecido junto a la ventana del estudio, con los brazos cruzados, observando la ciudad como si no estuviera del todo ahí.
Giró lentamente hacia el grupo.
¿Y We’ll Meet Again?
Hana fue quien respondió, sin dudar.
La animación ya pasó la mitad del proceso.
El equipo visual confirmó hace una hora que mañana estará terminada.
No hubo retrasos.
No hubo cambios de último minuto.
Todo sigue exactamente como se planeó.
Neytan asintió despacio.
No sonrió, pero su expresión se relajó apenas.
Entonces estamos donde teníamos que estar.
Eric se estiró, entrelazando los dedos por encima de la cabeza.
Es raro escucharte decir eso tan tranquilo, considerando lo que está pasando afuera.
Lucas apoyó los codos sobre la mesa.
Sí.
Hace una semana nadie sabía quién eras.
Hoy todo el mundo pregunta.
Neytan caminó hacia la consola principal y apoyó las manos sobre la superficie fría del vidrio.
SilverLine Records y Sony Music ya están preparados para reaccionar con cualquiera de las dos canciones.
Mortals o We’ll Meet Again.
No están improvisando.
James levantó la mirada.
¿Te dijeron algo más concreto?
Antes de que Neytan respondiera, la puerta del fondo se abrió.
Adrian entró con el teléfono en la mano y una libreta llena de anotaciones.
Tenía esa expresión particular de alguien que viene con información importante, pero ya la procesó lo suficiente como para no entrar corriendo.
Sí.
Ya están listos.
Hablé con ellos hace una hora.
La publicidad de Mortals puede anunciarse oficialmente.
El comunicado sería directo: el productor Marshmello lanza nuevo single este sábado.
El silencio fue inmediato.
No tenso, sino expectante.
Hoy Energy y Sky High ya están en circulación en descargas continuó Adrian.
Desde esta mañana.
Y los reportes que están llegando son… interesantes.
Sofía se inclinó hacia adelante.
¿Interesantes cómo?
Adrian levantó la vista del teléfono.
La publicidad salió ayer, miércoles 19.
Hoy, jueves 20, ya tenemos descargas constantes.
No cifras finales todavía, pero varios equipos del área digital están reportando crecimiento sostenido.
No es una curva normal para un artista nuevo.
Lucas negó lentamente con la cabeza.
Eso no es normal.
Eso no pasa.
James se cruzó de brazos.
No es solo que no pase.
Es que cuando pasa, nadie sabe cómo reaccionar.
Eric miró a Neytan directamente.
¿Esperabas algo así?
Neytan se tomó unos segundos.
No fue silencio incómodo.
Fue reflexión real.
Esperaba movimiento.
No esto.
Víctor volvió a intervenir, con el tono técnico de siempre.
Desde el punto de vista sonoro, todo está alineado.
Mortals es grande, épica, casi cinematográfica.
Turn It Up es inmediata, clubera, física.
We’ll Meet Again tiene una carga emocional muy fuerte, y con la animación va a impactar distinto.
No hay una decisión equivocada aquí.
Hana apoyó la espalda en la silla.
La pregunta no es cuál es mejor.
Es cuál habla primero.
James asintió.
Y cuál define qué es Marshmello para la gente.
Neytan comenzó a caminar lentamente por el estudio.
Pasó la mano por un sintetizador, luego por el borde de una mesa, como si necesitara contacto físico para ordenar ideas.
Mortals es una declaración.
We’ll Meet Again es una apertura.
Turn It Up es reacción.
Adrian revisó su libreta.
Sony está listo para empujar fuerte cualquiera.
SilverLine también.
Pero quieren saber con cuál arrancamos el golpe principal.
Lucas sonrió con ironía.
Qué problema tan horrible tener.
Sofía rió suavemente.
Hace dos semanas estábamos ajustando demos.
Hoy estamos hablando de impacto global.
Neytan se detuvo frente a la consola.
No quiero saturar.
Energy y Sky High recién están siendo descubiertas.
James levantó una ceja.
Eso significa que no quieres soltar todo de golpe.
Exacto.
Eric se cruzó de brazos.
Entonces Mortals es el siguiente paso lógico.
Es fuerte, no compite con lo que ya está afuera.
Víctor asintió.
Y técnicamente está lista.
Hoy mismo podríamos cerrar la master.
Hana agregó: Y We’ll Meet Again puede salir con la animación.
Eso la convierte en algo más que una canción.
Neytan respiró hondo.
Bien.
Entonces el plan queda así.
Todos guardaron silencio.
Turn It Up se queda lista.
Mortals se prepara para lanzamiento.
We’ll Meet Again espera a que la animación esté terminada.
Adrian escribió rápidamente.
Perfecto.
Eso es exactamente lo que quieren escuchar arriba.
James sonrió, mirándolo.
¿Te das cuenta de que estás tomando decisiones que otros artistas tardan años en poder tomar?
Neytan se encogió de hombros.
No estoy pensando en eso.
Estoy pensando en la música.
Lucas lo observó con atención.
Eso es lo que más miedo da.
Rieron suavemente.
El reloj volvió a emitir un pitido leve.
Afuera ya era completamente de noche.
Víctor se levantó.
Si quieren, empiezo ahora mismo con la mezcla final de Turn It Up.
Hazlo dijo Neytan sin dudar.
James recogió unas hojas.
Me quedo contigo un rato.
Quiero revisar Mortals otra vez, solo por seguridad.
Hana guardó parte de su equipo.
Mañana vengo temprano para escuchar la animación con la música.
Eric se dirigió a la puerta.
Voy a avisar que seguimos en sesión.
No quiero interrupciones.
Antes de que se dispersaran, Neytan habló una vez más.
Gracias.
Todos se detuvieron.
No por hoy.
Por creer desde el principio.
James sonrió.
No fue difícil.
Lucas añadió: Cuando escuchamos Force por primera vez, supimos que esto no era normal.
Hana asintió.
Y ahora recién está empezando.
Neytan volvió a colocarse los audífonos alrededor del cuello y miró la pantalla.
La forma de onda de Turn It Up seguía ahí, quieta, esperando.
Viernes 21 de enero de 2011 1:00 a.
m.
La casa estaba en silencio absoluto, de ese silencio profundo que solo existe cuando la madrugada ya ha avanzado lo suficiente como para que incluso los sonidos lejanos de la ciudad se apaguen.
No había autos pasando, no se oían voces, ni televisores encendidos en otras habitaciones.
Solo el zumbido casi imperceptible del sistema eléctrico y el sonido suave del viento golpeando contra la ventana.
Neytan estaba despierto.
No era una vigilia inquieta, tampoco ansiedad.
Era algo distinto.
Una sensación constante, como si su mente se negara a apagarse aun cuando el cuerpo pedía descanso.
Estaba recostado boca arriba en su cama, con las manos cruzadas sobre el pecho, mirando el techo sin realmente verlo.
Había contado mentalmente los segundos, luego los minutos.
Nada.
Se giró hacia un lado, luego al otro.
Nada.
Suspiró en silencio y se incorporó lentamente para no hacer ruido, aunque sabía que a esa hora nadie iba a despertarse por el simple crujido del colchón.
Caminó descalzo hasta la cocina, abrió el refrigerador con cuidado y sacó una botella de leche.
La calentó apenas, lo suficiente como para que estuviera tibia, no caliente.
Se apoyó contra la encimera mientras bebía pequeños sorbos, esperando que ese ritual simple lograra lo que siempre le decían que funcionaba.
No funcionó.
Regresó a su habitación con la botella vacía, tomó un libro del estante —uno que ya había leído y se sentó en la cama.
Pasó páginas sin absorber realmente las palabras.
Su mente se iba sola hacia otro lugar: sonidos, patrones, ideas rítmicas que aparecían sin permiso.
Cerró el libro con suavidad.
No sirve… murmuró para sí mismo.
Miró el reloj digital de su mesa de noche: 1:07 a.
m.
Se quedó quieto unos segundos más, como si todavía estuviera negociando consigo mismo.
Luego tomó una decisión.
Se levantó, caminó hacia su escritorio y presionó el botón de encendido de la laptop.
El ventilador interno respondió con un zumbido bajo mientras la pantalla se iluminaba lentamente en la oscuridad de la habitación.
Se sentó en la silla, acomodó su postura, conectó los auriculares al costado del equipo y esperó a que el sistema cargara.
Sus dedos se movían casi por memoria muscular.
Doble clic.
FL Studio se abrió, mostrándole la interfaz familiar, las pistas vacías, el patrón inicial esperando ser llenado.
Quizás trabajar en un nuevo single me ayude a dormir —susurró, más como excusa que como plan.
No tenía una idea definida todavía.
No había un concepto cerrado ni un objetivo comercial.
No estaba pensando en lanzamientos, estrategias, ni números.
Solo sabía que quería algo melódico.
Algo que fluyera sin forzar.
Comenzó por lo básico.
Abrió el Channel Rack y cargó un 3xOSC.
Ajustó rápidamente las ondas, redujo el detune, buscó un equilibrio limpio.
Luego abrió Sytrus y Harmless, preparando capas para un lead principal.
No tocó nada aún.
Solo preparó el terreno.
El metrónomo interno marcó el tempo.
128 BPM.
Clásico.
Cómodo.
Familiar.
Colocó el primer acorde.
Luego el segundo.
Probó una progresión simple, casi inocente, pero con una sensación de avance constante.
No era triste, tampoco eufórica.
Era… clara.
Así… murmuró.
Duplicó el patrón, ajustó una nota, cambió la inversión del acorde.
Sonrió apenas cuando escuchó cómo encajaba.
Agregó un bajo sencillo usando BooBass.
Nada complejo.
Solo una línea grave que acompañara, sidechainada desde el inicio para dejar respirar el kick que todavía no existía.
Pensaba en el espacio antes incluso de llenarlo.
Abrió FPC y cargó samples WAV: un kick electro/progressive seco, firme; un clap combinado con snare; hi-hats simples, cerrados.
Programó el ritmo con precisión casi automática.
Sus manos se movían rápido, pero su mente estaba tranquila.
El sidechain clásico lo configuró con Fruity Limiter, sin exagerar.
Solo lo suficiente para que el pulso respirara.
No lo fuerces se dijo a sí mismo.
Añadió un pluck ligero para reforzar la melodía.
Después un supersaw suave, sin saturar, solo para dar cuerpo.
Empezó a usar automation clips: filtros que se abrían lentamente, volúmenes que subían y bajaban con intención.
El tiempo comenzó a desaparecer.
Pasaron los minutos.
Luego una hora.
Neytan no se levantó.
No miró el reloj.
No revisó el teléfono.
Estaba completamente concentrado.
Cada vez que algo no le gustaba, no dudaba: borraba, cambiaba, ajustaba.
No había apego.
Si una idea no encajaba con la visión que se estaba formando, desaparecía.
Agregó white noise risers para los build-ups.
Simples, limpios.
Nada exagerado.
La canción no pedía dramatismo artificial.
Pedía fluidez.
Se quitó los auriculares un momento y los volvió a poner, solo para asegurarse de que no estaba cansando el oído.
Ajustó el reverb con Fruity Reeverb, controlando cuidadosamente el decay.
Usó Fruity Delay en algunos elementos, siempre con intención rítmica.
Mejor así… susurró mientras movía un control milimétricamente.
No envió mensajes.
No abrió chats.
No pidió opiniones.
Esta vez era solo él.
La madrugada avanzó.
A las 4:00 a.
m.
ya tenía la estructura completa.
Intro, build-up, drop, breakdown, segundo drop, outro.
Todo encajaba.
No había exceso.
No faltaba nada.
A las 5:30 a.
m.
seguía afinando detalles pequeños: un hi-hat que entraba un compás antes, un automation clip que podía ser más suave, una nota del lead que pedía caer medio tono más abajo.
Finalmente, a las 6:30 a.
m., se quitó los auriculares y se recostó en la silla.
Cerró los ojos unos segundos.
No estaba cansado.
Estaba satisfecho.
Una última revisión dijo en voz baja.
Reprodujo el single desde el inicio.
Escuchó con atención total.
Tomó notas mentales.
Hizo un par de ajustes mínimos.
Volvió a reproducirlo.
Luego una tercera vez.
Asintió.
El nombre apareció casi solo en su mente: Jim Yosef – Link Lo escribió en el proyecto, guardó el archivo con cuidado y cerró FL Studio lentamente, como si no quisiera romper el momento.
Miró el reloj: 6:48 a.
m.
Abrió su correo electrónico y escribió a Víctor.
El mensaje fue breve, directo.
“No pude dormir.
Pensé que crear un single me ayudaría, pero terminé haciendo uno completo.
Se llama Jim Yosef – Link.
Quiero que vaya a mezcla y masterización.
Y lo mismo con el logo: Marshmello dentro de un círculo que reaccione con la melodía de la canción.” Envió el correo.
Cerró la laptop.
Se levantó, volvió a la cama y se recostó mirando el techo.
Esta vez, su mente estaba en calma.
No había ideas golpeando desde adentro.
Solo silencio.
7:00 a.
m.
La mañana llegó sin prisa, filtrándose poco a poco entre las cortinas de la habitación de Neytan.
La luz era suave, casi respetuosa, como si incluso el día entendiera que aquel sueño había costado ganarlo.
El reloj digital sobre la mesa de noche marcaba exactamente las siete en punto, pero en la habitación no había ningún movimiento.
Neytan dormía profundamente, recostado de lado, con el cabello ligeramente desordenado y el rostro relajado, sin rastro alguno del insomnio que lo había tenido despierto hasta el amanecer.
El silencio fue interrumpido por un golpe leve en la puerta.
Neytan dijo una voz desde el otro lado—.
Ya es hora.
No hubo respuesta.
Pasaron unos segundos y el golpe se repitió, un poco más firme.
Neytan, levántate.
Tenemos que ir a la escuela.
Nada.
La perilla giró con cuidado y la puerta se abrió lentamente.
Matías asomó primero la cabeza, observando la habitación en penumbra.
Luego entró por completo.
Vestía ya el uniforme de la Academia St.
Ravensford, la corbata ligeramente floja, la mochila colgada de un solo hombro.
Cerró la puerta con suavidad detrás de él.
Se acercó a la cama y miró a su hermano menor dormir con absoluta tranquilidad.
Neytan… repitió, esta vez más cerca.
Vamos, ya es hora.
Neytan ni siquiera se movió.
Su respiración era lenta y profunda, como la de alguien que por fin había caído en un sueño reparador después de una larga batalla contra el cansancio.
Matías suspiró y se cruzó de brazos.
Genial… murmuró para sí.
Justo hoy.
Se inclinó un poco más y sacudió suavemente el hombro de Neytan.
Oye, despierta.
En serio.
Nada.
Matías se enderezó y lo observó unos segundos más.
Conocía bien esa expresión.
Neytan no estaba fingiendo.
Estaba completamente fuera de combate.
No me dejas opción —dijo en voz baja.
Salió de la habitación con pasos silenciosos y caminó por el pasillo hasta su propio cuarto.
Abrió un cajón del escritorio y sacó una pequeña bocina de mano, de esas portátiles, compactas pero sorprendentemente ruidosas.
La había comprado precisamente para “emergencias”, aunque rara vez tenía que usarla.
Regresó a la habitación de Neytan, cerró la puerta detrás de él y se colocó junto a la cama.
Miró una vez más a su hermano, como dándole una última oportunidad.
Lo siento dijo.
Presionó el botón.
Un sonido fuerte y agudo llenó la habitación de golpe.
Neytan reaccionó al instante.
Se incorporó de un salto, los ojos abiertos de par en par, el corazón acelerado.
¡¿Qué pasa?!
exclamó, completamente sobresaltado.
Matías apagó la bocina con calma.
Buenos días dijo con una media sonrisa.
Son las siete.
Vamos tarde.
Neytan se pasó una mano por el rostro, todavía desorientado.
¿Qué…?
¿Ya…?
Sí respondió Matías.
Ya.
Levántate, báñate y baja a desayunar.
El tío Andrés va a llegar en unos treinta minutos.
Neytan dejó caer la cabeza hacia atrás sobre la almohada por un segundo.
Dormí como… diez minutos murmuró.
Dormiste desde las seis y pico corrigió Matías.
Créeme, eso es un récord para ti últimamente.
Neytan suspiró, se sentó en la cama y se frotó los ojos.
Ya voy… Más te vale dijo Matías mientras se dirigía a la puerta.
No voy a volver a usar la bocina.
Gracias por el trauma respondió Neytan con voz cansada.
Matías soltó una risa breve y salió de la habitación.
Neytan se levantó despacio, tomó su uniforme cuidadosamente doblado sobre la silla y caminó hacia el baño.
Cerró la puerta y encendió la ducha.
El agua tibia cayó sobre su rostro y su espalda, despejándolo poco a poco.
No se quedó mucho tiempo; sabía que no podían permitirse retrasos.
Mientras se cambiaba, su mente todavía estaba medio adormecida, pero fragmentos de la noche anterior regresaban poco a poco: la laptop encendida, FL Studio, la melodía, el nombre del proyecto.
Una leve sonrisa apareció en su rostro sin que se diera cuenta.
Bajó las escaleras ya vestido con el uniforme completo de la Academia St.
Ravensford.
La casa estaba más animada ahora.
En la cocina, Elena ya estaba lista, sentada a la mesa con su mochila a un lado.
Tenía el cabello bien peinado y el abrigo puesto.
Buenos días dijo Neytan.
Buenos días respondió Elena.
Te ves cansado.
No dormí mucho admitió él.
Matías estaba de pie junto al fregadero.
Eso es una forma elegante de decirlo.
Neytan tomó un sándwich del plato y un vaso de jugo de naranja.
Se sentó y comenzó a comer con calma, sin prisa, como si necesitara ese momento de normalidad para terminar de despertarse.
¿Hoy tienes prueba?
preguntó Elena mientras lo observaba.
No respondió Neytan.
Solo clases normales.
Menos mal dijo ella.
Odio los viernes con pruebas.
Matías terminó de lavar un plato y miró el reloj en la pared.
Son las siete veintiocho anunció.
El tío Andrés ya debe estar llegando.
Como si sus palabras fueran una señal, el sonido de un auto deteniéndose afuera se escuchó a lo lejos.
Ahí está dijo Matías.
Neytan terminó su jugo, dejó el vaso en la mesa y se levantó.
Vamos.
Tomaron sus mochilas y salieron del departamento.
Cerraron la puerta con cuidado y caminaron hacia el ascensor.
Matías presionó el botón del lobby.
El ascensor descendió en silencio.
Cuando llegaron abajo, saludaron al recepcionista con un gesto familiar y salieron del edificio.
Afuera, el aire de la mañana era fresco.
El sedán negro de su tío Andrés estaba estacionado justo frente a la entrada.
Andrés bajó la ventanilla.
Suban dijo.
Vamos a llegar justo a tiempo.
Matías se sentó en el asiento del copiloto.
Neytan y Elena se acomodaron atrás.
El auto arrancó suavemente y tomó rumbo hacia la Academia St.
Ravensford.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com