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Marvel Multiverse: Cyber-Spider (ES) - Capítulo 59

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59: Capítulo 59 59: Capítulo 59 El charco de fluido oscuro comenzó a temblar violentamente, como si una criatura desconocida estuviera tratando de liberarse desde su interior.

Se extendió, expandiéndose como si respirara, formando pequeñas olas viscosas antes de colapsar de nuevo en su propia masa.

Ghost Rider se puso de pie lentamente, sus cadenas tintineando mientras su cabeza ardiente iluminaba la escena.

A pesar de su aparente falta de expresión facial, su postura denotaba cautela.

De repente, el fluido se elevó de golpe, tomando forma rápidamente.

Primero surgieron un par de brazos grotescamente largos y deformes, con garras filosas como cuchillas líquidas.

Luego, una silueta humanoide emergió de la masa, pero esta vez era diferente.

Su estructura era más alta y esbeltal, pero a la vez más inestable, con segmentos de su cuerpo aún goteando y retorciéndose como si la forma no estuviera completamente fijada.

Pero entonces, el simbionte gimió.

No fue un grito, ni palabras inteligibles.

Fue un gruñido gutural, una vibración cargada de odio y desafío.

La sustancia de la criatura comenzó a moverse, como un manto vivo que se estremecía en respuesta a su propia agonía.

Su cuerpo estaba en ruinas, pero no vencido.

Ghost Rider miró con sus ojos en llamas, inclinó la cabeza en un breve pensamiento, y entones estaba preparado para terminar con aquello.

El simbionte entonces reaccionó.

En un latido, las partes de su cuerpo se reestructuraron con un vigor feroz que apenas mantuvo su apariencia en un 50% de su mejor condición.

No era una regeneración perfecta, pero sí suficiente para que la bestia recobrara estabilidad.

Músculos formados a partir de la biomasa alienígena se tensaron.

Garras brillantes emergieron de las extremidades.

El cuerpo recuperó parcialmente su forma, incluso se pudo ver una gran boca revelando filas de dientes afilados que enviaban un escalofrío a cualquiera que lo mirara.

Aparentemente la bestia Simbionte no podía hablar, y tampoco necesitaba hacerlo.

Su postura, baja y predatoria, ya mostraba sus intenciones de ataque.

Claramente el Ghost Rider vio el ataque, y por consecuencia tomó posición defenderse contra cualquier ofensiva.

La bestia simbionte se lanzó como un proyectil.

Después de desahogarse tras su intensa fluctuación emocional, una vez más Johnny Blaze recuperó el control de su cuerpo, convirtiéndose en la personalidad dominante de su forma Ghost Rider.

Sintiéndose un poco cansado la pelea tuvo que reanudarse con una ferocidad inhumana.

Esta vez ya no eran dos hombres en la lucha, sino que ahora se trataba de un hombre contra una bestia.

Johnny apenas tuvo tiempo de alzar su cadena cuando la bestia se abalanzó sobre él con una rapidez brutal.

La garra del simbionte pasó rozando su cráneo, dejando una brisa de aire.

Johnny giró sobre su propio eje, azotando su cadena contra el monstruo.

El impacto resonó como un trueno, pero esta vez, no fue suficiente para derribarlo.

El simbionte ya no estaba tambaleante.

Su estructura seguía dañada, pero había logrado adaptarse, reparándose a una velocidad impresionante.

Aunque el fuego infernal aún ardía en su piel, ahora lo soportaba con una resistencia que no había mostrado antes.

Tal y como había sucedido tras su primera aparición, durante el intento de contención por los androides de defensa, el simbionte se había adaptado a cada uno de los ataques recibidos, obteniendo así la inmunidad a esos daños.

La bestia gruñó de nuevo, su mandíbula repleta de colmillos destelló antes de cerrar sus fauces contra la cadena en llamas.

El metal crujió bajo la presión.

Johnny tiró con fuerza, buscando liberar su arma, pero el simbionte no cedió.

Un nuevo intercambio brutal se produjo.

Johnny usó su fuerza sobrenatural para azotar a la criatura contra el suelo, pero la bestia se impulsó con las garras en un contraataque salvaje.

Sus golpes eran ráfagas de pura agresividad.

Cada zarpazo generaba ondas de choque en el aire.

La calavera del Ghost Rider inclinó el rostro, esquivando los ataques con movimientos mínimos pero precisos.

Hasta que de pronto uno logró acertar.

Las garras del simbionte desgarraron parte del torso esquelético del jinete infernal, arrancando pedazos de hueso en llamas.

Por primera vez en la pelea, Johnny Blaze titubeó, se sintió extraño que por primera vez después de tantas aventuras una extraña criatura logra arrancarle un trozo de hueso.

Pero este titubeo solo sirvió para aumentar la confianza del simbionte, este rugió con triunfo y lanzó otro ataque.

Esta vez, el puño monstruoso impactó con una fuerza arrolladora, enviando al Ghost Rider a través del aire.

Johnny se estrelló contra el suelo, hundiéndose en un cráter de tierra y cenizas.

El Simbionte no esperó ni un segundo más a que se recuperara.

Saltó sobre él con la intención de aprovechar su caída.

Pero estaba claro que Johnny no le daría gusto, entonces giró sobre su espalda y disparó una llamarada infernal.

El fuego envolvió a la bestia antes de que pudiera caer sobre él, lanzándola varios metros hacia atrás.

Pero Johnny se había dado cuenta, el simbionte ya no se retorcía de dolor como lo hacía antes tras recibir su ataque.

Sentía que algo había cambiado, tras un breve pensamiento supo lo que estaba mal, al parecer esta extraña criatura se había adaptado.

Johnny lo notó de inmediato.

El fuego que antes lo debilitaba ahora solo lo irritaba.

Su regeneración se había acelerado.

Donde antes su cuerpo se quemaba y colapsaba, ahora se recomponía con velocidad aterradora.

Johnny apretó los dientes.

No podía permitir que la criatura se resistiera por completo a las llamas del infierno.

La bestia simbionte se lanzó otra vez, usando su cuerpo con una destreza sobrehumana.

Rodó en el aire, esquivó una nueva llamarada y aterrizó con ambas garras sobre Johnny, hundiéndolo más en el suelo.

El Ghost Rider levantó el brazo y atrapó a la bestia por el cuello.

Los dos combatientes quedaron trabados en un forcejeo brutal.

Los músculos del simbionte temblaban, empujando contra la resistencia sobrenatural del Ghost Rider, Johnny apretó la mandíbula y convocó más fuego, envolviendo sus manos con llamas intensas de color ámbar.

Su agarre se volvió un anillo incandescente alrededor de la garganta de la bestia.

Pero esta no retrocedió, en lugar de eso, su mandíbula se abrió más de lo que una anatomía normal permitiría.

Sus colmillos destellaron, y entonces una vez más mordió.

Esta segunda mordida del simbionte logró atravesar el brazo de Johnny.

El fuego infernal crepitó, pero la criatura no soltó.

Sus dientes perforaron la estructura ósea del jinete fantasma, arrancando fragmentos crujientes de hueso.

El grito del Ghost Rider fue un rugido de cólera.

Johnny Blaze comenzó a sentirse incómodo y algo molesto por ser hostigado por esta criatura que parecía más a un perro rabioso, que a una criatura extraña probablemente alienigena.

Con un giro explosivo, Johnny sacudió su brazo y lanzó al simbionte lejos de sí.

El cuerpo del simbionte se retorció, la biomasa alienígena revolviéndose como una tormenta viviente.

Pero cuando se puso de pie, su silueta seguía firme.

Johnny al ver esto exhaló, sintiendo por primera vez en mucho tiempo una pizca de preocupación.

El maldito monstruo se estaba fortaleciendo con cada segundo que pasaba.

Y aunque en el exterior la bestia simbionte parecía tener la ventaja, la realidad es que si esto continuara se convertiría en una lucha de desgaste, una lucha que claramente la bestia simbionte perdería por el rápido agotamiento de la energía ultra plus almacenada en los brazaletes.

Rilley también sabía esto por lo que su consciencia que flotaba a la deriva en su espacio mental, el cual trataba de descansar lo más posible tras la fatiga y los efectos estresantes de la mirada de penitencia, entonces emergió de su letargo tomando parcialmente el control del cuerpo, lo suficiente para lograr transmitir sus intenciones a la criatura.

La bestia simbionte trató de resistirse a aquellos pensamientos intrusivos, pero no importaba cuanto sacudiera la cabeza, aquellos pensamientos no se desvanecían, seguían retumbando como el grito estridente de un gigante.

Las palabras de Rilley enviadas como una orden eran tratadas como poderosas e inquebrantables leyes que regían este mundo, un mundo del cual sus bases se originaban de su propia fuerza de voluntad, junto a sus pensamientos e ideas eran comparables a obsesiones fuertemente arraigadas en su subconsciente, y que eran constantemente confirmadas por su ser consciente, repetidas como una grabadora que repetiría su contenido infinitamente.

En palabras cortas sería tan tenaz a un grado inhumano.

Tratando de ser más claro y preciso, Rilley sería Dios dentro del área que abacara su cerebro y por ende sus propios pensamientos, era capaz de dictar sentencia a la bestia simbionte y manipularlo a su antojo.

No fue por nada todo su duro entrenamiento en la meditación para tratar de obtener el control de su mente y darle un orden claro a la niebla sobre su cabeza.

Esa era la razón principal por la que la bestia simbionte solo aprovechaba los momentos de debilidad mental que Rilley tenía en lapsos cortos e infrecuentes tras exceder sus límites, para así emerger hacia el exterior teniendo la confianza de campar a sus anchas sin molestarse por cualquier otro factor externo.

Solo preocupándose de vez en cuando cada vez que Rilley tomara el control nuevamente.

En ese momento su mente era como una jaula creada por pilares fuertes de sus propios pensamiento, siguiendo así la fuerza de voluntad.

Un Rilley totalmente descansado podía tomar el control de su cuerpo sin ningún problema en menos de un parpadeo, sin duda alguna era capaz de atrapar a la bestia simbionte y meterla dentro de la pequeña caja negra aislada dentro de su cabeza, reteniéndolo ahí para evitar las molestias y problemas que en otras ocasiones este ya había ocasionado.

Si lo quisiera ya lo hubiese dejado olvidado para nunca más volver a dejarlo salir.

Pero aún con todo eso había una razón de peso más que suficiente para dejarlo hacer todo lo que quisiera, la menos brevemente de vez en cuando, y eso era porque tras su descubrimiento Rilley ya había pensando en hacer uso de esta criatura, siguiendo el principio de aprovechar todos los recursos disponibles y evitar el desperdicio, Rilley había optado por usar a la bestia simbionte como un seguro de autopreservación.

Funcionaría de esa manera porque tras caer en un estado debilitado a Rilley se le dificultaba el mantener un control óptimo en su cuerpo, caso contrario sucedía con el simbionte quien parecía no compartir el estrés o fatiga que Rilley sufría, volviéndose así más inquieto e incluso en extremo lleno de energía.

Para Rilley esa era razón más que suficiente para permitirle el salir de vez en cuando.

Siempre que Rilley no pudiera mantenerse consciente o si la fatiga le impedía moverse más, entonces llegando a ese punto dejaría libre al simbionte para que este trabajara por él, manteniéndolo así a salvo de cualquier enemigo o factor externo que se considere un riesgo para su seguridad.

Mientras Rilley descansaba parcialmente le era más conveniente simplemente transmitir sus palabras como ordenes para la bestia simbionte, esto requería de un menor gasto de su energía, permitiéndole así un poco más de tiempo para descansar y simplemente actuar en momentos verdaderamente críticos.

Estos momentos eran los indicados para que la bestia simbionte actuara de acuerdo con la orden de Rilley, no se le podría permitir el negarse a realizar las acciones correspondientes.

Antes de que la energía en sus brazaletes quedaran totalmente vacíos, Rilley había ordenado el deshacerse del Ghost Rider dejándolo lo más lejos posible y retirarse de inmediato.

A pesar de que el simbionte tampoco parecía estar en su mejor condición, Rilley todavía creía que con la fuerza actual que podía ejercer hasta ahora la bestia simbionte era más que suficiente para abrirse un espacio y posteriormente escapar con éxito para no ser encontrado con su atacante.

Mientras Rilley dialogaba con la bestia simbionte obligandolo a obedecer, Johnny levantó su mano y la calavera ardió con un resplandor intenso.

—¡Basta!

-gruñó con voz gutural.

El Ghost Rider activó una vez más su último recurso.

La Mirada de Penitencia.

Los ojos de Johnny se encendieron con una luz infernal, un vórtice de condenación absoluta.

La esencia de la criatura sería forzada a revivir cada pecado, cada atrocidad cometida.

Cualquier ser con alma sería reducido a cenizas bajo el peso de su propia culpa.

Pero entonces, ocurrió algo inesperado.

Bajo la presión ejercida por Rilley hacia la testaruda criatura, la mirada de penitencia fue un peso extra que golpeó como un martillo.

Rilley no se vio afectado tanto como antes, pero gracias al vínculo con la bestia simbionte fue capaz de transfirir los daños hacia esta última.

Tras recibir el fuerte golpe, esto hizo que la bestia simbionte entrara en un abrupto estado de frenesí violento, intensificando tanto su agresividad como su ferocidad.

La bestia simbionte se abalanzó hacia Ghost Rider, quien aún después de caer al suelo y ser presionando por todo el cuerpo no dejó de usar la mirada de penitencia con la ilusión de que resultaría dañado.

Pues todo le había salido mal, la miada de penitencia lejos de debilitarlo le brindó la oportunidad de hacer uso de una habilidad extra.

La bestia simbionte presionó fuertemente al Ghost Rider contra el suelo, usando sus dos patas delanteras como fuertes pinzas de hierro, de su boca comenzó a acumularse una gran cantidad de luz blanca.

Si lo comparamos con un humano, sería posible ver las acciones de la bestia simbionte como un intento desesperado de quitarse de encima a tan molesto contrincante.

Estaba haciendo uso de las reservas de energía en ambos brazalete y acumulándolo en su boca, con el fin de usarlo de la misma manera que el cañón sonico aprendido durante su primera aparición tras el enfrentamiento con los androides de defensa encargados de resguardar el laboratorio de Rilley.

Si bien la bestia simbionte no poseía un intelecto sobresaliente, aún así no se le podía subestimar, ya que este podía hacer uso de nuevas habilidades aprendidas y estrategias breves en un nivel muy básico.

La energía ultra plus cambiaba de un color blanco intenso a un azul brillante, eso dependía completamente del proceso por el cual esta se sometía.

La energía ultra plus acumulada desde la boca de la bestia simbionte era un blanco intenso y cegador, Ghost Rider sintió un peligro llegando sobre sí mismo, pero ya era demasiado tarde.

La bestia simbionte abrió la boca y vacío la energía acumulada como una violenta ráfaga directamente en el cráneo en llamas del Ghost Rider.

…

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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