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Marvel Multiverse: Cyber-Spider (ES) - Capítulo 60

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60: Capítulo 60 60: Capítulo 60 La energía ultra plus cayó sobre Ghost Rider como un intenso haz de luz unidireccional, golpeando fuertemente su cráneo haciendo que las llamas a su alrededor de extingan.

Ghost Rider se movió violentamente tratando de soltarse del agarre que la bestia simbionte tenía sobre él, pero todo fue inútil, se vio obligado a quedarse quieto soportando un inmenso dolor que solo podía demostrar con gruñidos y gemidos ahogados.

No tardó mucho tiempo antes de que la lucha de Ghost Rider perdiera intensidad, poco a poco era evidente que se estaba debilitando.

La bestia simbionte parecía confiada sintiendo dentro de sí un inmenso orgullo por lidiar con tan problemático ser.

Mientras tanto Rilley solo podía observar estupefacto e incrédulo ante lo que podía ver a través de la visión compartida con la bestia simbionte.

Rilley jamás hubiese imaginado que la energía ultra plus poseía efectos contrarrestantes ante criaturas sobrenaturales como lo era Ghost Rider.

Su visión una vez más se vio refrescada tras ver todo esto tan claramente, Rilley ya había sobrestimado los usos de la energía ultra plus y estaba convencido de que lejos de limitarse a una fuente de energía para generar trabajo o un tipo de radiación para estimular cambios genéticos, esta también se desempeñaría como una herramienta para hacer que la ciencia avanzara a pasos agigantados.

Abriendo los ojos más ampliamente ahora entendía que lo más probable era que en la actualidad todavía estaba muy lejos de vislumbrar la punta de aquel gigantesco iceberg.

Estaba claro que el elemento Ultrax era un material aún más precioso de lo que ya estaba considerado, seguramente ocultando secretos aún más profundos y densos.

Lejos de limitarse al ámbito científico estaba demostrando reacción ante el ámbito sobrenatural, ahora Rilley no podía descartar que incluso pudiera tocar el ámbito místico donde los fenómenos mágicos estaban presentes.

Pensándolo más claramente esto no debería ser tan sorprendente, ya que podía incluso tener sentido en un universo como en el que se encontraba ahora.

Alguna veces Rilley olvidaba que las leyes universales en este nuevo mundo eran muy diferentes al de su mundo original.

Con la cabeza fría podía de alguna manera encontrarle algo de sentido ya que después de todo, esta energía no había sido creada por Rilley sino solo descubierta por un error que podía haber pasado por alto sino hubiese puesto la suficiente atención.

Incluso ahora en algunas ocasiones Rilley seguía preguntándose el origen del elemento Ultrax, la razón por la que se encontraba en un estado cuántico tan profundamente oculto, incluso el vínculo que parecía tener con los organismos biológicos, de no ser por las células y tejidos de su médula ósea el Ultrax jamás hubiera podido ser descubierto.

Rilley también pensaba acerca de la gran dificultad al nivel del infierno que se necesitaba para apenas poder extraer una mínima parte de la energía, porque aún con el proceso mejorado por Rilley, actualmente era difícil aumentar la eficiencia de extracción y pureza resultante.

Ante las tantas incógnitas que no hacían más que generar todavía más dudas en Rilley, solo pudo reflexionar tratando de imaginar cuán poderoso era el elemento Ultrax en su estado más puro.

Rilley solo podía suspirar ante las maravillas que este nuevo elemento podía crear, se mantuvo en silencio, pensando…

reflexionando.

Pero sus pensamientos fueron interrumpidos abruptamente por la bestia simbionte quien continuaba mostrándose orgullosa tras derrotar al Ghost Rider.

Por su parte este último parecía estar en un estado de inconsciencia, pero extrañamente no había regresado a su forma humana sino que había permanecido como un esqueleto común y corriente, mirara por donde mirara Rilley no podía ver rastro alguno de las llamas infernales que tanto lo caracterizaban.

Incluso pasó por su mente la idea de que Johnny Blaze había muerto tras recibir de lleno aquel ataque.

Si este pensamiento resultara cierto entonces le sería muy difícil el explicarlo a su familia, y mucho más a su hijo a quien Rilley tenía la intención de reclutar para unirse al Security Corps.

Rilley suspiró aliviado tras ver que el esqueleto comenzaba a moverse, sin perder más el tiempo instó a la bestia simbionte para que abandonara el lugar.

Y aunque reacia se vio obligada a seguir la orden.

…

En un almacén abandonado libre de cualquier rastro de presencia humana, la bestia simbionte se dejó caer al suelo abriendo una pequeña zanja debido a su fuerza.

El fluido oscuro se retrajo revelando el cuerpo totalmente desnudo de Rilley, una vez que Rilley había recuperado el control hizo que el simbionte regresara dentro de su cuerpo a través de los poros en su piel.

Rilley respiró pesadamente, suspirando una vez más por poder salir consciente de esta batalla.

Recordando las veces anteriores en las que había hecho uso total de simbionte se dio cuenta de que apenas pudo salir ligeramente ileso, pero siempre al límite, lo que causaba que en todas esas veces cayera en un estado inconsciente.

Al menos en esta ocasión se podía decir que pudo salir casi ileso, o al menos en un punto en el que todavía se podía mantener en pie.

Esto había demostrado que conforme pasaba el tiempo cada vez que hacía uso del simbionte podía adaptarse a su uso prolongado, logrando acostumbrarse a la tensión que sus propias habilidades le causaban a su cuerpo, y por ende incrementar sus propios límites físicos y mentales.

Al menos en esta ocasión pudo distribuir la energía de manera aceptable, mejor que aquella vez en la que había hecho una visita a la escuela para mutantes de Charles Xavier.

Rilley arrastró su cuerpo cansado y se apoyó sobre la empolvada y fría pared.

—Sophin, envía un mensaje a Frank.

Dale mi ubicación y dile que venga a buscarme lo más rápido posible, que trate de ser discreto para no llamar la atención del Ghost Rider.

No es seguro el pensar que logramos perderlo, tomemos un poco más de precaución en caso de que la buena fortuna no esté de nuestro lado.

Sophin respondió afirmativamente, ejecutando de inmediato la orden que había recibido.

Pronto volvió a sonar la voz de Rilley.

—Sophin mantén el control al simbionte para que no cause porblemas.

Tomaré una pequeña siesta, despiértame en caso de que Frank esté aquí o si algo más sucede.

-terminando sus palabras, casi de inmediato la cabeza de Rilley se inclinó hacia el suelo, cerrando los ojos y emitiendo ligeros ronquidos.

Rilley había salido consciente, pero eso no significaba que estaba libre del cansancio.

Normalmente Rilley ya no requería del sueño para entrar en un estado de recuperación, pero este era un momento extraordinario en el que requería apagar de casi todas las funciones de su cuerpo con excepción de la respiración que le permitía alcanzar un ritmo de regulación uniforme de la energía en cada una de sus células, siguiendo normalmente el mismo trayecto que el oxígeno tomaba para llegar a todos los órganos en un ser humano común.

…

En la cama del hospital se encontraba recostado un hombre de mediana edad, de cabello castaño y con una piel algo pálida.

Este tenía un rostro de facciones marcadas, de una mandíbula cuadrada y bien definida.

Su nariz era recta y no muy prominente, y su frente es amplia, mostrando una expresión algo tensa.

Su rostro llevaba la huella de años de presión, tanto emocional como física, lo que le daba una apariencia madura, aunque con un aire inquebrantable y algo distante.

Este hombre no era otro que Norman Osborn.

Los ojos azules de Norman se entreabrieron lentamente, y por un instante, el blanco brillante del techo lo desorientó.

No estaba en su casa, ni tampoco estaba en su laboratorio.

El ambiente era ajeno, frío y estéril.

La sensación de desprotección lo golpeó con fuerza.

Sintió la presión del aire frío sobre su piel, y el ruido monótono de máquinas que no reconocía invadió su mente.

Un murmullo, distante y extraño, rodeaba todo.

La incomodidad era lo primero que lo alcanzaba al despertar, como una niebla espesa que lo envolvía.

Estaba acostado, pero algo no encajaba.

No era su cama, ni su espacio.

El lugar era impersonal, frío, y esas luces brillantes sobre él lo cegaban temporalmente.

Se sintió, por un segundo, perdido en su propio cuerpo.

Sus ojos se abrieron un poco más, pero aún no lograba entender qué estaba pasando.

Todo se desdibujaba, como si su mente aún luchara por acoplar las piezas del rompecabezas.

“¿Dónde estoy?”.

Se preguntaba dentro de su mente.

La confusión persistió mientras miraba el techo blanco.

¿Cómo había llegado allí?

Todo le parecía borroso.

El sudor frío le recorría la espalda mientras las imágenes comenzaban a regresar.

Parecían fragmentos, algunos retazos de lo que parecía haber sido una pesadilla, o tal vez no.

Una voz en su mente, ansiosa, trataba de conectar esos puntos.

Entonces en su mente recordó haber tenido un sueño, en aquel sueño había aparecido un lunático que logró robar su equipo tecnológico de tácticas especiales.

Se transportaba haciendo uso del aerodeslizador que el personal de su laboratorio secreto había desarrollado después de mucho tiempo de investigación, vistiendo un traje de color verde con placas protectoras en las partes vitales del cuerpo, cubriendo también su rostro con una máscara de lo que le parecía un duende verde sonriente.

Había hecho daño a sus socios, e incluso a él mismo.

Se trataba de un hombre, no, de un lunático.

¿Un… duende?

No… No, no era eso.

Recordaba el color verde.

Y el traje.

El Duende Verde.

Su estómago se tensó al recordar la figura extraña, el ser con la máscara burlona y el traje extraño.

La cara algo borrosa que se le quedaba grabada como fuego en su mente.

¿Qué había pasado?

La explosión.

La furia de un impacto brutal.

Se sacudió en la cama, como si el eco de aquella onda expansiva todavía estuviera retumbando en sus oídos.

Un estallido que lo había arrojado hacia un refugio improvisado en su mansión.

El humo.

El fuego.

La sensación de estar atrapado impotente.

No sabía si había sido el impacto o la rapidez de la acción lo que lo había salvado.

Tal vez la suerte.

“Pero… ¿realmente había sido suerte?”.

Se cuestionó a sí mismo.

Norman respiró hondo, pero el aire frío del hospital no ayudó.

Los recuerdos seguían empujándose en su mente, chocando unos contra otros, y una sensación de claustrofobia comenzó a crecer en su pecho.

¿Cómo había llegado allí?

¿Cómo había sobrevivido a lo que había sido un atentado directo?

Y la pregunta más inquietante: ¿quién lo había atacado?

Luchó por sentarse, pero el dolor lo detuvo.

No era solo físico.

Se trataba de algo más profundo.¿Qué quedaba de él después de esto?

Durante tantos años, había controlado todo, había manejado su imperio empresarial como un hombre duro, se había mostrado como el hombre fuerte que nunca flaqueaba.

Pero ahora, aquí, en esta cama de hospital estaba completamente a merced de algo que ni siquiera podía entender.

“¿Y si ya no podía controlar nada más?”.

Esta cuestión lo carcomian tal cual gusanos pegados a la carne putrefacta.

El terror comenzó a apoderarse de él, no porque su vida estuviera en peligro nuevamente, sino porque se daba cuenta de algo mucho más profundo, ¿y si su vida siempre había estado en peligro?

¿Había sido siempre una mentira la estabilidad que él creía tener?

¿Había estado ciego por tanto tiempo, sin ver lo vulnerable que era?

La idea lo desbordó.

Un loco enmascarado.

Un lunático que había robado su tecnología, su aerodeslizador, su proyecto.

Pero más allá de eso, había invadido su casa, un santuario para sí mismo aquel que consideraba como un lugar seguro.

Había sido su vida, su todo, lo que estaba en riesgo.

Y sin embargo, ese hombre, ese “Duende Verde”, parecía burlarse de él desde la distancia, pareciendo estar presente como un espectro, y sin embargo real, con el poder de sacudir todo lo que Norman había creído que era sólido hasta este momento.

Miró hacia el costado de la cama.

La soledad de la habitación lo atrapó nuevamente.

¿Qué iba a hacer ahora?

¿Qué iba a hacer con este temor que lo carcomía por dentro?

No podía simplemente quedarse allí, esperando que el mundo siguiera girando a su alrededor.

Pero, ¿qué más podía hacer?

¿Cómo recuperar el control de todo?

La misma sensación de vulnerabilidad lo invadió una vez más.

No podía soportarlo.

Nunca más, ya no podía ser una víctima.

…

..

.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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