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Marvel Multiverse: Cyber-Spider (ES) - Capítulo 63

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63: Capítulo 63 63: Capítulo 63 El viento arrastraba ceniza fina y partículas de concreto como si la tierra aún respirara el eco de lo ocurrido.

Frente al inmenso cráter, entre restos de acero retorcido, bloques de cemento fragmentado y una nube de polvo persistente, se alzaba la imponente figura de Sergei Kravinoff, mejor conocido como Kraven el Cazador.

Sus botas pisaban la tierra con la calma propia de un depredador que no teme ser sorprendido.

Buscaba por el lugar esperando encontrar huellas, rastros, cualquier pista que lo lleve a comprender lo que había ocurrido allí.

Frente a él se encontraban los restos del laboratorio secreto de Norman Osborn, un complejo subterráneo en el que posiblemente se habían invertido una gran cantidad de recursos, siendo hasta hace poco visible para sus ojos se extendían ahora como una herida abierta sobre el paisaje.

El terreno había colapsado por completo, dejando un cráter de varios metros de profundidad que devoraba los cimientos y la memoria del lugar.

Kraven no se movía, solo observaba atentamente cualquier que estuviese a su alrededor.

Los ojos afilados, tan acostumbrados a seguir presas a través de la selva, ahora recorrían los escombros buscando patrones.

No había olores familiares, solo el amargo aroma de la destrucción.

Tampoco había señales evidentes de una confrontación.

Ningún cuerpo, ningún proyectil, ni siquiera marcas de arrastre o de combate.

Todo había sido consumido de raíz.

Un colapso limpio, demasiado limpio.

—Esto no fue un derrumbe natural.

-dijo Kraven para sí mismo.

La forma en que el concreto se había reventado desde adentro, la fusión de metales y el fulgor ennegrecido en las paredes fracturadas…

Todo le hablaba de calor y presión, muy posiblemente había estallado alguna bomba.

Y Kraven conocía muy bien este tipo de armas, después habían demostrado ser muy útiles en varios casos particulares.

Se agachó junto al borde del cráter, tocando con la yema de sus dedos un fragmento de concreto derretido.

El calor ya se había disipado, pero el olor residual de la combustión a pesar de pasar algún tiempo todavía se encontraba presente.

Demostrando así la potencia que tuvo el explosivo.

Caminó en círculos, dando rodeos al cráter.

Su experiencia como rastreador no descansaba.

Cada paso, cada roce, cada sombra era una oportunidad de reconstruir lo que otros no podrían percibir.

Rastros de ceniza arrastrados por el viento, polvo asentado de forma antinatural sobre ciertas secciones…

marcas sutiles, detalles que hablarían a un ojo común solo como desorden, pero que para él eran lenguaje.

Y aun así, todo lo que encontraba era incertidumbre.

Kraven frunció el ceño.

Apretó la mandíbula, pero no por impotencia, sino por la emoción del enigma significativo que había encontrado.

Había algo más aquí, lo sabía.

Aquella devastación sin duda había tenido un propósito claro, el ataque había sido directo con el fin de eliminar todo rastro y prueba que hubiese quedado dentro del laboratorio.

Ningún rastro de escape a pie, ni huellas.

Nada podía ser encontrado, para Kraven esto fue algo extraño con lo que nunca se había encontrado durante su tiempo de caza.

Hasta que después de unos segundos de pensamiento dirigió su mirada hacia arriba, observó como una parvada de patos volaban libres en una gran travesía.

Una idea surgió en su mente.

—Entonces se elevó.

-dijo para sí mismo como si hubiese encontrado la última pieza del rompecabezas, dejando que la deducción tomara forma.

—Lo que sea que ocasionó todo esto, salió de aquí desde el aire.

Su mirada continuó sobre el cielo, entrecerrando los ojos.

Las nubes se desplazaban con lentitud, ocultando poco a poco la sombra de los patos que pasaron por allí.

Finalmente Kraven dejó escapar un suspiro.

—¿ahora a quien debo pedir los fondos prometidos?

-su voz cambió a una perezosa mostrando desinterés, al mismo tiempo sus músculos antes hinchados disminuyeron a su tamaño más normal.

El aire feroz que antes exudaba había bajado a tal punto en el que otros ya podían actuar más relajados a su alrededor.

Su cambio fue tan brutal que cualquiera que lo viera quedaría con la boca abierta por tal incredulidad.

Kraven no había pasado de ser un hombre rudo a uno visualmente débil, sino que simplemente su apariencia el cual exudaba la ferocidad de una bestia al acecho capaz de generar temor en las personas se había vuelto un poco más tenue.

Si antes se podía comparar a un león con sus garras extendidas a punto de cazar a su presa, ahora era más parecido a un león en reposo, perezoso e indiferente, que con su sola apariencia mostraba su majestuosidad y puro aire de un depredador en la cima.

Cuando Kraven hacía negocios o se encontraba en sus momentos de caza siempre exudaba el aire de una bestia feroz, pareciendo ante la vista de otros como un hombre rudo extremadamente peligroso.

Esta era una técnica que el mismo había llamado “Modo cazador”, y no solo era apariencia, sino que se trataba de un mecanismo físico en el que su cuerpo podía generar cantidades extremas de adrenalina, permitiendo así que sus sentidos concentrados se agudizaran y que sus músculos se hincharan reteniendo un poder explosivo inmenso listo para ser liberado de manera constante en cualquier momento.

Incluso después de que sus capacidades físicas se incrementaran tras aplicarse el suero F experimental del doctor Mendel, el “Modo Cazador” todavía continuaba siendo útil, logrando un incremento temporal del 10% de sus capacidades ya aumentadas por el suero.

Si bien era un número muy pequeño si se comparaba con el incremento del 200% en su estado original previo al suero, ya analizando las estadísticas totales se podía ver que ese pequeño 10% posterior al suero era en realidad muy significativo.

Tomando en cuenta su estado original, si luchara contra copias perfectas de sí mismo usando el modo cazador podía enfrentarse y vencer a cinco de él mismo sin ningún problema.

Posterior a la aplicación del suero 30 de él no serían suficientes ni siquiera para hacerlo sudar, y usando el modo cazador apenas 80 podrían darle algo de pelea.

Con solo ese ejemplo estaba más que claro la comparativa de fuerza previo y posterior al suero F que Kraven había recibido.

Kraven se acomodó el abrigo de piel que colgaba sobre sus hombros, y con un movimiento sutil sacó de uno de sus bolsillos internos una pequeña petaca de plata.

Dio un sorbo corto, lo suficiente para humedecer la lengua y espantar la sequedad que le había dejado la prolongada exposición bajo el sol.

Chasqueó la lengua con fastidio.

—Maldito sol.

Mi whisky se ha calentado.

-dijo tras guardar el frasco en su bolsillo y limpiar el sudor de su frente.

Kraven no había traído ninguna bebida refrescante al pensar que podía simplemente tomarlo de los refrigeradores del laboratorio secreto de Osborn, tal como lo había hecho durante su visita anterior.

Se había llevado la gran decepción al encontrar las ruinas de lo que alguna vez fue un grupo de bodegas aparentemente abandonadas, claro que solo se trataba de la fachada exterior, pero con el gran cráter que que había quedado en medio dejaba ver que alguien o algo había excavado tan profundo que hizo colapsar el suelo.

Tal destrucción era imposible que llamara la atención de los residentes cercanos.

Esto se debía principalmente a que a varios kilómetros a la redonda no había señales de vida humana, ni viviendas abandonas, ni mucho menos animales domésticos merodeando los alrededores.

El lugar estaba lo suficientemente vacío como para llamarlo un páramo desolado.

Kraven dejó escapar un último suspiro mientras se apartaba del lugar.

Girando sobre sus talones avanzó entre los escombros hasta una zona más apartada del sitio, donde el polvo y la ceniza comenzaban a ceder ante la maleza quemada.

Entre la sombra de un árbol seco y los restos de un muro caído, esperaba su confiable y potente motocicleta.

Se trataba de una máquina de color negro azabache, robusta, con un aspecto sutil de rebeldía, tras modificaciones en el motor este rugía como una bestia al encenderse.

Como un accesorio Kraven había montado placas falsas en caso de que requiriera desviar la atención de su vehículo, de tal manera que le permitiera cambiarlo cuantas veces quisiera.

Kraven se subió al vehículo sin decir más palabras, colocándose una gafas oscuras encendió los faros e inició con el avance.

Al hacerlo el motor respondió con un rugido profundo.

Pasando un tiempo Kraven finalmente dejó el extenso páramo y se incorporó a la carretera principal, la cual se extendía como una serpiente gris entre la desolación.

A medida que Kraven se alejaba más y más, se llegó a un punto en el que solo podía verse una vaga silueta al horizonte.

El viento en las ruinas volvía a levantar el polvo del desastre, como si intentara enterrar los rastros de lo ocurrido.

La luna se alzaba alta en el cielo, proyectando una luz pálida sobre la vasta propiedad de Norman Osborn.

Esta mansión parecía ser una amalgama de arquitectura moderna y fortaleza impenetrable, se erguía en medio de extensos jardines meticulosamente cuidados.

Cámaras de seguridad, sensores de movimiento y patrullas armadas eran parte del paisaje nocturno, una muestra del poder y la paranoia de su dueño.

A varios cientos de metros, oculto entre la espesura del bosque que bordeaba la propiedad, Kraven observaba.

Volviendo una vez más a su modo cazador, sus ojos agudos como los de un felino estudiaban con gran detalle los patrones de las patrullas, la frecuencia de los sensores, la ubicación de las cámaras.

Cada elemento era registrado y analizado con precisión milimétrica, haciendo uso de su gran memoria tal hazaña era algo simple y totalmente normal para él.

Kraven no era un hombre común.

Su cuerpo, fortalecido por años de entrenamiento y potenciado por el suero F, le otorgaba habilidades sobrehumanas.

Su amplia experiencia, fuerza, agilidad y sentidos estaban afinados al máximo, convirtiéndolo en el depredador definitivo.

Pero más allá de sus capacidades físicas, era su mente estratégica y su paciencia lo que lo hacían verdaderamente peligroso.

Con movimientos calculados, Kraven se deslizó entre las sombras, acercándose al perímetro de la mansión.

Sabía que un enfoque directo sería suicida; en cambio, optó por una ruta menos convencional.

Identificó un punto ciego en la cobertura de las cámaras, una pequeña sección del muro perimetral donde la vegetación proporcionaba una cobertura natural.

Con un salto ágil, se encaramó sobre el muro y descendió al otro lado sin hacer el menor ruido.

Dentro del perímetro, se movió como una sombra, evitando las rutas de las patrullas y desactivando silenciosamente los sensores de movimiento con dispositivos que había preparado previamente.

Cada paso era meticulosamente planeado, cada movimiento ejecutado con la gracia de un bailarín y la precisión de un cirujano.

Al llegar a la estructura principal, Kraven localizó una entrada de mantenimiento en el sótano, protegida por una cerradura electrónica de última generación.

Sacó una herramienta de su cinturón, un dispositivo de hackeo portátil, y en cuestión de segundos, la cerradura emitió un suave clic, indicando que había sido desactivada.

Dentro de la mansión, los pasillos estaban silenciosos, pero Kraven sabía que las verdaderas defensas no eran visibles a simple vista.

Sensores térmicos, detectores de movimiento y sistemas de seguridad ocultos estaban por todas partes.

Sin embargo, él estaba preparado.

Utilizando una combinación de parcial conocimiento en tecnología, su aguda percepción, y más que nada sus afinados instintos navegó por el interior sin activar ninguna alarma.

Finalmente, llegó al despacho de Norman Osborn.

La puerta estaba cerrada, pero no era un obstáculo para Kraven.

Con una herramienta especializada, manipuló la cerradura y entró sin ser detectado.

El despacho estaba oscuro, iluminado solo por la luz de la luna que se filtraba por las ventanas.

Kraven se acercó al escritorio y, con una sonrisa apenas perceptible, se sentó en la silla frente a él, esperando pacientemente la llegada de su empleador.

Incluso tuvo la suficiente confianza y paciencia para acercarse las botellas con bebidas y un vaso con hielos, despreocupado llenó su vaso y tomó a pequeños sorbos disfrutando totalmente de la bebida lujosa.

La silla de cuero crujía suavemente bajo el peso de Kraven.

Reclinó la espalda con calma, una pierna cruzada sobre la otra, los dedos enguantados tamborileando sobre uno de los apoyabrazos con la paciencia de un cazador experto.

El despacho de Norman Osborn era exactamente como lo había imaginado, tal como debía ser para un empresario exitoso, opulento, cuidadosamente diseñado para proyectar poder, inteligencia y refinamiento.

Los ojos de Kraven recorrían el lugar, pudiendo ver como si fuera de día a pesar de cubrirse con la oscuridad de la noche.

Había una alfombra persa de tonos carmesí y negro que cubría casi toda la extensión del suelo, el cual amortiguó sus pasos cuando había entrado.

Tras el escritorio de madera que parecía ser de ébano macizo, una estantería parecía estar oculta, esto según el sonido que producía el tamborileo de sus dedos sobre la superficie, al menos un compartimento secreto.

Las cortinas gruesas dejaban pasar apenas la tenue luz de la luna, dando al espacio una penumbra confortable y tranquila.

Kraven se levantó, caminando sin apuro hacia una de las vitrinas.

Allí, entre placas conmemorativas y fotografías diplomáticas, descansaba un retrato, el retrato de una belleza castaña cargando a un bebé en sus brazos.

Kraven sintió algo de curiosidad y examinó tal imagen con una ceja alzada.

El leve zumbido de un mecanismo de seguridad desactivándose lo alertó.

Pero aún así no se movió de inmediato, continuó mirando la fotografía dando un sorbo a su bebida.

Una cerradura magnética se liberó, y segundos después la puerta doble del despacho se abrió con un clic sordo.

…

..

.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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