Marvel Multiverse: Cyber-Spider (ES) - Capítulo 64
- Inicio
- Todas las novelas
- Marvel Multiverse: Cyber-Spider (ES)
- Capítulo 64 - 64 Capítulo 64
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
64: Capítulo 64 64: Capítulo 64 Tras unos días posterior a su alta del hospital, Norman trató de regresar a su rutina diaria, intentando mantener a su empresa a flote a pesar de las adversidades que tanto la atormentaban.
Aunque había sido un poco complicado volver a la normalidad debido a la intervención de los agentes de policía quienes investigaban a profundidad el asesinato de los miembros de la junta directiva, ellos se inmiscuían en los asuntos de la empresa alegando que se trataba de una búsqueda exhaustiva para dar con los culpables.
Tal retórica no había hecho más que provocar dolores de cabeza para Norman, siendo un hombre de negocios quien mejor sino él para saber que eran solo palabrería para mantenerse al límite de lo legalmente permitido de acuerdo a la ley, una herramienta más usada no solo por investigadores de la autoridad policial sino también por él mismo en ocasiones que lo ameritaban.
Ciertamente tal suceso no era algo que pudiera ser tomado a la ligera, después de todo se trataba de ocho miembros de la junta directiva de una gran empresa nacional, y además algunos de esos miembros poseían estrechos vínculos con figuras políticas y con poder gubernamental, más importantes aún también se incluían entre esos números a dos representantes del órgano protector de la nación, la milicia.
Pero para Norman esto ya era en extremo exagerado, él no era un tonto, cualquiera con un mínimo de pensamiento se daría cuenta de lo que estaba sucediendo, verían fácilmente a dónde querían llegar estas investigaciones.
Lo estaban tratando como a un sospechoso más, como si no fuera también una víctima, como si no hubiera terminado en el hospital, inconsciente, con su propia vida pendiendo de un hilo.
Norman podía ver claramente que lo veían como el último testigo incómodo de una masacre que nadie quería resolver de verdad, sino usar como moneda de cambio para obtener algo.
Pudo darse cuenta de la razón por la que estaba investigación se había encaminado hacia su dirección, quien más podría sospechar de él sino aquellos dos miembros restantes de la junta directiva, de aquellos dos representantes militares.
Pero Norman no podía entenderlo, estaba seguro de que no era culpable, se encontraba desconcertado de los motivos por lo que estaba siendo incriminado, después de todo a pesar de tener la suerte de sobrevivir, continuaba siendo una víctima más del loco terrorista denominado por los medios como “Duende Verde”.
Norman no tomaba estas acciones como actos personales de esas dos personas, claro que no, al ser representantes militares sus acciones eran la voluntad de la organización de defensa nacional.
¿Acaso querían simplemente despojarlo de sus bienes?
¿Querían tomar su fortuna y hacerse cargo de su empresa?
Pronto recordó que había llegado un momento en el que se consideró lo suficientemente valioso como para no ser descartado tan fácilmente por los militares, nunca había imaginado que a pesar de los beneficios que él les traería al tenerlo de su lado todavía fueran tan ciegos, o tal vez simplemente extremadamente ambiciosos por devorar a su empresa y obtener todos los beneficios sin pagar nada a cambio.
Nunca dándose por vencido Norman buscó contactar con los dos miembros restantes de la junta directiva para aclarar todos los malos entendidos, pero tras aquel fatídico día no se había visto la presencia de los dos, era como si de pronto hubiesen sido tragados por la tierra hasta el ápice de sus rastros.
Por lo que parecía trataban de mantenerse al margen y evitar llamar la atención de los coyotes hambrientos de la prensa.
Pero al ser figuras relativamente importantes en los cargos militares, su ausencia se debía más que nada para su protección, manteniéndose bajo resguardo en las instalaciones militares para evitar el posible atentado contra sus vidas.
A pesar de todo tipo de dificultad y sospechas, Norman Osborn viajaba acompañado por escoltas fuertemente armados y totalmente capacitados para lidiar con ataques terroristas.
Las sospechas parecían no afectarlo, y en el exterior continuaba transmitiendo la confianza de un importante hombre de negocios.
Un día más en la oficina, la policía había inspeccionado una vez más cada rincón de Oscorp.
Desde los laboratorios hasta los registros contables, había obtenido fácilmente una orden formal para hacerlo sin importarles si Norman estaba de acuerdo con eso, y si tuviera algo que decir en contra entonces los oficiales podrían fijarse totalmente en él como un sospechoso cada vez más probable.
Tal vez eso es lo que querían, en verdad parecía que eso estaban buscando porque cada vez actuaban de forma tan altiva y descarada.
Norman apenas pudo soportarlo juntando hasta la última gota de su paciencia, repitiéndose en su mente que se trataba de una trampa abierta en la que solo un tonto sin razón podría caer.
A pesar de hablar de la forma correcta usando sutilezas y un lenguaje formal, los oficiales Siempre encontraban algún tecnicismo, alguna excusa legal para justificar su presencia y acciones.
—Estamos investigando con mayor profundidad, tratando de ordenar una línea de tiempo.
-dijo uno de los agentes con voz neutra mientras hojeaba documentos privados sin siquiera pedir permiso.
—Aún hay lagunas que necesitamos llenar.
Norman lo miró sin pestañear.
Había lidiado con tiburones peores que ese en importantes reuniones con grandes empresarios y personas influyentes.
Pero esta vez, al menos por esta ocasión no podía simplemente tomar su salida.
—¿Y han considerado que atacar a la directiva de una empresa de este tamaño, con estas conexiones, podría ser un intento deliberado por desestabilizar la economía?
¿O es más fácil pensar que hay algo sucio dentro de Oscorp?
—preguntó Norman con calma, sin mostrar emoción en sus gestos y microexpresiones.
El agente solo lo miró, con la expresión imperturbable.
—Estamos trabajando en el caso, Señor Osborn.
Le agradecería que me dejara hacer mi trabajo sin interrupciones, de lo contrario me haría pensar que está entorpeciendo el caso a propósito.
Norman Osborn ni siquiera tuvo fluctuaciones, miró a los ojos al oficial y simplemente le dedicó una sonrisa diplomática, dándose la vuelta regresó a su oficina.
Sentándose detrás de su escritorio una vez más trató de contactar con Nels Van Adder, su informante y asistente del doctor Mendel Stromm, como ya había sucedido en otras ocasiones la llamada no había sido atendida.
Una vez más marcó un número, el cual se trataba del teléfono personal del doctor Stromm, y lo mismo había sucedido, como en otras ocasiones no hubo respuesta, la llamada no podía conectarse.
Colgando el teléfono con un golpe furioso, Norman pasó sus manos sobre su cara para posterior terminar acomodando su cabello.
Su estado de ánimo era frustrante, debido al temor de ser atacado una vez más no se atrevía a ir directo a su laboratorio secreto, hacía esto para no darle pistas a cualquiera que estuviese detrás de él, ya sea los agentes de policía o el terrorista conocido como Duende Verde.
Su cautela era extrema y más aún ahora que estaba siendo fuertemente investigado, en este momento en el que cualquier paso en falso significaría terminar como el chivo expiatorio de alguien más, no había manera de que Norman fuera descuidado.
Desde que había salido del hospital había tratado de contactar con su laboratorio secreto, no solo con sus colaboradores más cercanos sino con gran parte del personal que se suponía estaba trabajando allí.
Pero todos sin excepción no podían ser contactados, al principio había creído que esto se debía al protocolo de seguridad establecido por el mismo doctor Stromm para manejar la precaria situación.
Ingenuamente Norman creyó esto durante algunos días, pero fue hasta que pasó un par de semanas y aún no había sido contactado que poco a poco perdió la paciencia, entonces tras reflexionar durante algún tiempo, más tarde se dio cuenta de que esto ya no era normal, sin importar que tan vigilado estaban sus comunicaciones todavía era posible el recibir algún tipo de señal.
Se trataba de una situación que ya estaba afuera de su control, un control que desde hace mucho se acostumbró a tener para evitar que su organización cayera en el competo caos.
Ya no podía soportar simplemente quedarse de brazos cruzados esperando unilateralmente que el laboratorio contactara con él.
Teniendo en cuenta que sus comunicaciones estaban siendo monitoreadas de principio a fin las 24 horas del día, envío un mensaje a través de su red oculta y encriptada a uno de sus guardias de seguridad dándole una misión especial, la misión era llegar hasta el laboratorio secreto y ver con sus propios ojos lo que estaba sucediendo, y posteriormente darle un informe completo de toda la situación.
Después de tomar un respiro, Norman volvió al trabajo, sabía muy bien que no tenía tiempo que perder, Oscorp no se dirigiría sola.
Sabía que era cuestión de tiempo para que el resto de inversores pronto exigieran respuestas, a pesar de tratarse solo de pequeños inversionistas, juntos todavía lograban reunir un aproximado del 20% de participación en la empresa.
Tomando en cuenta que tras el atentado contra la junta directiva de los inversionistas principales, el sistema de mando y la toma de decisiones se había visto temporalmente paralizado.
Debido a la explosiva noticia de los medios, las acciones habían bajado casi un 17% desde la noche del atentado.
No importaba cuán sólido fuera el núcleo tecnológico de la compañía ni cuán avanzada fuera su división de biotecnología, si no se lograba tomar las riendas y mantener el timón derecho todo podía irse a pique en cuestión de unas pocas semanas.
Pero gracias a su vasta experiencia Norman había aprendido a surfear las crisis, tomando los problemas como posibles oportunidades.
Ya había ideado un plan para mantener a la empresa, y si todo salía de acuerdo a lo planeado podría incluso impulsarla a un nuevo nivel.
A pesar de tener un plan muy ingenioso, lo que más le preocupaba nunca había sido el momento para implementar el plan, sino más bien aquellos factores incontrolable.
Esos dos hombres restantes de la junta directiva dentro de los inversionistas principales eran más que un dolor de cabeza, si actubaban para sabotear sus buenas obras le sería imposible a Norman el impedirlo.
La tensión en Norman se había transformado en un ruido de fondo permanente.
Un zumbido que no podía ignorar, incluso en la soledad estéril de su oficina.
Los informes se acumulaban en su escritorio como cadáveres sin entierro, y cada línea de texto parecía una amenaza velada, un recordatorio de que Oscorp estaba siendo observada, analizada, juzgada.
Norman era un visionario, sí.
Un genio incluso.
Pero en lo más profundo de su mente, algo se estaba quebrando, poco a poco se abría en múltiples fragmentos.
Cada vez que alguien hablaba en voz baja fuera de su oficina, Norman se detenía.
Escuchaba.
Intentaba captar alguna palabra suelta, algún nombre… el suyo tal vez.
Cuando encontraba a dos técnicos riendo cerca del ascensor, su mente se lanzaba a la conclusión más inmediata, hablaban de él.
Se burlaban.
Planeaban algo.
Dormía poco, comía apenas lo necesario.
Su cuerpo, aún fuerte y disciplinado, comenzaba a reflejar el desgaste que su mente ya no podía ocultar.
Las ojeras eran más profundas, por lo que tenía que usar un maquillaje especial para que los demás continuarán mirándolo como el hombre fuerte que era, sus músculos estaban algo tensos, como si su piel estuviera a punto de estallar.
‘¿Qué clase de mundo era este, que no celebraba a los hombres como él?
¿Qué clase de civilización construía imperios sobre los hombros de titanes… solo para luego intentar derribarlos en cuanto llegaban a la cima?’.
Esto y más eran los pensamientos que rondaban por la cabeza de Norman.
Norman Osborn había construido Oscorp con sangre y voluntad partiendo desde cero, no había dependido de nadie para lograr obtener todo lo que ahora tenía al alcance de sus manos.
Había sobrevivido a escándalos, a traiciones, a errores.
Pero ahora, todo se sentía… diferente.
Como si el mundo entero hubiera decidido, sin decir una palabra, volverse en su contra.
Ya no confiaba en el resto del consejo directivo.
Y con la desconexión con su laboratorio secreto tampoco confiaba en sus científicos.
Ya ni siquiera confiaba del todo en los guardias de seguridad que él mismo había seleccionado.
Su mirada se volvía más inquisitiva cada día, incluso cada sonrisa que le dirigían le parecía ensayada.
De lo que no podía darse cuenta era que el mayor enemigo, sin embargo, vivía dentro de su cabeza.
Tal vez podía intuir algo, no lo sabía muy bien.
A veces, al mirarse en el espejo, se detenía demasiado.
Se quedaba viendo a ese hombre reflejado en el cristal, altivo, de mandíbula firme y ojos inteligentes… pero también tenso, herido, casi desesperado.
Había algo detrás de su mirada.
Una sombra que no sabía si era externa o si lo habitaba desde siempre.
—Quieren verme caer… -susurraba algunas noches, solo, en la penumbra.
No como una idea infundada, sino más como una verdadera certeza.
Y lo peor era que no sabía quiénes eran “ellos”.
¿Acaso era el mundo?
sí, pero también era algo más.
¿Tan vez Stromm?
O incluso los medios.
¿El resto de la junta directiva?
Incluso pensó en su propio hijo, Harry, en quien veía debilidad, decepción y un eco del fracaso que Norman jamás se permitiría aceptar como suyo.
Con el tiempo Norman pensaba en todo y en nada al mismo tiempo.
Aunque, cada vez más, empezaba a preguntarse si la locura no lo había alcanzado ya.
A veces, mientras revisaba reportes financieros en su tableta, pensaba si tal vez todo esto era parte de una jugada más grande.
Una conspiración empresarial, un intento por tomar el control de Oscorp desde adentro, usando el terror como palanca.
O quizá alguien, desde las sombras, había decidido enviar un mensaje.
Uno que él todavía no entendía del todo.
Lo único claro era que no podía detenerse.
No ahora.
No con tantos ojos sobre él.
Una vez más el despacho volvió a quedarse en silencio, dándose cuenta de que realmente nunca se había puesto de pie y nunca se había movido.
En su mente había pasado por mucho, pensando que tal vez ya habían pasado días y días, transcurriendo como el agua que fluye de entre las manos.
Tras un suspiro Norman extendió su mano hacia el cajón de su escritorio, de allí sacó un frasco que el doctor del hospital Glass le había entregado tras ingresar al programa médico especial, con una presentación sencilla se dejaban ver varias cápsulas púrpura, este era el nuevo medicamento nombrado temporalmente como “DNS32” el cual había demostrado hasta ahora cumplir con todo lo dicho por el doctor, incluso más allá.
Tras consumir la pildora y beber un vaso con agua, Norman apoyó los codos sobre la mesa, entrelazando los dedos.
Sus ojos antes cansados ahora habían recuperado su agudeza, estaban fijos en el horizonte que se dibujaba tras la ventana.
Mirando la ciudad que nunca dormía.
En ese mundo que parecía girar sin importarle cuántos hombres caían para sostener su maquinaria.
—Quieren verme caer.
-murmuró para sí mismo.
—Pero Oscorp no es solo una empresa.
Soy yo.
Si me derrumban… todo esto cae con ellos.
…
..
.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com