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Marvel Multiverse: Cyber-Spider (ES) - Capítulo 66

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66: Capítulo 66 66: Capítulo 66 La luz de la mañana se filtraba a través de las persianas de la oficina, proyectando líneas doradas sobre el suelo.

Tal claridad del amanecer comenzaba a colarse al interior de la oficina revelaba el polvo suspendido en el aire.

Norman Osborn despertó poco a poco, con el rostro pegado al brazo derecho y una ligera marca roja en la mejilla.

Había estado recostado sobre el escritorio, profundamente dormido, como si la noche anterior hubiese sido arrancada de su memoria.

Sintiéndo que había caído en un sueño profundo y algo confuso, parpadeó varias veces, intentando enfocar la vista.

Sus ojos tardaron en adaptarse a la claridad tenue del lugar.

Su cuello le dolía, y su espalda también.

La postura había sido incómoda, pero no fue eso lo que lo desconcertó, sino la vaga sensación de que había vivido algo intenso, que ahora se deshacía en los bordes de su mente como un recuerdo que no quería ser restaurado.

Norman se incorporó lentamente, frotándose la cara.

El escritorio estaba como lo había dejado, el informe seguía allí, Abierto frente a él.

Las fotografías, aún dispersas sobre la superficie pulida del escritorio, le devolvían la imagen del desastre.

Vigas torcidas como ramas quemadas, estructuras carbonizadas, restos de lo que una vez fue un centro de investigación vibrante, lleno con grandes científicos unidos por su propósito de investigación.

Ahora, todo eran escombros y muerte.

Cientos de empleados, científicos, técnicos y trabajadores habían desaparecido entre el humo, tragados por una explosión sin explicación aparente, dejando solo detrás un gran cráter que apenas podía considerarse como un testigo de lo alguna vez estuvo ahí.

Cerró los ojos una vez más por un instante.

Esperaba recordar algo más concreto, pero no podía.

Solo le quedaban ecos.

No de lo que había leído, sino de algo más.

Algo perturbador.

Un reflejo burlón, una voz que le hablaba desde el otro lado del cristal, exigiendo ser escuchado.

De pronto se estremeció al recordarlo.

“No, no era real.

No podía serlo.

Estaba cansado”.

Se repitió Norman, creyendo que el estrés lo había llevado a soñar cosas incoherentes.

Que tal vez había bebido demasiado café, había dormido poco.

Pensó que eso debía ser, realmente tenía que serlo.

Entonces sacudió la cabeza.

—¿Qué demonios me está pasando?

-murmuró, tocándose las mejillas con las manos algo frías.

Permaneció unos minutos en silencio, observando sus propias manos, buscando signos de temblor o debilidad.

No los encontró, pero había algo dentro de él que vibraba.

No físicamente, sino más hondo.

Como si su conciencia hubiese quedado agrietada durante la noche, y algo hubiese intentado salir por esas fisuras.

—Fue solo un mal sueño.

—murmuró, tratando de mantener la calma, como si al decirlo pudiera hacerlo más creíble.

Norman se puso de pie con esfuerzo, estirando la espalda.

En el reflejo del ventanal, su figura alta y aún imponente se proyectaba con cierta solemnidad.

Sin embargo, había un detalle inquietante, parecía más delgado, más pálido, como si el peso de lo ocurrido se le hubiese clavado a los huesos durante la noche.

Caminó lentamente hacia el minibar de la oficina.

Encontró que el minibar estaba cerrado, el suelo limpio, y sin ninguna botella abierta.

Ningún vaso usado.

Todo exactamente como debía estar.

Eso reforzaba su hipótesis, no había perdido el control.

No se había dejado llevar por ninguna crisis emocional.

Todo lo ocurrido…

no fue más que una pesadilla.

Una mala pasada de su subconsciente, quien se encontraba agitado por el informe y el peso del colapso de sus planes futuros.

Pensando en algo se detuvo por un momento girando la cabeza lentamente, aún con el eco del sueño en la cabeza, su reflejo lo observó desde el otro lado del espejo cercano con una serenidad que no compartía.

Se quedó mirando, esperando, tal vez…

una mueca, una palabra.

Pero el cristal no respondió.

Solo le devolvía la imagen de un hombre que ya no parecía confiar en sí mismo.

Soltando un profundo suspiro, se repitió para sí mismo.

—Había sido un sueño.

Un maldito sueño.

Pero antes de que recuperara la calma, por un instante fugaz creyó ver una sombra moverse en el reflejo, una distorsión apenas perceptible en sus ojos.

Parpadeó y la imagen desapareció.

Volvió a mirar su reflejo, esta vez con más dureza.

Su imagen estaba ahí, sin distorsión, sin voz.

Pero ya no podía confiar en ella.

No del todo.

—No eres real.

-dijo en voz baja.

Pero incluso él sintió que la frase no tenía la convicción suficiente.

Porque lo más inquietante no era que hubiese soñado con una versión distorsionada de sí mismo.

Lo realmente perturbador era lo que esa versión había dicho.

Las verdades susurradas entre líneas.

Las palabras que, a pesar de venir del delirio, resonaban con la precisión de una bomba lógica.

Golpeó la superficie del minibar con la palma abierta, haciendo vibrar ligeramente los vasos dentro del estante.

No.

Él no era débil.

No iba a permitir que su mente le jugara este tipo de trampas.

Ya había sufrido un golpe, sí, pero ahora era momento de levantarse.

De tomar el control.

De encontrar respuestas.

Respiró hondo y se alisó la camisa.

Caminó de vuelta al escritorio, con una nueva determinación endureciéndole el rostro.

Tomando una vez más asiento, cerró los ojos y se sumió en un estado de introspección, intentando encontrar respuestas en lo más profundo de su ser.

Sabía que debía enfrentarse a sus demonios internos si quería recuperar el control de su vida.

Pero…

entonces, ¿por qué aún sentía ese nudo en el estómago?

Recordó vagamente una voz.

La suya, pero no con la que estaba familiarizado.

Se trataba de un diálogo, un enfrentamiento…

en un espejo.

¿Había soñado que discutía consigo mismo?

¿Una versión más oscura?

Más retorcida.

Una que le hablaba como un viejo amigo, como si lo conociera mejor que nadie.

“No puedes ocultarte de ti mismo, Norman”.

Esta extraña frase le cruzó la mente como un eco, resonando fuertemente, haciéndolo estremecer.

—Mi mente está…

cansada.

-se dijo sacudiendo la cabeza.

Norman tomó el teléfono a un lado y llamó a su secretaria para cancelar cualquier asunto pendiente o reuniones que estuvieran programados para ese día.

Llamándola también para que recibiera instrucciones.

A pesar de no quererlo, Norman estaba siendo obligado a tomar unas vacaciones, de lo contrario un día terminaría colapsando por el cansancio y el estrés, entendía muy bien que de continuar así esas extrañas alucinaciones y sueños solo empeorarían.

Al final tendría que obedecer las indicaciones del médico y regresar al reposo por un tiempo más.

En un principio había pensado adaptar su rutina para mantener la coordinación desde su casa, tratando de aliviar la carga de trabajo y apoyándose de su competente secretaria, pero esto aún requeriría que estuviese relativamente presente para la toma de decisiones.

Después de lo que había pasado era necesario despejar las mente y tratar de distanciarse temporalmente de cualquier causante de estrés, si Norman no quería terminar en un manicomio tendría que hacerlo.

La secretaria no hizo esperar a Norman por mucho tiempo.

La puerta se abrió con suavidad, sin estridencias, anunciando sus llegada sin palabras.

Entró con paso silencioso, sus tacones bajos apenas rozando la alfombra.

Llevaba un traje de oficina impecable: una chaqueta negra ceñida a sus hombros estrechos, una blusa color marfil abotonada hasta el cuello y una falda que caía justo por encima de las rodillas, tan modesta como calculada para no llamar demasiado la atención.

Su cabello rubio, recogido en una sencilla coleta baja, brillaba tenuemente bajo la luz que se filtraba por las persianas.

Sus ojos azules, claros como el cristal, se posaron brevemente en Norman antes de bajar las pestañas con respetuosa deferencia.

—Buenos días, señor Osborn.

-dijo con una voz suave pero clara, las manos juntas frente a ella en una postura que denotaba años de pulida profesionalidad.

—He cancelado todas sus reuniones para hoy, como me indicó.

El director financiero insistió en una reunión, pero le informé que no estaría disponible hasta nuevo aviso.

Norman la observó mientras hablaba.

Había algo reconfortante en su presencia, en la manera en que siempre parecía anticiparse a sus necesidades sin necesidad de que él dijera una palabra.

Cinco años a su servicio sin duda le habían enseñado a leer sus estados de ánimo mejor que nadie.

—Gracias, Felicia.

-respondió Norman, frotándose la sien con los dedos.

—¿Hubo algún problema?

Ella negó levemente.

—Nada que no pudiera manejar, señor.

El señor Menken preguntó por el informe trimestral, pero le dije que tendría que esperar.

-hizo una pausa relativamente breve, lo justo para mostrar consideración antes de añadir.

—También tomé la libertad de pedirle a servicios que le trajeran algo de desayuno.

Sé que no ha comido bien últimamente.

Norman no pudo evitar mostrar una ligera sonrisa, muy breve que pasó casi desapercibido.

Ciertamente desde que había salido del hospital para regresar a hacerse cargo de la gestión de la empresa había continuado con una mala alimentación.

Que ella lo notara no era extraño, después de todo había trabajado estrechamente con Norman, aprendiendo así gran parte de su rutina diaria, como también de sus hábitos y costumbres.

Desde que había empezado a trabajar en Oscorp Felicia siempre había sido atenta, que actuara sin que él tuviera que pedirlo era un detalle que apreciaba más de lo que habría admitido.

—Eres muy eficiente, como siempre.

-dijo, y por primera vez en esa mañana sintió que el peso en sus hombros se aliviaba un poco.

Aunque las palabras de Norman había sido breves, tan cortas e indiferentes.

Pero eso bastó para que Felicia esbozara una sonrisa pequeña, nada presuntuosa, estaba satisfecha con solo el breve reconocimiento.

—Solo hago mi trabajo, señor Osborn.

-permaneció de pie, esperando en silencio por si había más órdenes.

—Felicia…

Necesito que te encargues de todo durante las próximas dos semanas.

Un silencio prolongado y cortante llenó la habitación.

Felicia Hardy no parpadeó.

No frunció el ceño.

Pero en el borde de su mano izquierda, apoyada sobre la tableta electrónica, un temblor casi imperceptible recorrió sus dedos.

Era mínimo, como el aleteo de un pájaro atrapado entre cristales, pero para alguien que siempre tuvo control absoluto de su cuerpo, fue un terremoto.

—Señor…

¿Está seguro?

-preguntó manteniendo la calma en su voz.

—Los militares quieren mi cabeza.

-dijo, con calma.

—Han presionado a la policía para que me señale como responsable del atentado, con o sin pruebas.

Felicia, de pie frente a él, mantuvo su postura impecable, pero sus ojos azules se agitaron por un instante.

—Eso es absurdo.

Usted no tendría motivo para- —Los motivos sobran si inventan los suficientes.

-la interrumpió Norman.

—Pero no me importa lo que digan.

Lo que importa es que Oscorp sobreviva…

No me encuentro en mi mejor estado de salud, necesito tomar un descanso y seguir el tratamiento médico…

Y mientras yo no esté, tú vas a asegurarte de que todo esté bajo control.

Felicia asintió, aunque esta vez no hubo un “sí, señor Osborn” inmediato.

Norman notó su vacilación y añadió.

—Confío en tus habilidades y se que lo harás muy bien.

Tendrás acceso total a todos los recursos dentro de Oscorp.

Si necesitas sobornar, amenazar o destruir evidencias, hazlo.

Solo mantén a raya a esos buitres hasta que yo regrese.

Ella respiró hondo.

—Entiendo.

Pero… ¿y si la presión es demasiado?

¿Si los militares van más allá de acusaciones públicas?

Norman buscó en el bolsillo de su saco y deslizó un teléfono cifrado junto a las llaves de acceso hacia ella.—Llámame.

Pero recuerda, solo si es estrictamente necesario.

No quiero que sepan que aún tengo contacto con la empresa.

Felicia pareció aliviada.

—No fallaré —murmuró Felicia, guardando el teléfono en su bolsillo interno.

—Pero… ¿qué debo hacer si intentan arrestarlo?

La sombra de una sonrisa retorcida cruzó el rostro de Norman.

—Eso no ocurrirá.

Porque tú vas a encontrar “algo” que les impida mover un dedo contra mí.

—¿Algo como…?

—Como lo que sea.

-cortó él, los ojos brillando con una intensidad que incluso hizo que Felicia retrocediera un milímetro.

—Todos esconden secretos, Felicia…

Recuerda eso, no hay una sola persona limpia en todo el mundo, incluso los generales condecorados con los mayores honores tienen algo que ocultar y harán todo, todo, para mantenerlo sepultado en el olvido.

Un silencio pesante llenó la habitación.

Ella comprendió entonces toda la responsabilidad que estaba siendo entregada en sus manos, sus tareas no solo eran gestionar y administrar a Oscorp para mantenerlo a flote, sino también actuar en consecuencia contra aquellos quienes amenazaran la estabilidad de la empresa.

—Haré lo necesario.

-dijo finalmente, ajustándose el blazer con determinación.

—Solo le pido una cosa a cambio.

Norman arqueó una ceja algo sorprendido con la reacción de Felicia.

—¿Oh?

—Si esto sale mal… proteja a mi madre.

Es lo único que pediré.

-dijo como si hubiese tomado la decisión de sacrificar su vida.

Su voz no tembló, pero el peso de sus palabras era innegable.

“Si todo se derrumba, al menos que ella esté a salvo”.

Pensó para sí mismo.

…

..

.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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