Marvel Multiverse: Cyber-Spider (ES) - Capítulo 67
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67: Capítulo 67 67: Capítulo 67 El silencio cayó y se mantuvo por un tiempo relativamente prolongado.
Norman la miró, y posteriormente se echó a reír.
No una risa fría o burlona, sino una carcajada sincera, casi cálida, que iluminó por un instante su rostro cansado.
Felicia parpadeó, desconcertada.
Nunca lo había visto reírse así.
—Felicia.
-dijo, sacudiendo la cabeza.
—¿En qué clase de monstruo crees que me he convertido?
Por un momento ella no supo qué responder.
Se quedó quieta con las llaves de acceso aún en su mano, mientras Norman se recomponía, aunque una sonrisa seguía jugando en sus labios.
Finalmente, él se acercó y puso una mano sobre su hombro, un gesto algo inusualmente paternal.
—Escúchame bien.
-dijo, su voz más suave de lo habitual.
—No voy a sacrificarte.
No permitiré que nadie te haga daño.
Felicia sintió un nudo en la garganta.
Esas palabras eran más de lo que jamás había esperado escuchar.
—Pero… -Norman suspiró, y por primera vez en mucho tiempo, pareció vulnerable.
—Si por alguna razón algo sale mal, si todo se derrumba… prometo que tu madre estará a salvo.
No porque sea un favor, sino porque es lo mínimo que debo hacer por alguien que ha sido tan leal.
Ella no pudo evitar un pequeño asentimiento, sus ojos brillando con una mezcla de alivio y determinación.
—Gracias, señor Osborn.
Norman le dio un último apretón en el hombro antes de soltarla.
Recuperando su tono habitual de mando, dijo.
—Haz que esos buitres lamenten haber desafiado a Oscorp.
—Por supuesto, señor.
—respondió manteniendo la calma.
Ella dudó por un momento antes de decir.
—¿Debo informarle diariamente o prefiere que maneje los asuntos bajo mi criterio?
Norman esbozó una sonrisa fatigada.
—Confío en tu juicio.
Como dije antes, solo intervendré si es estrictamente necesario.
Ella asistió y dijo.
—No le defraudaré.
—Lo sé.
-dijo Norman, observándola con intensidad.
—Por eso eres la única persona a la que le entregaría esto.
Ella asintió, pero Norman no terminó ahí.
Felicia contuvo el aire.
—Nadie, absolutamente nadie, debe saber qué documentos revisas o qué decisiones tomas en mi nombre.
Ella mantuvo su mirada firme.
—Entendido, señor Osborn.
Norman estudió su rostro, buscando algún rastro de duda.
No la encontró.
—Bien.
-murmuró, pasando una mano por su rostro con algo de cansancio.
—Si alguien pregunta, di que estoy en un viaje al extranjero evaluando una adquisición.
Felicia anotó algo en su tableta, profesional hasta el último segundo.
—¿Algo más que necesite antes de irse?
Él negó con la cabeza.
—No, eso sería todo.
-hizo una corta pausa.
—Cuida de Oscorp…
Es todo lo que tengo.
Ella no sonrió, pero su voz se suavizó.
—Lo haré.
Antes de salir, sin embargo, se detuvo un instante.
—Señor… -comenzó, con un tono que no era de intrusión, sino de genuina preocupación.
—Si hay algo más en lo que pueda ayudarle, no dude en decírmelo.
Norman la miró, y por un momento se preguntó si esa mujer meticulosa y reservada podría ser el único pilar de cordura que le quedaba.
—Lo tendré en cuenta.
-respondió finalmente.
Felicia asintió, satisfecha con la respuesta, y salió sin hacer ruido, dejando tras de sí el ligero aroma a vainilla de su perfume y la sensación de que, en medio del caos que su vida se había vuelto, al menos una cosa seguía en su lugar.
Cuando la puerta se cerró, tras salir de la oficina Felicia exhaló lentamente.
Sus ojos se posaron en las llaves de acceso, se quedó quieta frente a la puerta hundida en sus pensamientos.
“Dos semanas”.
pensó.
…
El rugido de un motor diésel cortó la noche.
Una camioneta van negra frenó de golpe causando que la tranquilidad de la noche se viera interrumpida.
El automovil derrapó unos cuantos centímetros dejando ver que tal vehículo era anormalmente pesado, sin placas y con una llegada un tanto extraña no había manera de que otros no lo vieran como un vehículo sospechoso.
Algunos transeúntes pensando en lo peor salieron del lugar rápidamente, temían el quedar implicados en cualquier cosa que pudiera suceder, después de todo en los últimos meses la ciudad se visto sumergida en la delincuencia, disminuido solamente tras la aparición del extraño vigilante en llamas.
El cual asustaba más a los ciudadanos que nos propios delincuentes armados.
El vehículo giró en una intersección y se metió por un callejón estrecho, deteniéndose solo cuando llegó frente a unas viejas bodegas abandonadas.
Las puertas se abrieron con un chirrido metálico, y Frank Castle bajó con movimientos fluidos totalmente en guardia, su silueta recortada contra los faros apagados.
En esta ocasión vistió uno los uniformes especialmente diseñados para los miembros del Security Corps, exactamente la “vestimenta ligera de acción rápida”.
Un traje diseñado con nanofibras de grafeno reforzado en un 10% con vibritum, tanto los pantalones como la camisa estaban hechas de este material.
Sus zapatos y chaleco eran casi iguales a excepción de contener un porcentaje mínimo de silice-adamantita, añadido como un regulador térmico y aislante.
Sujetado en la funda de su muslo llevaba consigo una pistola, uno de los nuevos modelos compactos y de alto poder fabricado por Stane.
Rápidamente pero con cautela Frank ingresó al lugar, buscando almacén por almacén, tratando de encontrar a Rilley.
Al escuchar los ruidos Sophin despertó a Rilley de su estado de descanso, Rilley abrió los ojos lentamente.
No había nada que decir, toda la información de lo que estaba sucediendo ya había sido procesado por su mente.
Tomando el arma en su cintura se quedó quieto recostado sobre la fría pared, esperando ver la causa del ruido de las puertas abriéndose.
No había rastro de miedo en su rostro.
Rilley no estaba asustado, dejando a un lado el hecho de que incluso las heridas mortales no podían hacer mucho en él.
Estaba parcialmente seguro de que si se tratara del Ghost Rider quien había logrado encontrarlo, este último no estaría en mejores condiciones que él mismo.
Si hubiera otro enfrentamiento entre dos inválidos no había más expectativas más que uno de ellos al final estaría medio muerto, en una próxima ocasión esta cuenta pendiente sería saldada sin duda alguna.
La puerta frente a Rilley crujió tras ser abierta, al ver a la persona Rilley simplemente bajó su arma y dejó escapar un suspiro.
Tras mirar a Rilley contra la pared, y darse cuenta de su apariencia descuidada, Frank no pudo evitar exclamar.
—Joder.
Jefe, sin ofender parece una mierda que fue arrollada por caballos salvajes y posteriormente orinado por un perro.
-la apariencia de Rilley era tal que sin mucho pensarlo, el formal Frank había dejado caer estas palabras descuidadas por primera vez en años frente a Rilley.
Rilley levantó la cabeza con esfuerzo, después de que la había dejado caer al sentirse relajado.
El simbionte, normalmente fluido como la oscuridad misma, se retorcía en parches carbonizados cicatrizando las grandes heridas abiertas en el cuerpo de Rilley, incluso tras su corto periodo de sueño para conservar la poca energía que le quedaba, aún así Sophin no había detenido el control del simbionte para tratar de cerrar las heridas de Rilley.
Esta acción se añadia como algo involuntario, tan sutilmente como si fuera lo mismo al respirar.
—A mi también me alegre verte, Frank.
-Rilley forzó una sonrisa en su rostro, sus palabras fueron un poco difíciles de entender.
Esto solo dejo ver el tan mal estado en el que se encontraba.
—Me gustaría decir que me alegra que finalmente seas más informal conmigo, pero no creo que sea el momento.
La quijada de Rilley estaba dislocada, en su sonrisa se veían varios espacios vacíos e incluso solo unos pocos trozos de dientes.
Sin toda duda este era el peor momento para Rilley, su apariencia aunque normalmente no era tan atractiva, en estos momentos estaba totalmente arruinada, y ciertamente se haría un escándalo si imágenes de su apariencia actual se filtraran.
—Buen trabajo, ahora llévame de regreso al laboratorio ubicado en el punto de reunión.
En el camino puedes darme el informe de lo sucedido tras mi breve ausencia.
-tras decir mucho, Rilley no pudo evitar escupir un poco de sangre negra.
Frank rápidamente dejó las bromas a un lado y demostró preocupación.
Se acercó para ayudar a Rilley, pero este último solo negó con la cabeza.
Después de todo no había mucho que Frank pudiera hacer más que llevarlo de regreso.
—El Ghost Rider.
-Frank habló, haciendo una pregunta con genuina curiosidad.
—Te quemó con sus llamas ¿no fuiste victima de una extraña maldición?
—Ghost Rider no puede hacer eso.
-Rilley guardó silencio mientras pensaba.
—Al menos nunca había escuchado acerca de eso, pero ahora tendré que asegurarme en caso de que exista una posibilidad…
Salgamos de aquí.
Frank ya no dijo nada, agarró a Rilley y lo echó a su hombro como si se tratara de un saco de patatas.
A Rilley no podía importarle menos el como lo llevaba Frank, siendo que solo sería de forma temporal en lo que llegaban al automóvil no era algo molesto, de cualquier manera una vez dentro del vehículo podía estar lo más cómodo que quisiera.
La carretera desierta se extendía como una vena de asfalto negro bajo la luna.
A más de 180 km, la van blindada cortaba el viento con un zumbido bajo y constante, apenas perceptible tras el aislamiento acústico.
Los sistemas internos mantenían la temperatura a raya, mientras los faros frontales adaptativos barrían el camino como cuchillas de luz.
El ambiente en el interior era silencioso, tranquilizador y relajante.
Rilley iba recostado en el asiento trasero, con la cabeza apoyada contra el marco acolchado de la ventana.
Sus ojos apenas entrecerrados observaban el techo pensativo.
La mayor parte de su torso seguía cubierto por las placas cicatrizantes que el simbionte aún formaba, aunque ya no sangraba.
Para cualquier otro, incluso moverse en ese estado sería un tormento…
pero no para él.
Después de todo tras la implementación del microchip de protección mental y la instalación del SGI, Rilley había configurado sus propias sensaciones extremas, manteniendo así el umbral de dolor tan bajo que solo registraba las sensaciones como un leve entumecimiento o picazón superficial.
Frank Castle conducía con los ojos fijos al frente.
Finalmente tras un tiempo de silencio habló queriendo iniciar una conversación.
—El chico ha sido contenido en una de las habitaciones especiales.
Steadman ha hecho un buen trabajo.
Aunque el chico trató de liberarse cuando recobró la consciencia, se utilizó uno de esos nuevos artilugios de Stane, creo escuchar a Steadman llamarlo bomba de gas IG-541.
Con solo dos detonaciones se ha portado muy obediente.
Tras la narración de Frank, Rilley solo podía imaginar lo miserable que Marcus Blaze sería en estos momentos, aunque esperaba que Steadman siguiera sus órdenes al pie de letra y fuera al menos un poco indulgente, después de todo el plan era incorporar al joven Ghost Rider al Security Corps.
Claro que para eso Rilley tendría que hablar con él y explicarle los motivos de su detención, más exactamente por su abrupto secuestro y posterior confinamiento.
Aunque era probable que el adolescente podría no tomarlo de la mejor manera, Rilley entonces tendría que hacer uso de sus conexiones y prestigio, no había mucho capaz de resistir una buena posición social así como una generosa y constante remuneración, al final de cuentas se convertiría en un trabajador para Rilley.
Rilley entonces habló.
—Marcus Blaze.
El joven Ghost Rider.
Fue más complicado de lo que esperábamos.
Ciertamente este reto cumplió con el objetivo de la misión.
Ahora dudo mucho que aquellos miembros del grupo continúen pensando en los sucesos sobrenaturales como simples cuentos o trucos para engañar a los incrédulos.
Aunque aquellos que albergaban cierta duda no eran muchos, solo unos cuantos en realidad, todavía significaba una limitante para alcanzar la máxima cohesión en el grupo.
Frank guardó silencio por un breve momento antes de hablar.
—Y ¿Estás bien?
Rilley miró a Frank un poco desorientado, no entendiendo por un momento a lo que se refería.
Posteriormente dijo.
—He tenido días peores.
-respondió con un tono bromista.
Aún con las manos y la vista al volante Frank negó con la cabeza.
—No me refiero a eso.
Leí en la base de datos que, Ghost Rider posee un poder llamado “Mirada de penitencia”.
El silencio dentro del vehículo se extendió por un largo tiempo, Rilley pareció pensativo y no dio una respuesta inmediata.
Su expresión cambió ligeramente, rápidamente su mente lo transportó a aquel momento en el que Ghost Rider usó su “mirada de penitencia”.
En un principio había creído que ese poder solo funcionaba con los delincuentes, como lo eran ladrones y asesinos.
Y sin caer en ninguna de esas categorías aún así Rilley se vio afectado, y no fue algo ligero sino en extremo doloroso.
El dolor físico gracias al microchip en su cerebro había sido suprimido a los niveles mínimos, pero el dolor que Ghost Rider le había infligido en esos momentos había eludido por completo su ajuste previo.
Después de pensarlo con más claridad eso tendría sentido, ya que el dolor estaba siendo dirigido a su alma.
La exposición a “Mirada de penitencia” había sacado a flote viejos recuerdos, en los que se encontraban ciertos arrepentimientos y culpa, este último fue lo que el Ghost Rider utilizó para efectuar su ataque.
Rilley había pensado que su vida pasada ya había quedado atrás, que nada de eso le afectaría en su futuro y que en esta nueva vida sería borrón y cuenta nueva, pero el Ghost Rider le había hecho revivir malos recuerdos y experiencias.
Ahora que Frank había tocado el tema una, la expresión de Rilley no era la mejor, para él había sido una experiencia muy desagradable.
Estaba seguro de poder borrar esos malos recuerdos con la tecnología del microchip, pero Rilley había optado por dejarlo así ya que esa era la esencia de su “yo”.
Y no sería él mismo si todo lo anterior fuera simplemente descartado.
—No se recomienda enfrentarse al Ghost Rider si dentro de uno mismo existe un mínimo rastro de culpa o remordimiento, independientemente de la naturaleza de las acciones pasada, si uno cree que hizo algún mal, entonces será afectado y muy probablemente ardan en el fuego infernal hasta la cenizas…
Lo agregaré más tarde a la base de datos.
Sin decir ninguna otra palabra más, Rilley simplemente se recostó y cerró los ojos.
Frank se quedó pensativo, pero no dijo nada y solo mantuvo la vista frente al volante.
…
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