Marvel Multiverse: Cyber-Spider (ES) - Capítulo 70
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70: Capítulo 70 70: Capítulo 70 Posterior al pacto, el Demonio por más increíble que parezca cumplió su palabra.
Crash Simur fue curado del cáncer, dejando su cuerpo tan sano como el de un joven adolescente.
Para los médicos que llevaron su caso esto no era nada menos que un milagro inexplicable para cualquier especialista en la medicina.
Y así pasaron los años, llegó en momento en el que tanto Jonathan como Roxane habían llegado a la edad para el ingreso a la universidad, ambos tendrían que viajar para realizar sus inscripciones y posteriormente mudarse a los dormitorios de la escuela.
Hasta ese momento no había ni el más mínimo rastro del Demonio con el que había hecho el pacto, incluso sus libros e investigaciones esotéricas habían desaparecido dejando la percepción de que todo había sido una ilusión o un extraño sueño.
Pero la realidad estaba ahí, las posteriores visitas al medico por parte de Crash para realizar un chequeo y verificar que todo estaba bien, eran como un balde de agua fría que caía sobre la cabeza de Jonathan y lo hacía mantener presente su deuda, refrescando su memoria cada vez que por alguna razón lo olvidaba o pasaba por alto en algún momento.
Viendo su familia estable desbordante de felicidad, hacían que en el rostro de Jonathan Blaze se formara una sonrisa, nunca por su cabeza pasó el arrepentimiento por haber hecho lo que hizo, hasta ahora seguía pensando que esa había sido la mejor decisión que había tomado en su vida.
Pero la desgracia para Blaze era tal que nada quedaría inconcluso.
Cuando sus padres adoptivos viajaron en avión para visitarlos tras el ingreso a la universidad, el avión sufrió un accidente por fallas técnicas y se estrelló en campo abierto, resultando así en la pérdida de 180 pasajeros incluyendo el personal operativo y técnico.
Lo que tendría que haber sido un momento feliz de reunión familiar terminó en una pesadilla.
Pero la tragedia no terminó ahí, cuando Roxane Simur se enteró de la situación con sus padres, estuvo muy agitada y por accidente cayó por las escaleras de la universidad, tras rodar por varios escalones tuvo que ser urgentemente trasladada al hospital a la máxima velocidad posible.
Cuando Jonathan Blaze apresurado llegó al hospital, fue detenido por el médico encargado de Roxane para darle la noticia de su estado de salud.
El médico le dijo que debido a la caída había sufrido una fuerte contusión que al menos para ese momento no ponía en riesgo su vida, pero debido a la carga de estrés repentina al que el paciente se vio sometida previo al incidente, se generó una amnesia retrógrada que afectó gran parte de su memoria.
De acuerdo con los varios análisis y estudios realizados se determinó que se trataba solo de una amnesia global transitoria.
Tras las pruebas realizadas los médicos se dieron cuenta de que Roxane no parecía recodar a nadie más que a su abuela, con la cual convivió durante un considerable tiempo de su niñez.
El hospital ya se había puesto en contacto con su abuela la cual se encontraba en viaje para llegar lo más pronto posible para cuidar de su nieta.
Jonathan Blaze salió del hospital sin siquiera ver a Roxane, no se atrevía a verla sabiendo que ella solo lo miraría como a un extraño.
Lo único que podría lograr estando presente sería incomodarla y causarle malestar.
Caminó por las calles sintiendo un profundo vacío dentro de sí, la noche envolviéndolo como un manto frío que se aferraba a su piel.
Cada paso que daba resonaba en su mente como un eco de su propia confusión.
Hasta ahora no podía comprender como toda parecía haber terminado en un gran desastre.
Jonathan Blaze continuaba su caminar sin un rumbo previsto, lo único que quería hacer en estos momentos era alejarse de todo para poder despejar su mente, la carga de estrés lo superaba por mucho, sentía que si no mantenía la calma se desmayaría por el cansancio.
Ahogado en la pena no sabía cómo había llegado allí, pero de pronto se encontró en un callejón despejado del que se sintió extrañamente atraído, totalmente alejado del bullicio de la ciudad.
Las luces de los faroles parpadeaban de manera intermitente, proyectando sombras alargadas que se retorcían como seres vivos.
Antes de que siquiera comenzara a cuestionarse acerca de lo extraño de la situación su teléfono vibró en su bolsillo.
Con movimientos lentos, lo sacó.
Se trataba de un mensaje del hospital.
“Sr.
Blaze.
La señorita Roxane está estable, pero insiste en que no reconoce su nombre entre los registros que le hemos mostrado.
Si desea visitarla mañana, le recomendamos hacerlo con discreción para no alterarla”.
Jonathan apretó el dispositivo hasta que los nudillos le dolieron.
¿Discreción?
¿Cómo podía enfrentarse a ella ahora?
¿Cómo mirarla a los ojos sabiendo que, en su mente, él era solo un extraño, un fantasma de un pasado que ya no existía?
Cerrando los ojos, recordó la sonrisa de Roxane, su voz, su promesa de que siempre estarían juntos, sin importar lo que pasara.
Ahora esas palabras se habían esfumado, disipada como niebla al amanecer.
De pronto, un graznido retumbó en la oscuridad cortando el silencio.
El ruido lo sobresaltó.
Jonathan alzó la vista.
En lo alto de un cable, un cuervo negro lo observaba, sus ojos brillando con una sutil inteligencia.
Entre sus garras, sostenía algo pequeño y rectangular: era un pequeño libro gastado, el cual tenía extraños símbolos grabados en su cubierta.
El cuervo negro camuflado en la oscuridad, sería casi imperceptible de no ser por sus brillantes ojos rojos que lo observaban sin ni un solo parpadeo.
Jonathan recordaba haber visto ese libro, pronto sus recuerdos se transportaron a sus inicios en las artes ocultas, cuando aún recababa información acerca de los rituales demoníacos.
Allí escribía sus varios apuntes, con tiempo y perseverancia logró construir lo que para algunos se podía considerar un libro de hechizos o más bien un grimorio de rituales.
Este libro cuya portada había sido hecha con piel de ternero, el color oscuro característico había sido obtenido tras sumergirse en la sangre por un largo periodo de tiempo.
Ese pequeño libro algo viejo y gastado había sido pieza clave para su ritual de convocatoria de aquel momento, había sido utilizado como catalizador por Jonathan para la Invocación y posteriormente como registro del contrato por el Demonio que acudió al llamado.
Aquello había desaparecido años atrás junto con todo rastro del Demonio y sus estudios de lo oculto.
Después de tanto tiempo esto volvía a aparecer frente a él, no se trataba de una coincidencia, significando una sola cosa.
El corazón de Jonathan latió con fuerza.
El cuervo dejó caer el libro frente a él y, con un graznido que sonó como una risa burlona, alzó vuelo, desapareciendo en la profundidad de la noche.
Jonathan lo recogió con manos temblorosas.
Las páginas se abrieron solas en un pasaje marcado con sangre seca, se trataba del contrato redactado por el Demonio y firmado por el mismo Jonathan con su propia sangre.
—Incumplir no es una opción.
-una voz susurró esas palabras justo detrás de su oreja, tan cerca que el aliento helado le erizó la piel.
Una risa anciana y familiar resonó en su mente, y supo, con certeza absoluta, que el Demonio había llegado para cobrar aquella vieja deuda.
Jonathan se volvió de golpe, mirando con cautela lo que se avecinaba detrás de sí.
Allí, emergiendo del oscuro callejón como si siempre hubiera estado esperando, estaba él.
El Demonio que no había cambiado nada desde su último encuentro.
Mostraba una amplia sonrisa dando la impresión de reencontrarse con un querido amigo el cual no había podido ver durante un largo tiempo, sus ojos al igual que la primera vez ardían con un fuego que no parecían pertenecer a este mundo, eran al mismo tiempo perturbadores e hipnóticos.
—Jonathan Blaze, ha sido un largo tiempo sin verte.
-pronunció su nombre con un tono anormalmente feliz.
—Tal como dicta el contrato he cumplido con mi parte, ahora he venido a recibir lo que me pertenece, creo que no has olvidado los términos de nuestro acuerdo.
Jonathan retrocedió instintivamente debido a la incomodidad en el ambiente, pero el Demonio avanzó, pisando su propia sombra.
—No he olvidado nada.
-Jonathan habló con voz firme y segura, aunque el sudor que corría en su frente delataba su nerviosismo.
—¿No?
-el Demonio soltó una carcajada que transmitió escalofríos.
—Entonces, ahora déjame revelarte un muy pequeño secreto.
Todo lo que amas… ahora me pertenece.
-el Demonio hizo un gesto teatral muy exagerado hacia el cielo nocturno.
—Primero tus padres biológicos, posteriormente tus padres adoptivos, posteriormente la memoria de aquella chica Roxane.
Y ahora… -hizo una pausa que congeló aún más el ambiente ya frío.
Sus manos cambiaron, pasaron de ser las de un anciano con algo de carne a una forma marchita y de dedos huesudos, se extendió hacia el pecho de Jonathan.
—Es hora de que pagues, y así obtendré todo lo que me falta.
El dolor en el pecho de Jonathan era insoportable, como si su corazón estuviera siendo atravesado por mil agujas de hierro.
Entre jadeos, alzó la vista hacia el Demonio, cuya figura ahora se distorsionaba en el aire, rodeada de llamas que no emitían calor, sino un frío que helaba el alma.
—Todo… esto… fue tu plan.
-logró escupir Jonathan, sintiendo cómo algo dentro de él se quebraba.
El Demonio rió, un sonido que resonó como el crujir de huesos.
—Por supuesto.
¿Crees que curar a Crash Simur fue un acto de bondad o por cumplir solo el pacto posterior a mi convocatoria?
-sus ojos ardieron con un brillo sádico.
—Era necesario.
Para que confiaras.
Para que creyeras que el precio valía la pena.
Pero un pacto conmigo nunca termina con una sola deuda.
Sus labios se curvaron en una sonrisa que mostraba demasiados dientes, afilados como navajas.
—Pero no soy del todo malo, si conocieras a otros Demonios podrías incluso considerarme como el más benevolente.
Tu verdadera familia aunque breve si fue feliz, Jonathan.
Durante años, tu padre vivió sin remordimiento llegando consigo la voluntad de su esposa.
Hacer que crecieras fuerte y sano.
Tus padres adoptivos por su parte vivieron sin preocupaciones, sin dolor.
Crash Simur fue curado, Roxane creció fuerte y llena de vida… y posteriormente ellos murieron sin siquiera sospechar la verdad.?
-el Demonio se acercó más, hasta que su aliento, frío como el invierno, rozó la piel de Jonathan.
—El pacto se cumplió.
Y ahora… es mi turno.
Jonathan sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Las sombras del callejón se extendían, convirtiéndose en un vacío infinito.
—Querías que perdiera todo… -murmuró, atando cabos.
Sus padres, Roxane, incluyendo su alma.
Todo había sido arrebatado por el Demonio traicionero que tenía en frente.
Antes de que Jonathan pudiera decir algo más, extrañas llamas lo envolvieron; como hormigas que se precipitan quemaron cada tramo de su piel, extendiéndose más profundo hasta llegar a los músculos.
El proceso fue extremadamente lento y doloroso.
Un grito desgarrador escapó de su garganta mientras su esqueleto se iluminaba desde dentro, como si su cuerpo ya no fuera suyo.
—¿Qué… me estás haciendo?!
-Jonathan se esforzó en gritar esta pregunta mientras se hundía en la agonía de tal tortura.
Jonathan sintió un dolor agudo, como si algo le arrancara el alma desde adentro.
Cayó de rodillas, jadeando, mientras el Demonio se inclinaba sobre él, disfrutando cada segundo de su agonía.
El Demonio abrió sus brazos, como un padre recibiendo a un hijo pródigo.
—Como ya he dicho antes, solo estoy reclamando lo que es mio.
-su voz se convirtió en un eco infernal.
—Porque ahora, Jonathan Blaze, eres mucho más que un hombre.
Eres fuego y venganza.
Eres… el “espíritu de la venganza”.
El dolor alcanzó su clímax.
Jonathan gritó mientras su piel se carbonizaba, revelando un cráneo en llamas.
Su mente se llenó de visiones: almas torturadas, pecados impunes, y una voz antigua susurrándole una verdad terrible: “Tu alma ya no te pertenece”.
Cuando las llamas se apagaron, el callejón estaba vacío.
Solo quedaba el olor a azufre y un rastro de cenizas.
Pero en la oscuridad, dos puntos de fuego se encendieron.
Y el espíritu de la venganza rugió hacia la noche, listo para cobrar todas las deudas del infierno.
Jonathan ya no tenía nombre.
Lo que quedaba de él era solo un cascarón vacío, una armadura de llamas y dolor.
El Demonio lo había moldeado a su antojo, convirtiéndolo en un instrumento de castigo, un verdugo sin rostro que vagaba por las noches, arrastrando cadenas invisibles.
Una última vez, el Espíritu de la Venganza se detuvo frente al hospital.
Roxane estaba a punto de ser dada de alta, su abuela la ayudaba a empacar sus cosas.
La joven reía, un sonido que antes podría haber sido música para los oídos de Jonathan, pero que ahora solo le recordaban todo lo que había perdido.
—¿Roxanne…?
-murmuró desde las sombras, pero ella ni siquiera volvió la mirada.
No podía acercarse.
No podía tocarla.
Si lo hacía, temía que el Demonio se la arrebataría también.
Así que se alejó, dejando atrás el último pedazo de su humanidad.
Las órdenes eran simples: cazar, juzgar, quemar.
Los pecadores gritaban cuando las llamas los consumían.
Algunos rogaban, otros maldecían, pero al final, todos terminaban igual: convirtiéndose en cenizas volando a través del viento, y sus almas posteriormente eran atrapadas en las garras del Demonio.
Jonathan ya no hablaba.
Ya no pensaba.
Solo obedecía.
Pero en las noches más oscuras, cuando el infierno le permitía un respiro, soñaba.
Soñaba con los brazos de Roxane alrededor suyo.
Con la voz de su padre, recordando la última conversación que tuvieron juntos en el comedor.
Y sus padres adoptivo diciéndole: “Eres un buen hijo”…
Con la sonrisa de su madre, acariciándole el pelo; colmandolo de besos y abrazos…
Y entonces despertaba, y las llamas lo devoraban de nuevo.
Jonathan no lloraba.
Las lágrimas se evaporaban antes de caer.
Solo quedaba el fuego.
Solo quedaba la obediencia.
Y en lo más profundo de su alma destrozada, una última verdad: “Nunca volvería a ser libre” o al menos no en esta vida.
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