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Marvel Multiverse: Cyber-Spider (ES) - Capítulo 73

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73: Capítulo 73 73: Capítulo 73 Después de que Rilley lo dejó ir, Marcus decidió aceptar la invitación para dar una última vuelta por las instalaciones.

Lo acompañaban Frank Castle y Steadman Sternberger.

Con la situación arreglada, todos parecieron relajarse.

Steadman actuó como guía turístico, mostrando a Marcus Blaze el lugar y dando pequeñas explicaciones de lo que se hacía en estos.

Con su actitud tan sociable, ya digna de Sternberger como cualquiera de sus conocidos diría, su charla pareció hacer un acercamiento entre el grupo de tres.

La expresión de Marcus se relajó, poco a poco dejando la tensión en su expresión y cuerpo; sus hombros se relajaron, y entonces escuchó atentamente las palabras de Steadman.

La base era un amplio laberinto de pasillos de acero y cristal reforzado.

Cada sala parecía más avanzada que la anterior: laboratorios con cápsulas de contención selladas, hangares con vehículos imposibles de ver en el mercado común, y zonas de entrenamiento donde hombres y mujeres se movían con gran orden.

No había sonrisas, ni conversaciones triviales; todo allí estaba impregnado de seriedad y rigidez, todo con un propósito absoluto.

Marcus se sintió algo extraño; en cada sector por el que pasaban, las miradas se desviaban hacia él.

Parecían evaluarlo con gran interés; las miradas eran curiosas, e incluso había unas que lo observaban con intensa cautela.

Estos, a simple vista, demostraban un cambio en sus posturas, manteniéndose alertas con la finalidad de brindar una respuesta rápida si llegara el momento.

Notando la incomodidad de Marcus, Frank habló finalmente, rompiendo el silencio.

—No te lo tomes personal.

Es solo que dejaste una gran impresión en todos nosotros.

Steadman Sternberger interrumpió añadiendo.

—Decir que fue solo una impresión es poco.

Literalmente, una potencial arma humanoide se pasea por nuestras instalaciones con total libertad; cualquiera se mostraría cauteloso con algo así, y más al recordar sus grandes hazañas durante su captura.

—Sternberger habló con su característico tono sarcástico y algo burlón.

Posteriormente, dirigiéndose a los miembros del Security Corps, les dijo.

—Todos vuelvan a sus actividades; nosotros tenemos todo bajo control.

—Aunque algunos volvieron a sus puestos, dejando sus preocupaciones a un lado, otra parte obedeció pero todavía continuó lanzando miradas cautelosas de vez en cuando.

Steadman ni Frank podían culparlos, pero estas personas estaban actuando al límite de la insubordinación al no acatar por completo la orden ya antes dada.

Cambiando su expresión, Sternberger dio un resoplido, y su tono de voz cambió, transmitiendo cierto escalofrío en las columnas de los oyentes.

—¿Acaso no escucharon?

Se les ha dado la orden de volver a sus actividades; concentren sus miradas en lo que tienen que hacer.

El silencio recorrió los alrededores, dejando todo en completa estática; de pronto, su tono agresivo cambió, dando una rápida vuelta de 180 grados hasta volver a su expresión poco seria anterior.

—El jefe ya lo ha reconocido; pueden confiar en que el chico no causará problemas.

Además, uno de los supersoldados exitosos está aquí conmigo.

—dijo señalando a Frank.

—Absolutamente pueden confiar en eso.

Sus palabras, con aquel tono poco confiable, parecieron tranquilizar a los demás.

Tras algunos suspiros, volvieron a sus actividades ignorando por completo la presencia de las tres personas.

—No te acobardes, chico.

—Dijo Steadman tras darle una palmada en la espalda a un temeroso Marcus con la cabeza gacha.

—Todos los que estamos aquí poseemos previa capacitación militar, por lo que es comprensible que sus acciones y expresiones transmitan cierto temor a civiles poco experimentados como tú.

Pero ya sabes lo que dicen: “Quien con lobos se rodea, a aullar se enseña”.

Sus palabras parecieron motivar a Marcus, o al menos ayudarlo a ganar un poco más de confianza como para levantar la cabeza.

Frank asintió, dando reconocimiento a las palabras de su amigo.

Con un tono más casual, dijo.

—Pronto nos expandiremos para reclutar a nuevos miembros en nuestras filas.

Esta vez no solo tomaremos a personas experimentadas, sino que también comenzaremos a formar a nuestros propios talentos.

—Frank entonces explicó brevemente mientras continuaban con el recorrido.

—Nuestro plan es integrar a civiles dedicados con motivación, seleccionándolos a través de pruebas especiales.

Y si finalmente aceptas la propuesta del jefe, tú pertenecerás a ese primer lote generacional de nuevos talentos en desarrollo para el Security Corps.

Marcus no dijo nada a las palabras de Frank, simplemente se mostró pensativo.

La propuesta de Rilley todavía rondaba su mente, dejándolo algo perplejo por cómo todo había transcurrido.

Era tan sorprendente, algo demasiado surrealista como para creer que había pasado en realidad.

Un secuestro en el que pensó que sería aprisionado y tal vez usado para experimentación inhumana se había convertido en una gran revelación de las profundidades de su historia familiar.

Había pasado de ser un prisionero a ser un invitado; con el recorrido a sus instalaciones sin ocultar nada a la vista, habían demostrado la suficiente sinceridad.

Tras recorrer un último pasillo, el grupo emergió en una plataforma de aterrizaje.

Allí, un helicóptero negro esperaba, su fuselaje adornado con el emblema de S.H.I.E.L.D.

pintado en gris mate.

Sus hélices giraban lentamente, proyectando un viento helado que agitaba sus ropas.

Marcus miró el helicóptero con extrañeza.

—Así que S.H.I.E.L.D., ¿eh?

La sonrisa de Steadman se ensanchó.

—Bueno, ya te hemos dicho que nuestra organización es secreta; no nos gusta la exposición.

Además, S.H.I.E.L.D.

siempre se ha disfrazado de otras organizaciones; creo que es justo que nosotros nos disfracemos de ellos de vez en cuando, así cualquier consecuencia de nuestras acciones será soportada por ellos.

La lógica de Steadman era un poco retorcida, pero su compañero Frank asintió, estando de acuerdo con él.

Aquellas palabras, en los oídos del joven Marcus, no podían ser comprendidas del todo, por lo que optó por guardar silencio sin la mínima intención de preguntar por los motivos.

Pero si aquellos a los que S.H.I.E.L.D.

se había hecho pasar lo escucharan, estarían muy de acuerdo, y más si se tratara de agentes del FBI.

En los últimos años, estos habían sido las identidades preferidas de S.H.I.E.L.D.

para actuar encubiertos, cosa que había traído dolores de cabeza y problemas recurrentes a esta organización dependiente del gobierno; problema tras problema que habían tenido que resolver por su cuenta, soportando las acciones irresponsables del S.H.I.E.L.D.

Steadman le entregó a Marcus un sobre sellado; todos los documentos tenían el emblema de S.H.I.E.L.D.

en un punto extremo; tal parecía que temían que no se pudiera reconocer su procedencia.

—Llévate esto contigo; es seguro que tu padre tendrá tantas preguntas, por lo que solo debes entregárselo.

Marcus asintió y abordó la aeronave.

Frank lo siguió hasta la puerta, pero no subió; se limitó a cerrar el panel lateral con un golpe seco.

—Nos volveremos a ver, chico —dijo Castle, con una media sonrisa.

El helicóptero despegó, elevándose sobre la vasta extensión de la base oculta.

Desde la ventanilla, Marcus observó cómo las estructuras desaparecían entre la niebla y la montaña, hasta que todo se redujo a un punto.

Volteó su mirada hacia el asiento del piloto y se dio cuenta de que el helicóptero era automático; sin la necesidad de maniobras manuales, se encaminó a su destino.

…

Cuando el Ghost Rider abrió los ojos, solo pudo ver el cielo oscuro de la noche.

Se levantó tambaleante, sintiéndose algo aturdido.

Ya despierto, sus llamas comenzaron a arder de forma normal; todo lo que pudieron ver sus cuencas vacías fue el páramo desolado, la aparentemente interminable arena y rocas.

El suelo y la carretera habían sido destruidos, sin dejar ni siquiera un mínimo tramo de camino.

Con un rugido reverberante, salido de su huesuda garganta sin una pizca de piel para lograr hacer sonidos, convocó a su compañera más leal, su motocicleta infernal; esta rugió ferozmente con el motor modificado por las llamas del infierno.

Parecía más un potro desbocado, tan salvaje y libre cabalgando sobre las praderas.

De un salto, Ghost Rider se montó en la motocicleta, y presionando el acelerador a máxima potencia, el movimiento de las ruedas levantó arenas sueltas.

Lo más rápido posible, se dispuso a alcanzar a los secuestradores de su hijo.

Recorrió un largo trayecto durante un muy largo tiempo, tan largo que abandonó su ciudad y llegó a la ciudad vecina.

No importaba cuánto buscó o recorrió por el lugar, su hijo no podía ser encontrado.

El tiempo transcurrió y el amanecer se abrió paso, dejando ver los primeros rayos del sol cayendo sobre la tierra.

Las llamas de su cráneo se habían reducido a brasas mortecinas; el rugido de su motocicleta, ahora un gemido apagado.

Johnny Blaze, aquel hombre bajo el cráneo en llamas, sentía el peso de su fracaso como un cuchillo en el pecho.

En el pasado, se había enfrentado a seres místicos y extraordinarios; tales como ángeles caídos y demonios locos; también se había enfrentado a ejércitos de hombres con extrema maldad, imposible de diferenciar de los mismos demonios.

Pero aún con todas sus grandes hazañas, no había podido encontrar a su único y preciado hijo.

El hombre parecía una bestia desesperada, impulsado por el único deseo de encontrar a su hijo.

Sus esperanzas, de por sí mínimas, ya se habían hecho añicos, cenizas dejadas tras la ardiente brasa.

Su corazón dio un vuelco, volviéndose tan pesado que le era difícil respirar.

El sol ya estaba alto cuando llegó a la vieja casa en las afueras del pueblo; aquella vieja y destartalada granja había sido su santuario, e incluso la fortaleza protectora de su familia.

Sus pensamientos evocaban los recuerdos de risas y días tranquilos.

Al mirar al frente, a lo lejos, aquella imagen de quien lo esperaba se le hizo un nudo en la garganta.

Su corazón, ya pesado, se sintió aún más doloroso, provocándole un intenso dolor como punzones interminables.

Su esposa, Roxane, estaba en la puerta, sus ojos hinchados de lágrimas no derramadas.

Ella sabía, incluso antes de que él se detuviera para explicar lo sucedido.

Johnny apagó el motor y las llamas que lo consumían se extinguieron, revelando su rostro humano.

Se dejó ver su pena y dolor, el cual dejaba una huella imborrable para el futuro.

—No lo encontré—dijo, su voz quebrándose, no solo como un hombre responsable, sino como un padre dedicado a su familia.

Alguien que incluso podría dejar su bienestar propio a cambio del de su familia sin restricción.

Roxanne no gritó.

No lo maldijo.

Solo cerró los ojos, como si intentara contener un dolor demasiado grande para expresar.

—¿Quién se lo llevó, Johnny?—preguntó, con una calma que asustaba más que cualquier grito.

—No lo sé —respondió, apretando los puños.

Finalmente, tras escuchar esto, la mujer no pudo soportarlo más y se derrumbó en los brazos de su esposo.

Sollozos sacudieron su pecho; las lágrimas mancharon su camisa.

Sus ojos cansados se cerraron momentáneamente, tratando de controlar sus intensas emociones y algo descontrolada fluctuación espiritual en su alma.

Podía sentir que, debido a su anomalía emocional, el espíritu de venganza se había vuelto demasiado inquieto; si no podía controlarlo como en otras ocasiones de forma normal, este aprovecharía para entrar en un estado caótico, con posibles repercusiones dañinas no solo para él, sino también para su esposa, quien estaba cerca.

Reprimiendo su caos interior, se disponía a consolar a su esposa, cuando escuchó el intenso sonido del viento.

Pronto, este sonido de ráfagas se volvió más claro, e inmediatamente reconoció de qué se trataba.

Eran las hélices de un helicóptero militar.

Tanto él como su esposa alzaron la vista; se dieron cuenta del acercamiento de un vehículo aéreo militar, un helicóptero con el emblema de un águila con las alas extendidas, rodeado de lo que parecían ser las letras de alguna sigla.

Jonathan Blaze miró aquel emblema y lo reconoció casi de inmediato; su mirada se endureció.

Su cabeza rápidamente pensó en los motivos que aquella organización tendría para presentarse en estos momentos.

Cuando el helicóptero aterrizó a campo abierto, las hélices se detuvieron y la puerta fue abierta, se reveló la figura del joven Marcus Blaze, quien tenía una mirada emocionada al ver a sus padres.

Rápidamente corrió hacia ellos y los abrazó; su madre acarició su cabeza, dejando salir sus lágrimas de alegría por ver a su hijo sano y salvo.

Haciéndose a un lado, Johnny dejó a madre e hijo en su emotiva reunión.

Con su expresión seria, se dirigió hacia el helicóptero con la intención de tener una charla con el piloto.

Tras mirar por la ventanilla, se dio cuenta de que no había nadie; su expresión no pareció sorprendida al ver que en realidad no era una persona quien manejaba aquel vehículo; no era de extrañar, con la gran tecnología que aquellas organizaciones poseían, no era de extrañar que tuvieran un vehículo totalmente automático.

Eran realmente listos; no habían enviado a una persona para traer de vuelta a su hijo.

Después de todo, no era buena idea presentarse frente a un padre furioso, y menos cuando este tuviera la capacidad de convertir en cenizas todo lo que estuviera a su paso.

—Padre.

— Marcus, al lado de su madre, se acercó al pensativo Johnny.

—Me dijeron que te entregara esto.

Entregando el sobre que le había dado Steadman, a sabiendas de que tenía tantas preguntas, no esperó a que su padre lo cuestionara; optó por entregar primero aquella documentación con el sobre sellado.

Sin saber lo que había dentro, Marcus pareció tener algo que decir, pero pronto guardó silencio.

Jonathan tomó el sobre sellado y revolvió el cabello de su hijo.

—Di lo que tengas en mente; creo que a partir de este momento comenzaré a ser más sincero contigo.

—su voz inspiró confianza en su hijo.

No sabía lo que S.H.I.E.L.D.

quisiera de su hijo, o lo que ellos le habían dicho, pero tomando en cuenta que algo así tenía grandes probabilidades de volver a suceder, tenía la intención de minimizar cualquier riesgo, y dejar que su hijo fuera consciente de la situación en la que se encontraba, no solo él mismo, sino como familia en conjunto.

—Ellos me lo han contado todo…

Desde la razón por la que tengo mis extrañas habilidades, hasta el pasado de ambos.

—Marcus miró a sus padres sin ocultar la pena tras recordar la trágica vida que habían llevado en los últimos años antes de su nacimiento.

La expresión de Johnny fue amarga; su madre pareció cambiar su expresión a una más triste, con sus lágrimas amenazando con una vez más deslizarse de sus párpados.

Jonathan le dio unas palmaditas a su hijo.

—No sé lo que ellos te hayan dicho, pero te contaré lo sucedido una vez que entremos a la casa.

De allí podrás comparar ambas versiones y pensar por ti mismo; sabiendo que ya tienes una madurez aceptable, te seré totalmente sincero.

…

..

.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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