Marvel Multiverse: Cyber-Spider (ES) - Capítulo 75
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75: Capítulo 75 75: Capítulo 75 Frank se encontraba bebiendo café en una taza decorada con ilustraciones infantiles.
En el cuerpo de la taza se podía leer un texto grabado a mano con caligrafía infantil: “El mejor papá del mundo”, adornado con flores y cachorritos.
Dio un suspiro tras cada trago y, sintiéndose cansado, se masajeó las sienes.
Un leve dolor de cabeza lo atacaba, dejándolo algo estresado.
A pesar de que Frank había obtenido la mejora del suero Omega, resultando en un incremento de su estado físico, aún se sentía algo fatigado.
No se trataba de la fatiga del cuerpo, sino más bien de la mente.
Sin importar cuántos sueros se suministrara, esta no mejoraría tan repentinamente como sí podía suceder con un cambio físico.
Dentro de su oficina, se encargaba de documentos importantes.
Como líder del Security Corps, era indispensable que se mantuviera informado de todo.
Por eso, además de delegar ciertas actividades a personas capaces, también había tomado en sus manos el manejo de una parte de la labor.
Esta consistía en revisar los expedientes de posibles candidatos para ingresar a la formación de los nuevos reclutas para el Security Corps, el mismo plan que había revelado a Steadman y Marcus Blaze durante su recorrido por el lugar.
No era necesario recalcar la importancia de todo esto; era más que obvio que el plan debía tomarse muy en serio.
Razón por la cual cualquiera que compartiera estas responsabilidades debía actuar de la mejor manera posible.
Si no se podía conseguir la perfección, al menos debían tener cuidado con cada detalle para no pasar por alto a buenos candidatos.
Con el plan en marcha, todo el Security Corps estaba muy ocupado.
No solo se trataba del futuro de la organización, sino también de mantener su anonimato.
Expandirse a mayor escala sin ser descubiertos era el objetivo claro que Rilley había impuesto.
No había prisa; era aceptable tomar más tiempo de lo programado si con eso se aseguraba el éxito.
Con la expansión de la organización se abrirían nuevas oportunidades.
No solo se ampliarían sus operaciones y se lograrían cubrir las vacantes que hasta ahora continuaban operando en su mínimo potencial, sino que también se conseguiría solidificar la estructura, el poder y la influencia de la organización.
Con esos pilares establecidos, estar a la par de organizaciones más antiguas era solo cuestión de tiempo.
Con los avances tecnológicos que poseían, podían igualar e incluso superar a las demás organizaciones.
La única limitante era, más que nada, el personal.
Tampoco podían aceptar a cualquiera para llenar números; la calidad del personal debía estar garantizada.
La selección de estos posibles candidatos no solo se determinaba por la documentación enviada por Sophin bajo las órdenes de Rilley, sino que los miembros actuales también podían recomendar a quienes creyeran que serían útiles.
Claro que el simple hecho de ser recomendado no era un pase directo; todavía se aplicarían las pruebas pertinentes para la selección y posterior aceptación.
Los puestos estaban abiertos totalmente a los diferentes departamentos ya establecidos, e incluso a los nuevos por establecer: tanto responsables de gestión, como encargados de logística, administración, campo e investigación.
La documentación enviada por Rilley se consideraba de vital importancia, no solo porque se trataba de información enviada directamente por el jefe, sino también porque en ella aparecían varios nombres para cubrir las vacantes técnicas y de campo que hasta ahora estaban trabajando a un 15% de su capacidad total prevista.
En la actualidad, de no ser por la sobreexigencia hacia los miembros y por la ayuda de la IA Sophin, poco se podría hacer para no revelar las deficiencias de los pocos departamentos.
Que, aunque se les considerara deficientes, todavía realizaban trabajos aceptables.
Rilley tampoco podía culparlos; sabía muy bien cuánto empeño habían dedicado todos y cada uno de los miembros.
Su actual adicción al trabajo se debía principalmente a eso: pasar todo el tiempo en su laboratorio realizando estudios e investigaciones.
Si bien era su pasatiempo, también se sobreexigía para lograr los mayores avances tecnológicos posibles y así impulsar a la organización.
Rilley había invertido grandes cantidades de recursos y también parte de su vida.
No porque fuera alguien ambicioso, ávido de riqueza y poder, sino porque sabía que el mundo actual era extremadamente caótico, lleno de peligros e incertidumbres para la gente común.
Si bien sabía que los héroes siempre llegaban para salvar el día, y que de una u otra manera todo al final se solucionaba, también sabía que eso solo aplicaba a ciertos universos bendecidos.
La incertidumbre y la duda, el miedo a lo desconocido y la incapacidad de aceptar dejar la vida de uno mismo en manos de otros, despertó en él una especie de espíritu rebelde.
Teniendo los recuerdos de su vida pasada, sabía muy bien que así como existían mundos con un gran futuro, también existían mundos en los que el fin era inevitable; donde la sombría oscuridad cubría los alrededores y la desesperación era el pan de cada día.
Había dos historias muy populares acerca de ese tipo de mundos; en su mente aparecieron dos relatos interesantes: Marvel Ruins y Marvel Zombies.
En el primero se vivía una vida de desesperanza con un final oscuro, uno en el que se desencadenaría una guerra que arrasaría con todo.
Y en el último, la vida era extinguida por un extraño virus mortal, dejando solo a unos cuantos sobrevivientes.
Que esas dos historias llegaran rápidamente a su mente no significaba que fueran las únicas; aún había más relatos de ese tipo, mundos apocalípticos que lentamente se descomponían en decadencia hasta la absoluta desaparición y posterior perecimiento.
Fue por eso que, sin lugar a dudas, decidió por sí mismo tomar las riendas de su propio destino, negándose absolutamente a ser llevado por otros como si fuera una oveja o algún otro animal de granja.
El Security Corps no surgió por un simple capricho; se creó pensando en la edificación de una poderosa fortaleza que resguardaría todo aquello que considerara importante.
La formación de un ejército privado fue la respuesta a la que llegó tras reflexionar por mucho tiempo.
Sabiendo lo poco confiables y egoístas que podían ser las organizaciones, tanto gubernamentales como privadas, optó por financiar, desarrollar e instaurar su propia organización.
Todo esto lo hizo tomando como base lo que había visto de S.H.I.E.L.D.
y los Vengadores en los cómics que había leído en su tiempo libre.
Teniendo en cuenta que la organización tenía un mando unificado bajo la voz de Rilley, sumado al estricto control y vigilancia a través de la tecnología de su asistente virtual—capaz de monitorear a todos los miembros de manera simultánea para brindar un seguimiento durante las misiones—, todo esto daba paso a una administración más fluida, libre de posible corrupción o traición.
Además, el no depender de otros miembros para una toma de decisión de alta importancia, tal como sucedía en S.H.I.E.L.D.
o con los Vengadores, facilitaba muchas cosas y ahorraba una serie de posibles problemas.
No se podía decir que los riesgos fueran nulos, pero en comparación con otros, esto era realmente una medida muy significativa.
Mientras Frank hojeaba la documentación, vio algunos nombres interesantes; no solo se trataba de algunos científicos poco conocidos y otros de relativo renombre, también podía ver los nombres de algunos exmilitares retirados y unos pocos mercenarios que trabajaban bajo comisión.
También logró ver los nombres de personas desconocidas, pero al lado de estos se subrayaba que se trataba de candidatos con poderes; algunos ya desarrollados y otros con potencial para despertar.
Cuando recibió esta lista de nombres, Frank prestó mucha atención, actuando con cuidado y cautela.
Trazó un plan para tratar de reclutar a esas personas tal y como Rilley lo había solicitado.
A pesar del limitado personal que tenía disponible, todavía creía que sería al menos suficiente para hacer un trabajo satisfactorio.
Tomando en consideración que había estado trabajando durante varias horas, manteniéndose activo solo con la ayuda del café que recargaba su taza, decidió que era tiempo de un descanso.
Reclinó su asiento para recostarse, levantó las piernas y las dejó caer sobre su escritorio, obteniendo una mejor comodidad.
Soltó otro suspiro de cansancio, pero esta vez más relajado y liberador.
Frank sintió que en estos últimos días había suspirado más veces de las que lo había hecho en cualquier otro momento de su vida.
Una vez quieto y con la mente relajada, sus pensamientos comenzaron a divagar.
Pensó en cómo había sido su vida durante los últimos años, y pronto recordó todo lo que había pasado para llegar hasta donde estaba hoy.
Aquel encuentro con Rilley lo había cambiado por completo.
Cuando este lo ayudó en su momento más desesperado, no solo le otorgó salvación a él, sino a toda su familia; lo que consideraba su motor, aquello que lo impulsaba en su día a día, su alegría y su única razón para continuar en este mundo.
Solo de imaginar qué hubiese pasado si Rilley no llegara en ese momento, se sentía muy incómodo.
Pensar que podría haber perdido a su familia le provocaba una fuerte presión en el pecho.
En ese momento solo había quedado una incógnita: ¿qué hubiera sido de él tras perder a los seres más importantes de su vida?
Por suerte, esas dudas ya no podrían ser respondidas.
Después de todo, al final las cosas de alguna manera habían salido bien y, en la actualidad, nada de eso podía volverse a repetir.
Definitivamente, su vida había tomado un muy buen rumbo.
Extrañamente, tras aquel suceso, tuvo pesadillas durante varias noches.
En ellas se veía a sí mismo envuelto en la locura y la sed de venganza, torturando a los responsables de su miseria; aquellos que habían acabado con su felicidad.
Uno a uno habían sido “castigados”, habían recibido su merecido no solo por lo que le habían hecho a él, sino también por el resto de sus crímenes hacia otros inocentes.
Bajo sus propias manos impartía el castigo que creía que merecían.
Aquellas pesadillas fueron consecutivas, seguían una serie clara y precisa que iba acorde a los sucesos transcurridos en pesadillas anteriores.
Eran tan vívidas que fácilmente se llegó a confundir entre el sueño y la realidad en más de una ocasión.
Afortunadamente, pudo consolarse al ver a su familia aún cerca.
Poco a poco olvidó todo esto y se centró en darles lo mejor a ellos.
Felizmente casado, con una esposa encantadora y una hija maravillosa, para Frank eso era más que suficiente para considerarse muy afortunado.
Poco después también se enteró de que había un posible varón por venir.
Estuvo tan feliz que llamó a todo el Security Corps para festejar.
Tomando en cuenta que casi todos los miembros del Security Corps vivían en la misma zona residencial, fue fácil reunirlos.
La mayoría asistió, exceptuando a los pocos ocupados en misiones activas de investigación.
Aun así, fue una cantidad considerable de personas.
Frank, previendo esto, había contratado a gestores profesionales para festejos, un departamento de bajo perfil perteneciente a una de las varias ramas industriales del Grupo Industrial Glass.
Tras los sucesos de la primera gran misión del Security Corps, sin duda alguna aquel festejo cayó de la mejor manera.
Fue muy relajante y lo suficientemente alegre para despejar la mente de todos los miembros, olvidando un poco la presión que sobrevendría más adelante.
Tomando otro trago de café, una sonrisa se formó en su rostro.
Posteriormente, durante una charla ociosa con Rilley, este le había mencionado que iniciaría la negociación para la compra del terreno para los nuevos edificios: uno que sería la base permanente del Security Corps y el segundo que sería la sede de Stane International a cargo de Zeke.
Una vez terminada la construcción, todos se pasarían a la nueva base y allí mantendrían su fortaleza de forma estratégica.
Los pensamientos de Frank se vieron interrumpidos tras escuchar un golpe en la puerta.
Se trataba de Rilley, quien asomó la cabeza con una sonrisa y alzó su taza a modo de saludo.
Aquella taza en manos de Rilley tenía diseños similares a la taza de Frank, pintados por su hija, con la única diferencia de que en ella se mostraba la leyenda “El mejor jefe del mundo”.
Había tres en total:una para él, otra para su esposa y…
la tercera, era la que Rilley sostenía.
Este gesto, aunque pequeño, mostraba la gran cercanía que Rilley tenía con Frank.
No solo por parte de Rilley, que al usar este pequeño detalle ya mostraba cuánto valor le daba no solo a Frank, sino a toda su familia.
Frank sonrió.
No hacía falta decir nada más.
Que Rilley usara voluntariamente esa taza, ese pequeño tesoro familiar, lo decía todo.
…
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