Marvel Multiverse: Cyber-Spider (ES) - Capítulo 76
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76: Capítulo 76 76: Capítulo 76 Rilley se deslizó en la oficina de Frank con total familiaridad.
Antes de que su segundo al mando pudiera ponerse de pie en señal de respeto, hizo un gesto sutil con la mano que sostenía su taza de café, indicándole que permaneciera sentado.
Tomó asiento en la silla frente al escritorio, dio un sorbo prolongado a su bebida, y solo entonces rompió el silencio que había envuelto la habitación.
—Pensé que no encontraría a nadie a estas horas de la noche —comentó, con una mezcla de curiosidad y leve preocupación en su voz.
Frank dejó escapar un suspiro pesado, cargado de las largas horas de trabajo acumuladas.
—Llevo prácticamente instalado aquí una semana —confesó, pasándose una mano por el rostro antes de enderezarse en su asiento con visible esfuerzo—.
Tuve que decirle a Liz que la carga de trabajo este mes es insostenible y que no podría verla hasta que termine.
Rilley depositó su taza sobre el escritorio con un suave clic, y su expresión se tornó seria aunque comprensiva.
—Frank, valoro profundamente tu dedicación, de verdad.
Pero ya te lo he dicho en múltiples ocasiones: tu devoción por el trabajo no debe llegar al punto de hacerte descuidar a tu familia.
Mientras yo siga al mando, no necesitas cargar con el peso de que cada mínimo detalle sea perfecto.
Incluso si algo sale mal, la responsabilidad última recae sobre mis hombros, no sobre los tuyos…
—Hizo una pausa significativa antes de añadir—: Ya has hecho más que suficiente por esta organización.
Imagínate, si te ayuda, como un empleado cualquiera, con un horario razonable de siete a cinco y sus fines de semana libres para desconectar.
—Dio otro trago a su café, y un destello de humor apareció en sus ojos—.
Además, preferiría no ser conocido por tu esposa como el jefe explotador.
No sería digno de llevar esta taza que la pequeña Lisa me regaló con tanta ilusión.
—Señaló con genuino cariño la taza vacía que descansaba sobre el escritorio, como si se tratara de un tesoro de gran valor.
Con un movimiento fluido, Rilley extrajo del bolsillo de su camisa una pequeña bolsa de golosinas.
Rasgó el envoltorio de unas coloridas gomitas azucaradas y se colocó una en la boca, saboreándola con evidente placer antes de extender el surtido hacia Frank.
—Un pequeño aporte de glucosa nunca viene mal, especialmente cuando la mente está al límite y el estrés comienza a acumularse —comentó con una sonrisa cordial.
Frank rechazó el ofrecimiento con un gesto cortés pero firme, acompañado de un leve movimiento de cabeza.
—También tengo chocolate, por si cambias de opinión —insistió Rilley, sacando una segunda bolsita que contenía exquisitas esferas de chocolate rellenas de caramelo, café y cajeta—.
Personalmente, dependo de ellas para recargar energías durante las largas jornadas.
Aunque pueda parecer trivial, el cerebro es un órgano terriblemente demandante en términos calóricos, y esa demanda se multiplica exponencialmente cuando lo llevamos al límite de su capacidad.
—Su tono se tornó más consejero—.
Y mi recomendación más firme es que priorices el descanso.
El suero puede ocuparse de mantener tu cuerpo en funcionamiento, pero la fatiga mental es mucho más escurridiza y dañina a largo plazo.
Ante la persistencia amable de su jefe, Frank cedió finalmente, aceptando una bolsita que contenía una decena de las chocolatinas.
—Y dígame, jefe, ¿en qué ha estado metido últimamente?
—preguntó Frank, intentando dirigir la conversación hacia temas más operativos, lejos de su propia situación.
La expresión de Rilley se transformó al instante, como si una nube opaca hubiera cruzado por sus ojos.
Dejó escapar un suspiro profundo y resonante que parecía arrastrar consigo el peso de preocupaciones mucho mayores.
—Ay, por favor, no me lo recuerdes…
He estado lidiando con cierto problema relacionado con los X-Men.
Charles Xavier y su escuela mutante me están dando unos dolores de cabeza.
—Frotó sus sienes como si intentara aliviar la presión—.
¿Aún recuerdas cuando te hablé acerca de mi laboratorio secreto en Hawái?
Frank asintió con un gesto, evocando el recuerdo de cómo Rilley se ilusionaba con el proyecto.
—No dejabas de repetir que era el lugar ideal, casi perfecto.
—Y lo es, no he cambiado de opinión —confirmó Rilley, con una convicción que no admitía dudas—.
Las condiciones allí son inmejorables: fuentes estables de magma subterráneo, esenciales para generar energía geotérmica que garantizaría operaciones constantes y autosuficientes; yacimientos de recursos fácilmente explotables; un aislamiento absoluto de miradas indiscretas; y un tránsito mínimo, tanto de personas como de fauna.
Todo ello, y más, lo convierten en el lugar perfecto para albergar un laboratorio con la tecnología más avanzada…
—Su voz decayó—: Pero, gracias a la intervención de ellos, me he visto forzado a abandonarlo.
Al menos de manera temporal.
Frank mostró una perplejidad genuina al escuchar la mención a la “escuela de mutantes”.
—Charles Xavier, ¿te refiere a ese calvo que posee poderes telequinéticos?
Soltando una risa por el comentario de Frank, Rilley dijo.
—Ah, conque sí lees los informes que escribo en mis ratos de ocio —respondió Rilley, realizando un gesto de sorpresa aprobatoria—.
Recuerdo haber subido a la base de datos un informe bastante detallado sobre esa persona en particular.
Y no solo sobre él, sino sobre otros mutantes que he investigado de forma discreta en los últimos meses.
Aunque debo admitir que la información dista de ser completamente precisa, pero aún así puede servir como una referencia valiosa.
—No tenía constancia de que ya nos estuviéramos enfrentando directamente a los mutantes —la sorpresa en el rostro de Frank era auténtica.
Él estaba al corriente de ciertos secretos estratégicos y comprendía que, según todos los análisis de tendencias, los mutantes se perfilaban como una futura fuente de conflictos de proporciones incontrolables.
Rilley negó con la cabeza, y su expresión se volvió grave.
—No, Frank, aún no es el momento para un enfrentamiento abierto.
De entre todas las facciones mutantes que operan en la sombra, la escuela de Charles Xavier es, hasta la fecha, la que mantiene una postura más neutral.
Pero eso mismo los convierte también en los más impredecibles.
Nuestra estrategia debe ser la cautela.
No podemos, bajo ningún concepto, permitir que sigan fortaleciéndose sin vigilancia.
—Hizo una pausa para enfatizar sus palabras—.
Esa es la razón por la cual, entre los expedientes de prospectos para integrarse al Security Corps, figuran varios individuos con habilidades especiales.
Mi objetivo es reclutar a todos los que podamos, ya sean mutantes naturales o mutados artificiales.
Quiero integrarlos en nuestra organización, convertirlos en una parte de nuestra fuerza.
Al escuchar esta explicación, Frank sintió que las piezas del rompecabezas encajaban en su mente.
Comprendía ahora por completo la visión estratégica y las intenciones a largo plazo de Rilley.
—Pero, permítame la pregunta, jefe: ¿qué conexión directa existe entre esa estrategia de reclutamiento y los problemas inmediatos que ese grupo le está causando?
—preguntó Frank, aún sin lograr vislumbrar la relación entre ambos puntos.
Rilley negó de nuevo, esta vez con un deje de autocrítica en la voz.
—Parece que te he exigido y sobrecargado hasta el punto de que no has tenido tiempo de revisar los últimos informes de misión.
Verás, hace un par de semanas, me tomé la libertad de realizar una muy breve visita no anunciada a la escuela mutante.
Mi intención principal era poner a prueba, en condiciones controladas, la habilidad mental de Charles.
—Rilley se inclinó ligeramente hacia adelante, compartiendo la información con total confidencialidad—.
El objetivo era probar a fondo el microchip de protección mental que he desarrollado.
Si hubiera demostrado su efectividad contra un telepata de su calibre, habría pasado inmediatamente a la siguiente fase de desarrollo para su producción en masa.
Te aseguro que sería la herramienta perfecta para enfrentarnos a cualquier superhumano con capacidad de manipular la mente, y créeme si te digo que la lista es más larga de lo que cualquiera podría sospechar.
Tras exhalar otro suspiro, cargado esta vez de frustración, Rilley continuó.
—Sin embargo, la situación se complicó más de lo previsto.
Tuve un…
Encuentro fortuito con un mutante particularmente arrogante y, como resultado, me vi en la obligación de contraatacar en legítima defensa.
El altercado escaló hasta enfrentarme a todo un equipo de ellos.
Salí relativamente ileso del combate, no sin llevarme un pequeño recuerdo de la experiencia y lograr mi cometido con la ayuda de otra mutante telepáta.
—Una sonrisa amplia y llena de matices se dibujó en su rostro al decir esto, sugiriendo que ese “recuerdo” era más valioso de lo que aparentaba—.
Y creo que ya te lo he expresado en el pasado, pero no me cansaré de reiterarlo: Charles Xavier es, en esencia, un hipócrita.
Si existiera un ranking de hipocresía, se alzaría con uno de los primeros puestos.
En el fondo más profundo de su ser, es tan extremista y racista como el mismísimo Magneto, con la única diferencia fundamental de que es demasiado cobarde para actuar en consecuencia.
No se atrevería a desencadenar una represalia a gran escala por parte del gobierno y la sociedad humana, porque sabe que, al final, quienes cargarían con las consecuencias más devastadoras serían los suyos, la comunidad mutante en su conjunto.
—Si de todas formas constituyen un obstáculo potencial para el cumplimiento de nuestra misión a largo plazo, me parece lógico y prudente anticipar sus movimientos y actuar en consecuencia —afirmó Frank, asintiendo con lentitud mientras se alineaba con la perspectiva de su superior—.
Y, retomando el hilo de los informes de misión, debo aclarar que sí he estado revisando todos los informes que fueron marcados con los grados de importancia correspondientes.
En ese preciso instante, un golpe sordo resonó en la habitación.
Rilley se había palmeado la frente con la palma de la mano, con una expresión de súbita y absoluta comprensión.
—¡Los grados de importancia!
¡Lo había olvidado por completo!
—exclamó, casi riéndose de su propio descuido—.
Todas mis misiones en solitario, incluyendo todas mis investigaciones, se han estado publicando en la base de datos directamente, sin ningún tipo de filtro, tal y como las transcribí de mi bitácora personal.
El sistema de grados de importancia o relevancia había sido una iniciativa propuesta por el propio Frank meses atrás, con el objetivo fundamental de archivar y categorizar los informes según su valor estratégico intrínseco.
Los documentos de máxima relevancia contenían información crucial que debía tenerse en cuenta para futuras propuestas operativas, seguimientos de misión en curso, o incluso datos que, por su naturaleza, podían afectar el destino de la organización o tener repercusiones globales.
Hasta ese momento, cada miembro del Security Corps, desde el agente más novato hasta los coordinadores de campo, había cumplido escrupulosamente con este requisito.
Todos, sin excepción, excepto el propio Rilley.
Él acostumbraba a redactar informes en sus momentos de descanso, de manera informal, con el único propósito de expandir y enriquecer la base de datos colectiva.
Esos documentos, sin embargo, contenían una amalgama de conocimientos extraídos de los cómics de su vida pasada, volcados sin un criterio de clasificación estricto.
Fue en ese momento cuando Rilley cayó en la cuenta de una falla crítica en el sistema: cada miembro redactaba sus informes a mano y, posteriormente, una IA auxiliar de procesamiento básico los digitalizaba y subía a la base de datos central sin aplicar modificaciones, ajustes o, lo que era más importante, sin asignarles un grado de importancia unificado.
Esto significaba que el criterio de lo que era “relevante” variaba dramáticamente según la perspectiva subjetiva de cada autor.
Lo que para un agente en el campo era crucial, para un analista de inteligencia podía ser trivial, y viceversa.
De persistir esta inconsistencia, la organización caería irremediablemente en un sesgo informativo catastrófico, generando una brecha de conocimiento que podría resultar desastrosa en el futuro.
En los inicios, las limitaciones inherentes a la IA principal, Sophin, habían llevado a Rilley a diseñar un sistema auxiliar básico, una herramienta rudimentaria cuyo único propósito era servir de puente para ingresar, cifrar y almacenar datos.
Pero las cosas habían cambiado.
Los recientes avances y mejoras en los sistemas de procesamiento de información de Sophin la habían transformado en una entidad capaz de asumir la gestión completa y unificada de la inmensa base de datos global del Security Corps.
‹Accediendo a la base de datos del Security Corps…
Estableciendo contacto con la IA auxiliar…
Iniciando absorción de la IA auxiliar…
Actualizando protocolos de gestión total…
Integrando nuevos protocolos del Sistema de Gestión Inteligente…
Reestructurando la IA auxiliar en un Autómata digital…
Autómata digital en marcha…
Nombre clave asignado: “Librery”…
Reorganización de la base de datos en curso…
Tiempo estimado: 37 horas› En el mismo instante en que la idea tomó forma en la mente de Rilley, Sophin se puso en marcha de inmediato.
La integración del microchip de protección mental había creado un vínculo sináptico único, permitiendo que la IA accediera a sus pensamientos e intenciones de forma fluida.
Esta conexión eliminaba la necesidad de explicaciones tediosas o de interfaces físicas; una simple intención clara era suficiente para desencadenar órdenes complejas.
La simbiosis entre la intuición humana y la velocidad de procesamiento de la IA generaba una sinergia operativa que optimizaba el tiempo y los recursos, logrando una eficiencia sin precedentes.
«El autómata digital “Librery” está en línea.
A partir de este momento, toda la información ingresada a la base de datos global será gestionada bajo el Protocolo del Sistema de Gestión Inteligente (SGI).
El valor de importancia/relevancia será asignado automáticamente según criterios específicos preestablecidos y estandarizados.
La información preexistente en los archivos será sometida a un proceso de reevaluación y actualización gradual».
La voz serena pero imposible de ignorar de Sophin resonó en cada rincón de la base de operaciones principal del Security Corps, transmitida a través de la red de altavoces estratégicamente distribuidos.
El anuncio no se limitó a esa ubicación; se repitió de forma simultánea en todas las bases temporales, puestos de avanzada e incluso en los laboratorios de I+D vinculados a la organización.
En la lujosa oficina de Ezekiel Stane, el hombre dejó su vaso de licor sobre el escritorio y exhaló una lenta y pensativa bocanada de humo de su puro mientras escuchaba el comunicado a través de los altavoces de su oficina.
Casi al mismo tiempo, su teléfono personal vibró suavemente.
Al levantar la mirada hacia la pantalla, confirmó que se trataba de un mensaje con una transcripción completa del anuncio.
No fue una excepción; cada miembro del Security Corps, sin importar su rango o ubicación, recibió una notificación idéntica en sus dispositivos móviles, asegurando que el mensaje llegara a todos.
Rilley juntó sus manos con un aplaso seco y satisfactorio.
—Y ahí lo tienes, problema resuelto.
Con esta nueva actualización, los criterios de evaluación y clasificación de la información serán estructurados, objetivos y consistentes.
Los datos se recopilarán y categorizarán en función de su contenido real y su contexto, no de la percepción subjetiva de quien los escribe.
Frank asintió con aprobación, una expresión de alivio visible en su rostro.
—Me parece una solución excelente.
De hecho, en el último informe técnico que revisé, ya se mencionaban estas mejoras en los sistemas de procesamiento central.
Me preguntaba cuándo se implementarían a nivel organizativo.
—Mejor tarde que nunca, supongo —concedió Rilley, haciendo una mueca leve mientras se ponía de pie—.
Y retomando tu pregunta inicial sobre en qué he estado metido…
La situación con la escuela de mutantes, aunque significativa, ocupa en realidad un segundo plano en mis prioridades actuales.
Podría decirse que ese asunto en concreto está casi resuelto.
Mi foco principal ahora mismo es la recopilación de ciertos datos altamente específicos, información que, dependiendo de cómo se desarrollen los acontecimientos, podría volverse crítica en un futuro próximo.
—Se dirigió hacia la puerta y hizo un gesto a Frank para que lo siguiera—.
Ven conmigo.
Es el momento perfecto para mostrarte en lo que he estado trabajando.
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