Marvel Multiverse: Cyber-Spider (ES) - Capítulo 77
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77: Capítulo 77 77: Capítulo 77 Frank acompañó a Rilley por los pasillos de la instalación, y durante el trayecto surgió una nueva conversación.
—Es un hecho ampliamente reconocido que la sociedad actual no trata a los mutantes con equidad.
Resulta particularmente contradictorio si consideramos que, además de los mutantes, existen otros seres sobrehumanos con capacidades extraordinarias.
La pregunta obligada es: ¿por qué solo los mutantes enfrentan este rechazo, mientras los demás son aclamados como héroes o, al menos, tratados con más respeto?
La diferencia fundamental radica en el origen.
Un mutante nace con sus habilidades especiales, mientras que un mutado, como nosotros, es un ser humano común que adquirió sus poderes mediante algún incidente fortuito.
En teoría, cualquier persona podría obtener estas mismas capacidades bajo circunstancias similares.
Básicamente somos una meta posiblemente alcanzable a los ojos de la gente común, lo que involuntariamente en relativa posición de igualdad.
Sin embargo, esta explicación por sí sola resulta insuficiente, pues el tema se entrelaza con complejidades políticas y sociales que van más allá del simple origen de los poderes.
Según algunos registros históricos, durante épocas pasadas, mutantes y humanos comunes coexistían en relativa armonía.
Los primeros eran venerados como seres elegidos, guardianes protectores e incluso encarnaciones de deidades benevolentes.
El respeto y la devoción hacia ellos eran absolutos.
No obstante, la naturaleza humana alberga características menos nobles, y los mutantes, por mucho que lo nieguen, comparten esa esencia humana.
Al poseer habilidades superiores, se vuelven más susceptibles a la corrupción del poder.
Así, gradualmente, los elegidos se transformaron en una maldición, los guardianes en perpetradores, y las encarnaciones divinas en representaciones del mismísimo demonio.
Si buscamos asignar culpas, tanto humanos comunes como mutantes comparten responsabilidad de la situación: los primeros por idolatrarlos en exceso, y los segundos por creerse superiores al resto.
Aquella minoría comenzó a ser repudiada, temida y condenada; los actos de unos pocos terminaron por dañar a generaciones futuras, provocando así un continuo rechazo.
Cabe aclarar que, inicialmente, esto ocurría principalmente en comunidades pequeñas o zonas aisladas, ya que en ese entonces los mutantes constituían una rareza que aparecía en contadas ocasiones.
No fue sino hasta el estallido de sucesivos conflictos, el acelerado avance tecnológico y los subsecuentes experimentos atómicos que la población mutante, hasta entonces mínima, comenzó a proliferar a escala global.
Aun así, en ese momento el rechazo hacia ellos no había alcanzado la intensidad actual; si bien existían conflictos, podían considerarse incidentes aislados que pasaban desapercibidos para la mayoría.
Con el desarrollo de las telecomunicaciones, la humanidad obtuvo la capacidad de acceder a información de cualquier parte del mundo sin necesidad de presencia física.
Poco a poco, las personas comenzaron a percatarse de algo profundamente inquietante: el despertar mutante se manifestaba de manera súbita e impredecible.
Un adolescente podía, literalmente, destruir su escuela o su hogar en un arrebato emocional incontrolable.
El poder no emergía de forma gradual, sino como una explosión repentina que frecuentemente se desencadenaba ante picos de estrés, miedo o ira.
Ni el cuerpo ni la mente estaban preparados para semejante transformación, por lo que el mutante recién despertado, en la mayoría de los casos, generaba caos a su alrededor de manera completamente involuntaria.
En esencia, el despertar mutante es inherentemente inestable y peligroso.
Se trata, literalmente, de una bomba de tiempo, lo que aterra a la población ante la posibilidad de presenciar ese momento y verse en peligro.
El miedo colectivo ya se había propagado, pero esto no era suficiente.
Fueron las crisis sociales a nivel global las que canalizaron todo el descontento popular hacia los mutantes, visto el peligro latente que representaban.
Sin duda, se habían convertido en la fuente más impredecible de caos y destrucción.
Las naciones, impulsadas por su codicia de convertirlos en armas de guerra, avivaron el descontento y priorizaron la desigualdad y el maltrato.
Su objetivo era despojarlos de derechos fundamentales para experimentar libremente con ellos, sin temor a críticas; al fin y al cabo, no habría empatía hacia lo que no se consideraba completamente humano.
La Segunda Guerra Mundial marcó uno de los puntos de inflexión en el conflicto entre facciones, dando lugar a mutantes radicales con mentes impregnadas de odio hacia los humanos comunes e ideas supremacistas.
Tras el conflicto, surgieron actos terroristas atribuidos a mutantes, o al menos eso afirmaban los gobiernos de turno.
Debido al rechazo sistemático, los grupos mutantes se unieron y gradualmente comenzaron a considerarse una raza aparte, lo que erosionó cualquier posibilidad de empatía mutua.
Hace algunos años, un estudio científico describió a los mutantes como el siguiente eslabón en la cadena evolutiva, denominándolos “Homo Superior”.
En esencia, proclamaba que el ser humano actual quedaría obsoleto en un futuro cercano, convertido en un mero vestigio similar a los neandertales y otras subespecies humanas que coexistieron en el pasado.
Al igual que ellos, la humanidad enfrentaría su extinción definitiva.
Por mucho que académicos y científicos intentaron refutarlo, las evidencias resultaban claras e irrefutables.
Esto marcó un punto de inflexión en el conflicto mutante: ya no se trataba solo del miedo al caos de su despertar, sino de una amenaza existencial para la especie dominante.
Una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Rilley.
—¿Sabes quién realizó ese estudio?
—preguntó, clavando la mirada en Frank.
Ambos detuvieron su marcha.
Tras una breve pausa, Rilley reveló—: Fue Charles Xavier.
El nombre resonó en la mente de Frank con fuerza aturdidora.
El representante de la facción mutante neutral, que proclamaba buscar la coexistencia pacífica entre humanos y mutantes, había sido el autor de una investigación tan polémica que, lejos de ayudar a su gente, la había hundido aún más en el descrédito.
—Nunca ofreció una explicación sobre sus motivos para hacer pública esa investigación.
Algunos teorizan que simplemente buscaba dar a conocer el papel protagónico de los mutantes en el futuro, con la esperanza de aliviar el rechazo creciente.
Otros piensan que su intención era impulsar a los grupos mutantes hacia la resistencia, transformándolos de víctimas desafortunadas en el futuro inevitable de la especie dominante.
—Sea cual fuere su motivo, su actuación fue un disparate —reflexionó Frank en voz alta—.
Lejos de calmar el conflicto, no hizo más que intensificarlo…
¿Tienes alguna idea de lo que realmente pretendía?
-preguntó pues creía que Rilley tenía algo en mente.
—Tengo una teoría.
Xavier quiso brindar esperanza a los mutantes, encender una chispa para que aquellos que sufrían persecución pudieran alzar la frente y vislumbrar un futuro mejor.
—Rilley guardó silencio un instante antes de continuar—: Simultáneamente, intentaba transmitir un mensaje a la humanidad: que los mutantes representan el siguiente paso evolutivo, una fuerza natural tan inevitable como imparable.
Quizás pretendía hacer entender que resistirse era tan inútil como oponerse a un terremoto o un tsunami.
—Una risa breve escapó de sus labios—: Pero lo que no comprendió, o quizás no quiso aceptar, es que el ser humano posee una naturaleza intrínsecamente rebelde.
Con suficiente determinación, son capaces de obrar milagros en momentos críticos.
La humanidad luchará hasta el final, aunque eso signifique su propia destrucción.
Frank dejó escapar un suspiro cargado de escepticismo.
—Esa teoría solo reafirma mi postura: sigue siendo un insensato.
Rilley emitió otra risa, esta vez más cargada de ironía.
—Sí…
Quién iba a imaginar que esa investigación no solo daría esperanza a los mutantes inocentes y advertiría a la humanidad, sino que también fortalecería a los mutantes extremistas en su ideología supremacista…
Alguien considerado un genio debería haber previsto las múltiples consecuencias.
—Sus últimas palabras sembraron una duda persistente en la mente de Frank.
—¿Podría ser…
que Charles Xavier lo hizo a propósito considerando precisamente todas esas repercusiones?
—preguntó Frank, con visible incredulidad.
La expresión de Rilley se tornó instantáneamente grave.
—Charles Xavier es un zorro viejo y extremadamente astuto.
Recuerda esto: no confíes en las sonrisas fáciles ni en quienes parecen demasiado bondadosos.
Con frecuencia, no son más que simples fachadas cuidadosamente construidas para hacer bajar la guardia.
—Hizo una pausa deliberada—: Si yo estuviera en el lugar de Charles, no me limitaría a un solo bando.
Si de todos modos se trata del futuro de mi raza, ¿por qué no otorgar apoyo y beneficios estratégicos a ambas partes?
Apostar por todas las fichas del tablero minimiza considerablemente el riesgo de pérdida.
Sus palabras generaron un silencio prolongado que se extendió entre ellos.
La conversación había concluido, pero las ideas de Rilley continuaban resonando en la mente de Frank, quien intentaba asimilarlas y organizar sus propios pensamientos.
Rilley esbozó una sonrisa al notar la concentración de su compañero; le satisfacía profundamente que Frank fuera un hombre capaz de pensar por sí mismo, no un seguidor ciego que se limitara a obedecer órdenes sin cuestionarlas.
Con un gesto sutil de la mano, Rilley indicó a Frank que lo siguiera, y reanudaron la marcha en un silencio.
Este se mantuvo hasta que se detuvieron frente a una imponente puerta de metal reforzado.
Tras superar los rigurosos controles de seguridad biométricos, se escuchó el siseo característico del aire al liberarse la presión, y los cilindros de seguridad cedieron, permitiendo que la puerta se deslizara automáticamente.
La estancia, inicialmente sumida en la penumbra, se iluminó para revelar una impresionante colección de aparatos y máquinas científicas de diseño complejo.
Al ingresar, la puerta se cerró tras ellos, sellando herméticamente la escotilla y reactivando los mecanismos de presurización.
Rilley guió a Frank hacia una cápsula de metal y cristal reforzado.
En su interior yacía una mujer joven de cabello castaño, con una edad visible no mayor a los 16 o 17 años, completamente desnuda, conectada a una intrincada red de cables y mangueras.
Rilley no había considerado necesario cubrir su cuerpo, pues era el único que realizaba todas las pruebas.
Todos los dispositivos estaban meticulosamente dispuestos para monitorear constantemente sus signos vitales, extraer muestras biológicas y administrar nutrientes directamente en su sistema.
Bajo ningún concepto permitiría que su sujeto de pruebas muriera por inanición.
Para Rilley, el gen mutante de Kitty Pryde ofrecía aplicaciones extraordinariamente interesantes.
Su capacidad de volverse intangible le permitía atravesar cualquier superficie o material a voluntad.
En términos generales, la intangibilidad o cambio de fase consistía en hacer que los átomos de su cuerpo se desplazaran entre los espacios intermoleculares de otros objetos.
Lograr comprender, siquiera de manera parcial, este fenómeno tan peculiar, representaría un avance significativo para su desarrollo tecnológico, con potenciales aplicaciones en el suero omega o en su propio traje simbionte.
Inicialmente, además de sus experimentos con Cíclope, no planeaba realizar más estudios con otros mutantes.
Pero cuando Kitty Pryde apareció frente a su puerta, no pudo desaprovechar la oportunidad.
Dado que había ingresado en propiedad privada sin autorización, esto podía interpretarse como una compensación justa.
No había motivo para no experimentar con su cuerpo durante algunas cuantos años, siempre que su integridad física estuviera garantizada.
Sus pruebas no la matarían, y eventualmente tenía planeado liberarla.
Rilley sin ninguna duda era alguien amable y considerado, más considerado que otros investigadores claro estaba; muchos científicos en su posición habrían intentado exprimir hasta la última gota de utilidad de su cuerpo, procediendo posiblemente a su disección para estudiarlo parte por parte una vez que dejara de ser útil.
Al menos, él no llegaría a ese extremo y le otorgaría la libertad eventualmente.
Por un instante, la expresión de Frank se alteró visiblemente al presenciar el trato dado a la joven.
No tenía autoridad para intervenir, ni tampoco la intención de oponerse abiertamente, pero una leve incomodidad persistió en su interior.
Rilley lo percibió de inmediato.
—Tranquilo, la trato de la manera más humana posible —aseguró—.
La constitución física de los mutantes es notablemente más resistente que la de un humano común; estos procedimientos no representan mayor molestia para ella.
—Así que es una mutante —concluyó Frank, recuperando la compostura.
Rilley asintió con firmeza.
—Sí, pero no la secuestré.
Además de obtener muestras biológicas y realizar algunas pruebas puntuales, no le he hecho nada más.
—Intentó aclarar las circunstancias para evitar malentendidos—.
Como te mencioné anteriormente, ellos fueron quienes buscaron problemas.
Si no me hubieran provocado constantemente, nada de esto habría sucedido.
Sería un tonto si desaprovechara la oportunidad de investigar a una mutante que llega voluntariamente a mi puerta.
—¿Has logrado algún avance significativo?
—preguntó Frank con genuino interés.
—Algunos progresos preliminares prometedores.
Sin duda, este conocimiento nos será de utilidad en el futuro.
Aunque no incrementará directamente nuestra capacidad ofensiva, su valor como herramienta de apoyo es innegable.
Durante su breve intercambio, los párpados de la joven parecieron forcejear por abrirse.
Frank lo advirtió de inmediato y retrocedió instintivamente, llevándose consigo a Rilley en un acto reflejo.
Actuaba con la cautela propia quien enfrenta habilidades desconocidas, priorizando la seguridad de su superior por encima de todo.
Al adoptar una posición defensiva, Frank situó a Rilley detrás de sí, observando la cápsula con la mirada alerta de un cazador frente a su presa.
Rilley agradeció mentalmente su rápida reacción, aunque no era necesaria.
Tocándole suavemente el hombro, negó con la cabeza y le hizo una seña tranquilizadora.
—Calma, todo está bajo control.
—En ese preciso momento, un gas incoloro se liberó dentro de la cápsula, envolviendo a la mujer por completo.
En cuestión de segundos, su cuerpo volvió a la inmovilidad total.
—Es un agente tranquilizante de alta potencia —explicó Rilley con naturalidad, como si describiera un procedimiento de rutina—.
La dosis administrada sería suficiente para incapacitar a un caballo adulto, pero su metabolismo acelerado requiere aplicaciones por cada hora.
—Hizo una pausa breve antes de continuar—: Además, el material de la cápsula es una aleación especial, lo suficientemente densa para dificultar que la atraviese.
Sus probabilidades de escape son mínimas.
Incluso en el caso improbable de que lo lograra, su debilidad física actual le impediría llegar lejos.
La mantengo adecuadamente nutrida para preservar su vida, pero permitirle moverse con libertad no se encuentra entre mis prioridades inmediatas.
Frank asintió con comprensión, asimilando la información.
Rilley procedió entonces a detallar los avances concretos que había realizado, así como los planes futuros que pronto pondrían en marcha, proyectos que podrían alterar significativamente el equilibrio de poder en su mundo.
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