Marvel: Reencarne como Peter Parker - Capítulo 15
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15: Peter obtiene sus poderes 15: Peter obtiene sus poderes “Peter… Peter, despierta.
Ya casi empieza la clase, ¿por qué sigues durmiendo?” Entre el murmullo constante del aula, Anna le dio una suave palmada en el hombro.
Su voz era tranquila, casi cariñosa.
Peter abrió los ojos con dificultad.
Lo primero que vio fue un mar de cabello rojo, atravesado por dos mechones blancos que brillaban bajo la luz del aula.
Se quedó inmóvil unos segundos… y luego sonrió con ironía.
Se había quedado dormido.
Justo ayer había terminado el suero.
El suero que, si todo salía bien, le otorgaría los poderes que había deseado desde el primer día de su despertar en este mundo.
Desde que obtuvo aquella araña —la misma que había mordido a su hermano—, Peter sabía que podía convertirse en Spider-Man en cualquier momento.
Con su conocimiento del futuro, incluso estaba convencido de que podría derrotar sin demasiados problemas a los enemigos clásicos del arácnido.
Pero eso no era suficiente.
No para lo que vendría.
Si quería sobrevivir a los monstruos, invasiones y cataclismos que aguardaban en el horizonte, necesitaba algo más que fuerza, agilidad y telarañas.
Al principio había barajado ideas desesperadas: robar un suero experimental de ADN reptiliano, conseguir una muestra de sangre de Hulk… ideas peligrosas, imprudentes.
Todo cambió cuando Deadpool consiguió el virus Extremis.
En el MCU, Tony Stark jamás llegó a perfeccionarlo.
Lo utilizó como una solución temporal para eliminar los fragmentos metálicos de su pecho y poco más.
Pero en los cómics… En los cómics, Stark había ido más lejos.
Mucho más lejos.
Extremis le permitió fusionar la armadura con su cuerpo a nivel celular, controlarla con la mente, regenerarse, ganar fuerza sobrehumana, proyectar fuego y convertirse en algo nuevo: un héroe biomecánico, adaptable y aterradoramente eficiente.
Peter sabía que ese nivel aún estaba fuera de su alcance.
Pero no todo.
Curación acelerada.
Fuerza sobrehumana.
Proyección de fuego.
Eso sí era posible.
Y no se detendría ahí.
Quería combinar Extremis con los poderes arácnidos.
Quería más.
Quería todo.
Ese pensamiento fue lo que lo llevó hasta aquí.
Anoche había terminado el suero.
Cada cálculo, cada variable, cada riesgo había sido revisado una y otra vez.
Incluso tuvo la aguja en la mano… pero decidió detenerse.
Dormir.
Asistir a la última clase de la semana.
Inyectarse el suero en condiciones óptimas.
Ese era el plan.
El problema fue que la emoción no lo dejó dormir.
“Después de clases me inyectaré el suero…” murmuró Peter mientras se incorporaba en su asiento.
… “Por fin ha llegado el momento.” Peter se sentó en el borde de su cama, respirando hondo.
Había considerado hacerlo en el laboratorio de la base, pero descartó la idea.
Prefería su habitación.
Su espacio.
El único lugar donde aún podía fingir que era solo un chico normal.
No era desconfianza hacia Kyle o Harry.
Era protección.
Extremis no era un juego.
Nunca lo había sido.
Por eso les mintió.
Les dijo que trabajaba en una versión debilitada del suero del Capitán América.
Ese sería el que les daría a ellos… cuando llegara el momento.
Mientras preparaba todo, su mente volvió a la araña.
Había intentado rastrear su origen desde el principio.
Al inicio pensó que era otro experimento fallido de Osborn, un intento de replicar el suero del Súper Soldado usando vectores animales.
Se equivocó.
Gracias a los recursos de Kyle y a una investigación silenciosa, descubrió la verdad: la araña provenía de otra compañía.
Una que buscaba reducir su veneno y convertirla en un medio para transmitir habilidades.
Un ejército de supersoldados.
Y lo peor… Esa compañía estaba vinculada con Kingpin.
Peter cerró el maletín y dejó esos pensamientos a un lado.
No era el momento.
Tomó la jeringa.
Respiró hondo.
Y se inyectó el suero en el brazo izquierdo.
El dolor fue inmediato.
Su visión se nubló.
El calor recorrió su cuerpo como lava.
Sus músculos se tensaron, su mente se fragmentó… Y luego, oscuridad.
Cuando despertó, habían pasado tres horas.
Se incorporó lentamente.
Apretó los puños.
El aire a su alrededor pareció vibrar.
Un calor abrasador se acumuló en su pecho, recorriendo cada fibra de su cuerpo.
Funcionó.
Pero antes de probar nada, recordó algo importante.
Fuego.
No pensaba incendiar su casa.
Decidió salir… pero antes encendió el celular.
Decenas de mensajes de Deadpool.
Suspiró.
Le envió un mensaje rápido diciendo que pronto iría y guardó el teléfono.
Justo cuando estaba por salir de su habitación, escuchó pasos subiendo las escaleras.
Es Ben, pensó.
Sonrió al notar que había percibido las pisadas con claridad, desde muy lejos.
Funcionaba.
“Oye, Ben, qué milagro que estés en..” Se detuvo.
En el instante en que sus miradas se cruzaron, algo invisible los envolvió.
Una conexión.
Ben fue el primero en reaccionar.
“¡Tú también!” Sus ojos se abrieron de par en par.
“¡A ti también te picó una araña!” Peter se quedó en silencio.
Había creído que al combinar sus poderes con Extremis rompería cualquier vínculo con otros Spider-Man.
Que su conexión con la Red de la Vida y el Destino se perdería para siempre.
Pero no.
Seguía ahí.
Y eso… Eso lo cambiaba todo.
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