Marvel: Reencarne como Peter Parker - Capítulo 32
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32: Primer combate 32: Primer combate Peter Parker, que se encontraba junto a las chicas, recibió la notificación de Daisy: su hermano y sus amigos ya habían llegado.
Eso solo podía significar una cosa.
‘No puedo quedarme al margen…’ Sabía que tenía que ayudar.
Peter se giró hacia Anna, la única que aún estaba bien.
No había sido picada.
Se acercó y le habló en voz baja, casi en un susurro, como si el mundo pudiera oírlo.
“Anna, lleva a las chicas a un lugar seguro.
Ya vuelvo.” “¿Eh?
¿Qué sucede?
¿No vendrás con nosotras?
¿A dónde piensas ir?”, preguntó Anna en voz baja, esforzándose por no llamar la atención de las demás… y por no dejar que el enojo se filtrara en su voz.
Peter abrió la boca.
Nada salió.
“No vayas, Peter.
Ven con nosotras”, insistió ella, claramente preocupada.
Peter apretó los dientes.
‘Maldita sea…’ “Yo… tienes que confiar en mí.” Anna estaba a punto de replicar cuando Peter dio un paso atrás, ya alejándose.
“Ya hablaremos más tarde.
Créeme… estaré bien.” Y sin darle tiempo a responder, se dio la vuelta y se perdió entre la multitud.
Mientras tanto… El asfalto tembló.
No fue una metáfora.
El suelo vibró de verdad cuando Rinoceronte dio su primer paso fuera del banco destruido.
Fragmentos de concreto aún caían de su armadura gris cuando lanzó una carcajada profunda, gutural, que resonó por toda la avenida como un desafío abierto.
“¡Vamos!”, rugió.
“¿Eso es todo lo que tiene Nueva York?
¿Dónde está la Araña Escarlata?” Desde lo alto de un semáforo inclinado, Ben tragó saliva.
“Ok…”, murmuró.
“Primer villano.
Tamaño camión.
Cero margen de error.” A su izquierda, Harry ajustó los guantes reforzados, esbozando una sonrisa tensa.
El equipo se había reunido con rapidez gracias al aviso de Daisy, después de enterarse de que los padres de Harry y Peter podrían estar en peligro.
“Siempre quise empezar con algo pequeño”, comentó Harry, sin mucha convicción.
Kyle, apoyado contra una patrulla volcada, hizo girar el bastón energético entre sus manos.
Sus ojos no se apartaban del monstruo.
“Dejen el sarcasmo.
Si ese tipo nos golpea de lleno, no hay segunda ronda.” Rinoceronte embistió sin aviso.
El mundo se convirtió en ruido.
“¡Ahora!”, gritó Ben.
Saltó.
Las telarañas salieron disparadas, anclándose a un poste y a la espalda del villano.
Ben tiró con todas sus fuerzas, desviando apenas la trayectoria… lo justo para que Rinoceronte fallara el impacto directo y atravesara una fila de taxis en su lugar.
Metal retorciéndose.
Vidrios estallando.
Gritos.
“¡Funciona!”, exclamó Ben.
“¡No cantes victoria!”, gritó Harry.
Kyle ya estaba en movimiento.
Corrió hacia el costado del villano y clavó el bastón en el suelo.
Un pulso azul recorrió el asfalto, descargándose contra las piernas de Rinoceronte.
El coloso gruñó, tambaleándose un segundo.
“Al fin llegaste, Araña Escarlata”, gruñó, alzando la cabeza.
“Te estaba esperando… pero me decepcionaste.” Se burló.
“¿Eso fue un cosquilleo?” Giró el brazo.
Kyle apenas logró rodar antes de que el golpe pulverizara el pavimento donde había estado.
“¡Nota mental!”, jadeó.
“No dejar que me toque.” Ben cayó frente a Rinoceronte, rodando para amortiguar el impacto.
“Oye, cabeza dura”, dijo al levantarse.
“¿Nunca te dijeron que correr en interiores está mal?” El puño llegó como un tren.
Ben reaccionó por puro instinto.
Saltó.
El golpe pasó a centímetros de su pecho.
“¡Patrioteer, ahora!” Harry activó su superfuerza temporal y cargó contra él justo cuando Rinoceronte avanzó de nuevo.
El impacto fue brutal.
La onda de choque sacudió el aire.
Harry salió despedido varios metros, rodando por el suelo, pero el villano se detuvo en seco, claramente desorientado.
“¡Le dolió!”, gritó Harry desde el suelo.
“¡Eso definitivamente le dolió!” Ben no perdió ni un segundo.
Saltó sobre la espalda del villano, disparando telarañas en ráfagas rápidas: brazos, cuello, visor.
“¡Nighthawk, derríbalo!” Kyle sonrió con ferocidad.
“Con gusto.” Corrió, saltó y descargó toda la energía del bastón en el suelo justo cuando Rinoceronte luchaba por liberarse.
La onda expansiva levantó polvo, escombros… y silencio.
Cuando todo se asentó, Rinoceronte estaba de rodillas, respirando con dificultad, atrapado en una maraña de telarañas endurecidas y cables rotos.
Ben aterrizó frente a él, jadeando.
“Bueno…”, dijo.
“Eso salió mejor de lo esperado.” Harry se acercó cojeando, observando al villano.
“¿Somos oficialmente superhéroes?” Kyle apoyó el bastón en el hombro.
“Si sobrevivimos a esto… sí.” Las sirenas comenzaron a acercarse.
Pero entonces— “¡No he terminado!”, bramó Rinoceronte, golpeando el suelo con ambos puños.
La onda lanzó a Ben por los aires, estrelló a Kyle contra un auto estacionado y casi hizo caer a Harry de rodillas.
El monstruo empezó a levantarse.
Y esta vez… ya no estaba jugando.
Si quieres, el siguiente paso natural sería:
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