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Marvel: Reencarne como Peter Parker - Capítulo 33

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33: El primer combate pt.2 33: El primer combate pt.2 “Ok…” gruñó Ben, incorporándose.

“Plan B.

O C.

O huir muy rápido.” Entonces ocurrió.

Un sonido distinto atravesó el caos.

No fue una explosión.

No fue un grito.

Fue un paso.

Pesado.

Rítmico.

Con intención.

Clonk.

Todos miraron hacia el extremo de la avenida.

Entre el humo, las sirenas lejanas y los restos de concreto, una silueta gigantesca avanzó con una calma antinatural.

César.

Su cuerpo masivo parecía tallado en piedra viva.

Cada músculo estaba tenso, contenido.

Sus ojos —inteligentes, antiguos— recorrieron la escena con una frialdad clínica: Rinoceronte, los humanos heridos, los edificios dañados.

Rinoceronte lo observó… y sonrió.

“¿Qué demonios es eso?” rió con desprecio.

“Otra araña entrometida… ¿y encima trajo a su mascota?” César no respondió.

A su lado, una figura más pequeña dio un salto elegante desde una farola rota.

Hit-Monkey aterrizó en cuclillas, traje impecable pese al desastre, armas en mano.

Sus ojos se clavaron en Rinoceronte.

Chasqueó la lengua.

“Tch.” Y entonces, una tercera figura apareció entre los escombros.

Traje azul oscuro con detalles rojos.

Postura firme.

Presencia inconfundible.

Peter.

No muy lejos, Ben abrió los ojos como platos.

“…Harry.” “Sí”, respondió Harry con dificultad.

“¿Ese es César?

¿Y Hit-Monkey?” “Sí.” “¿Y también está mi hermano… con los dos monos?” “También sí.” Kyle, aún en el suelo, soltó una risa nerviosa.

“Genial.

Refuerzos.

Peter… y un par de primates.” Rinoceronte rugió y cargó.

“¡Los aplastaré a todos!” Fue un error.

Peter fue el primero en moverse.

No rápido.

No lento.

Inevitable.

El choque fue brutal.

El puño de Rinoceronte impactó contra el antebrazo de Peter… y se detuvo.

Literalmente.

El sonido del metal crujiendo llenó el aire.

“¿Qué…?” alcanzó a decir Rinoceronte.

En ese instante, César apareció a su espalda.

El gorila descargó un golpe seco en el costado del villano.

El impacto fue devastador.

Rinoceronte salió despedido varios metros, atravesando una parada de autobús como si fuera de cartón.

Antes de que pudiera incorporarse, Hit-Monkey ya estaba en acción.

Disparos.

Exactos.

Controlados.

No a la cabeza.

No letales.

Rodillas.

Articulaciones.

Sensores de la armadura.

Mientras tanto, Peter disparaba telarañas, envolviendo al coloso para inmovilizarlo.

“Tch-tch-tch.” Rinoceronte rugió de dolor, cayendo de nuevo al suelo, atrapado y furioso.

Ben, viendo que su hermano y los dos simios se llevaban todo el protagonismo, se giró hacia Harry y Kyle.

“¿Qué esperan?” gritó.

“¿Una invitación?

¡Muévanse!” Ben lanzó más telarañas para reforzar la sujeción.

Hit-Monkey, al notar que Kyle y Harry no tenían armas, les arrojó un par de pistolas a cada uno.

Sin discutir, los tres abrieron fuego, apuntando a los mismos puntos débiles.

Entonces— Silencio.

Todos notaron lo mismo.

Rinoceronte dejó de forcejear.

De moverse.

César avanzó un paso más y colocó un pie sobre el pecho del villano derrotado.

Alzó los brazos.

Rugió en victoria.

Hit-Monkey guardó una de sus armas y miró a Peter.

Asintió.

Un gesto breve.

Respetuoso.

César levantó la mirada hacia los cuatro jóvenes.

No habló.

Pero levantó un pulgar.

Y, por un segundo, pareció sonreír.

Las sirenas ya estaban encima de ellos.

Harry respiró hondo.

“Creo…” dijo, jadeando.

“Creo que ahora sí me agrada.

Incluso… me empezó a gustar.” Kyle lo miró, luego a César y a Hit-Monkey.

“¿No se suponía que estabas cuidando a los dos monos en tu casa?” Harry se rascó el cuello, nervioso.

“Los traje por si acaso.

No los liberé.

Los dejé en la jaula como refuerzo… y dejé a Hit-Monkey custodiando a César.

Tal vez Peter los liberó.” Peter puso los ojos en blanco bajo la máscara.

“No me eches la culpa.

Cuando venía en camino, me encontré a estos dos muchachos peludos.” Todos miraron a César y a Hit-Monkey… y luego a Harry.

“Tal vez…” murmuró Harry.

“Volvió a escapar.” Todos alzaron una ceja.

‘¿Volvió?’ Decidieron dejar ese tema para más tarde.

“Bueno, muchachos”, dijo Peter, dando una palmada.

“Volvamos y discutimos esto luego.” Todos asintieron.

Pero Ben frunció el ceño.

“¿Y cómo hacemos para que César nos siga?” Harry dio un paso al frente, inflando el pecho.

“No se preocupen.

Tengo la solución.” De algún lugar imposible de su traje, sacó una banana.

La sostuvo en alto.

César la miró.

Y comenzó a caminar hacia ella.

Harry retrocedió.

Así empezó la persecución: un hombre disfrazado corriendo con una banana y un gorila gigantesco siguiéndolo con total serenidad.

Todos se quedaron mirando, incrédulos.

“Bueno…” dijo Ben finalmente.

“No voy a preguntar por qué eso funcionó ni por qué Harry tenía una banana.

Pero funcionó.” “Vámonos antes de que lleguen los oficiales.” Todos asintieron y echaron a correr.

Ben notó que Hit-Monkey se movía más lento.

Sin pensarlo, lo cargó y se balanceó con él entre los edificios.

La noche de Nueva York volvió a respirar.

Pero nada volvería a ser igual.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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