Marvel: Reencarne como Peter Parker - Capítulo 47
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- Capítulo 47 - 47 Telarañas entre Mundos
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47: Telarañas entre Mundos 47: Telarañas entre Mundos Después de un largo día, Peter y Gwen no regresaron a casa de inmediato.
Por una vez, decidieron darse ese lujo extraño y valioso: tiempo juntos, no como estudiantes, no como civiles… sino como superhéroes.
Más aún porque Peter, por fin, se sentía tranquilo.
Había recibido noticias de su hermano.
Estaban bien.
Nada fuera de control.
Incluso Ben había bromeado, insinuando que él y los chicos tenían preparada una sorpresa para el equipo al día siguiente.
Eso bastó.
Con el corazón en calma, Peter se permitió disfrutar la noche junto a Gwen.
La noche en Nueva York tenía ese silencio peculiar que solo aparecía después del caos.
Las sirenas se escuchaban a lo lejos, apagadas, como ecos cansados de una ciudad que nunca dormía del todo.
Peter y Gwen se desplazaban entre los edificios con una naturalidad absoluta; ya no pensaban en cada salto ni en cada balanceo.
Sus telarañas se cruzaban en el aire como hilos invisibles, tejiendo una coreografía perfectamente sincronizada.
“Zona despejada,” informó Gwen al caer con elegancia sobre una cornisa.
“Ni rastro de disturbios.” Peter aterrizó a su lado, apoyándose en una rodilla, y decidió lanzar una broma.
“Eso es malo,” dijo con voz misteriosa.
“Cuando todo está tranquilo… significa que pronto las cosas se pondrán peligrosas.” Gwen soltó una risa breve.
“¿Siempre eres así de paranoico cuando patrullas conmigo?” “Jeje… solo bromeo,” respondió Peter, levantando las manos en señal de paz.
Ella negó con la cabeza, divertida, y se asomó al borde del edificio, observando la ciudad iluminada.
Peter, más calmado, continuó: “Tal vez sea por nosotros.
Aunque apenas empezamos y no somos ‘muy conocidos’, creo que ya es suficiente para que algunos criminales se lo piensen dos veces antes de actuar.” “Tal vez,” dijo Gwen sin intención de profundizar en el tema.
Luego sonrió.
“Vamos, Parker.
Disfruta la noche.” Peter la observó un segundo de más.
Las luces de la ciudad se reflejaban en el visor de su máscara.
Gwen se veía cómoda, confiada… viva.
‘No puedo perderla.
No en ningún mundo.’ El comunicador de Peter emitió un pitido suave.
“¿Qué pasó?” preguntó Gwen.
“Nada…” Peter frunció el ceño.
“Tal vez sea una frecuencia normal.” Antes de que pudiera analizarlo, el aire vibró.
No fue una explosión.
No fue un sonido.
Fue como si el espacio mismo se retorciera.
“Peter…” Gwen dio un paso atrás.
“¿Sientes eso?” El cielo, justo encima de ellos, comenzó a fracturarse.
No de forma literal, pero así se sentía: como un espejo sometido a una presión insoportable desde el otro lado.
Líneas de energía púrpura y azul se dibujaron en el aire, formando un óvalo inestable.
“Eso no es tecnología humana,” dijo Peter en voz baja.
‘No puede ser… ¿en serio levanté una bandera cósmica?’ La gravedad se distorsionó.
Los edificios parecieron inclinarse.
Las luces parpadearon violentamente.
“¡Gwen, aléjate!” gritó Peter, disparando una telaraña hacia ella.
Demasiado tarde.
La grieta creció, expandiéndose como una herida abierta en la realidad.
Una fuerza brutal los arrastró hacia su centro.
“¡Peter!” Gwen estiró la mano.
Él la atrapó del antebrazo con fuerza.
“No te sueltes,” dijo entre dientes.
“¡No importa qué veas, no me sueltes!” El mundo se deshizo.
No hubo arriba ni abajo.
Solo colores imposibles, ecos de voces que no eran suyas, imágenes que parpadeaban sin orden: una Nueva York en ruinas, un Spider-Man caído, una Gwen con los ojos apagados.
‘Esto no es un viaje… es un colapso dimensional.’ La presión aumentó.
Peter envolvió a Gwen con ambas telarañas, anclándola contra su pecho.
“Confía en mí,” murmuró.
Y entonces… silencio.
El impacto fue seco.
Doloroso.
Peter abrió los ojos de golpe y rodó por el suelo, protegiendo instintivamente a Gwen.
“Gwen… Gwen, ¿estás bien?” Ella gimió y se incorporó lentamente.
“Creo… que sí.” Se tocó la cabeza.
“¿Qué demonios fue eso?” Peter se puso de pie y miró alrededor.
El corazón se le detuvo.
La ciudad estaba ahí… pero algo estaba terriblemente mal.
Peter sentía que no era su ciudad.
“Peter…” Gwen tragó saliva.
“Dime que sabes qué está pasando.” “No,” respondió él, con la voz más grave de lo normal.
“Pero pienso averiguarlo.” Y, en el fondo, sabía que acababan de cruzar un límite del que no habría regreso fácil.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES MrIsaac Perdona por la tardanza, estaba enfermo.
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