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Más allá de la oscuridad (BeyoND Of The DarKneSs) - Capítulo 54

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Capítulo 54: Capítulo 52 – En la tormenta.

Mientras bajaba por las escaleras seguido por los demás la escuela se cubrió de niebla. Mis pasos cada vez eran más lentos y temblorosos. Quería parecer alguien valiente para ellos pero el miedo me consumia y mi mente no paraba de darle vueltas al asunto imaginando los peores destinos posibles para cada uno de nosotros al entrar en contacto con aquella tormenta tan extraña. Trague saliva pesadamente ya era demasiado tarde para arrepentirnos de salir pero aún así decidimos investigar que estaba pasando en el distrito industrial.

Teníamos que planear muy bien lo que haríamos y como nos moveríamos ya que, salir sin algún plan sería como un suicidio más aún tomando en cuenta que abría criaturas extrañas en la lluvia algo que era inquietante más aún tomando en cuenta las palabras dichas hace unos minutos y el mito o leyenda sobre los que no tienen boca. Pensar en eso me provoca un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo.

Es algo curioso como hace solo unas semanas negaba que existiera algo sobre natural en nuestro mundo pero ahora me encuentro aquí, en medio de una tormenta sobre natural con poderes de un Dios que nadie conoce, del cuál solo existen leyendas pero se sabe que sus elegidos tendrán destinos muy turbios. Nuevamente el miedo se apoderó de mi mientras temblaba aún así tenía que resistir que dominar a mi mente para dejar de sobre pensar pero era algo muy difícil y no podría lograrlo aún que quisiera al menos durante estos momentos así que solo suspire tratando de enfocar mi mente en otra cosa.

Salimos de la escuela armados con linternas y solamente eso así que si fue una decisión estúpida muy estúpida, haber salido así. Miramos a nuestro alrededor y tal como creíamos había un silencio y quietud absolutos en toda la ciudad el silencio y quietud eran tal que nuestros pasos podrían oírse a cientos de metros de distancia.

Gire hacia los demás con cierta duda no sin antes mencionar con voz temblorosa que debí de pensar mejor antes de hacer algo así de estúpido y todos asintieron.

Mire a todas las direcciones y me cubrí la boca antes de soltar un gemido de sorpresa. Levante la mano suavemente y señale sobre el letrero de la escuela con la mano en la que sujetaba la linterna pero sin apuntar con la luz ya que se podía ver bien gracias al alumbrado público. Una vez todos miraron lo que parecía ser “fácil” se convirtió en una misión imposible.

Justo sobre el letrero una extraña criatura alada. Parecía una mezcla de un cuervo con un murciélago además de que sus ojos parecían los de un insecto. Su cuerpo era el de un cuervo y sus alas de murciélago. Tenia extremidades muy largas que terminaban en garras de gancho afiladas y puntiagudas. Su pico era largo y afilado además que la criatura media unos 60 cm pero el horror venía de lo que sostenía bajo sus patas cubiertas de sangre. En aquellas patas sostenía un brazo humano del cuál arrancaba pequeños pedazos de carne lentamente.

— No me gustaría saber que paso con el resto del cuerpo —susurro el profesor Adermat de forma cortante y rápida a lo que asentimos.

Intercambiamos miradas intentando descifrar hacia donde deberíamos ir. Lo más lógico era tomar la salida trasera pero me negué. Quizá detrás habría algo igual o peor además no hace mucho un cuervo me había arrancando un ojo, no es lo mismo que arranque un ojo un cuervo poseído a que te arranque un brazo un cuervo mutante salido del infierno pero que más da teníamos que salir pase lo que pase así que tome la decisión de pedirle ayuda a Miriam. Ella rápidamente comprendió los movimientos que hice con la mano y una pis atravesó al cuervo desde abajo. Una vez seguro que estaba muerto continuamos nuestro camino a paso lento y cuidadoso después de todo aún había cosas que no podríamos detectar en la niebla… seres mucho peores que esos.

Caminamos a través de la ciudad durante varias horas ocultándonos entré la niebla y los callejones apagando las lámparas y encendiendo las de nuevo una vez paso el peligro. Durante el trayecto escuchamos varias cosas: susurros de voces conocidas, familiares de mi grupo, conocidos, compañeros de la escuela pero ellos trataban de atraer nuestra atención no sabemos que eran pero algo querían de nosotros no… nos querían a nosotros. A pesar de los susurros y las inquietantes sombras que se movían entre la niebla estábamos a medio kilómetro de llegar a el distrito industrial cuando…

— Oigan —susurro Airi mientras tocaba el hombro derecho de Minho con su dedo índice.

— Dime —respondió Minho y todos préstamos atención

— ¿Qué hay sujetando mi pierna? —inquirió con terror en su voz y sudor corriendo por su rostro. Minho no comprendió hasta que notó la pierna izquierda de Airi apuntando con su lámpara.

Un tentáculo tan ancho como una serpiente y de un largo de entre 2 y 2.50 metros de largo antes de perderse en la bruma. Tenía un color gris pizarra con ventosas blancas y rosadas sujetando la pantorrilla de Airi enrollándose cada vez más.

— Airi… —Minho sonaba tenso y asustado algo que alertó más a Airi quien no podía contener un grito —. No te muevas y no hagas ruido.

Debíamos eliminar esa cosa sin hacer ruido y sin llamar la atención de aquella criatura de la que provenía. Le di la indicación a Xia. Levantó su mano libre y una navaja de viento atravesó el campo y corto el tentáculo. La parte trasera de retorció pero no sangraba. Comenzó a regresar a la bruma y el pedazo en la pantorrilla de Airi se soltó y comenzó a moverse en el suelo. El rostro de Airi palideció al darse cuenta de que la sujetaba.

— Corran —fue la orden del profesor Adermat y todos comenzamos a correr menos Airi. Seguía mirando el tentáculo. Corrí hacia ella y la tome de la mano para guiarla por el resto del camino de huida. Respire profundamente antes de mirar hacia atrás mientras corría sosteniendo a Airi con una mano pero por suerte no vi nada.

Continuamos nuestro camino hacia el distrito industrial. Una vez a un par de metros de el lugar el ambiente cambio drásticamente.

El cielo sobre el distrito industrial sangraba. El aire era pesado y frío tan frío que helaba los pulmones y nariz.

Esto no era una lluvia normal de hecho ni siquiera era agua lo que caía del cielo sino, una suspensión gelatinosa que el aire espeso de la tormenta desgarraba en gotas gruesas, lentas, indecisas. “Rocio-fantasma”, había dicho el informe. Un nombre demasiado poético para esto. Al primer contacto con la piel —una gota que se estrelló contra el dorso de mi mano como un insecto demasiado pesado—, la sensación no era la humedad una gota de lluvia, era una sensación de un pinchazo de aguja helada seguido de un ardor ácido y superficial. Retiré la mano con un jadeo ahogado. Donde la gota había impactado, quedó una marca. No era un eritema, ni una quemadura. Era un patrón: líneas blancas y brillantes, finísimas, que se ramificaban sobre mi piel en ángulos imposibles, formando un fractal geométrico perfecto que recordaba a un copo de nieve visto a través de un microscopio, o a la estructura de un cristal alienígena. La marca no dolía, pero palpitaba con un ritmo sordo, ajeno al latido de mi corazón. A mi lado, Alya observó la suya propia, en su antebrazo, con el ceño fruncido en una mezcla de fascinación científica y horror puro.

— No es biológico —musitó, aún que era algo que se notaba rápidamente —. Es como… es como… como si estuvieran reescribiendo la realidad en esta zona —dijimos al unisonó.

Comenzamos a correr hacia el primer lugar en donde pudo nos ocultarnos de las gotas fantasma. Bajo una estructura metálica que servía como sombra para un estacionamiento.

Esta ya estaba más adentrada en el distrito y ahí el aire olía a ozono sobrecargado y a almendras amargas, con un regusto metálico que se pegaba al paladar. Las gotas, al estrellarse contra el asfalto se aplanaban en manchas translúcidas que, por unos segundos, mantenían la forma de su caída antes de desvanecerse, dejando a su vez un tenue brillo fosforescente. El sonido era peor, a diferencia del tamborileo familiar de la lluvia este era un goteo irregular y pegajoso, como si el cielo estuviera goteando saliva espesa. Cada gota que encontraba metal producía un “tsssss” breve y agudo, seguido de un humo blanquecino que olía a cables fundidos.

Era una precipitación de significado corrupto, una lluvia que etiquetaba, que marcaba el territorio con la firma de algo que no entendía —o que entendía demasiado bien— las leyes de este mundo.

Esperamos 5 minutos bajo aquel techado. Miriam suspiro profundamente antes de sugerir que continuáramos después de todo la lluvia no nos haría mucho daño si apresurábamos el paso. Tras dudar por unos segundos todos accedimos y continuamos el camino a pesar de la lluvia inusual.

Mientras caminaba y prestaba atención a la lluvia me di cuenta de que esa niebla no era vapor de agua. Más bien era una bruma electrificada, una sopa de partículas estáticas que danzaban en los haces de nuestras linterna. Eran como enjambres de mosquitos fosforescentes cada que una lámpara apuntaba a ellas. La luz se fracturaba en su interior, descomponiéndose en espectros enfermizos: verdes ácidos, violetas profundos, rojos apagados. Caminar por ella era como adentrarse en un sueño febril donde la física había olvidado sus reglas.

Y entonces, en un punto de nuestro adentramiento en la niebla las sombras comenzaron a traicionarnos.

La linterna de Minho, sólida y redonda, proyectó contra la pared de un almacén la sombra de un poste de luz cercano. La sombra debería haber sido una línea recta y quieta. No lo fue. Se retorció. Lentamente, con la viscosidad de un tentáculo bajo el agua, la silueta oscura se arqueó, se enrolló sobre sí misma como una serpiente, y su extremo —la parte que debería ser la base— se elevó, palpando el aire de la pared con movimientos inquisitivos, ciegos. Minho apartó la luz de un salto y un leve grito de miedo. La sombra normal regresó al instante, inmóvil, inocente.

— ¿Lo… Lo… lo vieron? —su voz era un hilo tenso. Todos lo miramos extrañados sin comprender a qué se refería.

Pero… no fue el único fenómeno. La sombra de Kim, proyectada por las luces distorsionadas de un letrero averiado, se alargó de repente, estirándose hasta triplicar su altura, su cabeza deformándose en una silueta alargada y coronada por puntas que podrían ser cuernos o llamas retorcidas. Kim dio un paso atrás, y su sombra, obedientemente, volvió a su tamaño. Pero había un retraso de casi un segundo, como si la oscuridad fuera reacia a renunciar a esa forma alternativa.

Luego vinieron los sonidos. Está vez no provenían de la niebla, sino de debajo. Un THUMP sordo, profundo, que hizo vibrar las suelas de nuestros zapatos y sacudió nuestros huesos de las piernas.

— ¿Fue un trueno? —pregunto Won ho mirando a todos lados con cautela.

— No —afirmo el profesor Adermat —. Es un paso.

Era cierto. Era un paso. Uno demasiado grande, demasiado pesado para cualquier cosa que pudiera caminar por las calles de Amberlath. THUMP. Otro, más cerca. La vibración subió por nuestras columnas vertebrales. THUMP. El ritmo era lento, deliberado, de una criatura que no tenía prisa, que avanzaba con la seguridad titánica de quien pisa su propio dominio. Girábamos sobre nosotros mismos, las linternas barriendo la niebla en arcos frenéticos. No había nada. Solo la bruma, las sombras danzantes y el eco metálico de nuestras respiraciones entrecortadas. Pero el THUMP se repetía, siempre desde una dirección ligeramente diferente, rodeándonos. Era el sonido de algo invisible, de una masa tan colosal que su mera aproximación distorsionaba el espacio, haciendo que el suelo se quejara bajo un peso que no podíamos ver. Era la persecución de un fantasma con la fuerza de un dios.

Entre los pasos gigantes que nos tenían paralizados escuchamos un sonido diferente lo que parecía ser un chasquido pero hecho con algo diferente a una mano. Cuando creí que todo fue una simplemente alucinación la situación se volvió mucho más difícil cuando fuimos atacados.

El ataque no vino del aire, ni del suelo. Vino de la pared.

Fue Airi quien lo vio primero. Activo su cámara para lograr encontrar a quien producía los pasos gigantes. Su cámara, en modo visión térmica, captó una mancha de frío absoluto deslizándose por el ladrillo húmedo a su izquierda. No tenía volumen, ni forma definida. Era una irregularidad en la temperatura, una ausencia de calor con la fluidez de la tinta derramándose en un líquido más denso. Airi gritó, su voz aguda cortando la niebla.

Todos miramos. A simple vista, solo era una sombra más, un poco más oscura, un poco más profunda que las demás. Pero entonces, esa sombra se despegó de la pared.

Se derramó. Fluyó desde la vertical del muro hacia el suelo del callejón como una poza de petróleo vivo, manteniendo una consistencia bidimensional, una película de oscuridad pura de no más de un centímetro de grosor. En su superficie, patrones caóticos se formaban y disolvían: espirales que recordaban a huellas dactilares, hexágonos distorsionados, el ocasional destello de algo que podía ser un ojo —no un globo ocular, sino la idea de un ojo, una hendidura que todo lo ve sin tener órganos para ver—.

Su objetivo fue claro desde el principio: no fuimos nosotros directamente. Fue la sombra de Minho, proyectada por la luz de la linterna de Kimberly sobre el asfalto. Aquella cosa se deslizó hacia ella con una velocidad repentina y silenciosa. Al contacto, la sombra de Minho se onduló, como un reflejo en el agua al que arrojan una piedra. La mancha empezó a “comerse” los bordes de la sombra, que se desvanecían donde la criatura pasaba, absorbidos en su oscuridad más profunda.

Minho gritó. No fue dolor físico, sino una sensación de vacío espantosa, como si una parte intangible pero esencial de sí mismo estuviera siendo arrancada, disuelta. Won ho no vacilo, sus pupilas brillaron y su LC reaccionó por instinto. Su puño, imbuido en energía explosiva se estrelló contra el asfalto donde estaba aquella “cosa”.

Y falló.

El puño atravesó la mancha oscura sin resistencia, golpeando solo el hormigón y creando una explosión que sumió la tierra a 40 cm. La mancha ya no estaba allí. Había saltado —no, había fluido— a la pared opuesta en un instante, dejando atrás solo un parche del asfalto que parecía descolorido, gastado, como si le hubieran robado su potencial de ser sombra. Xia comenzó a analizar a la criatura o cosa mancha específicamente. Tras unos instantes noto que la criatura no se movía en el espacio tridimensional como nosotros. Se movía entre superficies, tratando el mundo como un dibujo del que podía saltar de una línea a otra. Era como intentar atrapar una figura de una película proyectada; podías romper la pantalla, pero la imagen ya habría cambiado de fotograma.

La batalla fue un caos desorientador. Kimberly lanzó un látigo de llamas azules. La criatura se desvaneció del muro un nanosegundo antes de que lo impactara, reapareciendo en el techo de un contenedor. Los ataques de Won ho y Minho combinados solo encontraban ladrillo y metal. Xia, con su LC activado, gritaba instrucciones: “¡Iluminen desde ángulos opuestos! ¡Reduce sus superficies de fuga!” Pero cada sombra que se creaba era un nuevo camino para la criatura mancha, que parecía multiplicarse, dejando estelas de frío y vacío en cada superficie que tocaba.

Finalmente, fue Kim quien, en un arrebato de pánico y rabia, liberó una explosión concéntrica de fuego blanco desde todo su cuerpo. Fue una purga del espacio inmediato. La luz, cegadora y caótica, llenó el callejón.

La criatura mancha no emitió sonido. Solo se fractalizo. Su forma oscura se quebró en mil fragmentos geométricos perfectos y diminutos, como un espejo negro hecho añicos. Por un instante, cada fragmento brilló con un color iridiscente y antinatural antes de disiparse, en un suspiro de aire que se volvió súbitamente más cálido. En el aire quedó flotando, por un segundo, un olor que no era de este mundo: el aroma metálico y dulzón de una supernova vista desde dentro, mezclado con el polvo de bibliotecas olvidadas hace eones.

El silencio regresó, más pesado que antes. Solo el goteo pegajoso de la lluvia no-agua. Minho se desplomó contra la pared, jadeando, mirando su sombra —ahora normal, pero que a él le parecía más pálida, más delgada. La criatura había sido solo un rastreador, un parásito de las sombras. Y apenas habíamos logrado defendernos de uno.

En la niebla, el THUMP de los pasos gigantes e invisibles pareció sonar, por un momento, un poco más cerca.

— ¿Qué… qué mierda fue eso? —pregunto Won ho con un grito y ninguno de nosotros supo dar una respuesta inmediata pero si sabíamos algo y es que esto solo era un aperitivo. El verdadero desafío solo estaba por comenzar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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