Más allá de la oscuridad (BeyoND Of The DarKneSs) - Capítulo 60
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Capítulo 60: Capítulo 58 – El mensaje en el tronco
Pasaron 5 minutos y ninguno de nosotros se movió aún seguíamos en estado de shock al presenciar tal acto de la profesora Eclipse. Eliminar en cuestión de segundos a una criatura casi divina era… difícil de procesar. Sobre todo para seres tan inferiores como nosotros. Simples mortales ilusos que creen que son especiales por tener un poco de poder pero que quedan como simples bufones de espectáculo real ante las élites del poder como ella, los dioses y los primigenios además de otras brujas.
Suspiré suavemente mientras intentaba recobrar el movimiento de mi cuerpo mientras seguía mirando hacia el lugar en donde desapareció el caminante del velo como si no fuera nada.
«Tremendo vende humo», pensé, mientras comenzaba a estirarme recuperado del shock de la situación. Y bueno cualquiera pensaría lo mismo que yo después de ver cómo una criatura supuestamente cósmica es derrotada como si no fuera nada por una maestra de literatura de una preparatoria, (que es una bruja milenaria extremadamente poderosa pero aún así es lo mismo sigue siendo una maestra de preparatoria con un sueldo que deja mucho que desear).
Una vez todos estuvimos recuperados teníamos pensado irnos pero la curiosidad inundaba cada parte de nuestro ser, nos impulsaba a ir a ese lugar. El lugar en donde aquella criatura cósmica había sido borrada del tejido de la realidad como la suciedad es eliminada de la tela tras tallar la ropa durante un buen rato. Por qué en este mundo nosotros y ellos somos la suciedad y la profesora Eclipse es quién limpia y elimina las imperfecciones.
Nos acercamos con cautela a la zona en dónde se encontraba el caminante del velo. Aunque tenía mis dudas ya que este lugar tiene un fetiche extraño por convertir a Minho en un anciano. Nadie habló. Nadie hizo el más mínimo ruido. Todos estábamos en silencio. No un silencio común o al menos un silencio tranquilo. Era un silencio incómodo. Ese silencio que ocurre tras una pregunta que nunca debió hacerse. El silencio que ocurre cuando se revela algo que no querías que saliera a la luz. Un silencio oscuro que resultaba sofocante. Era como estar encerrado en una habitación que se hace cada vez más pequeña. Rompiendo tu mente y tu alma hasta que solo queda un cascarón vacío o vacío de cualquier cosa que no sea la locura. O también el resultado de estar en un túnel sin retorno. Un túnel del cuál sabes que jamás podrás volver a encontrar la luz del día por qué ahí es en dónde darás tu último respiro. En soledad y en una infinita oscuridad.
Además la sensación de estar en ese lugar de nuevo… la respiración se me cortaba y la visión se me nublaba al recordar todos los que vivo en ese lugar. Los bucles de tortura sin fin. Masacrando a mis amigos y ellos a mi. Revivir eso me revolvía el estómago y me hacía querer gritar. Gritar hasta desgarrar mi garganta y desmayarme por el dolor pero prefieres intentar resistir porque la curiosidad me estaba consumiendo por dentro como un fuego ardiente y poderoso. Ese fuego que consume bosques enteros. Enormes cantidades de terreno reducidos a cenizas.
Mientras mi mente maquinaba todas esas sensación de nuevo un escalofrío recorrió mi espalda al solo recordar todo lo que pasó ahí. Me llegó una sensación… algo tibio en mi rostro. En mis manos. Seguidos de un olor metálico y una sensación líquida bañando mi rostro junto al olor y la sensación de algo tibio… ¡Sangre! Comencé a respirar con mayor dificultad mientras sentía aquella sangre correr por mi rostro. Mi mente dio vueltas una y otra vez mientras me preguntaba cómo y por qué había pasado esto. Una voz familiar. Era la voz de Alya llegó a mis oídos y en ese momento. Al levantar la vista… al tomar valor para ver a mis amigos. Todos sus cuerpos estaban en el suelo mientras Alya apuraba su arma hacia mí y jalaba el gatillo despidiéndose.
Abrí los ojos y Alya me sujetaba del hombro mientras me miraba con preocupación todo fue una ilusión del bosque. Este maldito bosque está jugando conmigo de nuevo. Este bosque maldito, este bosque cruel. El culto de Matusalén desapareció de aquí pero aún hay maldad o hechicería antigua. Tenía que averiguar el origen de este bosque. Más de su pasado. Pero primero… primero tenía que investigar lo que pasó con el caminante del velo y el lugar sobre el que se había posado.
Una vez ahí el aire olía a ozono y almendras quemadas. Era un olor bastante peculiar. Continuamos avanzando un par de metros mientras el olor se intensificaba hasta que en cierto punto. Estando justamente sobre la zona dónde estaba posicionando el caminante del velo.
El suelo bajo nuestros pies ya no era suelo.
Era un espejo.
No uno común, sino una superficie negra, perfecta, lisa, vitrificada como si la tierra misma hubiese sido fundida y pulida por una voluntad que no entiende de límites físicos. Cada paso devolvía nuestro reflejo distorsionado, alargado, como si algo debajo imitara nuestros movimientos con un retraso imperceptible. Levanté la vista por instinto… y el reflejo no coincidía.
El cielo que se dibujaba en aquella superficie no era el de Aethra.
Constelaciones desconocidas brillaban en la negrura, estrellas que jamás había visto y que, sin embargo, despertaban en mí una familiaridad enfermiza. Como recordar un sueño que nunca fue tuyo. Sentí un nudo en el estómago. Ese cielo no pertenecía a este mundo… y, de algún modo, sabía que tampoco debía estar viéndolo.
—Esto no es una cicatriz —murmuró Miriam detrás de mí—. Es… una sutura.
Nadie respondió, pero todos entendimos lo que quería decir.
El aire ardía en mis pulmones. El olor a ozono y las almendras quemadas se mezclaba con otro más sutil, más traicionero: el olor de la ceniza. Tragué saliva. Mi cuerpo lo reconoció antes que mi mente. Ese olor no anunciaba fuego. Anunciaba muerte contenida. Poder sellado. Algo que había sido forzado a cerrarse.
Fue entonces cuando lo vi.
El árbol más cercano estaba parcialmente ennegrecido. No carbonizado, no quemado. Su corteza parecía haber sido negada, borrada en franjas irregulares por una energía que no dejó cenizas. Y allí, grabadas directamente en la madera viva, estaban las palabras o más bien las runas Luminari.
No ardían. No brillaban. Pesaban.
Minho se acercó primero. Sus dedos temblaron apenas antes de rozar los símbolos en Luminari.
“𖤢𖥾𖤢𖤓 𖤘𖤛𖤞𖤛 𖤞𖥾𖤕𖥾𖤟𖦈
𖤘𖥶𖤟𖤞𖤛𖤕𖤛 𖤔𖤣𖤠𖤧𖤕𖤛 𖤕𖦁𖦇𖦈𖤛𖥿𖤟𖤟𖤟 𖤕𖤛𖤞𖥶𖤕𖤞𖦇𖤟
𖤢𖦁𖥿𖤈 𖥿𖦁𖥿 𖤨𖤛 𖤓𖤙𖤞𖥿𖤕𖥾𖤈 𖤗𖦈
𖤗𖥾𖤟 𖤓𖤔 𖥾𖦈𖤦𖤛𖦈𖦆𖤞 𖤢𖦇𖤦𖤞𖤙𖥶𖤟
𖦈𖤚𖤞𖥶𖦈𖦇𖥾𖤟 𖥾𖤟𖦇𖦈𖥶𖦇𖥾𖤟 𖥿𖦁𖤞𖤛𖦈𖤞 𖦆𖥾𖤞𖦇𖦇𖤞
𖥿𖦁𖥿 𖤢𖥶𖦇𖤓𖦈𖤛 𖤗𖦈𖦈𖤛”.
Tardó más de lo normal en hablar.
—Esto… es una advertencia —dijo al fin—. O más bien es una declaración.
Leyó en voz alta, y cada palabra cayó como una losa:
“Los títeres juegan con hilos.
Los hambrientos beyond desgarran el telón.
El puente no debe ser forzado.
Lo protegeré de ambos.
No busquen el Teatro de las Sombras.
No están listos.”
Hubo una pausa.
—Está firmado —añadió—. Solo una letra.
No necesitaba que la dijera.
E. La E de Eclipse.
El silencio que siguió fue distinto al anterior. Ya no era un silencio de shock. Era un silencio de cálculo. Miedo lúcido. La comprensión de que acabamos de ser incluidos en un tablero que no entendíamos.
¿Nos protegía… o nos contenía? Tal como había dicho laente de una bruja es un agujero negro del cuál n9 ha6 salida una vez enteras. Un lugar extremadamente complejo y difícil de entender.
Miré mis manos reflejadas en el suelo negro. Pensé en El Puente. En mí. En todo lo que nunca pedí ser.
Y por primera vez desde que comenzó todo esto, no supe si obedecerla era una decisión sensata…
o exactamente lo que ella esperaba.
Suspiré con pesadez mientras me alejaba del suelo de vidrio. Arrastraba los pies. Cada paso se sentía más pesado que el anterior, como si mi cuerpo ya no quisiera obedecerme. Me dejé caer junto a un árbol, apoyando la espalda en el tronco áspero.
Algo dentro de mí pedía huir.
No correr. No luchar.
Solo desaparecer. Dejar todo atrás. Olvidarme del mundo.
Esto me estaba afectando más de lo que quería admitir.
Los titiriteros. Las criaturas cósmicas. Los beyond. Todos ellos me buscaban. Me querían. Me necesitaban… y yo no sabía ni siquiera qué hacer conmigo mismo.
Me dejé caer al suelo y me sujeté el rostro con fuerza.
Ya no quería seguir.
Miré alrededor para asegurarme de que nadie me estuviera observando. Entonces me encogí, abrazando mis propias piernas, y comencé a llorar en silencio, cubriéndome el rostro.
Soy débil.
Muy débil.
Patético.
Nunca había cargado con una responsabilidad así. Nadie me enseñó cómo hacerlo. Nunca me pregunté cómo enfrentar la vida, cómo solucionar mis problemas… porque siempre los evité. Siempre conviví con ellos, esperando que no me alcanzaran.
No sé qué hacer.
Solo soy un adolescente que lee y estudia. Que sabe a lo mucho cocinar, pero no cargar con destinos. Que no sabe trabajar, ni liderar, ni ser útil cuando de verdad importa. De hecho, ni siquiera soy bueno en la escuela. Tengo pocos amigos. No sé en qué soy bueno. No sé por qué sigo aquí.
Siempre he sido así.
Si no fuera por la profesora Eclipse, seguiría viviendo mi misma vida insignificante. Pasando desapercibido. Invisible.
Y por primera vez… eso no me parecía tan malo.
Alya me observó en silencio.
No era una mirada común, ni siquiera una mirada preocupada. Era esa clase de mirada que se clava en ti cuando alguien intenta entender cómo sigues en pie… cuando sabe que no deberías estarlo. Sus dedos se cerraron lentamente sobre su propio pecho, como si le doliera respirar al verme así.
Sus labios temblaron apenas. No dijo nada. No porque no quisiera, sino porque cualquier palabra habría sido un grito.
Apretó los dientes con rabia. No hacia mí. Hacia el mundo. Hacia ese destino absurdo que me había sido impuesto sin preguntar, sin compasión, como si mi vida fuera una pieza intercambiable en un juego que nadie nos explicó.
En sus ojos algo se rompió.
No era miedo.
Era impotencia.
Se giró de golpe, como si quedarse un segundo más fuera suficiente para derrumbarla. Caminó alejándose con los puños cerrados, respirando de forma irregular, luchando por no dejar escapar aquello que la estaba ahogando por dentro.
Miriam la observó un instante, intrigada… y luego la siguió sin decir palabra.
Yo me quedé ahí.
Y por alguna razón que aún no entendía, su silencio me dolió más que cualquier herida.
*
Alya caminaba con pasos que dejaban una gran marca en el suelo. Pasados pesados que dejaban ver lo que sentía por dentro y justo cuando estaba por golpear un árbol una voz a sus espaldas la detuvo.
— ¿Pasa algo? —dijo aquella voz suave como las nubes pero fría como el hielo—. Te fuiste muy de prisa y me preocupé por ti.
Alya se giró suavemente aún con rabia en su expresión aún con ese dolor interno que la mataba.
— Estoy bien —respondió entre dientes mientras su mirada estaba desviada hacia otro lado y su mente por otro. Sus palabras estaban dirigidas a Miriam. Su mirada el horizonte y sus pensamientos a Dark.
— ¿Segura? Por qué no lo pareces —dijo Miriam analizando a profundidad a Alya cómo estudiando a una criatura nueva ya que Miriam nunca la había visto así. Tan vulnerable. Tan preocupada. Tan furiosa. Tan molesta con la vida. Tan decidida a intentar romper el mismo destino y universo (si pudiera). Pero muy por encima de todo su deseo de proteger a Dark.
Antes de que Miriam pudiera pronunciar al menos una sílaba de sus siguientes palabras se vio interrumpida por Alya.
— Que si carajo estoy de maravilla —replicó impulsivamente mientras volvía a alejarse caminando.
Esto dejó muy confundida a Miriam ya que nunca había visto a Alya reaccionar así y no recordaba oírla pronunciar alguna mala palabra al menos no en su presencia.
Así que Miriam corrió a su lado y la sujetó del brazo pero Alya se sacó abruptamente con un golpe mientras apresuraba el paso y Miriam volvía a insistir.
Alya la empujó. Miriam cayó de espaldas, el aire escapó de sus pulmones en un golpe seco. No fue el dolor físico lo que la inmovilizó, sino lo que vio al alzar la mirada.
Alya estaba temblando.
No de frío. No de cansancio.
Temblaba como tiembla alguien que ha sostenido demasiado durante demasiado tiempo.
Las lágrimas caían sin sonido. No sollozaba. No se cubría el rostro. Solo la miraba, con los dientes apretados, con el pecho subiendo y bajando de forma irregular, como si respirar fuera ahora una tarea consciente y dolorosa.
—No… —la voz de Alya se quebró, y eso la enfureció aún más—. No me mires así.
Miriam se incorporó despacio, con cuidado de no hacer ningún movimiento brusco.
—¿Así cómo?
Alya rió. Una risa corta, rota, sin humor.
—Como si estuviera rota. Como si fuera un problema que tienes que analizar —escupió las palabras—. Como si esto fuera… —se llevó una mano al pecho— algo que se puede entender con lógica.
Miriam guardó silencio.
No porque no quisiera responder.
Porque no sabía cómo.
Había leído sobre el amor. Había estudiado la pérdida, el apego, la dependencia emocional. Conocía las definiciones. Las causas. Las consecuencias. Podía trazar mapas enteros sobre por qué una persona sufría al ver a otra sufrir.
Pero eso… eso no le decía qué hacer frente a una Alya al borde del colapso.
—No intento analizarte —dijo finalmente—. Intento comprender.
—¡NO PUEDES! —gritó Alya, y el sonido se quebró a la mitad, como un cristal astillado—. ¡No puedes entenderlo porque tú no sientes esto!
Dio un paso atrás, como si Miriam quemara.
—¿Sabes lo que es verlo así? —continuó, la voz subiendo, temblando—. ¿Sabes lo que es mirar a alguien que amas y darte cuenta de que el mundo lo está destrozando… y que tú no puedes hacer nada?
Miriam abrió la boca. La cerró.
Alya no esperó respuesta.
—Él no pidió nada de esto. No pidió ser un “puente”. No pidió que criaturas cósmicas lo persigan. No pidió cargar con algo que ni siquiera entiende —las lágrimas caían ahora sin control—. ¡Es solo un chico! ¡Un maldito chico que solo quería vivir!
Sus manos se cerraron en puños.
—Y lo peor… —su voz bajó, se volvió más peligrosa— lo peor es que empieza a creer que merece sufrir. Que merece romperse. Que si no puede con esto… entonces es débil.
Miriam sintió algo extraño en el pecho.
No era dolor.
No era tristeza.
Era… disonancia.
—Eso es… incorrecto —dijo con cautela—. Nadie merece—
—¡NO ME DIGAS LO QUE ES CORRECTO! —Alya avanzó de golpe—. ¡No me cites reglas! ¡No me hables como si esto fuera un problema académico!
Su voz se rompió del todo.
—Yo lo veo cuando cree que nadie lo observa. Lo veo cuando se aleja. Cuando se encoge. Cuando se odia por no ser suficiente —se llevó una mano al rostro, respirando con dificultad—. Y yo… yo no sé cómo salvarlo.
Silencio.
El bosque parecía contener el aliento.
Miriam tardó varios segundos en hablar.
—Si no sabes cómo salvarlo —dijo despacio—, ¿por qué sigues intentándolo?
Alya la miró.
Sus ojos estaban rojos. Hinchados. Pero ardían con algo feroz.
—Porque lo amo.
La palabra quedó suspendida entre ambas.
Miriam la repitió en su mente.
Amor.
No como concepto.
Cómo herida.
—¿Y si no puedes? —preguntó Miriam, sin crueldad—. ¿Y si no está en tus manos?
Alya cerró los ojos.
—Entonces me romperé con él —susurró—. Pero no lo dejaré solo.
Miriam no supo qué decir.
Y por primera vez desde que tenía memoria…
eso la aterrorizó. Miriam asintió débilmente mientras se incorporaba de nuevo y regresaba con el grupo permitiendo que Alya se marchara.
Alya siguió su camino.
«Como si ella supiera es solo una niña que no comprende sentimientos» Pensó Alya mientras se dirigía a su auto.
«Es verdad… Ella es nivel 5, ahora recuerdo que una vez llegas a esos niveles empiezas a dejar de ser humano».
Alya subió a su auto y dejó caer su cabeza en el volante. Cerró los ojos y comenzó a llorar desconsoladamente en soledad.
Miriam caminó sin rumbo mientras sentía que algo faltaba dentro de ella. Una lágrima salió de su ojo izquierdo. No era de tristeza. No era de dolor. Era una lágrima de falta de… de… era de falta de amor o al menos falta de comprensión de este.
Alya destrozada por no poder proteger a Dark de su destino.
Dark consumido por la idea de ser inútil.
Miriam enfrentando un vacío que no sabía cómo nombrar. Una crisis que era más difícil de superar de lo que ella pensaba después de todo, este es el destino de los iluminados. El destino de los elegidos de Aethra. Porque en esta historia nadie es inocente.
Cada uno carga su destino como puede.
Hasta que el peso de elegir termina por romperlos.
Feliz día, el regalo por este bonito día es el capítulo este XD gracias por leer
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