Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Matrimonio Con El Lobo de Hierro - Capítulo 18

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Matrimonio Con El Lobo de Hierro
  4. Capítulo 18 - 18 Capítulo 18
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

18: Capítulo 18 18: Capítulo 18 Evelina El despertar fue como emerger de un lago de brea caliente.

Sentía los párpados pegados y un sabor metálico y amargo en la base de la lengua, el rastro inconfundible del láudano o algún sedante de alta pureza.

Intenté mover las manos, esperando sentir las sábanas de lino de nuestra habitación en el búnker, o mejor aún, la piel cálida y firme de Cassian.

Pero lo que encontraron mis dedos fue una seda tan fría y lisa que parecía hielo hilado.

Abrí los ojos y el mundo me recibió con un resplandor azulado que me hirió la vista.

No estaba en una habitación de piedra; estaba en una pesadilla de cristal.

Me incorporé lentamente, luchando contra el mareo que hacía que las paredes giraran.

La estancia era inmensa y circular.

Las paredes no eran de ladrillo ni de madera, sino de cuarzo translúcido tallado directamente de las entrañas de la montaña.

A través de ellas, se veía el cielo de Oskura: un firmamento perpetuamente gris, cargado de nubes de tormenta que nunca terminaban de estallar.

El suelo era de mármol negro pulido, tan brillante que mi reflejo parecía una sombra acechándome desde abajo.

Me miré.

Ya no llevaba mi ropa de montar ni la capa de Cassian.

Alguien me había vestido con un camisón de encaje negro, una prenda tan fina que apenas ocultaba nada, dejándome vulnerable ante el frío cortante que emanaba del cristal.

—Es fascinante cómo la conciencia regresa al cuerpo, ¿verdad, Evelina?

—Una voz melosa, cargada de una elegancia ponzoñosa, resonó en la sala.

Me giré de golpe, ignorando la punzada de dolor en mis sienes.

Sentado en un trono de obsidiana frente al ventanal principal, estaba él.

El Rey Valerius.

No era el monstruo deforme o el viejo decrépito que los soldados de Veridia describían en sus historias de campamento.

Valerius era joven, quizás de la misma edad que Cassian, pero su belleza era enfermiza, como la de una estatua de mármol abandonada en un cementerio.

Su piel era de una palidez irreal y sus ojos eran de un azul tan claro que, bajo esta luz, parecían dos pozos de agua congelada.

Vestía túnicas de seda oscura bordadas con hilos de plata que formaban constelaciones olvidadas, y sobre su frente descansaba una corona de espinas de plata que parecía haber crecido directamente de su cráneo.

—¿Dónde estoy?

—pregunté.

Mi voz sonó pequeña, una debilidad que me propuse corregir de inmediato.

Me aclaré la garganta y clavé mi mirada en la suya—.

¿Y qué le has hecho a mi esposo?

Valerius soltó una risa suave, un sonido que no tenía rastro de alegría, solo una condescendencia infinita.

Se levantó del trono con una lentitud felina y caminó hacia mí.

Sus botas de cuero fino no producían sonido sobre el mármol.

—Tu esposo, el famoso “Lobo de Hierro”, está ladrando como un perro rabioso a las puertas de mis dominios —dijo, deteniéndose a solo dos pasos de la cama.

El frío que emanaba de él era físico—.

Cassian Drako es un hombre de una simplicidad aburrida.

Cree que con cañones de vapor y cargas de caballería puede recuperar lo que el destino ya ha decidido que no le pertenece.

No te preocupes por él; morirá creyendo que es un héroe, cuando en realidad solo es un obstáculo en el camino de la verdadera historia.

—Cassian te matará —sentencié, apretando las sábanas con tanta fuerza que mis nudillos se pusieron blancos—.

No tienes idea de lo que has despertado al llevarme.

Él no es un hombre que acepte derrotas, y mucho menos cuando se trata de mí.

Reducirá este palacio a polvo de cristal solo por tocar mi mano.

Valerius se inclinó hacia mí.

Su rostro estaba tan cerca que pude ver la ausencia total de humanidad en sus ojos.

Extendió una mano y, antes de que pudiera apartarme, tomó un mechón de mi cabello, deslizándolo entre sus dedos largos y finos.

Aspiró mi aroma con una lentitud que me revolvió el estómago.

—Lo que he despertado, querida mía, es el equilibrio —susurró, ignorando mi gesto de asco—.

Los Laurent siempre fueron los guardianes de la sangre antigua, los que comprendían que el mundo no se gobierna solo con acero, sino con sombras.

Tu padre era un necio que no sabía el tesoro que engendró, y Drako es solo un soldado con suerte que te usa como un trofeo para decorar su mansión y calentar su cama.

Pero yo…

yo sé quién eres en realidad.

Caminó hacia el ventanal, señalando el abismo de las montañas de Oskura.

—Este reino es el lugar donde la luz muere para que la verdad nazca.

Aquí no serás la “Señora Drako”, una nota al pie en la biografía de un general exitoso.

Aquí serás la soberana que mi linaje ha esperado por trescientos años.

Te daré poder, Evelina.

Un poder que hará que las joyas de Drako parezcan baratijas de mercado y sus títulos parezcan juegos de niños.

—No quiero tu poder, Valerius.

No quiero tus sombras —respondí, poniéndome de pie, ignorando el temblor de mis piernas.

Mi camisón rozó el suelo frío, pero me mantuve erguida—.

Quiero volver a mi hogar.

Quiero al hombre que me respeta, no al que me secuestra y me droga.

Valerius se giró de nuevo.

Su expresión ya no era de calma; una chispa de locura, una obsesión antigua y podrida, brilló en su mirada.

—Esta es tu casa ahora —dijo, y su voz subió de tono, reverberando en las paredes de cuarzo—.

Y pronto, cuando la cabeza de tu preciado general adorne las picas de mi muralla exterior, entenderás que el amor de un mortal es una debilidad que ya no necesitas.

Él es el pasado, un residuo de un imperio que está muriendo.

Yo soy el futuro.

Caminó hacia la puerta de cristal, pero antes de salir, se detuvo y me miró por encima del hombro.

—No intentes escapar, Evelina.

Este palacio está vivo.

Siente tus pasos, escucha tus latidos.

Y afuera…

afuera solo hay nieve y mis “Sombras”, hombres que ya no recuerdan lo que es la piedad.

Te daré un tiempo para que te despidas de tu antigua vida.

Esta noche celebraremos tu llegada con un banquete.

Asegúrate de estar presente…

o tendré que pedirle a mis hombres que traigan a tu esposo en pedazos para que te acompañe en la mesa.

Salió de la habitación y el sonido de la cerradura de cristal al encajar sonó como el disparo de un fusil.

Me quedé sola en ese palacio de hielo, rodeada de un lujo que me asfixiaba.

Me acerqué al ventanal.

Oskura se extendía debajo de mí como un océano de rocas negras y nieve gris.

Valerius creía que me tenía atrapada, que era una mujer frágil a la que podía moldear con su retórica de sangre antigua.

No sabía que Cassian me había enseñado a luchar, y que mi padre me había enseñado a pensar.

Miré mis manos.

Todavía llevaba el anillo de los Drako con el diamante rojo.

Valerius no se lo había quitado, quizás por arrogancia o porque quería verlo como un trofeo de guerra más.

Apreté la piedra contra mi palma.

—Ven por mí, Cassian —susurré, dejando una marca de vaho en el cristal—.

Ven y quema este lugar.

Pero mientras llegas…

yo voy a enseñarle a este rey de sombras que la luz de una Drako puede quemar más que cualquier infierno.

Me alejé de la ventana y empecé a inspeccionar cada rincón de la sala.

Si este palacio “sentía” mis pasos, yo aprendería a caminar sobre él como una bailarina de guerra.

La cacería de Valerius estaba a punto de volverse en su contra, porque no solo había secuestrado a una esposa; había invitado a su fortaleza a la mujer que acababa de descubrir que no tenía nada que perder y un imperio que proteger.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo